XIII

Cuando salí de la habitación en la que había estado examinando a Eren, crucé el pasillo y me dirigí hacia la cocina. El resto de sus compañeros estaban sentados en los sofás. Al verme, me observaron con curiosidad. Yo me limité a asentir como forma de saludo y me encaminé hacia la cocina, donde rebusqué en los armarios algo de comida. No tardé en encontrar un poco de pan y un trozo de queso de oveja, así que decidí que lo mejor sería prepararle a Eren un pequeño bocadillo antes de la cena con el que recuperarse de toda la sangre que le había sacado.

—Los cuchillos están en el segundo cajón.

Sonreí. La chica rubia de grandes ojos azules que pertenecía al escuadrón de Levi me observaba con curiosidad desde el quicio de la puerta. Era como si me hubiera leído el pensamiento, pero no me preguntó nada más, ni siquiera por qué estaba haciendo eso.

—Podrías acompañarlo con un poco de tomate —comentó.

—Oh, sí. Sería una buena idea —me quedé parada unos instantes. Tampoco sabía dónde estaban los tomates.

—Espera, partiré yo las rodajas —la chica se acercó hasta uno de los armarios y sacó un tomate que comenzó a trocear.

Historia Reiss. Así era cómo se llamaba aquella muchacha o, al menos, eso creía tras la reunión que habíamos mantenido todos hacía no más de una hora. Según había explicado Levi, la Policía Militar iba tras Eren y, también, tras ella. Al parecer, aquella chica de grandes ojos azules, pelo dorado y rostro afable era la auténtica heredera al trono en Sina. Y, sinceramente, me parecía una locura estar compartiendo el mismo espacio que alguien de la realeza. Desde mi punto de vista, parecía una chica normal, extremadamente preciosa, sí, pero, al fin y al cabo, normal. Tampoco había tratado nunca con gente como ella, pero no me parecía a simple vista que se comportara como alguien que debía ser la reina de la humanidad.

Finalmente, fue Historia la que colocó las rodajas sobre el pan y sacó un plato sobre el que poner el escueto bocadillo que habíamos preparado para Eren. No era una comida muy elaborada, pero suficiente para que el muchacho recuperara los niveles de azúcar que había perdido tras sacarle las dos bolsas de sangre.

—¿Cómo está Eren?

Levanté la vista del plato. Armin Arlert estaba de pie, parado en medio de la habitación. Un metro tras él, asomaba la cabeza de Mikasa. Parpadeé un par de veces, pues su pregunta me había pillado por sorpresa, pero, finalmente, me encogí de hombros.

—Está bien. Solo ha sido un chequeo rutinario —respondí con franqueza. No obstante, noté que el muchacho seguía observando el bocadillo—. Le he preparado esto porque es importante que coma algo después de la cantidad de sangre que le he sacado. Si queréis, podéis llevárselo —Mikasa fue la que se acercó y tomó el plato—. Aseguraos de que se lo coma todo —añadí, mientras los dos se adentraban en el pasillo. Una vez se desvanecieron, continué observando el sitio en el que hacía unos segundos estaban y sonreí. Había estado poco junto a ellos, pero me gustaba la relación que mantenían. Sabía por Hannes que se conocían desde hacía mucho tiempo y que, entre los tres, habían forjado unas relaciones que serían difíciles de romper.

Mis pensamientos se desviaron cuando la chica alta de pelo castaño recogido en una coleta asomó también su cabeza y sonrió.

—¿Cuándo vamos a cenar?

—¡Tenemos pocos suministros! ¡No empieces, Sasha! —gritó el muchacho más alto.

—No pasa nada —Historia sonrió, aunque más bien era una sonrisa fingida. Dudaba que aquella muchacha fuera anteriormente tan apagada. Seguramente la situación la estaba sobrepasando—. De todas formas, deberíamos empezar a preparar la cena.

—¿Puedo hacer algo? —tras decir aquello, los tres chicos me escrutaron con la mirada, lo que me hizo sentir tremendamente incómoda. Finalmente, Historia negó con la cabeza.

—No hace falta. Eres algo así como nuestra invitada. Has trabajado examinando a Eren, así que creo que deberías descansar.

