Disclaimer: How to Train Your Dragon no me pertenece, es propiedad de DreamWorks Animation, Dean DeBlois y Cressida Cowell. La historia sí es original y de mi autoría, pero su creación y respectiva publicación es por mero entretenimiento.


La Desaparición del Héroe, Parte 1

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Capítulo 18

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"Todos nosotros tenemos poderes, talentos y habilidades. De dónde vengo, los héroes usan esos poderes para luchar y hacer del mundo un lugar mejor, sea o no sea su mundo. "–The Flash, DC Comics.

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Habían ocurrido muchas cosas desde que obtuvo sus poderes ocho meses atrás y, sin duda, su vida ya no era la misma.

Un año antes habría pasado su noche de viernes jugando videojuegos con su hermano, pero ahora gastaba ese tiempo en perseguir a un ladrón de joyas a través de los húmedos y oscuros callejones de la ciudad.

Sí, ahora ese era su pasatiempo.

Si llega a la avenida principal, lo perderás—advirtió Hiccup desde su auricular, había tomado la costumbre de llamarlo cuando necesitaba ayuda—. Hay demasiada gente a pesar de la hora.

—¡Lo sé!—exclamó él sin aliento, saltando de una azotea a otra—, incluso con mi velocidad, no puedo alcanzar su motocicleta.

Continuó su carrera sin perder de vista al pequeño vehículo que zigzagueaba entre los contenedores de basura dispersos por la calle estrecha. La capucha le había caído sobre los hombros debido a sus saltos, dejando al descubierto su cabellera azabache.

Detrás de él podía escuchar las patrullas que intentaban acercarse, algo que claramente les sería imposible, pues habían tardado en responder el llamado luego del robo a la joyería, dejándole toda la responsabilidad de atrapar al criminal.

Sin presiones, ¿verdad?

Creo que tengo una idea—dijo Hiccup de pronto, sobresaltándolo—. Dispara frente a él para desviarlo hacia la izquierda, eso lo llevará a un callejón sin salida.

—Aún tengo problemas con la puntería, ¿recuerdas?—alegó, saltando hacia el siguiente techo—. Podría darle a él por error.

Bueno, de cualquier manera se detendrá, ¿no?—mencionó el castaño con cierto toque divertido—. Tranquilo, no fallarás—agregó seguro—, ¿confías en mí?

Suspiró, no sabía si su pulso acelerado era por la carrera o por la presión que tales palabras ponían sobre él. Aun así, la respuesta estaba clara en su mente.

—Siempre—declaró sin ningún atisbo de duda.

Entonces dispara—ordenó su hermano, y pudo jurar que estaba sonriendo.

Se detuvo en una cornisa, llenando sus pulmones con aire nuevo, sintiendo cómo su mano hormigueaba, ahí donde se formaba un pequeño proyectil de fuego que no tardó en lanzar y, cuando este impactó contra un contenedor, siguió al motociclista hacia el callejón que Hiccup había señalado.

—Eres un genio—celebró, apresurando la marcha.

Escuchó la suave risa de su hermano contra su oído, obligándolo a sonreír también. Pero esa alegría se desplomó cuando encontró la motocicleta abandonada al final del camino.

—Escapó…—dedujo con pesar, bajando de la azotea con un salto.

¡Es imposible!—exclamó Hiccup, con sus dedos tecleando en el fondo—, el edificio frente a ti está abandonado, debió entrar en él.

Night asintió, a pesar de saber que él no podía verlo, y se dirigió hacia la construcción. Era de tres pisos y todas sus ventanas estaban bloqueadas con tablas de madera. La puerta tenía el mismo obstáculo, pero con un espacio suficiente para atravesarlo.

Al entrar, agradeció poder ver en la oscuridad, pues la luz que se filtraba por el agujero en el techo no era suficiente. Hiccup había dejado de hacer ruido para permitirle escuchar con claridad. Al principio, el silencio del lugar fue roto únicamente por los pedazos de vidrio que crujían bajo sus botas, pero eso cambió cuando llegó al segundo piso.

Había subido con cautela por las escaleras de concreto que se caían a pedazos, y fue al final de estas que vio un trozo de madera volar hacia él, obligándolo a agacharse para evitar el impacto. No tuvo tiempo suficiente de recomponerse, cuando un puño se dirigió a su rostro.

¡Toothless!

Ignoró la voz de su hermano para responder el golpe de su atacante. Una patada en las piernas bastó para derribarlo.

—La próxima vez que quieras golpear a alguien, asegúrate que no sea mejor pelador que tú—aconsejó con burla, colocando una rodilla sobre su espalda para inmovilizarlo—. No irás a ningún lado.

¡Eso es!—exclamó Hiccup con euforia—. Haré una llamada anónima a la policía, para que vayan por él.

Night estaba por responder, cuando percibió un penetrante olor a gas. Al principio sólo sintió nauseas, hasta que sus ojos comenzaron a lagrimear y su garganta a cerrarse. Se apartó por instinto, liberando al ladrón que mantenía su rostro oculto tras un pasamontañas.

