XI
Guardé en uno de los armarios una de las últimas cajas con los informes de los últimos pacientes. Muchos ya habían sido dados de alta y, aunque algunos revestían todavía cierta gravedad, habían sido estabilizados y parecía que sus vidas no corrían peligro. Tras varios días desde el falso asalto a la Muralla Rose, los que no habían muerto ya, difícilmente lo harían, así que sentía que ya podía respirar tranquila.
Habían pasado un par de días desde mi vista a Klorva y había recibido una carta de mi madre. Sus palabras reflejaban una cierta reprimenda por no haber tenido la valentía de confesarle mi decisión en persona, pero tampoco la culpaba. Mi comportamiento en ese aspecto había resultado bastante inmaduro, pero no me arrepentía en absoluto de mi decisión. Era nueva dentro de la Legión de Reconocimiento, pero me sentía con mucho más poder y seguridad en mí misma que cuando estaba en las Tropas Estacionarias donde, a priori, tenía todas las papeletas de convertirme en alguien de referencia.
—¿Se puede? —me giré al escuchar una voz masculina a mi espalda. Un joven de cabello negro y piel blanca como la nieve me observaba bajo el quicio de la puerta.
—¿Maverick? —pregunté sorprendida. Hacía mucho tiempo que no veía a mi amigo.
—Me habría gustado acercarme antes a verte, pero tenía bastante trabajo.
—¿Trabajo? —enarqué una ceja escéptica. Si en las Tropas Estacionarias había poco trabajo que hacer, en la Policía Militar las tareas debían reducirse considerablemente. Solo se encargaban de la parte más pequeña del muro y de proteger a los nobles y a la familia real.
—Bueno, vale —se rascó la nuca avergonzado—. Para serte sincero, no tenía muy claro si te apetecería verme después de tanto tiempo. Alphonse te manda saludos.
—¿Por qué no me iba a apetecer verte? —sonreí. Lucía muy bien después de tanto tiempo sin verle. La última vez que nos vimos, tenía la cara más redondeada, pero ahora sus facciones se habían endurecido. Ya no parecía un niño.
—Te queda bien ese uniforme.
Mis ojos se deslizaron hacia mi ropa. Evidentemente, no se refería exactamente a eso porque íbamos vestidos exactamente igual. La única diferencia era el bordado en nuestras chaquetas, pero yo ya no llevaba las rosas de las Tropas Estacionarias. Sonreí de medio lado y le guiñé un ojo.
—Me alegra ver que has cambiado de facción y debo reconocer que también admiro tu decisión. No todo el mundo tiene el coraje de unirse a la Legión de Reconocimiento.
—Gracias —era más importante para mí de lo que pensaba que Maverick me dijera eso. Estaba muy emocionada.
—¿Se unieron también Elric y Mara?
—No —respondí de forma más brusca de la que pensaba. Maverick mantuvo su expresión imperturbable, como si aquello no le sorprendiera en absoluto—. Discutimos —hice una pausa—, pero no es que cambiara de facción por eso. Mi decisión fue el detonante, aunque supongo que todo venía ya de lejos.
—Me da mucha pena, de verdad _ _ _ _—Maverick tomó asiento en una pequeña silla frente al escritorio en el que había tenido que rellenar las intemrinables fichas de heridos.
—No lo sientas. A pesar de todo, me siento muy bien —le dediqué una sonrisa.
—Has cambiado —Maverick me observó de arriba a abajo—. Te ha crecido mucho el pelo en estos años —me tomé un mechón de pelo. Tenía razón. Era lo más largo que lo había tenido en mi vida y, aún así, era incapaz de recogérmelo en condiciones—. Pero, no solo eso. Te veo diferente.
—La experiencia de salir de las murallas creo que me cambió la vida. Maté a mi primer titán —dije satisfecha.
—Ya has matado a más que yo —Maverick rio.
