Disclaimer: How to Train Your Dragon no me pertenece, es propiedad de DreamWorks Animation, Dean DeBlois y Cressida Cowell. La historia sí es original y de mi autoría, pero su creación y respectiva publicación es por mero entretenimiento.
Capítulo 15
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Observó al hombre frente a él mientras la puerta se cerraba lentamente. Su cuerpo herido continuaba colgando de las cadenas que apresaban sus manos, estaba seguro de que, al menos uno de sus hombros, se había dislocado por el peso constante. En su mente surgía una infinidad de frases ingeniosas para quejarse de la situación, pero estaba tan cansado que no tenía ánimos de pronunciar ninguna.
—No vendrá—dijo en su lugar, con voz ronca, cuando el cazador avanzó a su encuentro.
— ¿Eso crees?—respondió el hombre con burla—. Lamento desilusionarte, pero ya viene en camino.
Tragó con fuerza, pasmado por la sorpresa y el enojo que comenzaba a fluir en él. Sabía que existía la posibilidad de que Light Fury se entregara, pero él había decidido creer en lo contrario, confiando que sus palabras serían suficientes para convencerla de no hacerlo. Al final se había equivocado y ahora otra persona inocente pagaría las consecuencias.
—No te atrevas a lastimarla, ella no…
— ¿No tiene nada que ver en esto?—recitó el cazador, interrumpiéndolo—. Vamos, héroe, ambos sabemos que sí—sentenció y tenía razón; era imposible negarlo—. Y no puedo prometer que no le haré daño—añadió, aumentando el enojo del azabache—, no mientras continúes resistiéndote.
—Grimmel...
— ¡Dime, héroe!—volvió a interrumpirlo—, ¿cuántas personas deben resultar heridas, para que me des lo que quiero?
No podía ni quería responder a eso; por el contrario, apartó la mirada, evadiendo sus provocaciones. Era verdad que ya muchos habían sido lastimados por su culpa, pero si hablaba, los condenaría a todos. No era justo, y dolía demasiado.
El mayor dilema de un héroe era tener que elegir entre sus seres queridos y el bienestar del mundo. Darle prioridad a las necesidades de los demás, a costa de las propias; eso es lo que un héroe debería hacer. Pero, ¿cómo sigues luchando, cuando al salvar a muchos corres el riesgo de perder a los que amas?
No siempre se podía salvar a todos, pero él realmente deseaba hacerlo. No quería perder a nadie más…
—Supongo que no dirás nada—determinó Grimmel con cierta tranquilidad.
—No, mientras sigas lastimándolo y amenazándome, ¡no te diré nada!—exclamó con la última fuerza que aún conservaba, encarándolo nuevamente.
—Entonces tendré que recurrir al último recurso—concluyó sin cambiar su porte, retrocediendo hasta la puerta para abrirla con un botón—. No quería hacerlo, porque puede destruir tu cordura—hizo un ademán de locura con sus manos—; pero no me has dejado otra opción.
La puerta se deslizó, permitiéndole ver a un hombre castaño y uniformado; al principio no lo reconoció, pero eso cambió cuando sus ojos se acostumbraron a la luz proveniente del corredor.
—Changewing—murmuró, un escalofrío recorrió su cuerpo al comprender lo que estaba por ocurrir.
—Al parecer no son necesarias las presentaciones—comentó Grimmel tras alcanzar a escucharlo—. Creo que conoces las habilidades de los Changewing—continuó, mientras el castaño se adentraba, con la puerta cerrándose tras él, sumiendo nuevamente la habitación en la penumbra—: Camuflaje, ácido…—enumeró con calma—; pero hay una que pocos conocen y que nos será muy útil.
El escalofrío se repitió, esta vez con mayor intensidad.
—Hipnosis.
El castaño se acercó a él tras un asentimiento de su líder. Tyre intentó alejarse, pero cómo hacerlo cuando estás encadenado al techo. No importaba cuánto se resistiera, no había manera de escapar esta vez; Grimmel finalmente iba a obtener lo que quería.
