En cuanto Nozel se retiró, Damnatio se incorporó sintiendo su rostro y espalda adoloridas. Si bien no recordaba tener buena relación con la cabeza de la Casa Silva, tampoco se esperó que éste fuera capaz de hacerle algo así.

-Uh, vaya…Parece que llegué tarde y se me adelantaron.

La mirada celeste se dirigió hacia la ventana para encontrarse con la figura de Yami Sukehiro en cuclillas mientras exhalaba el aire de su característico cigarro.

-No logro comprender qué tiene esa mujer que los hace perder la cabeza. – habló el pelinegro mientras se limpiaba la sangre.

-Mmm…es una fiera, si. Tiene un mal carácter, eso también. – respondió Yami. – Pero es la mujer de quien se enamoró Nozel. No hay que ser un genio para entender que la defenderá de cualquier cosa. Además, ella es una miembro de los Toros Negros y esos cabeza hueca también la defenderán.

-Ya veo. – respondió Damnatio. – Entonces, extranjero, ¿tú también vas a amenazarme?

-¿Eh? No, ya la mejor parte me la quitaron…Pero, tú sabes perfectamente lo que ocurrirá si te metes con ella.

Dicho esto, el capitán se retiró dejando nuevamente solo al sacerdote.

-Almiria de los Toros Negros…- murmuró Damnatio para sí mismo recordando la mirada llena de determinación que le devolvió la mujer a su persona.

Ninguna mujer en el Reino del Trébol había osado a mirarlo de tal forma. Ahora entendía qué era lo que a Nozel le atraía de ella. Más no importaba la relación entre ésta y Nozel Silva; él se encargaría de doblegar esa supuesta voluntad de hierro.

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Sala médica

-A-Almiria. – murmuró Mina débilmente.

Se sentía adolorida y cansada.

-Hola. – saludó la mayor mientras se sentaba con cuidado sobre la cama. - ¿Estás bien?

-Si, solo son unos cuantos golpes. Pude ayudar y eso me hace muy feliz.

Almiria sonrió.

-Si, lo sé. Ya me contaron tu gran hazaña. Incluso tu noviecito estaba muy orgulloso de ti.

Al principio Mina la miró sin comprender, pero luego asoció el calificativo a su capitán. Su rostro se puso rojo y empezó a balbucear:

-E-El c-capitán no es…

-¿Capitán? Pero si yo no dije nombres. – bromeó la pelinegra disfrutando del bochornoso momento por el que atravesaba su hermana.

-E-Eres una…- la castaña trató de defenderse. Le irritaba cuando Almiria jugaba con ella.

Luego de unos minutos de pelear, Almiria se puso seria.

-Mina…- llamó la atención de su hermana. – Escúchame. – Cuando supo que tenía su completa atención, continuó. – Desde que llegamos aquí, has mejorado mucho. Incluso manejas mejor tu magia. Estoy muy orgullosa de ti.

La castaña sonrió sintiendo las lágrimas abrirse paso.

-¡Así es! Almiria…yo ya no soy una niña. – habló Mina entrelazando las manos con su hermana. – Crecí muy bien gracias a ti y a todos los sacrificios que hiciste. Pero ya no es necesario que pienses en mí todo el tiempo. Tienes la oportunidad de tener una vida feliz al lado del capitán, no la dejes ir. Estoy segura de que Lord Morris lo entenderá.

Finalizó Mina sonriendo brillantemente, tanto, que Almiria sintió su corazón estrujarse luego de la mención de aquel a quien por años llamó "su señor". Mina desconocía por completo de que era capaz el rey de Matra.

-Gracias, Mina. – respondió la pelinegra mientras abrazaba a su hermana menor.

-Disculpen señoritas. – intervino Owen. – El tiempo de visita terminó y el señor Julius me pidió que le dijera que la reunión está por empezar.

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Sala de reuniones

-Bien estamos casi completos. – habló Julius al notar que los capitanes estaban acomodados en sus respectivas posiciones, así como también la presencia de Asta. – La señorita Amiria debe estar a punto de incorporarse y Damnatio se excusa, tuvo un accidente.

Nadie dijo nada al respecto sobre esto último, poco importaba lo que hiciera el sacerdote para muchos de ellos, sin embargo, Dorothy notó que la mano de Nozel, quien estaba a su lado, estaba algo roja en la zona de los nudillos. Recordó que su compañero desapareció durante el descanso, por lo que, según parecía el causante del "accidente" de Damnatio había sido él.

