XV

Durante la semana que pasé conviviendo con mi nuevo escuadrón y el escuadrón de Levi experimenté muchas cosas. Eren despertó al día siguiente, ya en perfecto estado y sin recordar nada sobre lo que había pasado el día anterior. Hange tuvo que explicarle en qué habían consistido todos los experimentos y los cambios que sufrió en cada una de sus transformaciones. Tras analizar bien todos los datos, mi capitán creía que habíamos hecho dos descubrimientos importantes: Eren no tenía la capacidad de endurecerse y cuánto tiempo podía permanecer en su forma de titán siendo plenamente consciente de sus actos. La otra cara de la moneda era Levi, que insistía en el fracaso del experimento. Su ya de por sí mal humor se incrementó con la cada vez más insostenible sobrepoblación de Rose, por lo que no dejaba de repetir, palabras textuales, lo mucho que 'huele a mierda dentro de los muros'.

Tuvimos que esperar durante un tiempo instrucciones de Erwin. El comandante se dirigió a la capital para obtener más información de los Reiss, ya que, si queríamos conseguir más datos sobre los muros y, por extensión, sobre el endurecimiento, debíamos acudir a ellos. Hange, por otra parte, regresó a Trost, pero me dejó con el escuadrón de Levi, convencida de que podía ser de más utilidad para ellos. Y no se equivocaba. Le comenté la sugerencia que Eren me dio hacía unos días y Hange creyó conveniente que sacara sangre a todos los miembros de ambos escuadrones. Primero a mis compañeros, que partieron en cuanto terminé, y después al escuadrón de Levi. Podría decir que todo pasó sin incidente, pero estaría faltando a la verdad. De esa manera descubrimos el pánico que Jean le tenía a las agujas. El chico solía evitarme, pero, finalmente, me cansé de esperar y fui directamente a por él. Jean intentó huir, así que el resto de sus amigos me tuvo que ayudar a detenerle. Al final, le saqué sangre a regañadientes, sujetado por Eren, Connie y Mikasa, y, de regalo, todos nos llevamos una regañina de Levi.

—¿Es que no sabéis estaros quietos? No tenéis modales, mocosos de mierda —Levi terminó apareciendo como una exhalación al escuchar armar tanto jaleo en la casa—. Y tú —puso sus ojos sobre mí—, eres más mayor que ellos. ¿No te da vergüenza?

Y, a decir verdad, sí, sí que me dio vergüenza. Pero, sobre todo, por la reprimenda de Levi. No obstante, ocupé la mayor parte de mis pensamientos en mi trabajo. Tuve que nombrar todas las bolsas de sangre y asegurarme de que eran guardadas en un lugar seguro. No sabíamos cuándo podríamos necesitarlas, aunque yo esperaba que nunca.

Un día, en la pequeña habitación de Levi, me encontraba guardando varios materiales, entre ellos las vendas necesarias para tratar su esguince, cuando alguien llamó a la puerta. Hacía unos minutos, había estado echando un vistazo a la lesión y avanzaba a buen ritmo, así que determiné que debía llevar el vendaje un par de días más para asegurar que se había curado por completo, pero ya podía ejercer su trabajo con normalidad. Me giré para ver cómo la puerta se entreabría. Eren asomó la cabeza por el hueco y yo sonreí, invitándole a pasar. El chico parecía dubitativo, seguramente porque se trataba de la habitación de su capitán, hasta que me percaté de la presencia de Mikasa. La muchacha estaba detrás de Eren y, al ver que no terminaba de adentrarse en la habitación, le empujó. Yo parpadeé confusa.

—¡Ya voy, Mikasa! No hace falta que me empujes —murmuró Eren entre dientes para, finalmente, dar un par de pasos hacia el interior del dormitorio.

—¿Puedo ayudaros en algo?

—Esto… —Eren se rascó la nuca avergonzado— Venía a pedirte disculpas. Armin y Mikasa me contaron lo que hice. Te empujé durante el experimento y estuviste a punto de caer al suelo —agachó la cabeza—. Lo siento.

