Disclaimer: How to Train Your Dragon no me pertenece, es propiedad de DreamWorks Animation, Dean DeBlois y Cressida Cowell. La historia sí es original y de mi autoría, pero su creación y respectiva publicación es por mero entretenimiento.


Capítulo 9

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Sus ojos estaban llorosos e incluso le costaba respirar cuando lo encontró, tenía ganas de gritar pero su voz parecía haber desaparecido.

Inspeccionó el callejón con la mirada para después dejarse caer con torpeza, la parálisis a la que había sido sometida aun no terminaba de disiparse y eso sólo dificultaba más su deseo por llegar hasta él.

¿Cómo es que terminó así? ¿Cuándo fue que todo se complicó tanto? Quizá… quizá no estaba hecha para ser una heroína porque si no podía cuidar de sí misma, qué le hacía pensar que podía proteger a otros.

No somos invencibles—se recordó con voz temblorosa mientras caminaba hacia donde Night se encontraba tendido en el suelo—, no somos dioses… tenemos límites.

Pero conforme más cerca estaba de él, esas palabras dejaron de resultar reconfortantes, en su lugar se volvieron una cruel realidad de la que no podía escapar.

—Night Fury…—lo llamó dejándose caer de rodillas a su lado.

Con manos temblosas lo sujetó dándole la vuelta para recostarlo sobre sus piernas, importándole poco que su traje se manchara de sangre.

—Night, por favor despierta—insistió llorosa sintiendo la débil respiración del azabache ahora desprovisto de su capucha.

¿Qué se suponía que debía hacer? El miedo la consumía tan rápidamente que le robaba el aliento, pero sabía que si no hacía algo él moriría en sus brazos.

«No somos invencibles»

Incluso los héroes necesitan que alguien los salve de vez en cuando, pero… ¿Podría ella salvarlo a él?

Acunó su rostro entre sus manos aterrándose cuando lo sintió demasiado frio. Un par de lágrimas rodaron por sus mejillas hasta caer en las de él, por más que lo intentó no pudo contener los sollozos que ahora hacían eco en el callejón.

—Por favor—susurró sin dejar de sujetar su rostro—, ¿qué debo hacer para salvarte?

Sus ojos estaban cerrados cuando una mano fría secó las lágrimas que escapaban de ellos y por impulso los abrió para encontrarse con los de él, que con una débil sonrisa intentaba reconfortarla.

—Light…—pronunció con dificultad, su garganta estaba seca y el cuerpo le temblaba a causa del frio que ahora sentía—… tú eres más valiente

— ¿Qué…?—musitó confundida, de todas las cosas que pensó que le diría, esa no era una de ellas—. Night Fury—volvió a llamarlo cuando la mano que había estado en su mejilla se deslizó con un último roce.

La mano del héroe bajó a su cinturón y ahí se detuvo ante la mirada desesperada de ella. Le sonrió nuevamente a pesar del cansancio y con un suspiro sus ojos verdes se cerraron otra vez.

—Llámalos…—fue lo último que alcanzó a decir—, ellos pueden…

— ¿Night?

De nuevo las lágrimas comenzaron a rodar nublando su vista mientras intentaba encontrar un significado a lo que él le había dicho y fue al notar el teléfono al cual se aferraba a pesar de estar inconsciente cuando la respuesta que tanto ansiaba llegó a ella.

Inhaló en busca de autocontrol, lo que estaba por hacer era una locura pero de alguna forma Night Fury le había dado su consentimiento así que, dadas las circunstancias, no podía hacer otra cosa más que obedecer. Se limpió el rostro y tomó el teléfono encendiéndolo con la misma rapidez para después revisar los contactos de emergencia en busca de alguno al cual poder llamar como él le había indicado.

—Sólo hay uno—murmuró leyendo el nombre en la pantalla.

»CASA.

Con un último vistazo al héroe en su regazo, presionó la opción de llamar rogándoles a todos los dioses que alguien respondiera.

Dos tonos. Tres tonos. Al cuarto el silencio fue roto por una suave voz femenina y con eso un poco de esperanza regresó a ella.

*O*O*O*

No muy lejos de lo que ocurría en el callejón, sobre la azotea de uno de los edificios más altos del área, cuatro siluetas permanecían de pie y al asecho observando cada movimiento de los héroes.

