Disclaimer: How to Train Your Dragon no me pertenece, es propiedad de DreamWorks Animation, Dean DeBlois y Cressida Cowell. La historia sí es original y de mi autoría, pero su creación y respectiva publicación es por mero entretenimiento.


Capítulo 2

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Buscaba a tientas su teléfono vibrante entre las sabanas y almohadas revueltas en su cama, era la tercera vez que este sonaba acabando con su pacifico descanso, esta vez para siempre.

Apartó las sabanas que cubrían su rostro, cerrando los ojos de golpe cuando la luz del día la golpeó de lleno a través de la ventana. Masculló un improperio y reanudó su búsqueda entre el revoltijo que ahora era su cama.

El teléfono dejó de timbrar justo cuando al fin lo tuvo en su poder provocando aún más molestia en ella. No dudó en desbloquearlo para averiguar quién había sido la persona que perturbó su sueño.

Leyó en la pantalla el nombre de ese abominable ser: Stormfly.

Tres llamadas perdidas, quince mensajes de texto y un par de notificaciones en redes sociales que, estaba segura, también eran suyas. Todo eso en cuestión de minutos ¡y apenas eran las ocho de la mañana! ¿A caso esa chica no dormía?

Gruñó por lo bajo debatiéndose entre responderle o ignorarla y seguir durmiendo. Después de la terrible noche que pasó y de las escasas cuatro horas de descanso que tuvo, lo que más ansiaba era volver a dormir; pero por otro lado Stormfly parecía tener algo realmente importante que contarle, no era usual que le enviara tantos mensajes juntos y la llamara con tanta insistencia, mucho menos siendo un sábado a las ocho de la mañana.

Entre tanta meditación, el teléfono volvió a timbrar en sus manos sacándola de sus pensamientos. Suspiró rendida dispuesta a responder su llamada, ¿qué podría salir mal? Era Stormfly después de todo.

¡Al fin respondes!—escuchó la urgente voz de su amiga aturdiéndola por un momento, ni siquiera le había dado tiempo de saludar.

—Buenos días, Storm—habló entonces ella con la voz más exagerada que pudo sacar, mandando lejos el cansancio que amenazaba con dejarla dormida—. ¿Dormiste bien? Yo no tanto, una chica loca no ha parado de hacer vibrar mi teléfono mientras duermo.

¡Lo siento!—la escuchó pronunciar tan rápidamente que apenas le entendió—, pero realmente tengo que contarte esto, ¡si no lo hago explotaré!—dramatizó provocando en ella una mueca de diversión y fastidio en partes iguales.

—Espero que valga la pena—suspiró ella sentándose en el borde de la cama, estirando su cuerpo que crujió agotado cambiando su mueca por una de dolor.

Oh realmente lo vale—aseguró su amiga desde el otro lado de la línea—. ¿Recuerdas lo que hablamos ayer en la escuela?—inició dejando un lapso de tiempo para permitirle hacer memoria.

Habían hablado de tantas cosas, pero solo una vino a su mente en ese momento y realmente no era algo que le agradara pues ahora sabía perfectamente a donde iba dirigida la conversación.

—Sí, ¿qué con eso?—contestó dudosa, preparándose mentalmente para lo que seguiría.

De todas las personas en su vida, Storm era con la que menos deseaba hablar sobre eso.

¡Pues sí ocurrió!—la escuchó gritar obligándola a alejar el teléfono para no ser aturdida de nuevo—. ¡Night Fury volvió! Realmente volvió, no sé por qué, pero lo hizo—comenzó a relatar, se le escuchaba tan ansiosa y emocionada que se sentía pésima por no apoyarla con ese sentimiento—. Apareció anoche y salvó a un hombre de una explosión en una estación de combustible. Light Fury también estaba ahí y…

No necesitaba escuchar más, sabía que tarde o temprano toda la ciudad se enteraría, pero realmente no estaba lista para hacerles frente.

Mientras para Berk tener a Night Fury de vuelta era una alegre noticia, para ella era lo peor. Lo poco que había logrado el último año se vino abajo en cuanto él apareció.

¿Por qué había vuelto? ¿Por qué ahora? Berk no podía recibirlo con los brazos abiertos, ¿o sí? El héroe los abandonó por tres años y ahora volvía así sin más. Deberían odiarlo como ella lo hacía, era lo justo.

¿Leily, me estás escuchando?—la voz de su amiga, ahora preocupada e irritada, la sacó de sus pensamientos.

—Lo siento, Storm—se apresuró a decir con toda la sinceridad que pudo—. Perdón por no compartir tu emoción.

Oh, no, lo entiendo—dijo la rubia, en el fondo Leily podía percibir su desánimo y se regañaba por ser la causa de ello—. Sé que no te agrada mucho Night Fury, a mí también me molestó que se fuera sin decir nada pero supongo que antes de ser héroe tanto él como Light son personas como cualquier otro y sus razones debió tener para marcharse, así como debió tenerlas ahora para regresar.