No pude evitar sonreír de ternura. En el momento, el empujón que Eren me había dado cuando había intentado que no se volviera a transformar porque temía por su salud me había dolido más que cualquier golpe. Sin embargo, minutos después y una vez calmada, comprendí que Eren no era plenamente consciente de lo que hacía. Por eso había decidido no darle más importancia.

Eren seguía con la vista puesta sobre sus zapatos, evitando a toda costa mirarme. Mis ojos, entonces, se desviaron hacia la puerta. Mikasa seguía ahí, ligeramente asomada y, cuando nuestras miradas se encontraron, la chica asintió. Apreté mis labios en una fina línea, intentando contener una carcajada. Todo había sido cosa de ella.

—No tienes por qué disculparte, Eren —contesté tras varios segundos de pausa.

—¡No! —el chico levantó la vista y frunció el ceño. Yo me sobresalté por su reacción y él se mordió el labio— No… No estuvo bien lo que hice y, aunque meto la pata y te pido disculpas, siempre me dices que no pasa nada. Pero sí pasa. ¿Y si te hubiera hecho daño? Tú siempre estás pendiente de mí y yo…

—¿Tan debilucha me ves? —sonreí de medio lado.

—No es eso —el castaño miró para otro lado.

—Escúchame, Eren —me acerqué hasta él y le puse la mano en el hombro—. Entiendo tu preocupación, pero no vuelvas a disculparte conmigo por cosas como esta. Mi tarea es asegurarme de que todo el mundo dentro de la legión esté bien. Y eso te incluye a ti. Conozco los riesgos de mi profesión y del puesto que se me ha asignado. Fui yo la que decidí cambiar de facción. Intervinieron muchos factores y uno de ellos fuiste tú. En Trost —el verde de los ojos de Eren se iluminó, sorprendido por mi sinceridad—. No te tienes que disculpar conmigo porque yo aún no te he dado las gracias. No te he dado las gracias por hacerme ver que debía luchar activamente si deseaba la libertad de la humanidad. Pero, si quieres que acepte tus disculpas, entonces, lo haré.

Eren se mantuvo en silencio durante unos segundos hasta que rio, divertido ,seguramente, por el patético discurso que acababa de darle y, también, aliviado al saber que nunca le guardaría rencor, por muchas decisiones equivocadas que pudiera tomar.

En otro orden de cosas, mientras planeábamos a conciencia los pasos a seguir a continuación, tuvimos que abandonar la casa que ocupábamos. La carta de Erwin, en la que nos proporcionaba las instrucciones a seguir, nos advertía de varias cosas y una de ellas era sobre los peligros que corría la Legión de Reconocimiento. Solíamos salir a patrullar por los bosques todos juntos y, una de las noches, pudimos comprobar en persona que la Policía Militar quiso hacernos una visita. No sé qué pudo haber pasado si hubiéramos seguido allí.

Sin embargo, no todo fueron momentos de tensión. Aunque Historia lucía apática, se volcó por hacerme sentir cómoda. Recuerdo las noches que pasamos, escondidas bajo las sábanas y con una pequeña luz encendida, mientras ella me relataba las experiencias que todos habían vivido desde que ingresaron como reclutas. Me contó las rivalidades y relaciones que se formaron, quién era Annie Leonhart o la Titán Hembra, cómo Armin descubrió su identidad, lo que sucedió en el Castillo Utgart y en el distrito de Stohess. Me habló de Ymir, de cómo les salvó la vida y me explicó que, una vez más, fue Armin el que sospechó de Reiner y Bertholdt.

Todas aquellas horas que pasamos hablando fueron muy valiosas. Pude comprender mejor lo que sucedía a mi alrededor y también conocí muchas más cosas sobre ella. Pero no solo habló ella, también hablé yo. Igual que Historia me contó cosas más personales sobre ella, también quiso saber otros datos sobre mí. Le narré mi experiencia como recluta y mi examen fallido. Le hablé sobre mi padre, sobre mi hermano y los motivos que me llevaron a aprender medicina. Así fue como, en tan solo una semana, pasamos de ser unas desconocidas a, por qué no, amigas.

