XVI

Terminé de frotar con brío la última esquina del frío suelo de la pequeña casa en la que todavía estábamos escondidos. Levi y el resto del escuadrón habían regresado hacía unas horas. La misión había sido un éxito y el capitán había llegado a un acuerdo con Dimo Reeves, líder de la compañía Revees, que, a partir de ese momento, colaboraría con nosotros. Erwin había tenido razón, la Policía Militar estaba tras nosotros y mientras se planeaba conjuntamente qué hacer junto a la compañía Reeves yo hacía labores de criada.

Levi estaba enfadado conmigo, más de lo que yo incluso en su momento me imaginaba. Lo primero que había hecho nada más regresar de la misión había sido castigarme. Ni siquiera había dado una razón, pero tampoco la necesitaba, pues me imaginaba a qué podía deberse. Ya lo había notado, había notado su enfado cuando nuestros ojos se cruzaron en Trost. Seguramente me habría visto hablando con Tanya y yo sabía mejor que nadie que esa distracción la podíamos haber pagado muy caro.

Y, cómo no, su castigo consistía en tenerme limpiando como una esclava. Levi había sido claro, quería ver reflejado su rostro en el suelo y, por supuesto, no podía tener nada de ayuda por parte de los reclutas, quienes estarían ocupados en otras tareas como recolectar leña o cubrir los turnos de rastreo de los alrededores para asegurarse de que nadie nos estaba observando. Él, mientras tanto, se ocupaba de vigilarme de vez en cuando, como si esperara pillarme en una especie de renuncio y poder castigarme más todavía por intentar, por ejemplo, saltarme alguna de las tareas. Tuve que morderme la lengua en más de una ocasión. Y fue bastante difícil. Era como si me provocara para tener otra excusa con la que torturarme.

Maldije por lo bajo la estampa de Levi en numerosas ocasiones. Barrí, limpié el polvo y las ventanas y fregué los suelos, destrozando mis rodillas tras varias horas de frotarlos con un trapo. Suspiré, limpiándome el sudor de la frente con el dorsal de la mano y me puse en pie a duras penas. Salí de la casa cargando el cubo de madera lleno del agua sucia y lo vacié contra unos arbustos para, después, meterme de nuevo en la casa. Me apetecía darme una ducha, hacer algo por mí tras pasar toda la mañana llenándome de polvo, pero, al pasar por delante de una de las habitaciones, me detuve. Levi parecía estar inspeccionando el resultado de mi limpieza exhaustiva, así que le observé con curiosidad, apoyada en el quicio de la puerta de brazos cruzados. No tardó demasiado en percatarse de mi presencia y, aunque su rostro lucía tan imperturbable como siempre, noté por el extraño brillo en sus ojos que no estaba precisamente contento con la actitud chulesca que estaba mostrando en esos momentos y, para colmo, sonreí de medio lado. No podía evitarlo, me resultaba de lo más gracioso.

—¿Es que no está conforme con lo ve reflejado en los muebles, capitán? Me temo que yo no puedo hacer nada en eso. Limpio, no hago milagros transformando las caras de vinagre como la suya.

Lo sé, era una bocazas, pero es que la mera presencia de Levi era como si me provocara, me obligaba a decir todas aquellas cosas que sabía que no estaban bien. Levi abrió la boca ligeramente para responder, permaneciendo unos segundos en silencio antes de hablar.

—¿Te crees graciosa por soltar toda esa mierda por la boca?

Abrí los ojos de par en par por su reacción, pero, después, fruncí el ceño.

—Al contrario. Pero me molesta que dudes de mis capacidades para cumplir un castigo. ¿Crees que no me he dado cuenta? Has estado todo el maldito día siguiéndome, asegurándote de que hacía un buen trabajo. ¿Es que no tienes nada mejor que hacer? Sé hacer mi trabajo. Lo sé hacer muy bien.

—¿Eso te hace sentir bien? ¿Crees por eso que eres mejor que el resto? —replicó Levi tras chasquear la lengua. Hablaba con una tranquilidad que me ponía la piel de gallina, pero noté el cierto tono de malicia que guardaban sus palabras.