—No entiendo—habló uno de ellos, el hombre de uniforme negro y rojo cuyos ojos resplandecían de ira fijos en la figura blanca de Light Fury en la lejanía—, ¿por qué no bajamos ahí y los atacamos? ¡Están indefensos!

—Guarda silencio o nos escuchará—reprendió la joven pelirroja cruzada de brazos junto a él.

La noche había terminado por caer sumiendo en oscuridad y silencio a la ciudad, un silencio que era roto únicamente por el eco de las sirenas policiacas en la distancia.

—Pero podemos acabar con ellos o mínimo seguirlos hasta su escondite—insistió el hombre.

—Ya basta, Changewing—exclamó entre dientes fulminándolo con la mirada—. Las órdenes del jefe fueron claras, no podemos matarlos aun, ¿o es que acaso pretendes desafiarlo?—le recordó señalándolo con dedo acusador—. Sabes muy bien lo que le pasa a las personas que lo hacen.

El hombre castaño se estremeció ante tales palabras pues las acciones y el carácter de Grimmel Grisly eran de temer.

—Creo que lo que él quiere decir es que no entendemos porqué debemos dejarlos ir—habló ahora el de uniforme negro y azul salvándolo del destino fatal al que estaba cayendo—, al menos podríamos capturarlos.

La pelirroja gruñó por lo bajo y apartó la mirada, odiaba admitirlo pero incluso ella se cuestionaba lo mismo. Sabía que Grimmel tenía sus razones para darles ordenes tan específicas y limitadas, también sabía que esta no era la primera vez que dejaba escapar al par de héroes. A diferencia de los demás, ella era la única que conocía las verdaderas intenciones del cazador y el objetivo de su plan; sólo ella sabía qué era lo que pretendía hacer el hombre con los héroes y como su más fiel seguidor juró mantener el secreto hasta que fuera el momento de revelarlo.

Así que, pensando en todo eso, no podía darles demasiadas explicaciones a sus compañeros. Principalmente porque, al menos en esta ocasión, desconocía la estrategia de Grimmel.

—Lo único que deben saber es que pronto ambos estarán bajo el control de Grimmel—se limitó a responder apartando un par de mechones de cabello que el viento desacomodó de su trenza pelirroja—. A su debido tiempo podremos capturarlos.

Ahora fue el turno de ambos hombres para gruñir, una clara muestra de que no estaban conformes con lo dicho por su líder.

—Al menos debió explicarnos por qué demonios lo trajimos a él—señaló el Thunderdrum al cuarto miembro del grupo, el único que se había mantenido ajeno a la conversación con la mirada perdida en el callejón donde aún permanecían los héroes.

— ¿Debo recordarles que fue gracias a él que logramos retomar el control de la situación porque ustedes no pudieron hacerse cargo solos?—recriminó con molestia.

Aunque tampoco estaba completamente de acuerdo con la participación del encapuchado, debía admitir que de no ser por él, ni siquiera ella habría podido contener a Night Fury.

—Ya se los dije—agregó poco después con un suspiro cansado observando de reojo al joven que, estático en su sitio, le sostuvo la mirada por un segundo haciéndola estremecer debido a su resplandor violeta—, todo es parte del plan de Grimmel. Si aprecian las vidas que les otorgó será mejor que dejen de cuestionarlo.

Con eso dicho la conversación se terminó pues ninguno de los dos hombres estuvo dispuesto a seguir llevándole la contraria no solo al cazador, sino también a Speed Stinger, la más peligrosa y salvaje de sus seguidores.

—Atentos—habló nuevamente destruyendo el silencio y señalando el callejón—, al parecer se marchan.

Era verdad, un auto había llegado al lugar atrayendo la atención de la heroína que durante todo ese tiempo permaneció en el suelo sosteniendo el cuerpo de un inconsciente Night Fury.

Fue sólo un segundo, pero cuando la pelirroja dirigió su mirada hacia el encapuchado a su lado, pudo ver cómo el color violeta de sus ojos se convertía en verde al fijarlos sobre la persona que salió del auto.

» ¿Qué es lo que pretendes, Grimmel?

Se cuestionó frunciendo el ceño ante todas las dudas que comenzaban a apoderarse de su mente.

