Disclaimer: How to Train Your Dragon no me pertenece, es propiedad de DreamWorks Animation, Dean DeBlois y Cressida Cowell. La historia sí es original y de mi autoría, pero su creación y respectiva publicación es por mero entretenimiento.


Capítulo 7

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«Hasta la próxima…Toothless…»

Desde hace días esas palabras se repetían en su mente siendo pronunciadas por dos voces diferentes, por dos personas que habían dejado una huella completamente diferente en su vida.

—Toothless—repitió en un susurro débil y apagado.

Sus manos se mantenían cruzadas sobre su abdomen, el cuerpo recto sobre la cama y la mirada fija en el techo gris de la habitación del hotel en el cual se hospedaba.

El único ruido que podía escucharse era la televisión encendida a bajo volumen montada sobre la pared frente a la cama. Las voces de los comentaristas le parecían tan distantes que ni siquiera comprendía el tema del cual hablaban.

— ¿Cómo conoce ese nombre?—cuestionó a la nada cubriéndose el rostro con uno de sus brazos—. Sólo tú me llamabas así—susurró con voz rota y confundida.

Hacía tiempo que no escuchaba ese mote cariñoso, tanto que incluso lo había olvidado y ahora que regresó a su mente, el dolor de las viejas heridas incrementaba.

Por más que intentaba encontrarle una explicación no lo lograba. Era imposible que conociera el sobrenombre que su hermano le dio, eso era lo único que sabía. No existía manera por la cual Grimmel terminara conociendo tal secreto y lo usara en su contra sabiendo el efecto que tendría en él.

Pero aun así ocurrió, entonces…

—Es imposible—se repitió en voz alta negando lo evidente y frotándose el rostro con ambas manos intentando alejar la desesperación—, pero entonces ¿cómo lo hizo?—exhaló poco después.

No lograba comprenderlo, quizá nunca lo hiciera y, aunque le disgustaba la idea, el único que conocía la respuesta era el cazador.

—Es una maldita trampa suya—exclamó entonces, no se necesitaba ser un genio para entender eso.

Si Grimmel lo había llamado Toothless no había sido por error, pretendía dañarlo, hacerlo perder el juicio y el control que tanto le había costado recuperar durante los últimos años. El hombre quería verlo derrotado de nuevo y para lograrlo pretendía apuñalarlo en el lugar donde antes ya lo había hecho.

Pero él no se lo iba a permitir, no caería en su juego de nuevo pues, como se lo dijo en ese momento, ya no era el mismo de hace tres años.

—Esta vez será diferente—sentenció con seguridad renovada alzando su mano derecha frente a él y convirtiéndola en un puño que resplandeció con la luz azulada de su poder—. Esta vez ganaré, Hiccup, te lo prometo.

Volvió a su anterior posición ahora estando un poco más relajado y con su objetivo nuevamente claro en la mente. Pero esa serenidad duró poco pues el silencio recién obtenido le permitió escuchar con claridad las voces en la televisión.

«El heroísmo de Night Fury no tiene precedentes.»

Eso fue lo primero que captó su atención viéndose obligado a incorporarse sobre la cama en busca del control remoto con el cual, después de encontrarlo, subió el volumen de la televisión.

En la pantalla se podían ver a dos comentaristas vestidos de traje y sentados frente a una mesa de cristal con un llamativo mapa de la ciudad a sus espaldas. Se mantuvo en silencio y prestó atención a todo lo que estos discutían.

Todos vimos las grabaciones de lo ocurrido en el puente Frigg—dijo el mismo hombre de antes, delgado y rubio—. Night Fury salvó a muchas personas en colaboración de las autoridades a cargo.

Por unos segundos, en pantalla se reprodujo lo que, según el hombre, era un video de lo ocurrido en el puente. En él se podía ver la silueta del héroe encapuchado corriendo entre el humo y los escombros.

¿Quién y en qué momento había grabado todo eso?

¿Y qué hay de Light Fury?—interrumpió el segundo hombre de cabellos azabaches, su voz y expresión eran más agradables que las del primero—, según los reportes ella también estuvo ahí ayudando.