Suspiró, debía admitir que tenía razón. Adoraba la forma de pensar y ver la vida de Storm, era de las pocas personas con las cuales podía tener una conversación profunda y sincera. La única en la cual podía confiar para cualquier cosa. Y justo ahora le estaba dando un sermón indirecto que la golpeó tan fuerte como lo haría ella misma con su súper fuerza.

Es verdad que odiaba a Night por desaparecer, pero ese sentimiento no se basaba en nada más que en eso y solo había logrado que todas las buenas acciones y la admiración que sentía por él se extinguieran.

¿Sabes?—la escuchó hablar nuevamente, podría jurar que en ese momento se encontraba acostada en su cama con la mirada fija en el techo y las piernas cruzadas—. En realidad me alegra que regresara—su voz sonó tan tranquila, casi un susurro, pero en el fondo estaba llena de esperanza—. Siempre desee que ocurriera y ahora que volvió… realmente no sé cómo sentirme al respecto.

Hubo una pausa, no incomoda pero sí profunda. Stormfly estaba esperando a que le dijera algo y no podía decepcionarla.

Buscó las palabras adecuadas, aunque realmente no supo si las encontró, y entonces habló al fin.

—Estoy segura de que más de uno debe sentirse igual que tú justo ahora—dijo con toda la potencia que su voz le permitía, se levantó de un salto y comenzó a caminar descalza por el suelo frío de su habitación—. Creo que es normal pensar de esa manera, Night Fury desapareció sin dejar rastro sumiendo a la ciudad en la desesperación—relató, liberando sus propias emociones con cada palabra que pronunciaba—. Todos se preguntaron qué es lo que pudo haberle ocurrido y si ellos habían hecho algo para provocar que se marchara. Y ahora que ha vuelto todos se preguntan nuevamente el por qué.

Se detuvo frente a su ventana, abriéndola para dejar que la brisa fresca de la mañana se colara en el interior y agitara sus cabellos plateados.

—El único que tiene las respuestas es él—continuó, cerrando los ojos un momento para disfrutar la frescura y la luz del sol contra su piel pálida—, y dependerá de él que las conozcamos.

Sonrió tras finalizar. Sus palabras no solo iban dirigidas a Stormfly, sino también a ella pues por ese pequeño momento, tras meditarlo un poco, el rencor que le guardaba al antiguo héroe de la ciudad había comenzado a disiparse.

Negó con la cabeza apartando cualquier otro pensamiento de su mente, repitiendo las últimas palabras que pronunció, esas que estaban llenas de una verdad que solo ella comprendía.

Night Fury había vuelto, era verdad, pero eso no significaba que todo iba a mejorar, tampoco significaba que tendrían las tan ansiadas respuestas a sus preguntas porque nada aseguraba que el héroe se abriera ante ellos y les contara las razones por las cuales los abandonó.

Si no lo hacía voluntariamente, si dejaba sumido a Berk en la ignorancia y la desesperación por segunda vez, entonces ella lo haría pagar y lo obligaría a decir la verdad.

¿Leily?—nuevamente su voz la despertó de su ensoñación—. Gracias por escucharme—en su mente su amiga le sonreía con una mirada llena de luz—. En compensación por despertarte, ¿te gustaría ir al cine esta tarde?

Ahora fue su turno de sonreír pues de nueva cuenta podía percibir la alegría en su voz.

—Claro—concedió contagiándose de su buen ánimo—. Es sábado, no hay tarea, ¿por qué no?

¡Excelente!—exclamó a través de la línea aturdiéndola de nueva cuenta—, nos vemos allá entonces. ¡Adiós!

—Espera, Storm…

Era inútil, su amiga colgó tan rápido que no le dio tiempo de hablar. Negó lentamente, suspirando rendida ante las acciones de la chica para después arrojar el teléfono a la cama donde se hundió nuevamente entre las sabanas.

—Ni siquiera acordamos la hora o la película—murmuró avanzando hasta su armario en busca de la ropa que usaría ese día.

En el primer piso comenzaban a escucharse los sartenes en movimiento y las noticias en la televisión. No necesitó de su súper oído para saber lo que estarían diciendo los presentadores.

«Night Fury ha vuelto»

Sin duda serían días difíciles a partir de ese momento.

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Su día después de esa llamada recurrió de la forma normal a la cual estaba acostumbrada.

Un desayuno con su madre, la común conversación sobre sus planes para el día y los deberes que ambas tendrían que cumplir en la casa. Un par de bromas y chismorreos después ambas se dispusieron a recoger la mesa y limpiar la casa.

Leily adoraba a su madre, era una amiga más para ella; sí, puede sonar cliché, eso de «tu madre es tu mejor amiga», pero era verdad. Ella y sus padres siempre fueron muy unidos, con algunas dificultades de vez en cuando pero al final lo resolvían todo como familia.

