XX

Las siguientes horas fueron una auténtica locura. Como bien creía Mikasa, Levi ya tenía un plan para contraatacar. A sabiendas de que la Policía Militar debía estar inspeccionando los alrededores para encontrarnos, decidimos ponérselo algo fácil. No obstante, el objetivo no era que nos atraparan, sino atraparlos a ellos. Levi pretendía que nos infiltráramos en sus filas. Esa era la única forma de poder saber dónde estaban Eren e Historia y poder adelantarnos a sus movimientos.

Armin hizo de carnada. El rubio se acercó al río para coger algo de agua. A solas. O, al menos, eso fue lo que creyeron la pareja de policías militares que se atrevieron a detenerle. De lo alto de los árboles, Mikasa y Levi los asaltaron aprovechando esa distracción, inmovilizándolos inmediatamente. Solo entonces el resto pudimos salir de nuestros escondites, aunque Connie permaneció en lo alto de un árbol para asegurarse de que nadie descubría nuestra posición.

Aquellos policías eran simples reclutas. Como siempre, los más jóvenes eran los que se ocupaban del trabajo duro.

Una vez los inmovilizamos, Mikasa y Armin se pusieron sus chaquetas y capas. El plan estaba saliendo según lo previsto y, sin embargo, el chico habló.

—¡Dejadme que colabore con vosotros! —gritó— ¡Si se trata de corregir las injusticias de este mundo, haré lo que sea! ¡Dejad que yo me ocupe de sonsacar algo a la Policía Central! ¡Será mucho más seguro que un disfraz!

Un silencio se estableció entre nosotros. No dábamos crédito y mucho menos su compañera, que le miraba con sus ojos prácticamente fuera de las órbitas.

—¿Tú de qué vas? —preguntó Levi, trasladando al muchacho seguramente lo mismo que se nos estaba pasando a todos por la mente.

El chico insistió, pero Levi ordenó a Sasha que les atara por el bosque para que pudiéramos continuar con la misión. Sin embargo, Jean se ofreció para llevar a cabo aquella tarea. El chico tardó en volver más de lo previsto y, cuando lo hizo, regresó acompañado de nuevo de los dos jóvenes policías. Al parecer, Jean confiaba en el muchacho, llamado Marlo, y, tras realizar una prueba para asegurarse de que iba en serio, Jean le pidió al capitán Levi que modificaran el plan.

Y así se hizo.

Marlo, de hecho, nos indicó con exactitud dónde estaba el cuartel central de la Policía Militar. Una vez nos reveló toda la información, les dejamos que se macharan, desarmados en medio del bosque. Tendríamos tiempo para desplazarnos hasta el lugar hasta que ellos encontraran el camino de vuelta y vieran a alguien a quien poderle explicar lo que había sucedido en caso de que todo fuera una mentira.

Tras agradecer a Jean lo realizado hasta el momento, Levi nos instó a ser los primeros en atacar. No obstante, antes de asaltar el cuartel, se giró hacia mí.

—Tú, no —abrí la boca para replicar, pero él se me adelantó—. Estás herida. Puedes retrasarnos y ponerte en peligro.

—¿Y qué se supone que voy a hacer? —protesté. Levi tenía razón, una herida en la pierna no me permitía luchar en las mejores condiciones, pero no podía quedarme de brazos cruzados tampoco.

—Búscanos un carro —sentenció el capitán—. Te acompañará Armin —hizo una pausa—. Y no dejes que te vuelvan a herir —sentenció, dándome la espalda. Curvé la comisura de mis labios ligeramente hacia arriba y asentí, a pesar de que él no podía verme.

Cuando nos acercamos lo suficiente al edificio, prácticamente ocultos entre la maleza, cada uno tomamos caminos separados. Armin y yo nos desplazamos hacia la derecha. El rubio iba delante mía, ya que yo iba más atrasada por las malditas punzadas que de vez en cuando sentía en la parte posterior de mi muslo derecho.

Gracias a la inteligencia y el nivel estratégico de Armin, pudimos llegar hasta los establos sin tener que disparar a nadie, aunque tardamos más de lo que deberíamos. Por otra parte, el caos que el resto de nuestros compañeros estaba armando en el interior del cuartel nos dio una gran ventaja, ya que toda la atención estaba puesta sobre ellos y no sobre nosotros. Aunque me seguía pareciendo extraño que nuestro camino hasta allí estuviera siendo tan tranquilo.

