Disclaimer: How to Train Your Dragon no me pertenece, es propiedad de DreamWorks Animation, Dean DeBlois y Cressida Cowell. La historia sí es original y de mi autoría, pero su creación y respectiva publicación es por mero entretenimiento.


Capítulo 5

.

— ¿Una promesa?—repitió ella confundida después de un largo silencio donde lo único audible era el silbar del viento agitando las capuchas de sus trajes.

—Puede sonar como una locura—confesó Night Fury alzando la mirada hacia el cielo nocturno—, pero sin duda es una razón de gran peso.

—Hiciste una promesa y tardaste tres años en decidir cumplirla—dedujo, el tono de su voz denotaba molestia.

El joven enmascarado suspiró con pesar, lo que ella decía era verdad y, aunque le doliera, debía aceptar que cometió un terrible error. Pero el pasado no podía ser cambiado, sólo restaba asegurar el futuro mediante lo que hacía en el presente.

—No fue mi mejor momento—susurró conectando su mirada con la azul de ella en un vago intento por demostrar su sinceridad y el peso de sus palabras—. No puedo pedirte que lo entiendas, en realidad ni siquiera deseo explicarlo.

— ¿Por qué no?—reclamó, el enojo centelleaba en sus ojos.

—Porque en este momento no tiene importancia—se limitó a responder acercándose al borde de la azotea.

Estaba claro que quería dar por terminada la conversación, pero Light Fury no se lo iba a permitir, no sin antes obtener las respuestas que necesitaba.

—Para mí sí, y para todo Berk también—declaró ahora sin ocultar la ira que sentía en su interior—. Abandonaste la ciudad, ¿tienes idea de lo que eso significó para todos? No me importa lo que hayas estado haciendo todo este tiempo—hizo una pausa en busca de calmarse para después continuar con un poco más de serenidad—, pero quería conocer las razones que tuviste para marcharte en primer lugar, al menos así podría saber si valió la pena que lo hicieras.

—Créeme no importa lo que diga ni mucho menos mis razones—lo escuchó susurrar—, ten por seguro que no lo valió.

A pesar de la oscuridad, pudo notar en el rostro del héroe una sonrisa triste y una mirada llorosa que resplandecía en su dirección. Tal reacción fue un golpe bajo para ella, finalmente había logrado comprender que durante todo ese tiempo lo estuvo juzgando mal pues su expresión sólo reflejaba lamentación y arrepentimiento.

—Cometí un error, no puedo negarlo—añadió con la poca fuerza y determinación que aún conservaba—. Es por eso que estoy aquí, lo solucionaré.

—No puedes volver así sin más y fingir que todo está bien.

No quería empeorar más la situación pero, sin duda, sabía que era algo que se necesitaba decir.

—No finjo nada y tampoco deseo quitarte el lugar que con esfuerzo has conseguido—aseguró rápidamente con tal honestidad que algo en ella se estremeció—, porque a pesar de lo que piensen los demás, eres una buena heroína.

—No me importa tu opinión—murmuró entonces apartando la mirada y sintiendo como un peculiar calor comenzaba a formarse en sus mejillas—. Eres el héroe que abandonó la ciudad, tus halagos no valen nada.

—Lo sé—suspiró el encapuchado y, si ella lo hubiera visto, notaría nuevamente la tristeza opacando el fulgor de sus ojos verdes—, y como te dije, no puedo pedirte que lo entiendas. Pero sí puedo asegurarte una cosa…

La recién añadida potencia en su voz la obligó a alzar la mirada para encararlo, cualquier indicio de duda o debilidad habían desaparecido de él.

—Cuando termine lo que vine a hacer, cuando acabe los asuntos que dejé pendientes, me iré y jamás volveré—sentenció, su mirada permaneciendo fija en la de ella conforme hablaba—. Entonces podrás hacerte cargo de la ciudad como lo has estado haciendo hasta ahora, no me voy a interponer.

