Disclaimer: How to Train Your Dragon no me pertenece, es propiedad de DreamWorks Animation, Dean DeBlois y Cressida Cowell. La historia sí es original y de mi autoría, pero su creación y respectiva publicación es por mero entretenimiento.


Capítulo 4

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« ¿Por qué volviste, Night Fury?»

Esa pregunta resonó en su mente a la par en que los viejos recuerdos regresaron de golpe, arrastrándolo hacia las profundidades de su pasado y liberando todas las emociones que por tanto tiempo había mantenido encerradas.

Los fuertes muros que construyó a su alrededor habían comenzado a derrumbarse.

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CUATRO AÑOS ATRÁS

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Tyre…

Creyó escuchar su voz en la lejanía llamándolo sin parar con una frecuencia y volumen que iban en aumento.

¡Ty, despierta!

Gruñó por lo bajo cuando sintió unos brazos zarandeando su cuerpo bruscamente. La insistencia con la que perturbaban su descanso comenzaba a ser molesta.

—Basta—logró pronunciar adormilado y con voz ronca apartando al intruso para después darle la espalda—, es demasiado temprano.

— ¿Temprano?—lo escuchó decir con incredulidad—, ¡son las once de la mañana! Levántate ya—ordenó exasperado a lo que él respondió con un nuevo gruñido justo al tiempo en que le eran retiradas las sabanas que lo cubrían.

Con el mismo fastidio se giró para encararlo, parpadeó varias veces en un intento por acostumbrarse a la luz de la habitación y, una vez que lo logró, se sentó sobre la cama apoyando la espalda contra la cabecera.

— ¿Y se puede saber cuál es tu insistencia en despertarme?—cuestionó con el ceño fruncido escrutándolo con la mirada.

El castaño frente a él se cruzó de brazos igual o más molesto pero, al mismo tiempo, con una expresión en su rostro que significaba un claro « ¿En serio lo olvidaste?»

—Les prometimos a las chicas reunirnos con ellas a las doce—le recordó entonces y pudo jurar que lo que vio en sus ojos verdes fue pura diversión cuando al fin logró caer en cuenta de lo que ocurría.

— ¡Storm me va a matar!—exclamó levantándose de un salto ante la mirada triunfal del otro chico—. Debiste despertarme antes—reclamó entre las prisas buscando en su armario algo de ropa.

— ¿Bromeas?—se quejó el castaño sentándose sobre la cama deshecha—. Llevo intentándolo por dos horas, tienes el sueño muy pesado, hermano.

Pero él no respondió, en su lugar se encerró en el baño para, torpemente, prepararse lo más rápido que podía antes de que cierta rubia decidiera asesinarlo.

—En realidad tienes suerte—le escuchó decir con voz relajada después de un rato—. Astrid me envió un mensaje diciéndome que el barco se retrasó, Storm llegará un poco tarde.

Abrió la puerta de golpe y lo fulminó con la mirada desde el interior. Su cabello húmedo goteaba debido a la rápida ducha que se había dado, estaba seguro de que aún tenía algo de jabón en algunas partes del cuerpo.

—Debiste iniciar por ahí—reclamó cruzando los brazos sobre su pecho desnudo y mojado, pues el anuncio del castaño lo detuvo a medio vestir.

—No habría sido divertido de esa manera—se encogió de hombros dejándose caer sobre la cama—. Anda, apresúrate o entonces realmente llegaremos tarde.

—Hiccup, eres un hijo de…

» ¡Tyre, ese lenguaje!

La voz de su madre hizo eco por el corredor hasta impactar contra sus oídos evitando que continuara con su no-tan-agradable expresión.

—Hijo de troll—murmuró poco después sin quitarle la mirada de encima a su hermano que hacía un esfuerzo enorme por no reír.

» ¡Tyre Knight Haddock, no me hagas ir hasta allá!

Ese último grito fue suficiente para que el castaño lanzara una sonora carcajada en su contra.

— ¿Cómo fue que lo escuchó?—se quejó él alzando los brazos en son de rendición.

—No lo sé, hermano—habló entre risas levantándose de un salto—, pero no quisiera ser tú cuando la vea. Te recomiendo ser cariñoso, cuidar tus palabras y halagar su ropa o su cabello—palmeó su hombro al pasar a su lado riendo levemente cuando cruzó la puerta de la habitación.

Vaya suerte la suya.

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Suspiró con cansancio estirando su cuerpo que crujió ante el movimiento. Su madre les había pedido realizar algunas compras aprovechando que ese día nuevamente se reunirían con el par de primas que eran sus más cercanas amigas.

Storm había llegado el día anterior de visita pues vivía en Nusfjord, un pequeño pueblo pesquero de Noruega y, al tener familia en Berk, solía visitarlos durante las vacaciones. La chica era su mejor amiga desde que tenía memoria al igual que Astrid lo era para Hiccup, aunque todos sabían que lo que ese par sentía por el otro era algo mucho más fuerte que una simple amistad. Pero ni él ni Storm estaban dispuestos a involucrarse en ese asunto.

—Entonces ¿qué es lo que nos pidió que compráramos?—preguntó para dar inicio a una conversación que acabara con el silencio.

—No sé, un montón de cosas para la despensa—respondió Hiccup buscando en su bolsillo la nota que su madre le había dado esa mañana—. Leche, huevos, mantequilla…—leyó en voz alta cuando la encontró—, y muchas cosas más—cortó volviendo a guardarla para no perderla.