Eso no es lo que algunas fuentes confiables han dicho—alegó el otro a la par en que en pantalla se mostraba un nuevo video, uno que él reconoció a la perfección—. Por el contrario, a ella se le vio congelada por el miedo.

Se trataba del momento justo en el que la heroína pareció dudar sobre acompañarlo hacia el peligro inminente. Esa pequeña fracción de tiempo donde su cuerpo se paralizó por la duda y la inseguridad; un sentimiento que él conocía a la perfección y que sólo aquellos arriesgaban su vida a diario podía comprender.

Así que estaba de más decir que el anterior comentario lo molestó.

—Es un completo idiota—gruñó levantándose de un salto y acercándose a la pantalla con el ceño fruncido.

Sí, bueno…—el azabache, el único cuerdo e inteligente según su criterio, volvió a tomar el control sobre la discusión—, siguiendo con la información, el alcalde ha decidido conmemorar a las víctimas de este siniestro—anunció con un toque de pesar que incluso él sintió—, además de agradecerle tanto al par de héroes como a las autoridades por su arduo trabajo durante dicho suceso.

¿También a Light Fury?—cuestionó irritado y sorprendido el rubio para después carraspear en busca de calma, quizá había olvidado que se encontraban en vivo.

El evento se llevará a cabo este viernes en…

Apagó la televisión.

Le importó poco saber con detalle todo sobre dicho evento.

¿Premiarlos por su heroísmo? Él no merecía eso, aunque por otro lado, se sentía feliz de que Light Fury al fin tuviera un poco de reconocimiento.

—Maldición—exclamó enredando sus dedos entre su cabello con desesperación.

¿Por qué no podía tener un día tranquilo y sin problemas por una vez después de tres años de agonía?

— ¿Cuándo acabará esto?—murmuró avanzando hasta la ventana, apoyando la frente sobre el frio cristal que no tardó en empañarse con su aliento.

A través de esta pudo observar como en la lejanía unas densas nubes de tormenta se acercaban a la ciudad. Lo correcto sería quedarse para evitar que el mal clima lo alcanzara estando fuera, pero no podía permanecer más tiempo en esa habitación pensando en lo mismo, no si quería conservar su poca cordura intacta.

Con eso en mente se apartó y comenzó a buscar sus llaves para después encaminarse a la puerta.

Tenía que salir de ahí de inmediato.

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Caminó sin rumbo fijo hasta que, sin darse cuenta, terminó en el mismo parque donde días atrás había conocido a cierta albina que, por razones inexplicables, lo cautivó con la mirada.

Se adentró en el lugar, embriagándose con el olor del césped y los arbustos recién podados. A sus oídos llegaban de vez en cuando las voces y risas de los demás visitantes. Inspeccionó los alrededores con la mirada en busca de algún sitio solitario donde pudiera establecerse, pues realmente no deseaba estar cerca de nadie.

O eso pensaba…

—Ella…—susurró con un fugaz resplandor apoderándose de su mirada cuando distinguió su silueta sentada frente a un pequeño lago de agua clara.

Se aproximó lentamente y con duda manteniendo la vista fija en su rostro y en el cabello platinado que se agitaba con el viento. No le tomó mucho tiempo notar la tristeza en sus ojos y, sin saber por qué, eso lo hizo apresurar el paso justo como la primera vez que la vio, cuando sólo un pensamiento se apoderaba de su mente y el deseo de estar a su lado se volvía cada vez más fuerte.

¿Por qué?

¿Por qué sentía esa necesidad de reconfortarla y hacerla sentir mejor? ¿Por qué añoraba tanto su compañía y su calidez?

¿Por qué sentía todo eso por alguien a quien recién conocía?

¿Qué era lo que la volvía diferente y especial ante sus ojos?

Suspiró deteniéndose junto a ella y viéndola estremecerse cuando sintió su cercanía.

—Hola—logró pronunciar con un vago intento de sonrisa logrando que ella, lentamente, se girara para encararlo y cuando sus miradas se encontraron, su rostro pareció iluminarse momentáneamente—, ¿puedo sentarme?

Ella simplemente asintió para después volver a concentrarse en el lago al cual comenzó a arrojar piedrecillas.

