Disclaimer: How to Train Your Dragon no me pertenece, es propiedad de DreamWorks Animation, Dean DeBlois y Cressida Cowell. La historia sí es original y de mi autoría, pero su creación y respectiva publicación es por mero entretenimiento.


Capítulo 14

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Las palabras del cazador continuaban repitiéndose en su mente aun después de apagar la televisión, su rostro abrumado se reflejaba en la pantalla negra, consumiéndose a sí misma con la mirada.

Stormfly se encontraba a su lado, pero no importaba cuánto lo intentara, su voz no lograba traerla de regreso a la realidad. No entendía su reacción, al menos no por completo, y eso solo empeoraba la situación en la que ambas estaban.

Se frotó el rostro con una mano, apartando el flequillo que cubría sus ojos y, tras un suspiro cargado de frustración, se levantó del sillón en el que había estado sentada.

— ¿Astrid?—llamó nuevamente la castaña, desesperada por no obtener una respuesta.

Suspiró, observándola por un segundo con una mirada neutral; no deseaba preocuparla más de la cuenta, pero tampoco podía contarle la verdad que se ocultaba tras la máscara del héroe prisionero.

—Estoy bien—logró articular, regalándole una sonrisa forzada—. Estaré arriba.

Dio media vuelta, dejando atrás a su prima que, confundida y angustiada, no dejó de llamarla desde la sala mientras ella subía las escaleras hacia su habitación, cerrando la puerta con un golpe sordo, sumiéndose en el silencio en busca de consuelo.

—Debo hacer algo…—susurró, deslizando su cuerpo contra la pared hasta caer sentada sobre el suelo; abrazó sus piernas con fuerza, ocultando el rostro en sus rodillas, mientras su corazón latía sin control—. Después de todo, te lo prometí, Hiccup…

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TRES AÑOS ATRÁS

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Sujetó su brazo con fuerza, obligándolo a detenerse a mitad de su carrera. No fue hasta que giró para encararla, con una clara expresión de confusión, cuando ella finalmente aflojó el agarre hasta liberarlo.

— ¿Qué es lo que piensas hacer?—se atrevió a preguntarle, manteniendo sus ojos azules fijos en los verdes de él; tratando de ver a través de ellos la razón de sus recientes acciones.

—Tyre está en problemas, Astrid—fue lo primero que alcanzó a responder, usando cierto toque de obviedad y prisa que ella comprendió a la perfección. La situación que estaban atravesando no era ajena para ninguno—. Debo ayudarlo.

—Hiccup…—susurró ella conteniendo su desesperación, volviendo a sujetar su brazo cuando él estuvo por alejarse de nuevo—. Sé que prometí que te apoyaría en esta alocada decisión; pero esto es demasiado, incluso para ti.

Tenía miedo. Estaba aterrada por lo que pudiera ocurrir.

Hasta hace unos minutos atrás, habían estado reunidos con los padres del castaño para celebrar el pasado cumpleaños de Tyre y la reciente carta de aceptación que Hiccup había recibido de la universidad a la que pretendía asistir. Pero conforme el tiempo pasaba y Tyre no aparecía, todos comenzaron a preocuparse por su bienestar. Bastó con escuchar las noticias de último momento para saber la razón de su ausencia y eso, claramente, aumentó sus inquietudes.

Night Fury se encontraba luchando contra otro súper-humano en el centro de la ciudad, y según lo que todos decían, el héroe estaba perdiendo.

Stoick y Valka no comprendieron porqué eso alertó tanto a la joven pareja, ni tampoco porqué su hijo se marchó a toda prisa del restaurante en el que los cuatro se encontraban; y claro, Hiccup no se iba a detener a explicarles. Fue Astrid quien tomó la iniciativa, disculpándose con ellos con la mirada, para después seguirlo con el corazón latiendo con fuerza a causa del miedo que comenzaba a brotar en ella.

Un miedo que no hizo más que incrementar ahora que lo tenía en frente, con esa mirada tan decidida e impaciente que, sabía bien, no representaban nada bueno.

—Hiccup, por favor…

—Debo hacerlo, Astrid—repitió él, capturando la mano que lo sujetaba, entrelazando sus dedos con los de ella para infundirle un poco de paz, a pesar de saber que no sería suficiente para calmarla—. Es mi hermano, tengo que protegerlo.

Una lágrima solitaria escapó de los ojos de la rubia, rodando por su mejilla hasta que fue detenida por él, acariciándola con ternura.