—Debió decirle a papá, el supermercado le queda de camino—se quejó entonces sin dejar de caminar junto a su hermano por la acera poco transitada.

Hace tan solo una hora atrás se habían despedido de las chicas tras pasar toda la mañana en el parque de diversiones y ahora, agotados y con hambre, debían cumplir con el pedido de su madre.

—Saldrá tarde del trabajo hoy—explicó el castaño con tranquilidad.

—Entonces al menos debió prestarnos el auto—insistió él arrastrando los pies con exagerado cansancio.

—En primer lugar tú aun no tienes licencia de conducir—dijo con obviedad a sabiendas de que tal hecho lo haría enojar debido a que aún faltaban algunas semanas para que cumpliera diecisiete años, la edad requerida para solicitar una licencia provisional—, y en segundo, a mí me la castigaron gracias a ti.

— ¡Yo no tengo la culpa de que no vieras ese alto!—se defendió con los brazos alzados al cielo atrayendo la atención de las pocas personas alrededor.

—Solo cállate y sigue caminando—reprendió el mayor golpeándolo suavemente en el hombro—. Hay una tienda de comestibles cerca de aquí.

A regañadientes obedeció y apresuró el paso junto a él hacia la supuesta tienda que los salvaría de tener que ir hasta el supermercado.

Aunque quizá lo mejor habría sido caminar un poco más en lugar de ir a lo cercano pues, aunque en ese momento no lo sabían, la insignificante decisión de girar un par de cuadras antes estaba por cambiar el rumbo de sus vidas y uno de ellos jamás sería el mismo después de eso.

El estruendo del disparo lo aturdió obligándolo a cerrar los ojos y contener el aliento, el grito de los demás rehenes y el llanto de algunos niños no se hizo esperar.

Todo había ocurrido tan rápido.

Los dos hombres armados y con el rostro cubierto que entraron al establecimiento sin previo aviso exigiéndoles cooperar y entregarles todo el dinero del negocio y sus bolsillos. La voz de Ty insistiendo en que se calmaran y dejaran ir a las personas antes de que algo se saliera de control. Su propia voz pidiéndole guardar silencio, lleno de miedo por lo que fuera a ocurrirles si los criminales los veían como una amenaza.

Todo eso seguido del arma que apuntaba a su cabeza a escasos centímetros de distancia, misma que después fue desviada cuando Tyre empujó al hombre que la empuñaba y que, durante el forcejeo terminó por dispararla sumiendo a todos en el terror y descontrol.

Y ahí estaba ahora él, cayendo de rodillas junto a su hermano tendido en el suelo, con un hombro sangrante, la respiración agitada y la mirada perdida en el techo blanco.

— ¡Ty!—exclamó acortando la distancia, aterrándose cuando notó la sangre que se acumulaba bajo el cuerpo del azabache—. No, no, no—pronunció con voz rota presionando la herida en un inútil intento por detener el sangrado.

En la lejanía escuchó como alguien exigía llamar una ambulancia, quizá fue él mismo quien lo hizo, en realidad lo que ocurrió a partir de ese momento fue demasiado borroso como para recordarlo.

¿Los criminales se habían ido? ¿Alguien más resultó herido? Nada de eso le importaba, lo único que deseaba era ayudar a su hermano.

—Tranquilo—logró decir tembloroso—, vas a estar bien, Ty… vas a estar bien.

Sintió como el cuerpo tenso del menor se estremecía bajo sus manos, su respiración se volvía cada vez más pesada y sus ojos desenfocados parecían buscarlo con desesperación.

—Hicc…up—musitó cuando al fin pareció encontrar su rostro antes de cerrar los ojos y sumirse en la oscuridad.

— ¡Tyre!—exclamó él en su lugar aterrado ante la idea de perderlo—. ¡Por favor despierta! ¡Ty!

Pero fue inútil, el azabache nunca respondió.

Acercó una mano temblorosa a su pecho tratando de encontrar al menos una señal de que la vida seguía existiendo en su interior.

—Ty, por favor no me hagas esto—sollozó cuando no sintió nada, colocando cuidadosamente el cuerpo de su hermano sobre su regazo para estrecharlo en un abrazo lleno de desesperación—. Por favor…

Entonces, como si sus suplicas fueran escuchadas, contra su piel sintió un peculiar calor que le dejó una sensación de ardor conforme iba aumentando. Se vio obligado a incorporarse lleno de confusión y con la mirada borrosa por las lágrimas, colocó nuevamente su mano contra el pecho de Ty sorprendiéndose cuando notó que ese calor provenía de su interior y seguido de este un fuerte latido retumbó contra sus dedos.

Si no hubiera estado concentrado en el azabache, habría notado que al mismo tiempo en que él parecía volver a la vida, en el exterior el día se convirtió en noche por algunos segundos que desconcertaron a todos los presentes.

— ¿Ty?—jadeó lloroso cuando lo vio inhalar inconsciente en busca de aire.

Una inmensa alegría lo embriagó por un momento hasta que se vio obligado a retomar su anterior tarea de evitar que su hermano continuara desangrándose. Sin duda no entendía qué era lo que había ocurrido pues podía jurar que el corazón del menor había dejado de latir, pero poco importaba eso ya.

—Te pondrás bien—susurró un poco más tranquilo justo antes de que alguien lo apartara y tomara su lugar.

