XIX

Me sentía como si hubiera dormido durante años. Me revolví en las sábanas, sintiendo cómo la oscuridad comenzaba a disiparse como humo negro. Mi piel estaba perlada en sudor, ardiendo, pero mis manos temblando de frío. Tenía también una incesante punzada de dolor en mi cabeza. Era como si me hubieran golpeado en repetidas ocasiones con un martillo. Deseaba abrir mis ojos, pero lo único que podía hacer era continuar tumbada, lentamente recuperando la consciencia. En ese momento, entré en pánico. Desorientada, incapaz de comprender lo que me estaba pasando. Mi mente se aceleró, intentando analizar mis recuerdos para poder responder a las preguntas que se agolpaban en mi cabeza.

¿Dónde estoy? ¿Qué ha pasado?

Me sentí aliviada al escuchar la voz de Sasha cerca, como un susurro. Desperté abruptamente, mis manos cerradas, apretadas en puños, bajo las sábanas. A pesar de la intensa luz, mis ojos trabajaron rápido, haciendo que las formas que mis ojos captaban comenzaran a volverse cada vez más nítidas. Una cama. Un pequeño armario. Ninguna ventana. Un candelabro ascendía al lado de una mesilla.

Una figura, que capté a través del rabillo de mi ojo derecho, se acercó a mí. Era Sasha. La muchacha de pelo castaño recogido en una coleta se echó hacia delante, sentándose en el borde de la silla sobre la que estaba.

—Oh, me alegro de que hayas despertado —parpadeé confusa, intentando concentrarme en el rostro de una Sasha que me miraba con cierto aire de preocupación—. ¿Cómo te sientes?

—Como una mierda —respondí sincera, sorprendida incluso por mi propia respuesta.

Me forcé a sentarme sobre la cama, apoyando mi espalda en la pared y estirando mis brazos y piernas. Mis músculos estaban doloridos y atrofiados, como si hubiera pasado años postrada en aquella cama. Aproveché la ocasión para fijarme en la chica. Todavía llevaba su uniforme puesto, pequeñas partículas de suciedad impregnadas en la tela. Eso significaba que no había estado inconsciente tanto como pensaba, puesto que la misión de alcanzar a Rod Reiss debía seguir en marcha.

—¿Qué ha pasado? —pregunté con la voz ronca, mi garganta seca. Sasha frunció ligeramente el ceño, mostrando una preocupación que no me resultó agradable.

—¿No te acuerdas? —preguntó la muchacha. Sacudí mi cabeza de forma negativa, intentando recordar. Sabía que la Policía Militar nos había tendido una emboscada. Mis compañeros del escuadrón de Hange habían sido asesinados. Había peleado con Alphonse y había intentado escapar. Después de eso, todo era confuso para mí y solo existía el vacío. Sasha leyó mi expresión fácilmente y continuó— Fuiste atacada por un miembro de la Policía Militar. Te disparó y la bala atravesó uno de los cilindros de gas, provocando una explosión. Al parecer, intentaste aferrarte a un tejado para no caer, pero te golpeaste la cabeza. El capitán Levi te rescató y te llevó hasta nosotros, pero te desmayaste.

Instintivamente, me giré hacia mi derecha, sintiendo en el acto una punzada de dolor en mi pierna derecha. Fue entonces cuando me percaté de que, bajo las sábanas, estaba en ropa interior. Mi muslo derecho estaba vendado. Pequeños flashes de lo que había sucedido se dispararon en mi mente. No podía reconocer caras, todo eran figuras borrosas. Había perdido ante Alphonse, solo me quedaba la huida y decidí saltar. Había pensado que la bala no me había dado cuando escuché el disparo y me había sentido confusa, entré en pánico, cuando mi Equipo de Maniobras Tridimensionales dejó de funcionar, ya que no llegaba a comprender por qué.

Un poco de rojo captó mi atención. Un pequeño hilo de sangre se había deslizado hasta mi cuello, pero la sangre estaba ya seca. Seguí con la yema de mis dedos el áspero trazo hasta que llegué hasta la frente. Algo pegajoso había en la parte frontal, justo donde nacía mi cabello, en el centro de la frente.

—Tienes algunas heridas en tu pierna, donde explotó el cilindro —Sasha me tendió un pañuelo—. Nos asustamos muchísimo cuando te vimos. Tenías bastante sangre en tu rostro.

—No era mía —murmuré, llevando mis dedos a mi mejilla, justo en el lugar en el que había sentido que impactaban los sesos de Dick tras ser disparado en la cabeza.

