VI

Caminé por el pasillo del cuartel hacia la habitación en la que Mara y Elric me esperaban. Había pasado varios minutos en el despacho de Hannes contándole nuestro plan. Era la primera vez en mucho tiempo que las Tropas Estacionarias trabajaban en algo que no fuera el mantenimiento de los muros. Su deber consistía también en proteger a la población que habitaba en Rose y en María, al menos hasta que el Titán Colosal y el Titán Acorazado provocaron el agujero en esta última, pero parecían haberlo olvidado. Era mucho más fácil pasarse los días sin hacer nada, protegidos tras los muros y las paredes del cuartel, así que podía entender que la gente estuviera empezando a perder la fe en nosotros.

Por otra parte, el ambiente estaba enrarecido. No tenían muchos detalles al respecto, pero todos hablaban de titanes en Sina. La noticia se había expandido a gran velocidad y había diferentes versiones, aunque yo prefería mantenerme escéptica al respecto, ya que seguramente serían exageraciones. Se hablaba de muchos muertos y de que el distrito de Stohess había quedado completamente destruido. Aquello era como una pesadilla. Nuestros superiores nos habían pedido que no reveláramos ningún tipo de información, especialmente cuando no estábamos del todo seguros de que fuera cierta al cien por cien. Debíamos ser discretos, especialmente cuando caminábamos por las calles de Klorva, ya que la población no estaba al tanto de lo sucedido. Si se enteraban de que había habido titanes en el interior de las murallas, correría el pánico.

Para ser sincera, me habría gustado saber qué había pasado en realidad. Quiénes eran aquellos titanes y por qué habían peleado en el interior. ¿Cómo habían llegado hasta ahí? ¿Era Eren Jaeger uno de ellos? Supongo que Hannes también se hacía esas preguntas porque, por mucho que había intentado sonsacarle algo más de información al respecto, se había mostrado bastante incómodo al hablar del tema.

Tragué saliva mientras crucé el quicio de la puerta. Elric y Mara me daban la espalda mientras miraban con atención el tablón sobre el que habíamos ido poniendo los datos que poco a poco habíamos ido recopilando, sujetos con chinchetas sobre un mapa de Klorva. No se percataron de mi presencia o, si lo hicieron, se mostraron indiferentes, así que me situé a su lado, echando un último vistazo al trabajo de los últimos tres días. A nosotros nos resultaba relativamente fácil entendrerlo, pero cualquier persona que intentara comprender aquella maraña de papeles e hilos de colores podría volverse loco.

—Tenemos su consentimiento.

Mis dos amigos suspiraron de alivio cuando pronuncié aquellas palabras. Después de lo acontecido en Sina, no esperábamos que Hannes nos diera su aprobación. Sin embargo, no contaríamos con ningún tipo de ayuda. Seríamos solo nosotros tres. El capitán me había comunicado que necesitaba a todos sus hombres listos por si aparecían más titanes. Estábamos frente a una amenaza real, pero preferí no revelarles al respecto nada a mis dos amigos. Sería mucho más fácil si no tenían que pensar que en cualquier momento podrían llamarnos para pelear.

—Iré al grano antes de que nos marchemos —Elric frunció el ceño—, ¿te ha dicho el capitán algo sobre lo de Sina?

—¿Para qué quieres saber lo de Sina? —enarqué una ceja. No me gustaba tener que mentir a mis amigos.

—Sinceramente, algo no huele bien —yo le miré—. Primero vimos a un chico que se transformaba en titán y que atacaba a otros titanes y unos días después nos dicen que ha habido una pelea entre titanes en Sina. ¿No te parece raro?

Yo tragué saliva. No es que me pareciera raro, es que me aterrorizaba. Si había más gente como Eren Jaeger, si había más personas que podían convertirse en titanes, ¿cuántos como él había en el interior de las murallas? ¿Y si estábamos rodeados de titanes, pero aún no lo sabíamos? Tragué saliva y negué inconscientemente con la cabeza, intentando eliminar esos pensamientos de mi mente pues sentía que podría desmayarme en cualquier momento.

—Dejad de hablar de esas cosas —Mara intervino en nuestra conversación—. Tenemos un plan que repasar.

—Tienes razón —suspiré aliviada cuando mi amiga decidió detener aquella conversación. Había tantas posibilidades y tantas cosas sobre las que especular que prefería no pensar en ello—. ¿Haces tú los honores?

