Disclaimer: How to Train Your Dragon no me pertenece, es propiedad de DreamWorks Animation, Dean DeBlois y Cressida Cowell. La historia sí es original y de mi autoría, pero su creación y respectiva publicación es por mero entretenimiento.


Capítulo 11

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Despertó con pereza, gruñendo por lo bajo y aferrándose a las sabanas que lo envolvían, cuando los rayos de luz que se filtraban por la ventana lo golpearon en el rostro.

No recordaba haberla dejado abierta la noche anterior y, con ese pensamiento fugaz, se obligó a sentarse sobre la mullida cama abriendo los ojos para observar la pequeña habitación en busca de alguna anomalía. Agudizó sus oídos, alerta ante cualquier ruido que le indicara que estaba en peligro.

Pero no había nada.

La habitación estaba en orden y era iluminada por la luz que se filtraba por la ventana; las cortinas azules ondeaban suavemente gracias a la brisa fresca del exterior.

Exhaló rendido, relajando sus hombros y regañándose mentalmente por alterarse por una pequeñez.

—Deja la paranoia—murmuró, frotándose el rostro para deshacerse de los residuos del sueño tenido.

Examinó por última vez la habitación, detallando sus paredes de un color beige tan claro que podría confundirse con el blanco; y el ropero de madera arrinconado en el que la noche anterior acomodó sus pertenencias.

Se puso de pie de un salto tras calzarse unas pantuflas y desvió su mirada por primera vez a la mesita de noche junto a la cama. En ella había una pequeña nota escrita con una impecable caligrafía que no tardó en reconocer como la de su madre.

—"Fuimos a trabajar. No quisimos despertarte, pero como sé que no lo harás por tu cuenta, te dejé la ventana abierta"—leyó con el ceño fruncido—. ¿No habría sido mejor un despertador?—argumentó a la nada y, para su sorpresa, la respuesta estaba impresa en el papel—, "porque habrías roto el despertador"… Pues tiene razón—concordó divertido para después leer la última línea de la nota: —"Si puedes, revisa su contenido. Creo que te puede ser de ayuda".

¿Contenido? ¿A qué se refería?

Dirigió nuevamente la mirada a la mesita en busca de una respuesta y, cuando la encontró, el corazón se detuvo en su pecho para después latir con el doble de fuerza.

Ahí, sobre la superficie de madera, se encontraba una memoria USB de color rojo brillante con un pequeño dragón negro dibujado con la precisión que sólo una persona podía tener.

—Hiccup…—susurró sin aliento y la mirada perdida en el dispositivo que sujetaba con mano temblorosa.

¿Qué pretendía su madre al entregarle aquello? Y, más importante aún, ¿de dónde lo había sacado? ¿Acaso ella había visto su contenido?

¿Qué es lo que Hiccup había guardado en él?

Detalló el dibujo mientras deslizaba sus dedos por el objeto, reconociéndolo de inmediato como el mismo símbolo que, en su momento, decoró su traje de héroe.

«Tan sólo imagínalo siendo proyectado en el cielo por toda la ciudad, ¿no sería increíble?»

Eso le había dicho cuando le mostró el primer boceto del dragón negro que se paseaba en sus sueños cada noche.

—Siempre te gustó soñar en grande—suspiró ante el recuerdo de ese día aferrándose a la USB que ahora actuaba como la única conexión a su pasado, ese en el cual su hermano estaba junto a él impulsándolo en su camino como héroe—. ¿Qué idea loca se te ocurrió esta vez?

Casi era mediodía cuando Tyre se sentó a desayunar.

Hundió una mano entre sus cabellos húmedos por la rápida ducha que había tomado, recargando su cabeza contra ella mientras con la otra removía el cereal que perezosamente se había servido.

La herida en su espalda ya había sanado, dejando una nueva cicatriz marcada en su piel como recordatorio de su anterior existencia; pues aunque tenía la capacidad de sanar rápido, no estaba exento de conservar esas marcas de vez en cuando.

Sus padres no se lo dijeron, pero él estaba seguro que se llevaron una gran sorpresa al ver todas las cicatrices en su cuerpo. Quizá no eran demasiadas, pero hacía falta más que sus dos manos para contarlas todas. Recordaba cómo se hizo cada una de ellas y, cuando las tocaba con sus dedos, podía revivir en menor escala el dolor que le provocaron.

No se enorgullecía de esas marcas; pero, de alguna manera, agradecía que estuvieran en él y no en alguien más.

Aunque eso no siempre resultó efectivo…

—Pensar en eso no ayuda, Tyre—se regañó, gruñendo con fastidio para después levantarse y dejar el tazón vacío en el lavaplatos.

Lo lavó con rapidez salpicando agua por todos lados, ansioso por salir de ahí lo más pronto posible. Una cosa era estar en esa casa con sus padres, pero una muy diferente era estar solo; pues era cuando lo inundaba la soledad que su mente actuaba en su contra y, al menos en esta ocasión, no estaba de humor para darle la victoria.

Después de todo no importaba cuanto intentara evadirlo, al final regresaba a un único pensamiento.

—Necesito ver su contenido o me volveré loco—sentenció con cierto pesar secándose las manos en sus pantalones—, o tal vez no—lo consideró deteniéndose en el umbral de la cocina y fijando su vista en las escaleras frente a él.

Su madre le había dicho que quizá lo ayudaría, pero él no estaba seguro. Se trataba de Hiccup y aunque finalmente comenzaba a superar lo ocurrido, le parecía incorrecto revivir todo de nuevo, en especial luego de su última pesadilla.

