Disclaimer: How to Train Your Dragon no me pertenece, es propiedad de DreamWorks Animation, Dean DeBlois y Cressida Cowell. La historia sí es original y de mi autoría, pero su creación y respectiva publicación es por mero entretenimiento.
Capítulo 3
.
Su mirada estaba fija en las vendas blancas que cubrían sus manos, delineó cada cruce y doblez de la tela alrededor de los cortes que punzaban con cada movimiento que hacía.
A su mente regresó la imagen del encapuchado y sus brillantes ojos verdes que la observaron con curiosidad antes de desaparecer entre las sombras, dejándolas a merced de la policía que ya había hecho acto de presencia en el callejón. Estaba claro que tendrían que ser ellas quienes respondieran las preguntas de las autoridades, era el pago de ser salvadas por el aclamado y recién aparecido héroe de Berk.
—Leily, ¿estás bien?—la voz de Stormfly la hizo regresar a la realidad.
Sintió la calidez de la manta sobre sus hombros y la incomodidad de la silla de plástico en la que estaba sentada, alzó su vista analizando el recibidor de la estación de policías a la que habían sido llevadas para dar su declaración oficial de los hechos. Hombres y mujeres uniformados entraban y salían de las instalaciones, los teléfonos sonaban de vez en cuando y la neutral voz de la recepcionista en turno hacía eco en el lugar al responder.
Observó el reloj en la pared, faltaban quince minutos para las diez, su madre volvería a casa a las once debido al trabajo. Las interrogaciones de la policía habían demorado demasiado.
—Leily—repitió el llamado Storm sujetando su brazo por encima de la manta.
Suspiró para después girarse y encararla. Las lágrimas y suciedad que antes manchaban su rostro habían desaparecido después de una rápida visita al baño, pero la preocupación y el cansancio seguían presentes, incluso pudo jurar que sus manos aun temblaban de miedo.
—Estoy bien, Storm—articuló regalándole la mejor sonrisa que le fue posible.
Había pronunciado tanto esas palabras durante las últimas horas que incluso ella misma había dejado de creerlas.
—Llamé a casa—relató la rubia no muy convencida por su respuesta—, ya vienen por nosotras. ¿Segura que no quieres llamar a tu mamá?
Negó con simpleza liberando un nuevo suspiro y dejándose caer contra el respaldo de la incómoda silla.
—Sigue en el trabajo—comenzó a explicar restándole importancia—, no quiero preocuparla por esta pequeñez. Ya le contaré lo ocurrido mañana.
—Se va a molestar—dedujo su amiga sujetando los bordes de la manta que la cubría, como si con ello pudiera infundirse mayor seguridad.
—Molesta es mejor que preocupada—cortó ella dando fin a la conversación—. Tranquila, estamos bien y es lo que importa—añadió sonriéndole, esta vez de forma sincera y tranquila.
Odiaba que las personas se preocuparan por ella, pero odiaba aún más ponerlas en peligro. Sabía bien que si llamaba a su madre se alteraría demasiado y abandonaría el trabajo para ir a su encuentro, estaría tan asustada que no sería precavida en el camino y lo que menos deseaba era ponerla en un riesgo de esa magnitud.
Ella estaba bien, sus manos sanarían en cuestión de días gracias a sus habilidades. Podría recuperarse de heridas como esa o peores, pero jamás podría recuperarse de otra perdida más. Y sabía que era igual para su madre, por lo tanto estaba segura que comprendería su decisión cuando se la explicara.
Así que sí, todo estaría bien.
— ¡Stormfly!
Escucharon el llamado de alguien y alzaron las miradas para encontrarse con una joven rubia que avanzaba con paso rápido hacia ellas.
Sintió a su amiga levantarse de su lugar y, para cuando se dio cuenta, ya estaba frente a ella abrazando a la recién llegada con la manta en el suelo junto a sus pies.
—Astrid—la escuchó murmurar contra el hombro de la otra rubia que acariciaba su espalda en busca de calmarla.
