Cuando la reunión terminó, cada quien se fue por su camino. Almiria decidió quedarse en la enfermería visitando a su hermana nuevamente e informándole su nueva tarea.
-V-Vaya, eso suena como un reto muy grande. – comentó Mina preocupada.
Tanto ella como Almiria solo solían hacer presentaciones para Lord Morrris, pero esto sería frente a muchas personas importantes del Reino. Si lo hacían mal era seguro que las destrozarían, más tomando en cuenta que sería una presentación frente a toda la nobleza; la nobleza a la que pertenecía el Capitán Fuegoleon.
-El Capitán Yami dio la estupenda idea. – respondió Almiria con ironía.
-¿Cuándo será la subasta? – preguntó curiosa.
-En un mes.
-Bueno, tendremos alrededor de tres semanas para ensayar. El doctor Owen dijo que mis costillas tardarán un poco en sanar, pero creo que estaré completamente recuperada para los ensayos.
-No te preocupes por eso. Concéntrate en recuperarte, ya veremos qué hacer. Tú eres una compositora fantástica y sé que juntas lo lograremos.
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Cuando terminó de hablar con su hermana salió rumbo a la base de los Toros Negros. Estaba cansada mentalmente y honestamente sentía que todo se le salía de las manos: la razón por la que estaba ahí; la misión de Lord Morris; su propio plan para dejar a Mina en un lugar seguro y, un asunto importante que aún tenía en Matra.
Al pasar por una de las salas médicas divisó al sacerdote desagradable, quién estaba siendo atendido por Owen. Se ocultó un poco extrañada. Ahora que recordaba ese tipo no había estado en la reunión de hacía unas horas.
-No imaginé que Nozel fuera capaz de hacer algo así. – comentó Owen terminado de revisar el ligero sangrado en la nariz del sacerdote. -Debiste darle una buena razón.
Cuando el nombre del capitán llegó a sus oídos, de inmediato se dirigió hacia la casa Silva.
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Matra.
En el concurrido puerto de Matra un barco arribó dejando entre ver entre todos los pasajeros a un hombre de capucha. Natch durante su investigación de las hermanas logró descubrir que cerca de la zona costera del Trébol un barco arribaba a unos tres kilómetros de la playa.
Si bien al principio no le tomó mucha importancia, al acercarse por aire notó que las vestimentas de las y los pasajeros eran muy parecidas a las que portaba Almiria el día que llegó a la base. Con audacia logró camuflarse gracias a su magia y llegar hasta el Reino costero.
Rápidamente se ocultó con la finalidad de examinar su entorno.
Parecía una zona de mucho tráfico comercial, por lo que le parecía muy extraño que el Trébol no tuviera contacto con una región así.
-Señor Natch, mire. – habló uno de sus pequeños diablos.
-Soldados, y están por todas partes. – murmuró el pelinegro con cautela.
Aunque era normal que cada autoridad tuviese su propia forma de mantener la seguridad, en ese lugar los soldados no parecían estar para proteger a las personas civiles; todo lo contrario, notó que los intimidaban y golpeaban si no les daban lo que deseaban.
-Anciano, ¡¿Qué no sabes quién soy?! Si no me das tu dinero, puedo hacer que Lord Morris envié a la señora de las sirenas y te aniquile. – amenazó un soldado brabucón mientras golpeaba a un humilde anciano quien trataba de proteger sus escasas ganancias.
Natch con cautela, utilizó su magia para hacer que un enorme poste "cediera" a la gravedad y golpeara al soldado dejándolo inconsciente. El anciano utilizó el bullicio para escapar, lo que el vice capitán aprovechó para seguirlo hasta una humilde cabaña alejada del pueblo, pero cerca de la playa.
Cuando entró a la vivienda, notó el estado precario en que esta se encontraba. Sin lugar a dudas aquella era una región muy pobre que necesitaba ser liberada de la aparente tiranía.
Cuando el anciano reparó en el intruso gritó espantado.
-¡Por favor no me mate! – suplicó de inmediato.
-No estoy aquí para eso. – respondió Natch de inmediato. Ese anciano era, hasta el momento, su fuente de información más cercana. -En realidad solo soy un viajero que busca refugio para pasar la noche.