¿Toothless, qué ocurre?—cuestionó preocupado, escuchándolo toser.

Acto seguido, el gas se incendió, causando una pequeña explosión que lo alejó aún más de su atacante. Conforme el gas era consumido por el fuego, pudo recobrar el control de su cuerpo, permitiéndole ir tras él una vez más.

—¡Detente!—demandó, frotándose los ojos para aclararse la vista.

No entendía qué había ocurrido, pero ya tendría tiempo para averiguarlo después.

Desafortunadamente, el ladrón fue más rápido esta vez, por lo que sólo logró quitarle la máscara cuando corrió hacia la ventana bloqueada, rompiendo las tablas y saltando al vacío.

—¡No!—gritó aterrado.

Sacó la mitad de su cuerpo en un intento por atraparlo, pero no fue necesario… porque el ladrón estaba ileso, de pie sobre la acera, observándolo con una sonrisa divertida. Su cerebro no lograba asimilar lo que estaba sucediendo, pero cuando lo vio dirigirse hacia la motocicleta, algo en él reaccionó, obligándolo a disparar contra el vehículo para volarlo en pedazos.

¿Toothless, qué está ocurriendo?—volvió a preguntar Hiccup, pero de nuevo no obtuvo respuesta.

En su lugar, Night saltó por la ventana para ir tras el ladrón que, ahora sin transporte, decidió correr en la dirección contraria. No fue una total sorpresa descubrir que su velocidad rivalizaba con la de él, pero aun así creyó tener ventaja, pues la policía estaba tan cerca que incluso podía ver las luces azules y rojas en la distancia. Estaba seguro que esta vez lo atraparía, pero claro, terminó equivocándose… Porque justo cuando llegaron al final del nuevo callejón, el hombre rubio se giró hacia él, sonriéndole una vez más.

Fue entonces que, bajo la luz de los faros, lo vio convertirse en una joven castaña que le guiñó un ojo con picardía, para después perderse entre el bullicio de la avenida principal.

—Pero qué…—se atragantó.

Para cuando intentó seguirla, ya era demasiado tarde.

¡Tyre, dime qué demonios pasó!—exigió Hiccup desesperado.

—Se fue…—pronunció con dificultad—, y no vas a creer lo que vi.

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Entró por la ventana del ático con normalidad, sus padres no estaban y su hermano lo observaba fijamente, sentado en una silla giratoria. Se bajó la capucha y lanzó el antifaz hacia el escritorio, quitándose los guantes para darles el mismo destino.

—¿Estás bien?—fue lo primero que se atrevió a preguntar el castaño, tenía una expresión preocupada.

—Sí—suspiró él, sentándose en un banco de madera, mientras se frotaba los hombros—. La policía no estaba muy feliz al saber que el ladrón escapó.

—¿Qué fue lo que pasó?—cuestionó inquieto, hasta ahora no había obtenido una respuesta, Tyre le había dicho que era mejor explicárselo en persona—, creí que lo tenías bajo control.

—También lo pensé—confesó el azabache, desabrochándose la chaqueta de cuero, sentía su cuerpo pegajoso por el sudor—. Ese hombre… mujer… ¡lo que haya sido!—se intentó corregir exasperado—, no era normal.

Hiccup enarcó una ceja, claramente no estaba entendiendo nada de lo que su hermano decía, pero no quiso interrumpirlo hasta que aclarara sus ideas.

—Encendió fuego de la nada—explicó Tyre, luego de un rato en silencio—. Al principio, pensé que había una fuga de gas y que usó un encendedor, pero cuando me rozó la piel, lo sentí diferente.

—¿Diferente? ¿Cómo?—quiso saber, la curiosidad se había apoderado de él.

—Más caliente…—describió, observando sus manos—, más inestable. Era como el mío, pero provenía de él… ella… ¡de esa persona!—se volvió a corregir, masajeándose las sienes para aliviar el dolor.

—¿Dices que puede crear fuego como tú?—intentó descifrar el castaño, levantándose de su silla para deambular por la habitación en un trance pensativo—¿Y a qué te refieres con ella? ¿A caso el ladrón no era un hombre?

—Sí… no… ¡no lo sé!—exclamó, enredando los dedos en su cabello—. Estábamos en el segundo piso y decidió saltar; salió ileso, por cierto—relató con rapidez—. Comenzó a correr y yo lo seguí, pero cuando llegamos a la avenida principal…

Su rostro palideció, de nuevo tenía el pulso acelerado y una jaqueca aún mayor. Durante el camino de regreso a casa, había intentado asimilar lo que vio en ese callejón, pero fracasó. No podía entender qué había pasado, así que explicárselo a su hermano sin parecer un demente, le resultaba imposible.

—Él cambió…—fue lo único que logró pronunciar.

—¿Qué? ¿Cambiar a qué?—insistió Hiccup, deteniéndose frente a él.

—Su rostro, incluso su cuerpo…—la imagen se repitió en su mente, llevándolo de vuelta a ese lugar—. Se convirtió en mujer.