—Hace tres días un hombre nos dijo que se habían producido varios robos por todo Klorva, pero que esas denuncias habían sido ignoradas —Mara se cruzó de brazos y frunció el ceño, intentando concentrarse—. Tras investigar durante estos tres días, descubrimos alrededor de una decena de casos similares a los de aquel hombre. Buscamos algún tipo de conexión y, tras mucho indagar, descubrimos que no se trataba de las personas que habían sido robadas, sino de las zonas en las que esos robos se habían producido.

—Los robos se repartían por las zonas norte, sur y oeste de Klorva y nunca se producían de forma seguida en la misma zona —continuó Elric señalando al mapa—. Nos dimos cuenta de que en el este de Klorva no había habido ningún caso y, aunque no podemos descartar ninguna posibilidad, suponemos que la zona este de Klorva está libre de robos porque esa persona es muy conocida allí. De robar por allí, sería mucho más fácil su identificación. Por otra parte, el último robo se produjo en la zona sur, por lo que estaría descartada también.

—Y el anterior a ese fue en la zona norte. Eso no quiere decir que no pueda volver a la zona norte, pero hace tres robos que no regresa a la zona oeste, por lo que ese es el lugar más probable de actuación. Es por eso por lo que patrullaremos por la zona, fingiendo que estamos llevando a cabo el mantenimiento de los muros —concluyó Mara.

—¿Estáis seguras de lo que queréis hacer? —preguntó Elric tras un breve silencio entre nosotros.

—Completamente —sentenció Mara—. Tú eres más fuerte que nosotras. Eres el único que podría detenerle.

—Pues en marcha entonces —añadí, conteniendo un suspiro.

Los tres salimos de la habitación y atravesamos los pasillos del cuartel general hasta llegar a la zona de reabastecimiento. Allí, cogimos nuestros equipos de maniobras tridimensionales y, una vez los tuvimos correctamente colocados, nos preparamos para salir del edificio y mezclarnos con la gente de Klorva.

Antes de salir, Elric extendió sus puños cerrados hacia nosotras.

—¿Qué puñetas haces? —preguntó Mara enarcando una ceja.

—Es para que los choquemos. Tendremos éxito.

—¿Qué crees? ¿Que tenemos cinco años? —mi amiga dibujó una mueca de disgusto.

—Es como una especie de saludo. Somos un equipo, ¿no?

—Está bien —intervine cuando vi a Mara abrir la boca de nuevo para decir algo que, seguramente, no sería muy agradable. Extendí mi puño hacia el de Elric y lo choqué contra el suyo. Después, eché una mirada significativa a Mara y ésta, tras soltar un bufido, hizo lo propio también. Ya satisfecho, Elric sonrió, se ajustó la chaqueta y fue el primero en abandonar el cartel.

—Recuérdame por qué demonios soy amiga de un idiota como él.

Yo reí ante el comentario de Mara y puse mi mano en su espalda, invitándola a salir también.

Hacía una mañana estupenda. El sol lucía en lo alto, calentando nuestra piel. El cielo, de un azul intenso, no presentaba ni una nube, lo que había invitado a la gente a salir a la calle. Los niños corrían por las calles entre gritos y risas mientras sus madres les observaban desde las puertas de sus casas. No podía evitar sonreír al ver aquellas estampas tan entrañables de niños corriendo detrás de un balón hecho con trapos cosidos. Sus rostros, iluminados por la alegría, despertaban una sensación calurosa en mi pecho que a mí también me hacía sonreír. Deseaba haber tenido una infancia así, carente de preocupaciones, pero supongo que no podemos elegir lo que nos depara el destino.

La zona oeste de Klorva era una de las más ricas del distrito. Evidentemente, no era comparable al tipo de riqueza que había en Sina, pero las personas que vivían en aquella zona de Klorva podían permitirse vivir sin tantas preocupaciones como, en cambio, lo hacían el resto de los mortales. Las calles estaban más limpias, las casas eran más grandes y sus habitantes podían permitirse comer carne prácticamente todos los días si así lo deseaban.