—Bueno, esa suerte que has tenido. No fue una experiencia nada agradable en general. Durante Shiganshina y Trost vi cosas horribles, había muchos heridos que tratar, pero es distinto ver cómo un titán devora a alguien frente a tus ojos sin que puedas hacer nada —recordé a Mitabi y a Hannes. Los dos habían muerto frente a mis ojos y no había hecho nada por ayudarles. Sus rostros me perseguirían durante toda mi vida—. Pero tú también has cambiado —sonreí con malicia, cambiando de tema rápidamente. No quería que Maverick notara lo mucho que me preocupaban esas cosas. Nos acabábamos de ver por primera vez en mucho tiempo. Quería que fuera una conversación llena de cosas alegres, no sufrimiento y compasión—. Tú antes eras un niño gordito adorable y mírate ahora. ¡Estás hecho todo un hombre, Maverick Fenske!
—Cállate —mi amigo se sonrojó, lo que me hizo reír.
—Me habría gustado ver a Alphonse.
—Él sigue igual que siempre, aunque la novedad podría ser que se ha echado novia.
—¿¡Tiene novia!?
—Sí. Es una chica de Sina. Alphonse llevaba tiempo detrás de ella, pero ella le dijo que no era su tipo, sino que prefería a los chicos con el pelo largo. Puedes imaginarte lo que hizo… Se dejó el pelo largo.
—¿Alphonse tiene ahora el pelo largo? —intenté contener una carcajada, pero no lo pude evitar. Resultaba cómico imaginarme al mismísimo Alphonse Wilder con una larga melena. Siempre había llevado el pelo muy corto porque decía que odiaba tener que peinarse por las mañanas. Sí que debía estar enamorado.
—Las tonterías que hacen algunos por amor —Maverick se encogió de hombros, resignado.
—Me alegra que hayas venido —me sinceré—. He pensado en estos años mucho en vosotros.
—Y nosotros en vosotros. Pasamos mucho tiempo juntos cuando éramos cadetes —mi amigo se rascó la nuca—. Odio haber crecido.
—Sí. Todo era más fácil cuando éramos pequeños. Ahora resulta que soy una doctora. Salvé al mismísimo Erwin Smith, pero me sigo sintiendo como una niña pequeña.
—Sí, lo escuché. Si me pongo enfermo acudiré a ti —mi amigo se puso en pie—. Por cierto, en realidad he venido porque me han informado de que tu nuevo comandante quería hablar contigo.
—Bien. En seguida voy —asentí. Maverick rompió la distancia que nos separaba y me abrazó. Su gesto me pilló algo desprevenida, ya que él nunca había sido una persona cariñosa. Fue un poco incómodo, al menos para mí, pero, finalmente, le rodeé también con mis brazos.
—Ten cuidado, _ _ _ _ —me tomó de los hombros y me miró a los ojos. Se le veía verdaderamente preocupado por mí. No me gustaba que la gente creyera que unirse a las Tropas de Reconocimiento era una sentencia de muerte—. Ha sido un placer verte —dicho esto, Maverick se separó de mí y dio media vuelta para salir de la habitación. Yo me quedé parada unos segundos, sin saber muy bien cómo reaccionar, pero, finalmente, sonreí. Maverick había cambiado. Todos lo habíamos hecho, pero, a diferencia de lo que me había pasado con Elric y Mara, era como si nuestra relación de amistad se hubiera quedado congelada en el tiempo y siguiera siendo la misma a pesar de todos esos años.
Coloqué los últimos papeles dentro de sus respectivos archivadores y cerré la puerta de la habitación con llave. Podía imaginarme de qué quería hablar Erwin. Aún seguía recuperándose de su lesión, por lo que no se había movido de la cama, pero eso no le impedía seguir ejerciendo como comandante. Aún no me había asignado a ningún escuadrón y suponía que quería que me integrara cuanto antes en las filas de las tropas.