Volver a esa noche sólo tendría un resultado y, sin duda, no sería nada favorable.

— ¿Por qué es tan complicado?—se quejó deslizándose contra el marco de la puerta hasta sentarse sobre el frío suelo de madera.

Cerró los ojos por un momento, tratando inútilmente de vaciar su mente.

—Sólo hazlo y ya—sentenció abriéndolos de nuevo y levantándose de un salto—, por Hiccup…

Permaneció de pie a mitad del corredor tras salir de la habitación de huéspedes de la cual se había apropiado; su mano se aferraba a la memoria USB de su hermano. Había tomado una decisión pero eso no hacía las cosas más fáciles.

Liberó una exhalación para darse fuerza y fijó su vista por un momento en la puerta que permanecía cerrada a su lado derecho.

La puerta de la habitación que una vez compartió con su hermano y que ahora permanecía sola, fría y oscura.

Sus padres le habían sugerido usarla en lugar de la habitación de huéspedes, pero lo cierto era que él no estaba listo para hacerlo; no estaba preparado para ver su cama y escritorio vacíos. Incluso no discutir por las luces encendidas hasta altas horas de la noche le parecía imposible.

Había cosas que, sin duda, aun no estaba dispuesto a aceptar.

—Basta—se volvió a reprender dando media vuelta, dejando atrás la habitación y los recuerdos que contenía, para después avanzar hacia donde una nueva puerta le daba la bienvenida.

Esta era diferente, se encontraba en el techo y de ella colgaba un cordón que se balanceaba ligeramente gracias a la brisa que entraba por una ventana abierta. Conducía hacia el ático, aunque no era un ático cualquiera…

—Tú puedes—se animó, suspirando por última vez, para tomar el cordón y tirar de él haciendo descender las escaleras de madera que crujieron al caminar sobre ellas.

Cuando al fin estuvo en el ático, se permitió observar todo el lugar, sorprendiéndose al notar que estaba exactamente igual a la última vez.

Había cajas apiladas en un extremo contra la pared y junto a ellas una mesa larga repleta de herramientas, tubos de ensayo, un microscopio y otros utensilios que en ese momento no recordaba. Del otro lado estaban empotrados unos estantes con libros y más cajas garabateadas con un rotulador en un vago intento por clasificar su contenido. En un rincón estaba un pizarrón tapizado de hojas a las que en ese momento prefirió no darles importancia.

Y frente a él, iluminado por la luz que se filtraba por una pequeña ventana, estaba un viejo escritorio de madera con más libros apilados, una lata rebosante de bolígrafos y una computadora con el gabinete acomodado bajo el monitor lejos de la humedad del suelo.

A pesar de sus suposiciones, el lugar estaba impecable, una clara señal de que su madre subía ahí constantemente.

—Aquí vamos—susurró encendiendo las luces para terminar de iluminar el que, en algún momento, fue el laboratorio de Hiccup.

Su destino era el escritorio y avanzó hacia él con seguridad; una seguridad que se derrumbó en cuanto distinguió un nuevo objeto en su superficie. No se detuvo; sabía que no había vuelta atrás, así que se obligó a continuar, incluso cuando su garganta comenzó a arder como una advertencia de lo inevitable.

Sus manos temblorosas se alzaron para tomar la fotografía acomodada junto a la computadora y cuando el frio marco plateado estuvo en contacto con su piel, un ligero sollozo hizo eco en el lugar. Deslizó sus dedos por el cristal, observando con ojos llorosos al par de niños que le sonreían con inocencia, ignorantes del futuro que les esperaba y que ahora era su presente.

—Cuánto lo siento—musitó con amargura recordando esos días llenos de alegría, una época que le parecía tan distante e irreal.

«Hagamos una promesa…»

Le había dicho su hermano ese día, invitándolo a forjar un juramento que sin darse cuenta definiría su futuro.

Aun podía recordar su sonrisa y el calor de su mano al sellar el pacto. La conocía muy bien, pues era la misma que le regaló con su último aliento.

Prometamos ser hermanos para siempre—recordó melancólico sus palabras, sintiendo su pecho comprimirse con dolor—. Cumpliré todas mis promesas—aseguró entonces, recobrando un poco de fuerza y observando el rostro pecoso del pequeño Hiccup—, pero necesitaré un poco de tu ayuda.

Inhaló en busca de calma, devolviendo la fotografía a su lugar, y se sentó en la silla giratoria para después encender la computadora.

Los segundos le parecieron eternos hasta que el sistema le permitió ingresar la contraseña imposible de olvidar que su hermano había elegido. Cuando el inicio se completó, logró insertar con mano temblorosa la USB exhalando con fuerza, listo para revelar su contenido.

Abrió el explorador descubriendo una gran cantidad de videos que esperaban pacientemente ser vistos. Con inseguridad guio el cursor hacia el primero en la lista, reconociendo de inmediato la fecha de su creación.

Su cuerpo entero se tensó cuando el video comenzó a reproducirse mostrando como primera imagen ese mismo laboratorio, con la diferencia de que, en la silla, no se encontraba él sino Hiccup...

Muy bien—se formó un nudo en su garganta cuando escuchó su voz luego de tanto tiempo—, aquí vamos…

Su mirada ahora llorosa se mantuvo fija en el monitor, atento a cada movimiento que el castaño realizaba. Muchas dudas comenzaron a brotar en su interior, pero en ese momento lo único que le importaba era la imagen de su hermano en la pantalla vistiendo una sucia bata de laboratorio y con el cabello revuelto.