Las frías manos del hombre sujetaron su cabeza, obligándolo a mirarlo a los ojos a pesar de todas sus protestas; esos ojos que, iluminados de un color carmesí, parecieron engullirlo, volviendo todo oscuro a su alrededor. Incluso aunque lo intentara, no pudo apartar su mirada. Le dolía el pecho y le faltaba la respiración, era como si el Changewing absorbiera la poca energía que aún conservaba.
Los dedos fríos se sentían como agujas atravesando su cabeza, hurgando entre sus memorias en busca de algo útil. Y, aunque él se apresuró a cerrar todas las puertas antes de que su interior fuera expuesto, al final los candados cedieron.
Su mente se rindió, y entonces, la oscuridad lo envolvió.
—Ya puede hacerle una pregunta—dijo el castaño, aun sosteniendo la cabeza del héroe cuya mirada ahora se encontraba perdida en el vacío.
Grimmel volvió a acercarse, observando victorioso como Night Fury finalmente estaba a su merced. Carraspeó y habló con voz pausada contra su oído:
— ¿Dónde está la llave del Dragon Eye?
El cuerpo del azabache se estremeció, una última lucha contra la hipnosis, antes de responder.
—La… tiene…—pronunció con dificultad, su voz temblaba—… Alastair Grant.
— ¿Dónde?—insistió el cazador, inconforme con la respuesta dada.
—Alastair… Grant—repitió cada vez con mayor dificultad.
Grimmel volvió a preguntar, ahora más ansioso, pero el resultado continuó siendo el mismo. Encaró al otro hombre, en busca de una explicación que, sin duda, no le iba a gustar.
—Hay algo más bloqueando su mente—le dijo con voz agotada, el control que tenía sobre el azabache comenzaba a romperse—, está más allá de mis capacidades—confesó, temeroso por las consecuencias—. Si continuamos, su sistema nervioso colapsará.
—Detente—determinó el cazador, suspirando rendido—. No me servirá de nada si pierde la cordura.
Antes de que cualquiera pudiera decir algo más, el comunicador de Grimmel comenzó a timbrar. No necesitó atender el llamado para saber lo que significaba, y eso le devolvió su alegría.
—Andando—mencionó, dirigiéndose hacia la puerta, siendo seguido por el castaño—. Light Fury ha llegado.
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El sonido de la puerta abriéndose y unas cadenas en movimiento, hicieron eco en toda la lúgubre habitación, despertándolo nuevamente. La cabeza le dolía ahora más que nunca, por lo que se negó a abrir los ojos para recibir a la nueva compañía. No tenía la energía ni el humor para enfrentarse otra vez a Grimmel.
Pero cuando la puerta se cerró, anunciando la partida de uno de los intrusos, comprendió que no se trataba del cazador. La presencia que se balanceaba frente a él no era enemiga. Con ese pensamiento en mente, se dispuso a encararla, pues necesitaba confirmar sus sospechas.
—Light Fury—pronunció con voz ronca, reconociendo a la chica enmascarada—. Te dije que no lo hicieras. ¡No debiste entregarte!—reclamó, el miedo y la impotencia comenzaban a apoderarse de él una vez más.
La heroína abrió sus labios, dispuesta a responderle, pero entonces la puerta se abrió de nuevo y, esta vez, sí se trataba del cazador.
—Espero no interrumpir—fue lo primero que dijo, avanzando hasta estar en medio de ambos para poder observarlos; una vez ganada su atención, se dirigió a la chica—. Light Fury, me alegra que hayas aceptado mi invitación—realizó una fingida reverencia.
Ambos héroes fruncieron el ceño, mirándose de reojo en busca de seguridad. El azabache estaba acostumbrado a ese tipo de comportamiento del cazador, pero para ella todo era confuso e inquietante; en especial porque no tenía idea de lo que Grimmel planeaba. Sabía que los quería a ambos, pero no terminaba de comprender la razón.
—Aunque…—continuó el hombre, acercando una mano a su rostro—, ¿no te parece una falta de respeto ser la única usando máscara?