Ella sabía que no podría hacerlo cambiar de opinión.

—Astrid—volvió a llamarla, tragando con fuerza mientras acunaba su rostro; por alguna razón las palabras no querían salir de su garganta—… Si algo sale mal…—logró pronunciar al fin con una voz ligeramente temblorosa, que estuvo a punto de romperse cuando vio los ojos azules cristalizarse—, quédate junto a Tyre; no dejes que haga una locura él solo.

—Lo haré—aseguró, conteniendo el sollozo que amenazaba con escapar por sus labios—. Sólo, prométeme que nada saldrá mal.

El castaño no respondió, su voz finalmente se había apagado. Le asintió con una pequeña sonrisa y acercó su rostro al de ella, rozando sus labios tibios; regalándole un beso corto pero cargado de sentimiento.

Fueron solo unos segundos de calidez antes de que se alejara, retomando la marcha hasta desaparecer, dejándola sola en ese callejón, con una fuerte presión en el pecho que no lograría comprender hasta que, horas después, viera a Night Fury salir de entre los escombros con un cuerpo sin vida en sus brazos.

La despedida y la promesa que desde entonces arderían grabadas en su corazón…

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ACTUALIDAD

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Suspiró nuevamente tras ese recuerdo, secando las lágrimas que, sin darse cuenta, habían recorrido sus mejillas. Se irguió con la espalda contra la pared y buscó su teléfono en el bolsillo de su pantalón. Ahora su mirada estaba cargada de decisión; su mente y su corazón habían vuelto a estar bajo su control. La fortaleza Hofferson volvía a inundar su cuerpo.

—Respondan—murmuró ansiosa tras iniciar la llamada, escuchando con impaciencia los tonos de espera.

¿Astrid?—la voz femenina se hizo presente, regresándole un poco de paz.

Tragó con fuerza, reconociendo el dolor impregnado en su voz, el mismo que percibió tres años atrás y que a todos les costó disipar.

—Valka—devolvió finalmente, frunciendo el ceño con determinación; no había vuelta atrás—. Lo que sea que vayan a hacer para salvarlo, yo también quiero ayudar.

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Stoick estacionó el auto con nerviosismo, observando la fachada de la casa a la que habían llegado. Respiró con el cuerpo tenso y sujetó la mano de su mujer; regalándole una mirada tranquila, para asegurarle que todo estaría bien.

En silencio, ambos bajaron del vehículo y emprendieron la marcha hacia la entrada de la casa, nerviosos por lo que fuera a suceder después.

Tomando la iniciativa, el castaño golpeó la puerta con los nudillos, esperando impaciente una respuesta que, por fortuna, no tardó en llegar.

La puerta se abrió con lentitud, permitiendo que unos ojos curiosos los observaran por la abertura para después invitarlos a entrar, a pesar de que en ningún momento la persona del otro lado se mostró ante ellos.

Avanzaron con cautela, observando de reojo la sombra de la persona oculta tras la puerta. Un fuerte sentimiento de advertencia se había apoderado de sus cuerpos y una insistente voz les gritaba que no era correcto estar ahí; pero no podían evitarlo, la vida de su hijo dependía de eso.

—Estamos buscando a…

—Lo sé—cortó la dueña de los ojos curiosos, cerrando la puerta tras ellos y girándose lentamente para encararlos—. Me alegra que llegaran.

La pareja le observó con detenimiento, identificando rápidamente el vestuario blanco que la joven portaba. Aunque ya lo sospechaban, no pudieron evitar sorprenderse cuando vieron el juvenil rostro que era decorado por un cabello platinado y unos brillantes ojos azules; pero, aún más importante, desprovisto de un antifaz.

Una mano, esta vez libre de guantes, se alzó frente a ellos con determinación.

—Soy Leily Bristow—pronunció sin titubear—. Y como lo prometí, traeré de regreso a su hijo.

Definitivamente, no había vuelta atrás.

Depositó un par de tazas con café humeante sobre la isla que dividía la sala y la cocina, justo frente a la pareja que permanecía sentada en las sillas de madera.

Le dio un sorbo grande a su propia taza, sintiendo cómo el líquido caliente le quemaba la garganta, desvaneciendo el deseo de querer dormir; y los observó con paciencia, esperando que alguno dijera algo, luego de haber permanecido en silencio desde su revelación.

Stoick fue el primero en hablar. Su rostro mostraba una clara preocupación por la albina.

