Disclaimer: How to Train Your Dragon no me pertenece, es propiedad de DreamWorks Animation, Dean DeBlois y Cressida Cowell. La historia sí es original y de mi autoría, pero su creación y respectiva publicación es por mero entretenimiento.
Capítulo 13
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Su teléfono comenzó a timbrar bajo la almohada, despertándola de su letargo. ¿Cuánto tiempo había dormido? ¿Minutos? ¿Horas? Sentía que recién se había lanzado a su cama y ocultado el rostro contra el mullido colchón. Le dolía todo el cuerpo y la cabeza le punzaba con horror, pero aun así, se aventuró a responder la que, según sus cuentas, sería la segunda llamada en ese intervalo de tiempo.
Tomó el teléfono y deslizó su dedo sin siquiera revisar el nombre escrito en la pantalla.
—Sí cerré todo, mamá—pronunció con voz pastosa, apoyándose sobre uno de sus codos, reusándose a levantarse por completo de la cama.
Pero no fue su madre quien le respondió.
— ¿Light Fury?—la voz rota de una mujer resonó contra su oído, aumentando el martilleo constante en su cabeza.
Reconocía esa voz. Sabía quién era y el hecho de que la llamara, bastó para desvanecer cualquier residuo de sueño que aun quedara en su interior.
— ¿Valka?—logró decir, sintiendo como se formaba un nudo de angustia en su garganta; obligándose a sentarse sobre el colchón, con las manos temblando contra su teléfono—. ¿Qué…?
—Se lo llevaron…—reveló la mujer, interrumpiendo cualquier pregunta que Leily intentara formular—. ¡Se llevaron a mi hijo!
Y eso fue suficiente para que todo a su alrededor se derrumbara. El cansancio se fue, dejándole el lugar a la preocupación y el terror.
Night Fury había sido secuestrado.
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Saltó sobre los tejados, deteniéndose cuando alcanzó a distinguir el reflejo de las luces policiales, provenientes de la misma dirección a la que ella se dirigía. Mentiría si dijera que eso no la alertó, aumentando la preocupación que durante los últimos minutos había controlado su cuerpo.
Se obligó a continuar, su respiración se agitaba con cada metro que avanzaba hasta que llegó a la calle donde vivía la familia de Night. Las luces, rojas y azules, parpadeaban sin parar, iluminando el área alrededor de la casa; consecuencia de los tres autos blancos estacionados frente a esta.
Exhaló con esfuerzo, tratando de recuperar el control de sus sentidos y, tras caer de pie sobre la acera, comenzó a caminar hacia los policías y los vecinos curiosos.
—Oficial—llamó a uno de ellos cuando estuvo a su lado—, ¿qué ha ocurrido aquí?
—Light Fury, ¿a qué has venido?—fue su respuesta; el hombre castaño la observó con una clara confusión.
—Estaba cerca y vi las luces—contestó, luchando por mantener el porte firme y seguro.
—No hay nada en lo que puedas ayudar—dijo el hombre, esta vez con calma y amabilidad; algo que no estaba acostumbrada a recibir y que, sin duda, la sorprendió—, tenemos todo bajo control.
En otras circunstancias, se habría alegrado por conseguir un trato amable e igualitario como heroína; ¡las personas finalmente comenzaban a aceptarla! Desde que se convirtió en Light Fury, había luchado por agradarle a la ciudad; un año entero de intentos fallidos que sólo lograron desanimarla con el paso del tiempo. Pero eso era el pasado, porque ahora Berk comenzaba a notarla y eso se lo debía en gran parte a Night Fury; algo que jamás creyó posible, en especial considerando los malos pensamientos que tuvo sobre el héroe antes y después de su regreso.
Night Fury. El chico azabache de ojos brillantes que, sin darse cuenta, se había apoderado de su mente; el mismo que ahora se encontraba en peligro y necesitaba ayuda.
— ¿Qué ocurrió?—volvió a preguntar, centrándose en el oficial y los ruidos a su alrededor; no podía permitir que los sentimientos nublaran su juicio en ese momento.
—Un intento de robo—comenzó a explicar el hombre uniformado, señalando la casa cuya puerta permanecía abierta—. Los dueños estaban dentro, al parecer lucharon con los ladrones. El ruido alertó a los vecinos y llamaron a emergencias.