—Coge dos de los caballos y ponles las riendas. Yo intentaré sacar de ahí ese carro —me indicó Armin.

Abrí el primer portón de uno de cajones del establo y me acerqué a uno de los animales, un caballo de pelo blanco. Lentamente, extendí mi brazo hacia él y le acaricié el cuello. Cuando el animal pareció más tranquilo, nervioso con anterioridad seguramente porque intuía que algo no iba bien, tomé las riendas y le preparé. Cuando tiré de él y le saqué del interior del cajón, Armin ya nos esperaba con un pequeño carro de madera. El chico tomó el caballo y comenzó a ajustar las correas para atarlo al carro. Mientras tanto, yo debía ir a por el segundo caballo, peo me detuve y observé a nuestro alrededor, pendiente de que no apareciera ninguna visita indeseada.

BANG

El caballo relinchó, asustado por el ruido. Armin se cubrió la cabeza con sus brazos mientras se agachaba para protegerse del disparo. Cuando notó que no había más movimiento, se incorporó para encontrarme a su lado, intentando calmar al caballo. Los ojos del chico se abrieron de par en par, sobre todo cuando, tras unos montones de alfalfa, vislumbró unos pies.

—Había que hacerlo —le dije mientras acariciaba al caballo—. Era él o nosotros.

Yo todavía sostenía el arma en alto, apuntando en aquella dirección. Habían sido solo milésimas de segundo y no había dudado ni por un solo instante. En todo momento me había parecido que todo estaba muy tranquilo, quizás demasiado. Y ahí fue cuando lo vi. Fue solo una fracción de segundo, pero me había parecido vislumbrar una sombra tras un montón de paja. Y no lo pensé dos veces. Desenfundé el arma y apreté el gatillo, sentenciando con una puntería prodigiosa. Estaba convencida de que aquel policía nos había estado siguiendo en todo momento, esperando el momento preciso para apuntarnos con su arma y matarnos. Pero no iba a permitírselo. No si yo podía impedírselo antes.

Armin no se atrevió a decirme nada. El chico me ayudó a subir al carro tras preparar al segundo animal y, después, él se montó en uno de ellos, poniéndonos en marcha para recoger al resto.

—Por cierto, Armin —le comenté—. Esto no se lo cuentes a nadie.

El muchacho me miró por encima del hombro, interrogante, pero, tras segundos de falta de respuesta, asintió. No quería que nadie más se enterara de que había cometido, posiblemente, mi primer asesinado. Había matado a alguien. Me senté en el carro, dándole la espalda a Armin y sacando mi arma para asegurarme, una vez más, de que nadie ponía en peligro nuestras vidas.

No sé si fue la adrenalina, pero, a pesar de haber arrebatado una vida, me sentía bien conmigo misma. Seguramente esa persona no habría dudado en apretar el gatillo. Si, por ejemplo, su objetivo era Armin, no podíamos permitirnos perder a alguien como el rubio. Su mente valía demasiado. Era consciente de que más tarde tendría remordimientos, por eso me repetía una y otra vez que, lo que había hecho, lo había hecho en defensa propia.

Tuvimos que esperar unos minutos, alerta, hasta que todos aparecieron junto al carro. En él, Levi subió a empujones a un hombre que supuse que sería el líder de todos los soldados que se encontraban en el interior del cuartel. Nos alejamos unos cuantos kilómetros de la zona y, cuando nos detuvimos de nuevo, ocultos una vez más tras la maleza, Levi tiró al hombre de una patada del carro. Éste quedó sentado contra un árbol.

—Me gusta tu bigote —Levi se fue acercando hasta él, amenazador—. ¿Dónde están Eren y Christa? —se puso de cuclillas frente a él para que sus rostros quedaran más o menos a la misma altura.

—¿Habéis matado a mis hombres? —preguntó con la voz entrecortada.

—Por desgracia, tus hombres no vendrán a salvarte. Matarles era demasiada molestia. Lo que he hecho es que no puedan andar bien por mucho tiempo. Así estarán un tiempo sin poder usar a la Policía Militar.

Durante aquellas palabras de Levi, Armin me miró preocupado. Por unos instantes, nuestros ojos se cruzaron, pero, después, miré para otro lado. Había disparado en defensa propia.

—Qué valientes —el hombre rio—. Cualquiera puede dárselas de héroe rajando a todo policía militar que se encuentre, pero en esa mansión también había empleados que no saben nada. Seguro que algunos están entre los que habéis herido sin reflexionar.