—Light… Leily—se corrigió, carraspeando tras beber un poco de café—. ¿Estás segura de que esto es correcto?—cuestionó, aún inseguro ante el hecho de conocer su identidad.

—Créanme, es la mejor opción—se limitó a responder, envolvió la taza con sus manos, mezclando su propio calor con el del recipiente—. Ustedes han confiado en mí desde que nos conocimos; así que decido devolverles el favor—confesó con una ligera sonrisa, llevándose nuevamente la taza a los labios—. La situación lo amerita, no llegaremos muy lejos si hay secretos deteniéndonos—la sonrisa se desvaneció, no podía negar que se sentía impotente e insegura.

Dudaba sobre sus capacidades. No creía contar con la fuerza suficiente para continuar, pero sabía que no podía rendirse; así que, usando la poca energía y determinación que aún conservaba, continuaría adelante hasta salvar a Night Fury.

El rose frío de la mano de Valka la estremeció, obligándola a alzar la mirada para encararla; confundida por su acción repentina y la creciente sonrisa que formaban sus labios.

—Sé que te lo he dicho demasiado—comenzó a decir la mujer, esta vez sujetando su mano—, pero gracias, por todo lo que estás haciendo por nuestro hijo.

La albina negó con tranquilidad, devolviéndole el apretón de manos con nueva seguridad.

—No es nada que él no haría por mí—respondió, firme y serena, reconfortando a la pareja—. El tiempo se acaba—agregó poco después, retomando su anterior porte serio; irguiéndose en su asiento, a pesar del crujir de su columna que le exigía descansar—, debemos actuar rápido.

— ¿Tienes algún plan?—cuestionó Stoick ahora curioso, concordando con su opinión y frotándose las manos con nerviosismo.

Leily regresó la atención a su taza, bebiendo nuevamente del contenido. Sus labios, irritados por el líquido caliente, temblaron cuando las palabras se prepararon para salir.

—En realidad, sí—pronunció, apartando la taza y concentrándose en los adultos. Inhaló con fuerza, recobrando su seguridad para poder continuar—. Grimmel quiere a Light Fury… y pretendo dársela.

Las miradas de ambos adultos se oscurecieron, conectándose con la de ella en busca de una explicación que, sin duda, no le agradaría a ninguno.

— ¿Qué?—tartamudeó Valka en un estado de alerta—. Lo que dices es una locura, ¡no puedes entregarte!

—Valka tiene razón—la apoyó el castaño, levantándose de su asiento para mostrarse más firme ante la joven—, no puedes darle lo que quiere.

Leily suspiró, frotándose el rostro con cansancio, para después ponerse de pie. Caminó alrededor de la isla, pensando en las palabras correctas que le ayudaran a convencerlos.

— ¡Lo sé! Pero no tengo más opciones—exclamó poco después, renunciando a su búsqueda y mostrando su desesperación—. Pasé toda la noche buscando su guarida, pero no logré nada—su voz tembló por un instante, antes de que lograra recuperar su anterior fuerza—. Esta es nuestra única oportunidad para encontrar a Night.

—Leily, si dejas que te capturen, nada asegura que podrán escapar—insistió Stoick, esta vez con más serenidad, preocupado por la vida de la joven heroína—. No sé por qué Grimmel los quiere, pero sin duda no debe tenerlos.

—Eso también lo sé… pero como dije, no hay más opciones—volvió a suspirar, deteniéndose frente a ellos para encararlos—. El tiempo se agota, si me entrego, al menos ganaremos un poco más—su mirada azul volvió a iluminarse con la esperanza de ser comprendida—. Por favor, tienen que confiar en mí.

Sabía el enorme riesgo al que se sometía con ese plan, pero también sabía que sólo así podría alcanzar al héroe. Él había arriesgado mucho por todos, debía devolverle el favor. Incluso aunque llegara a morir, no podía renunciar a su deber; fue el camino que eligió cuando se convirtió en Light Fury y no tenía retorno.

—No podemos permitir que hagas eso—la insistente voz de Valka la trajo de vuelta a la realidad—, no puedes ponerte en riesgo. Debemos buscar otra manera.

— ¡No la hay!—exclamó como respuesta, sin saber qué más hacer para convencerlos.

La castaña se estremeció, retrocediendo un par de pasos y observando a su esposo, en busca de una aprobación hacia lo que estaba por sugerir.

—Tal vez…—carraspeó insegura—. Tal vez ella pueda ayudarnos a encontrarla.