—Y-Ya… No dimos cuenta cuando te limpiamos—Sasha agachó la cabeza. Seguramente ya sabría lo que les había sucedido a Keiji, Dick y Nifa—. Mikasa me ayudó a curarte. Vimos que la herida en tu frente no era profunda, así que no te hemos dado puntos —explicó—. El capitán Levi ha recomendado que deberías ducharte lo más pronto posible, ya que no hemos podido limpiarte nosotras toda la sangre por completo. No querrás que nada se infecte.

Asentí, curvando ligeramente mis labios hacia arriba. Nos enseñaban lo básico de primeros auxilios durante nuestra etapa como cadetes, pero tenía la esperanza de que algo de lo que les había explicado alguna vez les hubiera llegado.

—Tuviste mucha suerte de que el capitán Levi estuviera allí cuando pasó —continuó la chica, alcanzándome un vaso de agua—. Estabas sangrando mucho, incluso cuando regresamos aquí. Fue capaz de traerte hasta nuestro nuevo escondite, pero, gracias a Dios, lucía peor de lo que en realidad era. ¡Oh! Y estamos en una casa abandonada en medio del bosque. El capitán creyó que sería mejor que te quedaras aquí antes de que recuperaras la consciencia. No podemos regresar a nuestra anterior ubicación.

Rodé los ojos mientras me llevaba el vaso a la boca, sintiendo el frescor del agua cayendo por mi garganta. Aquello era típico de Levi. Me sentía como una prisionera.

—¿Qué ha pasado con la misión?

—Se adelantaron a nuestros movimientos. El capitán Levi ordenó la retirada y dejó que se llevaran a Eren y a Historia.

Sentí cómo la ira me invadía. El plan no había salido según lo previsto y, seguramente, yo habría terminado siendo una carga para todos. Y tenía que haber sido precisamente yo, también, la que terminara herida.

—No te preocupes. El capitán ya tiene un plan.

Emitiendo unos gruñidos, comencé a mover mis piernas, sentándome en el borde de la cama.

—¿Qu-Qué estás haciendo? —exclamó Sasha—. ¡Tienes que quedarte en la cama! ¡Podrías abrir la herida en tu pierna!

—Estoy bien, Sasha.

Mi voz estaba algo temblorosa mientras ponía ambos pies descalzos en el frío suelo. Mi pierna dolía, pero eso no iba a impedir que me moviera. No iba a ser un lastre para el equipo, no cuando mis compañeros de escuadrón habían sido asesinados. Tenía que hacer algo. No iba a quedarme de brazos cruzados mientras el resto se jugaba la vida.

Tomé mi ropa, sucia y con manchas de sangre, y comencé a vestirme bajo la mirada atónita de Sasha. Trastabillando, arrastré mis pies hasta la puerta.

—¡Espera! ¿Adónde vas? —la voz de Sasha sonó a mi espalda.

—Necesito algo de aire.

Para cuando Sasha quiso alcanzarme, yo ya había salido por la puerta.

Me costó más de lo previsto salir fuera. Por mucho que dijera estar bien, todavía me sentía un poco aturdida, así que me resultó más difícil de lo que debería caminar por la estancia, especialmente cuando la mayoría de los tablones de madera del suelo estaban sueltos. Mi sentido del olfato, despertado a un gran nivel tras horas de pérdida de consciencia, captó el olor de la humedad acumulada en las paredes. No podía entender por qué Levi había pensado que aquel era mejor lugar para mí. Ese sitio era un foco de infecciones.

Tras salir de la casa, afortunadamente sin ser percibida por nadie, caminé hacia los árboles que la rodeaban, buscando un recoveco lo más parecido posible al claro en el que habíamos practicado nuestra puntería la noche anterior, donde había pasado mis últimos momentos junto a ellos. Necesitaba un lugar en el que estar sola. En el que poder despedir a mi manera a los que ya no estaban.

Intenté ignorar el dolor en mi pierna, pero de mi boca solo podían salir maldiciones por todo el tiempo que me estaba llevando llegar hasta mi destino. Era un milagro que no me hubiera caído todavía, pero supongo que era demasiado testaruda como para reconocer que necesitaba ayuda en esos momentos. El cielo se había teñido de tonos naranjas y violetas, el sol comenzando a ocultarse por el horizonte. Aun así, seguía haciendo una temperatura cálida, más que agradable para la época del año.

Cuando llegué al pequeño claro, me quité la chaqueta, dejándola caer sobre el suelo. Lentamente, me acerqué hasta un enorme árbol y apoyé mi espalda en su tronco, agachando la cabeza con pesadumbre, pero incapaz de derramar ni una sola lágrima. Permanecí en silencio, roto a lo lejos por la suave brisa entre las ramas o el crujir de hojas bajo las pisadas de pequeños animales.

—Deberías estar descansando.