Había pronunciado aquello con tal seguridad y, aun así, la respuesta que obtuvo de su hermano fue exactamente la que esperó: Una sonora carcajada que perduró por varios segundos, hasta que el castaño notó la seriedad en su rostro.

—¿Lo dices enserio?—cuestionó sorprendido, secándose las lágrimas de risa—. Estás loco, seguro viste mal.

—¡Te juro que no!—exclamó el menor, levantándose de un salto—. Su altura y complexión cambiaron, ¡incluso su barba desapareció!—carraspeó, intentando calmarse para poder continuar—. Fue como si su piel se arrugara para adoptar una forma nueva.

Hiccup permaneció en silencio por unos minutos, observándolo sin parpadear. Se esforzaba por comprender las palabras de su hermano y, cuando finalmente lo hizo, la realidad le cayó como agua fría.

—Dioses, lo dices enserio—afirmó, sentándose de nuevo en su silla—. Esto… lo cambia todo—murmuró poco después, deslizándose hacia el escritorio.

—¿Hiccup?—preguntó temeroso, siguiendo sus movimientos con la mirada.

Le había roto el cerebro a su hermano, de eso estaba seguro.

—Necesito pensar—fue lo único que respondió, había comenzado a teclear algo en la computadora—. Dame una hora—pidió sin girarse a verlo.

Tyre, comprendiendo que estaba en uno de sus trances analíticos, decidió no decir nada y se marchó del ático, bajando las escaleras mientras se sumía en sus propios pensamientos.

Ahora era él quien se quedaría con la duda por un rato, hasta que su hermano lograra encontrar las palabras para explicarle lo que había descubierto. Por el momento, lo único que podía asegurar era que había más personas como él…

Los minutos pasaron muy lento, en su opinión. Tomó una ducha, cenó algo y, cuando finalmente su hermano le gritó desde el ático, subió las escaleras a toda prisa para llegar a él.

—Lo tengo—fue lo primero que dijo cuando lo vio.

El rostro de Hiccup ahora era iluminado por una radiante sonrisa que ni siquiera sus ojeras podían opacar. Caminó hacia un pizarrón de corcho ubicado en un rincón de la habitación, esperando que lo siguiera.

—Durante los últimos meses, he estado investigando para intentar averiguar de dónde vienen tus poderes—inició su explicación, aclarándose la garganta en el proceso—. Por obvias razones, no hay artículos científicos a los cuales acudir, así que tuve que leer muchos cómics en su lugar.

—Por supuesto—murmuró Ty, riendo en voz baja.

Sabía que era una situación seria, pero no podía evitar verle lo divertido. Después de todo, leer cómics no era un sacrificio para Hiccup, a quien desde niño siempre le habían encantado los superhéroes.

—¿Qué descubriste?—agregó, invitándolo a continuar.

—Al principio nada—confesó el castaño, rascándose la nuca—. Cada opción que encontraba, me llevaba a un callejón sin salida.

Con un movimiento rápido, hizo girar el pizarrón para revelar el contenido que se ocultaba tras él.

Ahora frente a ellos, se encontraba un tablero repleto de notas y fotografías, unidas por hilos y tachuelas de distintos colores. Era como ver la típica investigación de un crimen sin resolver, sólo que, en lugar de evidencias y sospechosos, las imágenes pertenecían a distintos héroes ficticios.

—Realmente tienes mucho tiempo libre—bromeó, asombrado por la cantidad de papeles.

El castaño rio nervioso, para después retomar su explicación, señalando la primera sección del pizarrón.

—En un inicio, pensé que tus poderes podrían ser el resultado de algún experimento biológico—carraspeó, fijando su vista en la icónica imagen de Spiderman—. Ya sabes, como Peter Parker con la araña, o Steve Rogers y el suero de súper soldado—añadió, señalando los dibujos sobre el origen de ambos héroes.

—Jamás he estado en contacto con algo como eso—contradijo Ty, cruzado de brazos y poniendo toda la atención sobre su hermano.

—Lo sé—suspiró el mayor—. Lo único que sabemos y podemos confirmar, es que tus poderes aparecieron luego de recibir ese disparo—el recuerdo de aquel día les erizó la piel, sin duda era algo que ninguno deseaba repetir—. La bala era común y corriente, no había manera en que pudiera provocar… esto—lo señaló.

—Acabas de señalarme completo—gruñó con fingida ofensa para calmar la creciente tensión.

Hiccup rio por lo bajo, recobrando la compostura, para después continuar.

—Ese mismo hecho me hizo descartar la segunda opción—señaló la siguiente área del tablero, donde tenía presencia una imagen de Flash—. Está claro que no fuiste víctima de un accidente químico, como Barry Allen—argumentó con una media sonrisa—, porque el único laboratorio que has visitado es el de la escuela, y ahí no hay nada que te dé superpoderes.

—Te sorprendería lo que puedo hacer con bicarbonato y un volcán de papel crepé—bromeó el azabache, sacándole una risa a su hermano.

Aprovechó ese momento para fijarse en la tercera sección del pizarrón, enarcando una ceja con incredulidad. ¿En serio su hermano había tomado como opción a Superman y Thor?