Llamé a la puerta cuidadosamente, golpeando con mis nudillos en la madera. No obtuve respuesta, pero, igualmente, abrí ligeramente la puerta de la habitación. Asomé poco a poco la cabeza para asegurarme de que podía entrar y pronto me topé con los ojos azules de mi comandante sobre mí. Él me sonrió, invitándome a pasar, así que me adentré en la habitación y cerré la puerta tras de mí. Me sorprendí al ver que no estaba solo en la habitación. Dot Pixis, los capitanes Levi y Hange y un joven recluta al que no conocía o, al menos, yo no recordaba estaban sentados en el sofá o de pie, observándome con curiosidad.
—Me han dicho que quería verme, comandante —rompí el silencio con la voz algo temblorosa, intimidada por ser el centro de atención—. ¿Necesita algo? ¿Se encuentra bien? ¿Tiene fiebre?
—No, tranquila. Estoy bien —las comisuras de Erwin Smith se curvaron ligeramente hacia arriba—. Acércate, _ _ _ _.
Hice tal cual me ordenó. Me situé a los pies de su cama y jugueteé con mis dedos, esperando instrucciones precisas.
—No te sientas intimidada porque yo esté aquí —Dot Pixis rio, intentando rebajar la tensión.
—Oh… No… —me sonrojé.
—Te he llamado porque quería presentarte a Hange Zoe —Erwin señaló a la mujer de gafas que ya había visto encima del muro, antes de la operación para rescatar a Eren Jaeger del Titán Colosal y el Titán Acorazado. Cuando me giré levemente para mirarla, ella me guiñó un ojo—. A partir de ahora pertenecerás a su escuadrón —sonreí aliviada. Por lo menos no estaría con el enanito gruñón…—. No obstante, tus conocimientos de medicina te ponen en una situación peculiar. Serías muy útil en el 'Escuadrón de operaciones especiales' del capitán Levi, así que, cuando él lo requiera, podrá contar contigo. Siempre y cuando a Hange le parezca bien.
—No creo que haya problemas —la mujer se cruzó de brazos—. Aunque cada vez que Levi la quiera me tendrá que suplicar —Hange rio a carcajadas.
—Ni lo sueñes —Levi la fulminó con la mirada.
—Solo un poquito…
—Cállate de una maldita vez, cuatro ojos.
Aquellas palabras solo hicieron reír aún más a Hange. Yo, por mi parte, no podía dar crédito. ¿Qué clase de relación era esa? Si Levi me hablara así, le habría mandado a la porra, como mínimo, pero suponía que tenían esa cierta confianza después de mucho tiempo juntos.
—Las cosas se están complicando más de lo que tenía pensado, _ _ _ _ —continuó Erwin, como si lo de Hange y Levi no hubiera sucedido—. Es muy posible que en los próximos días no podamos vernos, pero confío en tu palabra. Confío en que estás comprometida con nuestra causa y me fío también de lo que Dot Pixis me ha contado sobre ti.
—Espero que sea bueno… —murmuré mientras emitía una risita nerviosa.
—Tampoco te he tirado muchas flores, así se sorprenderán más cuando te vean en acción con sus propios ojos —Pixis me guiñó un ojo—. No hay nadie más comprometida que tú.
—Aunque le falte disciplina —escupió Levi, por lo que yo rodé los ojos. Me exasperaba.
—Pero… —dudé antes de preguntar, pues no sabía si tenía el derecho a saber— ¿Va todo bien, comandante? —no había entendido del todo sus palabras. ¿Por qué no iba a estar en los próximos días con nosotros? Me rasqué la nuca, incómoda porque no terminaba de entender todo lo que me sucedía a mi alrededor.
—Todo estará bien —Erwin sonrió, aunque se veía cansado.
—Connie, deberíamos irnos —Levi se puso en pie. El jovencito, con el pelo rapado y grandes ojos de color miel, estaba de pie al lado de Hange, pero, en cuanto Levi le llamó, dio un pequeño respingo y se puso a la altura del capitán—. Nosotros nos ponemos en marcha ya. Nos veremos mañana.