Los tres nos paseamos por sus calles en silencio. Nuestra tarea era pasar lo más desapercibidos posible, intentar aparentar normalidad a la hora de realizar nuestro trabajo, pero, en realidad, estábamos mucho más tensos que de costumbre. No habíamos hecho nunca nada parecido y temíamos implicar a algún ciudadano. Una parte de mí deseaba que el ladrón no apareciera durante aquel día, pues no me sentía todavía del todo preparada. Pero, como siempre, la rueda del destino no era especialmente buena conmigo, así que aquel día la suerte tampoco estaría de mi parte.

Todo sucedió cuando, con el cielo teñido de tonos naranjas, estábamos a punto de rendirnos y regresar al cuartel, esperando, por otra parte, no habernos equivocado en nuestros cálculos y que el ladrón hubiera actuado en otra parte del distrito. De ser así, deberíamos recomenzar el trabajo y replantearnos su modo de actuación.

—¡Al ladrón!

Un hombre de pelo canoso y traje de chaqueta salió corriendo por una de las calles. Señaló hacia uno de los callejones, por donde vimos perderse una figura oscura entre sus recovecos.

—¿Qué le han robado? —preguntó Elric chasqueando la lengua.

—¡Un collar de plata con un zafiro!

Los tres nos miramos y asentimos. Elric utilizó su equipo de maniobras tridimensionales para extender sus ganchos y subirse a los tejados. Su misión consistía en desplazarse hasta la zona acordada, donde esperaría a que el ladrón, guiado por nosotras, llegara para poder ser detinido por él, quien era el más corpulento y fuerte de los tres. Mara y yo, mientras tanto, comenzamos a correr por el callejón en el que habíamos visto al ladrón desaparecer.

Tras girar varias veces por distintos callejones, topamos con él. Era un hombre alrededor de la treintena y, cuando nos vio aparecer, volvió a salir corriendo. No lo iba a negar. Era bastante rápido y ágil. Al parecer, conocía bastante bien el distrito de Klorva, ya que nos llevaba por los sitios más complicados y prácticamente inaccesibles, por lo que no podíamos usar nuestro equipo de maniobras tridimensionales para acorrarle lo más rápido posible. Sin embargo, Mara y yo teníamos una tarea y esa era llevarle hasta la zona centro de Klorva, no solo porque las calles eran más anchas y Elric tendría mayor posibilidad de maniobra, sino porque él seguramente ya nos estaba esperando allí.

Durante nuestra persecución, el hombre tiró por el suelo cajas o puestos con objetos para evitarnos el paso. La gente gritaba a nuestro paso cosas que no llegaban a alcanzar mis oídos y maldije mentalmente a aquel tipo. No queríamos implicar a ningún ciudadado, pero estaba visto que era inevitable. Era como si aquel tipo pudiera leernos la mente y estuviera yendo por las calles más habitadas del distrito con el objetivo de dejarnos atrás, a pesar de que estuviéramos haciendo un gran esfuerzo para llevarle hasta donde Elric nos esperaba. Pero estaba loco si creía que podría salirse con la suya. Aceleré más aún el paso, a pesar de que mis pulmones me quemaban. Había perdido parte de mi forma física después de haber pasado cinco años en las Tropas Estacionarias simplemente revisando los muros y podía notar que Mara también, pues ésta comenzaba a quedarse atrás.

El hombre miró hacia atrás al ver que yo comenzaba a acercarme cada vez más a él. Yo, por mi parte, sentía que podría desmayarme por el esfuerzo en cualquier momento, pero sonreí tras ver un destello no muy lejos de donde estábamos. En un parpadeo, Elric cruzó la calle y placó al ladrón con fuerza. El hombre se levantó del suelo un par de metros y su cuerpo golpeó contra una de las paredes, quedando semi-inconsciente sobre el suelo. Me frené en seco, con mi boca abierta de par en par por la sorpresa y por la habilidad que mi amigo acababa de mostrar.

—¡Qué pasada! —dijo Mara entre risas— Casi le partes en dos.

—Te has pasado —comenté mientras Elric se posaba a nuestro lado, intentando retomar el aire que faltaba tras la carrera que me había dado.

—¿No decíais que era el más fuerte? Pues ahí lo tenéis —mi amigo sonrió con satisfacción.

Los tres nos acercamos hasta el ladrón. Elric le tomó del cuello de la camisa que llevaba y le zarandeó, intentando despertarle. Mara y yo le observamos con desaprobación, pero, igualmente, no hicimos nada por detenerle.