—¿Ah, sí? —Levi tenía un tono monótono y aburrido— Siento haberles molestado.

Y, entonces, le propinó una patada en la boca. Di un respingo ante el movimiento repentino y la violencia de éste. No era una visión agradable.

—Sí. Me dan mucha pena —añadió Levi de forma condescendiente—. Pero me da más pena tu boca. Será mejor que la uses mientras aún puedas hablar bien —presionó con la punta de su bota todavía más—. ¿Dónde están Eren y Christa? —insistió, apartando su bota de la boca del hombre. Éste tosió y escupió dientes y sangre, manchando toda su mandíbula.

—Es inútil —el policía se intentó limpiar la sangre con el dorso de su mano—. No importa lo que hicierais. Ahora lo único que podéis hacer los soldados del cuerpo de exploración es... ¡Es huir de un lado para otro entre los muros y sobrevivir a duras penas hundidos en la mierda! ¡Y encima habéis abandonado a vuestros compañeros! ¡Si no os presentáis, ejecutarán a los soldados de las Tropas de Reconocimiento que están prisioneros! Pensando en lo que habéis hecho, es el castigo que os merecéis. Y todo el mundo lo aprueba. Y el primero en morir será el mayor responsable de las Tropas de Reconocimiento —hizo una pausa—. Erwin Smith.

Fruncí el ceño. Mis ojos se desviaron automáticamente hacia Levi. El capitán permanecía en silencio. No obstante, sabía que aquellas palabras no le habían hecho ni pizca de gracia. Sus ojos se mostraban sombríos.

—Pero si os entregáis diciendo que lo habéis hecho todo —prosiguió el hombre—, por vuestra cuenta, supongo que se salvarán —un silencio pesado se estableció en el ambiente durante varios segundos—. ¿Lo has entendido, Levi? —comenzó a ponerse en pie— Eso es lo único que puedes hacer —posó sus manos sobre los hombros del moreno—. Usar tu vida para salvar la de tus compañeros. Nada más. Yo hablaré en tu favor. Si lo hago, todo irá bien.

—No. Creo que paso —replicó Levi sin más—. Dónde están Eren y Christa.

—Vaya. ¿Dejarás morir a tus compañeros para morir inútilmente? Veo que os unen unos vínculos muy fuertes... —ironizó el tipo.

—Verás... Hay algo prioritario a las vidas de los miembros de la legión —Levi le tomó del brazo y, en un movimiento rápido, inmovilizó al hombre, poniéndole contra el árbol—. Y nosotros somos los imbéciles que se reúnen aun sabiéndolo. Ahora bien, no creo que, solo por nuestras cabezas, la monarquía deje escapar esta gran ocasión para exterminar al cuerpo de exploración —Levi presionó en el brazo, provocando un gemido en el policía—. Y esto es por no haber contestado a la pregunta antes —con un movimiento brusco, subió el brazo del tipo, que crujió. Éste gritó por el dolor y cayó de rodillas al suelo—. Qué escandaloso eres —el capitán le miró con desprecio—. Dime dónde están Eren y Christa.

—¡No lo sé! ¡De verdad que no nos dejan saber nada más! —gritó, sus ojos llenos de lágrimas por el dolor— ¡Kenny Ackerman es muy precavido!

—¿Ackerman? —todos nos giramos para mirar a una Mikasa que parecía confundida— ¿Así se apellida Kenny?

—¿Lo conoces? —pregunté a Levi frunciendo ligeramente el ceño. No obstante, el moreno no me contestó, ni siquiera me miró.

—Sí, pero... —le respondió el hombre.

—Ya. Seguro que él no os lo ha dicho. Y menos si es importante —prosiguió Levi—. Pero alguna idea tendrás, ¿no? —Levi comenzó a darle patadas en la espalda.

—¡Para!

—¿Harás un esfuerzo hasta recordarlo? —prosiguió con el castigo, ignorando las súplicas del hombre— Aún te quedan muchos huesos —añadió, su voz ronca y tenebrosa.

—N-No lo dirás en serio... —los ojos del policía se abrieron de par en par, aterrado ante la amenaza de Levi.

—Quizás —susurró amenazador.

—¡Alguien viene! —gritó Sasha de repente, armando su arco. Todos nos pusimos en posición. Levi incluso pateó al policía para que se tumbara en el suelo— ¡Son varios!

—Ya te lo he dicho, capitán —balbuceó el hombre—. Es inútil.