— ¿Asuntos pendientes?—cuestionó confundida sin saber por qué un sentimiento de temor comenzaba a crecer en su interior—. ¿De qué hablas?

—Es mejor que no lo sepas—respondió con un deje intranquilo—. Hay cosas en esta ciudad, Light Fury, a las que sin duda no estás lista para enfrentar…

Con esa última frase le dio la espalda y disminuyó la distancia que lo separaba del borde de la azotea. Ante la mirada expectante de Light Fury, se detuvo sobre la cornisa dejando que el viento agitara su capucha y el cabello que lograba sobresalir de esta.

Suspiró suavemente para después observarla por encima de su hombro regalándole una sonrisa sincera que sin duda la tomó por sorpresa.

—Y espero que nunca tengas que hacerlo—concluyó con esa misma sinceridad para después saltar del edificio perdiéndose entre la oscuridad, dejándola sola y aún más confundida que antes.

.

.

.

Escuchó la puerta de su habitación abrirse pero se negó a girarse para encarar al intruso, por el contrario, cubrió su rostro con las sabanas cuando sintió que las cortinas eran corridas permitiendo la entrada de la luz del Sol.

— ¿Leily?—la voz de su madre se alzó entre el silencio, era cálida y con un pequeño toque de preocupación—. Pasa de mediodía, cariño, debes despertar.

¿Mediodía? ¿Tanto había dormido?

Bueno, no podían culparla, los días anteriores resultaron tan agotadores que no había podido dormir como se debe. En especial la noche anterior, no sólo por el incidente en el callejón, sino por su encuentro doble con Night Fury.

—Leily…

Insistió la mayor sentándose en la cama para mover su hombro con cautela creyendo que ella seguía durmiendo, aunque lo cierto era que desde hace un par de minutos había despertado pero su cuerpo continuaba tan cansado que no estaba dispuesta a levantarse.

—Ya… Ya estoy despierta—logró pronunciar sintiendo la boca pastosa a la par en que, con pereza, apartaba las sabanas dejando al descubierto su rostro adormilado y el cabello revuelto.

—Buenas tardes, dormilona—bromeó entonces la mujer rubia con tranquilidad.

Una tranquilidad que desapareció en cuanto su atención estuvo puesta sobre las manos vendadas de la albina que, al notar el repentino cambio y la razón de este, las escondió maldiciendo internamente.

— ¡Leily!—con gran preocupación sujetó sus manos para poder examinar el daño en ellas—, ¿qué fue lo que ocurrió?

La segunda razón por la cual había preferido permanecer en la cama terminó por llegar a ella y, sin duda, no podría escapar.

—No es nada, tranquila—se apresuró a decir en un inútil intento por restarle importancia al asunto—, estoy bien.

— ¿Qué ocurrió, Leily?—volvió a preguntar con voz más potente, hablaba enserio y ella sabía bien que desafiarla e ignorar sus preguntas sólo terminaría metiéndola en problemas.

Anna Bristow era reconocida por su carácter fuerte, autoritario y decisivo. Si bien podía resultar una persona realmente agradable y un gran ejemplo a seguir para Leily, cuando la ocasión lo ameritaba podía convertirse en alguien de temer, no sólo para su hija, sino para cualquiera que estuviera cerca.

Y, definitivamente, dadas las circunstancias actuales, era imposible que no adoptara ese porte tan respetado.

—Storm y yo tuvimos un pequeño accidente después de salir del cine—comenzó a relatar, rendida ante la mirada penetrante de la rubia que seguía sujetando sus manos ahora con mayor cuidado—, unos hombres aparecieron y nos acorralaron en un callejón… Me caí al suelo y me corté un poco las manos. ¡Pero no ocurrió nada más!—se apresuró a añadir cuando el temor apareció en el rostro de su progenitora.

Suspiró, zafándose del agarre para ahora ser ella quien envolvía las manos de su madre.

—Estoy bien, mamá—repitió tranquila conectando su mirada azul con la similar de ella—, Storm también lo está—suspiró, preparándose para lo siguiente que estaba por decir—. Night Fury nos salvó.

