Disclaimer: How to Train Your Dragon no me pertenece, es propiedad de DreamWorks Animation, Dean DeBlois y Cressida Cowell. La historia sí es original y de mi autoría, pero su creación y respectiva publicación es por mero entretenimiento.


Capítulo 10

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— ¿Segura que estarás bien?—le preguntó nuevamente la mujer con tono preocupado.

—Sí—respondió con una ligera sonrisa—, no se preocupen.

En el poco tiempo que estuvo ahí, la pareja había logrado hacerla sentir como en casa. Cuando los veía podía percibir a sus padres y eso, de alguna manera, la hacía no querer marcharse.

Lástima que no siempre podemos cumplir nuestros deseos.

—Es tarde y debo volver a casa.

—Puedo llevarte, si quieres—ofreció Stoick con rapidez y sin pensar.

—Eso es muy lindo de su parte, pero no puedo aceptarlo—negó risueña cuando el hombre se sonrojó al notar su error—. No es la primera vez que salto por los techos a esta hora—bromeó para calmar la tensión—, estaré bien, así que no se preocupen.

Durante las últimas horas había permanecido con ellos y aunque al principio se dijo que lo hacía para asegurarse de que Night Fury estaba bien, al final descubrió que le agradaba la compañía del matrimonio y, pese a cualquier sugerencia, terminó por anunciar su retirada. Al igual que Night, ella también tenía una familia esperándola en casa.

Su madre la había llamado minutos atrás, preocupada al desconocer su paradero, y por ello debía marcharse.

El héroe estaba bien y ella igual, así que no había necesidad de que continuara ahí.

—Light—la llamó Valka cuando comenzó a acercarse a la puerta, obligándola a detenerse en el intento—, gracias por salvar a mi hijo.

—No fue nada—negó tranquila jugando con su cabello—, él haría lo mismo por mi… En realidad lo ha hecho.

—Aun así gracias—insistió la castaña tomando su mano libre, pues en la otra cargaba una bolsa de tela con su traje sucio—. Sé que la vida que llevan es complicada y no están exentos de resultar heridos; así que si alguna vez necesitas ayuda puedes venir aquí—prometió tranquila y maternal para después añadir con un ligero tono de advertencia:—. Sólo espero que no sea muy frecuente.

—Puedes contar con nosotros—concordó Stoick acercándose a ellas—. No tienen que luchar solos—añadió como un recordatorio de la conversación que habían tenido una hora atrás.

—Ahora soy yo quien les agradece—confesó la albina sin poder ocultar su nueva sonrisa.

Cuando su mano fue liberada por la castaña, retomó su marcha hacia la puerta trasera y, girándose una última vez hacia ellos, se despidió.

—Díganle a Night que tenía razón—pidió sabiendo que aunque ellos no lo comprenderían, él sí lo haría—, y que hablaremos cuando se recupere.

La pareja asintió, satisfechos y con seguridad.

—Ten cuidado—indicó Stoick con una mano en el hombro de su mujer.

Ahora fue el turno de la heroína para asentir antes de desaparecer tras la puerta que se cerró sumiéndolos en el silencio y la quietud.

Una vez en el exterior, Light Fury le dio un último vistazo a la casa que estaba por dejar atrás, en especial la ventana desde la cual pudo divisar el cuerpo del héroe dormido.

«Lo más difícil de este trabajo es que no siempre puedes salvar a todos.»

Él le había dicho eso y ahora comprendía cuánta razón había tenido, pero… ¿debía quedarse sin hacer nada y aceptarlo sin más?

«Concéntrate en salvar uno a la vez, a todos aquellos que sí estén a tu alcance.»

—Espero que estés a mi alcance…—susurró esperanzada y con el corazón latiéndole con fuerza cuando el rostro del héroe se proyectó en su mente.

Contuvo la sonrisa que aquella imagen le provocó, ignorante de que en el interior de esa habitación el joven, sumido en sus sueños, le susurraba una respuesta…

¿Por cuánto tiempo podrían continuar negando la verdad que ambos conocían?

*O*O*O*

Speed Stinger entró a la enorme habitación sin siquiera esperar una confirmación. Avanzó determinada con los tacones de sus botas resonando en todo el lugar con cada paso que daba.

—La misión fue un éxito—dijo entonces observando al hombre que seguía de espaldas a ella.

—Supongo que ahora viene un «pero»—fue lo único que dijo Grimmel sin cambiar de posición, con los brazos cruzados en su espalda y la mirada fija en los monitores encendidos.

La única luz que iluminaba la habitación provenía de ellos, ocasionando que el ambiente y el rostro del cazador lucieran más siniestros.

—Los demás comienzan a dudar—respondió la pelirroja tras un ligero suspiro; esperando con ansias a que se girara y la viera.

