X
La atmósfera que se respiraba en el salón no era todo lo cómoda que esperaba. Farman, que tenía su pierna apoyada en uno de los bancos de madera y me miraba con sonrisa burlona, me echó un último vistazo antes de dejarme a solas con mis dos amigos. Desde que había llegado, el hombre no había dejado de restregarme en la cara que él era el nuevo capitán y yo, por mi parte, había conseguido mantenerme lo más estoica posible. Estaba convencida de que se moría por darme órdenes y tuve que contener una sonrisa de medio lado, pues yo ya no era parte de las Tropas Estacionarias.
Lo primero que había hecho al llegar a Klorva era pasar por el cuartel. No tenía muy claro que quisiera ver a mi hermano y a mi madre porque no sabía cómo sería su reacción cuando se enteraran de mi decisión. ¿Que era una cobarde? Sí, puede ser, pero temía que mi madre pudiera intentar disuadirme de unirme a la Legión de Reconocimiento y, por otra parte, no quería que tuviera más preocupaciones.
Mara, Elric y yo guardamos silencio por varios minutos. Mis dos amigos estaban sentados justo frente a mí. Yo jugueteaba con mis dedos en la mesa de madera, mientras intentaba ordenar mis pensamientos.
—¿Qué tal te ha ido estos días? Llevamos tiempo sin verte —suspiré de alivio cuando Elric rompió el silencio. Yo sonreí. Siempre era él el que tenía que darme el empujoncito.
—Bien. Bueno, en realidad, ha sido una experiencia agotadora. He tratado a mucha gente, pero creo que ya puedo decir casi con certeza que soy doctora.
Mis amigos asintieron y los tres volvimos a guardar silencio. ¿Por qué tenía que ser una situación tan rara? Llevábamos sin vernos no más de una semana, pero parecían años. Me rasqué la cabeza, intentando encontrar una explicación a lo que nos estaba pasando. Éramos amigos, ¿no?
—Oye, _ _ _ _ —Elric miró para otro lado—, ¿lo viste? ¿Viste cómo el capitán Hannes moría?
—¡Elric! —Mara golpeó a nuestro amigo en el brazo.
Sentí mi corazón detenerse y las imágenes comenzaron a sucederse en mi mente. Los dos niños en el suelo, el titán acercándose, Hannes saltando de su caballo para ayudarles… Sentí ganas de vomitar y me masajeé las sienes. Quería olvidarlo todo, quería olvidar las vísceras y, sobre todo, quería olvidar el dolor y la impotencia. Hannes había sido como una figura paterna para mí y su muerte sería algo que no perdonaría nunca.
—Lo siento… —murmuró Elric finalmente.
—No —mi voz sonó más grave de lo normal—, no lo sientas —clavé mis ojos sobre mis amigos—. Vi morir a Hannes y no pude hacer nada, si es eso lo que os estáis preguntando.
—Se han contado muchas cosas sobre lo que hiciste —prosiguió Mara más animada, tras ver que parecía entera tras lo que había experimentado. No obstante, yo no había olvidado la discusión que habíamos tenido la noche antes de la supuesta tercera invasión de las murallas, así que mi ceño se frunció ligeramente. No podía olvidarla fácilmente. Mara me había dicho cosas bastante dolorosas sobre mí y ella estaba actuando como si no hubiera pasado nada entre nosotras.
—¿Y qué es lo que cuentan? —pregunté escéptica.
—Que salvaste al comandante Erwin Smith —respondió Elric.
—Eso no es del todo cierto.
—Eres demasiado modesta.
—Puede ser —hice una pausa—. Un titán le mordió el brazo y le llevó en dirección contraria a la expedición. Yo le hice un torniquete para evitar que muriera desangrado, pues el titán le había arrancado el brazo, y, después, cuando regresamos a Rose, yo misma participé en su cirugía y he seguido su proceso de curación.