-¿Un viajero? E-Eso no es bueno. U-Usted d-debe irse de inmediato. – advirtió alarmado el anciano mientras cerraba los ventanales. – Si Lord Morris se entera de que hay un extranjero enviará a la señora de las sirenas a matarlo.
-¿A qué se refiere? – preguntó interesado. - ¿Quién es "la señora de las sirenas"?
-Este Reino actualmente es gobernado por Lord Morris. Hace más de treinta años, su hermana, la Reina solía gobernar Matra. Su majestad era bondadosa, pero un día, su hermano, el príncipe Morris le quitó el poder y la desterró, nadie supo de su paradero y desde entonces, Lord Morris se volvió un tirano. Pero lo peor ocurrió hace quince años, cuando ella apareció en las filas de soldados de elite de Matra.
-¿La señora de las sirenas? – preguntó Natch interesado.
-Es una asesina despiada. Utiliza una máscara rojo brillante; nadie ha visto su verdadero rostro, pero, cuentan los rumores que tiene una gran belleza. Te atrae y luego de quita la vida cruelmente. Incluso se rumora que es una auténtica sirena que emergió del mar y hechizó al Lord. La sirena ha asesinado a muchas personas por órdenes de Lord Morris, especialmente a aquellos que se oponen a él.
-Ya veo. – respondió Natch.
Así que ese país era aterrorizado por su líder, pero además de eso, por una asesina en serie.
-Joven viajero, será mejor que se vaya. La señora de las sirenas no es la única. Hay otro soldado, Jask de las Serpientes. Él es igual de despiadado, y no se oculta como la sirena.
¿Jask? Un momento, ese fue el nombre que utilizó Almiria para llamar al hombre con quien había conversado en el bosque. ¿Acaso era posible que la sirena se tratara en realidad de Almiria?
Si eso era cierto, era posible que el Trébol peligrara, no sabía si Almiria en realidad se estaba viendo en una encrucijada o en realidad fuera una excelente actriz. Sea cual fuera la verdad, había otra cosa que tenía a Natch preocupado y que sin duda debía ir en su búsqueda. Si lograba encontrar a la anterior Reina, podría llevarla al Trébol y unir fuerzas para quitar al tirano del poder y salvar a esas personas inocentes.
-Anciano…¿cuál era el nombre de la Reina?
-Su nombre…su nombre era Yami Teryn.
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Casa Silva.
Luego del día tan agotador, Nozel cenó con sus hermanos y se dirigió a su habitación a descansar. Al final no logró que Almiria descartara esa idea estúpida de la subasta; idea con la que él no estaba conforme, dichos sea de paso. No se imaginaba teniendo que tolerar a una mujer distinta a la pelinegra.
Decidió tomar un baño para despejarse y tratar de pensar qué hacer ante esa situación de la cita. Quizá se adelantaba, pero él haría hasta lo imposible por evitar ser comprado. Podría planear con Nebra que ella apueste con su persona, o quizá con Noelle, la clave era evitar tener que pasar un día con una completa desconocida y que ésta se le insinuara, ya que era obvio que si ofrecían por él era porque tendrían algún interés en su persona.
Cuando finalizó se colocó una toalla sobre su cintura y salió a buscar algo cómodo para descansar. Sin embargo, una larga cabellera negra sentada en su sillón le llamó la atención.
-¿Almiria?- preguntó extraño.
La pelinegra se levantó. Notó en su gesto que estaba molesta.
-Golpeaste al sacerdote. – afirmó mirándolo a los ojos.
-Así es. – respondió Nozel con seriedad.
-¿Sabes lo que hiciste? Ese tipo está detrás de mí, no me dejará en paz ahora que lo golpeaste. – se quejó la pelinegra mientras pasaba una mano por su cabello.
-No permitiré que nadie te insulte de la manera en que él lo hizo. – respondió Nozel con autoridad. – Además…-dijo tomándola del brazo y arrinconándola contra el armario. Admitía que le generaba celos escandalosos el hecho de que ella estuviera defendiendo a Damnatio cuando él solo protegía su honra. - ¿Por qué lo defiendes?
Almiria se quedó muda. No fue la pregunta, no fue la intención con la que se dijo, fue el hecho de que no había reparado en que Nozel estaba desnudo, únicamente cubierto por una toalla en la cintura. Restos de agua aún caían por su piel blanquecina haciendo relucir su bien trabajado abdomen.
-N-No lo defiendo. – dijo nerviosa desviando la mirada y luchando contra el sonrojo en sus mejillas.