Cuando su padre murió, ambas se quedaron solas y por un tiempo se distanciaron. Ninguna sabía cómo actuar a partir de ese momento, Leily se sentía culpable y, bueno, realmente no sabía qué era lo que pensaba su madre al respecto, quizá también la culpó en algún momento.

Por fortuna esa distancia desapareció; después de algunas semanas y varias sesiones con un psicólogo familiar volvieron a ser las grandes amigas que siempre habían sido, cuidándose y apoyándose en todo momento porque si ellas no se ayudaban entre sí nadie más lo haría. La familia de su padre nunca fue muy cercana y después de lo ocurrido con él se alejaron aún más dejándolas solas, por otro lado, la familia de su madre vivía lejos pero a pesar de la distancia las apoyaron en todo momento, las visitaron constantemente y ellas igual. Pero al final, cuando regresaban a casa después de despedirse de ellos volvían a estar solas y el vacío en el lugar y sus corazones solo podía ser llenado por su propia compañía.

Fue difícil adaptarse, no se podía mentir al respecto, y solo podrían seguir adelante manteniéndose unidas. A pesar de casi no verse durante la semana debido a sus horarios, para el final del día o al comienzo de uno nuevo un simple «Hola» podía reparar cualquier daño.

Ese era el día a día de ambas y estaban felices con él o al menos les agradaba lo suficiente para no quejarse.

Para el medio día, cuando sus deberes fueron cumplidos, se despidió de su madre y se marchó rumbo al parque no muy lejos de ahí. Si bien había acordado verse con Stormfly dentro de un par de horas más, decidió salir a caminar un rato y despejar su mente, pues realmente lo necesitaba.

La conversación que había tenido con ella y las imágenes de lo ocurrido la noche anterior seguían repitiéndose una y otra vez en su mente provocándole dolor de cabeza.

Por fortuna su mamá no había hablado mucho sobre el tema esa mañana, se limitó a un simple « ¿Puedes creer que volvió? Me pregunto qué pasará ahora con Light Fury» y después de eso cambió la conversación por una más agradable para ambas, acción que sin duda agradeció y comprendía pues era bien sabido que el tema heroico no resultaba muy agradable para la mayor y las razones eran desconocidas para Leily, aunque no era como si le interesara averiguarlas ya que ese poco interés de su madre le beneficiaba enormemente.

Suspiró rendida apartando todos esos pensamientos que se aglomeraban en su mente. Estaba ahí para relajarse y olvidar sus problemas por un rato, no para conseguir lo contrario. Pero es que a donde quiera que iba, sin importar qué, escuchaba conversaciones sobre lo asombroso e intrigante que era el regreso de Night Fury y eso solo lograba frustrarla aún más. Era en ocasiones como esa que odiaba sus sentidos mejorados.

— ¿Por qué demonios tenía que volver?—gruñó por lo bajo arrancando trozos del césped sobre el cual estaba sentada—. Mi vida ya era bastante complicada sin él—continuó quejándose destrozando las plantas entre sus dedos.

Todos sus planes de relajarse habían quedado en el olvido.

—Quizá debas preguntárselo en lugar de desquitarte con el pobre césped—dijo una voz alzándose a su espalda, tan relajada y repentina que la hizo estremecer pues por alguna razón resultaba familiar, no como si conociera a la persona, sino por el sentimiento que lograba percibir.

Se giró rápidamente para encarar a la persona que había invadido sus pensamientos. Ahora frente a ella se encontraba de pie un joven cuyo rostro resultaba difuso debido a la luz del sol, pero estaba segura que sus ojos la observaban fijamente debido a que podía sentirlos conectándose con los suyos.

—Disculpa si te asusté—añadió entonces con un toque tan sincero que terminó por agradarle.

Lo vio inclinarse hacia ella, sentándose de rodillas sobre el césped para estar a su altura. Solo entonces pudo ver con claridad sus facciones. A simple vista se notaba que era un chico atlético de no más de veinte años de edad.

Recorrió descaradamente su rostro con la mirada, analizando cada detalle para grabarlo en su memoria. El cabello negro lacio y rebelde que cubría sus orejas y frente rozando sus pobladas cejas, la piel levemente bronceada que resplandecía bajo la luz del sol. Pero lo que más llamó su atención fueron los ojos verdes que no habían dejado de observarla en todo ese rato.

— ¿He pasado la prueba de calidad?—bromeó con una sonrisa tan descarada como lo había sido la mirada de ella al observarlo.

— ¿Q-qué?—intentó hablar pero estaba tan nerviosa y con un evidente rubor en las mejillas que no pudo articular ninguna palabra cuerda.

—Tranquila—dijo entonces sacando las manos que antes había mantenido ocultas dentro de los bolsillos de su sudadera gris para después apoyarlas a sus costados sobre el suelo—, solo quería ver como reaccionabas. Perdón—añadió de la misma forma sincera de antes.