—Le darás a algún pato—dijo entonces tratando de aligerar el ambiente.

—No hay patos en esta época—se limitó a responderle antes de lanzar un nuevo proyectil que se hundió en el agua generando un par de ondas.

—Entonces a un pez—insistió él buscando su rostro que se ocultaba tras los mechones de cabello plateado—. Ellos no migran al sur—añadió sonriente cuando al fin ella le devolvió la mirada con una ceja enarcada.

Una sonrisa, pequeña pero sincera, apareció en sus labios poco después y solo entonces Ty pudo sentirla relajarse a su lado.

—Está bien, tú ganas—concedió la chica sin dejar de mirarlo.

El silencio se apoderó de ambos a partir de ese momento, aunque a ninguno pareció molestarle.

— ¿Qué ha ocurrido?—preguntó Ty en un susurro notando por primera vez sus ojos y mejillas irritadas, un claro signo de que había estado llorando.

Por un segundo deseó alzar una mano para acariciar su rostro, pero se contuvo temiendo su rechazo. En lugar de eso se limitó a escucharla suspirar mientras abrazaba sus piernas con la barbilla sobre las rodillas.

— ¿Escuchaste lo que ocurrió en el puente hace unos días?—mencionó ella entonces.

El azabache tragó con fuerza, ¿a dónde quería llegar con eso?

— ¿A caso tú… estuviste ahí?—logró preguntar esta vez con temor.

Él no la vio ahí esa noche y ahora sabiendo esto sólo podía culparse por permitir que ella sufriera cuando pudo hacer algo para evitarlo.

—Los gritos desesperados de auxilio—musitó perdida en sus recuerdos ignorando su pregunta, aunque tales palabras fueron suficiente respuesta—, el olor del humo y el fuego… el suelo agrietándose. No puedo sacarlos de mi cabeza.

Un leve sollozo escapó de su garganta poco antes de que ocultara su rostro contra sus piernas.

—Seis personas murieron—dijo entonces con voz débil—. Y los que sobrevivieron perdieron a alguien querido. Parejas que jamás volverán a verse, padres que jamás podrán abrazar a sus hijos…—su voz se rompió por un momento poco antes de volver a alzar el rostro que aún se mantuvo oculto tras su cabello—… Un niño que jamás podrá escuchar de nuevo la voz de su padre…

Los ojos de Tyre se abrieron de sorpresa tras eso último y su corazón, latiendo sin control, golpeó con fuerza su pecho.

Pero, ¿por qué le contaba todo eso? ¿Qué significaba? A caso…

—A caso…—alzó la voz cada vez más preocupado al no notar en ella ninguna herida visible que pudiera haber sido producto de ese suceso—… ¿perdiste a alguien en ese accidente?

Ella al fin negó pero en ningún momento le devolvió la mirada que él tanto ansiaba.

—No en ese—la escuchó murmurar haciéndolo estremecer y contener el aliento.

—Leily…—pronunció su nombre por primera vez, sintiendo el peso y la inquietud que este le producía.

—Hace un año—comenzó a relatar la albina fijando la vista en el lago frente a ellos—, mi padre… murió en un accidente de auto—logró decir al fin con pesar, podía sentir a Ty observándola con preocupación e, internamente, agradeció que se mantuviera en silencio escuchándola—. Los paramédicos dijeron que no sintió dolor, quedó inconsciente tras el impacto y murió poco después.

Suspiró y el azabache sintió como se le oprimía el corazón.

—Yo iba de copiloto—reveló entonces alcanzando el punto sin retorno en su recuerdo—. No pude hacer nada, ni siquiera podía moverme—su voz poco a poco comenzó a romperse—. Tan sólo pude llorar y suplicar por la ayuda de un héroe que jamás llegó.

Héroe.

Eso último lo derrumbó.

—Por mucho tiempo sentí tanta ira… Y la imagen de mi padre se apoderaba de mi mente cada vez que cerraba los ojos.

Una lágrima resbaló por su mejilla hasta caer sobre su regazo.

—Culpé al otro conductor, culpé a los paramédicos por no llegar a tiempo—confesó dolida aferrándose a sus piernas—… culpé a Night Fury por desaparecer y no estar ahí cuando lo necesitamos.