Unos días más tarde, llegó el momento de poner en marcha nuestro plan. Para ello, Eren e Historia debían permanecer escondidos, así que Levi ordenó que Jean y Armin tendrían que vestirse como ellos para conseguir atraer a aquellos que estaban detrás de Eren e Historia. Según la carta de Erwin, eso podría llevarnos hasta los Reiss.

—¡Estoy ridículo!

Jean se miró a uno de los espejos, sin ocultar su cara de disgusto al verse con aquella peluca. Yo no pude evitar reír mientras terminaba de arreglar a Armin. El rubio rodó los ojos, pero, aún así, no pudo evitar también sonreír.

—Pues yo creo que te queda muy bien —respondí lo más seria posible—. Estás muy atractivo.

—¡Cállate! —protesto Jean, fulminándome con la mirada y con sus mejillas rojas por la vergüenza. Contuve una carcajada y me giré de nuevo hacia Armin, a quien guiñé un ojo, haciéndole soltar una leve risita que intentó ocultar cubriéndose la boca con su mano izquierda.

Más allá de preparar a ambos, no tenía mucho que hacer durante aquella misión. Levi había determinado que no debía participar de forma activa, puesto que era el único médico del que disponían y, en ese sentido, era un miembro demasiado valioso para el escuadrón. No obstante, me informó de que debía intentar infiltrarme entre la gente. Las Tropas de Reconocimiento siempre atraían la atención de la población, ya fuera para bien o para mal, así que quería que me hiciera pasar por un civil para intentar vislumbrar a alguien sospechoso entre la multitud. Después, debería regresar a nuestro escondite, intentando no dejar rastro, donde estarían esperándome Eren e Historia.

Coloqué un mechón de pelo suelto tras mi oreja y me acerqué a uno de los puestos de frutas que había a uno de los lados de la calle. Estaba más inquieta de lo normal, especialmente porque sentía que estaba siendo observada en todo momento. Durante aquellos momentos, pensé que estaba paranoica porque, evidentemente, nadie me conocía en el distrito de Trost y, según mi apariencia, vestida con ropa de calle y no el uniforme, era una habitante más. Pero estaba equivocada.

—¡_ _ _ _!

Abrí mis ojos de par en par al escuchar una voz femenina gritar mi nombre. Al girarme, caminaba hacia mí una joven sosteniendo a un bebé en brazos. A medida que se fue acercando, la distinguí. Era Tanya, la chica embarazada a la que había ayudado en Klorva antes de unirme a la legión. Pero lucía muy diferente. Su tripa de embarazada había desaparecido por completo y su rostro redondeado había dejado paso a unas facciones más marcadas, lo que me indicó que su estado de salud no era todo lo bueno que debería.

—¡No puedo creer que estés aquí! —exclamó con una enorme sonrisa. Tragué saliva. Y yo no podía creer que, de todas las personas que había en Trost, tenía que encontrarme con ella en un momento como ese.

—¿Has dejado el ejér…

—¡Yo también me alegro de verte! —grité, seguramente más alto de lo normal porque la chica me miró sorprendida por mi actitud. Pero tenía que cortarla, no podía terminar de formular aquella pregunta, ya que nadie podía saber que era un soldado. Gracias a eso, me di cuenta de que varios hombres que había parados en la calle, aparentemente charlando o mirando los puestos, se habían girado para mirarme de forma discreta.

—Sí… —la chica rio un poco dubitativa— Tenía muchas ganas de reencontrarme contigo. Quería darte las gracias. Por esto —me mostró el bebé que llevaba en brazos, envuelto en una mantita—. Gracias a ti, mi hijo nació sano.