Mi corazón se detuvo. Los segundos de espera se convirtieron en minutos, horas, hasta que las figuras, que lentamente comenzaron a vislumbrarse a lo lejos, en la penumbra, fueron acercándose hasta nuestra posición. Intenté controlar mi respiración y el temblor en mis brazos, pero me resultaba imposible ante la posibilidad de un ataque inminente.

—Ha llegado el momento de pagar por lo que habéis hecho. Es el final de las Tropas de Reconocimiento.

Pero no era cierto.

Fue solo una fracción de segundo, pero, bajo las capuchas de las capas de la Policía Militar, me pareció ver la luz de la luna reflejada en unos cristales. Eran unas gafas. Y estaba casi segura de que eran las de Hange.

—¿Qué demonios estás haciendo, imbécil? —me espetó Levi entre dientes, susurrando, cuando vio que bajaba mi arma y salía de mi escondite.

—¿Hange? ¿Eres tú?

Había tres personas. Se detuvieron a un par de metros de nosotros. Mi nerviosismo aumentó y la seguridad que sentí al pensar que era mi capitán comenzó a esfumarse. ¿Y si no era ella? No solo me acababa de poner en bandeja, sino que estaba exponiendo al resto.

Y, entonces, el cabecilla del trío dejó que viéramos su rostro. A ella le siguieron sus dos acompañantes, a los que ya conocíamos. Marlo y Hitch. Hange me mostró una sonrisa amplia y, como una idiota, yo también sonreí. Nunca me había alegrado tanto de verla, así que di dos zancadas hacia ella y la abracé, provocándole una carcajada.

—¡Vaya! ¡Esto sí que es un recibimiento!

—Lo siento —murmuré cerca de su oído—. El resto... Yo...

—Está bien. Ya lo sé —Hange me tomó de los hombros y me obligó a mirarla a los ojos. Estaba seria, más que de costumbre—. Son cosas que pasan. Tú estás aquí —tragué saliva y asentí, apartándome para que el resto también pudiera acercarse—. Tengo noticias que daros —de uno de los bolsillos de la chaqueta del uniforme sacó un papel que le entregó a Levi. El moreno lo desplegó y alrededor de él nos colocamos el resto para poder ver qué era lo que ponía.

A medida que íbamos leyendo, nuestras bocas y nuestros ojos se iban abriendo de par en par. Era una carta de Erwin. No solo había sido absuelto, sino que toda la legión también. Habían demostrado, frente al resto de secciones del ejército, que la realeza y la nobleza eran corruptas, eran una lacra a la que había que poner fin. Y, encima, Hange había conseguido poner también a nuestro favor a la opinión pública poniendo a la prensa de nuestra parte, para lo que la compañía Reeves había tenido, además, un papel relevante.

—Ya veis —la mujer sonrió satisfecha—. Las acusaciones contra las Tropas Estacionarias se han desmentido. Vosotros actuasteis en legítima defensa. El generalísimo Zackley ha tomado el control temporal tanto de la capital real como de la administración. De momento, no se han producido rebeliones entre los nobles —hizo una pausa. Todos esperábamos las dos simples palabras que llegaron a continuación—. Somos libres.

Inmediatamente, los jóvenes del escuadrón de Levi estallaron en gritos de alegría, elevando sus puños en el aire y abrazándose, liberando toda la tensión acumulada. Habíamos pasado por mucho, habíamos perdido a soldados, pero estábamos logrando el objetivo que el comandante se puso desde el principio.
No obstante, aún quedaban cosas por solucionar. Teníamos que rescatar a Eren e Historia y esta debía ser coronada como reina. Por eso, solo me permití sonreír, no excederme en la celebración.

—¡Quita esa cara! —me gritó Sasha de repente— ¿No has oído? ¡Somos libres! —gritó emocionada— ¡Yuuuju! —saltó sobre mí, abrazándome con su brazo derecho. Emití una leve carcajada, pero se vio interrumpida al sentir una punzada de dolor por apoyar su peso y el mío sobre mi pierna derecha.

—Sasha, que está herida —le recordó Mikasa.

—¡Oh, sí! ¡Perdón! —la chica me soltó y me miró con preocupación.

—No pasa nada. Estoy bien —sonreí de nuevo, tranquilizándola.

—Eso es... Imposible —murmuró el policía, sintiéndose completamente derrotado.

A pesar de que todavía había risas y euforia, más tranquilos, nos colocamos alrededor de Hange y Levi, quienes parecían conversar, ajenos al revuelo que los más jóvenes habían montado.