— ¿El héroe que volvió?—cuestionó inquieta a lo que la albina asintió.

—Detuvo a los criminales y después la policía llegó—terminó por relatar apartando las manos para mostrarle las vendas—. Me llevaron a la sala de emergencias, los cortes fueron pequeños, no se requirió suturar—explicó mientras su madre inspeccionaba nuevamente las vendas que cubrían las heridas—. Estaré bien en unos días, me colocaron algunas vacunas, desinfectaron y vendaron.

— ¿Te dieron algún analgésico?—preguntó ahora más tranquila y Leily volvió a asentir para después señalar el frasco sobre la mesita de noche—. Debiste llamarme…

Esa era la parte de la conversación a la que más le temía.

—Lo sé—susurró bajando la mirada avergonzada—, lo siento. No fue nada grave y estabas trabajando así que…

—Leily, soy tu madre—alzó la voz sujetando su barbilla para que la viera nuevamente—. Nada es más importante que tú, mi deber es protegerte, ¿lo entiendes?

—Perdón…—volvió a disculparse con los ojos resplandeciendo por las lágrimas que no estaba dispuesta a dejar escapar—, no quise preocuparte, aunque al final terminé haciéndolo.

La rubia suspiró relajando al fin su expresión y atrayéndola en un cálido abrazo que la menor no dudó en corresponder ocultando el rostro en su hombro.

—No importa lo que sea, siempre debes decírmelo, ¿entendido?—insistió mientras acariciaba el cabello de la chica que asintió en silencio.

De no ser por esas muestras de afecto y el enorme cariño que existía entre ellas, quien las viera podría creer que no tenían ningún parentesco, pero la verdad era otra. Sus rasgos albinos provenían de su padre, pero su personalidad era una copia de la de su madre. Quizá no tenía un carácter tan fuerte como el suyo, pero en aspectos de pensamiento, actitud y gustos eran exactamente iguales.

No por nada seguía sus pasos en la alocada idea de convertirse en una científica reconocida.

—Prométeme que la próxima vez me avisarás—declaró tras terminar el abrazo.

—Honestamente, mamá, me gustaría que no hubiera una próxima vez—bromeó ella sonriendo al fin—. Pero te lo prometo.

—Bien—suspiró la mayor para después devolverle la sonrisa—. Debes tener hambre, te prepararé el desayuno—sugirió levantándose de la cama para después dirigirse a la puerta.

—Creí que ya era mediodía—recordó Leily luchando contra las sabanas para seguir a su madre.

—Lo es—concordó deteniéndose en el umbral de la puerta y girándose para verla, sonriente y animada como siempre solía ser—, pero nunca es demasiado tarde para desayunar.

Sin añadir nada más se marchó dejándola sola y con una agradable tranquilidad en su interior. Un sentimiento que se desvaneció poco a poco cuando sus ojos se enfocaron en sus manos vendadas, el recordatorio de todo lo ocurrido la noche anterior.

Delineó el contorno de las vendas con los dedos de la mano contraria hasta que dio con el inicio y procedió a retirarlas dejando que cayeran sobre las sabanas que aun cubrían su regazo.

La preocupación de su madre por unas heridas que ya estaban sanadas casi en su totalidad le dejó una sensación amarga en la garganta. Los cortes antes inflamados y sangrantes ahora eran un par de líneas rosadas que le provocaban comezón.

—Sanan demasiado rápido—murmuró sin apartar la vista de la palma de su mano.

Tan sólo un par de horas fueron suficientes para que comenzara la cicatrización, una ventaja de tener súper-poderes. Un pequeño beneficio otorgado por esa parte oculta en su interior cuya existencia seguía sin comprender.

Era en momentos como ese que podía sentir el peso de la responsabilidad de esas habilidades aumentando sobre sus hombros y se preguntaba, curiosa y ansiosa, si acaso Night Fury la comprendía.

«Hay cosas en esta ciudad, Light Fury, a las que sin duda no estás lista para enfrentar… Y espero que nunca tengas que hacerlo.»

