XIV

Cerré mis ojos inconscientemente debido a la leve explosión que provocó Eren al transformarse. Desde una distancia prudente, esperamos a ver su reacción, pero todo parecía correcto. Nuestros superiores no querían arriesgarse a que Eren no pudiera reconocernos, pero todo parecía en orden, así que Hange fue la primera en acercarse hasta él.

—Bien, Eren, el objetivo es esa cueva —Hange señaló hacia el frente, donde la entrada de una pequeña cueva sobresalía de una de las enormes montañas que nos rodeaban. Hange y Levi habían sido muy escrupulosos en buscar un sitio en el que hacer los experimentos. Sabíamos con certeza que la Policía Militar estaba tras nosotros, así que los altos árboles que nos rodeaban nos permitían pasar más o menos desapercibidos. Para asegurarnos de no tener ningún visitante inesperado, los escuadrones de ambos capitanes patrullaban a caballo la zona. Los únicos cerca de Levi y Hange éramos Moblit, quien se ocuparía de hacer dibujos, Historia, por motivos de seguridad, y yo, que debía monitorizar a Eren—. La haremos pasar por el Muro María —prosiguió Hange mientras nos acercábamos a ella—. Tendrás que intentar endurecer tu cuerpo.

Eren asintió, dándonos a entender que había comprendido todo lo que Hange le había explicado. Esperamos pacientemente durante varios minutos, tantos como para que a Moblit le diera tiempo a dibujar un boceto más que exacto de la forma de titán de Eren, un monstruo de quince metros de altura que, a pesar de saber que estaba de nuestra parte, me seguía poniendo la piel de gallina.

Desgraciadamente, y a pesar de los esfuerzos de Eren por lograr el objetivo, no sucedió nada. El chico se desesperaba. Pudimos notarlo porque rugió un par de veces y, aunque era arriesgado, Hange no dudó en acercarse para intentar tranquilizarle. Moblit corría tras nuestra capitán, gritándole lo descuidada que era, mientras ésta se reía. A mí, en cambio, me hacía sonreír aquella escena. Levi se limitaba a mirarles con su misma expresión, chasqueando la lengua a cada insensatez que cometía Hange.

—No te preocupes, Eren —le animó Hange—. Vamos a ir con las pruebas de inteligencia y resistencia. Veamos cuánto puedes aguantar en esa forma —Hange se giró hacia nosotros— ¿Está todo listo?

—Sí —respondió Moblit.

—Apunta todo, _ _ _ _ —me ordenó, a lo que yo asentí, preparando la pluma con tinta para comenzar a escribir.

Hange empezó con unos ejercicios simples. Eren solo debía imitar sus movimientos. Ponerse a la pata coja, saludar con la mano, tocarse la nariz… Eren fue capaz de realizar todas aquellas órdenes sin ningún problema. No obstante, cuando Hange quiso probar su capacidad de hablar, Eren se vio incapaz. Las fauces del titán de Eren eran extremadamente grandes y estaban expuestas en todo momento, por lo que era más que posible que la estructura de la boca no le permitiera articular palabras.

Después, Hange utilizó los materiales que nos había hecho encontrar, preparar y llevar hasta la zona utilizando los carros en los que también nos habíamos desplazado. Utilizando troncos de madera y sogas, Hange le indicó a Eren que construyera cosas. Todos nos sorprendimos cuando vimos que Eren, en su forma de titán, era capaz de construir cosas bastante detalladas para las que empleaba mucho cuidado. Sin embargo, pude notar un cambio en Eren al cabo de un rato. Parecía más nervioso y boqueaba.

—Ha pasado una hora —comenté.

—Lo sé —Moblit permaneció con sus ojos puestos sobre Hange. Estaba claro que él también lo había notado—. Es peligroso que Hange-san se acerque más.

Tragué saliva y dirigí mis ojos hacia Eren y Hange. Nuestra capitán extendió ambos brazos hacia arriba, lo que parecía haber tranquilizado al titán.

—Coge uno de los troncos de madera, Eren —tras dudar unos instantes, el titán se movió e hizo tal cual Hange le ordenó—. Muy bien. ¿Puedes escribir algo?

Hange iba diciendo en voz alta las frases que Eren iba escribiendo para que yo, así, las fuera anotando. La primera y más clara fue 'No sé qué puedo hacer para endurecerme'. Después, pasados varios minutos, su escritura comenzó a volverse más torpe y escribió palabras de forma aleatoria. Finalmente, en vez de palabras, Eren se dedicó a hacer una especie de garabatos. Aquellos esfuerzos terminaron pon consumirle y Eren se dejó caer sobre sus rodillas. Su titán se echó hacia delante y de su nuca surgió la figura del castaño.

—¡Está prácticamente inconsciente! —gritó Hange corriendo hacia él.

Rápidamente, nos unimos a nuestra capitán. Moblit, Levi y yo la ayudamos a descender a Eren y a apartarle del vapor que desprendía el cuerpo del titán descomponiéndose. Su piel ardía, así que había que hacer algo para bajarle la temperatura. Me giré, buscando a alguien que pudiera ayudarme. Hacia nosotros corrían Mikasa, Armin y el resto de miembros del escuadrón de Levi.