—¿Pasa algo con él? —se interesó el chico alto. Al preguntar aquello, el de pelo rapado llamado Connie se asomó también, preso de la curiosidad.

—Todo está bien, de verdad. Es solo un chequeo rutinario, como el que nos hacían cuando éramos reclutas. No es nada de lo que preocuparos.

—¿Vas a quedarte mucho tiempo con nosotros? —se interesó Sasha.

—¡No hagas esa clase de preguntas! —el chico alto la regañó.

—¿Y por qué no?

—Pues porque es una pregunta grosera. Parece que ya estás deseando que se vaya.

—¿Desde cuando eres tan tiquismiquis, Jean? —la chica se cruzó de brazos, fulminándole con la mirada. Cuando dijo su nombre, entonces lo recordé. Kirschtein. Así era cómo Erwin Smith se había dirigido a él en Trost. Su nombre era Jean Kirschtein.

—No discutáis, chicos —aunque lo había dicho con un tono dulce, aquellas palabras de Historia habían sonado más como una reprimenda—. Puedes dejar tus cosas en la habitación. Imagino que dormirás con nosotras —añadió, dirigiéndose esta vez a mí. Yo me limité a asentir y, aún algo dubitativa, abandoné la cocina dejando atrás a Sasha y Jean discutiendo por algo relacionado con un trozo de pan que la chica tenía escondido en un bolsillo de su falda.

La relación de Mikasa, Armin y Eren me parecía tierna y fuerte, algo que creía compartir con mi hermano. Sin embargo, en general, y, aunque a simple vista no pudiera parecerlo, los lazos del grupo me habían parecido muy fuertes, mucho más que en los que su momento desarrollamos Elric, Mara, Alphonse, Maverick y yo. Y, en cierta medida, me daba algo de envidia. Quería saber qué se sentía teniendo una relación como aquella.

Toqué en la puerta de la habitación en la que había dejado a Eren. La abrí un poco y asomé la cabeza. Los tres chicos me observaban con curiosidad, por lo que yo sonreí avergonzada. Seguramente había interrumpido una conversación.

—Vengo solo a por mi bolsa —señalé hacia una de las mesillas, donde había dejado el saco negro que cargaba desde Trost. Armin se levantó y se acercó a por él. Con otra sonrisa, volví a disculparme y cerré la puerta, no sin asegurarme antes de que Eren se estaba comiendo el bocata que Historia y yo habíamos preparado.

Suspiré y me adentré en la siguiente habitación, dando por hecho que era la de las chicas, pero estaba equivocada. Me sobresalté ligeramente al ver al capitán Levi con un trapo, limpiando las estanterías con energía. Enseguida se percató de mi presencia y se detuvo en su tarea.

—Lo-Lo siento —articulé. Aquella era su habitación. Era pequeña, mucho más que en la que estaba Eren, en la que supuse que dormían los chicos. Solo tenía una cama y un escritorio sobre el que había varias estanterías repletas de libros que colgaban de la pared. Di la vuelta para buscar la otra habitación, cuando Levi me detuvo.

—Cierra la puerta.

Aunque dudé durante unos instantes, hice tal cual me ordenó. Y, no iba a negarlo, estaba aterrorizada. Sinceramente, esperaba una regañina por su parte, que me dijera algo después de todo ese cúmulo de encontronazos y malas palabras. Sus ojos grisáceos me atravesaron y el extraño brillo de sus ojos me decía que no iba muy desencaminada sobre lo que pensaba.

—¿Qué te ha pedido exactamente la cuatro ojos que hagas con Eren?

—Quiere que le monitorice. He medido sus constantes vitales. Aún no sé qué tiene pensado la capitán exactamente, pero quiere que tras cada transformación vuelva a medirle las constantes para compararlas con las iniciales.

—Entiendo que te quedarás con nosotros el tiempo que duren esos experimentos —me encogí de hombros. Hange no había especificado nada más. Levi, por su parte, se acercó hasta la silla de madera que había junto al escrito y tomó asiento. No pude evitar fijarme en que no caminaba del todo bien. El pie izquierdo no lo apoyaba correctamente—. Entonces deberías saber que yo estoy al mando. No voy a consentir que una bastarda como tú me falte al respeto y espero que limpies mejor que esos malditos mocosos. No creas que te vas a librar tan fácilmente.