Sonreí de medio lado. Ahí estaba, como siempre, la voz de mi conciencia diciéndome lo que tenía que hacer, invitándome a ser la persona políticamente correcta que siempre había sido. Pero suponía que, en realidad, aquello no iba conmigo. Me había dado cuenta de eso desde que me decidí a cambiar de facción. Había sido muy cansado fingir todos estos años, ser perfecta, ser un orgullo para mis superiores en las Tropas Estacionarias, pero ahora me sentía libre de verdad.

De repente, di un respingo. Tras varios segundos, caí en la cuenta de que aquella voz no provenía de mi propia mente, sino que ya la conocía. Giré mi rostro hacia la izquierda, captando la figura de Levi caminando hacia mí. Contuve el aliento, intentando pensar en una forma agradable de dirigirme al moreno después de lo que había hecho por mí.

—¿Me has seguido? —ladré. Bueno, supongo que ser agradable con Levi no era lo mío. Pero lo había intentado.

Su falta de respuesta fue suficiente para saber que era afirmativa. Pensaba que había salido de la casa sin ser vista, pero me temo que había fallado también en aquella misión. Levi se acercó aún más, parándose justo frente a mí.

—Diste un susto de muerte a mi escuadrón. Casi se cagan en los pantalones —hizo una pausa—. Sasha fue, quizás, la que más se asustó. Mikasa tuvo que tranquilizarla.

Creo que podía imaginarme de qué manera Mikasa había tranquilizado a Sasha...

—Siento todos los inconvenientes causados, señor —me disculpé, sonando mucho más afable de lo que me esperaba—. Las heridas no han sido tan graves como parecían, pero la próxima vez tendré más cuidado.

—Deberías —Levi asintió. Ambos guardamos silencio, observándonos con atención en un ambiente incómodo hasta que él se atrevió a hablar de nuevo—. Y ahora que estás aquí, ¿qué pretendes escondiéndote en estos árboles?

Pensé que la pregunta era más bien retórica, que no necesitaba respuesta y, a decir verdad, tampoco me apetecía darle una. Seguí a Levi con la mirada. El moreno se apoyó también en un árbol cercano y se cruzó de brazos. Sus afilados ojos me estudiaron con intensidad, sus labios dibujando una mueca que no invitaba a llevarle la contraria. Fue entonces cuando me percaté de sus musculosos brazos. Levi era bajito, pero podía apostar a que no había ningún gramo de grasa en su cuerpo, todo él estaría formado por puro musculo firmemente trabajado.

—¿Me has oído, bastarda? Tienes sangre —miré mi pierna derecha. Efectivamente, el pantalón del uniforme estaba tornándose de nuevo de color rojo, tiñéndose de nuevo sobre la sangre ya seca—. Regresa de una maldita vez y báñate.

Mi mano se movió inconscientemente hacia mi muslo. Contuve una carcajada. Me resultaba ridículo que, tras lo sucia que estaba mi ropa, Levi fuera capaz de distinguir la sangre fresca.

—Después de eso, vete a dormir. Necesitas descansar. Nosotros nos-

—Ya he dormido suficiente —le corté—. Voy a continuar con la misión.

Mi mente no trabajaba tan rápido como de costumbre. Todavía estaba débil, y no venía solo por el golpe, sino que había algo más, pero no deseaba regresar a ese cobertizo. Definitivamente, entrar a la legión me había cambiado. Jamás, estando en las Tropas Estacionarias, habría desobedecido órdenes. Y lo mejor de todo es que, en ese instante, ni siquiera me preocupaba estar faltándole el respeto a un superior. Levi ya me había molestado suficiente. ¿Es que no se daba cuenta de que lo único que quería es que me dejara a solas?

—Tú... Tú también tienes un poco de sangre —murmuré al ver la manga derecha de su camiseta ligeramente manchada.

Levi permaneció en silencio. Su expresión no cambió, pero sus ojos brillaron en algo que pareció sorprenderle. Chasqueó la lengua y miró para otro lado. Su gesto, habitual en él, hizo que en aquella ocasión incendiara mis mejillas.

—¿Es que eres idiota? —farfulló.

Fruncí el ceño, molesta ante su respuesta. Lo que yo no sabía en ese momento es lo preocupado que Levi había estado por mí y lo sumamente desconcertado que le dejaba el hecho de que yo, estando herida, hubiera pensado más en él que en mí misma.

—Está bien —me atreví a decir—. Me daré una ducha. Pero, después, te echaré un vistazo al corte que tienes en el brazo. Si sigue sangrando es porque es más profundo de lo que parece y necesitarás puntos. ¿Trato hecho? —sonreí.

—Trato hecho —respondió, curvando ligeramente sus labios hacia arriba en una sonrisa prácticamente imperceptible.

Me incorporé de nuevo y di la espalda a Levi. Caminé con un poco de dificultad para regresar hasta nuestro improvisado cuartel.