—Lo siento, Hange. Los tres que me confiaste han muerto —se disculpó Levi—. Y _ _ _ _ está herida en su pierna derecha. Es un milagro que esté aquí.

—Si estoy aquí es porque el capitán Levi me rescató —confesé.

—Tch —el moreno rodó los ojos—. Yo no hice nada, idiota. Fuiste tú la que peleó y logró escapar.

—Pero... —Hange lucía triste al pensar en Dick, Nifa y Keiji— Habéis neutralizado a los de los fusibles, ¿no?

—No. A todos no —Levi fue sincero—. Su jefe y Eren e Historia siguen desaparecidos. Si no los encontramos pronto, esta revolución sufrirá un revés.

—Creo que sé dónde pueden estar Eren e Historia —todos miramos a Hange con curiosidad. La mujer sacó un sobre cerrado que sostuvo con determinación—. Aún no tengo una prueba definitiva, pero parece que solo podemos apostar por este lugar —la mujer fijó sus ojos en todos y cada uno de nosotros, como si pretendiera saber si todos continuábamos igual de comprometidos—. Así que, pongamos fin a esta batalla.

Hange quería comenzar cuanto antes la siguiente parte del plan. Era importante restablecer la situación caótica que se vivía en los muros. Tras trasladar la noticia de la caída del rey Fritz, el pueblo estaba confuso. A continuación, se nos planteaba una compleja pregunta: ¿sería capaz la familia real verdadera de ganarse el respeto y confianza de la gente? Debíamos dar con una solución cuanto antes.

Pero, antes, había que rescatar a Eren y a Historia. Y Hange compartió con nosotros toda la información que había ido recopilando hasta el momento. Ésta le había permitido ir atando cabos y tenía una idea más o menos aproximada de qué era lo que podría pasar y, sobre todo, por qué querían a Eren y a Historia.

—¿¡Que se comerán a Eren!? —Mikasa estaba alarmada.

—Solo es una conjetura por la conversación y el comportamiento de Reiner y Bertholdt —aclaró Hange—. Quizás sea su método para obtener el poder del titán de Eren. Hablaremos del resto por el camino.

Sin más demora, preparamos nuestros caballos y acomodamos el carro que Armin y yo habíamos conseguido tras asaltar uno de los cuarteles de la Policía Militar. Marlo y Hitch encabezaban la expedición montados en sus respectivos caballos, ambos iluminando el camino portando antorchas. Armin y yo íbamos sentados juntos, el rubio llevando las riendas de los caballos. Dentro del carro estaban sentados Hange, Mikasa y Connie. Cerrando la expedición, Levi, Jean y Sasha, montados en sus caballos, llevaban, además, otro atado junto al suyo.

—Este es el informe de la investigación del territorio del señor Reiss que me encargó Erwin —Hange mostró una vez más el sobre—. Según el informe de la operación, se va a entregar a Eren y a Historia a la familia Reiss. Lo normal sería suponer que su destino es el territorio de los Reiss. Soldados de las Tropas Estacionarias disfrazados de granjeros hicieron una investigación secreta a ese territorio. La mayor parte de ese informe se ocupa de los detalles de cierto incidente que azotó a la familia Reiss hace cinco años —explicó Hange—. La familia Reiss había sido bendecida con cinco hijos. A pesar de ello, el cabeza de familia había tenido un hijo ilegítimo con una de sus empleadas —todos ya conocíamos esa parte. Historia nos la había contado hacía unas noches—. Claro, que eso en sí no es raro. Salvo en este aspecto. Como señor de sus tierras, Rod Reiss no tenía una mala reputación. La hija mayor, Frieda, era querida por todos. Iba a menudo hasta los campos y agradecía a los granjeros por su servicio. Todos los vecinos decían unánimemente que ella era el orgullo del territorio. Pero, la noche en la que cayó el Muro María, sucedió una desgracia. Aprovechando la confusión de la gente, unos bandidos atacaron la única capilla del pueblo y, debido al ataque, ésta se incendió y quedó totalmente destruida. Nadie en el pueblo había advertido su llegada. Por desgracia, en la capilla, toda la familia Reiss ofrecía sus oraciones por lo ocurrido en la Muralla María. A excepción de Rod Reiss, el cabeza de familia, todos murieron aquel día a manos de los bandidos. Eso ocurrió varios días antes de que la Policía Militar matara a la madre de Historia. Justo después de perder a su familia, Rod Reiss intentó de repente ponerse en contacto con Historia. Esa es quizás la razón por la que la Policía buscaba a Historia.