— ¿Con qué motivos?—cuestionó y entonces cumplió su deseo.

Cuando sus miradas se encontraron, algo en el interior de la joven se estremeció y un sentimiento de miedo se apoderó de ella por un segundo hasta que lo hizo desaparecer.

Los ojos del hombre denotaban molestia, decepción y deseos de castigar a alguien.

—Bueno…—comenzó con un carraspeo; ella no quería ser ese alguien—, son impulsivos y desean más información. Creen que dejar ir a los héroes estuvo mal.

— ¿Y tú lo crees?—preguntó Grimmel con una tranquilidad preocupante mientras avanzaba hacia ella—. Dime, ¿tú qué piensas?—insistió y, cuando no respondió, la sujetó con fuerza por la barbilla obligándola mirarlo.

—No importa lo que yo crea—logró decir finalmente, temblando por dentro—, tú eres el jefe, Grimmel—la fuerte presión en su barbilla bajó a su cuello—. Pero…—tragó con dificultad, sabía que no sería liberada hasta que le diera lo que estaba exigiendo—, pudimos haberlos capturado; eso es lo que quieres, ¿no?... ¿Para qué dejarlos ir entonces?

El agarre se aflojó un poco, permitiéndole respirar.

—Yo sé que no es la primera vez que los dejas escapar—confesó sin apartar sus ojos de los de él—. También sé que pudiste haber capturado a Night Fury hace tres años, pero no lo hiciste—la presión volvió a aumentar, asfixiándola nuevamente; pero ella en ningún momento dudó—… y me pregunto… ¿por qué?

Y entonces finalmente el cazador la soltó.

—Una muy buena pregunta, sin duda—le dijo recobrando su anterior postura con los brazos tras la espalda—. Y la respuesta es muy simple, querida.

Grimmel caminó con gracia a su alrededor, la luz de los monitores se reflejaba en su rostro volviéndolo más temible que antes. Ella sabía que, quisiera o no, iba a escuchar esa respuesta pues de cualquier manera su cuestionamiento tendría repercusiones.

—Cuando atrapas un pez y este es demasiado pequeño, decides devolverlo al agua porque sabes que algún día crecerá—comenzó a relatar confundiéndola y abrumándola en partes iguales, realizando extraños ademanes con una de sus manos—. Entonces valdrá la pena capturarlo de nuevo.

Speed Stinger tragó con fuerza, frotándose el cuello irritado y viendo de reojo al hombre que se había detenido nuevamente frente a ella.

—Pero si esperas demasiado, el pez puede crecer más de la cuenta—decidió argumentar siguiéndole la corriente, sabiendo que él esperaba su participación—. Si eso ocurre será más difícil capturarlo, puede que incluso resulte imposible.

—Es verdad—concedió el cazador pensativo llevándose una mano a la barbilla—. Aunque no habrá ningún problema si tienes la carnada adecuada.

Y con eso la respuesta estuvo clara.

—Por eso me ordenaste que lo llevara con nosotros—dedujo la pelirroja con sorpresa dirigiendo su mirada a una de las pantallas donde se mostraban las grabaciones de una celda en particular.

—La carnada ya fue puesta—declaró Grimmel Grisly observando, igual que ella, al prisionero encadenado—, sólo resta esperar a que la presa muerda el anzuelo… justo como la última vez.

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TRES AÑOS ATRÁS

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El eco de la primera explosión y las luces parpadeantes lo aturdían cada vez más. Sus sentidos estaban hechos un desastre y eso lo llenaba de unas ganas irremediables de gritar, pero no podía hacerlo, su voz tampoco parecía querer responderle.

¿Cómo había llegado a eso? ¿Qué había hecho mal?

No tenía idea y aun así lo lamentaba enormemente.

Trató de levantarse aunque fue inútil, una pared de concreto le había caído encima y debido a la posición en la que se encontraba, no le sería fácil liberarse de los escombros.

—Maldición—masculló sin aliento recuperando al fin la voz, dejándose caer derrotado nuevamente contra el suelo.

Todo eso le parecía una broma terrible de la que no podía escapar.

— ¡Night Fury!—escuchó en la lejanía y alzó el rostro sorprendido pues sabía de quién se trataba.

— ¡Sal de aquí!—le gritó cuando sus miradas se encontraron, liberando con dificultad un brazo para moverlo en ademanes de advertencia—, ¡vete!

— ¿Estás demente?—reclamó el castaño ignorando sus palabras y acercándose cada vez más—. No voy a abandonarte.

El héroe gruñó para después retomar su lucha contra el concreto que lo aprisionaba, pero de nueva cuenta resultó en vano.