Otro golpe más para el azabache que no hacía más que lamentarse y aumentar la carga de sus errores sobre sus hombros.

—Pero al final toda la culpa cayó sobre mí—finalizó, girándose lentamente para encararlo con los ojos llorosos—. Yo estaba a su lado y no hice nada, yo fui quien creyó en las falsas esperanzas de que alguien llegaría a tiempo para salvarlo… Elegí confiar en alguien más antes de ser yo quien tomara la iniciativa.

—Leily…—susurró con un nudo en la garganta—, no habrías podido hacer nada para evitarlo.

Ella rio con amargura antes de fruncir el ceño en su dirección.

—No eres el primero en pensar eso—confesó con frustración para después volver a apartar la mirada y suspirar—. ¿Sabes? Al fin descubrí por qué lo prefieren a él—confesó recordando la primer conversación que ambos tuvieron—. Ya sé por qué él es mejor que yo.

Ahora fue el turno del azabache para fruncir el ceño, estaba confundido pero al mismo tiempo la respuesta era clara en su mente.

—Aunque también tenías razón—añadió la albina viéndolo de reojo con una leve sonrisa—, no debí darle tanta importancia en primer lugar, quizá entonces la verdad no dolería tanto ahora. Porque lo cierto es que no soy como él y nunca podré serlo.

Esta vez nada lo detuvo, alzó sus brazos hacia ella para sujetarla y envolverla en un fuerte abrazo cargado de desesperación. Una acción que la tomó por sorpresa pero que por alguna razón no rechazó y, por el contrario, agradeció al corresponderle y ocultar el rostro contra su hombro.

Para ambos esa pequeña acción resultó tan familiar y agradable que era difícil de explicar.

Y cuando el silencio se apoderó del ambiente, el joven azabache alcanzó a escuchar unas palabras murmuradas contra su hombro:

—No pude salvarlos y fue mi culpa…

La estrechó con más fuerza tragando el nudo que se había apoderado de su garganta. La desesperación y el dolor eran tan palpables que se asfixiaba.

—No puedo decirte que está mal que te culpes—dijo entonces él sorprendiéndola cuando se dio cuenta de que la había escuchado—, no sería correcto viniendo de alguien que también lo hace.

Se apartó para poder encararla, rompiendo con el abrazo pero permaneciendo cerca.

—Yo también perdí a alguien—reveló tratando de que su voz no se rompiera ante los recuerdos que comenzaban a llegar y que estaba a punto de compartirle—. Mi hermano murió hace tres años y, a diferencia de ti, yo sí pude haber hecho algo para salvarlo…—bajó la mirada para después suspirar, sus manos se convirtieron en puños sobre su regazo—. Ni siquiera se puede considerar lo que ocurrió como un accidente, porque realmente pude haberlo evitado—nuevamente la miró, esta vez notando como la chica tranquila y de mirada brillante comenzaba a volver y le observaba atenta y curiosa—. Si lo hubiera convencido de no acompañarme, si desde un principio hubiera elegido un camino diferente, él aun estaría aquí…

Suspiró girando el rostro para concentrar su mirada en el lago que reflejaba el cielo cubierto de nubes de una tormenta que seguramente pronto iba a llegar.

—Así que, sin importar lo que los demás digan, su muerte sí fue mi culpa y todo lo que ocurrió después de eso también.

Un par de gotas de lluvia comenzaron a caer perturbando la superficie del lago, aunque a ninguno le importó en realidad.

—No pude darle la cara a mis padres. La culpa y el dolor eran tan fuertes que opté por huir—confesó con pesar alzando la vista al cielo que lentamente era consumido por las nubes—. Me marché de la ciudad sin decirle a nadie, simplemente desaparecí. Me repetí una y otra vez que era lo mejor para todos, que así le evitaría más dolor a mis padres, pero fue un error y ahora sé que al escapar al único que intentaba proteger era a mí mismo… Creí que así podría dejar de sentir dolor y me equivoqué…

Aquello que durante tanto tiempo mantuvo oculto en su interior, ese miedo, ese dolor y la decepción hacia sí mismo, al fin lograron escapar volviendo su carga un poco más ligera.