— ¿Y los dueños de la casa?—indagó, nerviosa por la respuesta que fuera a recibir.
—Están bien—respondió él con calma—. Ninguno resultó herido. Sólo están asustados, en especial la mujer—otro oficial llamó su atención, obligándolo a marcharse tras un asentimiento que ella correspondió.
Analizó sus palabras con detenimiento, permitiendo que la angustia disminuyera lentamente.
Debió suponer que la presencia de la policía no era debido a Valka y Stoick; el hecho de que lo tomaran como un robo fallido y no se mencionara a una tercer víctima, dejaba en claro que el matrimonio procuró ocultar la verdad para evitar más problemas. Todos pensaban que Valka tenía miedo debido a los intrusos; pero sólo Light sabía la verdad tras ese sentimiento, y eso le oprimía el corazón causándole dolor.
Se alejó de la vista de todos, ocultándose entre las sombras para después volverse invisible con un chasquido de sus dedos. Para cuando el oficial de antes volvió, ella ya había desaparecido, dejándolo confundido. Avanzó con sigilo hacia la puerta abierta, deteniéndose repentinamente cuando dos policías salieron de la casa, quedando a escasos centímetros de ella.
—Llámenos si recuerdan algo más—le dijo uno de ellos a Stoick, que los acompañaba a la salida—. ¿Seguros que no prefieren ir a un hotel o con un amigo?—cuestionó con cierta duda y una ligera preocupación.
—Estaremos bien, gracias por la ayuda—fue la respuesta que le dio Stoick, negando nuevamente el ofrecimiento del policía.
—De acuerdo—concedió con un suspiro el hombre rubio—. Dejaremos un oficial vigilando, por precaución.
El castaño asintió con cierta resignación y, tras unas últimas palabras de agradecimiento, encaminó a los oficiales hacia sus autos, viéndolos partir con una mirada lúgubre que nadie, excepto él y su esposa, podían comprender.
Poco a poco la calle volvió a quedar vacía, sumiendo la casa en completo silencio mientras él regresaba a su interior. La presión en su pecho no disminuía y sus ojos no dejaban de picar a causa de las lágrimas que estaba conteniendo. No se había permitido llorar, porque necesitaba ser fuerte por Valka. Sólo cuando la puerta se cerró tras él, dejó que un par de lágrimas se deslizaran por sus mejillas; mismas que limpió apresurado para después ir al encuentro de su mujer.
—Todo estará bien, Val—susurró, arrodillándose frente a ella y recargando sus manos en el sillón donde permanecía sentada—. Te prometo que lo vamos a encontrar.
Valka asintió. Sus ojos estaban vacíos y sin brillo; justo como tres años atrás, y eso le rompió el corazón al castaño.
No podían perder otro hijo... No cuando al fin había vuelto a su lado.
—Light Fury nos ayudará… ¿verdad?—pronunció ella con voz rota y casi inaudible.
Stoick sujetó sus manos temblorosas y frías, dispuesto a darle una respuesta, pero alguien se le adelantó.
—Lo haré.
En la entrada de la sala, la heroína de traje blanco se hizo visible con un resplandor violeta que la envolvió por unos segundos. Lucía firme, tranquila y segura, mientras avanzaba hacia ellos.
—Les prometo que traeré a Night de vuelta—declaró, cuando estuvo a su lado—. Pero primero necesito saber qué ocurrió realmente.
La pareja se observó con temor, asintiendo en silencio, para después comenzar el relato que aclararía las dudas de la enmascarada.
—Él se preparaba para salir—carraspeó Stoick, tras sentarse junto a su mujer—, dijo que te ayudaría a vigilar la ciudad.
—Pero entonces alguien llamó a la puerta—continuó Valka por él, aferrándose a sus manos con desesperación—. No creímos que algo como esto fuera a pasar… Ella…
— ¿Ella?—repitió Light Fury, intrigada, cuando la mujer no pudo continuar.
—Era una joven pelirroja, creímos que necesitaba ayuda—explicó nuevamente Stoick, frotando con gentileza los hombros tensos de la castaña para intentar calmarla—. Nos atacó. Hizo algo para paralizarnos—agregó con voz lúgubre, bajando la mirada hacia la mano que continuaba unida a la de Valka.