— ¿Quién?—cuestionó Leily ahora confundida, aplacando por un momento sus emociones descontroladas, para observar a la pareja que parecían debatir en silencio sobre si era correcto hablar de esa persona.

—Una amiga de la familia—fue Stoick quien respondió al fin—. Es de confianza y conoce el secreto de Night Fury. Antes de llegar aquí, hablamos con ella y dijo que quiere ayudarnos—explicó con más calma, encarándola para mostrar mayor seguridad—. No tienes que revelarte ante ella, pero…

Leily entonces comprendió que, en contra de lo que pensaba en un inicio, ellos nunca dejaron de confiar. La desesperación y la inseguridad jugaron con ella, impidiéndole notar el verdadero significado de sus miradas y sus negaciones. Estaba tan concentrada en dar lo mejor de sí misma, que no se dio cuenta de que frente a ella ya no sólo se encontraban los padres de Night Fury, sino dos amigos que se preocupaban por su bienestar.

Sus ojos ya no sólo mostraban miedo y preocupación por su hijo, sino también por ella. Y no tenía que ver con el hecho de conocer su identidad, sino con la persona que, con sus acciones, había demostrado ser; ganándose más que su confianza… Ganándose su cariño.

—Está bien—musitó, conteniendo el nudo que se había formado en su garganta para sonreírles ligeramente, rindiéndose ante ellos—, si ustedes confían en ella, entonces yo también lo haré—agregó con mayor seguridad, hasta que un nuevo pensamiento se apoderó de su mente.

No estaba segura, pero necesitaba confirmar una sospecha.

—Sólo una cosa—carraspeó, inquieta por preguntar—, ¿podrían decirme su nombre?

Stoick y Valka se observaron una última vez antes de responder. Y con ello, la sospecha se volvió realidad…

—Astrid—pronunció Valka—. Astrid Hofferson.

Una nueva sonrisa, esta vez de ironía, se formó en sus labios. Ahora más que nunca, estaba convencida de la decisión que había tomado y, teniendo eso en mente, buscó su teléfono ante la mirada confundida de los adultos.

— ¿La… conoces?—añadió Valka con intriga.

—Es la prima de mi mejor amiga—se limitó a responder, sin cambiar su expresión, mirándolos de reojo mientras iniciaba una nueva llamada.

Luego de un par de tonos, la voz de la rubia resonó contra su oído.

¿Hola?

—Astrid, soy Leily—saludó con fingida calma—. Sé que no es normal que te llame pero, ¿podrías venir a mi casa?

¿Ocurrió algo?—cuestionó notablemente preocupada, aunque quizá ese sentimiento no era por ella—. Puedo decirle a Storm que vaya a tu casa; llegó hace un rato de la escuela—explicó poco después con voz apremiante—. No es un buen momento para mí, yo…

—Lo sé—detuvo, prediciendo el rumbo que tomaría la conversación. Inhaló con fuerza, preparándose para continuar; sabiendo que, con ello, habría una persona más conociendo su secreto—, y por eso debes venir.

No hubo una respuesta del otro lado por varios segundos, hasta que la rubia pareció comprender el significado de tales palabras.

Leily, ¿acaso tú…?

—Te explico cuando llegues—se limitó a decir, ocultando el nerviosismo que comenzaba a apoderarse de ella—. Confía en mí. No queda mucho tiempo.

Escuchó a Astrid suspirar, antes de que respondiera con su característica determinación, contagiándola de ella y fortaleciendo el fuego en su interior.

Estaré ahí en diez minutos.

Como lo prometió, Astrid no tardó mucho en llegar.

En cuanto cortó la llamada, se apresuró a tomar sus llaves y todo lo que pensó que sería de utilidad, bajando las escaleras con tal rapidez que estuvo por caer; gritándole una excusa improvisada a Storm que, de nuevo, la llamó inútilmente mientras la veía partir.

Astrid sabía que tendría que darle muchas explicaciones cuando todo terminara, pero en ese momento no deseaba preocuparse por eso, así que prefería seguir adelante y hacerse cargo de las consecuencias después.

El trayecto a la casa de Leily fue corto y, cuando estuvo frente a la puerta, no fue una gran sorpresa ser recibida por Valka. Sí, fue extraño, pero en el fondo era algo que sabía que podía ocurrir. Luego de recibir la llamada de la albina, comenzó a tener sospechas sobre el verdadero motivo detrás de esta; en especial porque los Haddock le habían explicado anteriormente que Light Fury les estaba ayudando a buscar a Tyre.