—¿Por una cuestión de consanguinidad? —preguntó Levi desde atrás.

—¿Por esa chorrada? —me giré para mirar hacia atrás— Está claro que a Rod Reiss no le importaba Historia hasta este momento. Tiene que haber una razón detrás por la que, de repente, se acordó de ella.

—Entonces esa sangre tiene truco, ¿no?

—¿Y dónde están Eren e Historia? —intervino Mikasa.

—Dejemos esa cuestión de momento—respondió Hange—. Lo que a mí me preocupa es el hecho de que la capilla quedara totalmente destruida. Veréis. Esa capilla no era de madera. Era un edificio casi todo de piedra —la mujer levantó su mano para que la dejáramos continuar—. Ya sé que incluso los edificios de piedra se debilitan con el fuego, pero ya es casualidad que los bandidos llevaran consigo armas de asedio. ¿Por qué unos simples bandidos necesitaban destruir el edificio? Si hubiera sido realmente obra de bandidos, estos hubieran robado lo que fuera que quisieran robar y se hubieran ido. Además, el único que vio a los bandidos fue Rod Reiss. Y éste usó su fortuna para reconstruir la capilla inmediatamente después. ¿Por qué? Si aquí ya no hubiera titanes, sería igual de extraño. Aunque solo sea una conclusión precipitada, es tan sospechoso que merece la pena que vayamos allí.

—De acuerdo —sentenció Levi—. Nuestro objetivo es esa capilla.

—¡Entendido! —gritamos todos al unísono.

—Seguro que al amanecer mandarán el ejército a las tierras de los Reiss —añadió Hange—. No creo que Reiss espere hasta entonces, así que debemos darnos prisa. Puede que se coman a Eren.

Mi mirada viajó directamente a Armin. El chico había permanecido silencioso, centrado en llevar las riendas de los caballos que arrastraban el carro. No obstante, estaba convencida de que su cerebro estaba en completo funcionamiento, maquinando, buscando los nexos de unión e intentando explicar los vacíos que tenía esa historia que Hange nos acababa de contar. Si mi capitán estaba en lo cierto y deseaban comerse a Eren, ¿era así cómo se conseguían los titanes cambiantes? ¿Comiéndose los unos a los otros? Es decir, un titán se comía a un cambiante y así adquiría su poder. ¿Eso era lo que Hange quería decir? Y, de ser así, ¿cómo había adquirido entonces Eren su poder? ¿A quién demonios se había comido? Esas, seguro, eran las preguntas que estaban asaltando a Armin en ese momento. Podía leerlo en su rostro.

Nos desplazamos durante varios minutos más. A lo lejos, comenzamos a vislumbrar unas pequeñas cabañas de madera y tejado de paja de las que salía humo por una escueta chimenea. Por órdenes de Levi nos detuvimos. Aprovechamos para dar de beber a los caballos y, mientras tanto, Marlo y Hitch llamaron a la puerta de una de aquellas cabañas, a sabiendas de que aquel humo indicaba que en ellas vivía gente. Tras un par de segundos, un hombre apareció tras la puerta y los dos jóvenes conversaron con él para preguntarle hacia dónde debíamos dirigirnos para llegar hasta las tierras de los Reiss.

—¿Y qué se supone que vamos a hacer? —pregunté— No sabemos nada de esa gente, más allá de que utilizan armas que no tienen comparación a las nuestras. Su Equipo de Maniobras Tridimensionales es distinto al nuestro.

—Eso no es del todo cierto —Levi se acercó hasta el carro, al que se subió, sentándose en el borde—. Conozco a uno de sus miembros, concretamente al líder. Él me crio —todos abrimos nuestras bocas de par en par ante tal revelación—. Es Kenny 'El destripador'. Si está allí, será nuestro mayor obstáculo. Es una amenaza. Pensad que yo soy el único que está a su altura —las expresiones de Sasha y Connie se tornaron horrorizadas—. No… Con esa arma que tiene es más incordio que yo.

—Espera un momento. ¿Ese Kenny 'El destripador' no será el que nos atacó ayer? —Levi asintió ante mi pregunta. Tragué saliva. Era el mismo tipo que se había acercado a mí en Trost, el mismo que había conversado conmigo y el mismo que me había advertido que nos encontraríamos de nuevo. No sabía hasta ese momento que se trataba de esa persona, del líder de aquella brigada de la Policía Militar.