Los paramédicos habían llegado.

—Te pondrás bien—volvió a repetir esta vez creyendo en sus propias palabras y dejándose caer a una distancia prudente sin apartar la mirada de él y la pareja uniformada que ahora lo atendía.

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Abrió los ojos con lentitud abrumándose por el exceso de luz que inundaba la blanca habitación. El insistente sonido de una máquina a su lado taladraba sus oídos y el fuerte olor a desinfectante comenzaba a provocarle náuseas.

¿Dónde estaba? ¿Qué había pasado? Y ¿Podría alguien apagar ese ruido? Eran las preguntas que se repetían en su mente.

Trató de incorporarse sobre la mullida cama en la que se encontraba acostado pero el punzante dolor de su hombro derecho lo obligó a permanecer en su lugar. Su visión había comenzado a aclararse y con ello, sus preguntas al fin obtuvieron respuesta.

Estaba en una habitación de hospital, seguramente el dolor de su hombro era la razón de su estancia ahí, por lo cual podía deducir que había tenido algún tipo de accidente. Y no, nadie podía apagar ese infernal ruido ya que provenía del aparato que aparentemente monitoreaba su ahora descontrolado ritmo cardiaco.

— ¡Ty, despertaste!

No importaba cuanto tiempo pasara, era imposible no reconocer esa voz.

Giró su rostro hacia la puerta conectando su mirada verde con la de su hermano que ahora avanzaba con grandes pasos en su dirección.

— ¿Cómo te sientes? ¿Te duele algo? ¿Sabes quién soy?—comenzó a invadirlo de preguntas sin darle tiempo a responder alguna—. ¿Cuántos dedos ves?

—Hiccup, basta—apartó la mano que el castaño colocó frente a él—. Me das dolor de cabeza—se quejó para después suspirar y, con una cálida sonrisa, continuar—. Estoy bien, vivo, confundido, pero bien.

El mayor rio nervioso sentándose sobre el borde de la cama, atrapó la mano de su hermano en un fuerte apretón fraternal sin apartar su mirada de la de él en ningún momento. Un acto que Tyre reconoció como una necesidad de confirmar que era real y que realmente estaba bien.

—Me preocupaste demasiado—murmuró con un nudo en la garganta, la presión sobre la mano ajena aumentó—. No vuelvas a hacer algo como eso, idiota.

Ty rio ante sus palabras dispuesto a responder cuando una nueva voz se hizo presente.

—Hiccup Haddock, cuida tu…—no pudo terminar, sus ojos se cristalizaron y el llanto se apoderó de su garganta—. ¡Ty! Mi pequeño Ty—pronunció corriendo a su lado.

Hiccup se apartó cediéndole el lugar a su madre que, llorosa, sujetaba el rostro del azabache mientras este le repetía sin parar que estaba bien.

—Iré a avisarle al doctor—declaró Hiccup recibiendo un rápido asentimiento por parte de la castaña, quien a pesar de también ser médica, no estaba en condiciones de revisar el estado de su propio hijo.

Vio a su hermano desaparecer tras la puerta blanca antes de volver a concentrarse en su madre que, así como Hiccup, no dejaba de hacerle un sinfín de preguntas sobre su estado.

Por lo poco que podía entender entre sus explicaciones apresuradas, les había dado un susto horrible a todos. Casi muere y estuvo inconsciente por varios días, pero ahora estaba bien y eso era lo único que importaba.

—Tranquila, mamá—logró decirle apoyando sus manos cálidas contra las frías de ella que aún permanecían en sus mejillas—. Estoy bien… ya estoy bien.

Su madre asintió y él sonrió satisfecho, aunque muy en el fondo, en lo más profundo de su ser algo le gritaba que no todo estaba completamente bien y eso era algo que dentro de poco iba a descubrir.

Aunque había sobrevivido a la muerte, Tyre Knight Haddock ya no era ni sería nunca el mismo.

Night Fury estaba por nacer.

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Entró con sigilo a la casa cerrando la puerta con un suave clic tras él. El olor del sudor y el humo impregnaban su piel y se mezclaban en sus fosas nasales irritándolo de sobre manera; para una persona normal sería algo insignificante e incluso imperceptible, pero para alguien como él con un recientemente mejorado olfato tales olores eran penetrantes y excesivos.

Cuando escuchó la madera del suelo crujir bajo sus pies la voz de su padre se alzó a través del pasillo desde la cocina cuya luz encendida parecía proyectar un camino en su dirección.

—Tyre, ¿puedes venir un minuto?—fue lo que dijo y el azabache pudo percibir un sentimiento de urgencia y seriedad en su voz que, sin duda, no significaban nada bueno para él—. Hay algo importante de lo que debemos hablar.

Sí, sin duda no era nada bueno para él.

Tragó con dificultad, nervioso y con el corazón latiendo con fuerza en su pecho, depositó su mochila en el suelo junto a la mesita del recibidor y, con toda la calma que pudo sacar en ese momento, se dirigió a la cocina donde sus padres lo esperaban sentados en el pequeño comedor cuadrado con unas humeantes tazas de café frente a ellos.

—Siéntate, por favor—esta vez fue su madre quien habló.

Acató la orden sin rechistar dejándose caer con pesadez sobre la silla de madera justo frente al par de castaños que ahora lo observaban fijamente, como si trataran de leer su mente en busca de las respuestas a las preguntas que en cualquier momento iban a formular.