El pequeño tenía los ojos cerrados. Me acerqué para observarle mejor. Era como un muñeco, pequeño y delicado. De repente, se estiró en los brazos de su madre, sacando por fuera de la mantita una de sus diminutas manos que en seguida tomé. Su piel era suave e, inmediatamente, sus pequeños dedos se aferraron a mi mano. Sonreí, sintiendo cómo mi corazón se aceleraba. Aquel era uno de los momentos más mágicos que había vivido nunca. Porque podríamos estar encerrados en aquellas murallas, porque el mundo en el que nos había tocado vivir era cruel y sangriento, pero la creación de aquel pequeño ser era una de las cosas más hermosas que existían en nuestro oscuro mundo. Quizá no todo estuviera tan perdido.

—¿Quieres cogerlo?

—¡No! No... —solté inmediatamente la mano del bebé y negué con la cabeza. Siendo sincera, me daba pánico coger en brazos a algo tan frágil— ¿Salió todo bien? —pregunté rápidamente, cambiando de tema.

—Sí. El doctor al que me mandaste me operó en seguida. Me dijo que tu diagnóstico era correcto. Un mes después del nacimiento de Gen regresé con mi hermano a Trost. Mi novio, Gin, resultó estar con vida, aunque perdió una pierna.

—Vaya... Lo siento.

—No te preocupes —sonrió—. Está mejor, sobre todo desde que volvimos. Solo tiene que adaptarse a su nueva vida —Asentí. No iba a ser nada fácil. Perder una extremidad era una experiencia traumática. Necesitaría mucha fuerza de voluntad para admitir que no volvería a hacer las cosas que hacía antes—. Aunque aquí no será fácil. Nos gustaría marcharnos de Trost, pero la situación es complicada —agachó la mirada, apenada.

—¿Qué quieres decir?

—La situación se está volviendo insostenible. El comercio se está perdiendo por la zona. No viene nadie por aquí, así que la delincuencia está aumentando. No es un lugar seguro para vivir. Mi hermano lo está arreglando todo para que podamos irnos a vivir cuanto antes a Klorva con él.

Guardé silencio, sin saber qué responder. Sabía que, desde la caída de la Muralla María, la situación dentro de los muros había empeorado progresivamente en los últimos años, especialmente en Rose. Levi se encargaba de recordárnoslo todos los días con sus constantes gruñidos. Había mucha gente, muchas bocas que alimentar, y pocos recursos.

Tras el asalto a Trost, el temor se había extendido de nuevo por la población, esta vez de forma más intensa. Nadie quería acercarse a los lugares donde se veía más peligro de entrada de los titanes y eso, evidentemente, repercutía en la economía de la zona. Nunca había pensado detenidamente en ello, pero sentí que un nudo se formaba en mi estómago. Era terrorífico pensar por lo que tanta gente tenía que pasar.

—Por cierto, ¿qué estás haciendo aquí? —quiso saber.

—Estoy comprando. También tengo que comer —reí, relajando un poco la atmósfera.

—¡Oh! Qué bien. Yo también venía a comprar unas cosas.

Las dos nos acercamos para charlar con el hombre del puesto y saqué unas cuantas monedas de la bolsa de tela que llevaba. Metí en la cesta de mimbre lo que había comprado y, cuando estaba pagando, escuché el murmullo de algunos de los transeúntes. Miré por el rabillo del ojo. A lo lejos, podía verles. Levi lideraba al pequeño grupo.

—¡Eh, tú! ¿No eres Levi? —preguntó un hombre cuando el grupo se puso a nuestra altura.

—¿Eh? —el moreno no pretendía detenerse, pero, pronto, más personas comenzaron a rodearle.

—¡Es verdad! ¡Es él! ¡Le he visto antes!

—¡Es Levi! ¡El soldado más fuerte de la humanidad!

—Oye, pues sí que es pequeño… Solo lo había visto montando a caballo y… Wow.

—Apartaos. Estáis en mi camino —dijo Levi entre dientes, intentando contenerse claramente por tener que escuchar aquellas cosas sobre él.

—Señor capitán, por favor escuche. Tan desgraciados como somos, por favor, escúchenos. Hemos perdido nuestros trabajos por culpa de su plan de evacuación fugaz.