Cuando la pelinegra se incorporó, Julius dio por iniciada la reunión.

-Muy bien. Como sabrán desde la crisis con los diablos la situación del reino es complicada. Los fondos nuevamente se han reducido significativamente…

-¿Eh? ¿No me diga que habrá otro recorte de salario? Tengo miembros que mantener. – se quejó Yami de inmediato.

-Admito que esa fue mi primera opción. – confesó Julius riendo. – Pero luego me topé con la señorita Almiria y la singular escena en el festival.

La pelinegra solo desvió la mirada avergonzada. Luego agregó:

-No lo volveré a hacer.

-No me refería a eso. Aunque la manera fue algo…inusual, admito que la forma en que generó ganancias fue muy inteligente. Pensé que quizá usted nos podría ayudar con una propuesta y someterla a votación.

-¿Quiere que lo ayude a ganar dinero? – preguntó dudosa. Honestamente se sentía un poco incómoda al ser el centro de atención.

-¡Wow Almiria! ¿No te parece genial que el Rey Mago te pida ayuda en algo tan importante? – intervino Asta emocionado.

-¿Qué tiene en mente? – preguntó.

-En la última reunión acordamos hacer más pomposo el festival de las Estrellas, pero no dejó las ganancias suficientes. – respondió Vangeance. Él había sido el encargado de organizar el festival.

-Ya veo…bueno eso se debe a que sus festivales son aburridos. – respondió Almiria con honestidad.

William sintió una espada traspasar su orgullo. Se había esmerado en la organización y su orden trabajo sin descanso durante una semana completa para lograr el objetivo, mismo que estaba siendo menospreciado en esos momentos por la subordinada de Yami.

-¿Por qué lo dice? – preguntó Kaiser. Él también había sido colaborador junto con las Orcas Moradas.

-Las actividades son muy básicas, imagino que cada año se hace lo mismo. Pero, lo más importante de todo es, que no las dirigen hacia dónde está el dinero. A excepción de los capitanes y miembros de orden, no había ningún miembro de la realeza.

-Eso es porque no suelen participar. – respondió Fuegoleon de inmediato. – Muchos miembros consideran inapropiado mezclarse con el pueblo.

-Fanfarrones. – se quejó Jack

-Fanfarrones o no, tienen mucho dinero, ¿cierto? – preguntó Almiria. La mayoría de capitanes pertenecientes a dicha clase social asintieron. – Entonces lo que necesitan, si quieren tener más ganancias, es sacarles el dinero a ellos.

Nozel se removió incómodo. Él se había enorgullecido toda su vida de pertenecer a la realeza, y aunque admitía que dicha clase social le debía mucho al reino y su gente, no estaba seguro de poder estar de acuerdo con Almiria por mucho que la quisiese.

-Uhhh, me gusta esa idea. – apoyó Yami.

-¿Qué propones? – preguntó Charlotte.

-Una subasta. – respondió Almiria.

-¿Una subasta? – preguntó Rill. - ¡Oh! Podría hacer pinturas y ofrecerlas.

-No, no subastaremos objetos. – corrigió Almiria.

-¿Entonces qué? – preguntó Nozel preocupado por la sonrisa maliciosa en la pelinegra. Siendo honesto, se le hizo jodidamente sexi.

-A las y los capitanes de orden. – respondió sin más.

-¡¿Qué?! – respondieron los aludidos al unísono.

Yami y Jack se fueron directo a reclamarle alegando que "ellos no eran carne de cañón para ser ofrecidos". Almiria solo rodó los ojos.

-No estoy de acuerdo, no seré vendida como un objeto. ¿Sabes cuánto tiempo le ha tomado a las mujeres no ser vistas de esa manera? – se quejó Charlotte.

-Con todo respeto, soy un hombre felizmente casado, señor Julius. – intervino Kaiser.

-Yo tampoco estoy de acuerdo. – respondieron Nozel y Fuegoleon.

El primero porque…Bueno aunque actualmente no estuviera con Almiria como antes seguía existiendo algo entre los dos. Él simplemente se negaba por respeto a los sentimientos que albergaba por la ocurrente mujer.