Por un segundo le pareció tan real que, cuando Hiccup miró hacia la cámara, pudo sentir que realmente lo estaba viendo a él. Su mirada llena de vida se conectó a la suya, apagada y melancólica, enviándolo a la época que tanto deseaba recuperar.

Bitácora del héroe. Día uno…

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CUATRO AÑOS ATRÁS

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Subió con cautela con su mano sobre el hombro de Hiccup, quien lo guiaba hacia el ático ante su falta de visión, misma que le había ocasionado al vendarle los ojos.

—Último escalón—advirtió con voz serena tratando de fingir la diversión que le proporcionaba el estado de su hermano—. Muy bien, llegamos.

— ¿Ya puedo quitarme esta cosa?—indagó él con cierto fastidio, sintiendo como Hiccup se alejaba de su lado.

— ¡No! Aun no—se apresuró el castaño, deteniéndolo justo cuando sus manos estuvieron puestas sobre la venda, listo para desatarla y recuperar la visión—. Espera un poco más.

Tyre gruñó como respuesta, rendido y frustrado en partes iguales. No entendía qué era lo que pretendía su hermano al hacer todo eso, pero esperaba que al menos valiera la pena. Hace tan sólo un par de minutos atrás había estado cómodamente dormido pues además del largo día escolar que había tenido, como todas las noches debía salir a cumplir con su reciente labor de héroe. Pero a Hiccup no pareció importarle y terminó despertándolo con la urgencia de que tenía algo que mostrarle.

— ¿Podrías dejar el mis…? ¡Auch!—sus reproches fueron silenciados cuando su pierna golpeó una caja que, por algún motivo, estaba a mitad del camino.

—Ah sí, cuidado, hay cajas fuera de lugar—mencionó Hiccup, viendo de reojo como Tyre sostenía su pierna conteniendo el dolor que tremendo golpe le había ocasionado.

—Gracias por la advertencia—murmuró, frunciendo el ceño al escucharlo reírse—. Cuando pueda verte me vengaré.

—Oye, no es mi culpa—se defendió el castaño girándose en su dirección—. Deberías poder percibir lo que hay a tu alrededor como Daredevil o Spiderman.

—No tengo sentido arácnido, Hiccup—le gruñó como respuesta irguiéndose nuevamente y girando el rostro hacia donde, según él, estaba su hermano.

—No, pero el resto fue amplificado—contrarrestó divertido, obteniendo un nuevo gruñido de su parte.

Hiccup rio por lo bajo ante su silencio, un claro signo de que la victoria era suya; y se apresuró a ir por él, guiándolo a través del laberinto de cajas hasta llegar a su escritorio, donde aquello que había estado preparando esperaba ser revelado.

—Muy bien—carraspeó, colocándose a su lado, ansioso por ver la reacción del azabache cuando viera eso—, quítate la venda.

El fastidio que sintió antes fue remplazado por nerviosismo cuando comenzó a retirarla, parpadeando un par de veces para acostumbrarse a la luz del lugar.

Cuando su visión fue clara, la dirigió hacia el escritorio donde una peculiar ropa yacía perfectamente doblada.

—Todo superhéroe necesita un súper-traje—dijo el castaño, sonriente y emocionado viéndolo tomar con manos temblorosas la primera prenda.

En silencio y sin salir de su sorpresa, la alzó para observarla mejor.

Se trataba de un chaleco de cuero negro con una capucha del mismo material unida a unas hombreras reforzadas; en una de ellas resaltaba un símbolo de color rojo que no tardó en reconocer gracias a los bocetos que su hermano dibujó en base a sus descripciones.

Night Fury—musitó delineando la figura del dragón enroscado, perdiéndose momentáneamente en el sueño del cual había salido.

—También necesitabas tu propio símbolo—agregó Hiccup trayéndolo de regreso a la realidad—. Sin duda hará que Batman se sienta celoso, ¿no crees?

Pero Tyre no respondió y no porque no quisiera, sino porque su voz se había desvanecido. En su lugar asintió un par de veces, llevando su atención al resto del traje que seguía sobre el escritorio.

Como complemento del chaleco, había un pantalón también de cuero negro, un par de botas de corte militar reforzadas en las puntas y unos guantes largos hechos del mismo material que las hombreras, con unas aberturas en las palmas para permitirle el uso de sus poderes.

En una sola palabra, el traje era:

—Increíble—logró decir finalmente, sintiendo la boca seca y el pulso acelerado.

— ¿Te gusta?—cuestionó su hermano encontrando su mirada por primera vez, notando el vigor con el que resplandecía.

— ¡Por supuesto!—exclamó entonces con una enorme sonrisa—. Hiccup, es increíble… Tú eres increíble—agregó rápidamente contagiándolo de su emoción—. Gracias.

—Oh, no es nada—negó Hiccup sonrojado colocando una mano sobre su hombro, dándole un cálido apretón—. Sólo cumplía con mi labor de Alfred.

—Definitivamente Batman estará celoso—bromeó Tyre haciéndolo reír.

—Te lo dije—concordó siguiéndole la corriente y, después de un par de risas, agregó: —Rápido, ¡pruébatelo!

Con esa petición que en realidad pareció una orden, se marchó del laboratorio dejándolo sólo para que pudiera vestirse.