Fruncí el ceño. Lo único que le interesaba a Levi de mi presencia allí era que no fuera a limpiar tal y cómo el deseaba. Increíble. Verdaderamente increíble. Por muy bueno que fuera aquel tipo en su trabajo, en lo que respectaba a lo que sucedía dentro de las murallas no tenía sentido alguno su comportamiento. Erwin Smith iba a ser juzgado, estábamos en una cabaña en medio de la nada, había que probar la capacidad de endurecerse de Eren y él estaba preocupado por si el sitio en el que estábamos estaba sucio o limpio.

Chasqueé la lengua inconscientemente, lo que supe que no le había gustado por su mirada, pero me dio igual.

—¿Puedo hacerle una pregunta? —pregunté con el tono más relajado, intentando sonar agradable y más educada de lo que había sido con él en otras ocasiones.

—No —contestó con brusquedad. Yo rodé los ojos, pero hablé de nuevo.

—Me he fijado en que no caminas bien —Levi clavó sus fríos ojos sobre mí—. No estuviste en la misión para recuperar a Eren cuando fue secuestrado por el Titán Colosal y el Titán Acorazado. En su momento, me pregunté por qué aquel al que llaman el hombre más fuerte de la humanidad se había quedado en los muros, pero ahora ya sé por qué —hice una pausa, esperando que Levi intentara defenderse o negarme mis conjeturas, pero no habló. De hecho, sus labios formaron una fina línea—. Estás lesionado, ¿verdad? Te hiciste algo en tu pie izquierdo.

—Deberías volver con el resto de mocosos.

Miré a Levi con resignación. Él, en cambio, se cruzó de piernas sobre la desvencijada silla de madera y miró para otro lado, intentando zanjar la conversación. No obstante, seguramente no sabía que había dado, posiblemente, con el soldado más cabezota de todo el ejército.

—Podrías dejar que te mirara —sugerí. Levi me miró de reojo, como si pretendiera intimidarme. No lo iba a negar, sus ojos grisáceos resultaban escalofriantes la mayoría de las ocasiones, pero no pensaba dar un paso atrás. Tenía demasiado orgullo como para ello—. Podría hacerte un vendaje especial. Déjame echarle un vistazo.

Levi se mantuvo en silencio. Finalmente, cambió de posición sobre la silla. Descruzó sus piernas y se reclinó hacia delante, como si quisiera observarme mejor. Parecía que intentaba leer a través de mí, así que tragué saliva.

—Que sea rápido.

No pude evitar sonreír de satisfacción cuando le escuché decir aquello. Dejé la bolsa con materiales médicos sobre la cama y me acerqué hasta él. Esperé a que se desabrochara el zapato y, cuando se quitó el calcetín, chasqueé la lengua al ver el vendaje de su tobillo izquierdo. Levi frunció el ceño, pues claramente me había escuchado, pero preferí no decir nada, a pesar de que las vendas alrededor de su tobillo no tenían la sujeción suficiente, y me agaché para tener mejor visión.

Poco a poco, quité la venda y contuve un suspiro ante lo que mis ojos estaban presenciando. El tobillo de Levi no parecía muy hinchado a primera vista, pero, al ver el vendaje, supe que, fuera la lesión que fuera, no se estaba curando bien, por eso le molestaba al caminar, a pesar del tiempo que había pasado. Tomé su pie entre mis manos, un poco temerosa de que me dijera algo, pero, cuando no obtuve ningún comentario por su parte, comencé a palpar su tobillo. Parecía que tenía la zona interna algo hinchada y, acto seguido, lo moví, notando cómo Levi daba un pequeño respingo cuando apreté con algo más de fuerza.

—Tienes un esguince —le informé, aunque por su cara parecía que eso ya lo sabía—. El problema es que el vendaje que llevas no es lo suficientemente fuerte. Debe quedar más tenso. Te lo vendaré yo a partir de ahora y será durante quince días.

Levi no dijo nada, lo cual me extrañó. Le tenía por una persona que no me tenía mucho aprecio, aunque tampoco le culpaba por ello. Sinceramente, me lo había ganado.