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Todo fue tan confuso para ella durante los siguientes minutos luego de que ese hombre llegara a ayudarlos, ni siquiera se dio cuenta de cómo terminó en la parte trasera del auto con Night Fury nuevamente en su regazo mientras presionaba su herida con un pañuelo.

Ninguno de los dos pronunció alguna palabra durante todo ese tiempo y ella lo agradeció en silencio pues realmente no había nada que pudiera decir, su voz se había desvanecido otra vez y no sabía cómo hacer que volviera.

Lo único que en ese momento le importaba, lo único que necesitaba, era ver de nuevo sus ojos verdes.

«Tú eres más valiente»

Eso es lo que él le había dicho, pero en ese momento no se sentía así. Estaba tan aterrada que su cuerpo se paralizaba como si Speed Stinger la hubiera atacado de nuevo, pero sabía que no era así porque esta vez la única responsable eran ella y su debilidad.

No era mejor que él. No era más valiente.

Todo ese tiempo alegando que protegería a todos en Berk, todas esas noches de desvelo vigilando y combatiendo ahora no tenían sentido en su mente porque, por primera vez, comprendió el verdadero significado de ser un héroe. No era sólo un traje vistoso y súper-poderes, no era usar una máscara y andar por la ciudad combatiendo el crimen.

Ser un héroe implicaba un enorme sacrificio, Night Fury se lo había dicho, no eran invencibles y mucho menos dioses. Ahora lo había entendido y lo había hecho de la peor manera posible.

—Se molestará si te ve llorar por su culpa.

Se estremeció al escuchar al hombre castaño después de tanto tiempo en silencio. Sorprendida alzó el rostro para conectar su mirada con la de él a través del retrovisor.

Sus ojos eran verdes como los de Night pero al mismo tiempo eran tan distintos, le transmitían un sentimiento completamente diferente.

—Créeme, suele hacerlo con mucha frecuencia—continuó diciendo tendiéndole un nuevo pañuelo que ella aceptó titubeante.

— ¿Molestarse?—preguntó en voz baja y temblorosa limpiándose las mejillas.

El hombre negó con un suspiro bajando la mirada hacia el joven inconsciente.

—Culparse—respondió entonces devolviendo su concentración a la calle por la cual transitaban—. Siempre carga con la culpa de todo.

Ahora fue su turno de observar al joven héroe cuyo rostro denotaba el dolor y cansancio que en ese momento sentía.

—Cosa de héroes, supongo—escuchó al hombre castaño murmurar y, en su mente, le dio la razón—. Ya llegamos—habló esta vez en voz alta obligándola a alzar la mirada por la ventana para observar la cochera en la cual se adentraban.

Respiró hondo y se preparó para lo que ocurriría a partir de ahora, porque si de algo estaba segura era de que no dejaría a Night Fury, al menos no hasta que supiera que estaba fuera de peligro.

Siguió a la pareja por el corredor hasta llegar a una habitación en la cual no dudaron en ingresar, pero ella, temerosa, se mantuvo de pie frente a la puerta debatiéndose sobre si debía o no continuar ahí. La imagen del héroe herido y sangrante no abandonaba su mente y eso sólo aumentaba su desesperación destruyendo la poca fortaleza que recuperaba por momentos.

Desde su actual posición vio al castaño acomodándolo sobre la cama para después cederle el lugar a una mujer delgada, permitiéndole así que le quitara la parte superior del traje. Ambos se mostraban tan serenos que parecían estar acostumbrados a situaciones como esa, en especial la mujer que, con tan sólo escuchar su voz, reconoció como aquella con la que había hablado por teléfono en el callejón.

—Light Fury—la llamó el hombre al que ahora conocía como Stoick gracias a la mujer que momentos atrás había pronunciado su nombre—, ¿estás bien?

—Yo…—tartamudeó retrocediendo hasta chocar contra la pared del pasillo—, creo que esperaré aquí—concluyó sin apartar la mirada del joven inconsciente sobre la cama.

—Está bien—asintió él para después regresar su atención hacia la castaña que pedía su ayuda para comenzar a tratar la herida de Night.

Cuando ambos le dieron la espalda imposibilitándole continuar viendo al azabache, se deslizó contra la pared hasta caer sentada sobre el suelo. Con un rápido vistazo de sí misma, se sorprendió al notar por primera vez la sangre que manchaba su traje y en especial sus manos.