Pero, ¿por qué se lo contaba a ella? No lo sabía. Simplemente sintió la necesidad de hacerlo después de que se sincerara con él.

—Durante los últimos tres años he vivido lamentándome, la culpa sólo aumentó y ahora que he vuelto me he dado cuenta del enorme daño que hice al marcharme en primer lugar.

—Ty…—susurró Leily atrapando su mano y envolviéndola entre la suya sintiendo el contraste de su calor.

Por un segundo creyó que él se apartaría, pero en su lugar se aferró a su agarre girándose para conectar nuevamente sus miradas mientras a su alrededor la lluvia incrementaba.

—Por eso tu eres mejor, Leily…—declaró entonces sorprendiéndola y haciéndola jadear, en sus ojos pudo notar la confusión pero también un sentimiento que en ese momento no logró descifrar—, tú eres la valiente que decidió quedarse para seguir luchando y continuar adelante a pesar de lo mucho que doliera—ahora fue él quien cubrió las manos ajenas con las propias—. Y yo, yo soy el cobarde que prefirió escapar sin importar el daño que eso le provocara a otros.

Contuvo la respiración y, cuando se preparaba para responderle, el cielo rugió alertándolos y acabando con la agradable atmosfera que hasta ese momento los había envuelto.

—Yo… quizá sea hora de volver—tartamudeó en su lugar apartando sus manos para comenzar a buscar en el interior de su mochila sobre el suelo.

—Chica precavida—comentó entonces Ty sonriéndole cuando esta sacó y abrió un paraguas azul sobre sus cabezas.

—Mi madre no me deja salir de casa sin él—explicó encogiéndose de hombros y devolviéndole la sonrisa.

El azabache, para su sorpresa, tomó el paraguas y mientras se ponía de pie extendió una mano en su dirección. Ella a pesar de estar confundida aceptó su ofrecimiento y, uniendo nuevamente su mano con la de él, se levantó permaneciendo de pie a su lado bajo la protección del paraguas.

—Ven…—continuó él incitándola a avanzar sin soltar su mano—, te acompaño a tu casa.

—No es necesario, vivo cerca.

—Quiero hacerlo—insistió sonriéndole con sinceridad—, ¿me dejas?

Su corazón latió con fuerza causándole dolor. No entendía porqué su cercanía, su calor, su mirada esmeralda y esa sonrisa angelical le resultaban tan agradables y familiares al mismo tiempo.

—Está bien—accedió comenzando a caminar a su lado con las gotas de lluvia impactando contra el paraguas y una única pregunta en la mente.

¿Quién era Tyre realmente?

En el fondo creía comenzar a conocer la respuesta…

—Aquí es—alzó la voz rompiendo con el silencio subiendo por los escalones de madera hacia la entrada donde ambos se refugiaron—. Gracias por acompañarme… y por lo de antes.

—No fue nada—dijo él encogiéndose de hombros para después tenderle el paraguas.

—Consérvalo—indicó ella rechazando el objeto—, te enfermarás si caminas bajo la lluvia.

—Pero…

—Me lo devuelves cuando nos volvamos a ver—declaró sonriente para después buscar una pequeña agenda en su mochila y, tras encontrarla, comenzó a anotar apresurada en ella arrancando poco después la hoja amarilla—. Es mi número de teléfono—explicó tras entregárselo, a simple vista se podía notar su nerviosismo—, ya tienes una excusa para usarlo.

El azabache rio divertido y con un sonrojo que aumentó cuando sus ojos se conectaron con los de ella.

—Lo haré, dalo por hecho.

La chica asintió retrocediendo hasta chocar contra la puerta.

— ¿Sabes?—inició Leily jugando con el tirante de su mochila—. Fui a ese parque con la esperanza de que me encontraras—confesó en un susurro que lo hizo estremecer.

Un sentimiento de calidez comenzó a crecer en el interior de ambos.

—Me alegra haber podido cumplir ese deseo—respondió el azabache regalándole una última sonrisa para después retroceder hacia los escalones—. Hasta pronto, Leily.

Con eso dicho, se giró cubriéndose con el paraguas para así comenzar a alejarse. Pero un último llamado lo hizo detenerse.