Me levanté y rebusqué en la bolsa unas vendas que comencé a poner con cuidado alrededor de su tobillo y, después, por parte de su pie. Me aseguré de que la tela quedara tirante y de que apretara la articulación, pero evitando que pudiera cortar la circulación. Por último, tomé un poco de esparadrapo y terminé de ajustar el vendaje para asegurarme de que no se moviera.

—¿Eres siempre tan cuidadosa con todo?

Levanté la vista de su pie y miré hacia arriba. Levi no me miraba, pero no podía haber dirigido a otra persona esa pregunta, ya que no había nadie más en la habitación que nosotros dos.

—Tengo algo de práctica con estas cosas. Siempre me interesé por la medicina y, desde que tengo diez años, he estado practicando y formándome. Tengo un hermano bastante torpe —inconscientemente sonreí, recordando a Ezra. Aquella era la primera vez que dediqué a Levi una sonrisa sincera, pero no sería la última—, así que siempre he estado curando pequeñas heridas y torceduras. Después, cuando entré al ejército, viví la caída de Shiganshina cuando estaba formándome, ayudé como enfermera, y, cinco años después, hice lo propio con el asalto a Trost. Así se adquiere mucha experiencia. Además, tuve a alguien que supo formarme muy bien, por lo que, sí, siempre soy muy cuidadosa con todo lo que hago. Me han enseñado así.

Me puse en pie para guardar el resto de cosas en la bolsa. Al darle la espalda, ignoré que Levi tenía puesta toda su atención sobre mí. Por primera vez, desde que nos habíamos conocido y, aunque yo había sido la única que había hablado prácticamente, habíamos tenido una conversación distendida. Yo me había dado cuenta, pero intenté disimularlo mientras guardaba el resto de vendas y esparadrapo en la bolsa y sé que Levi también. Por eso se estableció un silencio raro e incómodo entre los dos. Aferraba la bolsa con ambas manos, parada frente a la cama, de pie, y sin saber qué decir mientras él permanecía sentado sobre la silla, aún con el zapato quitado.

—Ya que eres tan cuidadosa, ayudarás a esos malditos mocosos —Levi rompió el silencio—. Tendré que darles una lección de limpieza. Espero no tener que dártela a ti también.

El alma se me cayó a los pies. Sentí un pinchazo extraño en el estómago cuando le escuché decir aquello. Ni siquiera me había dado las gracias. Solo estaba hablando de trabajo y, por extraño que pudiera parecerme en ese momento, me sentía profundamente decepcionada. Esperaba más de Levi, mucho más. Esperaba que nuestra relación como capitán y soldado se normalizara. Le había sonreído, le había vendado el tobillo y, aún así, era como si no existiera. Eso me enfurecía y, a la vez, me enfadaba más todavía el hecho de que una tontería como esa me molestara. ¿Pero qué podía esperar de un tipo que parecía no tener sentimientos? A simple vista, Levi me parecía un ser humano despreciable, implacable en su trabajo, sin emociones y al que poco le importaban sus soldados. Por supuesto, iba a recibir mi lección por juzgar a las personas solo por las apariencias, pero ese era un escarmiento que recibiría algo más tarde.

No le respondí. Simplemente me encaminé hacia la puerta, la abrí y la cerré a mi espalda, posiblemente más fuerte de lo que debería. En esa ocasión, no me equivoqué de habitación y dejé la bolsa con los medicamentos sobre una de las mesillas de noche que había en la habitación, pues aún no sabía qué camas estaban ocupadas.

Al salir de la habitación, me encaminé a la cocina, donde el resto de reclutas, incluido Eren, habían comenzado a preparar a cena. Les escuché hablar sobre el endurecimiento, de lo poco que habían entendido de la reunión y lo mucho que uno de ellos quería acabar con un tal 'Titán Bestia'.

Me quedé parada bajo el quicio de la puerta, sin saber qué hacer, así que pronto se percataron de mi presencia. La primera en posar sus ojos sobre mí, una vez más, fue Historia. Los grandes orbes azules de la muchacha me analizaron de arriba a abajo. Me sentí incómoda, puesto que, desde que habíamos llegado, todos habíamos lucido ropa de calle y no nuestros uniformes, ya que así llamaríamos menos la atención desde nuestra salida del cuartel de Trost. Podía notarla, su curiosidad o pena por la ropa que llevaba. De manera automática, me alisé mi larga y vieja falda larga de color granate, intentando lucir un poco mejor, pero ignorando el parche verde botella que mi madre había cosido en el lado izquierdo de la tela cuando ésta había terminado pasándose por el transcurrir del tiempo y por el uso continuado.