Suspiró en un intento por controlar su agitado corazón y devolvió la mirada hacia el interior de la habitación donde la pareja continuaba con su labor de atender al héroe herido.

Lo escuchó gemir de dolor en varias ocasiones a la par en la que se estremecía obligando a Stoick a sostenerlo mientras la castaña se hacía cargo de la herida en su espalda. Lo hacía con tanta destreza que no hubo dudas sobre sus capacidades, eso y los utensilios acomodados en la mesita de noche fueron suficiente para deducir que era doctora o algo parecido.

Las gasas manchadas de sangre se acumularon en el cesto junto a la cama con cada minuto que pasaba, al mismo tiempo la tensión incrementaba y eso era algo que podía percibir en el rostro de ambos. Algo iba mal y lo supo cuando la mujer al fin sacó la bala del cuerpo del héroe.

—Comenzó a sangrar de nuevo—la escuchó murmurar mientras presionaba la herida con una nueva gasa que poco a poco se cubrió de sangre—, eso no es normal, en especial para alguien como él.

Eso sin duda la alertó y por mero impulso se levantó aproximándose a la puerta que continuaba abierta, pero se detuvo abruptamente en cuanto el olor de la sangre y desinfectante llegó a sus fosas nasales quedando congelada nuevamente antes de siquiera poner un pie en el interior de la habitación.

—No entiendo—volvió a decir la castaña con desesperación examinando la herida—, la herida no es profunda, no perforó ningún órgano. ¿Cómo es posible?

—Déjame ver la bala—pidió Stoick recibiendo segundos después el proyectil en un pequeño vaso de vidrio—. Definitivamente no es una bala común—fue lo primero que notó tras un rápido vistazo—. Light Fury, ¿la reconoces?

Ese llamado la hizo estremecerse pero cuando su mirada se encontró con la del hombre por alguna razón su parálisis se desvaneció. Estaban pidiendo su ayuda, Night Fury la necesitaba, no podía continuar alejándose de esa manera.

Él le había dicho que era valiente y aunque en ese momento no podía estar de acuerdo, debía intentarlo sin importar cuan aterrada estuviera.

—Light Fury…

Exhaló con fuerza y avanzó hacia ellos.

Con una mano temblorosa tomó el vaso que contenía la bala, ignoró el hecho de que continuaba manchada de sangre y la observó con detenimiento. Stoick tenía razón, no era una bala normal.

—Es de calibre pequeño—detalló el hombre señalándola—, tenemos un amigo que sabe sobre eso. He visto muchas balas, pero nunca una como esta.

—Es verdad—habló ahora la mujer—, yo tampoco había visto una así antes. Debe ser nueva o…

Light Fury dejó de escucharla y tomó el proyectil para observarlo más de cerca.

Era una bala pequeña, de color gris y con la punta aplastada debido al impacto, en el centro había un pequeño espacio transparente que permitía ver su interior y los restos de lo que había contenido antes de ser utilizada contra Night Fury.

—Maldición—masculló cuando sus dedos se mancharon con los restos que se filtraron por la punta deshecha, reconociendo el líquido al instante—. La herida no es grave porque esta bala no fue hecha para matar—reveló con brusquedad sintiendo un sabor amargo al decir la última palabra—, la hicieron para neutralizar.

— ¿Neutralizar? ¿Te das cuenta de que mi hijo se está desangrando?—exclamó desesperada la castaña sin dejar de hacer presión en la herida—, a este paso necesitará una transfusión.

Sus palabras le robaron el aliento y unas inmensas ganas de llorar se apoderaron de ella.

Supuso que debían ser familia del héroe cuando leyó el nombre con el cual el número estaba registrado, pero nunca consideró que fueran sus padres. Night Fury le había pedido entre su agonía que llamara a casa por ayuda, ¿cómo pudo no darse cuenta desde un principio sobre lo que eso implicaba?

—Valka, tranquila—la voz serena del hombre la devolvió a la realidad, una en la cual este abrazaba por los hombros a la mujer en busca de consolarla—. Light Fury, por favor, si sabes cómo ayudarlo dínoslo.

La esperanzadora mirada verde que le otorgó fue suficiente para tragarse el nudo en su garganta.

—Es… es un veneno que nos debilita—comenzó a explicar devolviendo la bala al vaso que después le entregó al hombre—, afecta nuestras habilidades y nos deja vulnerables. Yo… también fui herida—añadió llevándose una mano al corte en su hombro sintiendo como este escocía ante el contacto—, sólo fue un roce pero tenía el mismo veneno.