—No creo qu-

—Deja de replicar a tus superiores, _ _ _ _. Entérate de una maldita vez que tienes que mantener tu enorme boca cerrada cuando te habla un superior.

Abrí la boca para contestar, pero, finalmente, no dije nada. Parecía que Levi estaba esperando eso, que volviera a hablar, pero al no hacerlo, se echó ligeramente hacia delante para continuar.

—Tu trabajo aquí es escuchar y cumplir con las órdenes que se te asignen, nada más. Dentro de poco podrás regresar con la cuatro ojos y podré dejar de ver tu estúpida cara por un tiempo. Los mocosos de mierda como tú os creéis que sois merecedores de algo, que sois mejores que cualquiera. Caminas por ahí prácticamente pidiendo a esos mocosos de mi escuadrón que te pongan en un pedestal, pero la gente como tú siempre es la primera en morir.

Apreté los dientes con fuerza. Eso no era cierto. No era la mejor y nunca lo había sido. Sí, en algún momento de mi formación había aspirado a ello, pero hice un examen con el Equipo de Maniobras Tridimensionales pésimo, seguramente el peor que se recordaba. Eso bajó mi nota considerablemente y todas las esperanzas de mis superiores, incluida la mía, se esfumaron. No fui la primera de mi promoción como todo el mundo creía, ni siquiera estuve entre los diez primeros. Así que no iba a consentir que dijera esas cosas. Sabía mejor que nadie lo que significaba el fracaso y mucho menos esperaba la aprobación de nadie. Todo lo que hacía lo hacía por mi familia y, desde Trost, por una causa mucho más grande como era la libertad de la humanidad. No había un 'yo'.

—Sería un detalle que no volviera a decir esas cosas, señor —respondí, haciendo hincapié en cada una de aquellas palabras.

—¿Estás intentando probar que estoy equivocado? Este no es tu confortable hogar, mocosa. Lo habrás tenido todo desde pequeña, pero aquí eres solo una más. No esperes un trato preferencial. Seguramente tu padre te lo diría muchas veces, frente a una bonita chimenea tras una cena familiar hecha por tu cariñosa madre, pero no eres especial. Podías haberte quedado junto a tu perfecta familia en vez de intentar venir aquí a darme lecciones.

¿Perfecta familia? Y ahí, estallé. No sé si fueron sus palabras o más bien el tono de desprecio con el que se dirigió a mí, pero me pareció que Levi había rebasado una línea. Al igual que yo, que le había juzgado en un primer momento y le había considerado un hombre sin escrúpulos, que no se preocupaba lo más mínimo por sus soldados, él me estaba juzgando a mí.

Di un paso al frente, introduciéndome del todo en la habitación y, con mi pie izquierdo, di un toquecito a la puerta para cerrarla, buscando algo de intimidad para lo que le iba a decir.

—No sabes nada mí —prácticamente escupí aquellas palabras—. No voy a negarlo, mi vida fue mucho más fácil que la de la mayoría de los que están aquí, pero eso no me convierte en un soldado menos valioso que otros cuya vida ha estado llena de obstáculos. Sin embargo, yo también llevo cargas muy pesadas, cargas que no se van a ir nunca —A medida que hablaba, mi tono iba ascendiendo. No era consciente plenamente de todo lo que estaba diciendo. Buscaba hacer daño, el máximo posible, porque odiaba a Levi, odiaba a Levi por prejuzgarme, por hacerme daño con esas palabras cuando, a pesar de todo, había buscado a lo largo de esos días una postura mucho más conciliadora entre ambos. Porque, muy a mi pesar, había empezado a admirarle, pero él parecía empeñarse en que le odiara—. Así que, por mucho que seas capitán, no vuelvas a dirigirte a mí como si supieras todo sobre mi vida. No voy a morir. No puedo morir porque hay gente que me necesita. ¿Y sabes qué? Me importa una mierda si eso te molesta, si te molesta que haya gente esperándome en un bonito hogar que, por cierto, no tiene chimenea. Estoy harta de que me trates como si no valiera nada y de que dudes de mis capacidades. Yo no tengo la culpa de lo que te haya pasado y mucho menos de las muertes de Farlan e Isabel. Yo no fui la que les dejó atrás por intentar cumplir una misión que era ridícula.