Ty no lo supo en ese momento, pero lo cierto era que Hiccup había trabajado en ese traje desde que descubrió su secreto; utilizando todos sus ahorros para comprar el material necesario y descuidando su propia salud al no dormir para lograr terminarlo a tiempo. Dejó de lado otros proyectos para concentrarse en él, pues más que darle una identidad al héroe de Berk, quería brindarle seguridad a su hermano.

Necesitaba asegurarse de que, estando allá afuera arriesgando su vida, tuviera la protección suficiente para garantizar su regreso a casa. Pero Ty no debía escuchar todo eso. No debía abrumarlo con sus preocupaciones, sino ayudarlo a reducir las propias.

—Te queda perfecto—celebró cuando estuvo de vuelta con una humeante taza de café en la mano, observándolo satisfecho—. Pero falta una cosa más.

— ¿Qué?—cuestionó Ty confundido e incómodo al ser analizado por él.

El castaño pasó de largo a su lado; dejó la taza sobre el escritorio tras beber un poco de ella y, con sutileza, se llevó una mano al bolsillo de su bata blanca, girándose para encararlo nuevamente.

—Esto—reveló sonriente, obteniendo de su parte una nueva expresión de sorpresa cuando vio el antifaz negro—. La capucha por sí sola no será suficiente—explicó mientras le colocaba la máscara sobre los ojos, ajustándolo para que no se cayera con el movimiento—. Listo, ahora sí es perfecto.

—Gracias, Hiccup—volvió a decir, observándose en un viejo espejo de cuerpo completo que seguramente su madre había guardado ahí.

—Basta de agradecimientos—detuvo el mayor para evitar un nuevo momento incómodo, palmeándolo en la espalda para brindarle seguridad—. Es hora de entrar en acción, héroe.

Con un ligero asentimiento y una promesa de volver pronto, Hiccup vio partir por la ventana a su hermano, fijando su mirada en él hasta que desapareció entre la oscuridad; dejándolo solo pero tranquilo por primera vez en mucho tiempo.

—Muy bien—carraspeó tras sentarse frente a su escritorio, para luego encender la vieja cámara junto a la computadora—, aquí vamos…

Se irguió en su silla, aclarando sus ideas para poder comenzar a hablar. Conectó su mirada con la cámara, como si pudiera observar a través de ella a la persona que, algún día, estaría en su lugar.

—Bitácora del héroe. Día uno—expresó con calma y voz pausada—. Soy Hiccup Haddock y, a través de estos videos, deseo mostrarle al mundo cómo es que surgió Night Fury y su trabajo como héroe de Berk—hizo una pausa, sereno y seguro—. Quiero que todos conozcan a la persona detrás de la máscara, no por su nombre, sino por sus acciones…

Fue ahí cuando lo supo; la vieja promesa de un par de niños recobró fuerza y valor…

Quizá la misión de Night Fury era proteger la ciudad… Pero la de Hiccup era cuidar a su hermano.

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TRES MESES DESPUÉS

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En un inicio, Night Fury sólo aparecía de noche para proteger el descanso de la ciudad; pero con el tiempo, y al ser reconocido por todos, comenzó a realizar su labor de héroe a toda hora. ¿Era difícil? Sí, y lo metía en problemas con sus padres de vez en cuando.

Pero esta vez resultaría diferente porque ellos no estaban en casa; fue por eso que no lo pensó demasiado cuando escuchó que el banco principal estaba siendo robado. Se había acostumbrado a cargar su traje de héroe en la mochila, justo como Peter Parker lo hacía en su época estudiantil; así que no representó ningún problema detener las actividades de Tyre para cederle el puesto a Night Fury.

Iría, arreglaría todo y volvería rápido para continuar trabajando en el proyecto final que, sin importarle demasiado, dejó a cargo de sus no-tan-confiables compañeros de equipo.

Nada podría salir mal luego de esa decisión.

Al menos eso pensó…

—¡Claramente todo salió mal!—gruñó sin aliento dejándose caer de rodillas en el primer callejón despejado que encontró, otra acción que lamentó de inmediato cuando el dolor en su pierna aumentó al igual que la sangre que se deslizaba por esta—. Hiccup va a matarme por no llamarlo—agregó con una terrible preocupación.

No podía seguir aplazando lo inevitable, necesitaba llegar a casa de inmediato o terminaría desangrándose en un callejón y esa no era una manera muy placentera de acabar sus días como héroe.

—Night Fury no puede terminar en un asqueroso callejón—sentenció levantándose con dificultad, inhalando con fuerza cuando estuvo nuevamente de pie—. Vamos, sólo dos cuadras más—se animó impulsándose para saltar nuevamente hacia los techos que se alzaban frente a él.

*O*O*O*

—Entonces—carraspeó el castaño atrayendo la atención de la chica sentada a su lado, señalando la libreta con la punta de su lápiz—, para derivar esta función lo único que necesitas hacer es…

Su explicación fue interrumpida cuando el eco de un golpe llegó hasta ellos, alertando a la rubia que rápidamente se puso de pie con la mirada fija en el techo como si pudiera ver a través de él en busca de la causa.

— ¿Qué fue eso?—cuestionó frunciendo el ceño.

—No lo sé—argumentó Hiccup, tratando de ocultar su nerviosismo—. Tal vez se cayó algo, Ty suele dejar las cosas fuera de lugar—explicó para restarle importancia, invitándola a volver a sentarse para continuar con sus estudios.

Pero nuevamente fue interrumpido por un golpe más fuerte y escandaloso en el segundo piso.

—Eso no fue sólo un objeto cayendo—determinó Astrid saliendo apresurada de la cocina en dirección a las escaleras.