—Night Fury…—susurró alzando la vista hacia la ventana desde la cual podía observar el cielo despejado.

¿Qué habría querido decir con aquellas palabras?

*O*O*O*

Disparaba sin parar a los viejos y astillados blancos de madera colocados contra la pared a varios metros frente a él.

El humo producido por las bolas de plasma que se formaban en sus palmas descubiertas inundaba sus fosas nasales, un olor tan familiar que ya formaba parte de su rutina diaria.

Uno, dos, tres disparos, todos acertando sin problemas en la diana maltrecha. Sacudió sus manos debido al hormigueo que comenzaba a extenderse por su piel caliente para después preparar los siguientes proyectiles.

Se encontraba solo en unas destruidas y abandonadas bodegas en las afueras de la ciudad, un pequeño lugar oculto que él y su hermano descubrieron años atrás y utilizaban para probar experimentos o, en su caso, entrenar sus habilidades.

¿Era invasión de propiedad? Tal vez, el sitio estaba tan abandonado por la sociedad que incluso podía asegurar que nadie más conocía su existencia.

Actualmente no sabía por qué había vuelto a ese lugar, después de tres años lejos y tras el pequeño encuentro con Light Fury la noche anterior, necesitaba un desahogo; debía liberar las emociones que acumuló tras recordar el pasado o explotaría. Quizá fue por eso que terminó ahí, su instinto lo guio hacia el único lugar donde podría sacar todo lo que llevaba conteniendo desde que volvió a la ciudad.

El calor de sus manos incrementó con forme una energía azul se acumuló en sus palmas formando un par de esferas resplandecientes que, con un rápido movimiento, lanzó hacia sus objetivos. El viento silbó al ser cortado por los proyectiles y, poco después, ambos blancos estallaron en pedazos ante el impacto de las bolas de plasma que dejaron su rastro azulado en las astillas sobre el suelo.

—Hay que admitirlo—dijo una voz haciendo eco en la bodega donde él se encontraba—, tu puntería ha mejorado.

Se giró con el cuerpo tenso para encarar al intruso y no se sorprendió cuando vio a una joven rubia avanzar entre la penumbra hacia él hasta detenerse bajo la luz que era proyectada a través de un destrozado tragaluz.

—Ha pasado mucho tiempo—volvió a hablar con una leve sonrisa apoderándose de sus labios.

—Astrid—logró decir al fin relajando un poco sus hombros cuando sintió su mirada cálida posarse sobre él—, ¿qué… qué haces aquí?

—Buscarte—respondió ella con obviedad ampliando su sonrisa—, no fue muy difícil en realidad. Sin importar cuánto tiempo pase, sigues siendo el mismo Tyre que conozco.

Sus palabras fueron tan sinceras que de alguna manera instalaron un nuevo sentimiento de paz en el interior del azabache que, sin siquiera notarlo, esbozó una sonrisa en su dirección.

—Ven conmigo—añadió después de comprender que él no lograba articular ninguna palabra—, tengo ganas de un café. Hace mucho que no pruebo el pay de manzana de The Cove.

La naturalidad con la que ahora le hablaba lo sorprendió y tan sólo pudo dejar escapar una pequeña risa para después alcanzarla cuando esta comenzó a caminar hacia la salida del viejo edificio.

— ¿Pay de manzana, estás de broma?—le dijo llegando a su lado—, todos saben que la tarta de fresa es la mejor.

Quizá su compañía fuera una mejor forma de desahogo, aunque en el fondo sabía que su presencia significaba mucho más que una simple conversación entre amigos. Pero, por el momento, deseaba disfrutarlo lo más que pudiera.

—Realmente has cambiado—declaró ella tranquila degustando la rebanada de pay en su plato—. Estás más alto y deberías cortarte el cabello…—lo señaló con el tenedor antes de tomar una nueva porción—, podría hacerte un par de trenzas.

—No tocarás mi cabello, Hofferson—se apresuró a decir llevándose ambas manos a la cabeza en un vago acto protector.