Tan pronto como terminé me arrepentí de aquellas palabras. Levi no había cruzado la línea antes, la acababa de cruzar yo. Mi corazón se detuvo, pues, por primera vez, vi el rostro ensombrecido de Levi por la furia.

—Yo… Lo… No… No quería… No debí —tartamudeé, intentando encontrar una disculpa adecuada.

De repente, Levi ya no estaba en su posición inicial, en el otro extremo de la habitación. En un parpadeo, el moreno estaba frente a mí, me tomó del cuello haciendo alarde una fuerza brutal y me estampó contra la pared. Me golpeé la nuca por el impacto y cerré los ojos por el dolor, intentando respirar. Mis pies no tocaban el suelo y, con mis manos, aferré la mano de Levi que me sostenía, intentando que me soltara.

—Vuelve a repetirme eso —su voz era ronca.

—Le… Vi —conseguí articular tras varios segundos de agonía, sintiendo cómo el poco aire que quedaba en mis pulmones se escapaba por completo.

Levi finalmente me soltó y caí de rodillas al suelo, dando bocanadas de aire y llevándome mis dedos a mi cuello, dolorido por la presión ejercida.

—Cien vueltas.

Levanté ligeramente la vista para mirarle. Sus ojos estaban posados en la pared, ignorándome por completo.

—Darás cien vueltas al terreno que rodea esta casa. No pararás hasta que no las termines y, si te detienes aunque sea un poco, volverás a empezar de nuevo.

Dicho eso, el capitán dio media vuelta, abrió la puerta de la habitación y se marchó, dejándome sola, temblorosa sobre el suelo. Estaba aterrorizada. Llevaba poco tiempo conociendo a Levi, pero nunca le había visto así.

Tragué saliva a duras penas y me puse en pie. Cumpliría con aquel castigo porque me lo merecía, pero era consciente de que tenía que pedirle disculpas, aunque una parte de mí seguía creyendo que tenía razón y que, en cierto modo y por egocéntrico que pudiera parecer, Levi pagaba conmigo el hecho de que yo hubiera tenido una vida mucho más sencilla que la suya.

Inmediatamente, salí de la casa y comencé a correr. De vez en cuando, veía la cara de Levi en una de las ventanas, asegurándose de que no me saltaba ni una sola vuelta. Cada vez que eso sucedía, le fulminaba con la mirada porque, a pesar de que le había dicho cosas horribles, mi punto seguía siendo el mismo: no quería que siguiera dudando de mi lealtad y de mi palabra. Era como si creyera que no podía hacer nada por mí misma y eso me molestaba. Quizás tenía razón y era mucho más débil que el resto de reclutas de su escuadrón, pero eso no me convertía en una persona menos válida. Sentía que tenía que esforzarme mucho más por tener que demostrarle que iba en serio, que no era una niñita más que se alistaba en el ejército para demostrar su valía.

Así que corrí, corrí aun cuando los músculos de mis piernas comenzaron a resentirse por el esfuerzo realizado. Si algo me sobraba, era orgullo e iba terminar aquel castigo sin rechistar, sin mostrar ni un ápice de debilidad.

Desde la puerta me observaban Eren y el resto. Los chicos cuchicheaban entre ellos, intentando averiguar qué podía haber sucedido.

—¿Qué creéis que le habrá hecho al capitán Levi? —preguntó Connie— Es ya casi de noche y sigue corriendo.

—No parece que se lleven muy bien… —intervino Jean, agarrando de la cabeza a Connie para que se agachara más y le permitiera ver mejor.

—Llevará ya como unas sesenta vueltas —añadió Sasha.

—¿Qué demonios estáis haciendo? Poneos con la cena.

Los chicos se sobresaltaron al escuchar la voz del capitán Levi a sus espaldas e, inmediatamente, se alejaron de la puerta para continuar con sus tareas. El moreno parecía estar de mal humor, así que ninguno se atrevió a dirigirle la palabra más de lo necesario, ni siquiera a mirarle.