—¡Sasha! —grité— ¡Tráeme el maletín y la bolsa con mis cosas! Si no puedes con las cosas que te ayuden Jean o Connie.

La chica asintió y dio media vuelta, seguida muy de cerca por Connie, que no había dudado en acompañarla. Mikasa y Armin pronto se situaron a mi alrededor y yo extendí los brazos, buscando algo de espacio.

Cuando Sasha regresó, saqué los materiales. Le medí la temperatura y comprobé su tensión y su nivel de azúcar, datos que rápidamente apunté en mi cuaderno para, después, poder compararlos con los primeros. Una vez cumplí con mi tarea, humedecí una toalla. Le pasé la tela por brazos, cuello y cara y, por último, la doblé para dejarla sobre su frente.

—¿Cómo te encuentras? —le pregunté cuando me percaté de que había abierto los ojos.

—Bien.

—Mentiroso… —sonreí y él también me devolvió la sonrisa, aunque algo cansada— Sigue mi dedo —añadí, encendiendo una pequeña linterna y moviendo mi dedo índice de un lado a otro. Los reflejos y su nivel de respuesta a ciertos estímulos estaban bien, así que treinta minutos después Eren decía estar listo para transformarse de nuevo.

Una vez más, Eren fue incapaz de endurecerse. Hange, al igual que la primera vez, prosiguió con las pruebas de inteligencia y resistencia. En aquella ocasión, Eren no fue capaz de seguir ninguna orden y, para horror de todos, destrozó los cimientos de la casita que había construido durante su primera transformación y devoró los troncos de madera que había empleado para ello.

—¡Eren, tranquilízate! —le gritó Hange, pero los movimientos del chico eran erráticos. Algo no estaba bien.

—¡Hange-san!

Moblit fue el primero en salir corriendo. Eren había perdido el control y nuestra capitán estaba desarmada frente a él. Levi chasqueó la lengua furioso y, cuando fui a dar un paso al frente para salir corriendo en su ayuda, al igual que había hecho Moblit, Levi me detuvo.

—No seas igual de idiota que esa cuatro ojos.

Y, sin más, Levi se acercó hasta los dos y, ayudando a Moblit, consiguieron alejar de Eren a una Hange que no quería separarse de él. Podría ser fantástico, maravilloso, todos los adjetivos que se le ocurrieran, pero Eren comenzaba a ser incapaz de controlarse.

De repente, Eren volvió a caer al suelo y su cuerpo salió de la nuca del titán. Yo fui la primera en salir corriendo hacia él y pronto se unió Mikasa. Cuando las dos llegamos a la nuca del titán, conseguimos sacar a Eren y le bajamos de nuevo al suelo, donde volví a hacerle el mismo tipo de pruebas. En aquella ocasión, Eren tardó más en abrir los ojos y responderme a las cosas que le decía. Su piel ardía más que la vez anterior y algunos valores se habían disparado.

—No creo que fuera buena idea que volviera a transformarse —me crucé de brazos. Hange, Levi, Moblit y yo nos habíamos reunido para sopesar la situación

—¿Lo dices en serio? —Hange parecía decepcionada.

—Estoy preocupada.

—¿Lo dices como médico o por el sentimiento maternal, fraternal o lo que demonios sientas hacia Eren? —miré a Levi con incredulidad y abrí mi boca, sin saber muy bien qué responder. Pensaba que estaba haciendo aquella pregunta en broma, pero pronto recordé que Levi no era alguien que bromeara muy a menudo.

—¿Me tomas el pelo? ¡Está ardiendo!

—¿Me ves con pinta de bromear?

—Oye, pero qué… —Hange miraba a uno y después a otro. Supongo que quería detenernos, pero no la dejamos intervenir.

—La humanidad depende de esto —prosiguió Levi—. ¿Me estás diciendo de verdad que, ahora mismo, no están interviniendo en esto tus emociones? De ser así, estarías retrasándonos a todos porque te da lástima un crío de quince años.

—Vete a la mierda —escupí prácticamente aquellas palabras. Levi, en cambio, no cambió su rostro, sino que dio un paso al frente, pero pronto se detuvo.

—Voy a volver a transformarme —Eren se había puesto en pie, ayudado por Mikasa.

—¿¡Qué!? —me acerqué rápidamente hacia él y le tomé por el otro brazo— No te sobre esfuerces, Eren.

—Es su decisión —Levi se cruzó de brazos, a lo que yo le fulminé con la mirada. ¿Por qué se empeñaba en desacreditarme como médico? ¿Cuál era su problema?

—Está bien.

—¡Hange! —no podía dar crédito. Ella también estaba de su parte.

Me giré hacia Eren para suplicarle, pero éste me dio un empujón seguramente más fuerte de lo que creía, por lo que perdí el equilibrio.

—¡Eren! —gritó Armin.