—No soy un alien, Hiccup—declaró con una mueca—. Pero me halaga que me consideres un dios—agregó risueño.

—¡Basta!—regañó el castaño sonrojado, golpeándolo en el hombro—, sé que no tiene sentido, pero al menos escucha mi teoría.

Tyre apagó su risa en contra de su voluntad, alzando las manos en rendición para cederle la palabra de nuevo. Hiccup, por otro lado, se deshizo de su bochorno para recobrar la seriedad, lo que estaba por decir quizá fuera incómodo para ambos.

—Pensé que tal vez podrías descender de alguna raza súper humana—inició, señalando las notas que rodeaban al grupo de héroes que tenían esta característica—. Como Aquaman, su madre era atlante, pero su padre era un humano.

—¿Dices que podría haber heredado mis poderes de alguien más?—indagó curioso, el rumbo que estaba tomando la conversación no era de su agrado.

—Sí…—dijo con voz tenue—, también pensé que, si no fuiste tú quien sufrió un accidente químico, quizá fue alguien de tu familia biológica y heredaste sus efectos—pronunció dudoso.

—Entiendo—suspiró Ty, concentrándose en el tablero, siendo él quien lo señaló esta vez—. Como los hijos de Flash, aunque fue él quien recibió el rayo, los gemelos heredaron su velocidad.

—Sí, es una gran posibilidad—confesó su hermano—, pero como dije, llegué a un callejón sin salida—carraspeó, rascándose nuevamente la nuca—. No tenemos información sobre tu árbol genealógico, así que…

Los ojos de Ty se encontraron con los suyos por un instante, permitiéndole notar un brillo que no logró descifrar al principio. Lo vio hinchar el pecho, llenándose de aire que soltó con una exhalación pesada, para después asentir como última respuesta a su teoría incompleta.

—¿Cuál es la otra opción?—preguntó, formando una pequeña sonrisa para animarlo.

Eso bastó para que Hiccup recuperara toda su energía y comenzara a mover sus brazos, lleno de una emoción que no tardó en contagiarle a su hermano.

Gen mutante—soltó de pronto.

Gracias a la enorme pausa que hizo después, Ty comprendió que esa sería una conversación larga y unilateral, por lo que arrastró el banco de madera y se sentó en él, como un alumno dispuesto a escuchar a su maestro.

La última sección del pizarrón estaba llena de imágenes que correspondían a los X-Men y gráficas sobre ADN que aumentaron su dolor de cabeza al intentar descifrarlas.

—Tanto en Marvel, como en DC—inició Hiccup, sus ojos verdes resplandecían—, existen términos para referirse a este tipo de personas. Ya sea el Gen-X o el Metagen, es algo con lo que nace un mínimo porcentaje de la población.

Tyre asintió, sabía sobre eso, pues él también solía leer cómics, pero no iba a detenerlo cuando estaba tan concentrado en su discurso. Además, había ciertas cosas que jamás entendió sobre los mutantes.

—En ambos universos existen casos de mutación artificial, por llamarlo de alguna manera, que son resultados de accidentes o experimentos genéticos—continuó el castaño, enfrascado en su explicación y en los papeles del pizarrón—. Como Deadpool, a él le fue implantado el Gen-X de Wolverine, forzando su mutación—señaló la imagen del antihéroe—. Pero de nuevo, ese no es tu caso.

—Pero también hay mutaciones naturales—concordó Ty, siguiéndole el ritmo.

—Dentro de Marvel, el Gen-X suele manifestarse durante la pubertad—expuso, regalándole una mirada divertida—, como si fuera un cambio hormonal más.

—Creo que ese tampoco es mí caso, hermano—evadió el azabache, intentando ocultar su sonrojo.

—Aun no termino—se rio el mayor.

Guio su mirada hacia la parte inferior del pizarrón, donde estaba la famosa escena de Barry Allen siendo golpeado por un rayo en su laboratorio, obtenido del cómic sobre sus orígenes.

—En DC, el Metagen de una persona puede permanecer inactivo toda su vida, hasta que aparece un factor externo—inició, señalando la imagen—. Flash es uno de los metahumanos más controversiales.

Ty recordó entonces todas las teorías que su hermano solía compartirle cada vez que se reiniciaba el universo de los cómics o creaban una nueva adaptación cinematográfica.

—A pesar de ser rociado con los químicos de su laboratorio—habló rápidamente, haciendo ademanes exagerados con los brazos—, la verdadera razón por la que sobrevivió, además de que el rayo era él mismo—dijo con obviedad—, fue por su Metagen. El rayo fue el elemento externo y el Metagen lo transformó en su súper poder, que irónicamente no es más que electricidad corriendo por su cuerpo.

—Ocurrió lo mismo con Wally West—murmuró Tyre pensativo, en el fondo sentía que se estaban desviando del tema principal, pero era divertido para ambos, así que no le dio importancia—. Aunque con Jay Garrick fue diferente, sólo inhaló un vapor de dudosa procedencia.

—Sí, así fue como activó su Metagen—asintió Hiccup, encogiéndose de hombros—, quizá por eso no es el más veloz.