Leily exhaló con fastidio ante la actitud del desconocido frente a ella porque, vamos, ¿qué clase de persona se acerca así sin más a bromear con alguien que no conoce?

— ¿Cuál es tu problema?—interrogó denotando su molestia, todo el encanto que había percibido en el chico se esfumó sin dejar rastro.

— ¿El mío?—devolvió como si reflexionara la respuesta que debía dar—, ninguno en realidad—contestó al fin encogiéndose de hombros con gracia antes de erguirse para encararla con total seriedad—. Te vi aquí con esa expresión tan frustrada masacrando el césped y pensé "¿por qué no te acercas y liberas a esas pobres plantas de su sufrimiento?"—explicó pausada y agradablemente como si fueran amigos de toda la vida.

El ceño fruncido que ella había tenido poco a poco se desvaneció y una sonrisa hizo amago de querer aparecer. El encanto de antes comenzaba a volver.

—Realmente lamento si te molesté—la suave voz del chico la sacó de sus pensamientos sorprendiéndola cuando vio que comenzaba a levantarse del suelo—, esa no era mi intensión—añadió dejando en claro que su plan era retirarse.

—Espera…—intervino ella alzando su mano para capturar la de él en un acto tan repentino que tomó a ambos por sorpresa.

¿Por qué lo había hecho?

—También discúlpame a mí—dijo entonces poniéndose de pie y soltando poco a poco su mano obteniendo una sensación de soledad en su lugar—, no debí desquitarme contigo… Ni con el césped—añadió bromista y nerviosa rascando su cuello.

—Disculpas aceptadas—sonrió entonces inclinándose en una reverencia exagerada en su dirección—. ¡Pero qué descortés de mi parte!—exclamó tras incorporarse palmeándose la frente—, ni siquiera me he presentado. Soy Tyre—extendió su mano hacia ella, una acción que no tardó en tener respuesta volviendo a conectar sus manos en un cálido apretón que envió una corriente eléctrica por el cuerpo de ambos—, pero puedes llamarme Ty—añadió susurrante perdido en la mirada azul de la chica frente a él cuyos cabellos plateados danzaban con la brisa fresca.

—Un placer…—pronunció ella tan ensimismada como él—, yo soy Leily.

—Leily…—repitió Ty saboreando su nombre como si tratara de grabarlo en su mente para siempre—. Es un honor conocerte.

Lo siguiente fue un silencio apoderándose de ambos mientras continuaban observándose fijamente con las manos aun entrelazadas. Era como si pudieran leer sus almas a través de sus miradas y estas se comunicaran entre el silencio. Por alguna razón que ninguno podía explicar habían encontrado cierta paz en el otro y, de alguna forma, ese sentimiento y las miradas conectadas a este les resultaban familiares.

— ¿Y bien?—habló nuevamente Ty apartando su mano y llevándose ambas a los bolsillos de sus jeans azules—, ¿puedo preguntar por qué estabas tan molesta?

Esa petición la tomó por sorpresa haciéndola ruborizar, el sabor amargo de sus pensamientos pasados comenzó a volver ante el recuerdo de todo aquello y la expresión relajada de su rostro cambió nuevamente por una frustrada que sin duda no pasó desapercibida para el chico.

— ¿O quizá no?—continuó él tratando de disminuir la nueva tensión—. Siento ser tan fisgón, no quiero que pienses que soy algún tipo de acosador—se apresuró a aclarar alzando ambas manos en son de paz—, simplemente creí que querrías hablarlo. Dicen que es más fácil contarle tus problemas a un desconocido porque no puede juzgarte.

Entre su nerviosismo pudo ver como la chica albina frente a él sonreía, sus ojos brillantes conectados a los suyos de la misma forma en que lo habían estado momentos atrás. Tenía cierto encanto que lo embriagaba de una forma que no lograba comprender.

—Técnicamente ya no somos completamente desconocidos—dijo ella sonriendo—, hace unos momentos nos presentamos, ¿recuerdas?

—Muy cierto—concedió encogiéndose de hombros—. Aun así no podría juzgarte y si necesitas hablar pues… tengo tiempo libre—volvió a sugerir dejándose caer sobre el césped fresco a espera de que ella hiciera lo mismo.

—Bueno, supongo que será una buena forma de desahogarme—suspiró Leily acomodándose a su lado a una distancia prudente, poco a poco su cuerpo comenzó a relajarse sin saber exactamente porqué.

—Sí, creo que nuestro amigo el césped lo agradecerá—bromeó nuevamente Ty logrando hacerla reír por primera vez.

Su risa le resultó tan encantadora y resplandeciente que no pudo apartar su mirada de ella durante todo lo que esta duró ocasionando que ambos terminaran con un evidente rubor en sus mejillas.

—Bueno—carraspeó nervioso rascándose la mejilla para después encararla con total seriedad—, te escucho.