Estuve a punto de caer al suelo, pero Moblit me aferró de la cintura y se puso frente a mí, de forma sobreprotectora. Intenté decir algo, pero sentí que un nudo se formaba en mi garganta y que, si pronunciaba cualquier palabra, mi voz se quebraría. Eren me acababa de empujar. Eren. El muchacho de grandes ojos verdes por el que tanto cariño había desarrollado en tan poco tiempo. Mis ojos se abrieron de par en par, especialmente cuando mi mirada se encontró con la expresión de indiferencia de Levi. Su gesto no había cambiado, pero el brillo en su mirada era diferente. Me decía muchas cosas. Era como si me restregara que él tenía razón, aunque yo seguía sin estar de acuerdo.

—Es lo que Eren quiere, así que lo haremos —la mirada de la mujer solo mostraba determinación—. Pero no nos vamos a arriesgar en esta ocasión. Poneos los equipos de maniobras tridimensionales. Le observaremos desde lo alto.

Hicimos tal cual nos ordenó. Después de ponernos nuestros equipos, nos subimos a la parte superior de la cueva, desde donde podríamos observar a Eren sin temor a ser atacados por él.

—¿Estás bien? —me preguntó Moblit mientras veíamos cómo Eren se convertía en un titán tras morderse su pulgar. Yo me limité a asentir sin apartar los ojos del castaño. En aquella ocasión, y al igual que en la anterior, el tamaño de su titán había disminuido y, además, lucía más raquítico, incluso podían verse partes del esqueleto.

No pasó demasiado tiempo hasta que Eren perdió el control de nuevo. El titán comenzó a rugir con fuerza, echando la cabeza hacia atrás y abriendo sus fauces.

—¡Eren! —gritó Mikasa al ver cómo el titán volvía a caer contra el suelo y el vapor ascendía hacia el cielo.

—Esta vez se ve diferente, ¿no? —preguntó Moblit— Ni siquiera tiene diez metros de alto y no tiene carne en algunas partes. Además de que está asomando el culo de Eren —Moblit tenía razón. Las piernas y parte de la retaguardia del chico asomaban por la nuca del titán. Algo no parecía ir bien.

—¡Ya lo sé! —gritó Hange. La mujer apretó los puños con fuerza— ¡Eren! ¿Aún puedes mover al titán? ¡Danos algún tipo de respuesta! ¡Si no puedes, te sacaremos de ahí!

No hubo respuesta.

—¡Mikasa!

Fue lo único que le dio tiempo a gritar a Armin. La chica había espoleado su caballo y galopaba hacia el titán de Eren.

—Esa mocosa apática está actuando por su cuenta otra vez —Levi parecía bastante molesto—. ¿Deberíamos castigarla?

—Ya no había respuesta, así que hemos terminado por hoy —Hange saltó desde lo alto, seguida pronto por Moblit, pero yo me veía incapaz de moverme.

Tenía razón desde el principio. No había sido una buena idea que Eren volviera a transformarse. Quizá no supiera nada de los titanes cambiantes, quizá acabara de llegar y no tuviera la misma información ni hubiera vivido las mismas experiencias que ellos, pero sabía que Eren estaba en su límite.

—No me mires así.

Ni siquiera me había dado cuenta de que estaba mirando a Levi hasta que él me dijo eso. Aparté la vista avergonzada por haber sido descubierta y miré hacia otra parte, intentando ocultar el rubor de mis mejillas. Seguramente le había mirado inconscientemente porque todo había sido su culpa. Él me había puesto en duda delante de todos. Apreté mis puños con fuerza, prácticamente clavándome mis uñas sobre la carne. Era un imbécil y deseaba gritárselo a la cara con todas mis fuerzas, pero pronto me percaté de los gritos de Hange y Mikasa.

—Maldición… —murmuré para disponerme a saltar yo también. Mi misión era vigilar a Eren y estaba más pendiente de mi rencor en aumento hacia Levi que del chico.

Hange y Mikasa parecían estar teniendo problemas para sacarlo, así que me apresuré para ayudarlas. El calor era intenso, aunque soportable, pero pronto noté la trenza de espiga que me había hecho Historia aquella mañana mojada por el sudor. Aun así, esperé abajo, en el suelo, junto a Moblit.

—¡Oh! ¡Mira, Moblit! ¡La cara de Eren está completamente jodida! ¡Apresúrate y haz un bosquejo de esto! ¿Volverá su cara a la normalidad? —no podía ver el rostro de Hange, pero por su tono parecía estar disfrutando de la situación— Necesitaremos después ese bosquejo para compararlo.

—¡Capitán! ¿Es que acaso no es humana? —Moblit escaló al titán y me dejó sobre el suelo, esperando a que bajaran a Eren para poder atenderle y con los materiales ya preparados.

Escuché el sonido de las katanas y el corte de la carne. Seguramente, Mikasa habría tenido que usar sus espadas para liberar a Eren de su forma de titán.

—¡El experimento ha terminado! ¡Podéis retiraros! —gritó Hange para que todos la oyeran.