Con eso en mente, no hubo mucho en lo que pensar para encontrar una respuesta, pues esta era muy clara.

—Entra, Astrid—le dijo la castaña con calma, mientras cerraba la puerta tras ella, permitiendo que la rubia observara el pequeño corredor que conocía a la perfección, gracias a las visitas anteriores que hacía con su prima.

Se dirigieron a la sala junto al recibidor, donde Stoick las esperaba de pie al lado de los sillones. Tras él, recargada contra la isla que dividía la sala y la cocina, estaba Leily, con los brazos cruzados y vistiendo un traje que no tardó en identificar.

—Gracias por venir—fue lo primero que le escuchó decir, mientras avanzaba en su dirección con porte nervioso—. Sé que debes tener muchas preguntas, pero…

—Tranquila—detuvo, regalándole una breve sonrisa y colocando una mano sobre su hombro, sintiendo como se estremecía ante su tacto—, ya pasé por esto una vez así que… creo que lo entiendo.

Ahora que tenía a la chica cerca, pudo observar lo cansada que lucía. Su cabello estaba un poco revuelto, la piel más pálida de lo normal y la luz de sus ojos era opacada por las bolsas negras, producto de la falta de sueño. Tenía el cuerpo tenso y la respiración agitada.

—No le diré a nadie sobre esto—prometió, demostrando tal seguridad, que esperaba fuera suficiente para aplacar sus miedos—. La verdad es que tenía mis sospechas desde hace tiempo—confesó, cambiando su tono a uno más nervioso y sentándose contra el reposabrazos de un sillón—. Luego de convivir con Night Fury, aprendí a fijarme en los detalles—relató cuando tuvo la atención de todos—. Pero no estaba segura de que fueras tú… y no quise preguntarte, así que… preferí dejarlo así.

No quería aumentar la carga que, sabía bien, estaba sobre los hombros de Leily. Su objetivo era ayudar a Tyre y para eso debía asegurarse que la chica estuviera concentrada en lo mismo; no podía darle más preocupaciones en ese momento y tampoco a los Haddock.

—Gracias, Astrid—logró decir, sonriendo ligeramente, iluminando por un segundo su rostro cansado.

La rubia le devolvió la sonrisa, lista para decir algo más, pero una nueva voz la interrumpió, atrayendo la atención de todos hacia una misma dirección y, cuando sus miradas estuvieron puestas en el intruso, la calma y confianza de Leily se destruyeron por segunda vez en ese día.

—Tú…—pronunció la joven castaña frente a ellos, retrocediendo un par de pasos de vuelta a la cocina—. Yo… escuché a Astrid hablar contigo, así que la seguí—comenzó a relatar, más para sí misma que para el resto; tan confundida y aterrada que su cuerpo temblaba—… Entré por la parte de atrás y… y yo…—sus ojos comenzaron a cristalizarse, conectándose con los azules de la albina que avanzaba temerosa a su encuentro.

—Stormfly…—llamó Leily con la voz rompiéndose al final.

La castaña negó con fuerza, dejando en libertad la primera lágrima.

—Tú eres Light Fury.

—Storm…—insistió, apresurando el paso para alcanzarla—. Te lo puedo explicar…

—Eres Light Fury…—dejó de retroceder cuando su cuerpo se encontró contra el marco de la puerta de la cocina; su mirada perdida se desvió hacia las demás personas en la habitación—. ¿Tú lo sabías?—le cuestionó a su prima, quien negó con cierta duda y preocupación.

—Acabo de enterarme—respondió Astrid.

Storm asintió, aun envuelta en el trance y confusión que no deseaban soltarla.

—Si ustedes están aquí…—carraspeó, luchando contra el nudo en su garganta; concentrándose en la pareja de adultos—, entonces él es Night Fury.

Se deslizó contra la pared, sentándose de rodillas sobre el suelo. Sentía que la cabeza le daba vueltas, incrédula por todo lo que había descubierto en tan poco tiempo. Le dolía el pecho, justo donde su corazón latía sin control, y la garganta le ardía a causa del llanto que trataba de contener. Tenía unas ganas inmensas de llorar, pero no por tristeza; sus emociones eran de coraje y decepción.

Leily lo sabía y temía que, en cualquier momento, la castaña explotaría por su culpa.