A pesar de que habían comenzado a rodear a todo el escuadrón, mis ojos estaban puestos sobre Levi. Aquellos hombres eran mucho más altos que él (cosa que, en verdad, tampoco era muy difícil), pero, aún así, Levi tenía mucha más presencia que ellos. Parecía un gigante. Y eso me fascinaba.

Desde que Hange me había contado parte de su historia, me había dado cuenta de que hacía mal al juzgar a las personas por su apariencia y, por eso, no había podido quitar mis ojos de Levi ni un solo momento. Me dedicaba a observarle, esperando que él nunca me descubriera, aunque sospecho que más de una vez me pilló porque solía quedarme más bien embobada, intentando atravesar aquella especie de muro que tenía construido a su alrededor. Nadie sabía mucho sobre él, sobre cómo vivió exactamente en la ciudad subterránea. ¿Tenía familia? ¿Dónde había vivido hasta entonces? Le pregunté a Hange, pero no me supo responder. Ni siquiera tenía apellido conocido. Por eso, quería encontrar respuesta para todas las preguntas que se agolpaban en mi mente sobre él, sobre aquel hombre que al principio creía carente de emociones, pero que ahora me resultaba de lo más misterioso e interesante.

—No solo somos nosotros —continuó uno de aquellos hombres—. Con la creciente pérdida de confianza en esta ciudad, que está al lado del muro, ya nadie viene por aquí. Si no podemos ganar dinero, no podemos comer. Las Tropas Estacionarias se fueron a alguna parte y los ladrones vinieron en su lugar. Y, a pesar de todo eso, los precios son tan altos como siempre. ¿Qué debemos hacer? ¿Por qué pasó esto? ¿Por qué los titanes han atacado una y otra vez? Yo sé por qué… —el rostro del hombre se oscureció, al igual que el de sus compañeros.— Es porque vosotros, los de la Legión de Reconocimiento, no estáis trabajando lo suficiente.

—Levi… —susurré, dando un paso al frente inconscientemente.

No me gustaba escuchar lo que aquellos tipos decían y menos que Levi se mantuviera estoico, como si no sucediera nada. Era consciente de que hacía eso para no crear más revuelo, porque esperaba que, quien fuera el que estuviera tras nosotros, picara en el anzuelo, pero podía ver en sus ojos la pena, sobre todo cuando su mirada, que se encontró momentáneamente con la mía, se posó a continuación sobre Tanya, que sostenía a su bebé contra su pecho.

—Para ser tan pequeñito es un tipo bastante imponente, ¿no?

—Sí… —emití en un suspiro tras sentir una especie de pinchazo en mi estómago cuando nuestros ojos se encontraron por solo unos segundos.

—Lástima que no le interesen las niñitas como tú. Y no le culpo. Para un ratito, las muchachas como tú no estáis mal, princesa, pero no valéis más que para un polvo. Y ni siquiera sería bueno.

Di un respingo. No me había dado cuenta hasta ese momento de que quien me estaba hablando no era Tanya, sino una voz masculina. Giré mi rostro a la derecha y me percaté de la presencia de un hombre, apoyado contra uno de los soportes del puesto, de brazos cruzados. Eso le permitía estar ligeramente escondido del resto. Era alto y delgado, llevaba un sombrero que proyectaba una tenue sombra sobre su rostro, pero lo levantó ligeramente para que pudiera ver sus afilados ojos y su mirada amenazadora. Sentí escalofríos.

—¿Q-Quién eres?

—Nadie importante, princesa.

Fruncí el ceño. No solo me molestaba la actitud de aquel tipo, sino que el tono que empleaba era burlesco.

—No me llames así.

—Tranquila. No te sulfures —el hombre cogió una manzana del puesto y le dio un mordisco—. Solo quería entretenerte un poco mientras trabajas. ¿Es que eso es malo?

—No estoy trabajando —repliqué inmediatamente. Intenté guardar la compostura, pero sentía que algo no iba bien. Mi corazón latía a gran velocidad—. Solo estoy comprando.