—Está bien —Hange asintió para girarse directamente hacia mí. La mujer sonrió y se frotó las manos—. Tengo muchas ganas de trabajar contigo —prácticamente me llevó a empujones hasta la puerta para sacarme de allí—. Tengo que ponerte al día.
—¿Ponerme al día? —pregunté confusa. No entendía la actitud de esa mujer. No tenía fama de estar muy cuerda y, poco a poco, iba a descubrir que los que la calificaban de 'loca' no estaban muy equivocados.
—Ahora estás en las Tropas de Reconocimiento y estás en mi escuadrón. Hay ciertas cosas que necesitas saber.
La seguí muy de cerca por el pasillo. Hange comenzó a descender por unas escaleras que no sabía muy bien hacia dónde llevaban. Yo me mantuve en silencio, aunque aquella situación parecía divertir en exceso a Hange, que prácticamente le faltaba ir tarareando una canción. El lugar al que llegamos era oscuro y frío, solo iluminado por un par de antorchas. Frente a una puerta había apostados dos miembros de las Tropas Estacionarias que, al ver a Hange, se apartaron y la dejaron pasar. La mujer abrió la puerta y me invitó a pasar. Mis ojos tardaron en acostumbrarse un poco a la oscuridad del lugar, pero pronto me percaté de la blanca luz que procedía del final de la sala.
—Es precioso… —murmuré mientras me iba acercando. Era como una especie de diamante, aunque, a decir verdad, solo conocía de ellos por lo que había leído o visto en dibujos. La tenue luz de las antorchas iluminaba aquel hermoso cristal que guardaba a una persona en su interior. Una joven de cabello rubio parecía dormir en su interior. Puse mi mano sobre la pierda y me sorprendí al notar que estaba frío.
—¿Verdad que es bonito? —me giré para mirar a Hange. La mujer me sonreía— Te presento a Annie Leonhart.
—¿Le has puesto nombre a esta escultura? —pregunté sonriendo de medio lado.
—No es una escultura —Hange se carcajeó—. Es real. Es una recluta de la Tropa 104 y un titán cambiante. Como Eren Jaeger.
Abrí y cerré mi boca varias veces, intentando comprender, pero me era imposible. Que había más titanes dentro de las murallas ya lo había comprobado en persona al ver cómo aparecían de la nada el Titán Colosal y el Titán Acorazado, pero aquello me superaba. Debía lucir muy confundida porque aquello solo hizo reír aún más a Hange.
—La guardamos aquí, esperando a que despierte algún día y quiera darnos respuestas —continuó la mujer—. ¿Escuchaste algo de lo que sucedió en el distrito de Stohess?
—Algo escuché —dijeron que había habido dos titanes que habían peleado entre ellos, causando el caos en la zona y destrozando todo a su paso. En su momento, no quisimos creer del todo esa información, aunque supuse que, de ser cierta, uno de aquellos titanes debía ser Eren Jaeger.
—El Titán Hembra, que así es como se la conoce, nos dio varios problemas en una de nuestras últimas expediciones. Quería a Eren, aunque aún no sabemos por qué. Armin Arlert compartió con nosotros cierta información en base a su experiencia como compañero de Annie Leonhart y apostamos todo a que ella, miembro de la Policía Militar, era un titán cambiante. Y resultó serlo. Conseguimos reducirla, pero cuando Eren, en su forma de titán, rasgó su nuca, hubo una especie de explosión y rodeó su cuerpo con este cristal que hemos sido incapaces de romper.
—Entonces es cierto… Hay más como Eren Jaeger…
—Así es, pero aún no sabemos su objetivo —Hange cambió su expresión. Ahora era mucho más seria—. Ha empezado a haber movimiento en Sina. Me temo que hemos comenzado a destapar algo demasiado grande.