—¿Puedo… Puedo ayudaros en algo? —pregunté nerviosa. Era extraño entrar en un nuevo grupo en el que era más que evidente que ya había unos lazos formados. Ellos habían compartido unas experiencias que yo jamás compartiría.

Eren asomó su cabeza por encima de la encimera y sonrió. Cuando el castaño me hizo un gesto para que me acercara, el resto pareció algo menos dubitativo por mi presencia y continuaron preparando la cena como si no hubiera sucedido nada.

—Deberías estar descansando —le dije mientras troceaba unas cebollas.

—Estoy bien —bufó el chico, como el adolescente que era—. Creo que al final va a ser verdad que los titanes nos recuperamos más rápido cuando nos sacan sangre —añadió, mostrándome una amplia sonrisa. Yo le miré de reojo, sin poder evitar curvar ligeramente hacia arriba la comisura de mis labios.

Todos resultaron mucho más agradables de lo que creía. A Mikasa y a Armin ya les conocía, pero me gustó verles en un ambiente diferente al campo de batalla, aunque el rubio en ese instante no se encontraba entre nosotros, ya que era su turno de guardia. En cuanto al resto, Historia resultó ser una chica tranquila, responsable y bastante bien organizada. Sin embargo, la notaba ausente, separada del resto de sus amigos, lo que podía sentirse en la especie de atmósfera tensa que reinaba en la diminuta cocina de la casa, ya que, mientras el resto dialogaba, ella permanecía en silencio, con la mirada baja a la vez que removía la olla con el estofado dentro. Después estaban Sasha, Connie y Jean. Los dos primeros aportaban siempre la nota de humor ante cualquier situación, lo que sacaba de sus casillas al último. A simple vista, podían parecer más infantiles que el resto, especialmente Sasha y Connie, pero preferí darles el beneficio de la duda porque, al fin y al cabo, tenían quince años y no sabía todavía cómo trabajaban.

Durante le cena, la situación no fue muy diferente. El silencio se había convertido en una constante. La diferencia era que la comida parecía ser lo único que tranquilizaba a Sasha y Connie, pues los dos se limitaban a masticar, prácticamente ajenos a lo que sucedía. Yo, por mi parte, fijé la vista en el plato, intentando no llamar demasiado la atención. Había ocupado un asiento a la derecha de Armin, mientras que a mi derecha, presidiendo uno de los lados de la mesa, se sentaba Historia, quien removía la comida en su plato, más bien jugueteando con ella.

—Yo nací en una pequeña granja en la parte de la muralla Sina.

Todos levantamos la vista de nuestros platos para fijarla sobre ella. Historia tenía la cabeza ligeramente agachada. Su dulce voz nos había dejado inmóviles, por lo que dejamos incluso el cuenco de comida a medio camino de nuestra boca. Parecía que, por fin, quería hablar de cómo se sentía.

—Era una granja dentro del territorio de un aristócrata, del señor Reiss —tragué saliva. Eso en parte ya lo sabíamos. Sabíamos que era hija de Rod Reiss, pero tampoco había dado muchos detalles más de su infancia—. Por lo que puedo recordar, hacía las tareas de la granja. A mi madre siempre la veía leyendo libros. Nunca trabajaba en casa. Era una mujer muy hermosa —hizo una pausa—. Cuando se hacía de noche, alguien venía en un carruaje tirado por caballos y mi madre, que vestía muy elegante, era llevada a la ciudad. Parece que mi madre tenía algún ingreso a parte del negocio familiar. Así era la vida para mí. Sin embargo, una vez que aprendí a leer y a escribir y empecé a leer libros como lo hacía mi madre comprendí que estaba sola. No importaba qué libro fuera, los padres siempre mostraban afecto por sus hijos. Hablaban con ellos, los sostenían, los regañaban… Yo no tenía experiencia con nada de eso. Mi abuelo y mi abuela me hablaban cuando me enseñaban sobre el negocio familiar, pero nunca había tenido una conversación con mi madre. Cuando los otros niños caminaban cerca y jugaban con otros niños de su edad, también me di cuenta. Para mí, los otros niños solo eran un peligro que te arrojaban piedras. Incluso aunque nunca me hubieran dicho que no lo hiciera, nunca di un paso fuera de la granja.