Esa última revelación bastó para que Light comprendiera todo. Su cuerpo se estremeció ante los viejos recuerdos que regresaban a su mente y la inexplicable ira que comenzaba a hacerse presente en ella.
—Speed Stinger—murmuró con cierto rencor; sus puños comenzaron a resplandecer en violeta.
—Sí, así la llamó él—dijo Stoick, alzando la mirada con rapidez para encararla—. Es… la mujer que los atacó en la ceremonia, ¿verdad?—la encapuchada asintió con los labios fruncidos, por algún motivo se sentía culpable por lo ocurrido.
—No venía sola—musitó Valka, captando la atención de ambos—. Había otro atacante, tenía el rostro cubierto por una máscara y…
—Entre ambos vencieron a… Night—logró decir el castaño, dudando por un momento sobre cómo referirse a su hijo—. ¡Pero fue extraño!—exclamó tras recordar los acontecimientos—. Él tenía el control… pero esa mujer dijo algo que lo hizo dudar.
Eso la alertó. La simple idea de que Night Fury resultara capturado era difícil de procesar; al principio creyó que él se habría dejado llevar para proteger a su familia. Pero ahora ya no sabía qué pensar. Speed Stinger sabía algo sobre él, algo importante, y lo había usado en su contra para vencerlo.
—Por un momento pareció…—mencionó Valka, perdida en sus pensamientos—… que conocía al enmascarado—su mirada se conectó con la de Light, abrumándola, como si deseara que ella tuviera la respuesta a sus dudas—. Él dijo que todo este tiempo ese fue el plan de Grimmel—recordó, aumentando la inquietud de la heroína.
Un nuevo estremecimiento se apoderó de su cuerpo, ¿a qué se refería Night con todo eso? ¿Por qué el enmascarado era tan importante como para afectarlo? ¿Por qué…?
Su corazón latió con fuerza, recordando aquello que en el pasado no pareció importante.
Tres noches atrás, cuando los atacaron y Night resultó herido, él detectó algo que ella no comprendió, pero que lo animó a correr varias cuadras en su búsqueda hasta que se desplomó en un callejón. Un algo que ahora parecía ser alguien. La nueva pregunta era, ¿quién podría ser? Y ¿qué relación tenía con el héroe?
—Light Fury—la llamó Stoick tras un rato en silencio, sacándola de sus pensamientos—. ¿Tú sabes algo?
—No lo sé—tartamudeó, tratando de recobrar el control—. Recién conocí a su hijo, no sé qué pasa por su mente. Hay mucho que desconozco sobre todo esto—explicó un poco más segura, disculpándose con la mirada por no poder decir más—; en ese aspecto soy igual que ustedes.
Stoick y Valka se observaron una vez más, como si intentaran convencerse de que su confianza en la heroína seguía intacta. Luchaban contra la inseguridad y el miedo por no saber el paradero de su hijo; ansiando poder verlo de nuevo, sabiendo que sólo él podría aclarar sus dudas.
—Lo único que puedo asegurarles—continuó la albina, irguiéndose en su lugar con seguridad—, es que voy a encontrarlo y lo traeré de regreso.
No les dio oportunidad de responder, pues comenzó a alejarse hacia la cocina, en busca de la puerta trasera por la cual pretendía marcharse sin ser vista.
— ¿A dónde vas?—cuestionó de pronto Valka, levantándose con rapidez para tratar alcanzarla.
—A cumplir mi promesa—declaró, observándolos de reojo una última vez, para después desaparecer con un nuevo destello violeta, sumiéndolos en el silencio una vez más.
*O*O*O*
Despertó con un fuerte dolor de cabeza; su vista continuaba borrosa y la tenue luz en el lugar no era suficiente para permitirle observar lo que lo rodeaba. No fue hasta que recobró el control de sus sentidos, que comprendió la situación en la que se encontraba.