—Sólo bromeaba—rio la rubia divertida por su reacción—, tranquilo.

Ninguno dijo nada más, por el contrario, se limitaron a comer los postres en sus platos dirigiéndose miradas sigilosas de vez en cuando.

—Entonces…—pronunció él al fin, bebiendo un poco de café—. ¿Para qué me hiciste venir aquí?

Por más que lo odiara tarde o temprano tendría que hacer esa pregunta. Y ahora que la había hecho, el ambiente agradable comenzó a desvanecerse dejándoles a ambos un sentimiento de pesar en su lugar.

La mirada de la rubia bajó hacia su plato donde removió con el tenedor la crema batida que decoraba el pay, podía sentir sobre ella la mirada penetrante del chico y sabía que, por más que intentara negarlo, sus intenciones habían sido descubiertas.

— ¿Qué te hizo volver?—susurró encarándolo con temor.

— ¿A qué viene eso?

—Desapareciste, no supimos nada de ti por tres años—respondió irguiéndose en su sitio en busca de la seguridad suficiente para continuar hablando—, tus padres estaban preocupados, aun lo están y estoy segura de que no has ido a verlos, así como también sé que nuca les has enviado un mensaje durante todo este tiempo—declaró y vio como este se removía incomodo ante tales palabras—. Así que pregunto, ¿qué cambió? ¿Qué te hizo volver?

—No lo sé…—suspiró él jugando con los restos de tarta en su plato, rindiéndose al fin—. La misma culpa que me hizo irme en primer lugar.

— ¿Por qué?—interrogó ansiando la respuesta que aclarara al fin sus dudas y temores.

El repentino repiqueteo del tenedor contra la cerámica envió un escalofrío por su cuerpo obligándola a prestarle mayor atención al azabache que ahora se mostraba irritado e, incluso, molesto.

—Ese sujeto sigue allá afuera, Astrid—reveló con voz desesperada y fría—, debo detenerlo antes de que más personas inocentes salgan heridas.

— ¿Y por qué ahora?—fue el turno de ella para adoptar un porte irritado—. ¿Por qué no antes?

—Necesitaba tiempo para pensar—la evadió y eso sólo incrementó la molestia que comenzaba a formarse en su interior.

— ¡Te fuiste por tres años, Ty!—exclamó importándole poco que su voz atrajera la atención de los demás clientes en el lugar—. ¿Acaso esto es por una estúpida venganza?—cuestionó ahora con un tono más bajo.

—No es sólo un ajuste de cuentas, Astrid—sentenció apoyando los codos sobre la mesa e inclinándose un poco hacia ella—. Descubrí y aprendí muchas cosas en este tiempo, ahora sé lo que tengo que hacer. Grimmel volvió y debo detenerlo por el bien de todos, sin importar el costo—confesó y la rubia pudo notar en sus ojos un claro brillo de tristeza y soledad—. Se lo debo, Astrid, es lo menos que puedo hacer…

Suspiró, rendida ante sus palabras. Si algo sabía sobre Tyre Haddock era que cuando se le metía una idea en la cabeza era imposible hacerlo cambiar de opinión, en especial cuando lo que planeaba era proteger a otros.

—Debes dejar de cargar con el peso del mundo sobre tus hombros, Tyre—aconsejó con voz tranquila alcanzando su mano sobre la mesa y brindándole un cálido apretón—, podrás ser fuerte pero no indestructible, tarde o temprano el peso será demasiado y te romperás.

—Ese es el problema, Astrid…—susurró él sin apartar su mirada de ella, aferrándose a su agarre con desesperación—, me rompí ese día… y aún sigo tratando de repararme.

El corazón de la chica se estrujó al escucharlo decir aquello con tanta tristeza y dolor, incluso podía jurar que vio un pequeño rastro de lágrimas formándose en sus ojos.

—Si tan sólo dejaras que otros te ayudaran—murmuró fijando la mirada en sus manos enlazadas.