-¿Te interesa Damnatio? – preguntó el mayor de los Silva presionando aún más su cuerpo contra la mujer impidiendo que esta se moviera.
-Si vuelves a decir eso, te mataré. – respondió Almiria con mirada asesina.
-Entonces, ¿quién te interesa? – no podía evitarlo. Los celos se mezclaron con sus sentimientos de añoranza. Desde que ella decidió "terminarlo" la había extrañado al punto de estar actuando de manera antinatural.
Almiria sentía los nervios a flor de piel. Podía sentir en sus fosas nasales el aroma a lavanda del jabón, podía sentir el calor emanar del cuerpo masculino y su piel erizarse ante el contacto de la boca de Nozel contra su oído al hacer la última pregunta. Colocó sus manos en el pecho masculino tratando de mantener espacio entre ambos, pero en cuanto el aliento del peli plata chocó con la delicada piel de su cuello, aruñó la piel dejando marcas visibles. Nozel solo ahogó un gruñido placentero; eso le había gustado mucho.
-T-Tú me…interesas…maldición. – respondió ocultando su rostro sonrojado.
El mayor de los Silva sintió que el peso en sus hombros desapareció con tan solo esas palabras. Sonrió y aprovechando que Almiria estaba con la guardia baja la tomó por la cintura y la abrazó con dulzura. Un poco dudosa, Almiria correspondió el gesto haciendo que la sensación de felicidad creciera en el capitán.
-No quiero que te alejes o te separes de mí. – dijo con decisión Nozel.
-N-No podemos…- trató de decir la pelinegra. Le dolía. Su pechó sentía una presión abrasadora cada vez que estaba con Nozel. El Capitán de las Águilas Plateabas solo creaba en ella ganas de dejarlo todo y simplemente quedarse en sus brazos para siempre.
-Te lo dije…Él único que decidirá eso soy yo. – respondió el oji violeta levantando el mentón femenino. Notó la desesperación en la mirada oliva por lo que junto su frente con la fémina para tratar de transmitirle la tranquilidad que ella necesitaba en estos momentos.
Almiria solo respondió la caricia y lo abrazó con más fuerza.
Hospital del Castillo.
Una semana después, al fin logró que el doctor Owen le diera de alta. Mina sonreía con alegría mientras se vestía. Si bien no pudo lograr bañarse ni vestirse por si misma aún, el peligris le advirtió que solo sería por una semana más.
-Listo, hemos terminado. – comentó la enfermera que amablemente la ayudó a vestirse.
-Se lo agradezco muchísimo. – respondió Mina inclinándose. Durante su estadía todo el personal médico fue muy atento con ella, e incluso le llevaron comidas muy deliciosas.
-¿Estás segura de que podrás hacerlo? Sé que el Capitán Yami no tendrá inconveniente en que te quedes. Así podré ayudarte a que te bañes. – Almiria miraba preocupada a su hermana desde la puerta. Iba a llevarla personalmente a la base de los Leones Carmesí.
-Estaré bien Almiria. No olvides lo que hablamos. – respondió Mina sonriendo mientras ambas salían del catillo. – Por otro lado…estuve pensando en una canción, quizá podrías escucharla.
-Tú sí que no pierdes el tiempo. – sonrió la pelinegra mientras acomodaba la bolsa de su hermana sobre el lomo de Bob.
-¡Bob! ¡Cómo te extrañé pequeño! – la castaña abrazó con fuerza al felino gigantesco.
Mientras Mina se entretenía con la enorme mascota, Almiria sintió una mirada taladrarla. Al voltear en la dirección donde sintió que provenía, se topó con la figura de Damnatio, quien la miraba fijamente a través del ventanal.
El pelinegro no apartó su vista hasta que ambas hermanas emprendieron camino fuera del castillo. Los últimos días han sido un calvario para él; no había podido sacarse a esa mujer de los Toros Negros de la cabeza. Su cabello, su piel, su mirada imponente…Quizá Dios lo ponía a prueba en estos momentos, ¿sería ella una especie de pecado que lo tentaba?
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Base de los Leones Carmesí.
Cuando por fin llegaron, Mina quedó sorprendida por el efusivo recibimiento de sus compañeros. A pesar de que al inicio quisieron abrazarla, su condición fue un impedimento.