Sus brazos estaban encadenados al techo, cargando con el peso de todo su cuerpo que colgaba un par de centímetros sobre el suelo, balanceándolo suavemente con cada movimiento que hacía para liberarse. Pero no importaba cuanto lo intentara, no podría lograrlo; sus manos estaban cubiertas por el mismo metal de las cadenas: una aleación de hierro de tonalidad verdosa que era prácticamente indestructible.
—Maldición—gruñó por lo bajo; sus hombros le dolían por el esfuerzo aplicado.
Estaba en medio de una habitación lúgubre y húmeda, con más cadenas colgando del techo y una sola ventana, tan pequeña como su mano, en la parte alta de la pared a su lado. La luz que se filtraba por ella era escaza; no sabía si provenía del exterior, o si se trataba de una habitación conjunta.
Cientos de preguntas habitaban en su mente en ese momento, pero sólo una se repetía con insistencia: « ¿Sus padres estarían a salvo?» Su seguridad era lo único que le importaba; podían hacer con él lo que sea, siempre y cuando su familia estuviera bien.
Toda su familia.
—Tengo que…
Su lucha por liberarse se vio detenida cuando se abrió la puerta frente a él, inundando la habitación con más luz y ruido. Su cuerpo entero se tensó y sus ojos se encontraron con los del hombre que, de pie bajo el umbral de la puerta, le sonreía con arrogancia y un claro sentimiento de victoria.
—Al fin despertaste—habló con fingida preocupación, cerrando la puerta tras él y encendiendo las luces que parpadearon sobre sus cabezas.
—Grimmel—gruñó, soportando la ira que comenzaba a brotar en su interior; de no ser por las cadenas que lo apresaban, se habría lanzado a golpearlo—. Si le hiciste algo a mis padres te voy a…
—Tranquilo, héroe—interrumpió, avanzando hacia él con los brazos cruzados tras la espalda—. Ellos están bien… y seguirán así, mientras tú cooperes.
Suspiró, relajando su cuerpo ante aquella revelación, aunque sabía perfectamente que no debía confiar en las palabras del cazador. Su respiración se volvió más pausada y el fuego que, sin darse cuenta, recorría sus venas, comenzó a extinguirse.
— ¿Por qué lo hiciste?—se atrevió a preguntar, carraspeando para que su voz fluyera con calma.
— ¿Qué cosa hice?—evadió con diversión el hombre, caminando a su alrededor.
— ¡Todo este tiempo has estado jugando con nosotros!—gritó, esta vez furioso por su actitud; hasta ahí había llegado la calma—. Por tres años… has sabido quien soy. ¡Lo sabías todo!—trató de alcanzarlo, haciendo temblar las cadenas que lo balancearon con descontrol—. ¡¿Por qué lo hiciste?! ¡¿Por qué haces esto?!
—Oh, vamos, conoces la respuesta—se burló Grimmel, deteniéndose frente a él con los brazos alzados—. ¡Por poder! ¡Para reclamar lo que es mío por derecho!—carraspeó, acabando con su entusiasmo para volver a mostrarse neutral—. Revelarle al mundo quien eras, arruinaría mis planes. Si te cortaba las alas antes de tiempo, jamás aprenderías a volar; jamás llegarías lo suficientemente alto, para que la caída fuera dolorosa y mortal. Así que decidí esperar, sabía que tarde o temprano volverías, y entonces estarías listo para cumplir mis planes… Y así fue.
— ¿Por qué me necesitas?—insistió Tyre, queriendo aclarar las sospechas que, durante los últimos tres años, se habían apoderado de su mente.
Aunque al principio las acciones del cazador eran incomprendidas por él, luego del accidente que lo obligó a marcharse de Berk; vagando por todo el país en busca de algo que ni siquiera él sabía qué era, se encontró no sólo con las respuestas a todas las dudas, sino con personas dispuestas a ayudarle a descubrir el verdadero significado de su lucha.
Pero eso no cambiaba el hecho de querer escuchar esas mismas respuestas por parte de Grimmel. Porque él era el responsable de todo lo que le había ocurrido y, como un pago por ello, al menos esperaba que diera la cara y explicara sus razones.
Quería estar seguro de que el camino que había elegido era correcto. Necesitaba saber que sus suposiciones eran acertadas, porque sólo así estaría seguro de que podría detener al cazador antes de que fuera demasiado tarde.