—Eso es impresionante —los ojos de Elric se abrieron de par en par—. Hubo compañeros de las Tropas Estacionarias que dijeron que cabalgaste en dirección contraria al resto, ignorando las órdenes del comandante Smith. Muchos te admiran ahora. Eres como su heroína —Elric rio.
—No soy una heroína. Desobedecí las órdenes de mi comandante.
—Oh vamos… —Elric apoyó el codo en la mesa y dejó caer su cabeza sobre la palma de su mano— Salvaste a ese tipo de ser devorado por un titán. No creo que mucha gente pueda decir qu-
—¿Has dicho 'mi comandante'? —interrumpió Mara.
—¿Qué? —Elric parecía confuso, pero yo me limité a asentir.
—Así es. De hecho, he venido porque os tenía que pedir un favor —me puse en pie y me acerqué hasta la bolsa que había llevado conmigo a Klorva. De ella, saqué una carta que había escrito para mi madre—. ¿Podéis entregarle esto a mi madre? En ella le explico mi decisión de unirme a la Legión de Reconocimiento. Se lo diría en persona, pero no me veo con fuerzas y aún tengo muchas cosas que hacer.
—Estás bromeando, ¿verdad? —preguntó Elric mientras observaba la carta que había dejado caer sobre la mesa.
—¿Tengo pinta de bromear?
—Tú no eres así —Mara me fulminó con la mirada—. La _ _ _ _ que yo conozco eligió las Tropas Estacionarias. ¿Por qué haría ahora una estupidez como ésta?
—La _ _ _ _ que tú conoces eligió las Tropas Estacionarias y, desde entonces, está vacía —respondí con franqueza—. Me he dado cuenta de que la causa por la humanidad es también la mía. En estos últimos días ha muerto gente muy válida. Ha muerto Hannes, ha muerto Mike Zakarius… Tengo la capacidad de matar titanes, pero también de salvar vidas. Mi verdadero objetivo está ahí fuera, más allá de estas malditas murallas.
Mis amigos guardaron silencio y yo sentí que un nudo se formaba en mi garganta. Nunca había sido tan sincera con ellos y eso era lo que verdaderamente me molestaba. No solíamos expresarnos libremente los unos con los otros. Lo pasábamos bien, bromeábamos, pero hacía mucho tiempo que no nos confiábamos ciertas cosas. Por eso Mara y yo habíamos discutido nuestra última noche en el cuartel juntas, porque no éramos capaces de echarnos ciertas cosas en cara.
—Siento este camino —proseguí—. Podíais haber entrado en la Policía Militar y tomasteis la decisión de darle una oportunidad a las Tropas Estacionarias, pero me siento oprimida en Klorva. Creo que pued-
—¿¡Me estás tomando el pelo!? —Elric golpeó con ambos puños en la mesa y se puso en pie. Yo me sobresalté por el golpe. Estaba rojo por la ira— ¿¡Por qué eliges la muerte segura!? ¡Quédate aquí!
—¡No elijo la muerte segura! ¿Por qué crees que voy a morir? —Elric y Mara intercambiaron miradas y, entonces, lo entendí. No solo es que nuestra amistad se basara en relaciones parásitas en las que los unos dependíamos de los otros, sino que también estaba forjada bajo secretos y pequeñas mentiras— No me creéis capaz… —murmuré, visiblemente sorprendida por mi descubrimiento.
—No es que no te veamos capaz —explicó Mara, poniéndose en pie también—, pero, reconozcámoslo, no funcionas bien bajo presión.
—¿Qué demonios quieres decir? —apreté mis puños con fuerza.
—Eres demasiado inocente y tiendes a ponerte nerviosa cuando las cosas no van bien. ¿Tengo que recordarte el examen? ¿O lo que sucedió en Trost? ¡Te quedas paralizada! ¡No vales para eso! Se te da bien estar entre libros o rellenando papeles. Deja los titanes para aquellos que sí tienen talento de verdad.