—Así que, básicamente eso es lo que ocurre—finalizó en un suspiro abrazando sus piernas y observándolo de reojo.

Durante los últimos minutos le había estado contando a su nuevo amigo la situación que atravesaba últimamente. Claro está que omitió algunos detalles pues no podía decirle que el regreso de Night Fury la había descolocado y lo mucho que odiaba que el héroe estuviera de vuelta. Hacer eso terminaría delatando su otra identidad y eso era algo que realmente no podía permitirse, mucho menos tratándose de alguien a quien acababa de conocer.

En lugar de eso se limitó a contarle cómo se sentía al tener que lidiar con una persona que para todos resultaba ser mejor que ella y con quien no dejaban de compararla, juzgando todas sus acciones y reclamándole el hecho de no ser como él. Le explicó que esta persona estuvo lejos por un tiempo y que recientemente había regresado por lo cual se sentía bajo demasiada presión al tener a todos pendientes de ella y lo que el regreso de su "rival" podía provocar.

Le confesó lo preocupada que estaba de ser reemplazada y lo frustrada e impotente que se sentía al no poder hacer nada para lograr que los demás dejaran de compararlos.

Para cuando terminó de contarle todo aquello sintió como el peso que oprimía su pecho se volvía más ligero y solo entonces alcanzó la verdadera relajación que tanto había deseado conseguir.

—Sin duda es una situación difícil—habló Ty al fin pues durante todo su relato se mantuvo en silencio, respetando cada sentimiento que lograba percibir en las palabras de la chica—. ¿Me permites darte un consejo como alguien que pasó por algo similar?

Leily parpadeó con una leve sorpresa para después asentir en respuesta. Sus ojos en ningún momento dejaron de observarlo.

—No dejes que te afecte demasiado—dijo entonces con total seriedad y firmeza fijando su mirada en el cielo despejado—. Como te dije, yo pasé por algo similar. Por mucho tiempo me sentí desplazado por alguien más, él era tan perfecto ante la mirada de todos. No había nada que hiciera mal; era inteligente, responsable, amigable—relató, su voz comenzó a sonar tan melancólica que un sentimiento de pesar se instaló en el pecho de Leily—. Tenía su vida planeada tan meticulosamente y lograba todo lo que se proponía. Todos lo admiraban por eso, en especial yo.

En un momento dado lo vio bajar la mirada ocultándola entre los mechones azabaches que no la dejaron ver más allá.

—Por más que lo intentara no podía ser como él—continuó después de un momento—. Yo era todo lo opuesto, creo que aún lo soy—admitió con una risa forzada—. Y todos los que nos conocían a veces me decían que tratara de ser más como él, que aprendiera de su ejemplo y mejorara… pero nunca lo logré.

Cada palabra que pronunciaba lo sumía en una tristeza que Leily podía sentir en su propio cuerpo. Ya no estaba segura de sí era correcto seguir escuchando o si debía decir algo para animarlo, ¿no se suponía que él intentaba hacer eso mismo por ella?

—Al final me di cuenta que mi error fue darle tanta importancia al asunto—dijo entonces retomando la fuerza de antes y alzando el rostro para encararla—. Cuando dejé de preocuparme por lo que los demás pensaban y esperaban de mí, comencé a sentirme mucho mejor—explicó animado, sonriendo tan sinceramente como le era posible y fijando su mirada verde en la azul de ella—. Comprendí que si quería ganarme a las personas y demostrar mi valor debía dejar de tratar ser como él y comenzar a ser yo mismo. Si te concentras únicamente en tus errores jamás verás tus logros y si no te aprecias tú mismo primero, no podrás hacer que los demás lo hagan.

Sus palabras resonaron en su interior junto a los recuerdos de aquella persona que lo había ayudado a descubrir no solo la solución a su problema, sino también a la persona que realmente era.

—Demuéstrale a todos lo que vales—sentenció entonces posando una mano sobre el hombro de ella—. Y si no les agrada entonces ignóralos, siempre habrán personas que estén en tu contra, lo importante es concentrarte en los que están a tu favor.

Leily sonrió ampliamente al escucharlo, debía admitir que era un buen consejo y por ese pequeño momento realmente pensó que la solución a su problema sería tan sencilla como él la planteaba.

—Debo admitirlo—dijo ella sonriéndole, dejando al descubierto sus pensamientos—, eres bueno dando consejos.

—No es para tanto—evadió Ty encogiéndose de hombros nervioso ante su mirada y la sonrisa que le otorgaba.

No hubo tiempo de decir nada más pues la atmosfera que los envolvía se rompió debido al insistente llamado de un teléfono que había comenzado a timbrar.

Leily resopló con fastidio pues se trataba del suyo y comenzó a buscarlo en sus bolsillos.

—Disculpa—murmuró apenada por la interrupción apartándose un poco para responder a la llamada cuando tuvo el dispositivo en sus manos.