—Deja que te ayude—insistió el otro sin detener su marcha, esquivando los escombros que cubrían el lugar.

—Hiccup—lo llamó suplicante y agotado—, por favor, tienes que irte. Él sigue aquí y…

—Con más razón te ayudaré—apremió su hermano cuando al fin atravesó todos los obstáculos, quedando a sólo un par de metros lejos de él.

—Hiccup…

El castaño lo ignoró y Night Fury se desesperó cada vez más.

— ¡Hiccup!—exclamó con un terror desgarrándole la garganta al verlo caer contra el suelo sujetándose la pierna que ahora comenzaba a sangrar sin piedad.

—Debiste escuchar al héroe—sentenció un hombre con calma y arrogancia caminando elegantemente hasta quedar entre los dos hermanos—. Eso estuvo muy mal de tu parte.

— ¡Grimmel!—rugió furioso el encapuchado luchando nuevamente contra su prisión—, ¡apártate de él!

—No estás en posición de ordenar—evadió el cazador señalándolo con la ballesta responsable de la herida que tenía ahora Hiccup.

La respiración de Night se agitó cada vez más y su piel ardió con cada movimiento que hacía para intentar levantarse. Su visión comenzaba a desenfocarse, la garganta le quemaba como si estuviera cargada de fuego y, por un segundo, un gruñido anormal escapó de ella.

—Déjalo… Déjalo ir—logró articular jadeante—. ¡Es a mí a quien quieres!

—Eso es verdad—admitió el hombre avanzando hacia él aun con la ballesta en la mano—. Pero esta situación resulta tan divertida que es inevitable no aprovecharla.

Con cada paso que daba y con cada esfuerzo que Night hacía, la desesperación aumentaba en su interior.

—Vamos, héroe—volvió a hablar Grimmel con un brillo amenazador en su mirada—; si quieres detenerme, deja que la bestia se libere.

Otro gruñido se escapó obligándolo a morderse la lengua cuando sintió el calor aumentando en su cuerpo. El ardor se convirtió en un fuego abrazador que lo estaba destruyendo desde adentro, exigiéndole rendirse; gritándole que dejara de luchar contra él.

Aunque no lo iba a permitir, no cuando Hiccup estaba ahí, herido y necesitando su ayuda.

—Quizá ocupas un incentivo más fuerte—sugirió con una aterradora sonrisa deteniendo la marcha y alzando nuevamente su ballesta.

Pero el objetivo no era él y cuando la flecha fue disparada el tiempo se detuvo alrededor.

El fuego se liberó consumiéndolo todo.

Y la bestia rugió…

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— ¡Noooo!—el grito desgarró su garganta y un dolor se apoderó de su espalda cuando se incorporó sobre la cama.

Jadeó desesperado, el cuerpo cubierto de sudor y la visión nublada. Sus manos ardían a causa del plasma que se había estado generando en ellas.

Cuando la puerta se abrió y las luces se encendieron, el mundo recobró su curso original.

— ¿Ty?—la apremiante voz femenina atrajo su atención.

Giró la cabeza tratando de enfocar la mirada en la recién llegada, un gruñido estaba por escapar pero lo contuvo a tiempo cuando reconoció el rostro preocupado que tenía enfrente.

— ¿Tyre, estás bien?—volvió a preguntar la mujer aproximándose a él con paso nervioso.

El azabache no lo sabía, pero en ese momento sus ojos no eran normales.

—Ma… ¿Mamá?

Y entonces volvieron a serlo.

Su cabeza cayó sobre el hombro de la castaña que ahora lo envolvía con sus brazos, apaciguando el calor que desbordaba en su interior al reemplazarlo con el suyo.

—Lo siento…—susurró cuando finalmente logró corresponderle el abrazo, cerrando los ojos con fuerza para detener las lágrimas que se acumulaban en ellos—. Lo siento tanto.

—Hablaremos de eso después—tranquilizó ella, no necesitaba escuchar más para saber a qué se debía su disculpa.

Con eso dicho, el abrazo se intensificó y la distancia que por años los había separado comenzó a desvanecerse… aunque quizá no para siempre…

El agua caía sobre él refrescando su piel. Las caricias húmedas y el sonido de la regadera sobre su cabeza desvanecieron lentamente la presión sobre sus hombros.

Le había costado levantarse de la cama después de ese mal sueño; pero tras recuperar un poco de fuerza, se las arregló para llegar hasta el baño para ducharse. Y ahí estaba ahora, de pie bajo la lluvia artificial, con una mano apoyada en la húmeda pared de mosaicos azules que lo protegía de caer cuando sus piernas temblaban.

Las últimas imágenes de su pesadilla se marcharon junto al agua sucia y con sangre que corría por sus pies hacia el resumidero.