—¡Eso no es lo que sucedió esta última vez! ¡Maté a un titán!
—Eso sería pura suerte —escupió Elric. Rápidamente, el chico se dio cuenta de lo que había dicho, pero el daño ya estaba hecho. Le miré, dolida por sus palabras, pero, aunque hubo cierto atisbo de duda, terminó por fruncir el ceño y sentenciarme con la mirada.
—Tuvimos que salvarte el Trost de un titán, _ _ _ _—continuó Mara—. No creas que porque hayas estado en una expedición y todavía te dure la adrenalina puedes considerarte ya una heroína. No has hecho nada y lo normal es que mueras en tu primera expedición.
—Así es —Elric asintió—. Es mucho mejor que te quedes con nosotros, que te quedes conmigo. Sabes que yo puedo darte lo que siempre has querido: una familia de verdad y no el infierno por el que te hizo pasar tu padre cuando eras una cría —Elric dio un paso hacia mí, pero yo me eché hacia atrás. Sus palabras estaban siendo como puñales. ¿Pero quién demonios se creía para hablarme de familia? ¿Qué sabía él lo que era una familia para mí?
—Bien… —poco a poco, las carcajadas comenzaron a acumularse en mi garganta hasta que, definitivamente, rompí a reír. Elric y Mara me miraron como si estuviera loca y, a decir verdad, quizá hubiera perdido un poco la cordura— Me alegro que todo haya quedado aclarado —articulé finalmente—. No hace falta que entreguéis esta maldita carta —añadí recogiendo el sobre—. No quiero que os volváis a acercar a mi familia.
—Te estás pasando —Mara chasqueó la lengua—. Te pones muy dramática siempre.
—¿¡Dramática!? —golpeé con mi puño en la mesa— Vosotros no habéis estado ahí fuera, no sabéis lo que es ver a las tropas de Erwin Smith en acción. ¡Ellos hacen el trabajo sucio de verdad! Y yo voy a unirme a su causa. Siempre hago caso a mi cabeza, pero creo que ya es hora de hacer caso a mi corazón y me está diciendo que esto que ha habido entre los tres es una mierda. ¿Qué habéis intentado todos estos años? ¿Protegerme? —emití una sonora carcajada— Lo que habéis hecho todos estos años es aprovecharos de la tranquilidad que os proporcionaba mi situación. Qué bonito es ir a mi casa y comer la comida que os preparaba mi madre, ¿verdad? Qué bonito es quedarnos en el cuartel sin hacer nada mientras _ _ _ _ rellenaba esos informes interminables sobre la muralla, ¿verdad? Pero, ahora que se os acaba el chollo y Farman es vuestro nuevo capitán y no yo, es cuando sale todo a relucir —hice una pausa—. Teníais miedo de que os pidiera que os unierais a mí, pero os equivocáis porque yo jamás haría eso. No obstante, veo cierto recelo en vosotros. Creíais que podríais destacar a mi lado porque, reconozcámoslo, fui un fracaso como recluta. ¿Que deje los titanes para los que de verdad tienen talento? ¿En serio, Mara? —sonreí de medio lado— Pues resulta que como soldado he demostrado mucho más valor y determinación que vosotros dos juntos. No os confundáis. Nosotros no hemos tenido nunca nada en común ni lo hemos tenido.
Antes de que alguno de los dos pudiera responder, salí a grandes zancadas del comedor del cuartel de Klorva, cogiendo mi bolsa en el proceso. Por una parte, me sentía satisfecha, pero, por otra, estaba tremendamente confundida porque no llegaba a entender del todo qué era lo que había ocurrido. Había roto ocho años de amistad. Ocho años de experiencias que había dejado atrás en solo unos minutos.