—Nadie puede ayudarme.

— ¿Es que acaso aun no te das cuenta?—reclamó entonces recobrando un poco de fuerza y encarándolo nuevamente—. No eres el único que ha sufrido, Ty, no sólo tú perdiste a alguien esa noche—le recordó separando su mano de la de él, dejando en ambos un sentimiento de soledad—. Yo perdí a la persona que amo, Storm perdió a uno de sus amigos más cercanos y el único que le quedaba desapareció sin decir nada…

Exhaló tratando de desvanecer el nudo que se había formado en su garganta, los ojos comenzaron a picarle anunciando la pronta llegada de las lágrimas que durante todo ese tiempo había estado conteniendo.

—Y tus padres…—reanudó con voz temblorosa—, ellos perdieron a su hijo… No permitas que pierdan al único que les queda.

Una sola lagrima, fría y desoladora, resbaló por su mejilla antes de que la limpiara dejando un rastro húmedo en su piel.

Sin pensarlo por más tiempo se levantó de su sitio buscando en su bolso el dinero suficiente para pagar la cuenta.

—Sé que no puedo hacerte cambiar de opinión—mencionó poco después fingiendo fortaleza—, no me involucraré si así lo deseas, pero recuerda que tienes mi apoyo.

—Gracias, Astrid—dijo entonces él poniéndose de pie y acercándose a ella que seguía revolviendo el interior de su bolso con desesperación—. Déjalo así, yo invito esta vez—añadió sujetando su mano para detenerla, regalándole una pequeña y sincera sonrisa que calmó sus descontroladas emociones.

Asintió agradecida para después devolverle el apretón en busca de un poco más de fortaleza a través del calor que emanaba su piel.

—Considera visitar a tus padres—pidió poco después temiendo por la reacción que Ty pudiera tener—. No les diré que hablamos, pero deberías verlos.

—Lo pensaré—concedió él tratando de sonar tranquilo pues lo cierto era que la idea no le agradaba en lo absoluto.

No podía volver a verlos a la cara después de todo lo que había ocurrido.

—Ah y, sé que ya lo sabes pero, Storm está en la ciudad—añadió entonces notando como él se tensaba ante la nueva mención de su amiga—. Vive con nosotros por la universidad. No sabe que has vuelto y no se lo pienso decir, pero sería bueno que hablaras con ella.

—También lo pensaré.

Sin previo aviso, Astrid lo abrazó con desesperación enterrando el rostro contra su hombro en busca de la calidez que sólo él podía brindarle en ese momento y que, con mucho dolor, debía admitir que no era la que necesitaba y añoraba.

—Tal vez sea mucho pedir pero…—susurró apartándose un poco, sintiendo como este correspondía a su abrazo—, sé que no has ido a verlo, y realmente deberías… Te hará bien… y estoy segura de que él estaría feliz….

—Astrid, yo…

—Lo sé, lo sé—se apresuró a decir rompiendo el contacto para poder encararlo regalándole un último apretón cariñoso sobre el hombro—. Sólo considéralo, ¿de acuerdo?

Sin siquiera esperar una respuesta, se alejó aferrándose a su bolso y dándole la espalda para marcharse. No fue hasta que estuvo a escasos metros lejos de él, cuando decidió detenerse para observarlo una última vez por encima de su hombro.

—Nadie te culpa, Ty—confesó en un último intento por hacerlo entrar en razón y liberarlo de la pesada carga con la que vivía—, tampoco deberías hacerlo tú.

Y sin añadir nada más se retiró del lugar dejándolo solo una vez más.

.

.

.

Ingresó con cansancio a la casa dejando su bolso sobre la mesita del recibidor y cerrando la puerta nuevamente.

Su cuerpo y mente exigían reposo después de un largo día cargado de emociones, su conversación con Ty había sido lo que más la agotó pues a pesar de haberse preparado para lo que fuera a ocurrir, sin duda los efectos que tuvo su presencia y sus palabras no hicieron más que traer de regreso todo lo que, según ella, hacía mucho había superado.