Mis labios formaron una fina línea al escuchar aquello. Sentí pena por Historia, pena porque no había tenido una infancia feliz, aun cuando su aspecto indicaba todo lo contrario.

—Un día, por curiosidad, quería abrazar a mi madre —prosiguió la rubia—. Quería saber cómo reaccionaría. El resultado fue que terminé saliendo volando —los labios de Historia se curvaron ligeramente hacia arriba. Ahí creía que iba a decir algo feliz—, pero, ya que era la primera vez que mi madre me había hecho algo, me hizo feliz —de repente, su rostro se ensombreció y supe que lo que vendría a continuación era algo doloroso para ella—. 'Si solo hubiera tenido el valor para asesinarla'. Esas fueron las primeras palabras que mi madre me dijo. Desde entonces, mi madre dejó la casa y comenzó a vivir en otra parte. Finalmente, lo entendí. Para mi abuelo y abuela y todos los demás trabajando en la granja, el hecho de que estuviera viva no era algo para celebrar. Qué había hecho o por qué las cosas eran así, no había nadie a quien le pudiera preguntar. Esa granja era todo mi mundo. Solo los animales eran mis amigos. Aunque pasaba la mayor parte del día haciendo el trabajo de la granja, había veces donde olvidaba mi soledad. Y entonces sucedió. Ese día. Hace cinco años. Noches después de la caída del Muro María me encontré con mi padre por primera vez. Ese hombre se introdujo a sí mismo como el hombre que gobernaba esas tierras. Mi madre, a quien no había visto en varios años, estaba ahí también, pero ella parecía increíblemente asustada. 'Historia, de ahora en adelante, vivirás conmigo'. Tan pronto como dijo eso, mi padre me llevó al carruaje que se encontraba fuera. En ese momento, cuando mi madre gritó, note que estábamos rodeados por muchos adultos. Un hombre agarró a mi madre, la puso de rodillas en el suelo y le rebanó el cuello. 'Si solo tú no hubieras nacido…' Esas fueron las últimas palabras de mi madre. Justo antes de que me asesinaran a mí también, mi padre hizo una propuesta. De ahora en adelante, si fuera a vivir tranquilamente a algún lugar lejos, él me dejaría vivir como Christa Lenz. Y luego viví en otras tierras durante dos años. Cumplí los doce años y entré al escuadrón de entrenamiento, donde os conocí a todos.

Nadie dijo nada. Tampoco había mucho que decir. El relato de Historia era, cuanto menos, impactante. Ningún niño, por mucho que fuera el fruto de una aventura, se merecía ser tratado así por sus progenitores. Al fin y al cabo, su mera existencia no era su culpa. Deseaba decirle algo, poder consolarla, pero sentía que, dijera lo que dijera, sería en vano y, posiblemente, solo la haría sentir peor.

Al finalizar la cena, entre todos, recogimos la mesa. Yo me ofrecí a fregar los platos mientras Historia me acompañó, secándolos y colocándolos a medida que yo se los iba entregando. Tras terminar, seguí a la chica por el pasillo hasta la habitación en la que Sasha y Mikasa charlaban animadamente, aunque eso implicara que el tono elevado de voz y la mayor parte del diálogo provinieran de la castaña. Ninguna de las dos se inmutó por nuestra presencia. Recogimos nuestras cosas y caminamos hacia el baño, donde tomaríamos una ducha. Necesitaba sentir el agua caliente sobre mí, aunque solo fuera por un periodo corto de tiempo. Había sido un día extraño, especialmente porque todavía estaba acostumbrándome a mi nuevo puesto en el ejército. Debía ponerme al día con muchas cosas y, hasta el momento, solo sentía que estaba siendo un estorbo debido a mi falta de información.

Chasqueé la lengua al verme en el espejo. No es que luciera mal, pero estaba poco acostumbrada a llevar el pelo tan largo como en aquella ocasión y nunca había tenido maña para arreglármelo. Normalmente lo llevaba suelto, pero, durante el rescate de Eren, había descubierto que era bastante molesto si quería moverme bien con el equipo de maniobras tridimensionales. No obstante, si optaba por recogérmelo, solía hacerme una coleta que al cabo de los pocos minutos terminaba completamente deshecha.