—¿Por eso Erwin dijo antes eso de que no sabría cuándo nos volveríamos a ver?
—Van a juzgarle.
Guardé silencio ante la revelación. Iban a juzgar a Erwin. Podía entenderlo. Si habían muerto tantas personas inocentes en Stohess por la misión de atrapar a esa muchacha que tenía enfrente, debía ser castigado, pero algo me hacía pensar que había más.
—Quiero que me acompañes —Hange se dirigió de nuevo hacia la puerta—. Seguiremos hablando en otro lugar.
Yo asentí y las dos deshicimos el camino que previamente habíamos hecho. No obstante, mi nueva capitán me llevó por varios pasillos hasta abrir la puerta de una pequeña habitación, tan pequeña que ya me parecía repleta de gente, aunque solo había cuatro personas en su interior. Todos se giraron cuando nos escucharon entrar. Sus miradas, inmediatamente, se posaron sobre mí, analizándome. Finalmente, la única mujer que había entre ellos curvó ligeramente los labios hacia arriba, sonriendo amablemente.
—Bienvenida.
Hange cerró la puerta y me señaló una pequeña silla de madera a un lado de la única mesita de la habitación para que tomara asiento en ella. Sinceramente, me sentía muy perdida en esos momentos. Nunca había sido especialmente hábil para hacer nuevas amistades, seguramente porque de pequeña solía estar más pendiente de mi hermano que de intentar interactuar con otras personas, así que me daba un poco de pánico no encajar en la dinámica de grupo que tenían.
—Ella es Nifa Haider —la mujer tenía el pelo negro, media melena y el flequillo recto. Estaba sentada en el extremo del sofá más cercano a mí. A su lado, había otros dos hombres, uno con el pelo rapado y otro con gafas—. A su derecha, está sentado Keiji Neisser y el del otro extremo del sofá es Dick Tunich. El que está justo enfrente tuya es Moblit Berner, mi asistente —el chico, de cabello castaño, estaba sentado al otro lado de la mesa que nos separaba. Hange, por su parte, se sentó en otra silla, en el lado opuesto a sofá—. Ella es la soldado _ _ _ _-_ _ _ _. Se unirá a nuestro escuadrón a partir de ahora. Como ya os dije, tiene conocimientos de medicina.
—Nos será de mucha utilidad —comentó Nifa, mirando a sus compañeros, quienes asintieron con una sonrisa.
—No sabe nada acerca de los titanes, no más de lo que la enseñaron cuando era una recluta o de lo que ha visto en estas últimas semanas. Debemos ponerla al día —informó Hange—. La he llevado donde está Annie Leonhart y le he explicado una parte de lo que sucedió en Sina.
—¿Una parte? —aquella pregunta se escapó de mis labios. Pensaba que la pelea entre Eren y Annie había sido todo lo que había sucedido.
—Hay mucho más que no sabemos sobre los titanes —el tonó de Hange cambió. Se volvió mucho más serio—. Durante la pelea, se desprendió una parte del muro y, en su interior, había otro titán. Tuvimos que tapar el agujero con una lona para evitar que los rayos del sol incidieran sobre él y pudiera despertar —abrí mi boca para decir algo, pero me fue imposible. ¿Qué había titanes dentro de las murallas? ¿Cómo era eso posible? Mis ojos se abrieron de par en par ante la revelación. ¿Qué pasaría si algún día esos titanes despertaban? ¿Quién los había puesto ahí? Me asaltaron muchísimas dudas—. Hemos descubierto que la secta que adora a las murallas guarda los secretos sobre la creación de las mismas. Tenemos con nosotros al Pastor Nick, pero me temo que hasta el momento se ha negado a compartir con nosotros cierta información. Ahora mismo está bajo la protección de la Policía Militar bajo una falsa identidad.
—¿Por qué?
—Tenemos serias dudas sobre la lealtad de la Policía Militar.