El azabache se rio un poco, relajando los hombros que, hasta ese momento, habían permanecido tensos. Hacía mucho tiempo que no tenían una conversación fanática de ese tipo, aunque su razón era diferente esta vez, y fue algo que no tardaron en recordar.

—En conclusión—carraspeó Hiccup—, el Metagen reacciona a situaciones de estrés físico o emocional, en especial aquellas en las que tu vida corre peligro—determinó, conectando su mirada con la de él, confiando en que comprendería sus palabras.

—El disparo que recibí—recordó, con una mano sobre el hombro donde aún conservaba la cicatriz.

—Sí…—alargó el castaño—. No había terminado de desarrollar esta teoría, porque no tenía pruebas de que existieran más personas con poderes—confesó, dirigiéndose al escritorio para tomar una nueva fotografía.

Al regresar, la clavó en la superficie de corcho junto a una última nota que Tyre leyó mentalmente. No sabía si reír o sentirse preocupado por la ironía de tal hecho.

—Ahora sabemos que hay una Mystique rondando la ciudad—dijo Hiccup, de pie junto a la imagen de la mutante que podía cambiar su aspecto a voluntad—. Me pregunto cuántos más habrán afuera—murmuró pensativo—, ella también podía crear fuego como tú, ¿será un factor en común?

—No lo sé, sólo espero que no sean tan problemáticos como ella—se encogió de hombros—. Parecía tener experiencia con sus poderes—confesó de pronto, frunciendo el ceño—, ¿por qué decidió aparecer hasta ahora?

Fue Hiccup quien se encogió de hombros esta vez, realizando un ademán despreocupado.

—Efecto dominó—dijo con simpleza—. En los cómics, las personas con poderes se esconden hasta que uno de ellos decide mostrarse al mundo. Ya sea para bien o para mal, les da la confianza de hacer lo mismo—explicó, recobrando la seriedad—. Es parte de la naturaleza humana.

—Oh, genial—suspiró Tyre con pesar—, ¿así que ahora no sólo tendré que preocuparme por los criminales de siempre, sino también de los supervillanos?

—Probablemente—rio Hiccup, divertido por las muecas de su hermano—. Quizá también aparezcan más héroes y puedas formar tu propia Justice League—bromeó, había un brillo de emoción en sus ojos—, sólo no te olvides de tu Alfred.

—Eso jamás, hermano—prometió él, colocando una mano sobre su hombro—. Somos tú y yo… Siempre.

Compartieron una sonrisa cómplice, observando por última vez el pizarrón frente a ellos. La telaraña de hilos y notas ahora no parecía tan confusa.

—¿Sabes?—mencionó de pronto Tyre, con un tono relajado—, pudiste haber iniciado con la última teoría.

—Sí…—alargó Hiccup con una mueca, apoyando el codo sobre su hombro—, no quería quitarle el mérito a las demás—su hermano rio ante aquello—. Admite que te gustó mi investigación.

Batman estaría muy orgulloso de tus habilidades como detective—bromeó, dándole un golpe amistoso en las costillas, para después dirigirse a las escaleras—. Ven, limpiemos la cocina antes de que regresen nuestros padres.

Hiccup contuvo una nueva risa, mientras les daba un último vistazo a las notas, satisfecho con sus resultados. De alguna manera, sabía que había reducido la carga sobre los hombros de Tyre, y eso era suficiente para ayudarlo a dormir esa noche.

«Serás un gran héroe» pensó, apagando las luces para salir del ático y reunirse con su hermano.

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"La carga no es tan pesada cuando se puede compartir con alguien en quien se confía." –The Flash, DC Comics.

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Durante los últimos dos meses desde el descubrimiento que hicieron, Hiccup había estado usando su tiempo libre para investigar cualquier pista que los guiara hacia más súper humanos, mientras que Tyre continuaba saliendo todas las noches, no sólo para mantener la ciudad segura, sino para encontrar a la chica cambia-formas. Por desgracia, ninguno había tenido éxito en su misión hasta ahora.

Estaba claro que las demás personas con poderes no querían ser encontradas. Pero ellos tampoco planeaban rendirse.

—Qué caso tiene no ser el único, si aun así me siento solo—murmuró, con la capucha sobre sus hombros y el cabello ondeando gracias a la brisa nocturna.

Se había detenido a descansar en la cornisa de un edificio, aprovechando la tranquilidad de la ciudad que dormía a su alrededor.

Tenía demasiadas cosas en la cabeza, el tiempo había pasado demasiado rápido y seguía sin obtener todas las respuestas que necesitaba. Pero confiaba en que algún día eso cambiaría, y haría todo lo posible para que fuera así.

—No importa lo que cueste—pronunció, cerrando los puños con determinación.

En ese instante su teléfono comenzó a timbrar, devolviéndolo a la realidad.

—¿Hiccup?—se aclaró la voz al responder—, ¿ocurre algo?

No lo sé—lo escuchó suspirar—, me dio la impresión de que estabas deprimiéndote por algo.

Contuvo una risa amarga. Jamás entendería cómo su hermano podía leerlo tan bien, incluso cuando estaban separados. A veces pensaba que el de los superpoderes era Hiccup y no él.