Poco después, entre Moblit, Mikasa y Hange bajaron a Eren y le colocaron en el suelo. Un carro comenzaba a acercarse a nosotros para trasladarnos de vuelta a la casa, pero yo me apresuré en comprobar los valores de Eren antes de subirle.

—¡Sasha! —grité a la chica, que regresaría a caballo— ¡Date prisa y prepara un baño con agua helada para cuando lleguemos!

—¡Sí! —tan pronto como dije eso, la chica comenzó a galopar en la misma dirección que íbamos nosotros.

Historia nos acompañó también por órdenes de Levi, pero estaba más preocupada por lo que pudiera sucederle al chico. Obviando el hecho de que la mayor parte de piel y carne estaba ausente, su tensión estaba por las nubes.

—No puede ser… —murmuré.

—¿Pasa algo? —se interesó Hange.

—Sufre crisis hipertensiva, lo que quiere decir que sus niveles de tensión se han disparado repentinamente. Puede ser muy grave. ¡Podría causarle la muerte! —tenía ganas de gritarle que tenían que haberme hecho caso, pero me mordí el labio. No podía hablar así a mi capitán, no a Hange.

—¡Eren, resiste, por favor! —Mikasa se inclinó hacia el chico, quien estaba inconsciente.

—Él estará bien… —Hange intentó reconfortarla— Probablemente. Volverá a ser el mismo chico apuesto de antes.

Probablemente

Los ojos de Mikasa se abrieron de par en par y giró con brusquedad su rostro hacia mí buscando respuestas. Yo, sinceramente, no tenía ni idea. Era terrorífico ver a Eren así, con todo el tejido expuesto, pero no sabía nada sobre los titanes cambiantes, a pesar de ser médico. Todo eso era nuevo para mí. Yo me habría encogido de hombros como respuesta, pero lo único que hice fue mirar a Hange resignada.

—Eso no ayuda —articulé finalmente, haciendo que mi capitán se rascara la nuca avergonzada.

Durante el trayecto no me atreví a poner paños con agua fría sobre su ardiente piel, pues no sabía el efecto que podría tener. Sabía que, en caso de quemaduras, era lo peor que se podía hacer, pero en el que caso de Eren, que era un titán cambiante, tenía serias dudas. Lo lógico era que todo ese tejido que le faltaba a su rostro volviera tarde o temprano a regenerarse.

Cuando llegamos, trasladamos entre todos a Eren al interior de la casa. Sasha, que había sido la primera en llegar, salió del baño para indicarme que estaba todo preparado. Yo asentí y entramos al interior de la habitación, depositando a Eren cuidadosamente sobre el suelo.

—Necesito aquí solo a la gente imprescindible —mis ojos se clavaron sobre Mikasa—. Fuera. Y tú, Hange, igual.

—Cuando termines, mantenme al tanto —yo asentí, mientras la veía darse la vuelta y abandonar el baño. Mikasa, en cambio, se quedó parada unos segundos más bajo el quicio, pero una mirada mía más fue suficiente para que cerrara la puerta a sus espaldas al salir.

—¿Q-Qué tengo que hacer? —preguntó Sasha, visiblemente nerviosa— No está muerto, ¿no?

—No. No está muerto —respondí mientras me quitaba la chaqueta y la lanzaba contra el suelo. Después, desabroché las mangas de la camisa de mi uniforme y las remangué. Moblit hizo los mismo que yo, imaginándose qué es lo que pediría—. Bien, vamos a desvestirle.

Sasha abrió los ojos de par en par. Me agaché y levanté la camisa de Eren. Moblit elevó los brazos del chico por encima de su cabeza y saqué poco a poco la prenda de vestir, empapada en sudor. A pesar del tiempo que habíamos empleado en regresar, Eren seguía ardiendo y debía bajarle la temperatura cuanto antes.

—¿Qué? —pregunté enarcando una ceja al ver a Sasha inmóvil contra la pared, mirándonos con los ojos prácticamente fuera de las órbitas. Le había quitado a Eren los zapatos y me disponía desabrocharle el pantalón.

—¿Le vas a desnudar?

—Claro —respondí como si fuera lo más obvio del mundo, pero entonces comprendí—. Si no te sientes cómoda, puedes salir, Sasha.

—Yo… Yo no…

—No pasa nada —sonreí, intentando evitar una carcajada. Yo había tratado a tanta gente que, como bien le había dicho a Erwin cuando le pedí unirme a la legión, ya eran meros trozos de carne para mí—. Puedo apañármelas con Moblit. De verdad.

Sasha asintió y, antes de salir, me miró una última vez, por lo que le hice un gesto con la mano para que se marchara de una vez. Al bajarle el pantalón a Eren, miré a Moblit y emití una leve risita.

—Adoro a los quinceañeros. Son tan achuchables.

Moblit negó con la cabeza, pero podía ver por su expresión que él también estaba conteniendo las ganas de reírse.