— ¿Astrid?—se escuchó desde la sala y, sin pensarlo mucho, se dirigió hacia allá—. ¿Eres tú?

—Sí, Storm. ¿Todo bien?—respondió tras atravesar el arco que conectaba el pequeño salón con el pasillo central de la casa—. Oh, hola Leily, ¿Cómo siguen tus manos?—saludó al notar a la chica albina sentada junto a su prima en el sofá.

—Hola, Astrid—correspondió ella para después mostrar sus manos aun vendadas—. Mucho mejor, con algo de comezón.

—Seguramente sanarán pronto—aseguró sonriente notando como Leily, incomoda, ocultaba sus manos en su regazo—. Storm, ¿y mis padres?—reanudó viendo esta vez a la rubia.

—El tío Arik sigue en el taller y la tía Ivette fue con la vecina a beber café—explicó encogiéndose de hombros.

—Día de chismorreo, ¿eh?—bromeó la rubia recargándose contra la pared sin apartar la mirada del par de amigas.

—Así parece—rio su prima relajada—. Ambos dijeron que estarían aquí para la cena. ¿Tú donde estuviste?—cuestionó un poco dudosa sobre si era correcto hablar de eso.

Astrid suspiró cruzándose de brazos, ¿qué tan necesario sería decir la verdad? No podía contarle sobre Ty, eso no estaba en discusión, pero hablar sobre todo lo demás…

—Aproveché que estoy aquí para visitar a algunos amigos—se limitó a responder en su lugar.

Definitivamente no era necesario, no cuando la tranquilidad de Storm estaba de por medio.

— ¿Todo el día?

—Había mucho de qué hablar—contestó encogiéndose de hombros para restarle importancia—, perdimos la noción del tiempo.

—Ya veo…—no le había creído, eso estaba claro, pero no podía dejarse llevar por eso—, ¿y no fuiste a ningún otro lugar en específico?

Esa pregunta con respuesta obvia la hizo estremecerse, era el tema que menos quería tocar y que, sin duda, evadiría a toda costa.

Frunció el ceño como reclamo por su imprudencia no importándole la mirada confundida e incómoda de la chica albina que permanecía en silencio entre ellas.

—Storm—suspiró su nombre después de un momento plagado de debates mentales que al final no le dieron una solución a su problema—, estoy muy cansada, ¿podríamos no hablar de eso ahora?—pidió apartándose de la pared dispuesta a salir de la sala, lo odiaba pero en ese momento su única alternativa era escapar—. Bajaré cuando sea hora de cenar… Hasta luego Leily.

Y con esa rápida despedida desapareció por el pasillo rumbo a las escaleras dejando a ambas amigas solas y confundidas.

—Adiós…—alcanzó a murmurar en respuesta para después dirigirse a su amiga—. ¿Ella está bien?

—Sí—contestó Storm con la mirada perdida en el vacío que antes había sido ocupado por su prima—, es sólo que estar de nuevo en la ciudad le trajo de regreso algunos recuerdos poco agradables.

—Entiendo—susurró Leily bajando la mirada.

Realmente no hacían falta muchas palabras para comprender lo difícil de la situación y, de la misma manera, tampoco era necesario indagar demasiado.

*O*O*O*

El sonido de sus pasos fue neutralizado por el pasto verde y húmedo que adornaba todo el campo al que, sin siquiera comprender por qué, había decidido ingresar.

Podía sentir su respiración agitándose conforme más se adentraba al lugar siendo engullido por el ambiente lúgubre y desolador que lo caracterizaba. El cielo había comenzado a tornarse rojo debido al atardecer y el viento otoñal silbaba cada vez con mayor intensidad removiendo las hojas secas de los árboles.

No fue hasta que divisó su objetivo a pocos metros frente a él cuando ralentizó su caminar, temeroso de llegar al sitio y de lo que ocurriría después.