—Has hecho un buen trabajo, _ _ _ _ —me detuve inmediatamente al escuchar la profunda voz de Levi a mi espalda. Giré levemente mi rostro para observarle por encima del hombro—. Sigue así.

Levi había sonado diferente. Más suave. Sentí que mi corazón se detenía y mis ojos se abrían de par en par, ligeramente iluminados ante el regalo que suponían para mí esas palabras de Levi. Finalmente, asentí, sin poder ocultar lo feliz que me sentía, ignorando por un momento lo mucho que la mirada de Levi expresaba en aquellos momentos, simplemente por verme plena y reconocida por él.

Cuando regresé a la desvencijada cabaña de madera, Sasha ya no estaba en su interior, pero me percaté de que había dejado un barreño con agua preparada al lado de la oxidada bañera. En mi rostro se dibujó una muestra de disgusto, pero, aun así, me desvestí y, de pie, me eché un poco de agua por encima. Tomé la pastilla de jabón que había en un extremo y froté con ella sobre las heridas, asegurándome de limpiar bien en el proceso la sangre seca. Sonreí al observar con cautela las puntadas que Mikasa y Sasha habían dado sobre la parte posterior de mi muslo derecho para cerrar la herida, más profunda de lo que a simple vista parecía, y tuve cuidado de no estropear su minucioso trabajo. Lavé mi cabello, peleándome con los trozos de sangre seca y suciedad enredados en mi pelo y, tras varios minutos en los que tuve que armarme de paciencia, volvió a la normalidad. Finalmente, me aclaré y sequé mi cuerpo con una sábana que me habían dejado doblada sobre una de las estropeadas y carcomidas sillas de madera. Lamentablemente, no tenía ropa de recambio, así que, después de volver a vendar mi pierna, me vestí de nuevo con el uniforme.

Una vez vestida, volví a enrollar vendas en la zona de mi pierna afectada, por encima de la tela del pantalón. Apreté en esta ocasión un poco más las vendas, a sabiendas de que aquello no era del todo bueno. Sin embargo, no sabía si tendríamos que volver a usar los Equipos de Maniobras Tridimensionales y quería proteger los puntos y el empeoramiento de mi herida ante el contacto de las correas, que siempre nos dejaban marcas en la piel, ya que debían ir sumamente ajustadas para darnos la mayor seguridad posible en nuestros movimientos.

Al salir de la cabaña, vislumbré a lo lejos a Mikasa, de pie tras un Armin de cuclillas junto a un árbol. Les observé en silencio hasta que me percaté de que la chica estaba consolando al rubio, que parecía haber vomitado sobre la maleza. Tragué saliva, un huracán de imágenes desagradables invadiendo mi cabeza que no dejaba de hacer suposiciones sobre lo que habría sucedido mientras yo había estado inconsciente y que había dejado a Armin ese estado.

Giré sobre mí misma y di la vuelta a la caballa para descubrir en su parte trasera un establo, el doble de grande que el cobertizo. Abrí la puerta para entrar y, tan pronto como lo hice, me encontré con los ojos de Connie y Sasha sobre mí.

—¡Estás bien! —suspiró el chico de alivio mientras acariciaba a uno de los caballos.

—Te has bañado —añadió Sasha al percatarse de que mi pelo estaba mojado.

—S-Sí —tomé un mechón de mi cada vez más largo cabello.

—Déjame —Sasha se acercó hasta mí—. Te lo recogeré y así no te molestará. Además, por la noche refresca. Cogerás un resfriado con el pelo mojado.

Me senté sobre una caja de madera mientras la chica me manipulaba el pelo. A través de mi rabillo del ojo, me percaté de que Jean estaba sentado en un rincón. Nuestros ojos se encontraron momentáneamente, pero el chico apartó rápidamente la mirada y miró al suelo, visiblemente disgustado. ¿Qué demonios había pasado?

De uno de los cajones reservados para los caballos apareció Levi. Sasha exclamó satisfecha que había terminado y palpé mi pelo, notando una coleta alta.

—Gracias —sonreí mientras la muchacha me devolvía la sonrisa—. No me he olvidado de ti —inmediatamente después mi atención se volvió contra Levi. El moreno me miró con indiferencia.

—Ya lo sé. Eres demasiado cabezota para eso.

—Siéntate —me puse en pie y señalé la caja sobre la que había estado sentado. Tras chasquear la lengua, Levi me hizo caso de mala gana—. Vamos a echarle un vistazo a eso.

Sin darle ninguna instrucción, Levi se desabrochó la camisa de su uniforme, se la quitó y se la entregó a Sasha. Parpadeé confusa por su actitud, pues solo era necesario que se la desabrochara lo justo para poder sacar el brazo por ella y, por otra parte, me sentí de lo más impresionada al poder ser testigo de la cantidad de músculos definidos en su cuerpo. Tal y cómo me imaginaba, en ese cuerpo de un metro sesenta no debía haber ni un solo gramo de grasa.