Exhaló vaciando sus pulmones para después llenarlos con energía renovada. Se llevó la mano libre al cabello que se le pegaba al rostro y cubría sus ojos, lo agitó un poco para deshacerse de los restos de espuma y lo peinó hacia atrás.

— ¿Ty?—la voz de su madre lo despertó de su trance pacifico—, te dejé ropa limpia en la habitación—anunció desde el otro lado de la puerta—. ¿Está todo bien?

—Sí, gracias—respondió brevemente irguiéndose en su sitio, esta vez sin apoyarse en la pared—. Salgo en un minuto.

La escuchó decir algo más antes de que sus pasos se apagaran en el corredor.

Con un suspiro cerró la chirriante llave, sintiendo como el agua comenzaba a disminuir hasta convertirse en un ligero goteo. Se sacudió una última vez el cabello y se dispuso a salir de la ducha sabiendo que, una vez fuera del baño, volvería a la cruel realidad que era su vida.

Una en la cual tendría que plantarse frente a sus padres para tener esa conversación que por tres largos años estuvo evitando.

—Es ahora o nunca… supongo—murmuró con un deje de pesar.

Se sentó con lentitud en la silla, removiéndose incomodo cuando las miradas de sus padres encontraron la suya.

— ¿Te sientes mejor?—fue Stoick quien le preguntó, colocando un plato con estofado caliente frente a él en la mesa.

—Un poco—confesó llevándose involuntariamente una mano a la herida recién vendada bajo su playera azul—, sanará una vez que el veneno salga de mi sistema.

Luego de despertar y relajarse, su madre le explicó todo lo que había ocurrido con la tranquilidad que la caracterizaba. No resultó sorprendente para él descubrir que Light Fury lo acompañó hasta su casa y permaneció allí hasta que estuvo fuera de peligro.

«Light Fury te salvó la vida»

Le había dicho la castaña y no podía estar más de acuerdo con ella. De no ser por la heroína habría muerto en ese callejón, a pesar de que las intenciones de sus atacantes no eran asesinarlo. Ty suponía que fue un error en cálculos sobre la herida que le ocasionaron, pero en el fondo sabía bien que así lo había planeado Grimmel; de alguna manera retorcida, el cazador sabía que sobreviviría a un disparo como aquél y eso sin duda lo preocupaba.

A pesar de que toda esa situación quedó aclarada, aun existían temas por discutir. Preguntas que sus padres se hacían y que él no estaba seguro de poder responder. Y no precisamente por desconocer la respuesta.

—Debes comer algo—volvió a hablar Stoick sentándose igualmente en la mesa tras colocar dos platos más de comida—, te ayudará a recuperar fuerzas.

Ty asintió en silencio y bajó la mirada hacia el estofado cuyo olor le trajo de regreso viejos recuerdos agradables. Sin pensarlo demasiado tomó un primer bocado, no importándole que pudiera quemarse al hacerlo; extrañaba tanto ese sabor, la calidez inundándolo por dentro. Extrañaba estar en casa…

Extrañaba a su familia.

—Está rico—murmuró sonrojado viendo de reojo como sus padres sonreían.

—Me alegra escucharlo—confesó el hombre para después imitarlo.

Fue una comida silenciosa después de eso.

Un momento familiar que no habían tenido en mucho tiempo y que, aunque no lo admitieran abiertamente, disfrutaron en gran medida… a pesar de que entre ellos existiera una silla vacía…

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— ¿Y bien…?—habló de pronto su madre con un tono en el que identificó inseguridad.

El agradable ambiente de antes se evaporó en cuanto los platos fueron retirados de la mesa, anunciando con pesar que finalmente tendría lugar la conversación que Ty tanto había intentado evadir.

Nunca les dio la oportunidad de preguntar o reclamar en el pasado y mucho menos les dio explicaciones por ello. Habían esperado tres años para escuchar la verdad detrás de todo lo ocurrido y él no podría seguir evitándolo, pues en el fondo realmente deseaba decírselos.

Fueron tres años de silencio y soledad, meses enteros de agonía en los que ni siquiera pudo decir sus nombres en voz alta. Días interminables plagados de terror ante la idea de perder el control de aquello que por mucho tiempo había estado dormido en su interior, ignorante y desconocido.

— ¿Por qué volviste realmente, Ty?—lanzó la pregunta al fin, su mirada verde lucía firme y atenta a cualquiera de sus movimientos.

Suspiró con fuerza para después erguirse en su silla todo lo que pudo. Su instinto le dijo que se marchara, pero algo más fuerte lo obligó a permanecer ahí.