Sin embargo, muchas cosas de las que habían pasado en esa época empezaron a cobrar sentido para mí. Habíamos empezando siendo amigos de verdad, nuestra amistad había sido pura y sincera, pero, en un punto, los celos y el deseo de superarnos los unos a los otros nos habían terminado consumiendo. Ahora podía comprender a Maverick y Alphonse. Siempre habían sido nuestros amigos, pero jamás se habían unido al grupo por completo. No obstante, recordaba que los dos solían acercarse más a mí cuando Elric y Mara no estaban alrededor.
Me apoyé contra la pared del cuartel y cerré los ojos, dejando que el sol calentara la piel de mi rostro. Ellos dos siempre habían sido mucho más intuitivos que yo con las personas. Seguramente me habían hecho hasta gestos, señales, para que me diera cuenta de que Elric y Mara estaban a mi lado porque confiaban en mi fracaso y en mi poca confianza en mí misma para poder ser ellos los que destacaran, pero había dejado todo eso atrás. La antigua _ _ _ _ se había quedado fuera las murallas. Me sentía una persona nueva y soñaba con poner las alas de la libertad a mi espalda.
—¿Qué cojones ha pasado ahí dentro?
Pegué un respingo al escuchar una profunda voz a mi lado. Llevé mi mano a mi corazón, que latía a gran velocidad, y me giré para toparme con la afilada mirada de Levi Ackerman sobre mí.
—¿¡Qué demonios estás haciendo tú aquí!? —¿Por qué? ¿Por qué parecía seguirme a todas partes? Había conseguido esquivarle, pero estaba claro que no podía librarme de él tan fácilmente. Había venido a cobrarse su venganza por todas las cosas que le había dicho.
—No has respondido a mi pregunta.
—Ni tú a la mía.
—Yo pregunté primero, bastarda.
Suspiré. De verdad que aquel tipo era imposible. ¿Soldado más fuerte de la Humanidad? ¡Ja!
—¿No te han enseñado que no hay que espiar conversaciones ajenas?
—Y no lo he hecho, idiota —Levi parecía que escupía cada una de aquellas palabras directamente contra mí—. No eres tan interesante. Pero tienes la voz más irritante que he escuchado nunca.
—Igualmente no te interesa lo que ha sucedido ahí dentro —respondí intentando defenderme y comencé a caminar.
—No vayas ahora de digna conmigo, mocosa —Levi se puso rápidamente a mi altura. Yo intenté caminar más deprisa, pero seguía mi ritmo como si nada—. Tenemos cuentas pendientes. No lo he olvidado.
Me detuve en seco y clavé mis ojos sobre él. Levi, en cambio, me miró indiferente. ¿Es que eso era una amenaza? ¿Cómo se atrevía a hablarme así? No obstante, no se me ocurría nada ingenioso que decirle. ¡Porras! En un momento como ese…
—¿Vas a decirme por qué estás aquí? —pregunté finalmente. No era lo que estaba buscando, pero algo es algo, ¿no?
—Porque te has traído a esos malditos mocosos contigo, así que, antes de nada, vamos a dejar las cosas bien claras como tu superior que soy de ahora en adelante.
—Un momento… —me crucé de brazos— El comandante Erwin Smith aún no me ha asignado a ningún escuadrón y, ¿de qué malditos mocosos estás hablando?
—Aunque no tengas escuadrón, sigo siendo tu superior, idiota. Soy capitán. No lo olvides —Levi chasqueó la lengua molesto por mi actitud y aquello solo me hizo sonreír de satisfacción. Era divertido retarle y ver cómo se enfadaba cada vez que yo abría la boca—. Y no me digas que no sabes dónde están Eren Jaeger y Armin Arlert.
Enarqué una ceja. ¿Eren Jaeger y Armin Arlert? ¿Por qué demonios iba a saber dónde estaban? No les había visto desde la expedición, ni siquiera había intercambiado con ellos más de dos palabras desde que les había conocido. No me interesaba dónde pudieran estar, si eso era lo que Levi pretendía que le dijera. Si él no era capaz de cuidar de un par de críos de quince años, no era mi problema.