A simple vista podría notarse que no había ningún parentesco físico entre él y sus padres; ambos, al igual que su hermano Hiccup, poseían un peculiar cabello castaño rojizo y unos brillantes ojos verdes similares a un bosque frondoso o a una resplandeciente esmeralda. Él, por otro lado, tenía el cabello de un color negro que rara vez mostraba algún tipo de brillo natural, sus ojos, aunque también eran verdes, eran de una tonalidad muy diferente que te recordaban a una sustancia tóxica y mortal debido a su resplandor y los curiosos destellos naranjas y amarillos que de vez en cuando eran perceptibles bajo la luz del Sol; y por si fuera poco, su piel era algunos tonos más claros que la de ellos, llegando a lucir pálido a su lado en varias ocasiones.

Algunos podrían definirlo como la oveja negra de la familia, pero lo cierto era que esas diferencias podían explicarse con la simple pronunciación de tres breves palabras:

Tyre era adoptado.

Su verdadera madre había sido muy joven cuando él nació y su padre resultó ser el típico vago irresponsable que desapareció en cuanto se enteró de su pronta llegada. Algunos dirían que todo eso afectó su vida pero la realidad era completamente diferente, pues a pesar de conocer su historia e incluso poseer una foto de su madre, no podía reconocerla como tal.

Lena Knight murió de cáncer cuando él solo tenía tres años de edad y al ser Valka la doctora que la atendió durante todo el proceso además de convertirse en su única amiga, junto con su esposo Stoick no dudó ni un segundo en adoptarlo prometiendo que el pequeño Tyre jamás sería ajeno a la historia de su origen.

Fue entonces cuando se convirtió en Tyre Knight Haddock, conservando su apellido original como un segundo nombre que le recordaría para siempre los enormes sacrificios que realizó su madre biológica, aquella a la que a pesar de todo le guardaba cierto aprecio.

—Estamos preocupados por ti, Ty—la voz del hombre lo trajo de regreso a la realidad.

Aquella realidad donde ambos padres continuaban viéndolo fijamente y con preocupación enmarcando sus rostros.

Quizá no compartieran un lazo genético, pero sin duda estaban unidos por algo mucho más grande y significativo, aquello que los convertía en familia sin importar nada.

—No lo entiendo—pronunció él entonces para involucrarse en la conversación, aunque sin duda sabía perfectamente a lo que se referían.

—Últimamente llegas más tarde de lo debido a casa—comenzó a explicar Valka rodeando con sus manos la taza en busca de calor—, además de que te escabulles por las noches—hizo una pausa y después añadió con brusquedad al notar que él estaba a punto de replicar—, no creas que no nos hemos dado cuenta.

Bajó la mirada avergonzado por ser descubierto a pesar de todos sus intentos por pasar desapercibido.

—Y por si fuera poco—reanudó Stoick obligándolo a alzar el rostro nuevamente—, varios de tus profesores nos han dicho que te quedas dormido en clase, llegas tarde y te retiras antes de la hora.

Para eso último no tenía ninguna justificación creíble y tampoco se vio sorprendido de que lo supieran.

—Así que la pregunta aquí es—continuó el hombre adoptando mayor firmeza en su voz, sacando a relucir su autoridad paterna frente a él—, ¿qué es lo que está pasando, Tyre?

—Lo siento—logró decir al fin desviando la mirada con culpabilidad—, no quería preocuparlos. Es solo que… no me he sentido yo mismo últimamente—confesó con pesar tratando de no revelar más de lo necesario.

— ¿Es por el incidente de hace dos meses?—cuestionó Valka con temor alcanzando su mano sobre la mesa con rapidez al notar la respuesta silenciosa en su mirada—. ¿Por qué no nos lo dijiste? Estamos aquí para ayudarte, Ty, ¿lo sabes, verdad?

—Creí que podría superarlo solo—susurró aceptando el apretón cariñoso de su madre—. Salgo por las noches porque los recuerdos de ese día no me dejan dormir, trato de distraerme y a veces pierdo la noción del tiempo.

No era completamente mentira, aunque lo que hiciera para distraerse sin duda no iba a ser revelado, al menos no por ahora.

—Y lo de la escuela… no logro concentrarme y…

—Lo entendemos—intervino Stoick al notar lo difícil que era para él continuar en ese momento, extendió su brazo hasta lograr posar su mano sobre la cabeza de él en un acto paternal—. Debiste contárnoslo antes—indicó con cierto toque dolido por la falta de confianza e inseguridad del menor—. Somos tus padres, Ty, sin importar lo que otros digan. Puedes decirnos lo que sea, no te vamos a juzgar y haremos todo lo posible por ayudarte.

—Lo sé—volvió a decir con un suspiro agotado—, en verdad lo sé. No quería preocuparlos y aun así terminé haciéndolo.

—Debimos suponer que se trataba de esto—dijo entonces Valka atrayendo la atención de ambos—, aún es muy reciente… Tal vez deberías volver a ver a ese psicólogo.

— ¿Qué? No, no—se apresuró a decir con cierta molestia y desesperación en la voz—. No más terapias, por favor.

Lo cierto era que no le agradaba para nada la idea de volver a sentarse en un incómodo sillón a responder las molestas preguntas sobre su pasado que el psicólogo le hacía. No solo por el hecho de que no deseaba seguir hurgando entre su vida y revelársela a ese anciano que seguramente ya debería estar pensionado y viajando por el mundo, sino porque su voz y carácter realmente eran irritantes.