—Pero eso es algo que sabe todo el mundo. Hay mucha corrupción en la Policía Militar —fruncí el ceño—. Eso no quiere decir que vayan a más, ¿no?
—Van a por Erwin, _ _ _ _. Hemos descubierto demasiadas cosas. Erwin ha metido sus narices donde no debía y ahora depende de nosotros la supervivencia de las tropas.
—¿Y qué clases de cosas habéis descubierto?
—Hasta el momento, sabemos que hay cinco titanes cambiantes, todos reclutas de la 104: Eren Jaeger, Annie Leonhart, Reiner Braun, Bertholdt Fubar e Ymir. No sabemos cómo se da el proceso de su transformación aún, pero hemos descubierto algo interesante —Hange se echó hacia delante—. ¿Recuerdas el chico que estaba con nosotros en la habitación de Erwin? —asentí. El jovencito de pelo rapado— Su nombre es Connie Springer, también de la 104. Su aldea fue arrasada por titanes durante el falso asalto de la Muralla Rose.
—¿Cómo es eso posible? No se avistó que ningún titán entrara en la muralla. Ni siquiera había una fractura en el muro por la que pudieran pasar.
—Cuando llegamos allí, no había nadie, ni siquiera restos de cuerpos. Lo único que encontramos fue un titán sobre la casa en la que un día vivió Connie. El titán tenía las extremidades cortas y raquíticas, era imposible que hubiera llegado hasta allí por su propio pie —Hange sonrió—. Connie nos contó que, cuando llegó a su aldea, ese titán le dijo 'Bienvenido a casa'.
—Los titanes no pueden hablar.
—Y por eso Connie creyó a Reiner y a Ymir cuando le dijeron que eran solo imaginaciones suyas. Cuando Reiner se destapó como el Titán Acorazado, se dio cuenta de que él había estado todo el tiempo en lo cierto.
—No… No sé qué… —titubeé. Todo aquello era demasiado turbio.
—Sí que lo sabes. Ese titán era la madre de Connie —un silencio se estableció en la habitación. Me masajeé las sienes. Aquello era imposible. No podía ser verdad. Sentí nauseas al pensar en ese pobre chico y en lo que le habían hecho a su familia y a su pueblo.
—Pero eso significa que los titanes son personas.
—Así es.
—¿¡Quién podría hacerles una cosa así!? ¿¡Cómo!? —elevé mi tono de voz más de lo normal. Estaba enfadada, enfadada ante la perspectiva de que los titanes fueran personas.
—Aún no lo sabemos. En mis experimentos, cuando capturamos titanes, les abrí la nuca y jamás vi nada. Ningún rastro de algún humano en su interior. No tenemos pruebas suficientes para apoyar la teoría, pero, en realidad, la verdadera forma de los titanes es la de los humanos, de ahí que su punto débil sea detrás del cuello. Eso explica también por qué, a pesar de la diferencia de tamaño que pueda existir entre titanes, la medida a la hora de cortar es siempre la misma, un metro de ancho y diez de alto. Si lleváramos esta medida a las proporciones del cuerpo humano, veríamos que se corresponde con las dimensiones del cerebro y la médula espinal. Si esa conexión fuera cortada, la regeneración sería imposible y el resto de funciones se perderían. Esto debe ser un sistema separado del resto de la composición del titán.
—Pero, si cuando abriste a esos titanes, no encontraste nada, ¿qué pasó con esos cuerpos humanos que habían dentro?
—Creo que podrían haberse fusionado.
Reflexioné durante unos instantes. Aquella era demasiada información a procesar. El hecho de que los titanes fueran humanos daba un giro a todo lo que nos habían contado cuando éramos pequeños.
—¿Y cuál es el papel de Eren Jaeger en todo esto? —pregunté— ¿Por qué le querrían el Titán Colosal y el Titán Acorazado?