— ¡Quítale la mano de encima!—advirtió Night, intentando alcanzarlo, aunque claro, eso resultó imposible—. Déjala fuera de esto, Grimmel.
Pero su petición fue ignorada y la máscara que protegía la identidad de la heroína fue retirada. Cualquier otra cosa que el azabache intentó decir, quedó atrapada en su garganta mientras el antifaz caía al suelo y la capucha era removida, dejando al descubierto su cabello rubio; la sorpresa se apoderó de él cuando reconoció a la chica, pues no era quien él pensaba.
—Tu rostro me resulta familiar—mencionó Grimmel pensativo, liberando su barbilla para después alejarse, restándole importancia a la situación—. Pero parece que tú sí la conoces—agregó sonriente, observando al azabache cuyos ojos permanecían fijos en los de ella.
Grimmel no lo sabía, pero ella no era Light Fury; y claro, ninguno pensaba decírselo. Tyre tuvo que contenerse para no decir su nombre y reclamarle la enorme imprudencia que había cometido. Si antes se había preocupado por la seguridad de la heroína, ahora se estaba volviendo loco al saber que se trataba de Astrid.
—Bueno—carraspeó el cazador, sacándolo de sus pensamientos—, creo que debo explicarte porqué están aquí—le dijo a ella, nuevamente con ese porte tranquilo y elegante—; dudo mucho que Night Fury te lo haya contado.
Astrid regresó su mirada al azabache, cuestionándolo en silencio sobre el significado de tales palabras y, al mismo tiempo, temiendo descubrirlo.
¿Por qué los dos héroes eran tan importantes para Grimmel? ¿Qué pretendía obtener de ellos? El cazador estaba listo para responder esas preguntas, cuando una potente alarma comenzó a resonar por los altavoces de toda la instalación, interrumpiéndolo. Como si eso no fuera suficiente, la puerta se abrió dejando entrar a una inquieta pelirroja.
— ¡¿Qué demonios está ocurriendo allá afuera?!—exclamó el hombre, alcanzándola con un par de zancadas.
—Hay un intruso en el ala este—respondió temerosa, apartando la mirada.
—Y ¿cómoes eso posible?—insistió él con urgencia y veneno en la voz—. ¿A caso no revisaron si los estaban siguiendo?—por un momento giró para observar a la heroína; no sabía con cuál de las dos desquitarse por el error cometido.
— ¡Lo hicimos!—se apresuró a decir Speed Stinger—, incluso nos aseguramos de que no llevara ningún rastreador—señaló a la chica encadenada.
—Entonces, Aine—pronunció su nombre con una preocupante calma, deslizando una mano por su hombro hasta sujetarle el cuello. La pelirroja tragó con fuerza, justo cuando la presión incrementaba, asfixiándola—, ¿por qué hay un intruso en mi edificio?
—N-no lo sé—logró decir sin aliento—, pero… deje que me encargue.
—No—sentenció, liberándola con un empujón que la hizo retroceder—. Vigílalos—ordenó, señalando a la pareja de héroes—. Yo me encargaré del intruso.
Luego de eso, se marchó, dejándola sola con los prisioneros.
Carraspeando, se irguió nuevamente para después avanzar hasta uno de los rincones, recargándose contra la pared con una sonrisa. Los dos jóvenes la observaron inquietos por el cambio de actitud; no entendían cómo podía comportarse de manera tan despreocupada cuando, segundos atrás, era agredida por Grimmel.
Astrid desvió su mirada hacia Tyre, pero este negó en silencio como respuesta a su nueva interrogante. Por otro lado, él tuvo que contenerse otra vez para no exigirle una explicación frente al enemigo. Lo único que podía hacer era confiar en el plan que estaba detrás de su actuación como Light Fury.
—Lo que estén tramando, no va a funcionar—advirtió Speed Stinger, cruzada de brazos, después de varios minutos en silencio.