—Tienes suerte de que yo respondiera—dijo la nombrada apoyando su mejilla contra el cuello de la chica—, mis padres salieron. Les dejé una nota—explicó separándose un poco para encarar a la rubia de ojos ámbar—, pero estoy segura que querrán muchas explicaciones cuando volvamos.
Leily se mantuvo distante en su sitio observándolas en silencio, analizando con cautela a la recién llegada que conectó su mirada azul con la de ella cuando sintió su presencia.
—Hola, Leily—saludó acercándose con una cálida sonrisa—, ha pasado mucho tiempo.
—Bastante, para ser honestas—concordó entonces levantándose para estar a su altura—. Te daría la mano pero…—alzó ambas manos mostrando las palmas vendadas—. Estoy bien, tranquila—se apresuró a decir nuevamente cuando notó la preocupación en su rostro.
—Bueno, en ese caso hay que irnos—dijo entonces aun no muy convencida—. Te dejaremos en tu casa, ¿está bien?
La albina asintió para después doblar la manta que la cubría y dejarla sobre la silla que había ocupado con anterioridad, acción que Storm no tardó en imitar. Se despidieron de la recepcionista, agradeciendo la ayuda y se marcharon siguiéndole el paso a la rubia hacia la salida del edificio.
—No me dijiste que tu prima había regresado—reclamó entonces en un susurro cuando la distancia que las separaba de Astrid era suficiente.
—Llegó esta mañana—se apresuró a contestar con el mismo volumen de voz—, fue inesperado para todos.
—Creí que ahora vivía en Oslo.
—No, solo fue a realizar unas investigaciones de campo—rectificó tranquila, un porte que al fin comenzaba a recuperar—. Al parecer se tomará unos días de descanso después de un año y medio de arduo trabajo.
—Tus tíos deben estar muy felices—pensó con la misma tranquilidad.
—Sí…—concordó suspirante—, aunque creen que hay algo que no les ha dicho—reflexionó momentáneamente—, pero le dan su espacio, no quieren presionarla.
—Entiendo…
Y vaya que lo hacía.
En realidad no conocía demasiado a Astrid, sabía que era un año mayor que Storm quien se había mudado con ella y sus padres para estudiar en la universidad de Berk; también sabía que se marchó a la ciudad de Oslo para "ampliar sus estudios", aunque según lo que Storm le contó en realidad la razón era otra. Se había ido por mucho tiempo, tanto que incluso pensó que ya no volvería y sabía bien que, aunque no lo admitiera, Storm también llegó a creer lo mismo.
Su amiga nunca le contó con precisión qué es lo que le había ocurrido a su prima, pero no era necesario que lo hiciera pues en su momento el acontecimiento estuvo en boca de todos.
Astrid Hofferson había perdido a alguien importante tres años atrás, dicha perdida la destrozó y aunque logró resistir durante un año y medio al final optó por marcharse. No la juzgaba por hacerlo pues, si ella hubiera tenido la oportunidad, también lo habría hecho.
Sabía que esa tragedia fue muy dolorosa para la mayor, para muchos en realidad, ya que incluso Storm sufrió a causa de eso. En ese entonces aún no se conocían, pero cuando lo hicieron no fue necesario ser un genio para saber que, aunque había pasado un año, lo ocurrido le seguía afectando.
Todos conocían superficialmente la historia de ese accidente, todos llegaron a escuchar los rumores sobre por qué y cómo ocurrió. Rumores que desembocaban en un solo responsable…
— ¡Hey ustedes dos, apresúrense!—llamó la rubia con la puerta del automóvil gris abierta a espera de que ambas llegaran a su lado para poder marcharse.
Su divagación se acabó al mismo tiempo en que ambas abandonaron la conversación para cumplir con lo pedido y apresuraron su paso. La realidad era que ninguna quería permanecer más tiempo en ese lugar con olor a polvo, sudor y café quemado.