—De nuevo, conoces la respuesta—mencionó Grimmel, sacándolo una vez más de sus pensamientos—. Tú y Light Fury son la clave para lograr lo que quiero. ¡Ustedes abrirán las puertas al otro mundo!—exclamó con tal seguridad y entusiasmo, que abrumó al azabache—. Pero para eso necesito la llave, así que… Dime dónde está.
— ¿Llave?—repitió Ty, fingiendo confusión. Sabía que revelarse ante él no resultaría nada bien, pero si actuaba con un poco de ignorancia, quizá podría ganar tiempo suficiente para pensar en una forma de escapar—. ¿La del baño o cuál? Grimmel, debes ser más cuidadoso sobre dónde dejas tus cosas.
— ¡Déjate de bromas!—gritó, esta vez con una ligera irritación—. No te hagas el estúpido conmigo, Tyre Haddock—la simple pronunciación de su nombre, le ocasionó escalofríos y unas incontrolables nauseas—. Dime dónde está la llave.
Pero el azabache no respondió. Presionó sus labios con fuerza, como una clara muestra de que no lograría obtener nada de él, y eso aumentó la furia que el cazador había estado conteniendo.
—Bien…—murmuró con la respiración pausada y la mandíbula tensa.
Avanzó hacia la mesa ubicada en un rincón de la habitación y comenzó a inspeccionar los objetos acomodados en ella. Cuando encontró lo que buscaba, se giró nuevamente hacia el joven encadenado, disfrutando de su expresión confundida cuando vio lo que traía en las manos.
—Supongo que tendré que motivarte a hablar—declaró sonriente, presionando el único botón del control remoto que había encontrado.
Un ligero zumbido se escuchó en la maquina junto a la mesa, revelándose poco después como un generador de energía portátil. Esa simple acción fue suficiente para aumentar la confusión del azabache; pero antes de que pudiera formular una pregunta, la respuesta llegó a él con una fuerte descarga eléctrica que recorrió su cuerpo a través de las cadenas que lo apresaban. En lugar de palabras, de sus labios brotó un potente grito de dolor.
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La búsqueda de Light Fury se extendió hasta el amanecer, pero no tuvo el éxito que esperaba.
Antes de volver a su casa, para poder descansar un poco e ir a la escuela; regresó a la residencia del héroe, rendida y con el cuerpo adolorido por el esfuerzo excesivo que había realizado durante las últimas horas. El matrimonio la había observado con un brillo de esperanza, que se apagó con una simple negación de su parte. Le dolía no tener respuestas para disminuir su angustia, pero –para ese punto– Night Fury estaba fuera de su alcance; y odiaba admitirlo, odiaba el hecho de no poder hacer nada para cambiar lo ocurrido. Deseaba tanto salvarlo, pero no sabía cómo hacerlo…
¿Qué clase de heroína era, si no podía proteger a las personas que eran importantes para ella? ¿Cómo pretendía cuidar de toda una ciudad, si ni siquiera pudo apoyar a su compañero cuando más la necesitaba? Había prometido ayudarlo a resolver sus problemas, pero al final terminó fallándole sin siquiera intentarlo.
Aun así no podía rendirse, porque sí ella no lo encontraba, nadie más lo haría. Night dependía de ella y no podía seguir defraudándolo.
Con ese pensamiento en mente, saltó fuera de su cama, ajustándose nuevamente el traje blanco, dispuesta a volver a salir. La escuela tendría que esperar; se reportaría enferma, inventaría cualquier excusa y no importaba si le creían o no, porque en ese momento su prioridad era el héroe.
Tecleó un mensaje rápido para Storm, pidiéndole tomar notas por ella y asegurándole que estaría bien, para después escabullirse por su ventana, con el frio viento matutino golpeando su cuerpo. Exhaló con fuerza, renovando sus energías bajo la promesa de que no regresaría, a menos que fuera con Night Fury a su lado.
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Eran alrededor de las diez de la mañana, cuando lo peor ocurrió…
Se había detenido sobre la azotea de un edificio para recuperar el aliento. La ciudad entera parecía haber despertado finalmente, llenando las calles de ruido y movimiento, gracias a las personas que se dirigían a sus trabajos o escuelas. A sus oídos llegaban lejanas conversaciones amistosas, el claxon de los vehículos y sus motores ronroneando al avanzar.