Confiada en sus palabras, se aproximó a la puerta que comenzaba a abrirse, creyendo fielmente que Grimmel había vuelto para anunciar que el intruso había sido eliminado. Pero no fue así. Grande fue su sorpresa al ver que no había nadie detrás de la puerta y el impacto fue aún mayor, cuando un inesperado golpe en el vientre la lanzó varios metros hacia atrás.
La puerta volvió a cerrarse y unos suaves pasos anunciaron la presencia de un ser invisible.
—Las cámaras—susurró Astrid a la nada, pues era la única que sabía lo que estaba ocurriendo.
Como respuesta, dos proyectiles de fuego violeta destruyeron el equipo de vigilancia. Ambos prisioneros ocultaron el rostro contra sus brazos, protegiéndose de los trozos de plástico y metal que volaron a causa de las explosiones.
— ¡¿Quién demonios eres?!—exclamó Speed Stinger, sin aliento, levantándose luego del golpe que la había arrojado al suelo.
Los afilados aguijones con veneno se deslizaron sobre el dorso de sus manos, atravesando la piel escamosa que las cubría; y, sin previo aviso, se lanzó a atacar. Desafortunadamente para ella, el ambiente no estaba a su favor. El espacio era pequeño y el golpe que había recibido rompió dos de sus costillas, entorpeciendo su velocidad. A eso había que sumarle que su oponente era invisible y, por ende, no podía asestarle ningún golpe.
— ¡¿Dónde estás?!—gruñó fastidiada, sujetándose un momento el costado herido.
—Justo aquí—le susurró una voz, a la par en que la derribaba con una patada tras sus piernas.
Ocurrió tan rápido, que no pudo evitar que su brazo fuera torcido, cortando su propia piel con el aguijón; inyectándose a sí misma el veneno paralizante. Sin poder evitarlo, su cuerpo se congeló, liberando un último aliento mientras buscaba con la mirada a quién la había vencido.
—La velocidad no sirve de nada, cuando no puedes ver a tu rival—declaró victoriosa, dándole un último golpe, esta vez en la cabeza, para dejarla inconsciente.
El silencio reinó por un par de segundos luego de eso, hasta que los pasos volvieron a escucharse. Fue cuando sintieron la presencia del ser invisible junto a ellos, que Astrid se atrevió a hablar.
—Tardaste demasiado, comenzaba a preocuparme.
—Lo siento—dijo la voz y, esta vez, Tyre logró reconocerla, aclarando sus sospechas y brindándole un poco de alivio—, el lugar es un verdadero laberinto.
— ¿Light Fury?—cuestionó finalmente el azabache, buscándola con la mirada, mientras esta liberaba a Astrid de sus cadenas—. No entiendo qué está pasando—confesó, frunciendo el ceño cuando escuchó la suave risa de la heroína.
Astrid cayó de pie, frotándose los hombros adoloridos por la incómoda posición en la que había estado. Una vez recuperado el equilibrio, se aproximó a él.
—Perdón por seguir invisible—volvió a hablar Light, provocándole escalofríos al sentirla demasiado cerca—, si la deshago, no podré volver a aplicarla—explicó, esta vez sus manos frías rozaron sus brazos cuando intentó abrir las esposas que sujetaban sus manos.
Tyre tragó con fuerza, incomodo por la cercanía; agradeció la oscuridad de la habitación, pues así podría ocultar el sonrojo de sus mejillas. Entonces recordó que su rostro estaba descubierto y, por algún motivo, la idea de estar vulnerable frente a Light Fury, hizo que su corazón se acelerara.
Las cadenas finalmente se soltaron, liberando su cuerpo agotado. De no ser por las dos chicas, estaba seguro de que habría caído al suelo, pues no tenía la fuerza suficiente para mantenerse de pie.
—Gracias—susurró, dejando caer los brazos a los costados, silenciando el grito de dolor que eso le provocó.
Astrid le frotó un hombro, calmando el dolor, para después pasarle el brazo sobre los suyos y así darle más estabilidad.