— ¡Astrid, espera!

Hiccup corrió tras ella, subiendo inquieto las escaleras cuando esta pareció ignorarlo. Tenía una ligera sospecha sobre lo que estaba ocurriendo y no podía dejar que ella se enterara, al menos no de esa manera.

—No, no, no, ¡no entres ahí!—exclamó entre jadeos interponiéndose justo a tiempo entre ella y la puerta de su habitación—. Ty dejó un desorden esta mañana, no puedes entrar—tartamudeó la primera excusa que se le ocurrió, por desgracia no resultó nada convincente.

—Hiccup Haddock, estás mintiendo—reprendió Astrid cruzándose de brazos con una fría mirada que lo hizo temblar de miedo—. Apártate.

Pero él, a pesar de lo mucho que deseaba alejarse, continuó inmóvil frente a la puerta.

—Astrid, por favor—habló suplicante, sosteniéndole la mirada con todo el valor que pudo sacar en ese momento—, no entres.

— ¿Por qué?—cuestionó ella suavizando un poco su porte—, ¿qué me ocultas?

Antes de poder responder, se escuchó un último ruido en el interior de la habitación, pero esta vez no fue un golpe, sino una voz que lo llamaba con urgencia antes de desvanecerse por completo. Para él eso fue suficiente y, sin importarle lo que Astrid pudiera pensar o hacer, abrió la puerta estrellándola contra la pared.

— ¡Ty!—exclamó con terror corriendo hacia donde el azabache se encontraba tendido en el suelo—. ¡¿Qué demonios pasó?!—sus manos temblaron mientras hacía presión en la herida sangrante de su pierna, sintiendo la tibieza del líquido que se escurría entre sus dedos.

—Robo en el banco—murmuró el menor abriendo los ojos con cansancio para observarlo—, estaban armados… Pero los detuve—sonrió sin fuerzas.

El corazón de Hiccup se aceleró con dolor, recordando que seis meses atrás algo similar había ocurrido y como la vida de su hermano se extinguía frente a él.

— ¿Qué… qué es esto?—habló por primera vez la rubia, inmóvil en la puerta, observando la escena que ambos le ofrecían.

—Te lo explicaré, sólo…

—Iré por el botiquín—dijo interrumpiéndolo.

Astrid no necesitó nada más para saber que podía confiar en sus palabras; además en ese momento ayudar a Ty era más importante que cualquier duda que pudiera existir en su cabeza.

Decidió ignorar el traje que vestía el azabache, pasó de largo cuando vio un antifaz en el suelo manchado de sangre y se adentró al baño en busca del botiquín y algunas toallas.

—Debiste llamarme—le reprendió el castaño cuando se encontraron solos, pero bastó con ver su rostro agotado y pálido para saber que debía dejar el regaño para después.

—Lo siento…—alcanzó a susurrar cerrando nuevamente los ojos, rendido ante el cansancio que se apoderaba de él, dejando su cuerpo herido en manos de su hermano y su amiga.

Cerró la puerta tras él observando de reojo a la rubia de pie a su lado. Habían pasado los últimos minutos atendiendo la herida de Tyre y, luego de asegurarse que estaba bien, optaron por marcharse de la habitación para poder hablar sin arriesgarse a despertarlo.

Avanzaron en total silencio por el corredor, bajando las escaleras con él encabezando la marcha y después sentándose en el sillón junto a la chimenea apagada que decoraba el rincón de la sala.

Hiccup carraspeó nervioso, frotándose con insistencia las palmas de las manos en su pantalón. Sabía que le debía muchas explicaciones, pero no tenía ni idea de por dónde comenzar, en especial porque temía las reacciones que pudiera tener al escucharlas.

—Tyre es Night Fury—fue lo primero y lo único que logró decir Astrid cuando finalmente sus miradas se conectaron.

—Sí, lo es—concedió él, dejándose caer contra el respaldo del sillón—. Es una historia muy larga.

—Pues comienza a contarla—declaró Astrid irguiéndose en su sitio, dispuesta a escuchar todo lo que le fuera a decir—. ¿Cómo ocurrió?—comenzó a cuestionar aprovechando su silencio—, ¿cómo es siquiera posible? ¿En verdad tiene…?

— ¿Poderes?—terminó por ella cuando pareció dudar—, sí y son realmente increíbles—agregó como respuesta recobrando la seguridad para continuar—. No sabemos cómo o porqué ocurrió; tenemos nuestras teorías y creemos que está relacionado con el accidente de hace seis meses, pero no lo hemos comprobado.

— ¿El robo en el supermercado?

—Sí—suspiró—, luego de casi morir, Ty comenzó a sentirse diferente y aparecieron estas habilidades sobre-humanas—explicó realizando sus ya peculiares movimientos de manos—. Yo me enteré hace tres meses, aunque lo sospechaba desde antes; y he estado ayudándolo con todo esto desde entonces.

—Tus padres no lo saben—dedujo Astrid, dirigiéndole una mirada severa.

—No… Y lo mejor es que sigan así—determinó él con cierto pesar en la voz—. Ty no quiere preocuparlos—aclaró cuando ella pareció querer recriminarle—, es su decisión después de todo.

— ¡Hiccup!—lo golpeó en el hombro con la suficiente fuerza para dejarle un moretón—, debes estar bromeando—se levantó de un salto, obligándolo a hacer lo mismo para estar a la misma altura—, ¿vas a dejar que Tyre juegue a ser héroe sin decirle a tus padres? ¡Pudo haber muerto hoy!