—¿No… No va a cenar _ _ _ _ con nosotros? —preguntó Eren finalmente mientras Mikasa y él terminaban de colocar los cubiertos sobre la mesa.

—Comerá cuando termine.

Eren y Mikasa observaron a su capitán tomar asiento y los dos chicos asintieron, no buscando crear más conflicto.

La cena fue incómoda. El ambiente estaba tenso y podía prácticamente cortarse con un cuchillo. Al terminar, Levi ordenó que se tiraran todas las sobras y, aunque dubitativos, los chicos hicieron tal cual les ordenaron.

Tras recoger, Historia tomó una pequeña cantimplora que llenó de agua y cogió un trozo de pan y queso a sabiendas de que podría meterse en problemas. La rubia salió al exterior de la casa, sintiendo que aquella experiencia ya la había vivido en otra ocasión y, cuando volví a pasar por delante de la casa, me tendió la comida, pero hice un gesto con el brazo para rechazarla.

—No. No quiero que te metas en líos —articulé a duras penas, sin detenerme en mis pasos.

Estaba agotada. Mis brazos caían inertes a los lados y sentía la boca seca. Mi pelo, recogido en una trenza de espiga peinada por Historia aquella misma mañana, estaba mojado por el sudor, que bajaba por mi frente y cuello. Mis pies me pesaban y prácticamente los arrastraba por la tierra. Pero no pensaba rendirme. Me quedaban aún unas diez vueltas que tenía pensado completar.

—Es una cabezota —comentó Jean acercándose a Historia—. ¿No sería más fácil pedir disculpas o arreglar lo que fuera que hiciera?

—Yo creo que es muy noble lo que hace. Es un castigo duro, pero lo está cumpliendo a rajatabla —replicó Historia, siguiéndome con la mirada. La chica no se movió del sitio y se limitó a esperar, acompañada por Jean y el resto, quienes se terminaron por unir a ella.

Tras casi una hora más de sufrimiento, llegué por última vez al punto en el que había empezado a correr en círculos. Me dolían las costillas y tenía los músculos entumecidos. Me tiré al suelo, cayendo bocarriba y extendiendo mis brazos a los lados. Tenía los ojos cerrados, intentando ignorar que todo a mi alrededor me daba vueltas, pero, cuando los abrí, me encontré con los grandes ojos azules de Historia sobre mí.

—Bebe agua —me tendió una cantimplora que acepté gustosamente y, sin levantarme, bebí agua, atragantándome en el proceso, pero es que era incapaz de moverme.

El resto permaneció en silencio, simplemente observándome. Seguramente se morían por saber por qué me había pasado el día corriendo, por qué el capitán Levi me había castigado, pero no preguntaron. Nunca lo hicieron.

Las caras de los chicos cambiaron de repente. Noté cómo Connie o Jean tragaban saliva y me percaté de que se escuchaban unos pasos acercándose hacia nosotros. Cerré momentáneamente los ojos y suspiré, esperando que la regañina y humillación que seguramente Levi tenía preparada para mí no durara mucho. Ya había tenido suficiente por aquel día.

—Levántate.

Abrí los ojos de par en par y me incorporé ligeramente. Levi estaba de pie a un par de metros de mí, mirándome con el rostro ensombrecido y los brazos cruzados.

—¿Es que no me has oído?

No respondí, sino que hice tal cual ordenó. Rodé sobre el suelo y me apoyé en los codos para poder darme algo de impulso. Una vez en pie, sentí cómo mis piernas temblaban, pero intenté mantenerme lo más estoica posible. Levi me observó de arriba abajo, aunque apenas podía ver su expresión, dado que se encontraba a contraluz, pero podía imaginarme que no sería una muy agradable. Debido al sudor, mi ropa estaba empapada y, al tirarme al suelo, tierra y trozos de hojas se habían pegado a mi uniforme y a mi pelo, enredándolo más todavía.

—Acércate, Mikasa.

Todos nos giramos para mirar a la muchacha. Mikasa ni siquiera parpadeó cuando Levi pronunció su nombre y caminó hacia él, para situarse a su derecha.

—Pelead.