—Tyre…

— ¿Sí, qué ocurre?—cuestionó girándose nuevamente para encararla ahora con la lluvia impactando contra el paraguas

— ¿Puedo preguntarte una cosa?—pidió nerviosa esperando su aprobación y, cuando la tuvo, suspiró preparándose para volver a hablar—. ¿Por qué decidiste volver?

No supo por qué, pero realmente necesitaba conocer esa respuesta. Y Ty al escucharla sólo pudo sonreír, pero a diferencia de las veces anteriores, esta vez esa sonrisa demostraba tristeza y melancolía.

Una sonrisa que ya había visto antes y que la hizo contener el aliento.

—Por la misma culpa que me recordó una vieja promesa—confesó en un suave suspiro observándola fijamente con sus fugaces ojos esmeraldas—. No sé bien la razón, no sé por qué esperé hasta ahora… Sólo sé que debo cumplir la promesa que le hice a mi hermano.

Asintió, no sabía si era la respuesta que esperaba, pero sin duda era la que necesitaba.

—Espero que lo logres—concedió ella tranquila, logrando que esa sonrisa volviera a ser de alegría.

—Yo también—susurró él para girarse nuevamente y, esta vez, alejarse sin ningún nuevo impedimento dejándola sola con el sonido de la lluvia inundando sus oídos.

—Una promesa…—repitió cuando su silueta solo era un punto en la distancia.

Ella lo sabía.

Y él también.

Pero, ¿eso era bueno o malo?

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Caminaba por las calles aferrándose al paraguas que ella le dio, sus pasos resonaban contra la acera húmeda y encharcada. Si alzaba la mirada sólo podía ver el cielo repleto de nubes oscuras y la lluvia que caía sin parar cubriéndolo todo.

Suspiró, porque los recuerdos de esa conversación seguían latentes en su mente al igual que la mirada y sonrisa de la chica.

«Algún día encontrarás a una persona que te entienda de una forma que incluso tú no puedes hacerlo.»

—Quizá ya la encontré—susurró pensativo rememorando las palabras que meses atrás le habían regalado.

Estaba seguro de que si se lo dijera personalmente, esa persona se burlaría de la misma forma en la que él lo hizo cuando le aseguró que algo como eso jamás ocurriría aunque lo quisiera.

—Odio cuando tienes razón…—gruñó tras pensar en ese detalle para después buscar en sus bolsillos el teléfono que había comenzado a timbrar exigiendo su atención.

Se detuvo un momento tras encontrarlo, sorprendiéndose al leer el nombre en la pantalla y, con algo de duda, se apresuró a responder.

— ¿Astrid?—cuestionó con confusión volviendo a revisar el nombre que, sin duda, era el suyo—. ¿Cómo conseguiste mi número? Y más importante aún, ¿cómo conseguí yo tú numero?

Dejaste tu teléfono sobre la mesa en el café cuando fuiste al baño—se limitó a explicar desde el otro lado con un tono que él identificó como de irrelevancia—, no fue muy difícil desbloquearlo. Como sea, no te hablé para eso.

— ¿Entonces para qué?—insistió reanudando su marcha por la acera, estaba a sólo un par de cuadras de su hotel—. Porque si vas a regañarme o a intentar convencerme de hacer algo que definitivamente no haré, entonces…

No es eso—interrumpió apresurada para después continuar nerviosa—, bueno, quizá sí, solo un poquito…

—Astrid…

Está bien, está bien—la escuchó suspirar rendida—. Sólo quería saber si irás a la conmemoración en el ayuntamiento.

— ¿Por qué habría de ir?—ahora fue su turno de interrumpir y se aseguró de que su voz sonara lo suficientemente fastidiada como para dejar claro su punto—. No me beneficia en lo absoluto.

Pero a Berk sí, les das esperanza—volvió a suspirar, esta vez con preocupación y, lo que él creyó, tristeza—. Ty, te necesitan.

—Tienen a Light Fury—cortó sin dudar, en ese punto no podía dejarse llevar, mucho menos cuando la conversación era con Astrid Hofferson—, ella también es buena.