— ¿Y qué quieres que haga, Astrid?—exclamó él desesperado—, es su decisión—repitió poco después sosteniéndole la mirada por segunda vez esa tarde—; sólo puedo apoyarlo, porque créeme, lo que él hace es todo menos un juego. Ha hecho mucho bien por esta ciudad.

— ¿Pero a qué costo, Hiccup?—insistió ella suavizando su voz para tratar de hacerlo entrar en razón—. ¿En serio estás de acuerdo en que regrese cada noche cubierto de su propia sangre?—suspiró, inclinándose hacia él para atrapar su mano, envolviéndola entre las suyas—. Puede morir, Hiccup…

— ¿Crees que no lo sé?—susurró bajando la mirada, ocultando el miedo que se reflejaba en sus ojos y conteniendo el temblor que se apoderaba de su cuerpo, pero que ella pudo percibir a través de su mano—, todas las noches temo que no regrese…

Su voz se apagó, luchando contra el nudo que comenzaba a formarse en su garganta gracias a la imagen que nuevamente se hacía presente en su mente: La de su hermano perdiendo la vida en sus brazos.

—Por eso decidí ayudarlo—dijo al fin, carraspeando para recobrar el control y alzando el rostro para encararla—, sólo así existirá una posibilidad de que eso no ocurra—ahora fue su turno para envolver las manos de la que, desde hace un par de semanas, se había vuelto su pareja—. Confío en él y en su fuerza, es lo único que puedo hacer. Así que, por favor, hazlo tú también.

Astrid suspiró, debatiéndose entre lo que era correcto y lo que era mejor para todos. Sabía lo que Hiccup le estaba pidiendo con eso y comprendía el enorme sacrificio que estaba dispuesto a hacer por su hermano… el mismo sacrificio que ella pretendía hacer por ambos a pesar de que su instinto le gritara lo contrario.

—Está bien—concedió finalmente regalándole una ligera sonrisa—. Sólo prométeme que nada saldrá mal.

—Gracias, Astrid—asintió feliz por tener su apoyo.

—No tan rápido—detuvo cuando notó que el castaño daba por terminada la discusión; si iba a aceptar, lo haría bajo sus términos—. No me dejarán fuera de esto—declaró y, al ver la confusión enmarcando su rostro, procedió a explicar con una nueva sonrisa cargada de determinación—, te ayudaré a duplicar esa posibilidad.

Ahora fue el turno de Hiccup para sonreír y, sin previo aviso, la atrajo en un fuerte abrazo que sellaría tanto su promesa como los sentimientos que ahora y siempre existirían entre ellos. Ambos ignorantes de que, desde su habitación, un recién despierto Tyre había escuchado todo.

Sin duda no era algo que él tenía planeado y aunque por un lado agradecía el apoyo y confianza de Astrid, al igual que la de Hiccup; en el fondo había una voz insistiéndole que quizá no era tan buena idea…

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SEIS MESES DESPUÉS

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Subió con sigilo, agudizando sus sentidos para poder percibir lo que lo rodeaba entre la oscuridad envolvente. Sus padres habían salido a cenar, por lo cual de la única persona que debía preocuparse esa noche era de Hiccup.

Sí, su hermano conocía su secreto y lo apoyaba al respecto, pero eso no significaba que estuviera de acuerdo con que saliera esa noche para ser héroe; en especial porque había prometido no hacerlo.

Pero no podía evitarlo. Necesitaba encontrarlo antes de que más personas resultaran heridas.

Cuando decidió convertirse en héroe, jamás pensó que terminaría viviendo lo mismo que los héroes de los comics que leía de pequeño. No pensó que él, como cualquier otro justiciero, tendría su propio enemigo. Pero lo cierto era que, detrás de todo superhéroe había, por lo menos, un supervillano.

Batman tenía a Joker, Spiderman a Green Goblin, The Flash a Reverse Flash… Y, desde hace dos meses, Night Fury lo tenía a él

Grimmel Grisly, un hombre despiadado que apareció de la nada y había puesto la ciudad de cabeza con sus acciones. Sólo Ty y su hermano sabían que el cazador era el responsable del caos que se estaba viviendo y eso volvía todo aun peor.

Por eso estaba rompiendo su promesa, porque debía encontrarlo cuanto antes.

Debía detenerlo y evitar que siguiera dañando a personas inocentes.

Debía…

— ¡Quedarte en la cama!—exclamó una voz a sus espaldas haciéndolo saltar de sorpresa—, eso es lo que deberías estar haciendo.

— ¡Hiccup!—regañó cuando la luz del laboratorio se encendió, revelando al par de hermanos que se miraban con aire retador—, me asustaste.

—Te lo tienes merecido—gruñó el castaño avanzando hacia él—. Acordamos que descansarías hasta que tus heridas terminaran de sanar.

Suspiró frustrado sintiendo la derrota y el regaño golpeándolo con fuerza. Pero sabía que tenía razón, y aunque no lo admitiera, comprendía su enojo.

Hace tan sólo dos días atrás se había roto un brazo en su último encuentro con el cazador, está de más decir que se escapó antes de que siquiera pudiera intentar perseguirlo.

—Si nuestros padres vuelven y no estás, no podré cubrirte—advirtió cuando, a pesar de su anterior reprimenda, el azabache continuó ajustándose su traje—. Ya fue bastante difícil encontrar una excusa convincente para justificar las heridas.

—Sé que encontrarás la manera—mencionó relajado, dándole la espalda para poder terminar de prepararse.