—¿¡QUÉ!? —soltaron Connie y Sasha al unísono, pero cerraron la boca en cuanto su capitán les fulminó con la mirada.

—Capitán —Jean llamó su atención—, ¿podemos saber a qué se debe esto? ¿Por qué tendrían que pelear _ _ _ _ y Mikasa?

—Es un simple ejercicio de entrenamiento, como los que hacíais cuando eráis reclutas —Levi posó sus filosos ojos sobre mí—. Es una prueba para _ _ _ _. Estará oxidada de haber pasado tanto tiempo en las Tropas Estacionarias. Será una valiosa lección.

Cuando Levi escupió aquellas palabras contra mí, tuve que morderme la lengua. Estaba de acuerdo en que había cruzado una línea muy peligrosa con él, pero había aprendido la lección con aquellas cien vueltas. El odio y el desprecio con el que se dirigía a mí me hizo sospechar que estaba molesto por el hecho de que hubiera completado ese primer castigo sin haber dudado ni un solo instante. Ahora, después de haberme pasado todo el día corriendo, sin comer ni beber, debía enfrentarme a una chica a la que consideraban más valiosa que cien soldados. Sin ninguna duda, aquel no era mi día de suerte.

Me situé frente a Mikasa y me puse en posición para pelear. La chica abrió levemente los ojos, sorprendida por el hecho de que estuviera dispuesta a pelear contra ella, sin ni siquiera oponer resistencia a la decisión de Levi, pero, finalmente, colocó sus puños y un pie hacia el frente. El resto del grupo se echó hacia atrás, dejándonos espacio para poder movernos libremente.

—Es un suicidio —comentó Jean, bajando el tono de voz—. Acaba de dar cien vueltas. Está agotada. Si ya no tendría seguramente ninguna oportunidad contra Mikasa estando al cien por cien, ahora solo va a recibir una paliza.

Tragué saliva, no quitando mis ojos de la chica. Aunque Jean había procurado que solo sus compañeros le escucharan, yo sí lo había hecho. Y, por mucho que me doliera, tenía razón. Apenas podía mantenerme en pie, mi respiración todavía estaba agitada y llevaba muchos años sin saber lo que era pelear cuerpo a cuerpo. Sin embargo, si por algo me caracterizaba, era por mi orgullo y cabezonería. No me iba a dejar ganar tan fácilmente. A pesar de haber fracasado en mi examen con el equipo de maniobras tridimensionales, había sido de las mejores de mi promoción. Yo era la única que podía ganar a Elric en esa clase combates, él, que había sido primero de nuestra promoción.

Di un paso hacia delante para acercarme a Mikasa y atacar primero, pero mi pierna derecha falló y, aprovechando aquello, Mikasa dio un salto hacia delante y me golpeó en el costado. Sentí un fuerte pinchazo y apreté los dientes con fuerza, pero me mantuve en pie. Di varios pasos hacia atrás y maldije por lo bajo. No estaba atacando con todo lo que tenía. Se estaba apiadando de mí.

Una vez más, Mikasa fue la primera en moverse. Recibí patadas y puñetazos por su parte, mientras yo intentaba defenderme con los brazos, aunque casi siempre llegaba tarde. Mikasa se separó de nuevo de mí, intentando darme algo de aire cuando me percaté de las miradas de preocupación del resto. Me mordí el labio. Era patética, pero sentía que no podía más, que iba a desmayarme en cualquier momento y, si con eso conseguía que parara aquella tortura, por mí estaba bien.

Mis ojos se deslizaron hacia Levi. Nuestras miradas se cruzaron y sus ojos brillaron con cierta malicia. Aquella era su venganza personal. Estaba disfrutando como nadie. Me sentí furiosa y con ganas de patearle ese rostro inexpresivo que tanto me fastidiaba. Si creía que no iba a oponer resistencia a Mikasa, entonces se equivocaba. Apreté los puños con fuerza y corrí hacia Mikasa. Mi primer embiste lo esquivó, agachándose. Como respuesta, lanzó su pierna contra mí, pero yo la agarré a tiempo e intenté barrer su pie de apoyo. Con agilidad Mikasa consiguió zafarse de mi agarre, haciendo que me pusiera de espaldas. Sin embargo, cuando iba a agarrarme de los brazos, giré sobre mí misma elevando mi pierna y cogiendo impulso para propinarle una patada en la cara.