Entre los dos, lavamos a Eren. Una vez fuera de la bañera, seco y con nueva ropa puesta, le pusimos sobre una de las camas. Le medí la temperatura y la tensión de nuevo. Aunque su cuerpo seguía caliente, el calor que desprendía su piel había bajado considerablemente, pero le puse un paño húmedo en la frente, que parecía en mejor estado que el resto de su cara, ya que su rostro seguía igual de demacrado que cuando lo habíamos sacado de allí. Al abrir la puerta, me encontré con Mikasa y Armin, a quienes dejé entrar en la habitación a cambio de que no hicieran ruido y le dejaran dormir.

Hange me pidió después todos los datos que había apuntado sobre Eren. Me interrogó al respecto y me felicitó por mi trabajo. Tras explicarle con precisión lo que significaba cada resultado, me indicó que era libre para hacer lo que quisiera durante el resto del día, así que me di una ducha de agua caliente con el objetivo de relajar mis recargados músculos tras el largo día que habíamos pasado intentando lograr algo para lo que no teníamos ni una mísera pista.

Finalmente, me dejé caer en el banco de madera. Había pasado más tiempo del debido bajo el agua, pues, por lo que descubrí, el escuadrón de Levi había preparado ya la cena y habían comido todos. No obstante, Moblit estaba todavía devorando en ese entonces un enorme cuenco con el guiso que habían preparado y tomé una cuchara para coger de su mismo plato. Si aquello le molestó, no sabría decirlo porque nunca me dijo nada al respecto. Solo se limitó a observarme con curiosidad para, después, seguir comiendo.

—Está bueno —comenté intentando iniciar una conversación.

—Es posible. Teniendo en cuenta el hambre que tenemos, cualquier cosa nos parece que está buena, pero, en realidad, la carne está dura. No es de la mejor calidad.

—La carne es cara. Bastante que han podido echar un poco en el guiso.

—Disculpa…

Me giré. Jean Kirschtein estaba de pie detrás de mí. El chico miraba hacia los lados, con sus mejillas ligeramente sonrojadas y visiblemente avergonzado. Tras él, observaban con curiosidad la escena el resto de sus compañeros.

—Quería… Quería darte las gracias —el chico carraspeó, encontrando el valor suficiente para hablarme directamente.

—¿Por qué? —pregunté tras intercambiar miradas de incredulidad con Moblit.

—Por lo de Trost —Jean se rascó la nuca—. Debí habértelo dicho antes, pero no sabía si te ibas a acordar. Gracias por haberme dado la oportunidad de despedirme. N-No es algo que suceda habitualmente.

Guardé silencio. Jean inclinó su cuerpo hacia delante, en una especie de reverencia y se marchó hacia las habitaciones acompañado por el resto del grupo, que se metían con él por lo que acababa de hacer.

—¿Qué demonios ha sido eso? —preguntó Connie entre risas.

—Como Mikasa no te da bola lo intentas con _ _ _ _ —le pinchó Sasha con un tono de voz burlón y Connie rompió a reír a carcajadas.

—No creo que sea eso —intervino Armin dubitativo.

—¡Callaos los dos! —gritó Jean.

—Jean…

—Perdón —susurró el chico, al escuchar a Mikasa decir su nombre, seguramente en una especie de reprimenda por elevar la voz cuando Eren estaba descansando.

—¿Sabes a qué ha venido eso? —me preguntó Moblit con curiosidad, ignorando la discusión de los muchachos, cuyas voces cada vez se oían menos hasta que se metieron en las habitaciones.

—Creo que ahora sí —sonreí. No lo había reconocido hasta ese momento porque, entonces, llevaba la cara cubierta con un pañuelo, pero él era el chico con el que había tenido un breve encuentro en Trost. Él me había dicho el nombre de uno de los cadáveres que había esparcidos por el suelo. Marco Bodt. No lo olvidaría nunca, al igual que los nombres de todos aquellos que habían muerto en mis manos.

Moblit me tendió el cuenco con un par de trozos de patata y carne y el resto del caldo para que yo me lo terminara. Con un suspiro, el chico apoyó la espalda en el respaldo de la silla y se echó licor en un vaso de cristal. Intentando ser lo más discreta posible, le observé de soslayo mientras masticaba. De un solo trago, Moblit vació el vaso y, acto seguido, tomó la botella para volverse a servir y beber de nuevo. Me había quedado de piedra. No me habría imaginado que Moblit Berner pudiera tener esa resistencia al alcohol.

—¿Me dejarás algún día?

—¿Eh? —Moblit levantó la vista de su tercer vaso. En aquella ocasión, parecía algo más dispuesto a saborear el licor.

—Que si me dejarás algún día acompañarte —sonreí—. No soy muy dada a beber, pero hace mucho que no lo pruebo. Lo habría hecho antes, pero es aburrido beber solo, ¿no crees?

—Bueno, yo casi que estoy acostumbrado —se sonrojó encogiéndose de hombros.

—¡Oh! ¡Aquí estáis!