—No tengo ni idea de qué estás hablando —comencé a caminar de nuevo—. No sé qué clase de problema tienes conmigo, pero no tengo ningún tipo de relación con esos dos niños, si es lo que te interesa —giré la esquina cuando, de repente, me frené y di varios pasos hacia atrás, obligando a Levi también a retroceder.
—¿Qué estás haciendo? —me preguntó Levi, molesto al verse empujado por mí.
—¿Por qué demonios están aquí? —le susurré mientras apoyaba mi espalda contra la pared. Levi frunció el ceño y asomó la cabeza por la esquina del edificio. Un extraño brillo se reflejó en sus ojos y se giró para mirarme. Vale, quizá yo podía saber dónde estaban Eren Jaeger y Armin Arlert, pero juraba que no tenía ni idea hasta que les vi al girar la esquina. ¿Por qué demonios estaban en Klorva? Los dos chicos estaban fuera del cuartel, llevaban sus capas con la capucha puestas, como si intentaran cubrir sus rostros, pero, aún así, pude reconocerles rápidamente. Era como si esperaran a alguien.
Levi chasqueó la lengua y giró la esquina. Yo di un paso adelante también, intentando retenerle, pero antes de agarrarle del brazo me detuve, incluso me sentí rara al reflexionar en lo que había estado a punto de hacer.
Eren Jaeger se dio cuenta rápidamente de que alguien se acercaba hacia ellos. Sus ojos se iluminaron cuando me vio, pero rápidamente su expresión cambió al ver a Levi caminando hacia él a grandes zancadas.
—¡Capitán! —exclamó Armin Arlert, visiblemente sorprendido.
—¿Qué demonios estáis haciendo aquí? ¿Es que tengo que ser vuestra jodida niñera? Os recuerdo que ahora sois parte de mi escuadrón. ¿Os he dado permiso para abandonar vuestra posición?
—N-No, señor.
—Tenéis instrucciones muy precisas.
No pude evitar sonreír. Levi se veía como un padre que echa una reprimenda a sus hijos. Los dos niños agacharon sus cabezas, avergonzados. No obstante, Eren apretó los puños y se atrevió a mirar a Levi con determinación tras unos segundos de indecisión.
—Necesitábamos verla a ella antes, señor —el castaño dirigió su mirada hacia mí. Yo incliné levemente la cabeza hacia un lado, pues no entendía absolutamente nada—. Antes de marcharnos necesitábamos pedirle un favor.
Intenté analizar la situación que estaba viviendo. Tanto Levi como Eren habían hablado de que los dos chicos no deberían estar allí, que debían marcharse a alguna parte. Por otro lado, tanto Eren Jaeger como Armin Arlert parecían estar intentando ocultarse. ¿De qué debían esconderse? Deseé preguntar, pero comprendí que era absurdo, ya que estaba convencida que no confiarían en mí información tan importante. Al menos no por el momento.
—Sabíamos que venía a Klorva —prosiguió Armin— y también sabíamos que tenía buena relación con Hannes, por lo que entendimos que haría algo por él y queríamos participar.
Levi me miró y yo tragué saliva. No me estaba fulminando con la mirada como en otras ocasiones, pero podía leer cierta sospecha en sus ojos.
—Hannes fue alguien muy importante para mí —confirmé—. Iba a ir a ver a su viuda antes de regresar a Sina.
Los dos chicos intercambiaron miradas y, después, posaron sus suplicantes ojos sobre Levi. Tras unos segundos, éste suspiró con resignación.
—Id. Pero os quiero de vuelta en seguida. ¿Me habéis oído?
—Sí, señor —respondió Eren, pero casi antes de que pronunciara aquellas palabras, Levi se había prácticamente esfumado. Me quedé observando con curiosidad justo el sitio en el que hacía unos segundos Levi estaba ocupando a mi lado. Aún era pronto para saber los motivos exactos de por qué me había seguido hasta Klorva, pero, aunque en esos momentos pensaba que era un monstruo en un cuerpo de un metro sesenta, poco a poco comprendería que no era tan mala persona como yo imaginaba.