Le dio un vistazo a la habitación y, cuando encontró las pertenencias del azabache sobre una silla, se aproximó a ellas con rapidez.

—Night me dio el antídoto—explicó buscando entre sus cosas—, lo tenía en su cinturón.

Al dar con él comenzó a revisar en los distintos bolsillos sorprendiéndose al encontrar una gran variedad de objetos, ¿de dónde sacó todo eso?, fue lo que pensó en ese momento y quizá después se lo preguntaría abiertamente al héroe, cuando la situación y él mejoraran.

— ¡Aquí!—exclamó aliviada encontrando varios frascos con distintos contenidos—. Es este, es el que me dio a mí—dijo entregándole al castaño el que, según sus recuerdos, era el antídoto del veneno.

— ¿Estás segura?—le cuestionó observando el líquido violeta del frasco.

—Sí, lo estoy.

Por primera vez en todo ese rato logró mostrarse y, aún más importante, sentirse segura al hablar. Nuevamente se sentía ella misma y eso, de alguna manera, la reconfortó.

Vio a la pareja asentir para después comenzar a administrar el antídoto al azabache.

— ¿Cuánto tarda en hacer efecto?—cuestionó Valka tras inyectar parte del líquido en la zona afectada.

—No lo sé con precisión—admitió apenada bajando la mirada—, yo me sentí mejor en un par de minutos. Pero supongo que depende de la cantidad de veneno.

La castaña asintió nuevamente y retomó su tarea de detener el sangrado que, aunque era leve, igual representaba un problema.

Su mirada viajó hasta el rostro pálido y sudoroso del joven recostado boca-abajo, ¿cómo fue posible que no lo notara antes? Si ella fue herida con veneno era obvio que él también. Quizá si se hubiera dado cuenta desde un principio, Night Fury no se encontraría en ese estado tan grave. Si hubiera hecho las cosas bien, si hubiera reaccionado a tiempo cuando esa chica pinchó su brazo paralizándola… Si fuera una mejor heroína nada de esto estaría pasando.

—Hey…—la gruesa pero suave voz de Stoick atrajo su atención—. Va a estar bien, tranquila—aseguró dándole un fraternal apretón en su hombro.

Ante el contacto, no pudo evitar reprimir una mueca de dolor obligando al castaño a apartar la mano de inmediato.

—Valka—llamó viéndola de reojo cuando esta alzó la mirada deteniendo un momento su labor de limpiar nuevamente la herida del enmascarado—, ¿aún hay vendas y desinfectante?

—Quedaron algunas en el botiquín de la cocina—respondió pensativa comprendiendo la situación.

— ¿Te importa si nos retiramos un momento?

—No, está bien—accedió la castaña negando suavemente para después regresar su atención a su hijo—. Parece que el antídoto comienza a funcionar, el sangrado ya se detuvo—explicó depositando la gasa manchada de sangre en el cesto—. Sólo me falta suturar.

—Bien—suspiró Stoick volteando nuevamente hacia la heroína y sujetándola suavemente del otro brazo—. Acompáñame, tú también necesitas atención en esa herida.

No le permitió responder, con la misma rapidez que le dijo aquello la condujo fuera de la habitación. Antes de atravesar la puerta alcanzó a ver por última vez al azabache y a la mujer que, estaba segura, le sonrió discretamente.

Stoick le había indicado que esperara mientras él buscaba unas cosas dejándola sola en el umbral de la cocina. Tenía que admitirlo, en el fondo se sentía un poco incomoda por la situación, lo estuvo desde el principio pero ahora que todo comenzaba a calmarse ese sentimiento era más fuerte. Y es que, vamos, ¡estaba en la casa de Night Fury y conoció a sus padres!

No creía que eso fuera correcto, ni siquiera eran amigos o un equipo y aun así Night había confiado en ella para llevarlo hasta ahí sabiendo lo que eso implicaba.

De intentarlo podría averiguar su identidad justo ahora… entonces ¿por qué no lo hacía?

—No es correcto—se susurró evitando pensar demasiado en eso.

Los pasos apresurados del hombre la hicieron girarse a su encuentro, sorprendiéndose cuando este le tendió un par de prendas.