—¿A caso eres el Profesor X?—bromeó, levantándose de un salto para estirar su cuerpo tenso.

No, gracias. Tengo suficiente con mis propios pensamientos—respondió Hiccup, siguiéndole el juego, para después recobrar la seriedad—. ¿Algo que reportar?

—Nada—declaró tras un suspiro pesado—, todo está tan tranquilo que aburre.

Bueno, eso es buena señal, ¿o no?—mencionó Hiccup, con una pequeña risa a la que el azabache respondió con una mueca que, claramente, él no podría ver.

—Supongo—se encogió de hombros—. Creo que volveré a casa—agregó, conteniendo un bostezo—. Mañana hay escuela y anoche no dormí nada por culpa de esos idiotas que decidieron estrellarse contra un supermercado a las dos de la mañana—recordó con un gruñido.

Escuchó a Hiccup reír de nuevo en su oído y eso aumentó su frustración. Sus brazos aún dolían por haber pasado dos horas sosteniendo parte del techo colapsado, mientras los bomberos intentaban liberar a los conductores del auto que, por cierto, estaban ebrios. Pensándolo bien, prefería las noches tranquilas y aburridas.

Te dejaré la ventana abierta—prometió el castaño, contagiado por su bostezo—, asegúrate de no hacer ruido, nuestros padres ya están dormidos.

—De acuerdo.

Y avísame cuando llegues—pidió, pues el cansancio también lo estaba venciendo.

—Estaré ahí en media hora—aseguró, escuchando a Hiccup descender por las escaleras del ático, justo antes de cortar la llamada.

Desafortunadamente no sería algo que pudiera cumplir, pues la tranquilidad se disipó cuando sintió que alguien lo seguía desde las sombras. Se detuvo por instinto, observando su entorno en busca del intruso, pero no logró encontrar a nadie.

Sin importar sus intenciones, no podía permitir que descubriera dónde vive. Así que, con eso en mente, cambió el rumbo hacia un pequeño parque, muy cerca de su ubicación actual. No necesitó girarse para verificar que aún lo seguían, porque podía sentir la penetrante mirada sobre su espalda, erizándole la piel y tensándole el cuerpo.

Durante el corto viaje, intentó idear un plan para encarar al desconocido, pues no sabía qué tan peligroso era y el hecho de que pudiera seguirle el ritmo, ya representaba un problema.

Al llegar al parque, se detuvo bajo uno de los faros, esperándolo con impaciencia. Fue al escuchar los pasos acercándose sobre la acera, que su cuerpo entró en estado de alerta, con los puños encendidos frente a él.

—¿Quién eres?—se atrevió a preguntar, viendo al hombre que se ocultaba entre las sombras.

Tenía el rostro cubierto, así que sólo pudo ver sus ojos azules a través de la oscuridad.

—Entonces era verdad—pronunció el hombre con voz ronca, ignorando su pregunta—, el Night Fury despertó.

No mentiría al decir que sus palabras lo confundieron, ¿despertar? ¿De qué estaba hablando? ¿A caso él sabía algo sobre sus poderes?

—¿Quién eres tú?—insistió, luchando para que su voz sonara firme, pues en el fondo comenzaba a sentir miedo.

Incluso aunque tuviera las respuestas que había estado buscando, su presencia no hacía más que inquietarlo. Bastaba con verlo a los ojos para saber que no era alguien de confianza, porque el brillo que había en ellos era similar al de un cazador a punto de atrapar a su presa.

El hombre rio brevemente, para después realizar una ostentosa reverencia que sólo logró erizarle la piel.

—Soy Grimmel Grisly—se presentó con elegancia, aún desde las sombras—. No tienes que preocuparte—añadió, cruzando los brazos tras su espalda—, sólo vine a conocerte. No pretendo arruinar nuestro primer encuentro con una disputa sin sentido.

A pesar de sus palabras, Night sabía que no podía creerle.

—Así que apaga tu fuego, Night Fury—esta vez, pronunció su nombre con veneno en la voz.

Sólo eso bastó para que su pulso se acelerara. Hasta ese momento, había olvidado que sus puños permanecían iluminados, listos para defenderse ante cualquier amenaza.

—¿Qué es lo que buscas de mí?—exigió saber, bajando las manos lentamente.

El hombre pareció pensarlo por un momento. Night pudo jurar que estaba sonriendo bajo la máscara.

—Aún es muy pronto para responder esa pregunta—dijo de pronto, caminando a su alrededor bajo la protección de la oscuridad—. Tendrás que ser un poco más paciente—declaró, comenzando a retroceder.

Intentó seguirlo, reusándose a permanecer con todas esas dudas, pero le fue imposible alcanzarlo, porque en ese momento una bomba luminosa explotó frente a él, cegándolo al instante.

—Hasta pronto, Night Fury—fue lo último que le escuchó decir, mientras su presencia desaparecía y él caía de rodillas.

Cuando finalmente recuperó la visión, estaba solo bajo la luz, envuelto una vez más en el silencio.