— ¡Tyre, estoy hablando enserio!—exclamó obligándolo a girarse de nuevo, sujetándolo por el hombro con fuerza—. No estás en condición para enfrentarlo de nuevo. ¡Ni siquiera notaste que te seguí!—insistió permitiendo que en su mirada se reflejara la preocupación que existía en su interior—. Tus poderes siguen inestables a causa de la droga que usó en ti y…

— ¡Estaré bien!—detuvo desviando la mirada, su frustración aumentaba quemándolo por dentro, advirtiéndole que si no tenía cuidado, el fuego alcanzaría a su hermano—. No puedo continuar escondiéndome mientras él está allá afuera.

—No irá a ningún lado, Ty—agregó con calma, apartándose al sentir cierto calor emanando de su cuerpo—. En este estado no lograrás nada. Sé que es difícil, pero a veces es necesario pensar en ti y luego en el resto; incluso los superhéroes deben permitirse hacer eso.

El azabache suspiró, de nuevo tenía razón y odiaba admitirlo, pero en ese momento no tenía muchas alternativas.

—Tal vez…—concedió rendido, tomando el antifaz que descansaba sobre el escritorio y dejando en su lugar el cabestrillo que sostenía su brazo—, pero aun así debo hacerlo.

Quería averiguar cuál era el objetivo de Grimmel, al menos así podría tener una idea sobre cómo detenerlo.

—Ty…

—Estaré bien—aseguró nuevamente, esta vez con más tranquilidad, regalándole una leve sonrisa para después abrir la ventana del ático—. Volveré antes que nuestros padres, lo prometo.

Y, como cada noche, se marchó dejando a Hiccup observando la basta oscuridad que lo envolvía hasta hacerlo desaparecer.

Debía confiar en él y en su promesa, debía creer que realmente volvería a salvo; pero aun así la angustia crecía en su interior causándole un dolor que nadie, excepto él, conocería.

Se dejó caer sobre su silla, frotándose el rostro para tratar de despejar su mente y controlar los latidos de su corazón. Observó de reojo la cámara predispuesta en su pequeño tripié sobre el escritorio y, sin pensarlo demasiado, se irguió para alcanzarla.

—Hagámoslo una última vez—murmuró encendiéndola y ajustándola frente a él.

Exhaló con fuerza, reuniendo las palabras que necesitaba para expresar, al menos frente a la cámara, todo lo que abrumaba a su corazón.

—Bitácora del héroe. Día…—lo pensó por un momento, tratando de recordar el conteo que había estado llevando y, tras otra exhalación, se dio por vencido—, a quién le importa…

Este no sería un registro como los anteriores.

No era para mostrar los avances de Night Fury.

No era para documentar sus proezas o los inventos nuevos en los que él estaba trabajando para ayudarlo.

Era mucho más…

—Ha pasado un año desde que obtuvo sus poderes y se convirtió en Night Fury—inició finalmente con la mirada fija en la cámara; observando mentalmente a la persona del futuro—. Durante todo este tiempo lo he visto crecer y hacer cosas inimaginables. Pero también lo he visto dudar de sus capacidades—comenzó a relatar con cierta emoción—; y es que, a pesar de los dones que le han sido otorgados, al final sigue siendo un humano…

Suspiró, acercándose un poco más al escritorio, listo para continuar con su siguiente pensamiento. En ese momento supo, sin temor a equivocarse, quien sería la persona viéndolo en el futuro.

—Sigue siendo mi hermano—volvió a sonreír, esta vez con plenitud—. Sigue siendo Tyre Knight Haddock…

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ACTUALIDAD

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Gruesas lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas, empapando su rostro sin piedad.

Había logrado contenerse mientras veía el resto de los videos de su hermano, pero ahora que el último se reproducía, todo lo que había estado almacenando en su interior; la tristeza, la soledad, el dolor, todo finalmente estaba siendo liberado.

«Inicié esta bitácora porque quería documentar los progresos y logros de Tyre en su camino para convertirse en héroe. Tiempo después me di cuenta que mi verdadero objetivo era demostrarle al mundo su valor…

Quería que todos conocieran a Tyre, el chico honesto que daría lo que fuera por proteger a los que ama; y no sólo a Night Fury, el valiente y poderoso héroe de Berk.

No pretendo revelar su identidad a los medios. Ty me golpearía si lo intentara, de hecho lo hará si descubre estas grabaciones.

Pero un día en el futuro, cuando su legado como héroe sea más grande de lo que él alguna vez se pudo imaginar, el mundo necesitará conocer cómo fueron sus inicios y comprender cuántos sacrificios hizo por todos nosotros.»

Sonrió melancólico sin apartar su mirada empañada de Hiccup que, desde el pasado, le devolvía la sonrisa.

«Obtuvo sus poderes tratando de salvar a personas inocentes aun sabiendo que podía morir. A partir de entonces siguió recibiendo balas y golpes por otros, soportando el dolor y el cansancio sin quejarse ni una sola vez…

Así es Ty; eso es lo que lo vuelve tan valioso.

Pero temo…»

Por un segundo la voz del castaño se rompió y sus ojos verdes resplandecieron con tristeza.

Entonces comprendió que, así como él, su hermano también sufrió el peso de su vida como héroe. Comprendió que, a pesar de todo el apoyo y las sonrisas que Hiccup le brindaba, en su interior contenía los mismos miedos y preocupaciones que existían en su propio corazón.

«Tengo miedo de que llegue el día en que reciba más de lo que puede soportar.

Me aterra pensar que puedo perderlo en cualquier momento.»