— ¡Mis dos mejores amigos son superhéroes y nunca lo supe!—exclamó, cumpliendo con las expectativas de la albina—. ¡Me mintieron todo este tiempo!

El cuerpo de Leily se estremeció, haciéndola caer de rodillas. Ahora sentía más culpa que antes.

— ¡Lo sé y lo siento!—logró responderle, conteniendo sus propias lágrimas, intentando inútilmente de mantenerse fuerte.

Vio a Astrid y los demás marcharse, agradeciéndoles en silencio mientras tragaba con fuerza, dispuesta a continuar. Lo menos que podía hacer por Storm, era brindarle las respuestas que le exigía con la mirada.

—Tenía miedo, Storm…—murmuró con voz frágil—. Les mentí a ti y a mamá, porque quería protegerlas—sus miradas se encontraron, ambas rotas y apagadas—. Lo que hago es peligroso y no deseaba involucrarlas…—confesó entonces.

Era la primera vez que admitía en voz alta los riesgos de su trabajo; no se arrepentía de su decisión, jamás lo haría, pero eso no evitaba que sintiera miedo cada vez que se ponía su traje.

—¡Estuvo mal, lo sé!—continuó con más potencia, rogando ser comprendida—, pero era la única manera de mantenerlas a salvo.

— ¡Con más razón debiste decirme!—reclamó la castaña con dolor, apartando la mirada para no caer ante la culpabilidad de su amiga—. Debiste confiar en mí, te habría ayudado.

—Lo sé—susurró Leily, bajando la mirada a sus manos, donde ligeros destellos violetas comenzaron a formarse—. Hubo veces en las que realmente quise hacerlo, pero me acobardé.

Convirtió sus manos en puños, dispersando las llamas violetas que estallaron contra su piel, dejándole una sensación de ardor que, de alguna manera, la reconfortó.

Sí, sabía que había cometido errores, que estuvo mal ocultarle la verdad y no confiar en ella. Sí, se sentía culpable por mantener esa parte de su vida en secreto. Pero mentiría si dijera que se arrepentía de hacerlo; en realidad, de ser necesario, lo haría de nuevo sin dudarlo.

—Estás en tu derecho de odiarme—declaró entonces, recobrando la compostura y levantándose con el cuerpo firme. No podía continuar lamentándose y llorando por sus acciones del pasado—. Puedes incluso dejar de ser mi amiga si así lo deseas…—pasó saliva con cierta dificultad—, pero en este momento mi prioridad es salvar a Night.

¿Night?—repitió la castaña confundida—. ¿Tú… no sabes quién es él?

La nueva mirada nerviosa y la tensión en el cuerpo de la albina, fueron suficientes para que Storm tomara una decisión. Había logrado comprender la situación más allá de lo poco que alcanzó a ver al principio y, de pronto, recordó la razón por la cual todos estaban ahí, volviendo a sentir el peso de la ausencia de cierto azabache.

—Es… es complicado—fue la única respuesta que Leily logró pronunciar.

—Claro…—alargó ella, levantándose de un salto, alisando su blusa y sacudiendo sus pantalones—, a ustedes les encanta complicar todo—suspiró mientras se cruzaba de brazos con una nueva sonrisa iluminándole el rostro—. Bueno, entonces habrá que des-complicarlo.

— ¿Stormfly, tú…?—la albina frunció el ceño, siendo ahora ella la confundida ante las palabras de su amiga.

Creía tener una vaga idea sobre lo que atravesaba su mente, pero necesitaba pruebas para poder estar segura de que tenía razón.

—Estás equivocada si crees que te odio—reveló Storm con una preocupante tranquilidad; ¿cómo era posible que pudiera cambiar de actitud de manera tan drástica, cuando hasta hace poco parecía querer llorar a gritos y golpearla?—. Ni siquiera lo odio a él, y me ha mentido por más tiempo y de peor manera—agregó para relajar la tensión que comenzaba a percibir de nueva cuenta, recobrando la seriedad y el porte firme—. Estoy dolida, me siento traicionada y con ¡mucho coraje! Pero confío en que ambos me darán una explicación completa cuando todo termine.

Una ligera sonrisa comenzó a formarse en los labios de la albina. Al final, sus suposiciones no eran equivocadas.

— ¿Nos ayudarás?

— ¡Por supuesto!—exclamó ella con renovado entusiasmo, aferrándose a sus hombros en un acto amistoso—. Hay que salvar a ese idiota, para que pueda matarlo por mentirme y largarse sin decirme nada.