—Aún no lo sabemos, pero no podemos permitir que se lleven a Eren. Él es ahora nuestra mejor arma para acabar con los titanes. Si utilizáramos el recubrimiento de los titanes y lo endureciéramos, tal y como ha hecho Annie Leonhart para protegerse, podríamos tapar el agujero en la Muralla María utilizando la forma de titán de Eren Jaeger.
—¿Él puede hacer eso? ¿Podemos recuperar la Muralla María? —pregunté sorprendida.
—Aún no, pero tengo intención de probar hasta dónde puede llegar. Ahí es donde entras tú. Necesito que monitorices a Eren, pero ya recibirás instrucciones más precisas mañana —asentí—. Por otra parte, hemos descubierto también que la familia real no es la que dice ser —enarqué una ceja—. Los Reiss son los verdaderos herederos. Los reclutas que resultaron ser cambiantes y que quisieron llevarse a Eren también quisieron secuestrar a otra chica de la 104. Todos la conocían como Krista Lenz, pero su verdadero nombre parece ser que es Historia Reiss. Ahora mismo está bajo nuestra custodia. Se encuentra junto a Eren y el resto del escuadrón de Levi en una pequeña casa donde nadie debería encontrarlos. Debemos ser muy discretos al respecto.
—¿Arrepentida de haberte cambiado en la Legión de Reconocimiento? —preguntó Keiji, sonriendo de medio lado. No debía de tener muy buen aspecto porque aquellas palabras hicieron reír también a Nifa y Dick. Ahora podía entender por qué la Policía Militar quería acabar con Erwin y con la Legión de Reconocimiento. Si todo aquello era cierto, estaban entrando en terreno pantanoso. Pretendían destapar todo el sistema.
—N-No es eso —dije finalmente—. Es mucha información que procesar.
—No te preocupes, te irás adaptando rápidamente. De eso no me cabe la menor duda —Hange estiró su brazo para darme unas palmaditas en la espalda—. Cuando te acercaste en la muralla para decirme que debía quedarme dadas mis lesiones, me caíste bien, así que, en cuanto Erwin me dijo que habías cambiado de tropas, le pedí tenerte en mi escuadrón. Tener a un médico entre nosotros, teniendo en cuenta lo mucho que aún tenemos que investigar sobre los titanes y más sabiendo su conexión con los humanos, creo que es algo que puede ser muy beneficioso para nosotros.
—Siendo sincera… —apreté mis puños contra mis rodillas y me mordí el labio— No tengo experiencia en misiones ni matando titanes. Siempre me han dado mucho miedo los titanes. Me paralizaban, pero, cuando vi cómo ese titán arrastraba a al comandate Erwin, encontré el valor, un valor que ni siquiera sabía que tenía —levanté la vista. Todos me miraban atentamente—. Pero he cambiado. Estoy comprometida con mi papel ahora.
—Me alegro —Hange rio—. Sobreviviste a tu primera expedición oficial fuera de las murallas, así que ya no tienes nada que temer. Tu porcentaje de supervivencia se ha incrementado considerablemente.
—Hange-san, eso no creo que ayude —Moblit suspiró resignado.
A pesar de que sus palabras no eran para nada reconfortantes, yo, en cambio, no pude evitar sonreír. Se decían muchas cosas de Hange Zoe, como que estaba loca y, aunque seguía creyendo que no estaba muy en sus cabales, pues todo el asunto de los titanes parecía emocionarle más de la cuenta, me caía bien. Si podía aprender mucho de alguien, sin duda, esa iba a ser ella.
—Mañana mismo partiremos hacia la zona en la que los reclutas se encuentran —prosiguió Hange—. Debemos separarnos. El objetivo es que no puedan encontrar fácilmente donde se encuentran. Levi regresará con Connie —Hange se giró hacia mí—. _ _ _ _, tú vendrás conmigo y con Moblit —asentí—. No permitáis que os sigan —la mujer advirtió a sus soldados.
—No tiene de qué preocuparse, capitán —Dick se cruzó de brazos—. Seremos muy cuidadosos en todo lo que hacemos.