Con delicadeza, posé la yema de mis dedos sobre su piel. Era cálida y, ante el contacto de mis fríos dedos, sentí que su fino vello se erizaba. Acerqué mi rostro a la herida y, con mis dedos, palpé la zona, asegurándome de no tocar la parte afectada. Era como había sospechado. Tenía un corte muy profundo.

—Sasha —la chica dio un respingo al escuchar su nombre—, necesito una aguja e hilo para coser. Tendrás que quemar la aguja, ya que es necesario esterilizarla.

—Hay un poco de grasa en la habitación. Con una cerilla será suficiente, ya que aún no hemos encendido ningún fuego.

—Muy bien —asentí, por lo que la chica se apresuró a completar su tarea—. Connie —el chico asomó su cabeza entre el montón de paja—, tráeme una toalla o un trozo de tela limpio. Sé que este sitio está sucio, pero busca. Y, también, necesito agua y jabón.

El chico simplemente salió corriendo por la puerta. Esperé pacientemente a que regresaran y, tan solo un par de minutos después, la puerta del establo volvió a abrirse. Era demasiado pronto para que volvieran, así que no me sorprendí al ver a Mikasa. La muchacha nos dedicó una escueta mirada de reojo mientras se acercaba a la esquina en la que estaba Jean.

—Cambio de guardia —Mikasa le entregó el rifle a Jean. Después de aquello, ambos susurraron un par de frases que no alcancé a escuchar y, a continuación, Jean se puso en pie y abandonó el establo en silencio, su rostro descompuesto.

—Mikasa, busca algo de leña. Prepararemos algo para comer —ordenó Levi.

Levi y yo no permanecimos mucho tiempo a solas cuando Mikasa salió, ya que la puerta del estalo volvió a abrirse de par en par y Connie y Sasha entraron dando carcajadas, haciendo que Levi les dedicara una mirada de reprobación que les enmudeció al acto. No debía molestar a los caballos después del estrés sufrido durante el día.

Me lavé las manos con el agua y el jabón. A continuación, tomé el trozo de tela y lo mojé también, comenzando a limpiar la herida. Lo idóneo habría sido tener alcohol con el que desinfectarla, pero debía conformarme con lo que tenía.

A pesar de hurgar en la herida, Levi ni siquiera se inmutó. Sasha me tendió la aguja con cuidado y Connie cortó un trozo de hilo que me entregó para que pudiera hilarla. Una vez dentro, junté con ambos dedos la carne separada y comencé a coser bajo la atenta mirada de ambos chicos.

—Podéis iros —habló Levi, su mirada fija en el suelo—. Mikasa ha ido a por algo de leña. Ayudadla. Hay que encender una hoguera.

—¡Sí, capitán! —exclamaron los dos al unísono para, acto seguido, girar sobre sus talones y abandonar el establo.

Aquella era una de las pocas veces en las que me había quedado a solas con Levi. Me concentré en mi tarea, intentando ignorar el incómodo silencio que Sasha y Connie habían dejado en su ausencia.

—¿T-Te duele? —pregunté en un susurro, con la voz más temblorosa de lo que me esperaba.

—No. Está bien.

No podía verle el rostro, pero me habría gustado. No estaba tenso, a pesar de que su postura podía indicar lo contrario. Tenía ambos codos apoyados en sus muslos y la cabeza ligeramente agachada, haciendo que su flequillo cayera ligeramente sobre sus ojos.

—L-Lo conocía. Al chico que me atacó—insistí, sin saber muy bien por qué pretendía contarle a Levi todo aquello—. Alphonse Wilder... —sonreí con nostalgia— Éramos amigos, estuvimos juntos durante nuestros tres años de formación y hoy ha intentado matarme. No le ha importado nada de nada nuestra amistad como reclutas.

—¿Es que no puedes quedarte callada ni un minuto?

Me mordí el labio y agaché la vista. Era una idiota por pensar que podría empezar a llevarme bien con Levi. Hablar para romper la incomodidad que sentía no era la solución.

—No he dicho tampoco que te calles —farfulló de repente.
—N-No sé qué más decir —parpadeé confusa. Levi era de lo más extraño.

—¿Siempre tienes esa enorme bocaza abierta para decir alguna estupidez y justo ahora no tienes nada que decir?

Levi chasqueó la lengua, así que ideé algo rápido con lo que poder iniciar una conversación mientras terminaba de cerrar su herida.

—Siento lo que dije aquella vez —susurré tras varios segundos de reflexión—. Siento haber dicho todas esas cosas tan horribles sobre Farlan e Isabel. No debí...