—Debemos salir de aquí—anunció Light con voz apremiante—. No tardarán en descubrir el engaño y ella despertará en cualquier momento—señaló a la pelirroja en el rincón, a pesar de saber que ellos no podrían ver su acción.
—Díganme que tienen un plan para escapar—interrumpió Tyre.
—Por supuesto—defendió Light—, me aseguré de desviar la atención de todos hacia el ala este, así podremos salir por el oeste—comenzó a explicar, alejándose en dirección hacia la puerta.
Todos guardaron silencio por un par de segundos, mientras ella escuchaba en busca de algún peligro cercano. Cuando confirmó que el corredor estaba vacío, volvió a hablar.
—Despejado—anunció tranquila, regresando con ellos—, ya podemos irnos.
Estuvo a punto de alejarse una vez más, cuando la mano de Tyre se extendió para tratar de alcanzar la suya; algo que obviamente resultó inútil, pues no podía verla.
—Espera—fue lo que le dijo con la mano en el aire.
Light, confundida, alzó su brazo, capturando la mano temblorosa del azabache. Sin planearlo, se convirtió en el nuevo soporte del joven, cuando este se liberó del agarre de Astrid.
—Necesito que hagas algo más por mí—susurró, aumentando la confusión de la albina.
Se acercó a ella un poco más, incomodo por no saber cuánta distancia los separaba, y volvió a susurrar contra lo que, esperaba, fuera su oído. Las palabras pronunciadas fueron un murmullo tenue e inaudible para cualquiera que no fueran ellos dos. Ty no pudo verlo, pero la expresión de Light cambió de confusión a sorpresa cuando escuchó su petición.
— ¿En serio?—fue lo único que logró decir, conteniendo todas las demás preguntas que se acumulaban en su mente; la mirada del azabache había sido suficiente para saber que, por el momento, nadie más debía saber aquello.
—Por favor—insistió él, aferrándose a su mano—. Búscalo por mí.
Light suspiró, definitivamente no podía negarse.
—Está bien—concedió, removiendo la capa que cubría su cuerpo, dejando al descubierto una porción de traje que no estaba invisible y, del cinturón, sacó un dispositivo GPS—. Esto los guiará hacia el exterior—se lo entregó a Astrid que, confundida, se acercó a ellos—, la ruta está configurada para llevarlos por el ala oeste. Conoces el plan—le recordó, mientras la rubia asentía—. Esperen en el punto de encuentro, y…—tragó insegura—, si no estoy ahí en quince minutos, márchense sin mí.
—Pero…
—Márchense sin mí—insistió, interrumpiendo los reproches de ambos, obligándolos a asentir rendidos.
Sacó otro objeto de su cinturón y se lo entregó a Astrid; esta vez se trataba de una pistola táser, que Tyre reconoció como propiedad de la agencia de seguridad de su padre.
— ¿Estarán bien sin mí?—cuestionó la albina con cierta preocupación.
—Puede que no lo parezca—inició el héroe, mostrando renovada fortaleza para disipar su miedo—, pero aún tengo energía para derribar a quien se me ponga enfrente.
Tales palabras la hicieron sonreír, aunque claro, él no pudo verla.
—Bien—suspiró, retrocediendo hacia la salida, siendo seguida de cerca por ellos—. Nos vemos afuera—prometió, presionando el botón que abrió la puerta deslizante—. Tengan cuidado—fue lo último que le escucharon decir, antes de que tomaran caminos diferentes.
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Su carrera por los corredores era difícil dada la condición del azabache; pero, a pesar de ello, se esforzaba en no ser una carga para Astrid. Seguían cada dirección marcada en el GPS, siempre cuidando pasar desapercibidos. Tyre había logrado recuperar un poco de fuerza y sus sentidos volvían a alertarlo del peligro, aunque no siempre podía confiar en ellos…
Justo como ahora.
— ¿Por qué no me advertiste de ellos?—reclamó Astrid, apuntando con la táser al par de guardias que los habían interceptado.
—Porque no los escuché—gruñó Tyre sin aliento, apartándose de ella y manteniéndose de pie con dificultad.