—Lo-Lo siento —dijo el hombre finalmente. Sus ojos estaban abiertos de par en par. Reflejaban el terror de haber sido atrapado—. Yo no quería hacerlo. Lo hice por necesidad.

—Eso lo decidiremos nosotros —Elric frunció el ceño mientras seguía sujetándole.

Mara se agachó y rebuscó en los bolsillos de aquel tipo hasta que dio con una especie de compartimento en su chaqueta. Efectivamente, ahí dentro se encontraba una bonita cadena de plata con un colgante con un zafiro incrustado. Me acerqué para observar la pieza con admiración. Pocas veces se veían joyas de aquel calibre, pues prácticamente nadie podía permitírselas.

—¿Y qué me dices de esto? —Elric sostuvo el colgante para que el hombre lo viera mejor.

—Iba… Iba a venderlo. Es para dar de comer a mis hijos.

—Un momento —Mara puso los brazos en jarras—. Vamos a recapitular, ¿te parece? Has robado muchas cosas y todas ellas de mucho valor, como un guardapelo de plata o este mismo collar. A quién pensabas vendérselas, ¿eh? No todo el mundo te las puede comprar.

—Si robaras por necesidad, no robarías estas cosas —Elric le tomó del cuello. Su rostro había adquirido un tono rojizo— Robarías pan, idiota. Para vender algo como esto necesitas tener buenos contactos y tampoco me parece que la camisa que llevas puesta sería la que llevaría alguien que roba por necesidad, ¿no te parece? —Elric, con su mano libre, aferró con su puño la prenda impoluta.

—Elric —susurré. Él me fulminó con la mirada, pero, al ver mi expresión de desconcierto, sus músculos dejaron de estar tensos y soltó el cuello del ladrón emitiendo un suspiro.

—Volvamos al cuartel —mi amigo se puso en pie y comenzó a alejarse de nosotras. Yo le observé caminar por la calle, ignorando las miradas de incredulidad de algunos transeúntes mientras Mara le colocaba unas esposas a aquel tipo y le daba empujones para que comenzara a caminar siguiendo a nuestro amigo.

Las dos regresamos en silencio al cuartel. Mis ojos permanecieron durante todo el trayecto clavados en la nuca de Elric, que caminaba a unos metros por delante de nosotras. No sabía que algo como un robo podía llegar a afectarle tanto, sobre todo después de tantos años.

Elric no tenía familia o, al menos, él no la recordaba. Se había criado en las calles de la Muralla María, durmiendo en el suelo y alimentándose de lo que podía. Creció solo durante mucho tiempo, pero años después había tomado bajo su custodia a un niño más pequeño que él y que se encontraba en las mismas circunstancias que él. No queriendo que aquel pequeño tuviera que pasar por lo mismo por lo que pasó él, con siete años comenzó a robar más bien con el objetivo de alimentar a aquel niño que se había convertido en algo así como su hermano.

Recibió muchas palizas cuando le descubrieron más de una vez intentando hacerse con barras de pan, pero nunca cejó en su empeño y siempre terminaba volviendo. No obstante, aquella alimentación no era suficiente para un niño de tres años y el pequeño terminó enfermando. Un par de meses después, falleció, dejando a Elric completamente solo de nuevo. Quizá no tuviera la misma constitución fuerte que Elric, pero mi amigo no podía entender por qué él había sobrevivido en las calles solo tantos años y, en cambio, aquel niño del que nunca quiso decirnos su nombre, aun teniéndole a él, no había salido adelante. Elric odiaba robar, odiaba aprovecharse del trabajo de otras personas, pero se vió en la necesidad de ello. Era él el que se encargaba de traer comida y otros objetos que pudieran necesitar para que aquel pequeño no tuviera que llevar a cabo una tarea tan desagradable como aquella. Elric pretendía que creciera siendo un niño normal y feliz, pero eso ya no importaba. Mi amigo sintió que el mundo le daba siempre la espalda.