—Está bien —contestó Levi tras una larga pausa.

—No. No lo está.

—Lo estará si no vuelves a sacar el tema.

Corté el hilo tras asegurarme de que la herida estaba bien cerrada y rebusqué con la mirada en el establo. Encontré su camisa apoyada en la puerta de uno de los cajones para los caballos, así que estiré el brazo y la cogí para devolvérsela.

—Ya está.

Le tendí la camisa, pero Levi permaneció en la misma posición, sin moverse. Dudé unos instantes. ¿Qué se supone que debía hacer? Abrí la boca para hablar, pero el moreno se me adelantó.

—Esos mocosos te tienen mucho cariño —me vi incapaz de responder nada. A qué venía todo aquello?—. Estaban muy preocupados por ti.

—¿Puedo saber qué es lo que pasó mientras estuve inconsciente? —tras decir Levi aquello, recordé que todos habían estado muy extraños y sabía que yo no era el motivo.

—La Policía Militar nos persiguió. Uno de sus miembros saltó al carro, justo sobre ti, pero no se paró ni siquiera a mirarte. Sacó una pistola y apuntó a Jean. Pero él no se atrevió a disparar y, de no ser por Armin, Jean no estaría ahora aquí. Armin salvó la vida a Jean arrebatándole la vida de un balazo a esa chica de la Policía Militar

—Oh Dios mío... —mis ojos se abrieron de par en par. Ahora entendía por qué Armin estaba vomitado fuera, por qué Jean tenía su rostro desencajado— Eso es horrible. Tienen solo quince años.

—Hay que hacerlo. Era su vida o la de ella.

—Lo sé, pero... —me mordí el labio. Mi menté se vio abrumada por la enorme cantidad de imágenes que se agolpaban en mi mente, imágenes sobre mi última noche con el resto de mis compañeros de escuadrón— Armin no estaba preparado para matar.

—Ni él ni nadie.

—Eso no es del todo cierto —susurré. La noche anterior estaba determinada a arrebatar una vida si era necesario. Durante mi enfrentamiento con Alphonse, me había aferrado a la vida, había luchado. Y volvería a hacerlo, incluso apretaría el gatillo—. Yo lo haría si fuera necesario —no sabía cómo demonios me las apañaba, pero siempre terminaba hablando de mí, a riesgo de que Levi me viera como una egocéntrica.

—No hables tan a la ligera, idiota.

—¿Es que tú has matado a muchas personas? —cuestioné, poniéndome a la defensiva. Pensaba que, una vez más, Levi me estaba subestimando. Sin embargo, rápidamente me percaté de que no era eso lo que debía estar pasando por su mente. Algo le inquietaba y quería saber el qué. Deseaba acceder a esa parte de Levi desconocida—Levi —mi voz sonó suave—, ¿pasa algo?

Indecisa, extendí mi brazo hacia él. Los dedos de mi mano derecha temblaron, sintiéndome insegura en la presencia del capitán. Deseaba poner mi mano en su hombro para confortarle, pero, tan pronto como las yemas de mis dedos rozaron su piel, me arrepentí de mi atrevimiento y retiré mi mano. No obstante, en un rápido gesto, Levi la tomó, pillándome desprevenida. Sus dedos apretaron con fuerza mi mano y yo me quedé paralizada, incapaz de reaccionar ante la intensidad de gesto. No se giró, ni siquiera para mirarme. Sus ojos permanecieron fijados sobre el suelo, pero la firmeza con la que me agarraba la mano hizo que mi corazón se detuviera.

—Levi —mi voz sonó quebrada, no porque me hiciera daño, sino porque no comprendía qué estaba sucediendo.

—_ _ _ _ —la puerta del establo se abrió y Sasha asomó la cabeza por entre la rendija, ya que no la abrió por completo—, ¿has terminado ya?

—S-Sí —tartamudeé al sentir cómo Levi aflojaba su agarre y regresaba a su posición inicial. Inmediatamente, sentí mi mano fría.

—¿Puedes venir a ayudarnos? Connie ha pensado que sería una buena idea hacer un poco de caldo para acompañar los trozos de pan que tenemos.

—Buena idea —sonreí, tendiendo de nuevo la camisa a Levi quien, en esta ocasión, sí que la aceptó—. Veamos qué podemos hacer.

Al salir del establo a duras penas, pretendiendo fingir que no tenía dolor en mi pierna, Sasha me llevó hasta la pequeña hoguera que habían encendido. Habían colocado unas ramas algo más gruesas de pie, apoyadas las unas contra las otras formando una estructura de la que colgaba un diminuto caldero atado con un alambre.

—Connie ha encontrado esto en el cobertizo—me explicó Sasha.