Alcanzó a ver como Ty asentía relajado antes de que ella le diera la espalda, solo entonces fijó su vista en el nombre escrito en la pantalla.

— ¿Qué ocurre, Stormfly?—inició la conversación y, de haber estado frente al azabache, habría notado el cambio de expresión que la mención de ese nombre provocó en él.

El corazón de Ty comenzó a latir con fuerza y su cuerpo tembló. De todas las personas con las que podía encontrarse tuvo que ser una que conocía a esa chica, vaya suerte la suya.

Por un pequeño momento realmente consideró el escapar de ahí, pero su cordura apeló en su contra recalcándole lo estúpido e inmaduro que sería hacer eso.

No habrás olvidado nuestra salida, ¿o sí?—escuchó su voz desde el teléfono de Leily y eso solo logró abrumarlo aún más.

Maldijo mentalmente tener tan buen oído pues en ocasiones eso era su habilidad era para él: una maldición.

—Claro que no—fue Leily quien habló esta vez y él decidió concentrar su mirada en ella que, ignorante de sus dudas y temores, hablaba alegremente—, estoy a unos minutos del cine, te veré allá en un rato.

Está bien, solo quería asegurarme de que el plan siguiera en pie.

Su tono de voz al pronunciar aquello provocó tantos sentimientos y recuerdos en él, incluso podía imaginarla con el ceño fruncido y una sonrisa que ocultaba preocupación mientras lo observaba fijamente y en silencio a espera de que él dijera algo para tranquilizarla aunque fuera una mentira.

Miles de preguntas aparecieron en su mente en ese momento. ¿Ahora vivía en Berk? ¿Seguía gustándole el pollo frito con locura? ¿Cumplió su deseo de aprender idiomas?

¿Era feliz?

¿Lo había olvidado?

Adiós…

Esa suave despedida, aunque no era para él, la sintió de esa manera y lo inundó de un sentimiento de dolor y calidez al mismo tiempo.

—Perdona—la voz de Leily llegó a sus oídos despertándolo de su trance y trayéndolo de vuelta a la realidad, parpadeó varias veces recobrando el control y observó a la chica albina frente a él—, mi amiga suele tomarse muy enserio nuestras reuniones.

—Lo entiendo—logró pronunciar, deteniéndose a tiempo antes de añadir «era igual conmigo» en la oración—. Supongo que es hora de despedirse—mencionó tratando de ocultar su incomodidad irguiéndose en su lugar con las manos en los bolsillos.

—Sí—suspiró ella guardando nuevamente su teléfono sin apartar la mirada de él—. De nuevo gracias por tus palabras, realmente me has animado.

—No fue nada—dijo entonces sonriente olvidando por un momento todo lo que lo agobiaba—, realmente espero que logres resolver tu problema.

Él no lo supo, pero algo en ella se desmoronó al escuchar aquello aunque casi de inmediato logró alejar las dudas que comenzaban a aglomerarse en su mente.

—Y yo espero que podamos vernos de nuevo—confesó sonriente—. Me alegró conocerte.

—Lo mismo digo—concordó Ty compartiendo su sonrisa que, aunque denotaba felicidad, sus ojos decían lo contrario—. Bueno… Adiós—dijo entonces girándose de inmediato para alejarse.

A sus espaldas escuchó como lo llamaba pidiéndole que esperara un momento y le asegurara que podrían hablar nuevamente. Pero él decidió ignorarla y continuar avanzando.

Con cada paso que daba sintió como la presión en su pecho aumentaba y le causaba dolor. Cuando al fin había encontrado a alguien con quien hablar, relajarse y ser él mismo sin tener que preocuparse por el pasado, este volvía y lo golpeaba en la cara, burlándose de él y de su desgracia.

La poca felicidad que había sentido por ese pequeño momento se desvaneció al darse cuenta que jamás podría escapar de sus demonios, ya que sin importar cuanto lo intentara ellos siempre terminaban alcanzándolo de nuevo.

—No debí volver…

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— ¿Qué te pareció la película? Yo siento que le faltó algo de acción—inició la conversación mientras salían del cine aun comiendo de las palomitas sobrantes en su contenedor—. Pero debo admitir que el desarrollo del personaje fue fenomenal.

—Tienes razón, es un punto a favor—concordó Leily quitándole un par y llevándoselas a la boca de inmediato—. Y el final fue completamente inesperado, valió la pena estar sentada dos horas y media—añadió sacudiéndose los restos de palomitas de las manos.

Conversar tras ver una película, analizándola y encontrando los puntos buenos y malos era algo que solían hacer, era como una tradición para ellas. No eran críticas de cine, pero les divertía hablar por horas sobre lo que habían visto y juzgar si valió o no la pena verla. Cosas típicas de un par de amigas y que, sin duda, a Leily la llenaban de paz al sentirse normal.