—Ya veo —el tipo sonrió con suficiencia y dio un par de mordiscos más a la manzana para, después, tirarla al suelo, a pesar de que todavía quedaba sin comer la mayoría de la carne—. Te daré un consejo, princesa, no le mires así. Eso te delata.

—¿De qué está hablando? —apreté los dientes con fuerza. ¿A qué estaba jugando?

—Le miras como si tuvieras miedo de que en cualquier momento pudiera desaparecer, como si por quitarle los ojos de encima no volvieras a verle nunca más.

—Y-Yo no hago eso —chasqueé la lengua y me crucé de brazos.

—La gente como tú no me gusta. Me aburre. ¿Y sabes lo que le hago a la gente que me aburre como tú? —el hombre emitió una carcajada tras guardar silencio por unos instantes, dejando la respuesta a esa pregunta en el aire, y se estiró. No me gustaban ni su rostro ni su actitud. Era alguien peligroso— Pero no te preocupes. Estoy seguro de que nos volveremos a ver pronto.

Aquel tipo metió sus manos en los bolsillos de su pantalón y comenzó a caminar. Di varios pasos hacia él, pero me detuve cuando escuché jaleo proveniente del lugar en el que la legión se encontraba. Vi una maraña de manos y piernas y cómo un carruaje se llevaba a Jean y a Armin. Aprovechando el caos y el polvo levantado, el resto de miembros del escuadrón terminaron por escabullirse y comenzar a seguir al carruaje, así que, cuando la situación se normalizó, los hombres que habían estado reteniéndoles parpadearon confusos. Se habían esfumado.

—A eso me refería —Tanya volvió a hablar. Después de todo, seguía ahí—. Ahora solo hay bandidos por la zona. Pobres chicos. Espero que estén bien.

Maldije por lo bajo. Aquel tipo me había estado distrayendo. Sabía que yo era un miembro de las Tropas de Reconocimiento. ¿Pero cómo lo había descubierto? Pensé en lo que me dijo de Levi, en la forma en la que decía que le miraba. Me mordí el labio. Quizá tenía razón y me había obsesionado más de la cuenta tras lo que Hange me había contado del capitán, pero, por alguna extraña razón, las palabras de aquel hombre me hacían sentir mal, como si tuviera ganas de vomitar. No era tan malo querer saber cosas sobre Levi, ¿no?

—Tengo-Tengo que irme —farfullé mientras me ponía en marcha. Pude notar la mirada de Tanya sobre mi nuca, pero no me giré ni ella me dijo nada para intentar retenerme. Había notado mi extraño comportamiento, de eso no había ninguna duda, pero no quiso saber nada más. En los tiempos en los que vivíamos, saber de más solo podía meter a la gente corriente en problemas.

Me adentré en las calles más estrechas de Trost hasta que llegué a mi caballo. Durante el camino, me aseguré de no ser seguida en ningún momento y de borrar cualquier rastro. Sasha me había estado enseñando aquellos últimos días a hacerlo. La muchacha se había criado en una zona montañosa de caza y tenía experiencia en ese ámbito, así que, cuando Levi me dio las instrucciones sobre cuál sería mi tarea, Sasha se ofreció a ayudarme.

Debido a eso, a que intenté borrar mis huellas concienzudamente, tardé más de lo previsto en llegar hasta la casa en la que Eren e Historia estaban escondidos. Amarré el caballo a un tronco, intentando esconderlo lo máximo posible entre la maleza y llamé a la puerta. Esperé durante unos segundos y, finalmente, fue Historia la que abrió la puerta.

—Qué alivio, _ _ _ _ —sus grandes ojos azules se iluminaron al verme—. Estabas tardando demasiado.

—Lo siento —me disculpé mientras entraba en la casa e Historia cerraba la puerta.

Dejé la cesta con comida sobre la mesa de madera y caminé hacia la habitación en la que los dos estaban esperando. Eren estaba sentado en una silla, mirando por la ventana. Al escucharme entrar, se puso en pie.