Parecía ser un día cualquiera en Berk, como si nada malo hubiera ocurrido en las últimas semanas… como si la vida de su héroe no corriera peligro en ese momento.
—Me pregunto qué harían si lo supieran—musitó la albina, observando el paisaje urbano que se extendía frente a ella.
Quizá no debió cuestionarse aquello, pues el enemigo tenía preparada una respuesta que, sin duda, no le iba a gustar. Y claro, esa respuesta no tardó mucho en llegar.
A una cuadra de su posición, se alzaba uno de los edificios más altos de la ciudad; mismo que correspondía a la televisora de Berk y que, en la parte central, poseía una enorme pantalla donde solían transmitir las noticias más importantes, así como algunos mensajes publicitarios. La mayoría de las veces nadie prestaba atención a las imágenes que se proyectaban en ella; pero claro, siempre hay una excepción… y esta lo fue.
Las noticias matutinas se vieron interrumpidas; desconcertando a las personas cuando la pantalla se oscureció, obligándolos a fijar sus miradas curiosas en ella. Por unos segundos, hubo un inquietante silencio, hasta que una potente voz se alzó por los altavoces. Una voz que Light Fury reconoció de inmediato y que le provocó escalofríos.
Se apresuró a llegar hasta ese edificio, saltando sobre las demás azoteas con todo el sigilo que le fue posible en ese momento y, cuando estuvo frente a la pantalla, sus sospechas y temores se hicieron claros.
—Buenos días, ciudadanos de Berk—saludó Grimmel Grisly con una sonrisa fingida, realizando una exagerada reverencia—. Bienvenidos a esta transmisión especial que, sin duda, los dejará sin palabras.
Hubo una ligera pausa que le permitió a los espectadores formular preguntas cargadas de confusión y que, seguramente, no tendrían una respuesta clara. Nadie, excepto la heroína, sabía quién era ese hombre; y por ese mismo motivo, sólo ella conocía sus intenciones.
—Mi nombre no es importante, así que olvidaremos las presentaciones—volvió a hablar, alejándose del enfoque de la cámara, permitiendo que una sombra tras él fuera el nuevo objetivo—; porque nuestro protagonista es él.
Las luces en la habitación se encendieron, revelando la identidad de la sombra.
—Con ustedes, Night Fury: el Héroe de Berk—anunció, señalándolo con exagerados movimientos de sus brazos.
Las expresiones de horror y los jadeos de angustia no se hicieron esperar. Ante ellos se encontraba su héroe en las condiciones más deplorables que pudieron imaginarse alguna vez.
Su traje estaba sucio y no portaba su capucha, por lo que tenían una visión clara de su rostro enmascarado, ese que ahora estaba lleno de moretones. Tenía los brazos encadenados, cargando con todo el peso de su cuerpo agotado.
—Descuiden—mencionó Grimmel, despreocupado, volviendo a aparecer en cámara junto al héroe prisionero—, aún sigue con vida—declaró, palmeando su rostro maltratado para obligarlo a despertar.
Sus ojos verdes lucían cansados y sin ese brillo eufórico que Berk tanto admiraba. Por un segundo pareció observarlos a todos, hasta que llegó a Light Fury y, aunque sabía que era imposible, sintió que esa mirada iba dirigida a ella.
Contuvo el sollozo que ardía en su garganta, cayendo de rodillas cuando la fuerza abandonó su cuerpo. Le dolía el corazón a causa de la impotencia y la culpa que la había estado consumiendo durante las últimas horas. Night Fury estuvo sufriendo todo ese tiempo y ella no pudo hacer nada para evitarlo.
—Si quieren que continúe viviendo—la voz del cazador se alzó nuevamente por todo el lugar, aumentando la desesperación de Light—, deben cumplir con mi única demanda—su rostro se iluminó con una perturbadora sonrisa que la hizo estremecerse en su lugar, cuando su mirada pareció encontrarla.
Tras él, Night Fury comenzó a susurrar palabras de advertencia que no fueron escuchadas, pero que ella logró comprender.