Esos pequeños ratos de ocio con Storm eran suficiente para hacerla sentir completa, como si fuera una persona más en el mundo y no una heroína incomprendida con un destino incierto y peligroso como el de los cientos de personajes que habían visto juntas en las películas y series que gustaban disfrutar y criticar.

—Ahora habrá que esperar a la siguiente parte—dijo entonces Storm depositando en la basura el contenedor vacío para después reanudar su marcha junto a su amiga—. Ya veremos si supera a esta.

Leily asintió entusiasta para después dar un vistazo rápido a la calle por la que ahora transitaban. La parada de autobuses se encontraba a un par de cuadras y estaba anocheciendo, pero no había nada de qué preocuparse, los faros se encenderían en cualquier momento iluminando el lugar, varios locales seguían abiertos y algunas personas caminaban como ellas hacia sus hogares. Y aunque sabía todo eso, había algo que la inquietaba; tenía esa sensación creciente e inexplicable de que algo estaba por ocurrir a pesar de que se repetía mentalmente una y otra vez que todo estaba bien.

— ¿Leily?—llamó Storm deteniéndose frente a ella—. ¿Te sientes bien?

— ¿Qué? Ah, sí, estoy bien—se apresuró a responder cuando notó la preocupación en su voz—. Solo me distraje.

—Bueno—dijo no muy convencida—, te decía que hay que apresurarnos o perderemos el autobús. No quiero tener que tomar un taxi, la última vez casi muero—exclamó con molestia—, esos sujetos conducen como bestias.

—No hay mucha diferencia con los autobuses, ¿sabes?—añadió ella bromista olvidando su anterior inquietud.

—Al menos en esos sé que no seré la única pasajera muerta—defendió encogiéndose de hombros y continuando con la broma.

— ¿Podríamos dejar de hablar de muertes?—cuestionó Leily con poca tranquilidad—, porque entonces creo que mejor caminaré hasta mi casa.

—Está bien, está bien—concedió alzando las manos en son de paz—, dejaré en paz al transporte público.

—Bien, porque…

Por algún motivo que la rubia desconoció, su amiga se calló de forma abrupta y sujetó con fuerza su brazo clavándole las uñas en la piel a través del suéter azul que vestía.

—Leily, ¿qué ocurre?—interrogó en un susurro deteniendo su andar al igual que ella, pero sin girarse a verla.

Podía sentir el miedo y la tensión en el cuerpo de su amiga, su respiración agitada y la mirada fija en un punto vacío frente a ellas.

—Apresura el paso—indicó entre dientes la albina recobrando el control y haciéndola avanzar sin soltarle el brazo.

—Leily…—llamó con creciente preocupación al sentir lo mismo que ella.

Alguien las estaba siguiendo y no era con buenas intenciones.

—Tranquila—susurró viéndola de reojo con una leve sonrisa para infundirle seguridad—, todo irá bien. Solo no mires atrás, estamos a una cuadra de la parada, sigue avanzando sin importar lo que escuches o veas.

Pero su voz interna gritaba lo contrario, estaban atravesando un tramo completamente desolado, ninguna otra persona caminaba por ahí y los locales ya estaban cerrados. La noche había caído y las lámparas se habían encendido pero no parecían brindarles ningún tipo de protección en ese momento.

Podía ocurrir cualquier cosa y ni siquiera ella podría evitarlo.

—Leily…—llamó su amiga con voz temblorosa y la mirada fija en el hombre que se acercaba a ellas desde el otro lado de la calle con un brillo en los ojos que no inspiraba nada bueno.

La albina lo observó de reojo, inspeccionando todas sus posibles vías de escape. Gruñó por lo bajo sin detener el paso maldiciendo mentalmente a su suerte.

Estaban rodeadas, no había forma de escapar.

De un fuerte empujón fue arrojada contra el suelo del callejón al que habían sido obligadas a entrar. Sus manos evitaron que se golpeara el rostro pero terminaron con algunos cortes debido a los vidrios de botellas rotas que abundaban en ese maloliente espacio. Escuchó los sollozos de su amiga a unos metros de distancia haciendo eco entre las risas de los tres hombres que las habían acorralado e intentó levantarse para ayudarla, pero el dolor de las heridas la hizo permanecer en su lugar.

—Ni se te ocurra moverte, preciosa—la gruesa y temblorosa voz del hombre que la empujó provocó arcadas que se obligó a contener, incluso desde donde estaba podía sentir el olor del alcohol impregnado en su piel—. Lamentaría mucho tener que descargar esta cosa en tu cabeza—continuó, su lengua enredándose entre palabras, dejando caer el cañón de una pistola sobre su nuca—, aún no hemos comenzado a divertirnos.

Se congeló en su sitio cuando sintió el arma clavándosele en la piel, temblando en las manos de su portador y enredándose entre su cabello.

— ¡Leily!—escuchó a Storm gritar con desesperación.