—Necesitas hablar de esto con alguien, Ty—declaró la mujer sujetando nuevamente su mano—, ya sea con nosotros o con él, es importante que lo hagas.

—Valka tiene razón—apoyó el robusto castaño colocando su mano sobre la de ellos—. No puedes seguir guardándote todo lo que sientes, a veces es necesario sacarlo o terminarás explotando.

—Lo entiendo y lo tendré en cuenta—aseguró entonces para tranquilidad de los mayores—. Solo… ténganme un poco de paciencia—pidió, inseguro de cuál podría ser su respuesta—, prometo que me recuperaré.

Las miradas penetrantes de ambos le indicaron que esperaban que dijera algo mejor para convencerlos.

—También prometo mantenerlos al tanto sobre mis problemas.

Sus ojos seguían fijos en él.

—Y también—alargó con la derrota cayendo sobre sus hombros—, prometo no descuidar la escuela.

— ¡Bien!—exclamó satisfecho el hombre—, porque si continuas faltando a clases reprobarás el semestre—la expresión aterrada de Ty le supo a gloria cuando le reveló aquello—. Y también debes asegurarte de llegar temprano a casa, tanto tú como Hiccup tienen un límite, Ty, y tú lo has estado rompiendo.

Sabía que era imposible que dejaran pasar ese detalle.

— ¿Qué? Pero…

—Por ejemplo—habló esta vez Valka cruzándose de brazos—, ¿por qué llegaste tarde hoy?

Habían dejado atrás el momento de apoyo y comprensión para pasar nuevamente a los reclamos y reprimendas. Resultó bueno mientras duró, realmente pensó que podría dar por terminado todo el asunto y continuar con su vida; vaya que se había equivocado.

— ¿Qué estuviste haciendo, jovencito? ¿Y por qué las mangas de tu ropa están otra vez quemadas?

Bajó la mirada para observarlas y, al notar la tela chamuscada de su suéter optó por ocultar las manos bajo la mesa.

—Soy quien lava la ropa, no creas que no he notado eso—declaró Valka con el porte autoritario que tanto la caracterizaba.

Se mantuvo en silencio tratando de encontrar alguna excusa convincente para aquella acusación, pero no había nada, sin duda no podría librarse de ese problema… Al menos no solo.

— ¡Es por un proyecto en el que me ayuda!

La exclamación los hizo girar hacia la puerta por la cual el castaño entró apresurado justo a tiempo para salvarlo.

—Perdón por entrometerme—añadió cuando estuvo junto a ellos apoyando las manos sobre el respaldo de la silla vacía—, bajaba del ático y me fue imposible no escucharlos—explicó con más calma ante la mirada atenta de todos, en especial de la de Ty quien no dejaba atrás la incredulidad y el alivio.

—Está bien—tranquilizó Stoick restándole importancia al asunto—. Más importante aún, ¿a qué te referías con lo del proyecto?

—Oh, eso, bueno—comenzó a decir nervioso rascándose la nuca—. Estoy trabajando en un nuevo invento y le pedí a Ty que me ayudara a probarlo—relató sin dejar atrás el nerviosismo—, aún no está listo y tiene algunas fallas, ¡pero no hay peligro!—se apresuró a decir cuando notó la preocupación creciente en los rostros del matrimonio.

— ¿Y nos lo dices hasta ahora por…?—intervino su madre acusadora exigiendo una explicación más amplia.

—Honestamente no tengo una respuesta para eso—confesó entonces con una sonrisa igualmente nerviosa.

Las miradas inseguras de ambos padres no se hicieron esperar mientras que Ty se palmeaba mentalmente por el fallo de su hermano, se suponía que vino a salvarlo pero ahora parecía haberlo complicado todo aún más.

—De acuerdo—suspiró Stoick frotándose los ojos con cansancio—. Más adelante quiero que nos expliques con exactitud qué es ese proyecto y la próxima vez que hagan pruebas avísennos para ir con ustedes, por seguridad—declaró rendido pero firme—. ¿Entendido?

Tal vez sí lo había salvado después de todo.

—Entendido—dijeron ambos sonriendo tranquilos mientras por dentro gritaban victoriosos.

—Ya pueden retirarse—les permitió el hombre y Ty no dudó en ponerse de pie para salir del lugar junto a su hermano rumbo a su habitación.

—Tyre…—llamó una última vez su madre deteniéndolo a medio camino—, recuerda lo que hablamos, ¿de acuerdo? No te guardes nada.

El azabache asintió en silencio dedicándole una sonrisa sincera y plagada de cariño antes de desaparecer por la puerta para seguir a su hermano escaleras arriba.

—Eso estuvo muy cerca—dijo Hiccup con un suspiro relajado cerrando la puerta de la habitación tras él—. Estaba seguro de que abordarían el tema de las drogas si no intervenía.

—Gracias pero, ¿por qué lo hiciste?—cuestionó tratando de comprender las razones que el castaño tuvo para ayudarlo—. No debiste mentirles por mí.

El castaño volvió a suspirar a la par que avanzaba hacia él.

— ¿Bromeas? Estabas en problemas, debía ayudarte—simplificó posando una mano sobre su hombro en un apretón amigable—, es lo que un hermano hace. Además—añadió sonriente como quien trama algo—, ahora me debes una.