—Grimmel Grisly—murmuró, la voz del hombre seguía taladrando su cabeza—, ¿quién eres realmente?

Lo averiguaría. Resolvería ese misterio, un paso a la vez.

—No importa lo que cueste—volvió a decir, golpeando el suelo con su puño encendido.

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Corría sin aliento, saltando de un techo a otro, mientras perseguía a la chica cambia-formas que había provocado una explosión en el centro comercial de la ciudad. Luego de meses desaparecida, decidió volver para, esta vez, cometer un acto terrorista que puso en riesgo la vida de cientos.

Los bomberos tienen bajo control la situación—avisó Hiccup desde su auricular—. Concéntrate en atraparla.

—Lo haré—sentenció, no permitiría que volviera a escapar.

Esta vez sería diferente.

Desde que Grimmel apareció dos meses atrás, todos sus intentos por mantener segura la ciudad estaban siendo frustrados. No tenía pruebas, pero algo le decía que él estaba detrás de lo que ocurrió hace unas horas, y ya sea por fortuna o desgracia, fue algo que no tardó en confirmar.

La joven castaña lo había guiado hasta un edificio a medio construir. Al principio pareció que fue su error llegar ahí, deteniéndose entre los materiales de construcción apilados, por lo que Night creyó que finalmente había logrado acorralarla, pronto descubrió que fue él quien se equivocó.

—No tienes a donde ir—declaró confiado, bloqueando la que parecía ser la única salida.

—Justo pensaba decirte lo mismo—dijo alguien a sus espaldas.

No necesitó girarse para saber quién era, pero aun así lo hizo, porque tenía que encarar al hombre que había provocado todo eso. Otro error que no tardaría en lamentar.

—Grimmel Grisly—pronunció con rencor, sus manos comenzaron a encenderse.

¿Grimmel? ¿Está ahí?—escuchó la voz inquieta de Hiccup en su oído.

—Te evité un conflicto la primera vez—inició el hombre enmascarado, cruzando los brazos tras su espalda—, pero hoy será diferente. ¿Por qué no me muestras lo que puedes hacer, Night Fury?

Antes de poder comprender sus palabras, una bola de fuego lo golpeó por la espalda, lanzándolo contra el suelo. El impacto sacó todo el aire de sus pulmones, nublándole la vista por un segundo.

¡¿Toothless?!—la voz de su hermano le resultó tan lejana en ese momento.

—Jamás le des la espalda al enemigo—advirtió Grimmel, chasqueando la lengua mientras retrocedía para dejarle el camino libre a la castaña.

Logró levantarse con dificultad, esquivando el ataque que se dirigió hacia él. Esta vez le devolvió el golpe, pateándola en un costado para derribarla. Grande fue su sorpresa al ver que no se inmutó, levantándose como si nada hubiera ocurrido. Cuando sus ojos se cruzaron, descubrió que no eran los mismos que le guiñaron meses atrás, esta vez eran de un frío color violeta que parecía querer beber su alma.

—¿Qué le hiciste?—murmuró, controlando los temblores de su cuerpo.

—La liberé de sus ataduras—declaró el hombre, satisfecho por sus logros—. Puedo hacer lo mismo por ti, si lo deseas.

Night frunció el ceño, asqueado por sus palabras. Quería golpearlo, y lo habría hecho, de no ser por la castaña que se lanzó nuevamente contra él. Se había vuelto más ágil, fuerte y despiadada, desapareciendo por completo a la ladrona traviesa que conoció alguna vez. Por algún motivo, sintió tristeza al pensar en eso, pues ante sus ojos, no era más que otra víctima de Grimmel, y eso lo enfurecía.

Detuvo algunos de sus golpes, lamentando el hecho de tener que devolvérselos, mientras intentaba poner distancia entre ellos. La voz de Hiccup seguía insistente en su oído, pero ni siquiera tenía tiempo de darle una respuesta.

—Detente—le dijo de pronto a la castaña—, no tienes que obedecerlo.

Pero ella no lo escuchó.

Esta vez, la bola de fuego que le disparó fue suficiente para lanzarlo contra unos bloques de concreto, que se rompieron ante el impacto de su cuerpo. Un dolor punzante lo recorrió y con ello, la voz de su hermano desapareció.

Sintió la sangre tibia deslizarse detrás de su oreja, mientras se obligaba a levantarse. Antes de poder hacer otra cosa, la castaña lo sujetó del cuello, alzándolo contra los bloques restantes. Su visión se nubló cuando comenzó a asfixiarlo, acabando con lo último de su fuerza.

—Basta—creyó escucharle decir a Grimmel, pero ella no se detuvo.

La presión en su cuello aumentó, podía sentir cómo cedía y, sin darse cuenta, unas gruesas lágrimas resbalaron por sus mejillas. Su cuerpo se estaba rindiendo lentamente y no podía hacer nada para evitarlo.

Realmente pensó que ese sería su final y comenzó a lamentar cada uno de los errores que cometió hasta llegar ahí. Por fortuna, o quizá desgracia, el destino tenía otros planes para él.