—Hola…—pronunció en un suspiro cuando finalmente estuvo cara a cara con él—. Yo… quería disculparme…—añadió sin pensar aferrándose al ramo de flores blancas que había comprado en el camino—, he estado lejos por mucho tiempo y…

Agitó la cabeza para alejar los pensamientos que comenzaban a aparecer en su mente y, tras un nuevo suspiro, se dejó caer sobre el pasto para después depositar el ramo sobre el pequeño cuadrado de mármol incrustado en el suelo.

— ¿Sabes?—sonrió levemente con los ojos fijos en las flores—. Conocí a algunas personas que me ayudaron a recuperar la confianza, estoy seguro de que te caerían muy bien—relató con ánimo renovado alzando el rostro al cielo donde escasas nubes comenzaban a formarse resplandeciendo gracias a los últimos rayos de luz solar—, son realmente agradables, un poco extraños pero son muy buenos amigos. Gracias a ellos logré volver, he aprendido tanto los últimos años y descubrí algunas cosas que sin duda lo cambiaron todo.

Suspiró nuevamente bajando poco a poco la mirada hacia la fría lápida de mármol frente a él, delineó el contorno para familiarizarse con su forma, pero evitó leer la inscripción en todo momento.

—Me encantaría poder contártelo todo…—susurró poco antes de que su voz se rompiera por primera vez en mucho tiempo—. Pero no puedo… no puedo hacerlo—se lamentó ahora viendo sus manos convertidas en puños sobre su regazo, gruesas lagrimas comenzaron a resbalar por sus mejillas—. Lo siento… Lo siento tanto...

Sus sollozos se hicieron más fuertes imposibilitándole el poder continuar. Había estado conteniéndose durante todo ese tiempo y ahora al fin se había desmoronado tal y como ocurrió tres años atrás.

—No sabía qué hacer, perdí el rumbo, tenía miedo… te fallé—logró pronunciar poco después tras recobrar un poco el control de sus acciones, las lágrimas seguían corriendo por su rostro—. Olvidé la promesa que te hice…—exhaló tratando de calmar su voz—. Pero, debes saber que estoy aquí para cumplirla, no permitiré que la historia se vuelva a repetir.

Alzó nuevamente la vista con temor, sus ojos resplandecieron ante el encuentro con la lápida que insistía en tener su atención permanentemente.

—Confía en mí, no te volveré a fallar—aseguró con la voz más firme que logró sacar en ese momento a la par en que secaba las lágrimas con el borde de su suéter gris—. Así que, por favor no me abandones todavía…—tragó con fuerza en un intento por terminar de desvanecer el nudo en su garganta—, necesito tu fuerza porque la mía ya no es suficiente.

Sólo entonces se atrevió a leer la inscripción, sólo entonces permitió que el nombre se grabara en su mente obligándolo a aceptar al fin la realidad en la que ahora vivía y de la que jamás podría escapar.

«Hiccup H. Haddock

2000 – 2018

Amado hijo, hermano y amigo.»

—Quédate a mi lado un poco más, hermano…—suplicó en un susurro roto sintiendo como nuevas lagrimas comenzaban a formarse en sus ojos.

Cualquier otra palabra que fuera a pronunciar se vio detenida por la repentina presencia de alguien a su espalda. Alguien a quien sin duda conocía y no deseaba ver.

— ¿Ty?—lo escuchó llamarlo y pudo notar en su voz un sentimiento de esperanza y angustia—. ¿Eres tú?

¿Tanto daño había hecho que el universo se empeñaba en continuar castigándolo?


¡Y listo! Espero que este capítulo les haya gustado y… bueno, ahora sí quedó más que claro quién es el muertito u.u ¡no me maten por eso! Todo tiene su razón, en serio…

Por otro lado, ¿qué les ha parecido la "discusión" entre ambos héroes?, ¿creen que algún día puedan llevarse bien? Y, por otro lado, ¿qué opinan del encuentro entre Ty y Astrid?

En fin, dejaré de hacer preguntas y me marcharé. ¡Nos leemos en dos semanas!

A todos los que leyeron hoy... GRACIAS