Había llegado la hora de liberar todo lo que estuvo ocultando incluso de sí mismo. Si realmente quería hacer las cosas bien esta vez, necesitaba comenzar a ser sincero, dejar atrás el pasado aunque doliera y aferrarse a las personas que aún conservaba a su lado

—Porque él también lo hizo—logró decir con toda la potencia y seguridad que aún conservaba en el cuerpo.

— ¿Te refieres al hombre de hace tres años?—fue ahora Stoick quien preguntó, nervioso y con una clara expresión de temor en el rostro—. ¿Acaso… él provocó lo de anoche?

—Sí—contestó sin más.

No deseaba involucrarlos porque sabía que eso los pondría en riesgo, pero no tenía alternativa, les debía las respuestas y había decidido dárselas.

—Grimmel Grisly ha vuelto—repitió y ancló su mirada en ambos, notando la confusión y la sorpresa que les generó escuchar ese nombre por primera vez—… y es por eso que lo he hecho yo también.

—Tyre…

Negó con suavidad, interrumpiendo cualquier intento de su padre por convencerlo de no hacer algo que sabía que era imposible, pues la decisión había sido tomada hace mucho tiempo y nada podía cambiarla.

— ¿Acaso esto es por una tonta venganza?—fue Valka quien habló después de un momento en silencio, sus ojos habían comenzado a brillar a causa de las lágrimas que estaba conteniendo—. Ty…

—No, esto va mucho más allá—respondió apartando el rostro, no quería continuar lastimándolos y ver a su madre en ese estado sólo le causaba dolor—. Debo detenerlo antes de que la historia se repita—sentenció—. No puedo permitir que más personas resulten heridas.

La cálida mano de su madre sujetó su mejilla pidiéndole alzar el rostro nuevamente. Su mirada verde se conectó con la de ella que había dejado escapar un par de lágrimas.

—No tienes que hacerlo—susurró aun sin apartar su mano, sintiendo como el calor del azabache atravesaba su piel—. Debes detenerte, Ty. No tienes que continuar haciendo esto, no es lo que Hiccup quería.

Su simple mención hizo aumentar su calor, obligándolo a apartarse con brusquedad. La mesa y la silla temblaron cuando se puso de pie.

—No, ¡esto es justo lo que él quería!—contradijo con voz ronca y una presión abrasadora en el pecho—. Le hice una promesa y voy a cumplirla.

—Tyre, no es correcto—habló esta vez su padre y por un instante logró ver en él un atisbo de decepción y ¿miedo?—. ¿No entiendes que no podemos perderte a ti también?

— ¡Tengo que hacerlo!—se defendió él, retrocediendo un par de pasos cuando sus padres se levantaron—. Ustedes son los que no entienden, lo que Grimmel pretende hacer lastimará a muchas personas. Si no lo detengo, entonces…

La presión aumentó quemándolo por dentro y haciéndolo caer cuando sus piernas perdieron la fuerza, dejándolo sentado sobre el suelo en un rincón y con una mano contra el pecho en busca de calmar el dolor.

— ¡Tyre!

La voz de su madre se volvió tan lejana en ese momento y cuando alzó la mirada todo a su alrededor se nubló.

— ¡Ty!—volvió a exclamar la castaña arrodillándose a su lado—, ¿qué ocurre?—preguntó con desesperación sujetándole el rostro.

Al verlo a los ojos descubrió que, nuevamente, estos habían dejado de ser normales y eso la aterró aún más.

—Es-estoy bien—logró pronunciar después de un preocupante silencio, jadeando y cerrando los ojos con cierto dolor.

Su padre también se había arrodillado y ahora lo sujetaba con cuidado por los hombros, ayudándolo a permanecer sentado.

—Yo…—murmuró tratando de recuperar el aliento, sintiendo como lentamente el fuego en su interior disminuía permitiéndole respirar de nuevo—. Perdí el control de mí mismo… no sabía quién era—comenzó a relatar, dejando caer la cabeza contra el hombro de su madre—. Ese día todo se destruyó y no tenía idea de cómo repararlo.

Las manos cálidas de Valka acariciaron su espalda, reconfortándolo y brindándole la confianza para continuar.

—Necesitaba escapar…—confesó al fin dejando escapar las lágrimas que hasta entonces había estado conteniendo—, porque tenía miedo de que, si no lo hacía, terminaría lastimándolos… Y eso me lastimaría a mí.

Ahora fue Stoick quien le compartió de su fuerza al darle un suave apretón sobre el hombro, para luego envolverlos a ambos en un abrazo.

—Había tantas cosas que no entendía—continuó poco después fortaleciendo su voz—. Quería comprender por qué había ocurrido todo eso; necesitaba saber por qué me tocó esta vida y por qué Grimmel está detrás de ella.

— ¿Lo lograste?—se atrevió a preguntar su madre cuando no dijo nada más.