—Entrégate, Light Fury, y todo esto terminará—sentenció Grimmel, ampliando su sonrisa.
Un nuevo eco de jadeos llegó a sus oídos, mezclándose con los latidos descontrolados de su corazón. Sus ojos comenzaron a cristalizarse y su mente dejó de pensar con claridad. Todo estaba ocurriendo tan rápido, que no alcanzaba a comprenderlo, y eso sólo aumentaba su angustia.
— ¡No lo hagas, Light!—esta vez todos lograron escuchar al héroe que, con lo último de sus fuerzas, se oponía ante su captor—. ¡No le des lo que quiere!
—Night…—musitó con voz rota, tratando de levantarse a pesar de sus piernas temblorosas.
—No importa lo que pase—continuó, tragando con fuerza—, te prometo que no será tu culpa.
Por segunda ocasión, sus miradas parecieron encontrarse, disminuyendo la presión en el pecho de la albina por unos segundos; justo antes de que el dolor se apoderara de ambos una vez más.
—No hagas promesas que no podrás cumplir—declaró Grimmel, presionando un botón que envió una fuerte corriente eléctrica al cuerpo del héroe.
Sus gritos de agonía resonaron en los oídos de todos, haciendo llorar a más de uno. Sólo fueron unos segundos, pero para ellos resultó eterno, antes de que Night Fury se balanceara inconsciente una vez más con las cadenas humeantes quemándole la piel.
—Tienes seis horas, Light Fury—sentenció el cazador, volviendo a ser el centro de atención luego de tan atroz espectáculo, al que, claramente, no le mostró mucho interés—. Si no estás aquí para el atardecer, su querido héroe morirá.
Con eso dicho, la pantalla volvió a oscurecerse, sumiendo a todos en un silencio sepulcral que fue roto únicamente cuando la señal de la televisora volvió a restablecerse. El presentador en turno intentaba inútilmente de explicar lo ocurrido, pero claro, nadie le prestó atención. Y es que, ¿cómo hacerlo, cuando la vida de Night Fury corría peligro? ¿Cómo continuarían con su rutina diaria ahora que sabían lo que le ocurría al héroe?
Ahí estaba la respuesta que, inconscientemente, Light Fury había solicitado.
Su teléfono comenzó a vibrar, obligándola a salir de su trance para responderlo.
—Light Fury—una vez más, la voz rota de Valka inundó sus oídos.
El mensaje de Grimmel había sido transmitido por toda la ciudad.
—Lo sé—se limitó a responder, levantándose al fin con el cuerpo firme pero tenso—. Lo haré pagar por esto.
Ya no había dolor, tan sólo una interminable ira que ardía en su pecho gracias al fuego que corría por sus venas. El mismo poder que había jurado usar para proteger, ahora suplicaba ser empleado para destruir, cambiando sus ojos por los de una criatura que, hasta hace poco, había permanecido dormida en su interior.
*O*O*O*
—No… no vendrá—logró pronunciar con voz ronca, luego de despertar con el cuerpo aun adolorido y la piel quemada por la electricidad que lo atravesó—. Es más lista de lo que crees.
—Yo no estaría tan seguro—respondió Grimmel, girándose para encararlo—. Ella es igual a ti; jamás abandonaría a alguien en peligro. Eso no es lo que hacen los héroes, ¿o sí?
Exhaló con dolor, odiando el hecho de que tuviera razón en ese aspecto, pero confiando en que Light Fury tomaría la decisión correcta.
—Ahora—carraspeó el hombre—, ¿qué te parece si retomamos nuestra anterior conversación?
Esa simple sugerencia lo hizo estremecerse, como si una nueva corriente eléctrica lo golpeara. Estaba seguro de que no podría soportar esa tortura por más tiempo; pero también sabía que no podía darle lo que quería.
—No importa cuánto lo intentes—declaró con la poca fuerza que aún conservaba—, no voy a decirte nada.
—Eso me ha quedado claro—confesó Grimmel, pero no se mostró preocupado; en realidad, ni siquiera parecía estar a punto de rendirse—. Por eso creo que debemos llevar la «motivación» al segundo nivel.
Tragó con dificultad, inquieto por lo que esas palabras pudieran significar; aunque claro, no estaba dispuesto a averiguarlo, al menos no por su cuenta.