Subieron al auto en silencio, Storm como copiloto y ella apoderándose de todo el asiento trasero donde no dudó en relajarse al fin y cerrar los ojos, dejando que cientos de pensamientos se aglomeraran en su mente.
Astrid Hofferson había vuelto un día después de la aparición de Night Fury, sin duda no podía ser una coincidencia, ¿o sí?
.
.
.
—Hemos llegado—mencionó Astrid deteniendo el auto y girándose sobre el asiento para observarla, una acción que Storm imitó.
—Gracias—se limitó a responder frotando sus ojos para apartar el cansancio que casi la hacen caer dormida.
Sus heridas comenzaron a punzar a causa del movimiento, obligándola a detenerse entre gruñidos bajos de molestia.
— ¿Segura que estarás bien?—cuestionó Storm sin quitarle la mirada de encima.
—Sí, mamá llegará pronto—dijo para tranquilizarla—. Tomaré un baño y luego me iré a dormir.
—Está bien—suspiró rendida—, llámame si me necesitas.
Asintió agotada para después abrir la puerta, ignorando el dolor que tales acciones ocasionaban en sus manos.
—Me alegró volver a verte—añadió entonces Astrid sonriéndole cálidamente.
Ante la luz interior del auto, Leily fue capaz de observar las arrugas de estrés y cansancio que se formaban en su frente, al igual que las oscuras bolsas bajo sus ojos. No sabía qué pasaba por su mente, pero sin duda esperaba que no fuera nada de lo que seguramente se arrepentiría después. Y es que a pesar de su estado, seguía mostrando la misma fortaleza y alegría de siempre.
—Lo mismo digo—correspondió a medio camino de salir del auto—, quizá la próxima vez podamos vernos en mejores circunstancias.
—Dalo por hecho—guiñó un ojo regresando a su antigua posición tras el volante cuando ella al fin salió y cerró la puerta—. Buenas noches—despidió aún sonriente observándola a través de la ventana abierta de Storm.
—Hasta luego—concordó ella agitando su mano en despedida.
Aunque no tuvieran un trato cercano, Leily sabía perfectamente que Astrid era el tipo de persona que prefería cargar el peso de todos encima en lugar de preocuparlos.
Rio internamente ante esa deducción pues al final de cuentas no eran muy diferentes.
—Llámame si me necesitas—volvió a decir Storm—. Descansa.
Nuevamente asintió y, en silencio buscó entre su bolso sus llaves para después abrir e introducirse al seguro interior de la casa, viendo como ellas partían poco antes de que cerrara la puerta.
*O*O*O*
—Storm—inició la rubia mayor aferrándose al volante y con la mirada fija en el camino que era iluminado por los faros del auto.
— ¿Sí, qué ocurre?—cuestionó girando el rostro para encararla.
—Sobre lo que les pasó…—continuó y la menor pudo sentir la tensión en sus palabras—, ¿podrías contarme qué ocurrió exactamente… con Night Fury?
Se aferró al cinturón de seguridad, tragando duro y sopesando las palabras dichas por su prima. Sabía bien que tarde o temprano preguntaría sobre él y se regañó mentalmente por haberlo mencionado cuando le explicó brevemente el incidente por teléfono.
—Yo…
—Por favor—insistió observándola momentáneamente con ojos angustiados.
Ante eso no tuvo otra opción más que ceder.
*O*O*O*
A pesar de estar sola en casa seguía sintiendo la misma presencia vigilante que había llegado a percibir durante el trayecto a casa. En ningún momento la sintió como una amenaza, por lo cual decidió no preocupar al par de primas con las que viajaba.
Pero ahora estando sola, no podía dejar pasar esa intromisión por alto y mucho menos teniendo una idea clara de quién podría ser.
Atravesó el recibidor con toda la calma del mundo haciendo resonar sus pasos contra el suelo como aviso de que se encontraba en movimiento. Se aproximó a la puerta trasera junto a la cocina y quitó el cerrojo para después abrirla con la misma calma permitiendo que la brisa nocturna se colara en el interior.