-Lo siento mucho, muchachos – se disculpó la castaña con pena. Ella también quería devolver el gesto.
-¡No te preocupes, Mina! Fuiste una gran heroína y esto son heridas de batalla. – apoyó Leo. El cachorro de león estaba agradecido de que su compañera volviera ya que, se enteró de la, para nada graciosa idea de la subasta. Fabricó otro plan y para ello necesitaba la ayuda de Mina.
El bullicio murió de un momento a otro cuando la imponente figura de Fuegoleon se abrió paso entre los subordinados. Mina se sonrojó, tenía bastante de no verlo.
-Capitán Fuegoleon…- saludó tratando de controlar el revoloteo en su estómago.
Almiria miraba a su hermana con diversión.
-Es realmente una alegría para la Orden tenerla de vuela, Mina. Espero que pronto se pueda unir a las líneas nuevamente. – "saludó" el pelirrojo con una sonrisa amable.
La decepción colectiva no se hizo esperar en el rostro de los presentes. Al parecer, todos los miembros de los Leones Carmesí, compartían la idea de que el Capitán y la señorita Mina harían una pareja fuera de este mundo, por lo que esperaban ansiosos cualquier contacto entre estos para alimentar sus esperanzas.
-M-Muchas gracias, capitán. – respondió Mina algo triste.
Quizá era muy tonto de su parte, pero esperó un recibimiento distinto de su superior. Durante su estadía en el hospital no fue a visitarla como el resto de sus compañeros y, aunque entendía que, la posible razón de su ausencia se debía a su trabajo como capitán, una parte de ella tuvo esperanzas de verlo.
-Te acompañaré a tu habitación. – intervino Almiria tratando de acabar con la notable incomodidad entre su hermana y el capitán.
Cuando por fin llegaron a la habitación, la pelinegra quedó impactada por l lujosa que era.
-No me mires así, tú elegiste a los Toros Negros. – habló Mina adelantándose a los posibles comentarios de su hermana.
-De haberlo sabido, hubiese elegido esta orden también. – respondió la oji oliva sentando a Mina en la cama.
-No, estás bien ahí, créeme, este no es tu ambiente. – se burló la castaña.
-Bien, creo que todo está listo. Traté de dejar todo a tu alcance para que no tengas que moverte demasiado y, yo volveré este fin de semana para que iniciemos la composición y los ensayos.
Mina asintió sonriente. Ahora que reparaba un poco en su hermana notó que esta estaba más animada e incluso parecía tener un brillo especial.
-Almiria…- llamó la castaña. - Tú…estás nuevamente con el capitán Nozel, ¿verdad?
La pelinegra abrió los ojos con sorpresa. No había hablado con nadie acerca de su encuentro con Nozel hacía una semana.
-B-Bueno, no…estamos saliendo ni tenemos una relación…-trató de explicar la pelinegra; era realmente difícil ponerle nombre a lo que tenía con Nozel.
-Están juntos. – interrumpió Mina. – No es necesario ponerle nombre, solo saber que están juntos. Realmente me alegro por ti.
Almiria suspiró. Se acercó a su hermana y con determinación le respondió:
-Mina…Sé que te gusta mucho ese capitán. – la aludida se sonrojó. ¿Por qué eso tan repente? – Entonces…deberías cogértelo.
El rostro de la menor se puso tan rojo que incluso empezó a hiperventilar. ¡Su hermana había dicho algo tan descarado como eso!
-¡A-Almiria! – Una escandalizada Mina solo eso pudo vocalizar.
-¿Qué? Se nota que ambos lo necesitan, su tensión sexual es tanta que casi se pode tocar. – respondió la pelinegra como si no fuera la gran cosa. – Además, el sexo es increíble. – confesó con algo de timidez.
Mina la miró como si tuviera una cabeza extra pegada a su cuello. ¡Así que era eso!
-T-Te acostaste con el capitán Silva. – habló Mina, no era una pregunta, era una afirmación.
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¡Lemon, lemon! ¿Se viene lemon? No lo sabemos…¿Qué hizo Nozel Silva? O más bien, ¿qué no hizo Nozel Silva ese día?
¿Qué hará Fuegoleon? O, ¿Qué no hará Fuegoleon?
Son muchas suculentas interrogantes.
Gente, espero que disfruten leyendo la historia tanto como yo escribirla. ¡Nos leemos!