—Oh, claro, genial—gruñó Ty cuando la verdad fue revelada—. ¿Qué quieres a cambio?

—Primero que nada, no era una completa mentira, sí estoy trabajando en algo y sí necesito tu ayuda—respondió apartándose y dirigiéndose hacia su escritorio con tranquilidad sabiendo que su falta de detalles solo lograba confundir aún más a su hermano—. Y por otro lado, sé que lo que les dijiste a ellos no es todo, así que estaremos a mano si me cuentas la versión completa.

— ¿Qué?—logró pronunciar desviando la mirada incómodo.

—Vamos, podrás engañarlos a ellos pero no a mí. Te conozco demasiado bien, Ty—no podía negarlo, tenía razón en eso—. Además compartimos habitación—le susurró como si se tratara de un secreto—, la mayoría de las veces en las que te escapas no es por una pesadilla. Así que—declaró mientras se dejaba caer sobre su silla giratoria frente a él con los brazos cruzados—, quiero escucharlo todo… Señor justiciero nocturno.

Listo, lo había descubierto.

Tragó con fuerza tratando de desvanecer el nerviosismo que la situación le generaba, realmente no pensó que su secreto fuera revelado tan pronto.

— ¿Tan obvio soy?—cuestionó rendido sentándose en la cama del castaño para quedar a la misma altura.

La habitación que compartían era lo suficientemente amplia para contener dos camas individuales, dos closets y un pequeño baño, además de un escritorio ubicado junto a la ventana en la sección que podría considerarse propiedad del castaño.

—Un poco, sí—se limitó a decir Hiccup arrastrando con su peso la silla para acercarse más al azabache, las pequeñas ruedas rechinaron por el movimiento—. No fue difícil relacionarte con las misteriosas apariciones del justiciero que ronda por internet—añadió entonces con calma sin quitarle la mirada de encima—. Dime algo, ¿desde cuándo…?

— ¿Tengo poderes?—terminó por él cuando pareció meditar la pregunta, para ese punto ya no había forma de escapar de su interrogatorio ni mucho menos negar lo que estaba claro ante sus ojos—. Desde que desperté tras el disparo, no sé cómo ni porqué, solo aparecieron y ya.

—Eso es extraño—lo escuchó murmurar llevándose una mano a la barbilla pensativo—, al menos que la bala fuera radioactiva o genéticamente modificada, no encuentro una explicación lógica para eso.

— ¿Y desde cuando los súper-poderes tienen algo de lógica?—indagó con ironía como si se tratara de una conversación cualquiera.

—Es un buen punto—concedió el castaño encogiéndose de hombros antes de recobrar la seriedad—. A lo que me refiero es… te dispararon, Ty. Por lo general los súper-poderes son provocados por algún agente químico, mutación genética o algún tipo de experimento—explicó sacando a relucir el debate mental que había tenido momentos atrás—; tú no pasaste por nada de eso, no tiene sentido.

—Debes dejar de leer tantos cómics—reprendió con toque bromista cruzándose de brazos.

— ¡Hablo en serio!—exclamó frustrado por su poca seriedad—. ¿No te interesa descubrir por qué ocurrió?

—Por supuesto que sí—respondió él levantándose con brusquedad y comenzando a caminar de un lado a otro frente al castaño—, era en lo único que pensaba durante el primer mes, después comprendí que no serviría de nada ocupar mi mente en eso y terminé por aceptarlo.

—Bueno, pues tienes suerte de que yo no me rinda tan fácil—tranquilizó Hiccup igualmente poniéndose de pie para detener su caminata al colocar las manos sobre sus hombros, sonriéndole con seguridad y los ojos brillantes fijos en los de él—. Lo averiguaremos juntos.

—No seré tu rata de laboratorio—agregó rápidamente con el ceño fruncido.

—Oh, hermano—lo palmeó divertido—, eso lo eres dese hace mucho tiempo.

—Déjate de bromas.

—Está bien, está bien…—se defendió alzando las manos en rendición para después volver a adoptar el porte serio, aunque un toque de emoción resultó perceptible en su voz—. Ahora cuéntame, ¿qué se siente?

—No lo sé, no sabría explicarlo. Es muy extraño…—intentó expresar el azabache volviendo a sentarse en la cama con la mirada fija en las palmas de sus manos—, es como una energía que fluye en mi interior quemándome, como si una parte de mi hubiera despertado por primera vez después del accidente—abrió y cerró las manos intentando sentir el fuego imaginario que corría por sus venas—. Al principio no me sentía yo mismo; era como si alguien más se apoderara de mi cuerpo y me quitara el control. Pero poco a poco logré hacerlo parte de mí… Y al aceptarlo mis dos mitades se volvieron una—finalizó volviendo a encarar al castaño que se mantenía en silencio de pie frente a él—. ¿Me escucho como un demente, verdad?

—No, para nada—tranquilizó sentándose a su lado—. Te escuchas como alguien que acaba de descubrir quién es y su propósito en la vida. No es difícil entender que tras eso decidieras comenzar a combatir el crimen.

— ¿A qué te refieres?—indagó viéndolo de reojo.

—Es simple—suspiró girándose para encararlo—, y podrá sonar a locura pero creo que era tu destino. Desde antes de que obtuvieras esas habilidades ya actuabas como un héroe, me protegiste en ese asalto, me has protegido toda la vida y no solo a mí, a todos los que te rodean.