Tragó con fuerza para después asentir contra su hombro, aferrándose al cuerpo de su madre y dejándose envolver por el de su padre.

—Por eso debo hacer esto—determinó levantando por primera vez el rostro para observarlos a ambos con unos ojos que volvían a ser los suyos y no los de alguien más—, es la única alternativa.

—No tienes que hacerlo solo—insistió Stoick hablando al fin.

Suspiró, sabía que tenía razón y sin importar cuánto lo intentara, no podría cambiar ese hecho.

—Lo sé—dijo esta vez en voz alta, aceptando finalmente la verdad que por tanto tiempo ocultó en su interior—. Esta vez será diferente—añadió poco después y entonces correspondió el abrazo que ellos le otorgaban—, lo prometo…

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Exhaló para deshacerse de los nervios antes de tocar la puerta con suavidad, en poco tiempo obtuvo una respuesta y la puerta se abrió iluminándola con la luz del interior hasta que la mujer castaña apareció frente a ella.

—Light Fury—saludó sorprendida apartándose del umbral para invitarla a pasar—, ¿ocurrió algo?—cuestionó cuando ambas estuvieron en el interior.

—No, no—se apresuró a responder notando la preocupación en su voz—. Sólo venía a devolverle su ropa—explicó tendiéndole la bolsa de tela en la cual el día anterior le habían permitido llevarse su traje sucio y que, en esta ocasión, contenía la ropa que igualmente le habían prestado.

—No tenías que hacerlo—negó sonrojada la mujer aceptando el paquete y depositándolo sobre la mesa.

—Es lo correcto—fue ahora su turno de negar, sonriendo suavemente.

Un ligero silencio se apoderó de ambas antes de que, con un carraspeo, la heroína decidiera hablar nuevamente.

— ¿C-cómo sigue Night Fury?

La mujer sonrió para sus adentros al descubrir las verdaderas intenciones de su visita.

—Se recupera rápido—respondió alegre—, según dijo, el veneno ya casi sale de su sistema por completo. Justo ahora él y Stoick fueron a un hotel a recoger sus cosas.

Un destello de decepción logró distinguirse en la mirada azul de la encapuchada y eso, de alguna manera, divirtió a la castaña. Era la misma reacción que vio en su hijo esa mañana después de decirle que la chica se marchó cuando él estuvo fuera de peligro.

Estaba claro que ambos tenían interés en el otro, pero también era evidente que ninguno parecía notarlo y, si lo hacían, no deseaban admitirlo.

—Si quieres puedes esperarlo—sugirió provocando en la albina un ligero sonrojo que resaltó bajo su antifaz blanco—. No deben tardar en volver.

—No, no, a-así está bien—logró decir nerviosa, sintiendo como el calor aumentaba en sus mejillas—. Yo… debo hacer un rondín por la ciudad para asegurarme de que todo esté en orden—explicó, inhalando para calmar sus emociones—. Dígale a Night que no se preocupe y que me haré cargo de la situación hasta que se recupere—pidió mientras retrocedía hacia la puerta.

—Light Fury—llamó la castaña atrapando su mano para detenerla—, no te arriesgues si estás sola. Estoy segura de que eso es lo que él te diría.

—Descuide, seré precavida—prometió envolviendo la mano de la mujer con la suya, brindándole un poco de su calor—. Por cierto, si alguna vez necesitan mi ayuda, usen lo que está ahí—señaló la bolsa sobre la mesa y le regaló una sonrisa llena de confianza—. Aunque espero que no sea muy frecuente—agregó recordando las palabras que ella le había dicho antes.

Con un asentimiento curioso, Valka liberó a la heroína permitiendo que reanudara su marcha.

—Ten cuidado—volvió a pedir cuando estaba por atravesar el umbral hacia el oscuro exterior.

Ahora fue Light Fury quien asintió antes de cerrar la puerta y desaparecer, dejando a la mujer sola que, sin pensarlo demasiado, abrió la bolsa encontrando sobre la ropa limpia y doblada una pequeña nota de color violeta.

«Si necesitan ayuda, llámenme.

Pero no le digan a Night o me regañará por hacer esto.»

Se trataba de su número de teléfono y, aunque le divirtió su petición, también se enterneció por su acto desinteresado y afectuoso.

Negó ligeramente sin apartar la sonrisa de su rostro y guardó nuevamente la nota cuando escuchó la puerta principal ser abierta.

—Volvimos—anunció Stoick entrando a la cocina con Ty siguiéndolo de cerca—. ¿Qué es eso?—señaló la bolsa en sus manos.

—Light Fury vino a devolverme la ropa que le prestamos—explicó dirigiendo su sonrisa hacia el azabache—. Es una chica muy linda.