De reojo pudo ver que estaba acorralada contra la pared por los otros dos hombres. A través de la oscuridad pudo notar las lágrimas que corrían por sus mejillas dejando un camino pegajoso, su pecho se hinchaba con agitación y el cuerpo le temblaba de miedo.

¿Cómo fue qué permitió que eso ocurriera?

Gruñó por lo bajo sintiendo el calor de su fuego quemándola desde adentro y haciendo su piel arder; si hubiera luz todos habrían podido notar el humo purpura que comenzó a brotar de sus dedos. Sin importarle el dolor que le produjera, cerró sus manos en puños dejando un rastro de sangre en el suelo. Su cuerpo se contrajo ante el contacto cercano de la pistola en su cabeza, pero la adrenalina y el coraje de ese momento no le permitieron dudar.

—Déjenla en paz—dijo entonces luchando para que su voz saliera lo más fuerte y segura posible.

Ante sus acciones, el hombre se alarmó y quitó el seguro del arma en una advertencia mortal.

— ¡Dije que no te muevas!—gritó colérico con la voz más fluida que había usado hasta entonces.

Cerró sus ojos y respiró con fuerza tratando de controlarse, sabía que si se concentraba podría moverse lo suficientemente rápido para esquivar el disparo, derribar al hombre y salvar a su amiga de sus captores con un par de disparos de plasma. Aunque claro, eso le costaría tener que quedar al descubierto, Stormfly no tardaría en atar cabos hasta descubrir su identidad.

Pero, ¿qué más daba eso? Si no lo hacía, ambas iban a morir. No tenía otra opción.

—Y yo digo que se larguen—dijo una nueva voz uniéndose a la situación.

Las miradas de los tres hombres se alzaron en busca de aquél que los había interrumpido, pero lo único que lograron vislumbrar fue oscuridad.

— ¡¿Quién carajos eres?!—exclamó con ira el hombre de la pistola, de su ebriedad solo quedaba el olor.

El arma cambió de blanco comenzando a disparar sin piedad a cada punto donde era percibido algún movimiento. Las balas se incrustaron en las paredes sin alcanzar al desconocido objetivo.

— ¿Por qué tienen que hacer esto tan difícil?—se escuchó el suspiro del intruso poco antes de que saltara desde una de las escaleras para incendios adentrándose al callejón.

A partir de ese momento todo ocurrió demasiado rápido. Más disparos y golpes se escucharon en el estrecho espacio unidos a los gritos ahogados de los hombres cuando recibían los fuertes ataques del desconocido.

Ahora libre de su captor, Leily trató de incorporarse mientras buscaba con la mirada a su amiga, sorprendiéndose al ver como esta gateaba hacia ella. Los cortes en sus manos ardían debido a la suciedad y la sangre que no dejaba de correr dejando un rastro en el suelo y sus pantalones.

Sus rodillas temblaron cuando logró ponerse de pie, tambaleándose por un momento antes de que alguien la sujetara por los codos para evitar que cayera.

— ¿Están bien?—dijo ese alguien con la voz más serena y amigable que habían escuchado en los últimos minutos.

Sus ojos se enfocaron entonces en él, notando la mano enguantada que la sujetaba, siguiendo la línea de su brazo hasta su pecho cubierto por un traje de cuero negro. Alzó la mirada para verle el rostro pues era un par de centímetros más alta que ella y se sorprendió al toparse con un grueso antifaz cubriéndolo.

—No puede ser…—susurró Stormfly a su lado, ni siquiera había notado cuando ella se puso de pie.

Tampoco había notado que los tres hombres yacían inconscientes en el suelo a espaldas del joven enmascarado.

—Eres tú…

La mirada del joven la encaró por un segundo antes de volver hacia ella permitiendo que pudiera apreciar el verde brillante de sus ojos resplandeciendo entre la negrura del antifaz que los rodeaba.

A sus espaldas el eco de las sirenas comenzó a hacerse presente anunciando la pronta llegada de la policía. En poco tiempo el callejón se vería iluminado por las típicas luces rojas y azules, pero eso poco les importó.

—Night Fury—pronunció esta vez ella cuando Stormfly pareció no poder continuar.


¡Y eso es todo por hoy! Por poco no público hoy u.u estos últimos días he estado enferma, por lo cual me he sentido muerta en vida. Pero me dije "sí o sí debo publicar" y bueno, heme aquí e.e

Al fin tuvimos la participación de un nuevo personaje e.e ¡mi querido Ty! ¿Cómo lo vieron? ¿Ya lo aman? ¿Saben quién es? Obviamente sí ¿Qué secretos oculta? ¿Acaso sabremos por qué demonios Night Fury se fue y volvió tres años después? Esperen un poco y lo descubrirán... ¡Y ya no más preguntas sin respuesta!

Hasta la próxima...

A todos los que leyeron hoy... GRACIAS