—Bien —Hange suspiró y se echó hacia atrás, cruzando sus brazos tras su cabeza—. No he visto la cabaña, pero espero que esos chicos hayan limpiado bien por la cuenta que les trae —la mujer rio y los que a partir de ese momento serían mis compañeros chasquearon la lengua—. ¡Oh! ¡No debes saberlo! —Hange dio un salto y me señaló con el dedo al darse cuenta de que yo no había reaccionado a su comentario. Parpadeé confusa— Levi es un obseso de la limpieza. Si esos críos no han limpiado bien, estará mañana de muy mal humor.
—¿Más que de costumbre? —pregunté enarcando una ceja.
—Me caes bien —dijo Hange riendo entre dientes—. ¿Os apetece algo de comer?
Hange se levantó y se dirigió hacia la puerta. Era una mujer de lo más curioso. Podía cambiar de estado de ánimo en un solo segundo. Había pasado de estar seria y concentrada mientras explicaba lo sucedido a alegre y jovial en tan solo unos segundos. Todos la seguimos y abandonamos la habitación rumbo al comedor. Me sentía poderosa caminando por el pasillo con mi nueva chaqueta con las alas de la libertad bordadas en la tela marrón. Era una persona nueva y estaba deseando ayudar en todo cuanto pudiera. Pertenecer a las Tropas de Reconocimiento implicaba muchos peligros, pero todo saldría bien.
—Está bien que se haya unido otra mujer al escuadrón —Nifa se acercó hasta mí, pues me había quedado algo rezagada—. Ahora nuestras fuerzas están igualadas —sonrió mientras pasaba su brazo por mis hombros.
Sí. Estaba segura. Todo iba a salir bien.
Ay rayis la que te espera...
¡Por fin he podido actualizar! El capítulo me ha quedado más corto de lo que esperaba, pero creo que en el siguiente se va a compensar la cosa, aunque aún no lo haya escrito. Rayis conocerá por fin al resto de personajes de SnK y entraremos ya de lleno en el arco de la Insurrección. Veremos si todo lo que quiero meter, puedo meterlo y que, además, quede en condiciones. Por otra parte, no sabemos los nombres de los miebros del escuadrón de Hange (a excepción de Moblit y Keiji, pero de este último tampoco sabemos el apellido), así que he tirado de imaginación en este aspecto.
Intentaré actualizar a finales de este mes porque durante el mes de agosto no estaré. Me voy de vacaciones y no regresaré hasta finales, así que hasta entonces no podré actualizar y, como sería mucho tiempo sin subir capítulo, intentaré darme prisa en tener el siguiente.
Io-chan Ao-sama: En serio, no te preocupes por lo de la altura. Yo mido exactamente lo mismo que Levi xD No sabemos lo mucho que me alegra que te hayas quedado con lo de que Levi estuviera en el cuartel de Klorva. No lo olvides porque más adelante en esta historia volverá a salir a colación xD Rayis piensa que Levi es un mal tipo, pero qué equivocada está en realidad. Por otra parte, tenía un poco de dudas por si no gustaba lo de la mujer de Hannes, así que me he quitado un peso de encima. Siempre me había gustado creer que Eren, por lo menos, había ido a verla o había hecho alguna especie de homenaje a Hannes (dejadme soñar xD)
catherinearnshaws: ¡Rayis ya tiene su escuadrón! ¿Era el que esperabas? xD Me pareció que le vendría muy bien estar con Hange, aunque eso signifique que la pobre tenga que soportar al gruñón de Levi (ya descubrirá que luego no es para tanto). La verdad que me gustó cómo me quedó la escena con Levi actuando como si fuera el padre de Eren y Armin. Tiene que ponerse serio, si no esos críos se le descontrolan jaja
Por cierto, si alguien ha leído el capítulo 83 ya y le apetece comentarlo, estoy a un Mp de distancia ;)
¡Nos leemos!