Los guardias comenzaron a acercarse, claramente no estaban dispuestos a dejarlos pasar. El primero se lanzó contra la rubia y ella, con impresionante agilidad, lo esquivó para después propinarle una patada en el estómago. Los movimientos fueron tan rápidos que usó su desequilibrio para dispararle con la táser y, finalmente, derrotarlo.
Como respuesta a tal acontecimiento, el segundo hombre fue tras Tyre, aprovechando su aspecto débil. Pero el azabache fue más veloz y, con un único disparo de plasma en el pecho, lo dejó inconsciente en el suelo.
—Me alegra que aun puedas disparar—mencionó Astrid, regresando a su lado para ayudarlo a sostenerse.
—Y a mí me alegra que eligieras artes marciales, en lugar de ballet—bromeó él, sujetándose el hombro luego del esfuerzo realizado—. Será mejor apresurarnos antes de que aparezcan más.
— ¿Crees que puedes correr?—cuestionó ella con un deje preocupado.
—Habrá que intentarlo—se limitó a responder, para después reanudar la marcha, esta vez con mayor velocidad.
Continuaron avanzando por el corredor, girando un par de veces y derribando a otros guardias con la misma estrategia de antes. Según la ruta del GPS, debían estar cerca de la salida; y aunque eso les daba un poco de alivio, había algo que preocupaba a ambos, en especial a Astrid, pues ella no comprendía porqué Light Fury los había dejado.
Al principio no quiso preguntar, porque pensó que era algo que no le incumbía. Pero dadas las circunstancias, no podía continuar siendo ajena a lo que ocurría; en especial porque eso le hacía sentir insegura. Había algo que la inquietaba sobre ese tema, algo que le decía que era mejor no involucrarse, pero su curiosidad era más fuerte.
— ¿Me dirás qué le pediste a Light Fury?—cuestionó al fin, haciendo que Tyre se sobresaltara.
El azabache suspiró, negándose a detener la marcha. Sabía que tarde o temprano iban a tener esa conversación, pero no estaba listo; además, no era el mejor momento para hacerlo.
—Te lo diré cuando salgamos de aquí—prometió, observándola de reojo, para intentar transmitirle un poco de confianza.
Astrid debía creer en sus palabras y ser paciente. Porque estaba seguro que, si le contaba la verdad en ese instante, ella daría media vuelta para buscarlo. Y, en el fondo, no podía culparla, porque incluso él deseaba volver…
Quería ser él quien lo salvara y no Light Fury. Deseaba estar frente a él, viendo sus ojos cambiar de violeta a verde; quería ser quien escuchara su voz luego de tantos años en silencio.
Anhelaba ser él quien lo sujetara para impedir que su cuerpo continuara temblando, mientras le prometía que todo estaría bien.
Quería ser él quien pronunciara su nombre…
*O*O*O*
Gracias a su invisibilidad, logró abrirse camino sin tener que enfrentar a nadie. Revisó varias habitaciones en busca de la persona que Night Fury le pidió salvar. Aun no terminaba de asimilar su solicitud, pues él no le había dado muchas explicaciones, pero confiaba en sus palabras y eso era más que suficiente.
Perdió la cuenta de cuántas puertas había abierto, hasta que dio con la que parecía ser correcta. Esta, como todas las demás, se deslizó con un ligero rechinido, permitiéndole observar la habitación en penumbras. Se adentró con cautela, inspeccionando cada rincón del lugar; y se detuvo en seco cuando sus ojos se toparon con una persona encadenada en el otro extremo.
Se trataba de un joven con las manos esposadas a la pared de concreto. Estaba sentado sobre el suelo frio y húmedo, con el rostro oculto tras una cabellera castaña.
—Te encontré—susurró con cierto alivio, mientras la puerta se cerraba tras ella.
No estaba completamente segura, pero encajaba en la descripción dada por Night y eso era suficiente para ella en ese momento.