—¿Dónde estabas? ¿Ha pasado algo? ¿Está yendo todo según lo planeado?

—S-Sí. Todo está bien —contesté un poco sulfurada. Tenía la adrenalina por las nubes.

—¿Te encuentras bien? No tienes buen aspecto.

—¿Uh? —pregunté confusa.

Eren e Historia me miraban con el ceño ligeramente fruncido. Me llevé ambas manos a la cara y observé de reojo mi reflejo en el cristal de la ventana. Estaba pálida. Había sido culpa de aquel tipo y, en esos momentos, estaba verdaderamente paranoica. ¿Y si me había seguido? ¿Pertenecía a la Policía Militar?

—Estoy perfectamente —dije de manera algo atropellada, pero intentando hacerles ver que no me pasaba nada. Aquello pareció convencerles porque simplemente asintieron—. Se han llevado a Jean y a Armin pensado que erais vosotros, así que todo va según lo planeado.

Eren chasqueó la lengua y apretó los puños. Podía entenderle. Seguramente no deseaba estar allí encerrado, sin poder hacer nada, mientras el resto de sus compañeros podían estar jugándose la vida.

—Relajaos y descansad. Cuantas más vueltas le deis, será peor —les aconsejé—. Quedaos aquí. Iré a preparar algo de comer, ¿de acuerdo?

Ninguno de los dos chicos me respondió, sino que ambos se sentaron. Antes de cerrar la puerta de la habitación, les eché un último vistazo. Historia había apoyado su cabeza sobre la pequeña mesa de madera mientras Eren había vuelto a mirar por la ventana. Habría deseado darles mejores respuestas, pero mi incertidumbre por lo que estaba por venir era igual que la suya. Y, lo más importante, cruzaba los dedos para que hubiera borrado mi rastro apropiadamente y nadie descubriera por mi culpa dónde se escondían Historia y Eren.

...

Mikasa ascendió por el tejado con agilidad, ayudándose con el gas de su Equipo de Maniobras Tridimensionales. Levi la observó y, cuando estuvo a su altura, se interesó por la situación.

—¿Cómo están las cosas ahí dentro?

—Si no nos apresuramos, descubrirán el disfraz de Armin. Además, él está en una situación lamentable ahora —la chica miró para otro lado. Aunque su rostro inexpresivo era igual que siempre, Levi notó cierto disgusto en su tono.

—Ya veo…

Levi hizo lo mismo. Con solo ver el rosto de Mikasa se imaginaba lo que estaba sucediendo ahí dentro. Debían darse prisa.

—¿Cómo está su pierna? —se interesó Mikasa.

—No está mal. Puedo moverla más o menos —respondió llevando su mano inconscientemente hacia su pierna izquierda.

Después de lo sucedido con la Titán Hembra, Levi había tenido problemas debido a un esguince en su tobillo izquierdo, pero desde que aquella estúpida mocosa se había cambiado de facción ésta había estado ocupándose de su tobillo y su estado había mejorado considerablemente. Sabía que no debía esforzarse mucho para no volver a empeorar su lesión y porque, además, no quería volver a escuchar su maldita voz de pito, recriminándole lo inconsciente que era, cada vez que se atrevía a elevar el tono siempre que se dirigía a él. Porque, sí, ella se atrevía a regañarle y aquello le sacaba de sus casillas. Nadie, jamás, se había atrevido a regañarle como si fuera un niño pequeño.