Hange entró en la habitación con sus brazos extendidos hacia los lados, como si quisiera abrazarnos. Quizá Moblit no se diera cuenta, pero, al entrar nuestra capitán, dejó la botella y el vaso a un lado, olvidándose por completo de ellos.

—Hoy habéis hecho un gran trabajo —continuó Hange. La mujer mostraba una amplia sonrisa, sentándose junto a Moblit—. He estado repasando todo, pero no he encontrada nada especialmente relevante con Eren y los titanes —Hange puso el cuaderno que había usado Moblit durante el día para hacer los bocetos y lo abrió justo por una página en la que estaba dibujado el rostro de Eren, demacrado al sacarlo de su última transformación.

—¿¡Eso es tuyo!? —pregunté fascinada por el realismo de la ilustración y arrebatándole a Hange el cuaderno de las manos para mirarlo mejor— ¡Es increíble! ¡Solo tenías unos segundos para dibujarlo!

—Sí, bueno… Yo… —Moblit se rascó la nuca y sonrió avergonzado.

—Qué pasada…

—El caso es que —prosiguió Hange—, cuando intenté sacar a Eren de su última transformación, me fue prácticamente imposible. Mikasa tuvo que cortar la carne que lo ataba al titán usando las cuchillas. Era como hubiera estado a punto de fusionarse con el titán.

—Entonces no es que no tengamos nada —Moblit y Hange me miraron con curiosidad—. Quiero decir, sí, es verdad que no podemos relacionar nada con los datos obtenidos al monitorizar a Eren y tampoco consiguió endurecerse ni sabe cómo hacerlo, pero, si, como bien dices, Eren estuvo a punto de fusionarse con su titán, tu teoría estaría prácticamente probada.

—Tiene razón —los ojos de Moblit se iluminaron y miró a Hange—. Si Eren se estaba fusionando…

—Entonces es muy posible que los titanes fueran humanos —Hange terminó la frase—. Ahora estaríamos seguros de ello.

Los tres sonreímos, aunque, desgraciadamente, aquello no era un motivo para sonreír. Sí la teoría de Hange era cierta, al menos nosotros estábamos convencidos de ello, eso significaba que personas inocentes habían terminado de desaparecer para convertirse en esos seres monstruosos que amenazaban con destruir a la humanidad. ¿Quién podría ser capaz de hacer algo así?

—Cuando Eren despierte, tendremos que hablar con él —añadió Hange—. Quizá tenga las respuestas que necesitamos —de repente, la mujer guardó silencio por unos instantes para clavar sus ojos sobre los míos—. Siento no haber seguido tu consejo, _ _ _ _. Lo presionamos demasiado.

—No pasa nada —sonreí, quitándole importancia—. Como capitán, tú decisión es la que cuenta, así que la respeté, aunque no la compartiera.

—Lo sé, pero…

—Pero nada. Eren está ya bien. Eso es lo importante. Estoy convencida de que, con unas horas de sueño, volverá a ser el de antes.

—No creas que la cosa va a quedar así.

Sentí un escalofrío al escuchar una profunda voz a mi espalda. Al girarme, me percaté de que los filosos ojos de Levi estaban puestos sobre mí. El capitán me observaba con cautela, con sus manos puestas sobre su cadera.

—Vas a aprender modales, bastarda, aunque sea a la fuerza. Estoy harto de tener que aguantar tus berrinches de niña pequeña.

—¿Me tomas el pelo? —enarqué una ceja, incrédula.

—Como tu superior, debes aprender a respetarme. Me gritaste y me faltaste al respeto.

—¿¡Qué!? —me puse en pie— Solo estaba haciendo mi trabajo y tú pusiste en duda mi profesionalidad insinuando que estaba poniendo por delante mis sentimientos. ¡Mis sentimientos por un crío de quince años! ¿Eres consciente de lo absurdo que es eso?

—Tu cabezonería pone en riesgo nuestro trabajo —me respondió Levi con aparente calma.

—¿¡Se puede saber qué demonios te pasa!? Dios… Estaba tranquila hablando con Moblit y Hange y tienes que venir tú-

—Habla con respeto a tus superiores. Hange es tu capitán —prácticamente me escupió aquellas palabras a la cara.

—¡Fue ella la que me pidió que le hablara así!

Sinceramente, no sabía qué pensar. Estaba molesta, pero, a la vez, algo me decía que aquello solo era una especie de diversión para Levi. No podía decirlo con certeza. No obstante, a quien sí sabía que le estaba divirtiendo aquella escenita era a Hange, que nos miraba conteniendo las carcajadas.

—Te recuerdo de Trost. Vi lo que hiciste —mis ojos se abrieron de par en par al escuchar a Levi decir aquello. Estaba casi convencida de a lo que se refería, pero Hange y Moblit, que desconocían todo aquello, pusieron toda su atención en lo que venía a continuación—. No te moviste. Estabas tan aterrorizada por los titanes que fuiste incapaz de moverte. No hiciste nada por salvar a aquel soldado que murió suplicándote su ayuda.