La sonrisa se amplió, contagiando a la castaña y culminando con una risa musical que le devolvió la calma a ambas. Sin darse cuenta, la barrera invisible que las había estado dividiendo, finalmente se había desvanecido, permitiéndoles volver a ser el par de amigas que fueron antes.

—Storm, te prometo…—carraspeó Leily, tratando de recobrar la compostura—, no, te juro que jamás volveré a mentirte.

—Claro que sí, me aseguraré de que así sea—aseguró ella, liberándola de su agarre para después llamar al resto con un par de gritos, dando por finalizada la conversación.

En poco tiempo, la sala estuvo llena de nuevo. Storm los observó a todos, hasta que se topó con la mirada de su prima, distinguiendo en sus ojos un brillo peculiar cargado de preguntas y sentimientos que en ese momento no quería descubrir.

—No me veas así, Hofferson—la señaló acusadora para después cruzarse de brazos, haciendo una mueca de fingido disgusto—, tú también me debes muchas explicaciones.

—Lo lamento—se limitó a susurrar la rubia.

—Sí, sí—evadió Storm, restándole importancia—, parece que esa será una frase recurrente a partir de ahora…—observó a todos nuevamente y, tras un carraspeo, continuó—. Y bien, ¿cuál es el plan? Porque deben tener uno si están todos aquí.

La expresión de Leily volvió a oscurecerse, recuperando el aspecto que tenía antes, al recordar el problema sin solución que enfrentaban. Compartió un par de miradas con los Haddock, antes de volver a concentrarse en la castaña.

—Alto ahí—detuvo, comprendiendo la respuesta que la otra chica se negó a pronunciar. Un nuevo sentimiento, esta vez de miedo, se apoderó de su interior—. Debes estar bromeando—sentenció con el ceño fruncido—, ¡¿pretendes entregarte a ese loco?! Creo recordar perfectamente que Night Fury te gritó que no lo hicieras.

—Stormfly, tú no entiendes; es la única manera en que podré salvarlo—se defendió.

—No, no, no entiendes. ¡Si te rindes él gana!—contradijo la castaña—. ¿A caso pretendes enfrentar a toda la pandilla de súper-psicópatas tú sola?—reprendió, mirándola con una nueva expresión frustrada—. ¿Al menos te has visto en el espejo? ¡Se nota que no has dormido nada!—sus ojos se fijaron en la taza vacía sobre la mesita de la sala, alertando aún más a sus sentidos—. ¿Cuántas tazas de café has bebido?

—Eh… cuatro—le respondió ella, frotándose el cuello con nerviosismo.

—No puedo creerlo—suspiró Storm rendida, pasándose una mano por el rostro para después encarar a los demás—. ¿Ustedes lo aprueban?

—No, pero…

—Hey—interrumpió la albina con reproche—, si tienen alguna otra sugerencia, los escucharé con gusto.

Pero ninguno dijo nada, y eso sólo aumento la frustración en ambas jóvenes. El tiempo se acababa y si no se decidían rápido, la vida del azabache también lo haría.

—En realidad—mencionó de pronto Astrid, atrayendo la atención de todos. Había estado pensativa por varios minutos, analizando con detalle el plan de Leily en busca de alguna alternativa y, finalmente, parecía haberla encontrado—, tu idea no es tan mala.

Aunque no era la respuesta que todos esperaban…

— ¡Astrid!—exclamó Storm, claramente molesta por no tener el apoyo de su prima.

—Quiero decir…—corrigió la mayor para calmarlos, dispuesta a aclarar su idea—. Grimmel espera a Light Fury, ¿o no?—dijo con calma, intentando contener la sonrisa que comenzaba a formarse en sus labios. Una inexplicable emoción y adrenalina habían nacido en su interior, esa que dio por muerta hace tres años—… Basta con darle una.

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El Sol comenzaba a ocultarse y sus últimos rayos de luz se reflejaban en las ventanas de los edificios, cuando el tiempo prometido se acabó.

En el centro de la ciudad, frente al edificio de la televisora donde esa mañana había sido transmitido el mensaje del cazador, estaba preparada toda una barricada con policías que evitaban el paso de los civiles que, curiosos, observaban tras las cercas a la pelirroja de traje vistoso que recientemente había arribado al lugar.

No tuvieron que pensarlo demasiado para saber que había sido enviada por Grimmel para recibir a Light Fury… Si es que decidía aparecer.