—¡Oh! —exclamaron Eren, Sasha, Connie y Jean a la vez, sorprendidos por mi respuesta a pesar de estar visiblemente agotada.

Mikasa se apartó ligeramente, lo justo para que el tacón de mi bota del uniforme no impactara de lleno en su pómulo, aunque haciéndola trastabillar hacia atrás. La chica me miró sorprendida por mi cambio de actitud. Sonreí de medio lado y, con mi mano derecha, le hice un gesto, indicándole que se acercara para atacarme. Mikasa frunció el ceño y asintió al comprender que no quería que tuviera ninguna piedad conmigo, aunque supusiera tener el cuerpo más destrozado todavía de lo que ya lo tenía.

Mikasa se acercó pata golpearme en la parte baja del estómago. Giré sobre mí misma y lo esquivé, soltando la pierna hacia atrás para golpear a la chica en la parte trasera de la rodilla derecha. La pierna de Mikasa falló y la apoyó en el suelo, pero antes de que me diera la vuelta por completo para golpearla de nuevo, la muchacha giró sobre el suelo y se situó a mi espalda. Mikasa me sostuvo por ambos brazos, colocándolos a mi espalda. Gruñí por el dolor intenso que sentí en mis articulaciones y, haciendo alarde de una fuerza extraordinaria, Mikasa me elevó en el aire. Pataleé, intentando que no echara mi cuerpo hacia atrás como supuse que pretendía. Moví mi cuerpo, intentando zafarme de su agarre y, cuando las puntas de mis pies tocaron de nuevo el suelo, me incliné hacia delante. No esperaba que aquello tuviera un buen resultado del todo. Mikasa rodó por mi espalda y cayó con maestría hacia delante. Chasqueé la lengua, un poco molesta, pero admirando al mismo tiempo la facilidad de la chica para la pelea.

Tomé aire, intentando recomponerme un poco del cansancio. Y parpadeé. Puede sonar absurdo dicho así, pero Mikasa aprovechó ese leve cerrar de ojos para acercarse a mí. Cuando los abrí, ya la tenía encima. Era rápida y despiadada, podía notarse en su mirada. Abrí la boca por la sorpresa al sentir cómo me agarraba por los hombros. Sin embargo, me resistí hasta que su codo derecho impactó en mi costado izquierdo. Con un movimiento rápido extendió el mismo brazo y me golpeó en la cara y, finalmente, me hizo la zancadilla haciéndome caer al suelo de espaldas. Mi cuerpo crujió por el impacto y gemí al verme perdedora. No esperaba ganar ante Mikasa, pero, por lo menos, deseaba haberle plantado cara. Ni siquiera sudaba.

—Bien, mocosos, se acabó el espectáculo.

El grupo de chicos, encabezado por Eren, pasó por mi lado. Todos me observaron, mirando hacia abajo mientras yo permanecía tumbada en el suelo, intentando no moverme para no tener que sufrir más dolores de los que ya sentía. Cuando Historia pasó por mi lado, se detuvo y sonreí para quitarle importancia, haciéndole un gesto de victoria que solo hizo que su ceño se frunciera más todavía.

—Espero que hoy hayas aprendido una valiosa lección, bastarda —casi podía leerlo en la frente de Levi, 'respeta a tus superiores'. El moreno se había acercado hasta a mí y me miraba desde lo alto—. Y no lo olvides, es tu turno de guardia.

Perfecto. Jodidamente perfecto y maravilloso. Me incorporé y me puse lentamente en pie, sintiendo un dolor punzante en mi costado izquierdo. Arrastré mis pies, caminando tras Levi quien, al entrar en la casa, se metió inmediatamente en su habitación. Ya no había rastro del resto de reclutas, así que cogí mi capa de la legión para abrigarme del frío de la noche y tomé una de las escopetas con las que patrullábamos los alrededores.