—Son de Valka—explicó tranquilo—, creí que lo mejor sería que te cambiaras de ropa ya que tu traje está un poco manchado—añadió ahora con un toque nervioso que logró transmitirle a ella—. Puedes usar el baño de ahí—señaló rápidamente la puerta al final del pasillo.

Nuevamente y sin esperar respuesta, se adentró a la cocina dejándola atrás.

Con un suspiro se aferró a la ropa limpia y caminó hacia el baño diciéndose mentalmente que todo estaba bien.

Le tomó un par de minutos quitarse el traje sucio enrollándolo en un pequeño bulto para después vestir la ropa que el hombre le había entregado. Se trataba de un pantalón gris holgado y una blusa de tirantes color azul, esta última evitó ponérsela por el momento quedando en sostén deportivo frente al espejo para poder lavar un poco la herida de su hombro.

Detalló su rostro ahora desprovisto del antifaz notando el cansancio y suciedad que lo opacaban, también tenía algunos moretones en los brazos, en especial en la zona donde fue pinchada por Speed Stinger.

Nunca se había visto tan demacrada, porque sí, en ocasiones recibió golpes durante su labor como heroína, pero jamás había sentido el verdadero peso de lo que representaban hasta ese momento.

— ¿Estás bien, Light Fury?—le habló Stoick a través de la puerta.

—Sí, salgo en un momento—se apresuró a responder lavándose la cara para después colocarse nuevamente el antifaz.

Con un último vistazo a sus heridas, terminó de vestirse y marchó hacia la puerta abriéndola tras una última exhalación.

— ¿Todo bien?—le cuestionó el hombre con toque preocupado.

—Sí—asintió ella un poco más tranquila.

—Bien, entonces revisemos esa herida—le restó importancia al asunto y se encaminó a la cocina donde, sobre la mesa, ya tenía preparadas las vendas y el desinfectante para atenderla.

—Ya está—rompió el silencio terminando de vendar su brazo con una sonrisa—, fue un corte pequeño. Lamento si te lastimé al suturar.

—No se preocupe—negó ella ahora un poco más tranquila—. Honestamente no creí que fuera tan bueno en esto—bromeó, sorprendiendo al castaño con su nueva actitud.

—Bueno—carraspeó divertido—, sueles aprender un par de cosas cuando tienes una esposa doctora y dos hijos aventureros. Eran un verdadero problema de niños, si me permites decirlo.

Ella bajó la mirada, apenada ante la revelación recién hecha.

—No creo que deba saber sobre la vida civil de Night Fury—confesó inquieta acabando con la atmosfera relajada.

— ¿Por qué? Estoy seguro de que a él no le molestaría que supieras su identidad—declaró seguro, conocía a su hijo y si había dejado que la heroína los llamara era porque podían confiar en ella.

—No, pero a mí sí—reveló entonces conectando sus miradas, recobrando la fortaleza que la caracterizaba—. Es ridículo, lo sé, pero si algún día conocemos nuestras identidades, quiero que sea él quien me diga su nombre y yo el mío—explicó sin poder evitar esbozar una sonrisa ante ese pensamiento—. Y siento que en este momento no tenemos tanta confianza para algo como eso.

—Bueno, si estás aquí es por algo, eso es lo que yo pienso y no, tu deseo no es ridículo. Eres una buena chica, una muy valiente—dijo él sujetando su mano para reconfortarla—. Ayudaste a nuestro hijo, te quedaste a su lado…—le sonrió cálidamente de una forma que la hizo sentir comprendida pero que, al mismo tiempo, la inundó de nostalgia—. No cualquiera haría eso y el hecho de que te niegues a conocer su identidad es suficiente para confiar en ti.

—Supongo que…—carraspeó nerviosa—, es porque estoy bajo situaciones similares a diario—suspiró jugando con su trenza deshecha—. Mantener oculta tu identidad es lo único que te mantiene unido a una vida normal… y al mismo tiempo es lo que te separa de ella—explicó con un deje de pesar apartando la mirada por un momento—, cuando eso se destruye ya no hay vuelta atrás.

—Puede que tengas razón—concedió Stoick pensativo, no estaba segura pero creyó percibir un toque de pesar en su voz—, pero a veces es necesario contar con alguien. Una persona que sepa donde estés y lo que haces para que pueda ayudarte cuando lo necesites.