Chasqueó la lengua solo al pensar en ella. Le sacaba de sus casillas la indisciplina con la que hacía todo, pero, lo que más le molestaba era esa inocencia que irradiaba. Rozaba lo absurdo. Tanto, que ahora se sentía furioso con ella. Sus ojos se habían encontrado momentáneamente en Trost, antes de que su mirada se posara sobre aquella pobre muchacha sosteniendo a su bebé, protegiéndole entre sus brazos. A veces sentía que aquella maldita mocosa podía leerle la mente con solo una mirada, pero, en aquella ocasión, había visto, había sentido algo distinto. Normalmente, la chica solía dirigirle miradas de reproche, con su ceño ligeramente fruncido, pero en aquella ocasión sus ojos brillaban, brillaban llenos de una emoción que Levi se vio incapaz de comprender. Pudo notar también cierto toque de preocupación. Y eso no le gustaba, no le gustaba lo más mínimo. Porque había comprendido que estaba completamente distraída de su misión, incluso antes de ser rodeado por completo la había visto hablando con alguien. Imbécil, pensó. En cuanto la viera, la iba a dar un buen escarmiento por incumplir sus órdenes y por dejarse embaucar por otros. Estaban en una situación comprometida y no había que cometer fallos.

—Vamos —dijo poniéndose en pie.

Mikasa hizo lo mismo y esperó pacientemente a que Levi le diera la señal para actuar. Antes de eso, hizo un gesto a Sasha y a Connie para que vigilaran, tal y cómo habían acordado. Cuando los dos muchachos le hicieron los gestos propios de que habían entendido, Levi dirigió una breve mirada a Mikasa para, acto seguido, saltar dentro del hangar en el que aquellos tipos tenían apresados a Jean y a Armin. Todo iba según lo previsto.


Casi un mes después, aquí tenéis la continuación. Es un poquito más corto de lo normal, pero no quería saltar inmediatamente a lo siguiente. Solo os advierto que os quedéis con eso de que Levi pretende darle a rayis un buen escarmiento. Drama is coming xD

autumnium: Jo, me he quedado alucinada con que te leyeras los capítulos en una noche. Me llena de orgullo que te enganchara tanto esta historia *-* Espero que siga haciéndolo por mucho tiempo jaja

Kenshin-sama: Gracias, gracias. El tema de la medicina, lo mío me cuesta. Rebusco mucho por internet y comparo en diferentes webs la información, pero, seguramente, si alguien que entiende de medicina leyera esta historia, se tiraría de los pelos jaja Por otra parte, la OVA de Levi me encanta. Me gustó mucho porque Levi era un personaje que no me entusiasmaba, pero pude entenderle mejor tras leer el spin-off y tras ver todo eso animado. Creo que, en realidad, es un personaje muy emocional y, aunque su expresión facial no lo muestre, me parece que Isayama refleja mucho el dolor o preocupación que siente en sus ojos. Por eso el tema de los ojos y las miradas es un poco repetitivo en el fanfic.

catherinearnshaws: Este Eren... Es un cabezota jaja Espero que te haya gustado la parte en la que Mikasa lo "arrastra" hasta rayis para que se disculpe. Me pareció que sería algo que Mikasa haría, dado lo mucho que se preocupa por Eren y rayis siempre está cuidando de él. En cuanto a Levi, está claro que ya era inexpresivo cuando estaba con Farlan e Isabel, pero creo que aquello le tocó un poco más porque eran su familia, eran como sus hermanos, y les perdió porque no estuvo ahí para protegerles. Tuvo que ser muy duro para él y es la primera vez que se le ve mostrar emociones de verdad. La parte en la que destroza al titán, gritando de dolor y rabia, me dejó hecha polvo (lloré mucho xD)

Io-chan Ao-sama: Primerito de todo, amo mucho a Moblit (creo que he sido la única del fandom que lloró como una magdalena porque él había muerto. Y, vale, me están dando ganas de llorar mientras escribo esto. ERA UN SOLETEEE T.T). Te adelanto que la relación entre él y rayis seguirá avanzando. Creo que los dos pueden llevarse muy bien, así que en ese procso están.

Ahora sí, contestadas las reviews, me voy despidiendo. Aún queda mucho, pero no sabéis las ganas que tengo de escribir el arco de Shiganshina y más después de leer el capítulo 86. Estoy todavía asimilándolo todo.

¡Ah! Y una última cosa. ¡Muchas gracias que han empezado a seguir y han dado favorito a esta historia! 3

¡Nos leemos!