Tragué saliva. Tenía ganas de vomitar. Mitabi. Aún soñaba todas las noches con aquella mirada, la última mirada que me dio suplicándome ayuda. Y, aun así, no me moví. Vi cómo le devoraban. Solo fui capaz de ponerme en acción cuando Eren salió del cuerpo del titán tras colocar la roca.

—S-Salvé a Erwin —murmuré. Fue un intento de defensa bastante absurdo por mi parte, pero estaba tan confusa que ya no sabía lo que decía.

—¿Qué pretendes? ¿Darnos una lección por algo que hiciste una vez? —Levi chasqueó la lengua y me miró con desprecio. Sentí que algo se removía en mi interior— Mañana limpiarás. Y me aseguraré de que mi cara se vea reflejada en cada cosa que limpies.

Guardé silencio, incapaz de replicar. Levi apartó su mirada de mí y se adentró en el pasillo, escuchando después el sonido de la puerta de su habitación al cerrarse. Entonces miré a Hange y Moblit, sus expresiones indescifrables para mí. Seguramente me lo habría buscado, pero estaba muy confundida.

Me dejé caer sobre la silla, mis brazos reposaban inertes a los lados.

—¿Qué demonios le pasa? —articulé finalmente, más para mí misma que para Moblit o Hange.

—No te lo tomes tan a pecho —Hange apoyó ambos codos en la mesa de madera—. Le gusta la disciplina y, aunque tú la tienes, no es exactamente como a él le gusta. Has trabajado en otras secciones del ejército muy diferentes a la legión, tienes otros hábitos, y es normal que te comportes como entonces —mis ojos se volvieron hacia Hange, que me sonrió—. Cuando ha mencionado lo de Trost lo ha hecho porque creo que, en realidad, quiere que te des cuenta de que debes ser más fuerte. Es su manera de decirlo. Hazte fuerte y no te involucres demasiado para no tener arrepentimientos.

—¿Por qué diría algo así? —pregunté, más confusa todavía.

—Bueno, no creo que deba contártelo… —Hange se rascó la nuca, algo avergonzada, pero, finalmente, se reclinó hacia delante más todavía para bajar el tono de voz— Levi no se unió a las Tropas de Reconocimiento como el resto. Él fue un caso excepcional, junto con Farlan Church e Isabel Magnolia.

—¿Quiénes son Farlan e Isabel?

—Eran unos delincuentes de la ciudad subterránea bajo la protección de Levi —explicó Moblit.

—¿Qué? —no entendía nada de lo que me estaban contando.

—La historia es bastante complicada —me explicó Hange—, pero resumámoslo en que Levi creció en la ciudad subterránea junto a Farlan e Isabel. Eso es lo único que sé sobre él antes de ir a la superficie. Sobrevivían robando, para lo que utilizaban equipos de maniobras tridimensionales que, evidentemente, no eran suyos y llevando a cabo trabajos de diferente índole, como matar a Erwin, tarea impulsada por cierto noble cuyo nombre no viene al caso. Erwin ya estaba al tanto de eso, pero ellos no lo sabían, así que les ofreció un trato y aceptaron. Así fue como entraron a la legión. Su dominio del equipo y de las espadas era verdaderamente asombroso —los ojos de Hange se oscurecieron de repente—. ¿Recuerdas lo que te dije cuando te uniste a mi escuadrón?

—¿Cuándo me uní a tu escuadrón? —no tenía muy claro a qué se refería.

—Te dije que podías estar tranquila porque, tras tu primera misión completada con éxito, tu porcentaje de superviviencia en la siguiente expedición había aumentado considerablemente.

Asentí. Tenía razón. La mayor parte de los nuevos reclutas caían la primera vez que salían de los muros. No era lo mismo enfrentarse a titanes de verdad que a aquellos trozos de madera con los que habían practicado durante tres años.

—Eso es cierto la mayoría de las veces. La segunda vez que Levi, Farlan e Isabel salieron en una misión fue la primera vez que probamos la 'Formación de larga distancia' que creó Erwin. Aún no has estado el tiempo suficiente con nosotros, pero ya aprenderás cómo funciona —continuó Hange—. El caso es que, estando fuera, nos pilló una tormenta horrible, por lo que la formación, que funciona principalmente con bengalas, quedó expuesta. Levi creyó que la abundante lluvia y la densa niebla habían creado el momento idóneo para cumplir con su misión de matar a Erwin —Hange hizo una pausa—. Se separó de Farlan e Isabel. En su camino, se cruzó con un excéntrico. No se dio cuenta hasta más tarde, cuando descubrió el caos que había dejado atrás. Levi volvió, pero ya era demasiado tarde. El titán había acabado con Farlan e Isabel y, lleno de rabia e ira, destrozó a aquel titán.

—El comandante Erwin, entonces, le contó que ya sabía todo sobre su plan y le invitó definitivamente a la legión —finalizó Moblit—. Por eso Hange-san había dicho antes que el capitán Levi no entró de forma corriente en el ejército.