—Entonces nosotros no podremos hacer nada —gimió Sasha.

—Pues si hay que esperar a reunirnos con el ejército… —Connie chasqueó la lengua.

—Ni hablar —intervino Mikasa.

—Tienes razón —la apoyó Connie—. ¡Si esperamos a mañana quizás se hayan comido a Eren!

—Por lo que dice el capitán, diría que tiene algún punto débil.

—¿En serio, Armin? —Jean enarcó una ceja.

—Pero, si viviste con él, ¿cómo es que esa es la única información que tienes de él, Levi? —preguntó Hange.

—Lo siento. Incluso su nombre completo lo supe ayer por primera vez. Parece que se llama Kenny Ackerman. Tal vez sea pariente tuyo —Levi se giró hacia Mikasa, quien reflexionó por unos instantes.

—Según me contaron mis padres antes de morir, los Ackerman, mi familia por parte de padre, sufrieron persecuciones en la zona metropolitana. La familia de mi madre, que era oriental, al ser de raza diferente, perdió su domicilio en la ciudad. A ambos los asediaron hasta lo más recóndito de las montañas al borde del muro, donde se encontraron y se casaron. Ni siquiera mi padre sabía por qué la familia Ackerman había sufrido persecuciones. Mi padre no parecía tener una diferencia racial como mi madre.

—Tú… —Levi se acercó a ella— ¿Has experimentado alguna vez la sensación de que una fuerza se despertaba en ti?

Todos nuestros ojos se posaron sobre Mikasa. No sabíamos a qué se refería Levi exactamente con aquella pregunta, pero deseábamos conocer su respuesta.

—Sí —el rostro de Mikasa se iluminó de repente. Era como si hubiera encontrado agua en el desierto. Era evidente que la chica no había hablado de eso con nadie. Seguramente creería que había sido su imaginación, que no podía haberle pasado solo a ella. Pero, si Levi lo mencionaba, era porque conocía a más personas que habían atravesado por esa misma experiencia.

—Al parecer, Kenny Ackerman también vivió un instante así. Un día, de súbito, una fuerza que parece imposible te surge de todo el cuerpo y sabes qué es lo que debes hacer —Levi hizo una pausa—. Yo también viví ese instante.

Ninguno supimos qué decir, sobre todo porque, por mucho que intentáramos imaginarnos a qué podían estar refiriéndose ambos, no llegábamos a comprender absolutamente nada de la situación. ¿A qué instante en concreto se estaba refiriendo Levi? ¿De qué clase de fuerza hablaba? Sentía ganas de preguntar, de saber más y, sobre todo, de conocer más a Levi.

Todavía faltaban unas horas hasta que amaneciera. Marlo y Hitch regresaron con unos barriles que cargaron al carro, pero no nos atrevimos a preguntar por qué, ya que habían sido instrucciones de la propia Hange que ninguno nos atrevíamos a cuestionar.

Una vez retomamos el rumbo, según el hombre al que Marlo y Hitch habían preguntado, estábamos a alrededor de una hora de distancia de la capilla. Ese tiempo debía ser suficiente para que pudiéramos preparar un plan, especialmente porque nosotros estaríamos en desventaja. Seguramente ellos ya nos estarían esperando.

—Nuestro principal problema es que estamos en desventaja numérica —comentó Hange.

—¿Y si usamos una cortina de humo?

—¡Buena idea, Armin! —la mujer sonrió— Podemos usar las bombas de humo. Nos cubriréis vosotros. Armin con las bombas de humo y Sasha con el arco.

—Pero yo no podré ayudar—yo, que en aquella ocasión era la que llevaba las riendas de los caballos que arrastraban el carro, me giré—. Mi Equipo de Maniobras Tridimensionales está roto desde ayer.

—Es cierto —lo corroboró Sasha—. Una bala atravesó uno de los tanques de aire.

—Eso nos pone en una situación más complicada todavía...

—Entonces podría quedarse con Sasha y conmigo —sugirió Armin—. _ _ _ _ tiene buena puntería.

Fue terminar de pronunciar Armin aquella última frase y sentí una poderosa fuerza sobre mí. No me atreví siquiera a girarme porque sentía la mirada penetrante de Levi sobre mi nuca, atravesándome con sus ojos grises. Aquel tipo era un auténtico demonio. Seguro que ya sabía que había tenido que pasar algo.

—Yo podría dejarle el mío —Marlo, montado en su caballo, se puso a nuestra altura.