—Puedo ayudarte, si lo deseas.

Me giré levemente. Historia me observaba a una distancia prudente, sus grandes ojos azules analizándome con cautela.

—No sé si… —dudé. Sinceramente, ahora que las dos estábamos a solas, mis piernas flaqueaban. Tras escuchar su historia y ahora que empezaba a conocer mejor al resto, mi vida me parecía como un cuento de hadas.

—No me importa —me cortó—. Puedo enseñarte.

Finalmente, asentí, sintiendo cierto calor en mis mejillas. A decir verdad, me parecía absurdo ponerme roja por una tontería así, pero, por estúpido que pudiera parecer, de verdad que quería encajar con la dinámica de aquellos muchachos. Desde que había entrado en el ejército, solo me había relacionado con Elric, Mara, Alphonse y Maverick. Tras habernos separado, continué mi relación con los dos primeros, pero ahora esos lazos que nos habían unido estaban completamente rotos. Por eso sentía la necesidad de formar unos nuevos.

—¿Qué estáis haciendo? —preguntó Sasha con curiosidad. Historia y yo, al regresar del baño, nos habíamos sentado en su cama. La chica había cogido un cepillo y había comenzado a peinarme el cabello.

—Voy a peinar a _ _ _ _

—¿Ahora? —Sasha parpadeó confusa— Pero si ya es la hora de dormir.

—Voy a hacerle distintos peinados para que elija cual es el que más le gusta y ese será el que le haga mañana por la mañana.

Sasha abrió la boca, formando una 'o' perfecta. Yo enarqué ambas cejas. Pensaba que, simplemente, me enseñaría a hacerme una coleta de manera que no se me saliera ningún indeseable pelo, pero Historia parecía algo más animada gracias a aquella sesión de peluquería, así que preferí guardar silencio. Si, de esa manera, Historia iba a estar más participativa, entonces para mí estaba bien.

Historia probó varios peinados que me iba mostrando con un pequeño espejo. Primero optó por un moño que no terminó de convencerme porque me hacía parecer demasiado mayor. Luego optó por dos coletas, pero tampoco me gustaron porque me veía demasiado pequeña. La coleta alta, en cambio, estaba bien, pero Historia decía que era algo demasiado simple, algo en lo que Sasha estaba de acuerdo. Mikasa, por su parte, se limitó a observarnos y, cuando la miré pidiendo opinión, se encogió de hombros.

—¡Déjame probar!

Sasha empujó prácticamente a Historia para ocupar su lugar. La chica comenzó a tomarme mechones de pelo y, por las caras de Historia y Mikasa, podía imaginarme que el resultado no estaba siendo ideal. Cuando me pasó el espejo, mis ojos se abrieron de par en par. Sasha me había hecho dos pequeños moños justo en la parte superior de mi cabeza que sobresalían como si fueran los cuernos de una cabra. Sinceramente, me veía horrorosa.

—Sasha, _ _ _ _ no es una muñeca —articuló Mikasa.

—¿Eh? ¡Pero si lo he hecho con todo el amor del mundo!

—Entonces deberías guardarte ese amor para otras cosas que no fueran la peluquería.

—Mikasa… —protestó la chica.

Aquello me terminó haciendo reír. Las tres jovencitas me miraron y Sasha se unió a mis carcajadas, mientras Mikasa, más comedida siempre, nos miraba sonriendo. Estaba ridícula, Sasha terminó admitiéndolo, lo que le dio alas para hacer todo tipo de comentarios sobre el aspecto que tenía. Eso nos revolucionó mucho más todavía y, aunque Historia se apresuró a deshacerme aquel peinado y a hacerme otro, el daño ya estaba hecho y continuamos riendo durante la media hora más en la que Historia estuvo probando cosas nuevas, entre ellas un kiki en la frente que, según Sasha, me hacía parecerme a un perro. Definitivamente, de animales iba la cosa...

—No deberíais gritar tanto —Mikasa intervino, poniendo algo de cordura—. Ya es tarde. Deberíamos estar durmiendo.