— ¿Light estuvo aquí?—fue lo único que logró decir él con un ligero sonrojo haciéndose presente en sus mejillas.

—Sí, se fue hace un momento—agregó su madre recargándose contra la encimera—. Dijo que haría un rondín por la ciudad y que no debías preocuparte por nada hasta que te recuperaras.

— ¿Qué? ¿Acaso está loca?—eso último lo dijo más como afirmación que como pregunta—. Es peligroso, podrían atacarla y…

—Tyre, estás exagerando—detuvo el hombre castaño plantándose frente a él cuando comenzó a caminar de un lado a otro—. Ella va a estar bien, es tan capaz como tú de protegerse.

El joven alzó una ceja denotando la ironía de sus palabras y llevándose una mano a la espalda con obviedad.

—Olvida que dije eso—dijo Stoick comprendiendo su error—. El punto es que estará bien.

—No pretendo correr el riesgo—declaró el menor evadiéndolo para después avanzar con paso seguro hacia la puerta trasera.

—Ty, no te has recuperado—intervino su madre, pero resultó completamente inútil—, no hagas una locura.

—Estaré bien—prometió abriendo la puerta y viéndolos de reojo sobre su hombro—. Vuelvo en un rato.

Y tras eso último desapareció.

—Ni siquiera se puso su traje—murmuró Stoick con la mirada fija en la puerta cerrada.

— ¿Cuánto tiempo crees que le tome darse cuenta de eso?—cuestionó con cierto toque divertido su mujer.

—No lo suficiente, eso te lo aseguro—determinó girándose para recoger la maleta que su hijo dejó olvidada prácticamente apropósito en el suelo.

*O*O*O*

Balanceaba los pies con tranquilidad en el borde de la cornisa sobre la que estaba sentada. Las luces de la ciudad resplandecían con armonía en un espectáculo agradable a la vista.

El invierno estaba comenzando y con ello las noches se volvían cada vez más frías, pero eso a ella no parecía importarle y es que, cuando tienes un fuego latente habitando en tu interior, el clima helado no supone ningún problema.

—Sabía que me buscarías—alzó la voz sin girarse cuando sintió su presencia en la azotea—, por eso decidí no irme muy lejos. De hacerlo te habrías lastimado de nuevo.

—Eres muy considerada—respondió él con voz serena sin detener su avance—. Pero también eres muy imprudente—añadió con un ligero toque de irritación para después sentarse cuidadosamente en el suelo, recargando la espalda en la cornisa.

No estaba usando su traje y la capucha de su suéter no era suficiente para ocultar su rostro así que mantuvo su distancia. A pesar de todo lo vivido en los últimos días, no deseaba que la heroína conociera su identidad de esa manera.

Light Fury lo entendió y en ningún momento miró en su dirección.

—Quizá sea cierto—concordó ella con un divertido encogimiento de hombros—, pero tú no eres muy diferente y lo sabes.

—Supongo que no puedo negarlo—suspiró rendido apoyando un brazo sobre su rodilla flexionada, perdiendo la mirada en el horizonte nocturno que se extendía ante él.

Dejaron que el silencio se apoderara de ambos, sintiendo como el ambiente agradable y sereno los envolvía. Nunca habían tenido oportunidad de estar así: relajados, cercanos y libres de cualquier carga o responsabilidad. Sabían que no sería eterno, pero escapar de la realidad siempre era útil y reparador.

— ¿Cómo sigue tu herida?—preguntó la albina después de un rato apoyando las manos a sus costados y balanceando su cuerpo hacia atrás con suavidad.

—Ha comenzado a sanar—explicó tranquilo llevándose una mano a la zona afectada—, y mis poderes comienzan a normalizarse—añadió—. ¿Tú cómo estás?

—Bueno, he estado mejor—respondió ella con una sonrisa divertida—, mi hombro también está sanando. Por fortuna no me tocó tanto veneno como a ti—liberó un suspiro agotado y pesaroso—. Realmente me preocupé.

—Lo sé y lo siento en verdad—ahora fue su turno de suspirar—. Sé que te debo demasiadas explicaciones pero…

—Ya me las darás después—lo interrumpió irguiéndose y colocando una mano sobre el hombro del héroe, aunque sin girarse a verlo—. No hablemos de eso ahora, ¿te parece? es tu día libre.

Un intento de risa escapó de los labios del azabache, el calor que transmitía la mano ajena a través de su ropa le resultó tan reconfortante y familiar, que apartó todos los pensamientos preocupantes que ya tenían un lugar fijo en su mente.