Salió con total normalidad y permaneció de pie bajo la luz que iluminaba la mitad del patio trasero.
— ¿Sabes?, no me gustan las visitas inesperadas—dijo buscando con la mirada entre la oscuridad al intruso.
—No pensé que fueras a darte cuenta—habló entonces él saltando desde el techo y cayendo de pie con gracia frente a ella, justo donde la oscuridad iniciaba, pero lo suficientemente cerca de la luz para que pudiera ser visto—. Es la primera vez que alguien logra percibirme.
—Bueno, no fuiste muy cauteloso en realidad—confesó la albina con un leve tono divertido—. Te escuché tropezar con una de las tejas—añadió señalando sobre su hombro el techo con un pulgar.
—En mi defensa estaba un poco suelta—dijo con el mismo ánimo el encapuchado frente a ella.
Sus ojos verdes resplandecían conectados a los azules de ella.
—Perdona mi intromisión—continuó ahora con seriedad—, quería asegurarme de que estuvieras bien.
No estaba muy segura, pero creyó distinguir nerviosismo en él cuando dijo aquello.
— ¿Harás lo mismo con mi amiga?—cuestionó en un intento de provocación cruzándose de brazos.
—Eh, no…—murmuró rascándose la cabeza bajo la capucha que no tardó en caer sobre sus hombros dejando al descubierto su cabellera azabache, algo que no pareció importarle demasiado—. Ella tiene compañía, a diferencia de ti. Además tú resultaste herida—declaró señalando los vendajes que ella no tardó en esconder.
—Estoy bien—aseguró, gritando internamente por tener que repetir las mismas palabras—. Dicho esto ya puedes retirarte—se apresuró a añadir, el sentimiento de fastidio y molestia que había estado conteniendo ahora comenzaba a liberarse—, porque te seré honesta, no me agrada la idea de tener a un superhéroe custodiando mi casa.
A pesar de las palabras que ella estaba segura fueron cortantes, el joven enmascarado rio por lo bajo.
— ¿Qué es tan gracioso?
—Nada—dijo tranquilo—, es solo que… hacía mucho que no me llamaban así. Es… es un poco incómodo.
Esa tranquilidad la molestó aún más. Todo lo que sentía y pensaba del héroe flotaba en su interior luchando por escapar.
—Bueno, entonces ¿cómo prefieres que te diga?—alzó la voz y pudo jurar que esta vez él sí percibió sus intenciones—. ¿Justiciero? ¿Gran defensor de Berk?
Night Fury retrocedió, sus brillantes ojos ahora eran lo único que se alcanzaba a distinguir.
—O mejor aún…—continuó sin detenerse a pensar en sus acciones—. El supuesto héroe que abandonó la ciudad por tres años y la guio a su perdición.
—Yo…
—Que hayas regresado no cambia nada—dijo con el rencor burbujeando en su interior y reflejado en su mirada—. Tus buenas acciones de esta noche y la anterior no compensan el daño que provocó tu ausencia y egoísmo.
En este punto ya no podía detenerse.
La conversación que había tenido con Tyre esa tarde regresó a su mente, pero ni siquiera sus palabras fueron suficientes para calmar sus emociones desbocadas.
Ya no se trataba únicamente de una comparación entre ambos, se trataba del daño que les ocasionó a todos al desaparecer.
—Agradezco que nos salvaras—confesó con la poca calma y sinceridad que aún conservaba—. Pero eso no cambia mi opinión sobre ti.
Después de eso el silencio reinó por algunos minutos, tiempo en el cual se limitaron a observarse sin desear moverse de su sitio.
—Lo entiendo—dijo al fin y Leily pudo percibir el pesar en su voz—, no puedo exigirte que lo hagas. Sé que cometí un error y no pretendo justificarme—el azabache no entendía por qué le contaba todo eso, simplemente las palabras surgieron sin avisar—. Pero puedo asegurarte que esta vez deseo hacer las cosas bien.