—Farlan e Isabel eran buenos chicos. La historia de Levi la conocemos muy pocos en la legión. Erwin, Moblit y yo y antes también estaban al tanto de ella Nanaba y Mike —Hange y Moblit agacharon sus cabezas—. Ese día murieron muchos miembros del ejército, entre ellos tu padre, _ _ _ _ —Hange clavó sus ojos sobre mí— y Keith Shadis dimitió como comandante.

—¿Cómo sabes que…?

—Erwin me lo dijo. Me pareció curioso que compartierais apellido cuando vi tu nombre completo en el informe de admisión y Erwin me dijo que no era una coincidencia, que eras su hija.

Mi mirada se trasladó hacia el pasillo, el mismo por el que Levi se había dirigido a su habitación. ¿Por qué me había contado Hange toda aquella historia, porque quería hacerme ver que Levi también tenía sentimientos? Entonces me di cuenta que, aunque Levi pareciera no mostrar nunca emociones debido a su rostro inexpresivo, sufría y se preocupaba igual que el resto. Podía entender su obsesión por la limpieza. No había estado nunca en la ciudad subterránea, pero corrían oscuros rumores sobre sus gentes. Se decía que era un lugar oscuro, frío, en el que se llevaban a cabo actividades criminales, actos que no se podían ni contar, y, sobre todo, que estaba llena de suciedad.

Por otra parte, no me había dicho todo aquello por molestarme, sino que era su forma de advertirme que no me involucrara tanto con el resto. Él había tenido a gente muy especial a su lado, gente con la que, seguramente, había compartido la mayor parte de su vida, y debía haber sentido mucho dolor al perderlas. Por eso era tan brusco, por eso era tan grosero. Porque no quería crear lazos tan fuertes como los que había creado entonces. No quería volver a sentir dolor por la pérdida de alguien y, seguramente, no querría que nadie lo sintiera si era él el que perdía la vida en el campo de batalla.

Sentí una especie de pinchazo en el pecho y cómo esa especie de muro que había construido en torno a Levi comenzaba a desmenuzarse. Sentí pena por él, pena por la infancia dura que debió de experimentar viviendo en la ciudad subterránea y por no haber podido hacer nada por Farlan e Isabel. Me mordí el labio inferior. Desde aquel día, desde que Hange me contó eso esperando que quedara entre nosotras, quise saber más sobre aquel que llamaban 'El hombre más fuerte de la humanidad'.


Qué capítulo más largo he escrito... Casi 6000 palabras y eso que he dejado tres párrafos sin publicar, pero que pasarán a formar parte del capítulo 15 xD Es que el arco de la insurrección me inspira mucho. Es, hasta el momento, mi favorito del manga. La historia de Levi está un poco contada por encima y más que en el manga, donde Levi sí ve morir a Farlan (por favor, este último le sonríe antes de morir T.T Me gusta demasiado Farlan), me he basado más en la OVA, en la que Levi, cuando regresa, se encuentra los cuerpos de sus dos amigos.

Como véis, ha habido más interacciones entre Levi y rayis y hay más por venir. Definitivamente, se ha despertado su curiosidad por el capitán y solo os adelanto dos cosas: en los próximos capítulos van a saltar chispas entre ellos (sí, más todavía) y Kenny Ackerman va a salir antes de lo que pensáis. Yay! ¡Un hurra por Kenny Ackerman! Es de esos personajes que debería odiar, pero que no sé por qué me despiertan cierta simpatía.

Io-chan Ao-sama: jajajaja De verdad que me rio muchísimo con tus reviews. Evidentemente, no todo iban a ser discusiones entre Levi y rayis, aunque en este capítulo parece que han vuelto a dar varios pasitos hacia atrás. No obstante, en el arco de la insurrección se producirá el punto de inflexión en su relación, así que no queda tanto para que empiecen a darse cuenta de que esas chispas que saltan entre ellos pueden convertirse en algo más.

catherinearshaws: Levi aún sigue siendo un enanito gruñón xD Pero cambiará, aunque solo sea un poquito (?). Me alegro de que te gustara todo el tema chicas, Historia y la tristeza de algunos personajes. Espero haberlo hecho bien también en este capítulo. Siempre es complicado escribir sobre Levi (maldito sea, nunca sé que puede estar pasando por su mente), pero creo que, como bien decías, rayis se ha empezado a dar cuenta de que no puede juzgar por las apariencias.

Por otra parte, quiero dar la bienvenida a la gente que ha empezado a seguir esta historia en las últimas semanas. FanFiction me lo chiva todo muajajaja Y, también, quería deciros que, normalmente, subo muy seguido, pero me he prometido terminar mis TFGs este curso y, a la vez, estoy buscando trabajo (he echado tantos currículums que supongo que de algún sitio me terminarán llamando u.u), por no añadir que en octubre empiezo mis clases de francés e inglés. Como veréis, es posible que en los próximos meses tenga una vida muy ocupada xD Actualizaré, eso está claro, pero con menos frecuencia. Incluso es probable que tengáis solo un capítulo por mes. Lo siento, de verdad u.u

¡Nos leemos!