—¡He dicho que basta!—exclamó Grimmel colérico, lanzando hacia ellos una esfera que liberó un gas verde al impactar contra el suelo.

Casi de inmediato, la joven lo soltó, retrocediendo tambaleante mientras él caía al suelo, luchando por respirar. Grave error, pues lo único que logró fue inhalar el gas que, claramente, era peligroso. Pero eso dejó de importarle, pues cuando vio a Grimmel noquear a la castaña con un golpe, algo dentro de él volvió a encenderse, permitiéndole ponerse de pie.

—No tan rápido, héroe—advirtió, siendo más veloz al sujetarle un brazo tras la espalda—. Esta vez, dejaremos las cosas hasta aquí—le susurró al oído, erizándole la piel.

Intentó liberarse, pero Grimmel comenzó a aplicar más fuerza a su brazo que, ahora sabía, estaba herido por el impacto contra el concreto.

—Pero no te confundas—volvió a susurrar—, no pienso dejarte ir ileso.

Lo siguiente que escuchó fue su hueso crujir, sacándole un alarido de dolor. Acto que Grimmel pareció disfrutar cuando lo dejó caer al suelo, para después dirigirse hacia la joven que cargó sobre su hombro.

—Toma esto como una advertencia, Night Fury—dijo mientras se alejaba—. La próxima vez no seré tan considerado.

—Grimmel…—musitó, justo antes de quedar inconsciente, presa del dolor y el gas que había comenzado a disiparse.

Cuando volvió a despertar, estaba en el asiento trasero de un auto, con su cabeza sobre las piernas de Astrid, y su hermano conduciendo a toda velocidad.

—¡Despertó!—exclamó la rubia, aturdiéndolo sin querer.

—¡Ty!—fue ahora Hiccup quien gritó, viéndolo por el retrovisor—, por todos los dioses, nos diste un gran susto.

—¿C-cómo…?—logró pronunciar, aún sentía su cabeza girando y el cuerpo le dolía horrible.

Hiccup suspiró antes de responder.

—No te enojes—inició, regresando su mirada hacia el frente, con la excusa de ver el camino—, puse un rastreador en tu traje, lo activé cuando la llamada se cortó.

En otras circunstancias se habría molestado, incluso aunque le pidiera lo contrario, pero justo ahora sólo podía estar agradecido. No sabía qué le hubiera pasado de no ser por Hiccup, porque si Grimmel decidía volver por él…

—Grimmel—mencionó, intentando levantarse, pero la mano de Astrid lo detuvo.

—No te muevas, te golpeaste la cabeza y tienes un brazo roto—explicó severa—. Vamos camino al hospital.

—Nos encargaremos de Grimmel después—prometió Hiccup, viéndolo de nuevo por el retrovisor—. Por ahora, preocupémonos por sobrevivir a nuestros padres—añadió en un intento por calmar la tensión entre ellos.

Ty quiso sonreír, pero sólo logró hacer una mueca, cerrando los ojos de nuevo, limitándose a escuchar las voces que le prometían seguridad.

¿Qué excusa les darían a sus padres? ¿Cómo se quitaría el traje para pasar desapercibido? ¿Por qué Grimmel lo había dejado vivir? ¿Por qué su vida no hacía otra cosa más que complicarse? ¿Qué podía hacer, si ahora más que nunca se sentía impotente?

—Todo estará bien, hermano.

Una vez más, Hiccup sabía exactamente lo que pensaba, confirmándole que jamás lo dejaría caer.

—Detendremos a Grimmel—repitió con mayor seguridad.

Lo harían, de eso estaba seguro, porque era lo mismo que se había prometido. Sin importar el costo, atraparía a Grimmel y resolvería el misterio de sus poderes…

Si tan sólo hubiera sabido que ese precio sería demasiado alto… Quizá habría elegido un camino diferente…

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"Muchas son las razones por las que corremos, pero usualmente lo hacemos para evitar lo que tenemos frente a nosotros. Una decisión por tomar o un dilema por enfrentar."–The Flash, DC Comics.

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Dedicado a Winter el delfín.

Gracias por no rendirte y luchar hasta el final.

2005-2021


Volví con un nuevo capítulo que forma parte de un mini especial de dos capítulos sobre lo que ocurrió tres años atrás. En este descubrimos un poco sobre el origen de los poderes, espero no haberlos confundido con tantas referencias a comics, pero era una escena que tenía muchas ganas de escribir.

Ahora, dos pequeñas notas:

1. La chica cambia-formas es un Hobblegrunt (Gruñido Tambaleante), después veremos más sobre sus poderes.

2. En mi fanpage encontrarán una pequeña representación que hice del tablero de Hiccup e.e

El siguiente capítulo será un poco más serio, creo que ya se hacen una idea de qué pasará en él.

Espero que hayan disfrutado este capítulo, quise variar un poco el formato agregando algunas frases de cómics. Y también quise dedicarlo a Winter, quizá algunos no la conozcan, pero fue una delfín que inspiró a muchas personas (incluyéndome) y su reciente deceso me ha deprimido bastante.

En fin…

A todos los que leyeron hoy... GRACIAS