—Tienes razón —Sasha dibujó una mueca—. El capitán Levi se enfadará y da miedo cuando eso sucede.

Abrí la boca para intervenir, seguramente para decir lo poco que me importaba que el capitán Levi se enfadara, cuando Historia me pasó de nuevo el espejo y me miré en él. Lo que vi me dejó sin palabras. Historia me había hecho una trenza de espiga y, aunque algunos mechones de pelo más cortos me caían a los lados de la cara, era una de las primeras veces que veía mi rostro tan despejado.

—Creo que ya tenemos un ganador —me sonrió Historia, apoyándose en mis hombros y asomándose por mi costado derecho.

—Te sienta muy bien —asintió Sasha, dando su aprobación—. Ahora solo te queda aprender a hacértelo.

No dije nada, sino que simplemente volví a mirarme. Me veía diferente a como normalmente lucía, especialmente porque así era como solía peinarme mi madre cuando era pequeña. Sin embargo, a diferencia de lo que sentí cuando Historia me hizo las dos coletas, no me veía infantil. Verme así me daba cierta nostalgia, pero no era un sentimiento de tristeza, sino de felicidad. Finalmente, giré levemente mi rostro hacia Historia y le sonreí de la forma más sincera que pude.

—Me encanta. De verdad. Muchas gracias.

La rubia emitió una leve risita y sentí cómo apretaba mis hombros cariñosamente. Esa fue la primera vez que escuché la bonita risa de Historia escaparse entre sus carnosos y rosados labios. Me sentía agradecida y creo que ninguna de las tres sabía cuánto. A partir de aquel día, empezaría a relacionarme más con todos. Poco a poco comenzarían a formarse los lazos que nos unirían para siempre sin ni siquiera ser conscientes de ello. Pero, sobre todo, aquel día Historia y yo conectamos.


¡Ya estoy de vuelta! ¿Qué tal vuestras vacaciones? Espero que bien. Las mías han estado muuuy bien. No me quejo para nada xD

No estoy especialmente orgullosa de este capítulo. He intentado reescribirlo varias veces, pero a cada cual peor, así que me he decantado finalmente por lo primero que escribí, pero un poquito modificado. En fin, espero que, igualmente, os haya gustado. Ahora que Levi y rayis se han quedado a solas por primera vez, rayis empezará a querer saber más cosas del gruñón del capitán ;)

Io-chan: Me gusta que pienses de esa manera en cuanto a reviews se refiere. Yo también intento dejar comentarios en cada historia que leo, aunque solo sea para que la persona vea que estoy ahí y que me gusta el trabajo que está haciendo. Esas cosas siempre hacen mucha ilusión. Me mató lo de 'Levi es medio raro' jajaja ¡Y tanto! A mí, personalmente, me parece un personaje muy difícil de escribir. El hecho de que no muestre sus emociones es algo completamente contrario a mí, ya que yo soy una persona muy expresiva (un libro abierto, vamos). En cuanto a lo de Maverick, digamos que, sí, ha intentado advertir a rayis. A ésta ya le han saltado las alarmas, pero veremos si se toma en seiro del todo lo que le dijo su amigo.

catherinearnshaws: Lo del titán peludo me dejó a cuadros cuando releí los capítulos (suelo hacerlo de vez en cuando). Recuerdo que justo estaba bebiendo agua cuando estaba en esa parte y estuve a punto de atragantarme xD Maldito Isayama... Ya nos lo había advertido... Por otra parte, me alegro de que te gustara ese pequeño momento entre Hanji y rayis. Quiero que tengan alguno más porque me parece que las dos pueden llegar a encajar muy bien.

Kurt: ¡Gracias por tu comentario! Me alegro de que te esté encantando esta historia. La primera que lees de Snk... Whao... espero que sea la primera, pero no la última. Hay algunas que son muuuy buenas.

Eliza20: Gracias por la review. Sobre todo, me ha gustado mucho que creas que estoy llevando bien a los personajes. A veces se hace difícil captar su esencia.

I 'm a Jger: ¡Muchas gracias! Espero que este capítulo siga estando a la altura de tus expectativas :)

Y, antes de despedirme, bienvenidas a las nuevas personas que han decidido seguir esta historia en los últimos días. Es todo un honor.

¡Nos leemos!