Cuando cumplió los dieciséis, Elric decidió entrar en el Ejército con el pensamiento de que, si moría, a nadie le importaría. No le quedaba nada y, al menos, en el Ejército tendría algo que llevarse a la boca. Recuerdo cómo era por aquel entonces. Sus brazos eran raquíticos y fue el hazmerreír de muchos de nuestros compañeros, incluso del propio instructor. Así fue como me acerqué a él. Me resultaba tremendamente injusto que se metieran con alguien que presentaba claros signos de malnutrición. Había visto muchos casos con el doctor, así que sabía diagnosticarlos con un solo vistazo. Reconozco también que las primeras palabras que le dije no fueron del todo agradables y menos para un chico que vivía peleado con el mundo en general, puesto que creía que le había dado la espalda desde que había nacido, pero después comprendió que yo solo quería ayudarle. No obstante, antes de que terminara de decirle lo que pensaba, me sujetó con fuerza por el cuello y me estampó contra la pared, haciendo alarde de una fuerza descomunal a pesar de su aspecto. Así fue también cómo conocimos a Mara. Ella fue la que intervino e hizo que Elric finalmente me soltara. Si seguía mis consejos, engordaría y ganaría músculo rápidamente. Demostraría a todos que no era un enclenque. Y vaya si lo hizo. Terminó siendo el primero de nuestra promoción y me sentía especialmente orgullosa de él.

Quizá por eso había reaccionado así ante aquel tipo que decía robar por necesidad. Él sabía lo que eso significaba y nunca se le habría ocurrido arrebatarle a la gente cosas como joyas que, seguramente, en muchos de los casos, eran el único objeto de valor que tenían.

—¿Estás bien? —le pregunté una vez llegamos al cuartel. Elric tenía su cabeza apoyada contra la fría pared de piedra tras haberse quitado el equipo de maniobras tridimensionales. Lo había dejado en el suelo y yo lo recogí para guardar tanto el suyo como el mío. Mara, por su parte, se había llevado al ladrón hacia los calabozos, donde pasaría a disposición de nuestros superiores. Nuestro trabajo había terminado ahí.

—Lo siento —susurró.

—No tienes que disculparte. Has estado fantástico —sonreí tiernamente, aunque él no podía verme porque estaba dándome la espalda.

De repente, Elric se dio la vuelta, dio un par de zancadas, y me abrazó con fuerza. Durante los primeros segundos de aquel abrazo, no pude reaccionar. Estaba inmóvil, con mis ojos abiertos de par en par, pero, finalmente, moví mis brazos hacia su espalda y le estreché contra mí. Él enterró su rostro en mi pelo, aspirando su aroma y me aferré a su chaqueta con fuerza, intentando hacerle sentir mejor.

—¿Estás ya mejor? —pregunté mientras él se separaba un poco de mí, pero aún manteniendo sus brazos alrededor de mí.

—Te quiero —confesó finalmente mientras dejaba caer con delicadeza su frente sobre la mía, haciendo que nuestras narices se rozaran.

Sentí mariposas en el estómago al escuchar aquellas dos palabras y un hormigueo recorrió mi espina dorsal. Me quería. Siempre lo había hecho, desde el mismo día en que me acerqué para hablarle cuando éramos unos simples reclutas. Era la primera vez que alguien se interesaba por él. Él, que siempre había creído que el mundo le detestaba, había vislumbrado una tenue luz al final del túnel: yo. Pero yo estaba tan ciega que no me había dado cuenta. Ni siquiera me había dado cuenta del tiempo que había pasado desde que Mara se había ido y todavía no había vuelto. Seguro que lo sabía. Ella lo sabía siempre todo. Al fin y al cabo, Mara se parecía mucho a su padre.

Mara se ganó mala fama durante nuestros primeros días como reclutas. Por lo visto, tuvo varios problemas e, incluso, vinieron miembros de la Policía Militar a buscarla, aunque finalmente ella permaneció con el resto del grupo. Aquello fue suficiente para despertar oscuros rumores sobre su persona, así que todos evitábamos acercarnos a ella lo menos posible.

Con mi primer y único encontronazo con Elric, Mara fue la que intervino y así fue como empezamos a hacernos amigas. No me pareció tan mala chica como muchos pensaban, solo era un poco arisca, así que intenté entablar conversación con ella en más de una ocasión cuando estábamos en las habitaciones o cuando el instructor nos torturaba con el ejercicio físico. Poco a poco, tanto Elric como yo comenzamos a hacernos un hueco en el corazón de la 'Reina de hielo' como muchos la llamaban. Por eso, tarde o temprano nos contó su historia.