Me agaché despacio, poniéndome de cuclillas. El sistema era bastante bueno y Connie ya se había ocupado del caldero echando algo de agua en el que poder cocer lo que se nos ocurriera.

—¿Pero creéis que es bueno encender un fuego? —cuestioné. El humo atraería a la Policía Militar.

—Ha sido idea del capitán —Sasha se encogió de hombros.

—Tampoco creo que corramos mucho peligro —añadió Connie—. Nos desplazamos lo más al este posible por órdenes del capitán durante la retirada.

Abrí ligeramente la boca, sorprendida. Eso quería decir que estábamos más lejos todavía de nuestro objetivo.

—Lo que creo que el capitán Levi está haciendo es atraer a la Policía Militar hacia nosotros. Seguramente habrá algunos miembros patrullando alrededor del bosque para encontrarnos —me giré para captar a Mikasa detrás nuestra.

No quise insistir mucho más en el asunto, ya que era evidente que, tras pasar unas horas inconsciente, me había perdido muchas cosas. Lo mejor era esperar instrucciones del propio Levi cuando llegara el momento.

Tras deliberar durante varios minutos, conseguimos ponernos de acuerdo sobre lo que debíamos echar al caldo. Finalmente, cuando el sol ya había caído y la noche nos había engullido por completo, haciendo del bosque un lugar mucho más tenebroso y peligroso, rebuscamos en el cobertizo algunas tazas. Evidentemente, estaban sucias, así que, con un estropajo, froté para sacar toda la suciedad para poder servirnos el caldo en ellas.

Pasé mis manos por la taza metálica, calentando mis dedos. Me la llevé a la boca para dar un pequeño sorbo y, aunque el caldo era de lo más insípido, mi cuerpo, que comenzaba a destemplarse ante la repentina bajada de temperaturas con la desaparición del sol, lo agradeció al instante.

Sasha se encargó de devorar su parte para sustituir a Jean durante la cena. Una vez terminó, la chica se levantó y prácticamente le arrebató el arma de las manos a su compañero, quien se sentó junto a la hoguera, entre Levi y Armin. Me percaté de que, en ningún momento, Jean se atrevió a mirar a su compañero y recordé lo que Levi me había contado. Los remordimientos debían estar matando a ambos.

—¿Qué pasa, Armin? ¿Es que no puedes comer en un establo tan sucio? —Levi rompió el silencio incómodo. El moreno ya había terminado su ración de comida y estaba sentado sobre el suelo con su brazo izquierdo apoyado en su rodilla. Al preguntar aquello, desvié mi mirada hacia Armin. No había tocado su comida.

—No es eso —susurró el chico.

Todos le observamos en silencio. Sus grandes ojos azules estaban fijos sobre las llamas de la hoguera. Aquella respuesta pareció satisfacer a Levi, quien se llevó de nuevo a la boca su taza para dar otro sorbo al caldo.

—Jean —Armin había vuelto a hablar.

—¿Qué quieres?

—Hay algo que no entiendo —todos miramos con curiosidad al rubio—. Cuando iba a sacar el arma, francamente, creí que no me daría tiempo. Lo siento, pero... La otra persona te estaba apuntando ya y aun así... ¿Cómo es que he sido yo el primero en disparar?

Connie y yo intercambiamos miradas de incredulidad. En el rostro del chico se dibujó una mueca de disgusto, seguramente pensando lo mismo que yo. El miembro de la Policía Militar al que Armin había matado tenía que haber dudado a la hora de disparar. Por eso le dio tiempo a sacar su arma y a apuntar con ella. No había otra explicación.

—Pues... Uh... —Jean comenzó a balbucear. Armin era demasiado listo y observador como para no haberse dado cuenta de esa detalle, pero seguramente quería escucharlo de la boca de alguien para confirmarlo.

—¿Jean? —insistió el rubio. No obstante, Jean le dedicó una mirada a Armin que no llegué a percibir del todo bien dadas las sombras que las llamas proyectaban sobre su rostro, pero sí me percaté de que los ojos de Armin brillaron con un extraño fulgor lleno de arrepentimiento y dolor, como si solo por ese intercambio de miradas que había durado un par de segundos se hubieran dicho todo lo que no se atrevían e expresar en voz alta. Finalmente, Jean apartó la mirada y emitió un suspiro, su voz temblorosa.

—Ella vaciló un instante en disparar, ¿no es cierto? —Levi se atrevió a decir en voz alta lo que todos estábamos pensando.

—¿Eh? —los ojos de Armin se abrieron en par, su rostro estaba desencajado ante la idea de que había matado a alguien sin ni siquiera dudar.

—Lo siento, Armin —se disculpó Jean—. Tenía que haber disparado yo.