No sabía qué decirles a los dos chicos exactamente cuando nos quedamos solos, así que los tres permanecimos en silencio durante un tiempo, inmóviles, frente al cuartel general de Klorva. Menudo día… Iba de situación incómoda en situación incómoda.
Finalmente suspiré y comencé a caminar, esperando que los chicos me siguieran. Caminé en silencio por las calles del distrito, sintiendo sus ojos en todo momento sobre mi nuca. Podía haberles preguntado cosas sobre Hannes, pero entendía que los motivos por los que deseaban hacerle una especie de homenaje o tener un detalle con él se debían principalmente, porque, al igual que yo, Hannes había sido especial para ellos.
Cuando me detuve en la puerta de la casa en la que Hannes había vivido me vi incapaz de llamar. Hacía mucho tiempo que no veía a Claudia, quizás demasiado, así que sentí que no tenía derecho a ir a verla después de todo lo sucedido. ¿Cómo iba a reaccionar cuando me viera parada bajo su puerta? Me mordí el labio inferior y miré por encima de mi hombro, asegurándome de que Eren Jaeger y Armin Arlert estaban tras de mí. Los dos chicos asintieron y contuve el aliento. Era el momento. Posé mi puño sobre la madera y toqué con varios golpes secos seguidos.
Pasaron varios segundos hasta que la puerta de la casa se abrió. Claudia, aunque no era una belleza, siempre había sido agradable a la vista, pero su aspecto había cambiado drásticamente. Seguía teniendo el pelo largo, pero las enormes bolsas bajo sus ojos y las incipientes arrugas le daban mucha más edad de la que en realidad tenía. Había perdido peso, la ropa le estaba grande y yo sentí que el alma se me caía a los pies. No me gustaba ver a Claudia así.
La mujer, en cambio, me observó con mirada cansada, pero, poco a poco, noté que sus ojos se cristalizaban, igual que los míos. Su imagen se volvió borrosa y, cuando quise darme cuenta, las dos estábamos abrazadas, llorando desconsoladamente por Hannes. Mi capitán y su marido, él jamás volvería.
Armin Arlert y Eren Jaeger esperaron pacientemente. Seguramente estarían incómodos por la escena, pero, cuando tanto Claudia como yo conseguimos calmarnos, nos percatamos de que los dos chicos seguían allí. Claudia se apartó de la puerta y nos invitó a pasar. Hacía mucho tiempo que no visitaba aquella casa, pero no había cambiado absolutamente nada. La cocina estaba tan recogida como siempre y sobre la mesa de madera reposaba un jarrón con flores, aunque en aquella ocasión ya estaban algo marchitas. No era propio de Claudia dejar que ese tipo de cosas sucedieran, nunca había descuidado ni un solo detalle de su casa, pero suponía que el fallecimiento de las personas a las que amamos nos lleva a replantearnos ciertas cosas.
—Vosotros dos sois Eren y Armin, ¿verdad? —pregunto Claudia. Los dos chicos asintieron avergonzados— Hacía mucho tiempo que no nos veíamos. Estáis hechos unos hombres ya. Hannes no dejaba de hablar de vosotros —Claudia les hizo un gesto para que se sentaran alrededor de la mesa—. Os preparé un té.
—Deja que lo haga yo, Claudia —intervine antes de que la mujer comenzara a sacar las cosas de los armarios. A diferencia de otras ocasiones, Claudia ni siquiera protestó y se dejó caer sobre la silla de madera. No sabía decir si nuestra visita había sido una buena idea, puesto que veía a Claudia muy alicaída.
Me resultaba un poco vergonzoso saber dónde se encontraban todas las cosas en aquella casa. Había ido a visitar muchas veces a la mujer de Hannes desde que había ingresado en las Tropas Estacionarias, así que solo había sido cuestión de tiempo que el matrimonio me tomara por alguien de confianza como para dejarme abrir armarios a mi antojo.