Fuegoleon por su parte, creía una falta de su parte salir con otra mujer sabiendo que los sentimientos por Mina iban en aumento.

-Calma, calma. – trató de conciliar Julius. – Estoy seguro de que si permitimos que Almiria se explique mejor la situación es mejor de lo que piensan.

-Muy bien. No estoy objetivando a nadie, a grandes rasgos lo que se subastaría sería una cita con cada uno de ustedes. Se pueden establecer reglas para que no se propasen. Tampoco los obliga a acostarse con sus compradores…a menos que quieran, en cuyo caso avisen con antelación, eso puedo aumentar las bases de la puja hasta en un 50%

-¿Cómo garantizarás que asista la realeza? – preguntó interesado Veangeance.

-Sencillo. Lo venderemos como un evento exclusivo. Solo podrá participar la realeza y los miembros de las diferentes órdenes de caballería. La realeza de este reino es muy doble moralista, aceptarán si inventamos una excusa barata. Algo así como "lo harán por el bienestar del reino" y se jactarán de que son muy "bondadosos".

-Me parece buena idea. – apoyó William.

-También estoy de acuerdo. – secundó Mereoleona. – Es hora de que las familias ricas devuelvan al pueblo lo que merecen, así haya que manipularlos.

-Señor Julius…yo no puedo apoyar esa idea, mil disculpas, mi matrimonio…- trató de hablar Kaiser para excusarse.

-Su matrimonio, capitán, no se verá afectado. – interrumpió Almiria sentándose al lado del peli gris. - ¿Qué acaso no ve lo que esto significa? Es una oportunidad para que usted y su esposa enciendan la llama de la pasión aún más. Solo imagine el sexo que puede llegar a tener…

-¡Oi! – Yami la tomó por el brazo apartándola. Intentó frenar toda intención de Almiria por manipular a Kaiser y quitarles un voto. – Eres peor que un diablo…

-Aquí casi todos somos adultos, no actúe tan infantil, Capitán Yami. – replicó Almiria ofendida.

Justo cuando ambos iban a empezar una nueva discusión, el capitán de exuberante bigote se levantó y, tratando de mantener la compostura, carraspeó para después decir:

-Ejem…como capitán juré hacer lo que sea por el Reino, y como miembro de la realeza, acepto mi responsabilidad, así que tomando en cuenta que es la mejor propuesta, aceptaré.

Almiria miró a Yami con burla. Se había salido con la suya.

-¡Yo apoyo la idea! – habló Dorothy desde su posición.

Si bien aún no conocían las reglas, quizá ella podría tratar de conseguir una cita con Nozel. Estaba segura que Almiria no participaría, por lo que al menos no tendría que preocuparse por ella.

-¡Agh, qué mas da! Si la mayoría está de acuerdo. – Apoyó Jack.

-¡Yo también quiero! – exclamó Rill emocionado. Nunca había participado en un evento así, sería divertido.

-¿Qué edad tienes? – preguntó Almiria con seriedad.

-Si soy mayor de edad. – se defendió el peli celeste. Ya había cumplido sus dieciocho años, era todo un adulto.

-Bien…son cinco votos a favor, la propuesta gana por mayoría. Yami, Fuegoleon, Nozel, Charlotte; aunque no estén de acuerdo por favor les pido que den su mayor esfuerzo por el bienestar del Reino.

-Si señor…-respondieron Fuegoleon, Nozel y Charlotte con desgano.

-Señor Julius, espere, tengo algo más que agregar a la propuesta. – dijo Yami levantando la mano. Si lo iban a obligar a esa estupidez, no se iría solo. – Ya que Almiria es un genio, ella debería colaborar también.

La aludida lo miró con desagrado.

-Fue mi idea, eso es más que suficiente.

-Aprovechando que tú y tu hermana cantan tan bien, deberían hacer una presentación.

-¡Me parece genial! Incluiremos eso. – decretó Julius sin siquiera darle tiempo a la pelinegra de objetar.

Esta vez fue Yami quien la miró con burla.

Al final, la decisión había sido tomada. Se subastaría una cita con los diferentes capitanes de orden, por el bien del Reino.

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¡Se viene subasta de Capitanes! ¿Cómo va a terminar eso? ¿A cuál Capitán/a comprarían?

Agradezco a las personas que leen la historia, espero que la disfruten tanto como yo disfruté escribirla.

¡Nos leemos!