Sobre sus cabezas, un par de bocinas se encendieron, produciendo un ligero ruido de estática que fue reemplazado por la voz de una mujer.
—Todo listo, jefe—dijo la que, sin duda, era Speed Stinger.
El cazador sonrió con malicia, dando unas últimas indicaciones a la pelirroja; la estática volvía a escucharse y la angustia del héroe no hacía más que aumentar.
Por un momento estuvo a punto de formular una pregunta, pero el hombre se le adelantó, enviando una nueva descarga a su cuerpo. Esta, aunque fue de menor intensidad que las anteriores, estremeció su cuerpo, aumentando las quemaduras que recorrían sus brazos y pecho. Se mordió la lengua para contener sus gritos, saboreando la sangre cuando la cortó con sus dientes.
—Tú sabes algo que yo necesito—inició, señalándolo con el control remoto—, y yo tengo algo que tú quieres.
Más que confundirlo, esa revelación lo alertó. No había tenido tiempo de interrogarlo sobre sus sospechas, pero sin duda eso fue suficiente para aclararas.
Al final había tenido razón. Grimmel estuvo jugando con ellos antes y después del incidente de hace tres años; él siempre tuvo la ventaja… y ahora sabía por qué.
— ¿Qué te parece un intercambio?—le sugirió tranquilo, con los brazos cruzados tras la espalda—. La llave, a cambio de su vida. ¿No te parece una gran oferta?
—Grimmel…—gruñó, conteniendo su ira—, si te atreves a lastimarlo…
— ¡Oh, yo no le haré nada!—exclamó, fingiendo sentirse ofendido—. Lo harás tú—declaró poco después, con una nueva sonrisa maliciosa—. Quizá tú puedas resistir las descargas, pero dudo que sea igual para él.
El botón fue presionado nuevamente y la electricidad recorrió su cuerpo sin compasión. Pero sus gritos no estuvieron solos esta vez, porque una segunda voz se hizo presente a través de las bocinas. Y esa voz, cargada del dolor provocado por la misma tortura, le resultó tan familiar, que gruesas lágrimas recorrieron su rostro.
Los gritos de esa persona firmaron su sentencia, y no podría continuar escapando de ella.
Es todo por esta ocasión, ¿qué les ha parecido? La verdad es que tenía meses ansiando escribir este capítulo y el resultado me ha encantado (¡quedó justo como lo imaginaba!). Y sobre el siguiente, bueno, sólo puedo decirles que será más intenso que este.
Voy a estar intentando actualizar semanalmente mis dos fics, pero de manera intercalada. Es decir, esta semana actualicé The Furies y la siguiente tocará Sigue a tu Destino. No prometo lograrlo al 100% porque acabo de volver a la universidad y es un completo caos.
En fin…
Antes de retirarme, les dejo un dato curioso e.e
**En el capítulo se menciona que Light estuvo buscando a Night hasta el amanecer y luego Grimmel le da hasta el atardecer para entregarse. Realicé una investigación sobre las horas de luz en Noruega, para poder explicar esto:
Tomando en cuenta que en la historia está por iniciar el invierno, nos encontramos a finales de Noviembre. Durante ese mes, en la parte sur de Noruega (en Oslo), el atardecer comienza a las 4 p.m. y amanece a las 8 a.m. (El día sólo dura 7 horas O.O) **Obviamente mientras más al norte estás, el día durará menos; y Berk se encuentra un poquito más arriba de Oslo, hacia el este.
Por último, Light recibió el llamado de Valka aproximadamente a las 10 p.m.; y más o menos a las 11 p.m. comenzó a buscar a Night. Fueron demasiadas horas dando vueltas por Berk, ¿no creen?
Ahora sí es todo xD necesitaba compartir mi investigación con ustedes. Estos datos realmente no afectan la historia, pero sentí necesario detallar esas cosas (a veces se me sale lo perfeccionista xd)
A todos los que leyeron hoy... GRACIAS
Pdt: Si les interesa saber más sobre las horas de Noruega, en los anexos, en mi fanpage, les dejaré una tabla que encontré con todas las horas más específicas (usando como base a Oslo).