Alzó la mirada para encontrarse con la de él, pero esta vez no había calidez en ella, sino tristeza.

—El camino que ambos han elegido es solitario y peligroso—declaró con voz lúgubre—, pero sólo si ustedes lo permiten.

— ¿A qué se refiere?—cuestionó dudosa, inquieta ante la situación en la que ahora se encontraban—. ¿Ustedes no sabían que él era Night Fury?

Para su sorpresa, el hombre negó.

—Sólo dos personas lo sabían—confesó melancólico—. Valka y yo creímos que no nos lo dijo por miedo o incluso desconfianza. Después comprendimos que lo hizo para protegernos—explicó con una sonrisa apagada—. Pero hay algo que ambos deben entender, Light Fury, y es que a veces nuestras acciones en lugar de proteger terminan lastimando.

—Yo… lo lamento—musitó sin saber qué más decir.

—Cuando él desapareció estábamos tan preocupados y molestos—recordó Stoick sin saber exactamente por qué le contaba aquello—, así como el resto de la ciudad, no entendíamos porqué nos había dejado cuando más lo necesitábamos… pero no al héroe, sino a nuestro hijo.

Suspiró y después se puso de pie comenzando a caminar de un lado a otro frente a ella.

—Nos tomó tiempo aceptarlo y, más importante aún, comprenderlo—confesó perdido en sus pensamientos—. Su hermano murió hace tres años y él se culpa por ello, no lo dice pero sabemos que se fue porque no quería lastimar a nadie más y no importa cuánto le digamos que no lo culpamos, él sí lo hace y temo que eso nunca va a cambiar.

Sus palabras resonaron en el interior de la chica repitiéndose estrepitosamente.

Su hermano murió y Night Fury se marchó debido a eso.

La difusa imagen que tenía de él se aclaraba cada vez más y eso, por alguna razón, no hacía más que preocuparla.

« ¿Por qué volviste, Night Fury?»

Los recuerdos de esa noche y los años de reproche regresaron a su mente dejándole un sentimiento de culpa.

—Siempre ha sido así, tanto él como su hermano siempre cargaron con demasiada responsabilidad—volvió a hablar el hombre sacándola de sus pensamientos—, se oponían ante las injusticias a su manera, en especial Night, todo el tiempo se involucraba en peleas que sabía bien que no podía ganar—lo escucho reír nostálgico ocasionando que ella también sonriera—. Su hermano siempre fue un poco más prudente, era quien lo cargaba de regreso a casa con la nariz sangrante y un ojo morado, siempre abogando por él para evitar que se metiera en problemas… Y cuando obtuvo esos poderes finalmente pudo ganar sus peleas.

Al fin volvió a observarla, tranquilo y confiado como antes se había mostrado logrando confundirla aún más, no sólo por sus palabras sino por los descubrimientos que, sin duda, no deseaba haber hecho.

— ¿Por qué me cuenta todo esto?—cuestionó, mostrando nuevamente inseguridad—. Yo no debería saberlo.

—Porque quiero que entiendas quién es él realmente, no por su nombre o por lo que demuestra a simple vista, sino por lo que hay dentro de él—respondió sereno acercándose a ella para sujetar su mano, sus ojos de nuevo mostraban el cálido brillo de antes—. Quiero que conozcas a la persona que hay detrás de esa mascara por sus acciones y su vida.

Ella no pudo hacer otra cosa más que asentir.

—El día en que su hermano murió los perdimos a ambos, él era su apoyo y ahora quiero pedirte que tú lo seas—confesó con tal firmeza que para ella fue fácil comprender lo que aquello significaba—. Por favor, prométeme que estarás a su lado.

El agarre en su mano se hizo más fuerte embriagándola de seguridad. Nuevamente un sentimiento melancólico se apoderó de su corazón. Y es que el hombre que ahora estaba frente a ella, suplicando su ayuda, no era más que un padre preocupado por el bienestar de su hijo.

—Temo que la razón de su regreso no es buena—reveló Stoick con clara preocupación—, ahora que lo hemos recuperado no podemos perderlo de nuevo, mucho menos si es para siempre, así que por favor mantenlo a salvo. Sé que es mucho pedir pero…

—Lo haré—lo interrumpió con voz firme.

No era necesario que continuara pidiéndoselo, ya había tomado su decisión y no había vuelta atrás.