Mientras esperaba a que el agua calentara e iba preparando las tazas con las bolsitas de té, ni siquiera me percaté del silencio que había en la cocina puesto que mi mente estaba en otros asuntos, concretamente en Levi. Su presencia en Klorva no había hecho más que desconcertarme. Estaba claro que no confiaba en mí debido a nuestros encontronazos, pero me resultaba exagerado que hubiera viajado hasta el distrito solo para asegurarse de que, efectivamente, me iba a despedir de mis compañeros. En cualquier otra circunstancia, me habría esforzado por hacerle cambiar de opinión, pero, en esos momentos, me parecía un ser despreciable en base a lo poco que había visto y no tenía ninguna intención en caerle bien.
—Siento que tengas que hacer esto, _ _ _ _ —comentó Claudia mientras colocaba las tazas sobre la mesa—. Habrás tenido que trabajar mucho durante estos días. Ha tenido que haber muchos heridos.
—Sí, pero no importa. Ya he descansado lo suficiente —tomé asiento frente a Eren Jaeger. El castaño tenía la mirada fija sobre el líquido de la taza. Podía notar su puño apretado con fuerza.
—Acabaré con todos los titanes —soltó finalmente. Armin Arlert, Claudia y yo le miramos interrogantes, pero fue la mujer la que habló.
—Te lo agradezco, Eren, pero eso no va a devolver a mi marido ni a las personas que queremos —Claudia sonrió con tristeza.
—Ya sé que no van a volver, pero no es justo que nosotros estemos aquí dentro y los titanes estén ahí fuera. Nos merecemos ver el exterior —tras haber hablado con sus amigos al regresar de la expedición, Eren había comprendido que las palabras de Jean tenían mucha razón, por mucho que detestara a veces al cara caballo. Muchas personas habían muerto intentando salvarle de los titanes. No iba a permitir que ninguna muerte, y menos la de Hannes, fuera en vano.
Armin Arlert suspiró y yo di un sorbo a mi taza de té. No es que no estuviera de acuerdo con Eren, por supuesto que lo estaba, pero, en esos momentos, me sentía más bien apesadumbrada por todo lo que había sucedido. No conocía las motivaciones de Eren, pero sí podía ver en su mirada más que odio por los titanes. Él vivía su propia guerra contra aquellos seres.
—¿Y cómo está tu familia?
Miré de reojo a Claudia. La mujer tenía sus ojos puestos sobre mí, así que di un pequeño respingo. No sabía que se estaba dirigiendo directamente hacia mí.
—Bien. Bueno, eso creo. No he ido a verles. Les he escrito solo una carta explicándoles los motivos de mi cambio a las Tropas de Reconocimiento.
—¿Ahora estás en las Tropas de Reconocimiento? —preguntó Eren sorprendido.
—Sí. Hablé con el comandante y ha dado su visto bueno para que me una.
—Deberías decírselo a tu madre en persona —intervino Claudia.
—Lo sé, pero no quiero verle la cara cuando se lo diga. Sé que se va a preocupar —estaba convencida de que a mi madre le asustaba perder a otro miembro de su familia en las mismas condiciones.
—Hablando de familia… —Claudia se giró hacia los dos chicos— ¿Dónde está Mikasa? ¿Está bien?
—Sí. Ya está mejor —respondió el rubio—. Se rompió varias costillas en la última expedición, pero ya está mejor. Nos está esperando para volver a las tropas cuanto antes.
—Es una cabezota. Debería recuperarse del todo —bufó Eren, por lo que Claudia rio al ver la expresión del niño. Éste, al escuchar la risa de la mujer, miró para otro lado.