Mara procedía de Sina. Era hija de un juez, un hombre brillante con un don para analizar la conducta de las personas o cualquier situación, cualidad que estaba convencida que mi amiga había heredado. Nunca había sabido lo que era la necesidad, pero siempre se había sentido vacía. Tenía un hermano mayor que seguiría los pasos de su padre y cuatro hermanas mayores más, todas con un futuro asegurado casándose con distintos nobles y jueces importantes de Sina. Sin embargo, ¿qué le esperaba a la hija pequeña? ¿Qué podía ofrecer ella? Ella era las sobras y, antes que tener que casarse con alguno de los repugnantes amigos de su padre, prefirió marcharse de casa para decidir ella su propio futuro.

Ingresó como recluta en el Ejército. No mintió sobre su nombre, pero, aún así, no la reconocieron. Sus padres, evidentemente, descubrieron en seguida que su hija se había escapado de casa, así que comenzaron una búsqueda, dando con ella rápidamente. Por eso vinieron miembros de la Policía Militar, para llevarla de vuelta a Sina. Pero ella se negó, lo que le causó numerosos problemas. A causa de eso, su padre la repudió. No obstante, su madre le enviaba cartas sobre cómo iban las cosas por su casa todas las semanas y, aunque Mara jamás le contestó a ninguna, la mujer seguía insistiendo y seguía siendo fiel a su carta semanal. Debo reconocer que a mí me daba pena su madre y solo me atreví una vez a decirle a mi amiga lo que pensaba, que debía contestarla alguna vez. Estuvo sin hablarme un mes. Comprendí que no debía meterme en los asuntos de los demás, pero ella era mi amiga y también me preocupaba por ella.

Por otra parte, creo que su historia y la mía eran bastante parecidas. Repudiadas por nuestros padres, pero perdonadas por nuestras madres. Quizás, por eso, a pesar de que éramos tan diferentes, no podíamos vivir la una sin la otra.

—Yo también te quiero —susurré finalmente.

Y, cuando quise darme cuenta, los labios de Elric estaban sobre los míos.

Yo abrí los ojos de par en par y sentí cómo una lágrima se deslizaba por mi mejilla. ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué me estaba besando? ¿Y por qué le estaba devolviendo aquel beso? Sonará patético, pero a mis veinticuatro años no sabía hasta ese momento lo que era besar a alguien. Siempre había pensado que el amor o las relaciones no eran para mí. No los merecía. Toda mi vida estaría destinada a cuidar de mi hermano y el resto no importaba. No obstante, siempre había considerado que un primer beso debía ser algo especial y, aunque estaba siendo un momento bonito, me sentí disgustada conmigo misma. Sentí asco. Pero no rompí el beso. Fue Elric el que se separó y me mostró la sonrisa más bonita que le había visto nunca. Yo le devolví la sonrisa y me sentí en ese preciso instante la persona más horrible del mundo. Era repugnante.

Nunca me había percatado de lo que Elric sentía por mí, pero aquel beso me lo había dejado bastante claro. Mis sentimientos por él no iban más allá de la amistad, pero me sentía incapaz de decírselo y preferí seguir con una farsa que ya me estaba comenzando a quemar por dentro. Pero nunca le había visto tan feliz. Me hablaba entusiasmado mientras regresábamos al interior del cuartel mientras me mantenía pegada a él con su brazo por mis hombros. Yo le contestaba de forma natural y reía todas sus bromas, como siempre. Y no lo entendía. No entendía por qué podía actuar de aquella forma con él.

Finalmente, no lo soporté y, durante la cena, me excusé diciendo que estaba demasiado cansada, por lo que prefería irme a dormir cuanto antes. Me daban igual las miradas que obtuve por parte de mis amigos y el resto de compañeros que nos acompañaban en la mesa. Ni siquiera me desvestí, me metí en la cama con el uniforme puesto y me tapé con las sábanas hasta arriba. Me sentía sucia y tremendamente mal conmigo misma.

Cuando la puerta se abrió una hora después, supe que era Mara. Yo me mantuve en la misma posición, cubierta con las sábanas y esperando a que creyera que estaba dormida, puesto que ella siempre podía sentir cuando algo no iba a bien y no me apetecía hablar de lo que había hecho. Escuché a mi amiga desvestirse a oscuras y, después, cómo se metía en la cama.