—Después de todo es el trabajo de un héroe proteger a los que lo necesitan—agregó sonriente y devolviéndole el cálido apretón—, y eso lo incluye.

—Gracias—logró pronunciar con un nudo en la garganta aferrándose a su mano.

—Gracias a usted por creer en mi—respondió ella sintiendo como la presión que durante todo ese tiempo había tenido en su pecho se desvanecía.

« ¿Por qué decidiste volver?»

Sonrió para sus adentros, pues conocía la respuesta, siempre lo hizo y ahora también la comprendía.

«Por la misma culpa que me recordó una vieja promesa»

Lo ayudaría a cumplirla, esa era su decisión.


Un poco tarde, lo sé, tuve algunos problemas con el capítulo y los tiempos u.u (Si me siguen en mi página de Facebook ya conocen la historia sobre eso :P)

En fin, este capítulo estuvo un poco relajado y aunque aún no me convence en su totalidad, me gustó el resultado final :D y eso se lo debo a una personita maravillosa llamada Anii Rivera, ¡muchas gracias!

Y bueno, espero que les haya gustado e.e aun hay muchas cosas que revelar.

Al final hay sección de anexos ;) y… una pequeña nota, la bala que hirió a Night es una combinación de una bala normal y los dardos de Grimmel.

Ahora sí…

A todos los que leyeron hoy... GRACIAS


Anexos:

»Aine, Speed Stinger:

Aine: Nombre de origen irlandés que significa "Ardiente", también es una variante de Eshne que significa "Pequeño fuego".

Descripción básica: Es una joven de 25 años de edad. Fue "reclutada" por Grimmel Grisly cuando tenía 16 años de edad y tiene ocho años con sus poderes. Físicamente es alta y delgada, su cabello pelirrojo es de la tonalidad del fuego y posee unos peculiares ojos negros. Así como su nombre, ella es de origen irlandés. En cuanto a la personalidad, es una joven atrevida, burlona y en ocasiones un poco sanguinaria.

Traje: Para su vestimenta y habilidad de combate me inspiré en Black Widow. Claro está que el traje tiene sus diferencias, pues es verde militar en lugar de negro, pero en sí es exactamente igual al traje que usa Black Widow en Iron Man 2.

Poderes: Súper velocidad (Toda una Speedster), aguijones retractiles en sus muñecas con veneno paralizante, sentidos aumentados, súper fuerza y agilidad, piel resistente al fuego, cuerpo resistente a golpes fuertes.

»Thunderdrum y Changewing:

No tienen un nombre aparte de su alias, son simples peones en el tablero de Grimmel y pertenecen al grupo comandado por Speed Stinger.

Thunderdrum es un hombre de aproximadamente 30 años, azabache y fornido. Sus poderes son como lo indica su nombre los de un dragón Thunderdrum, es decir dispara ondas sonoras de gran magnitud y respira bajo el agua, además de las habilidades comunes con los demás (súper fuerza, sentidos aumentados, resistencia al fuego, etc.)

Por otro lado, Changewing es un hombre de entre 25 y 30 años, es castaño y atlético. Sus poderes son de la especie correspondiente: Dispara acido, se puede camuflar y las habilidades comunes con los demás.

Traje: Podemos considerarlo el traje común de los peones de Grimmel y difieren únicamente por los detalles en el color que identifica su poder (o más bien la especie de dragón). El traje está inspirado en uno de los trajes de Hawkeye, que realmente no recuerdo en qué película y claro, en lugar de azul es negro.

»Plaza Central:

Para una mayor claridad de la plaza donde ocurre el ataque en el capítulo 8, les explicaré más o menos como es… En pocas palabras, es el típico espacio con un kiosco, bancas y pasto que por lo general se encuentra en el centro de una ciudad o pueblo.

En este caso es como un pequeño parque en medio de un montón de edificios.

»Parque:

No tiene nombre, sólo llamémoslo "el parque de Ty y Leily". Este también es la típica área verde que se acostumbra ver en algunas ciudades. Tiene un lago, bancas y mesas, árboles, arbustos y un montón de césped que a Leily le gusta arrancar.

Y bueno, ahora sí es todo, para mayor claridad con los anexos les recomiendo buscarlos en mi página de Facebook: DragoViking, ahí están las imágenes correspondientes.