Dejó escapar un suspiro cansado, destruyó las cámaras, justo como la última vez y, finalmente, se dejó caer de rodillas mientras su invisibilidad se desvanecía. Apoyó ambas manos contra el suelo, inhalando con fuerza para tratar de calmar su respiración agitada.
No había mencionado nada al respecto a los demás, porque no quería preocuparlos, pero lo cierto era que el uso excesivo de su camuflaje la agotaba demasiado; en especial con el traje que estaba usando en ese momento. Su piel ardía y estaba irritada a causa del fuego utilizado para activar la habilidad; y, además, la capa que usaba para cubrir parte de su cuerpo se había quemado un poco.
Luego de hacer ese pequeño recuento de daños, determinó que sólo podría hacerse invisible una vez más y por corto tiempo.
Exhaló resignada y se levantó con nueva energía. Avanzó hacia el castaño, quien no parecía haber notado su presencia y se dispuso a liberar sus ataduras. A diferencia de las cadenas utilizadas en Night y Astrid, estas no estaban reforzadas, así que sólo necesitó un poco de fuerza para romperlas.
Los brazos del joven cayeron a sus costados y, finalmente, sus ojos se abrieron, encontrándose con los de ella.
Mentiría si dijera que no sintió un escalofrío recorrer su cuerpo, cuando vio el fulgor violeta que los iluminaba. Estuvo a punto de decirle algo; explicarle quién era y porqué estaba ahí, pero él no se lo permitió.
Sin que ella pudiera prevenirlo, fue empujada contra el suelo, quedando a merced del castaño que, con agilidad, sujetó su cuello en un intento por asfixiarla.
—Espera…—logró pronunciar con dificultad, mientras la presión aumentaba—. Por favor…
Su visión comenzó a nublarse y un par de lágrimas escaparon de sus ojos. Acercó sus manos a las de él, intentando zafarse de su agarre. No quería lastimarlo a causa de su fuerza, además la invisibilidad había causado estragos en ella.
—S-soy amiga—masculló, el oxígeno se le agotaba; pero en el último segundo, recordó una palabra que, quizá, lo haría reaccionar—. Toothless me envió…
Esa simple palabra y su pronunciación, fueron suficientes para que el color violeta se disipara.
Light Fury pudo respirar una vez más y él, aterrado por sus acciones, se alejó tembloroso, observándola con unos ojos esmeralda que resplandecieron entre la oscuridad.
—Está bien—logró decirle, sujetando sus hombros, a pesar de su insistencia en alejarse—. Ya todo está bien—insistió, aun sin soltarlo, regalándole una pequeña sonrisa.
El brillo esmeralda incrementó, desapareciendo cualquier rastro del color violeta que por tanto tiempo lo había consumido. Finalmente era libre.
—Estás a salvo ahora… Hiccup…
¡Es todo!
Ya saben, como siempre, lamento mucho la demora. Y… ¡Feliz año nuevo! No puedo prometer que este año publicaré más, pero sí que me esforzaré.
Ahora… ¡levante la mano quién no sabía que el "chico misterioso" era Hiccup! Porque enserio, mis pistas eran muy obvias xD Un aplauso para todos aquellos que acertaron. Pero, es aquí donde inician las preguntas:
¿Cómo es que Hiccup sobrevivió? ¿A caso Grimmel dijo Dragon Eye? ¿Quién demonios es Alastair Grant? ¿Ty y Leily dejarán de fingir que no conocen sus identidades? ¿Habrá un reencuentro hermoso de Hiccstrid? ¿Stormfly realmente matará a Tyre cuando lo vea? ¿Dejaré de hacer preguntas algún día?
Okay, ¡alto!, porque sabemos que la respuesta a todo eso es un gran muy pronto lo descubriremos e.e
Estoy segura de que ya tienen algunas teorías sobre lo que va a ocurrir. Yo sólo voy a decir que, la primera parte de The Furies está por terminar…
En fin, si no se me olvida nada más…
A todos los que leyeron hoy... GRACIAS
Y en especial a Jaguar Negro por su review, me alegra que al fin te pusieras al corriente con el fic e.e