Antes de salir de la casa, me percaté de que, sobre la mesa, seguía el trozo de pan que Historia me había acercado y aquello me hizo sonreír. Lo tomé con mi mano libre mientras con la otra sujetaba el arma y, ya en el porche, me sacudí un poco el polvo y la tierra.

Una vez arriba en la torre de vigilancia de madera, me apoyé contra la barandilla y di un bocado a aquel escueto trozo de pan. Chasqueé la lengua al sentir cómo mi estómago rugía, considerando ese alimento insuficiente tras horas sin probar bocado y bostecé, cruzando los dedos para que las horas que me esperaban hasta el siguiente relevo se pasaran lo más rápido posible. Necesitaba darme una ducha para quitarme la suciedad y, por supuesto, tumbarme a descansar. Quería dormir.

No obstante, me sentía optimista. El siguiente paso del plan estaba ya en marcha y al día siguiente podría regresar con el resto de mi escuadrón. Iba a echar de menos a Eren y al resto, pero creo que necesitaba un tiempo alejada de Levi y supongo que él también pensaba lo mismo. Aunque los dos debiéramos compartir todavía el mismo espacio en más de una ocasión, ahora estaría directamente bajo las órdenes de Hange, así que esperaba que eso limara asperezas entre nosotros.

No entendía por qué, pero me era imposible mantener más de dos palabras seguidas con Levi sin que termináramos insultándonos. Creo que era porque el uno veíamos en el otro cosas que no nos gustaban y porque, para qué engañarnos, el momento de conocernos no fue idílico precisamente. Habíamos empezado con mal pie y eso lo habíamos arrastrado desde el principio. Sin embargo, una parte de mí se sentía constantemente atraída por él, aunque aún no sabía en qué sentido. Hange me había contado su historia y había comenzado a verle con otros ojos. Por eso, en Trost, había sido capaz de mirarle con admiración mientras todos aquellos civiles le rodeaban. No le había visto todavía en acción plenamente, pues apenas fui consciente del momento en el que cruzó la espalda del titán en Trost para salvarnos a Eren, a Armin y a mí de quién se trataba o qué estaba sucediendo. Pero me había sentido fascinada, hipnotizada por él en ambas ocasiones. Y no dejaría nunca de insistir sobre ello, a pesar de su estatura, Levi era un gigante. Devoraba al resto con su presencia.

—Ya puedes marcharte.

Jean subía las escaleras de la torre de vigilancia con la escopeta a la espalda. Miré al cielo, todavía completamente negro, y parpadeé confusa, sintiendo mis párpados pesados.

—¿Estás seguro? Juraría que me queda otra hora.

Jean chasqueó la lengua y se rascó la nuca una vez se puso a mi altura. Lo sabía, aún no era su turno de guardia.

—Lárgate ya —me espetó—, pero no hagas mucho ruido para que el capitán no se entere. No quiero meterme en un lío —abrí la boca para preguntarle por qué hacía eso, pero el chico se me adelantó—. Estás agotada. Si te duermes, nos pondrás en peligro —me dio la espalda en seguida, prácticamente empujándome hacia las escaleras para que bajara de una maldita vez—. Mikasa te ha dado una paliza y has corrido unas cien vueltas. Necesitas descansar.

—Gracias —susurré en un hilo de voz.

—Por cierto —miré hacia arriba mientras bajaba lentamente por la escalerilla de madera. La cabeza de Jean asomaba desde lo alto—, ha sido patético en cierto modo porque no tenías ninguna posibilidad ante Mikasa, pero debo reconocer que has estado bien. Estabas agotada, sin comer ni beber y, aun así, has estado muy cerca de darle una patada en la cara. Impresionante —el muchacho sonrió de medio lado y solté una leve risita.

—¿Quiere decir eso que si hubiera estado en plenas facultades sí que habría llegado a darle?

—Puede ser —el chico se encogió de hombros—. No te hagas tampoco ilusiones.

Contuve una sonora carcajada tapándome la boca con mi mano izquierda y, una vez controlé la risa, descendí de la torre. Así que eso era lo que el resto del grupo creía, que había respondido mejor de lo esperado a pesar de estar agotada.