—Sólo quiero decirte que, sin importar lo que ocurra, no pretendo dejarte luchar solo—confesó con tal seguridad que se sorprendió incluso a sí misma—, ¿te lo dijeron no? Tenías razón, siempre la tuviste—agregó tranquila y, si Night hubiera visto sus ojos, habría notado un brillo lleno de esperanza en ellos—; no siempre podemos protegerlos a todos, ¿pero sabes qué? He decidido protegerte.

—Light Fury, yo…

—No te desharás de mi tan fácilmente—declaró impidiéndole hablar—. Sé que la situación es complicada y que tienes motivos personales de por medio.

Ansiaba tanto poder girarse y encararlo, demostrarle con la mirada su honestidad y determinación; quería dejarle en claro cuán importante era para ella su decisión.

Quería demostrarle que podía confiar en ella de la misma manera en la que él había logrado ganarse su confianza. Era gracioso pensar que, hace tan sólo un par de semanas atrás, le había guardado tanto rencor injustificado y ahora estaba ahí, a su lado, esperando ser aceptada por él.

—Dijiste que hiciste una promesa—continuó poco después—, bueno, ahora yo te prometo que te ayudaré a cumplirla—bajó el rostro, ocultándolo tras su capucha para no revelar el sonrojo que comenzaba a apoderarse de sus mejillas—. No estás solo, Night Fury.

Lo escuchó tragar con fuerza y, por un impulso inconsciente, giró levemente el rostro en busca de su mirada.

—Permíteme luchar a tu lado—susurró cuando un destello esmeralda se hizo presente, obligándola a girarse de nuevo, nerviosa y acalorada.

—No quiero ponerte en peligro—confesó el héroe, hablando por primera vez con voz temblorosa—, pero ahora sé que eso es imposible. Esta situación te incumbe tanto como a mí.

Exhaló, un sentimiento de frustración comenzaba a apoderarse de su interior. Le estaba dando demasiadas vueltas a su decisión, evadiendo la verdad que sabía perfectamente debía revelar.

—Ninguno de los dos puede hacer esto solo—agregó tras recobrar la fuerza en su voz—. Y realmente no quiero hacerlo, ya no más…—suspiró aferrándose a su capucha con manos temblorosas y tragando con fuerza el nudo en su garganta—. La verdad es… que te necesito a mi lado, Light Fury.

—Entonces ahí estaré—logró decir la heroína después de un momento en silencio.

Vio de reojo como él se levantaba para después sentarse a su altura sobre la cornisa, conservando la distancia para evitar que sus rostros se encontraran, ya no sólo por su identidad, sino por algo más.

—No deseo nada más—confesó él con tranquilidad.

— ¡Pero te lo advierto!—agregó de repente la heroína con voz apremiante—, no pienso ser tu Robin; aprecio demasiado mi vida.

Fue en ese momento que ocurrió lo más inesperado.

A sus oídos llegó la risa más fugaz, sincera y relajada que jamás había escuchado. Su corazón latió con tanta fuerza en su pecho y sus mejillas ardieron como el fuego en su interior. Ella no lo sabía, pero ese mismo sentimiento se había apoderado del azabache que reía tranquilamente y con soltura a su lado.

—De acuerdo—concedió sin aliento secando un par de lágrimas que escaparon por error—; pero tampoco seas Batgirl, a ella tampoco le fue muy bien con los payasos psicópatas.

Ahora fue el turno de la albina para reír ocasionando un nuevo revuelo de emociones en ambos.

—Seremos como una Justice League de dos miembros—volvió a hablar, deslizando con cautela una mano sobre el frio borde en el que estaban sentados.

—Combatiremos a nuestro payaso psicópata juntos—concordó ella acercando su mano a la de él.

Cuando sus manos se conectaron mezclando el calor de ambos, se selló el contrato que, más allá de unir sus fuerzas para la batalla que estaba por venir, enlazaría sus vidas para siempre.

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—Así que aquí vives, héroe…—susurró observando la casa cuyas luces continuaban encendidas.

Una tormenta estaba por venir.


Sé que tardé mucho en traerles este capítulo y la verdad lo siento mucho, no fue mi intensión. Simplemente no tuve tiempo de escribirlo, mi proyecto de este semestre y la universidad en sí están acabando conmigo lentamente.

Como sea, espero que les haya gustado, la verdad es que tuve ciertas dudas conforme lo escribía, pero cuando lo releí hace rato me gustó el resultado. Así que ojalá los haga suspirar e incluso se les escapen algunas lágrimas.

Prometo que con el próximo no tardaré tanto. Aprovecharé estos días de contingencia todo lo que pueda (aunque los profesores abusan demasiado), porque también debo el epílogo de La Última Esperanza (¡lo siento!)

Bueno, no me alargaré más. Hasta la próxima…

A todos los que leyeron hoy... GRACIAS