Lo sé, pero… sólo—esta vez más que un suspiro su exhalación fue un gruñido frustrado—, creí que te importaría.

— ¿Y a ti?—indagó él deteniéndose nuevamente antes de cruzar hacia una nueva calle—, ¿por qué te importa tanto?

No hubo respuesta, por un momento incluso pensó que la llamada se había cortado y, tras comprobar que seguía activa, esperó pacientemente por la respuesta.

Necesito saber quién volvió realmente—la escuchó decir con un tono de voz que no alcanzó a identificar—: Mi amigo Tyre… o Night Fury.

Ahora fue su turno de suspirar y guardar silencio por un momento antes de contestar.

— ¿Y si te digo que ninguno?

No podría creerte. No después de lo que ocurrió en ese puente—se limitó a responder la chica recobrando poco a poco su seguridad y fortaleza—. Por eso creo que debes ir a ese evento, no por ti o por mí, sino por Berk…—insistió y él, rendido, no objetó nada—. Ellos también necesitan conocer la respuesta. Necesitan saber si su héroe volvió o no.

Guardó silencio, esperando a que él dijera algo, pero lo cierto era que no había nada que pudiera decirle en ese momento.

Piénsalo, Ty.

Y tras eso último la llamada finalizó dejándole un sinfín de pensamientos y emociones que no logró ordenar.

Astrid Hofferson, con tan sólo un par de palabras, siempre lograba desarmarlo y vencerlo. No había nadie que pudiera contra ella, el único que alguna vez logró hacerle frente –aunque jamás le ganó – fue su hermano Hiccup.

— Odio que tú también tengas razón—murmuró guardándose el teléfono y reanudando su marcha hacia el hotel.

*O*O*O*

La grabación de la noticia dada sobre la conmemoración se repetía en las pantallas instaladas en la habitación y que, siendo la única iluminación en la misma, le daban un aura lúgubre al ambiente.

—Así que la ciudad pretende celebrar su heroísmo—la voz de Grimmel se alzó después de un momento por encima de las voces de los periodistas—, ¡pero qué grandiosa idea!—exclamó con fingido entusiasmo.

Cuando la grabación finalizó dejando las pantallas con una imagen congelada del mismo, la puerta de metal a la que el hombre le daba la espalda se abrió con un sonido seco. Cualquiera se habría alertado, pero él no, pues sabía perfectamente quien era el intruso.

El suave taconeo de unos pasos llegó a sus oídos y, con calma, se giró para encararla.

— ¿Me llamó, señor?—dijo la joven de cabellos escarlatas reverenciándolo ahora que estaba frente a él.

Al no recibir una respuesta, se irguió firme y segura con el brillante cabello cayendo en ondas sobre sus hombros y la piel tersa reflejando la luz de las pantallas. Vestía un ajustado traje de color verde militar que resaltaba su figura.

—Prepara a los demás—habló al fin el hombre sin mostrar gran emoción por verla mientras se giraba nuevamente con los brazos cruzados tras la espalda—, hay un evento al que deben asistir.

La joven, acostumbrada a la actitud de su jefe y la poca atención que le otorgaba, avanzó sonriente para estar a su lado dejando al descubierto unos brillantes colmillos que destacaron en sus labios rojos.

— ¿Qué hay que hacer?—cuestionó la joven cuyos ojos negros resplandecieron en color rojo por unos segundos cargados de entusiasmo.


Después de una pausa que resultó más larga de lo que pretendía (lo siento, a parte de la universidad, tuve algunos problemas con mi computadora), ¡pero aquí me tienen! :D espero que hayan disfrutado de este capítulo que, aunque fue un poco más tranquilo a comparación del anterior, está cargado de emociones…

¡Nuestros chicos comienzan a darse cuenta de la verdad! e.e ¿qué creen que pase con eso? ¿Y cuál creen que sea el plan de Grimmel?

Las actualizaciones regresarán a su frecuencia original, es decir, capítulo nuevo cada dos semanas ;)

Y ahora debo apresurarme a escribir, terminar y publicar el capítulo de La Última Esperanza e.e y los que siguen de The Furies xD

En fin…

A todos los que leyeron hoy... GRACIAS