Quizá haber ido a ver a Claudia no había sido tan mala idea después de todo. Durante unos minutos, la habíamos estado haciendo compañía y esperaba que, por lo menos, se hubiera olvidado por unos segundos de que había perdido hacía unos días a una de las personas más importantes de su vida. Yo, por mi parte, me sentía miserable al pensar de ese modo. Ella no había tenido nada que enterrar. No pudimos recuperar nada de Hannes.
—Creo que deberíamos irnos ya —me puse en pie—. El capitán Levi ha sido claro. Tenéis una misión que cumplir y yo no quiero meterme en más líos.
Los dos chicos asintieron y se pusieron en pie. Por primera vez desde que habíamos llegado, los dos se mostraron más cercanos con Claudia. Podía entenderles. Resultaba incómodo tener que consolar a alguien tras una pérdida porque, por mucho que lo intentaras, no podías entender su dolor. Sin embargo, los dos despidieron a la mujer con un abrazo y recordando a mi capitán mientras yo fregaba las tazas antes de marcharnos.
—No debería pedirte nada, ¿pero puedes hacerme un favor, Claudia? —pregunté a la mujer cuando ésta nos acompañó a la puerta para despedirnos.
—Por supuesto.
—¿Puedes entregarle esto a mi madre? —le tendí la carta, algo arrugada después de haberla recogido bruscamente de la mesa del comedor del cuartel general— Quiero asegurarme de que le llegue.
—No te preocupes. Lo haré.
—¿De verdad que no necesitas ninguna ayuda?
–De verdad –Claudia esbozó lo que parecía una sonrisa–. Puedes marcharte tranquila.
Yo sonreí y di media vuelta. Mientras caminaba por las calles de Klorva acompañada de Eren Jaeger y Armin Arlert, miré varias veces por encima de mi hombro. Claudia nos despedía desde la puerta, observándonos marchar y solo dejé de mirar hacia atrás cuando giramos para perdernos entre la multitud del distrito. Cerca del cuartel de las Tropas Estacionarias había dejado mi caballo y lo mismo habían hecho los dos niños.
—La próxima vez que queráis pedirme un favor o venir conmigo a algún sitio, decídmelo, ¿de acuerdo? No quiero meterme en problemas justo cuando acabo de llegar —les advertí, subiendo a mi caballo.
—Lo sentimos —se disculpó Armin.
—Poneos en marcha. Quiero veros desaparecer —les dije con una sonrisa. Los dos chicos me sonrieron de vuelta y espolearon sus caballos, que comenzaron a moverse. Una vez les perdí de vista, yo hice lo mismo. Aquel día tomamos caminos distintos, a pesar de pertenecer a la misma facción del ejército. Sin embargo, nuestros caminos volverían a unirse más pronto de lo que creíamos.
Antes de nada quería aclarar que no sabemos mucho de la mujer de Hannes, así que me he tomado la libertad de hacerla como yo he querido. De todas formas, espero que os haya gustado el capítulo. Dije que habría drama y he cumplido. Por otra parte, habrá otro capítulo más de mi cosecha antes de meterme de lleno en el arco de la insurrección, aunque meteré cosillas mías para que no sea solo una narración de lo que sucede en el manga y que ya conocéis.
catherinearnshaws: jajaja yo mido exactamente lo mismo que Levi, pero las bromas sobre su altura nunca pasarán de moda. Por otra parte, quiero que la relación entre rayis y Erwin sea especial y, en el próximo capítulo, tengo que preparada otra conversación como la del capítulo anterior, cuando Erwin despierta.
Isabel Valadez: Cómo os está gustando a todas el rollito este que rayis se trae con Levi. Y lo que os queda... xD Y sí, rayis está en la Legión ya. Se veía venir, pero espero que, al menos el escuadrón, sea una sorpresa.
Io-chan Ao-samaAo-sama: Oh ¿tienes algunas teorías? Entonces tienes que decírmelas. No me puedes dejar así.
Mary-can: Gracias por el comentario. Me alegro de que te guste esta historia y espero que el esperado encuentro con Levi haya sido de tu agrado.
¡Nos leemos!