Su voz se elevó con tal potencia y sinceridad que Ty sintió su corazón latir agitado por la emoción. La sonrisa que el castaño poseía poco a poco fue apareciendo también en él.

—Eso es lo que haces, Ty, lo que te enseñaron a hacer, proteger a otros—continuó después de un momento en silencio sujetando su hombro en un apretón cálido—. Lo único que ha cambiado es que ahora tienes la habilidad para proteger a más personas de peligros más grandes.

—Entonces—habló ahora él tras un carraspeo inseguro—, ¿me apoyas?

—Por supuesto que sí, hermano. ¿Quién crees que te protegerá a ti?—se apresuró a responder zarandeándolo un poco en un vago intento por hacerle ver la realidad y alejar sus dudas—. Además no siempre la solución serán los puños, tienes fuerza pero te falta cerebro y es ahí donde entro yo.

— ¡Hey! Eso me ofende—exclamó con fingido dolor cruzándose de brazos para después fijar su mirada en él—. Y si crees que permitiré que seas mi Robin estás muy equivocado, ¿acaso no sabes lo que les ocurre cuando se acercan a payasos con palancas?

— ¿Y el que lee muchos comics soy yo?—ironizó en voz baja para después seguirle el juego emocionado—. ¡No pienso ser Robin! Eso sería suicidio.

Tyre rio animado ante aquello dejándose caer de espaldas sobre la cama sin apartar su mirada de la de su hermano.

—Estaba pensando en alguien mejor… como Alfred—confesó sonriente—. Ya sabes, todo héroe necesita un chico de la silla.

—Mi propio Alfred…—repitió el azabache acomodando sus manos bajo su cabeza para usarlas como almohada—. Me agrada.

— ¡Perfecto!—celebró levantándose de un salto obligando a su hermano a hacer lo mismo cuando retomó la conversación—. Ahora lo siguiente es diseñar un traje de héroe, no puedes seguir quemando tu ropa y usando ese feo pasamontañas—declaró aproximándose a su escritorio de donde tomó una libreta con varios apuntes y papeles que cayeron debido a sus movimientos acelerados—, ya tengo algunas ideas, así que no te preocupes, de eso me encargaré yo.

Para ese punto Ty sabía que ya había perdido a su hermano, después de todo un inventor no podía dejar de serlo sin importar cuanto lo intentara.

—Por otro lado, debes elegir un buen nombre, porque justiciero nocturno no es para nada atractivo—continuó hablando perdido en sus pensamientos antes de alzar la mirada en su dirección recordando que debía tomarlo en cuenta—. ¿Tienes alguna idea?

Ty volvió a reír, esta vez por lo bajo, para después recobrar la compostura.

Un nombre de héroe. Necesitaba un nombre.

¿Cuál podría ser?

— ¿Ty?

La voz de Hiccup pareció alejarse conforme él se adentraba en sus pensamientos que no tardaron en traer de regreso aquél sueño que semanas atrás tuvo, ese donde una misteriosa figura negra volaba por un radiante cielo azul hasta caer en picada desapareciendo entre las profundas aguas del océano. Aquella criatura desconocida pero al mismo tiempo tan familiar para él y cuyo nombre se repetía en su mente sin parar grabándose para siempre en ella a pesar de no comprender la razón.

Night Fury—pronunció en voz alta con la imagen de esa criatura reproduciéndose en su cabeza.

— ¿Night Fury?—repitió entonces Hiccup pensativo trayéndolo de regreso a la realidad—. No suena nada mal, ¿de dónde lo sacaste?

—No lo sé—se encogió de hombros inseguro sobre si debía contarle sobre su sueño—, solo se me ocurrió.

—Bien, entonces—concedió restándole importancia al asunto sabiendo de sobra que no podría obtener más información al respecto, al menos no por el momento—, Night Fury, a partir de ahora somos un equipo. Así que promete que haremos esto juntos hasta el final, no tienes que hacerlo solo. ¿De acuerdo?—declaró sonriente para después extender una mano en su dirección, sus ojos verdes resplandecían de una manera que Ty nunca antes había visto.

—De acuerdo—prometió uniendo su mano a la de él.

Con ese pequeño acto firmaron un acuerdo silencioso, una promesa que se mantendría viva hasta que la tragedia los golpeara con fuerza sin previo aviso.

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UN AÑO DESPUÉS

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«Este no es el final… Así que sigue luchando...»

La lluvia caía sobre él empapando su cabello y su ropa, mezclándose con las lágrimas que rodaban por sus mejillas. El cielo gritaba y lloraba opacando su propio llanto como si comprendiera su dolor y lo apoyara.

—Lo siento…—susurró con la voz rota cayendo de rodillas sobre la tierra recientemente removida sin importarle que el lodo manchara sus pantalones.

Ya no tenía fuerza para continuar, no tenía nada a lo que aferrarse en ese abismo al cual había caído sin darse cuenta.

—Lo siento tanto—repitió sollozante tragándose el nudo que desde hace días habitaba en su garganta—. Lo arreglaré… Yo, solo…

Apoyó sus manos en el suelo hundiéndolas entre el lodo fresco y alzó la mirada en busca de un rostro que sabía jamás podría volver a ver y que tanto deseaba tener frente a él. En su lugar, la realidad fue cruel al mostrarle la fría lapida gris que se iluminó al igual que el cielo nocturno gracias al relámpago que se fragmentó en él.