—Entonces, es cierto —murmuró Armin—. Seguro que la chica que he matado era una buena persona. Seguro que era mucho más humana que yo —tragué saliva, sin saber qué decir para hacer sentir mejor a Armin. Jean, en cambio, abrió la boca para decir algo, pero el rubio siguió hablando—. Porque yo he apretado el gatillo en seguida —sus ojos parecía que querían salirse de sus órbitas—. Yo-

—Armin —Levi intervino—. Ya te has ensuciado las manos. No podrás volver a ser el mismo —Armin abrió los ojos de par en par, asustado.

—¡Eh! ¿Por qué le dices eso? —le defendió Mikasa.

—Acepta tu nuevo yo. Si siguieras con las manos limpias, Jean no estaría aquí. Si apretaste el gatillo en seguida, es porque iba a matar a tu compañero —explicó Levi—. Tú eres perspicaz, Armin. Comprendiste que en esa situación no podías dejar las cosas a medias. Sabías que, si perdíamos el material, los caballos y a los compañeros, ya no habría esperanza para el futuro. Armin, si no te hubieras ensuciado las manos, no estaríamos aquí —hizo una breve pausa—. Gracias.

Las comisuras de mis labios se curvaron ligeramente hacia arriba, incapaz de apartar mis ojos de Levi. Qué equivocada había estado siempre. Al principio, me parecía alguien carente de emociones, pero, tras trabajar con él, estaba viendo un parte desconocida en él. Se preocupaba por los suyos.

—Capitán Levi —intervino Jean—, creía que su forma de actuar era errónea. O eso quería creer. Porque me daba miedo matar a un hombre —por la expresión de Connie, el chico debía estar pensando lo mismo y apostaba a que Sasha se sentía igual—. Era yo quien estaba equivocado —su mirada se ensombreció—. La próxima vez, juro que dispararé.

Sentí un pinchazo en el estómago al ver la expresión, llena de determinación y rabia, del muchacho. Me pregunté si aquellos ojos, si aquella mirada, habían sido los mismos con los que yo me había dirigido a mis compañeros de escuadrón la noche anterior. Me pregunté si Jean y yo habíamos llegado al mismo punto de maneras diferentes, pero, al fin y al cabo, con el objetivo de proteger a aquellos que nos importaban.

—Sí. Tu indulgencia nos ha puesto en peligro.

—Ya. Lo siento mucho —se disculpó Jean ante Levi—. Pero eso ocurrió allí. Ahora es una historia diferente.

—Yo no digo qué es lo correcto, porque no lo sé —aclaró Levi—. ¿Pero de verdad crees que estabas realmente equivocado?

Los allí presentes, alrededor de la hoguera, abrimos la boca de par en par. ¿Hasta qué punto estábamos dispuestos a abandonar nuestra humanidad?


¡Holi, holi! ¡Ya estoy de vuelta!

Espero que os haya gustado este capítulo, ya que ha habido más interacciones entre Levi y rayis, que creo que hacía falta. Por otra parte, quería aclarar que, el hecho de que haya un cobertizo junto al establo es cosa mía. En la historia canon están simplemente en un establo y, si recordáis, es la Sasha la que cose a nuestro Levi descamisado (¿sois conscientes de que eso lo veremos ya animado en unos meses? muajajaja)

Kurt Skellington: Omg, ¿en serio gritaste de la emoción al ver que había publicado? jajaja Espero que también gritaras de la emoción al leer el capítulo xD Y sí, era un poco corto, pero este es más largo también. Así compenso.

catherinearnshaws: Moblit es un cuqui y se merece todo el amor del mundo. Es extraño que le tenga tanto cariño cuando ha sido un personaje con poquísimas intervenciones, pero supongo que soy muy rara xD Con toda la parte de Alphonse sufrí un poco para redactarla porque podía ver imágenes en mi cabeza, muy exactas, sobre lo que quería que pasara, pero escribirlo resultó muy diferente. Espero haberle dado la precisión que pretendía. Por otra parte, desde la última vez, he escrito solo un capítulo de mi Jearmin, ya que los que los fanfics que tengo en publicación actualmente son la prioridad, y creo que se va a extender más de lo que pensaba, pero, cuando esté, os avisaré por aquí.

ktsblack31: No sé si habrá momentazos tan espectaculares como el del capítulo anterior, pero lo que sí sucederá es un acercamiento entre ambos. Espero que ya se haya notado en este, ¿no? xD Y por supuesto que he visto ese maravilloso tráiler. ¡Menudo regalo de Navidad! Grité como una fangirl loca cuando lo vi. La animación es una pasada.

Memerememe: ¡Gracias por tu comentario! No tengo intenciones de abandonar esta historia porque me encanta escribirla, así que podéis estar tranquilas ;)

¡Nos leemos!