Caminé con una sonrisa de satisfacción hacia el interior de la casa, esperando extrañamente que Levi también creyera eso, aunque ese pensamiento se desvaneció tan pronto como me introduje en la ducha. El agua estaba helada, pero no me importaba lo más mínimo porque era lo que más necesitaba en ese momento. Lavé mi cuerpo, asegurándome de sacar toda la suciedad, especialmente la que se había introducido en mis uñas y, una vez me sequé el pelo con una toalla, me dejé caer sobre una de las camas, siendo noqueada instantáneamente por un sueño ininterrumpido hasta que, a primera hora de la mañana, los suaves dedos de Historia agitaron mi brazo para despertarme con delicadeza.

Abrí los ojos con pesadumbre, sintiendo que esas horas de sueño habían sido insuficientes y me estiré en la cama, recordando al instante que mi capitán, Hange, y el resto de mis compañeros de escuadrón llegarían a lo largo del día. Así comenzaría la segunda parte de la operación: utilizar a la compañía Reeves para atraer al capitán de la primera brigada de la Policía Militar Djel Sannes y a otro de sus hombres, Ralph, con el objetivo de extraerles información. Ellos habían matado al pastor Nick, ahora era el momento de contraatacar de las Tropas de Reconocimiento.


Madre mía... Qué difícil es escribir a Levi. Me tiro de los pelos porque siempre creo que está OOC. Releo todas las partes, las cambio y, aun así, nunca estoy satisfecha :/ En fin, espero que al menos el capítulo os haya gustado. La cosa está tirante entre rayis y Levi, pero a lo largo de este arco limarán asperezas y es muuuy posible que pasen cositas entre ellos ;)

catherinearnshaws: La situación está tensa entre rayis y Levi y es algo que venían arrastrando desde el principio. Esta última discusión ha sido solo la mecha. Por otra parte, Kenny parece haberla calado desde el principio y digamos que intentará aprovecharse un poco de eso, ya que, en estos momentos, la ve como el eslabón más débil de la legión.

Io-chan Ao-sama: Lo que a Levi verdaderamente le molesta es que con el resto de superiores del ejército es una chica obediente, pero con él es todo lo contrario. Y, sí, aunque en cierto modo eso es parecido a cuando él se unió a la legión, Levi ve a rayis como una privilegiada. En este capítulo ya se ha visto. Sí, ella tiene una enorme bocaza por soltar eso sobre él, pero es evidente que Levi tiene cierta envidia porque sabe que ella ha tenido un hogar y una familia, pero, a diferencia de lo que él cree, eso no la convierte en alguien débil. Aunque parezca inútil, necesitan hablar, al menos para comenzar a entenderse. Y, tranquilidad, porque va a suceder, llegará un punto en el que los dos empiecen a funcionar juntos y queda menos de lo que pensáis ;)

I'm a Jger: ¡Gracias por el comentario! Se hace lo que se puede jaja

Ilywen: Awww te quiero xD Me encantó tu review. Tenía un poco de miedo que la gente pensara que esta historia es DEMASIADO lenta, pero es que no veía realista que Levi se fijara en ella porque sí o que se enamoraran a las primeras de cambio. No creo que vaya para nada con el personaje ni con SnK, un mundo donde es muy difícil crear lazos, especialmente si estás en las tropas como los protagonistas. Y, por otra parte, me has calado completamente. Rayis no va en busca del príncipe azul, ni siquiera se ha planteado enamorarse porque considera que tiene otras prioridades en la vida, como su familia. Cuando se dé cuenta de lo que siente, de los sentimientos que ha desarrollado, se cuestionará muchas cosas, entre ellas, cómo debe gestionar esos sentimientos. A diferencia de Levi, rayis es su libro abierto, así que le será muy difícil ocultarlos o pretender que no se preocupa por Levi cada vez que tienen una misión.

Por cierto, se me olvidó comentarlo en el anterior capítulo. No sé si recordáis, pero hubo un cambio de narrador y sucederá en otros capítulos. Tengo pensado tomar en algunos puntos de la historia la perspectiva de Levi e, incluso, habrá algún capítulo entero desde su punto de vista. Ya veremos qué sale de ahí xD

¡Nos leemos!