Comprendió que él no era el único luchando por proteger a los que amaba…

«Cada noche, cuando viste su traje y se marcha a proteger la ciudad, temo que sea la última vez y que el amanecer llegue sin él.

Son gajes del oficio, eso lo sé y sería egoísta de mi parte pedirle que deje de ser héroe. Porque lo cierto es que, con o sin poderes, Tyre siempre ha sido un héroe y eso nadie lo puede cambiar.

Entonces… ¿cómo lidio con este miedo que me consume día con día? ¿Cómo evito que este sentimiento siga creciendo?»

No podía.

Eso era algo que él había aprendido con el tiempo.

El dolor y la angustia jamás desaparecían; pero, si te esforzabas lo suficiente, quizá podías aprender a vivir con ellos.

Él había tenido la oportunidad de lograrlo, aunque aún le resultaba difícil… Pero Hiccup no tuvo la misma fortuna y ahora lo sabía.

Ahora sabía por qué estuvo a su lado esa noche incluso aunque le insistió que se marchara.

Fue por ese miedo que prefirió tomar su lugar para evitar más dolor…

«Ty, he decidido que no voy a dejarte luchar tus batallas solo.

No quiero perderte, no cuando puedo hacer algo para evitarlo.»

El silencio lo abrumó.

Sus lágrimas cargadas de dolor recibieron compañía cuando, desde el otro lado, el castaño liberó las suyas por primera vez.

«Siempre estás arriesgando tu vida por los demás… Y ahora estoy dispuesto a hacer el mismo sacrificio.»

Lo vio limpiarse el rostro, sonriendo con toda la fuerza que conservaba, despejando la tristeza para recobrar la seguridad.

«Ty, hace un año prometí ser tu Alfred; pero ya no deseo ser sólo el chico de la silla que espera tu regreso…

Quiero estar a tu lado y cuidar tu espalda. Déjame ayudarte a derrotar a tu payaso psicópata, incluso aunque tenga una palanca en la mano…»

Su corazón se aceleró al escucharlo decir aquello, el cuerpo antes tenso comenzó a temblar y las lágrimas continuaron su descenso con mayor intensidad.

« Hermano, ¿me aceptarías como tu Robin?»

No pudo soportarlo más.

Un sollozo, fuerte y tembloroso, escapó de su garganta anunciando el llanto que no tardó en dar inicio, resonando en todo el lugar y ahogando la voz de Hiccup que luchaba por alcanzarlo; como si con ello pudiera darle el consuelo que tanto necesitaba.

Te has convertido en un gran héroe y no fue gracias a tus poderes…—logró escucharlo, observando su imagen borrosa a causa de las lágrimas que continuaban acumulándose en sus ojos—, sino a tu corazón.

Intentó regular su respiración agitada, luchando contra el llanto a pesar de saber que no lograría vencerlo.

Se llevó las manos al rostro, secándolo con desesperación. Necesitaba recobrar la fuerza, incluso aunque su hermano no estuviera realmente presente, quería mostrarse fuerte y seguro ante él. Al menos por última vez…

Gracias por dejarme formar parte de esta aventura—le sonrió con ojos resplandecientes, una sonrisa que logró atraparlo, calmándolo como sólo él podía hacerlo—. Y aunque no pueda acompañarte en las siguientes, espero que puedas llegar muy lejos… Toothless…

Una última lágrima escapó cuando la pantalla finalmente se tornó negra, sumiéndolo en el silencio y la soledad. Pero esta vez sentía una indescriptible tranquilidad apoderándose de su corazón, como si el incendio que por años se mantuvo latente en su interior por fin comenzara a extinguirse.

—Nunca dejas de sorprenderme…—musitó, sonriendo de la misma manera que lo hizo Hiccup antes de despedirse y guio su mirada hacia la fotografía de antes—. Gracias…

Al final su madre tuvo razón; pues ahora, luego de tres años estando encadenado al pasado, su hermano le había entregado la llave para liberarse. La llave que le permitiría seguir adelante y sujetar la mano que se alzaba frente él para guiarlo hacia el futuro.


Lo sé, lo sé, tardé demasiado; pero bueno, ya saben que mi vida es complicada.

Este capítulo me costó mucho escribirlo porque en realidad no estaba planeado. Tengo especificado todo lo que va a pasar en cada capítulo y este no estaba contemplado, la idea surgió de la nada y como me gustó decidí escribirlo. Realmente el capítulo 11 como tal será ahora el 12, pero son detalles irrelevantes.

Espero que les haya gustado tanto como a mí (a pesar de los dolores de cabeza que me provocó). ¡Es el capítulo más largo que he escrito de The Furies!

En fin…

A todos los que leyeron hoy... GRACIAS


ANEXOS:

Traje de Night Fury (Original): Este es el traje que Night Fury utilizó en sus inicios y fue creado por Hiccup. Es mencionado por primera vez en el capítulo 11.

Al igual que su traje actual, está inspirado en el traje de Green Arrow en su versión Rebirth (utilizado en la temporada 4 de la serie live action). Claro que de Ty es completamente negro y en una de las hombreras tiene el símbolo del Night Fury en color rojo, justo como la armadura de Hiccup en HTTYD 3.

Dato extra: Me tomé el tiempo de organizar la cronología de todo lo ocurrido previo al inicio de The Furies, es decir, todo lo que ocurrió hace cuatro años con Hiccup y Tyre. Hice una línea del tiempo, si les interesa la pueden encontrar en mi página de Facebook.