El nombre grabado en ella taladró su cabeza ocasionando que el llanto aumentara al igual que los estruendos de la tormenta que lo envolvía nuevamente en la oscuridad.

«Y prométeme que no te rendirás.»

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ACTUALIDAD

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Cerró sus ojos tras ese último recuerdo para después abrirlos ante la mirada azul, insistente y penetrante, de la chica de blanco frente a él.

— ¿Por qué volviste, Night Fury?—volvió a preguntar no dispuesta a rendirse y mucho menos a marcharse sin su respuesta.

El viento silbó a su alrededor y la tensión entre ellos pareció comenzar a debilitarse. No sabía por qué, pero ahora realmente deseaba contestar su pregunta. De alguna forma al hacerlo, pensó que conseguiría terminar de asimilar la realidad en la que ahora vivía.

—Yo…—suspiró tragando el nudo que sin darse cuenta se había apoderado de su garganta junto a todas las emociones recién recuperadas—. Hice una promesa.


Discúlpenme por no haberlo publicado la semana pasada, estuve en evaluaciones en la Universidad y pues todo se me complicó, de hecho esta semana será igual, por eso se los traje hoy porque a partir de mañana no podré.

En fin…

Al fin hemos podido conocer un poquito del pasado de Night Fury. ¿Qué les ha parecido? ¿Se imaginaban que sería así? Sin duda creo que muchas de sus dudas al fin fueron aclaradas, otras quizá no y puede que algunas nuevas hayan comenzado a surgir. Pero descuiden, poco a poco todo se irá aclarando.

Sobre el final, ¡no me maten! Es algo que se viene arrastrando desde el prólogo y, bueno, ¡tiene una razón de ser! Es todo lo que puedo decir. Estoy segura de que ya descubrieron quién es el difunto, pero por si no… pues más adelante lo terminarán de comprender.

¿Algo más que se me pase? Creo que no. Solo una cosa, al final dejaré los anexos nuevos e igualmente estarán en mi fanpage DragoViking con imágenes para mayor claridad.

A todos los que leyeron hoy... GRACIAS


Anexos:

Personajes:

»Tyre Knight Haddock:

Fecha de nacimiento: 05 de Junio del 2000

Significado del nombre: Tyre: Nombre bíblico que significa "fuerza" o "piedra afilada". Knight: En el idioma inglés su significado es "caballero" y en ocasiones toma lugar como apellido.

Alias de héroe: Night Fury.

Descripción básica: Es un joven de 21 años, solo un par de meses menor que su hermano Hiccup y su amiga Astrid. Obtuvo sus poderes a los 16 años, semanas antes de cumplir los 17. Desapareció poco después de cumplir los 18. Tiene el cabello negro y los ojos verdes como su versión dragón.

Traje de héroe: Aunque aún no tenemos una descripción del traje dentro de la historia, puedo darles una idea básica de cómo es.

El traje actual de Night Fury está inspirado en uno de los trajes de Green Arrow en la serie Live Action, más preciso, el traje de la temporada 5. Es de color negro, así mismo, sus guantes tienen unas aberturas especiales en las palmas que le permiten el uso de sus poderes y tiene su propio cinturón estilo Batman.

Poderes: Bolas de plasma color azul; oído, olfato y visión aumentadas, súper fuerza, piel resistente al fuego y a la electricidad, cuerpo resistente a golpes fuertes, agilidad y velocidad, sanación rápida.

»Hiccup Haddock:

Fecha de nacimiento: 29 de Febrero del 2000

Descripción básica: Cuando su hermano Ty obtuvo sus poderes él ya había cumplido los 17 años. Conserva su aspecto original, siendo más específicos, su aspecto era el de Race to The Edge y sí, conservaba sus dos piernas.

»Astrid Hofferson:

Fecha de nacimiento: 18 de Abril del 2000

Actualmente es una joven de 21 años, cuando ocurrió el incidente que le dio poderes a Ty ella también tenía 17 años. Así como él, conserva su aspecto original. Cuando tenía 17 años también lucía como en Race to The Edge; actualmente luce como en la tercera película.

Las fechas de nacimiento de Leily y Storm son:

»Leily: 03 de Diciembre del 2001

»Storm: 05 de Octubre del 2001

Lugares:

» Nusfjord, Noruega:

Es un pueblo pesquero ubicado en el condado de Nordland en el norte de Noruega, el lugar es una pequeña isla que conserva el ambiente tradicional del país.

Lo he seleccionado como hogar de origen para Stormfly por el aspecto pueblerino que me recuerda de alguna manera al viejo Berk.

Sí, como pueden imaginárselo después de leer las fechas y edades, esta historia se desarrolla en el año 2021. ¿Por qué? Bueno, el único cumpleaños oficial es el de Hiccup, así que me basé en él para asignarle las fechas a los demás, por lo cual tuve que elegir un año bisiesto y solo habían dos opciones que funcionaban para la historia: 1996 y 2000. Y bueno, al final opté porque la historia se situara "en el futuro" y no "en el pasado" considerando nuestro año actual (2019). Pero de todas maneras no es como que esto afecte la historia, simplemente es un detalle que quería añadir para sentir todo un poco más real y ordenado.

En fin… no me alargaré más. Nos leemos a la próxima.