—Si ha pasado es porque tú has querido —contuve la respiración cuando la escuché hablar. Sabía que estaba despierta y ahí estaba otra vez su maldita intuición. Yo me mordí el labio inferior—. No deberías darle ilusiones, pero supongo que eso no va contigo. Mañana le sonreirás y dejarás que te vuelva a besar. Así será por el resto de tus días. Incluso apuesto porque os casaréis y tendréis unos preciosos hijos de mejillas sonrosadas y risas cantarinas, pero tú te sentirás sucia —yo me desarropé con un gesto brusco y la miré, aunque no podía ver mi ceño fruncido debido a la oscuridad— Enhorabuena, _ _ _ _, vas a tener una vida de mierda y llena de remordimientos.

Deseé golpearla con fuerza por lo que acababa de decir, pero, por otra parte, sabía que tenía razón. Era demasiado cobarde y me preocupaban tanto los sentimientos de los demás como para decirle a Elric que aquello había sido un maldito error. Pero sería un círculo vicioso y parecía que no tenía opciones. Si le decía que yo no sentía nada, le haría daño y, si no decía nada, sería yo la que sufriría. No obstante, las palabras de Mara habían sido demasiado duras y me sentía profundamente ofendida.

—Te has pasado —gruñí finalmente.

—¿De verdad te lo parece? —preguntó emitiendo una risita— Genial. Entonces dejemos que Elric viva en su mundo de fantasía, ¿te parece? —mi amiga hizo una pausa— Algún día se dará cuenta. Está perdidamente enamorado de ti, como un idiota desde que te acercaste a él cuando éramos reclutas, pero eso no significa que sea un imbécil. Algún día se dará cuenta. Quizá sea mañana o quizá sea dentro de treinta años, pero lo hará. ¿Y entonces qué harás tú? ¡Oh! ¡Espera! ¡Ya lo sé! —escuché cómo Mara chasqueaba los dedos— Dirás: 'Pobrecita de mí. Soy tan mala persona, pero casi que le he hecho un favor por estar con él todos estos años'.

—Sabes que eso no es verdad —aferré las sábanas con fuerza.

—Quizá sea una exageración o quizá no, pero no me metas a mí en tu mierda. Siempre terminas haciéndolo.

Mis ojos se abrieron de par en par y sentí cómo las lágrimas se acumulaban por salir. Sentí un nudo en la garganta mientras intentaba por todas mis fuerzas no llorar. Aquellas palabras de Mara habían sido como un puñal para mí. ¿De verdad pensaba todas esas cosas de mí? ¿Por qué no me había dicho nunca nada? Tragué saliva como pude. ¿Qué clase de relación de amistad teníamos? Cerré los ojos con fuerza e intenté despejar mi mente. Si pensábamos tantas cosas que nunca nos decíamos, quizás, nuestra relación no era tan fuerte como yo creía, sino que más bien los unos nos apoyábamos en los otros para seguir hacia delante. Pero me negaba a creer eso. No podía ser cierto.

Ninguna de las dos volvió a abrir la boca en lo que quedó de noche. Yo me giré y quedé de cara contra la pared mientras me cubría con las sábanas hasta los ojos. Nunca había deseado desaparecer tanto como en aquel momento. Pero tampoco iba a tener mucho tiempo para lamentos ni para tener tanto drama en vida. Mi suerte estaba a punto de cambiar.


¡Hasta aquí el sexto capítulo!

No sé qué pasa últimamente que los capítulos me quedan más cortos de lo que pretendo en un principio ¬¬ Pero bueno, el siguiente no lo tengo escrito, pero será muuuucho más largo, aunque no sé muy bien por donde cortaré. Si más o menos os situáis por dónde vamos en la historia, Annie ya está bajo la custodia de las Tropas de Reconocimiento, así que supongo que sabréis más o menos lo que viene ahora ;) Van a pasar muchas cosas del manga y otras tantas que no, pero por fin habrá un poco de acción y aparecerán los personajes de la historia, que últimamente estaban un poco abandonados.

Por otra parte, espero que esta dosis de drama haya gustado. No estaba muy convencida de hacer esto, pero creo que la clase de relación entre estos tres va a ser importante para que rayita espabile un poco.

Gracias, como siempre, a catherinearnshaws por sus reviews. Tus opiniones son muy importantes para mí, ya que así sé si voy por el buen camino o no. Y, también, gracias a los que han empezado a seguir o han dado favorito a esta historia durante estos últimos días.

¡Nos leemos!