Antes de que pudiera evitarlo, Night Fury ya se había marchado dejándola sola bajo la luz que se colaba por las ventanas.
Suspiró agotada y con fastidio al ya no sentir su presencia, su corazón continuaba latiendo con fuerza y sus manos convertidas en puño exigían descanso debido a las heridas que había olvidado tener.
Regresó al interior de la casa con brusquedad cerrando la puerta y colocando nuevamente el cerrojo embriagándose con la calidez y silencio del lugar.
—No lo hagas, Leily—se dijo a sí misma—. ¡No lo hagas!
Pero era demasiado tarde, pues ya se encontraba corriendo escaleras arriba hacia su habitación donde, entre reclamos a sí misma, se enfundó en su traje y, minutos después, salió con rapidez por la ventana perdiéndose entre la oscuridad que la abrazaba con cada salto que daba sobre los tejados.
.
.
.
Desde hace algunos minutos había detectado la presencia de alguien siguiéndolo y debido a las condiciones de esa persecución, el sospechoso solo podía ser una persona.
—No me gusta que me sigan—alzó la voz deteniéndose sobre la azotea de un negocio.
La luz intermitente del letrero junto a él iluminaba todo el lugar, en la distancia aun podían escucharse los autos en movimiento gracias al silencio de la noche.
Sintió como ese alguien caía con firmeza a unos metros de su posición avanzando lentamente y con cautela hasta quedar frente a él. Ninguno dijo nada por un momento, tan solo se observaron fijamente inmóviles en su sitio con la brisa nocturna agitando sus capuchas.
Blanco y negro. Ying y Yang. Luz y oscuridad.
Tan cerca y tan lejos en un encuentro inesperado.
—No me dejaste muchas opciones—respondió al fin con un tono que él pudo jurar era divertido.
—Light Fury—pronunció él con lentitud, disfrutando de cada palabra y las reacciones que estas tenían en la joven de blanco—, es un placer conocerte al fin. La última vez que nos vimos no fue en las mejores condiciones.
—Deja a un lado la cortesía, Night Fury—reprendió ella ahora con un tono de voz que sin duda era de molestia—. No estoy aquí para una reunión amistosa.
Gruñó por lo bajo fastidiado, tenía la impresión de cuál era el verdadero motivo de su presencia y sin duda no le agradaba. No deseaba sentirse atacado por segunda vez esa noche y, sin duda, tampoco deseaba escuchar los reclamos hacia sus errores; suficiente tenía con sus propias reprimendas.
—Eso lo puedo notar—dijo en su lugar tratando de verse lo más tranquilo posible para después recargar la espalda contra los soportes del brillante letrero que zumbaba con cada cambio de luces—. ¿Qué necesitas de mí?
—Una respuesta—declaró tajante y firme.
Con la mirada le indicó continuar, dispuesto a darle esa respuesta que tanto parecía necesitar aunque en el interior temiera hacerlo. La escuchó suspirar, como si tomara la fuerza necesaria para poder hablar.
Él no lo sabía, pero después de las palabras que le dirigió a Leily, ciertas dudas habían crecido en su interior y era ahora que Light Fury, de pie frente a él, estaba por exigir una explicación.
— ¿Por qué volviste, Night Fury?
¡Y es todo por hoy!
Nuestra querida Astrid ha hecho acto de presencia al fin :D ¿cómo la vieron? ¿Cuál creen que sea la razón de su regreso? Y hablando de regreso… ¡¿Por qué creen que volvió Night Fury?! ¿Qué es lo que está ocultando? Y, mejor aún, ¿qué fue lo que ocurrió hace tres años?
Atentos al siguiente capítulo e.e puede que al fin sus preguntas sean respondidas.
Gracias a animeloco y KatnissSakura por sus Reviews.
¡Ah! Y junto al próximo capítulo también se viene actualización de la sección de anexos ;)
A todos los que leyeron hoy... GRACIAS