La policía no quiso enfrentarla, pues la habían reconocido como una de las atacantes del evento de hace unos días y, por eso, sabían que no podrían contra ella. Speed Stinger no tardó en confirmárselos, declarando a toda voz que, si realizaban cualquier movimiento en su contra, tendrían que lidiar con la muerte de alguno; un precio que nadie estaba dispuesto a pagar. Así que, rogándoles a todos los dioses en los que creían, decidieron confiar en que Light Fury llegaría para salvarlos.

Es curioso como la aceptación hacia una persona cambia de repente cuando no te queda esperanza en nadie más. Durante todo un año se reusaron a reconocerla como su heroína, confiando en que Night Fury volvería tarde o temprano y que nadie podría reemplazarlo. Pero ahora, estando ahí con esa amenaza latente y su héroe secuestrado; no tenían más opción que tragarse su orgullo y creer en las capacidades de Light Fury.

La ciudad de Berk se había visto forzada en aceptar a otro héroe, poniendo sus vidas y seguridad en sus manos. Creyendo, rogando, que eso fuera suficiente para libarse del mal que los acechaba. Ignorantes ante el hecho de que ese mal era causado por los mismos héroes que habían jurado protegerlos…

—Vaya—susurró la pelirroja, sonriendo con diversión cuando sus ojos se encontraron con su objetivo—, así que al final decidió venir.

Las miradas de todos se concentraron en un mismo punto, aquél donde una joven vestida de blanco surgía entre las sombras con paso seguro. El fulgor de sus ojos azules impresionó a más de uno, estremeciéndolos y dejándoles un sentimiento inexplicable.

Speed Stinger, por el contrario, ensanchó su sonrisa, alzando los brazos con entusiasmo y reduciendo la distancia que la separaba de la heroína.

— ¡Grimmel estará tan feliz por esto!—exclamó, liberando una sonora carcajada para después recobrar la cordura. Se llevó una mano a la cintura, señalando con la otra a la encapuchada, indicándole con ese gesto que se detuviera—. Estamos muy complacidos de tener tu cooperación—declaró con fingida diplomacia, sacando del bolsillo en su cinturón unas esposas de metal verdoso.

Alzó el objeto, obteniendo una rápida respuesta de la contraria que, para sorpresa de todos, no opuso resistencia; extendiendo los brazos y permitiendo que las esposas envolvieran sus manos, privando a sus dedos del movimiento y del fuego que, en otra ocasión, los habría iluminado.

Speed Stinger volvió a sonreír, sujetándola de un brazo y guiándola hacia la camioneta blindada donde sus compañeros la esperaban. La empujó con brusquedad contra las puertas abiertas, disfrutando las expresiones de terror que se extendieron por todos los espectadores cuando la heroína entró en el vehículo.

—Es hora de marcharnos, Light Fury.

Las puertas se cerraron con un golpe que hizo eco en todo el lugar. Una sentencia de lo que, dentro de poco, iba a ocurrir y que cambiaría la vida de ambos héroes.

El plan estaba en marcha y, como siempre, no había vuelta atrás


¡Eso es todo! ¿Cómo vieron este capítulo? Siento que fue un poco relajado a comparación de los anteriores, una pequeña pausa para reflexionar sobre lo que estaba ocurriendo antes de tomar una decisión. La verdad es que me costó bastante escribirlo, y por ese mismo motivo tardé en actualizar, ¡lo siento!

Si me siguen por Facebook sabrán porqué se me dificultó y es que… últimamente no he tenido buenos días, no entraré en detalles pero diré que la universidad estaba acabando con mi cordura. Ya estoy mejor, sobrevivo y es lo que importa.

Sólo quería hacerles saber que estoy bien… y agradecerles a todos los que se preocuparon por mí y me dejaron comentarios/mensajes de apoyo. Realmente los aprecio demasiado, ¡este capítulo está dedicado a ustedes, personitas bellas!

No habría logrado salir de ese hoyo sin ustedes, así que gracias…

Y también gracias a Hanyo no YashaHime, por devolverle algo de "equilibrio" a mi vida xD (Necesitaba algo para cortar tanto sentimentalismo e.e)

En fin…

A todos los que leyeron hoy... GRACIAS

Pdt: En esta ocasión, usé como "inspiración" la canción del ending "Break" de YashaHime xD por si gustan escucharlo, dejaré el link en mi fanpage. (youtube: watch?v=M-1M2s-Quow)