—¿Lo dices en serio? —Hange parecía sorprendida.

—Yo no creo que pueda ayudar mucho, pero seguro que ella sí.

—Bien —Hange devolvió su vista hacia Armin y Sasha, aunque sus palabras iban dirigidas a todos—. Como ya sabéis, este arma de la Policía Militar no utiliza armas como las nuestras. Ellos usan Equipos de Maniobras Tridimensionales Antipersonas. Es decir, están hechos para pelear contra humanos, no titanes, por lo que tienen algunas diferencias con el nuestro que, a la hora de pelear, nos pone en un compromiso. Sus equipos son más rápidos. No obstante, con la idea de Armin obtendremos un poco de ventaja. Por eso es primordial que peleemos a través del humo. Tenemos que dejarnos ver lo menos posible.

—Uno de los puntos débiles del Equipo de Maniobras Tridimensionales Antipersonas está en el hecho de que el disparador de ancla y la línea de fuego de los perdigones va en la misma dirección. O sea que, cuando el enemigo se mueve, lo que hay detrás de su cuerpo, está totalmente fuera de su alcance —explicó Armin.

—Atacaremos por detrás, entonces.

A lo lejos, la capilla de los Reiss comenzaba a vislumbrarse. Detuvimos el carro a unos metros de distancia. Marlo se quitó su equipo y me lo entregó. Tuve que ajustar bien las correas para que estuviera a mi altura y estructura corporal ideales.

—¡Listo! —avisé al resto, quienes asintieron y se pusieron en marcha. Yo caminé detrás del grupo, sintiendo el roce de las correas en mi muslo derecho. La fricción con la carne me provocaba de vez en cuando punzadas de dolor y sabía que los puntos que Sasha y Mikasa me habían dado se terminarían abriendo irremediablemente, pero tenía que aprender a sobreponerme a esa clase de molestias si quería realizar mi trabajo correctamente.

—¿Estás bien? —Levi había aminorado la marcha para ponerse a mi altura. El moreno me miraba de refilón, como si intentara analizar qué estaba pasando por mi mente— ¿Crees que podrás? No quiero qu-

—Sí, sí. Ya lo sé —le interrumpí—. No quieres que sea una carga ni que os retrase. Podría poner a todo el mundo en peligro —protesté. Siempre era lo mismo.

—No sabes lo que iba a decir, idiota —Levi frunció ligeramente el ceño. Parecía molesto. ¿Es que acaso no era exactamente eso lo que iba a decir?

—Estoy bien. Puedo hacerlo —finalicé inmediatamente aquella conversación y comencé a dar zancadas más largas para unirme al resto. Levi hizo lo mismo y abrió la boca para decirme algo de nuevo, pero no añadió nada más cuando Hange abrió la puerta de la capilla.

Se trataba de un edificio pequeño y poco ostentoso. Había unas cuatro o cinco filas de bancos y un altar de madera. Ni iconos ni velas. Nada, absolutamente nada de decoración. En las paredes solo podía verse la propia piedra de la estructura.

—Aquí está —informó Hange. La mujer había estado inspeccionando la capilla mientras el resto habíamos preparado los barriles que Marlo y Hitch habían cargado en el carro. Hange tenía una idea de para qué quería utilizarlos y aquel campesino había sido muy amable a la hora de proporcionarnos todo lo que necesitábamos—. Es una trampilla secreta. Seguro que Eren y el enemigo están ahí abajo —Levi se agachó junto a ella, portando un lámpara con la que iluminó aún más la zona del suelo sobre la que estaban—. La disposición del terreno es tal y cómo había previsto, pero...

—Deberíamos habernos parado por el camino para preparar algún regalo —Levi completó la frase por ella.

—Bien. ¡Ya está listo! —informó Armin una vez cerramos el segundo barril repleto de aceite.

—¿Y bien? —Levi se giró para mirarnos de refilón, aquellos ojos filosos carentes de emoción alguna— ¿Estáis dispuestos a ensuciaros las manos?

Guardamos silencio. Por unos segundos, su mirada se encontró con la mía. Pero no la aparté. Porque estaba más que dispuesta a hacer lo que fuera por rescatar a Eren y a Historia. Me sentía extasiada, emocionada, comprendiendo que aquella clase de emociones era la que tanto había necesitado en mi vida. Había buscado la comodidad, la seguridad para mi familia, pero arriesgar mi vida por una causa mayor se había convertido en el gran objetivo de mi vida. Y creo que, en ese instante, fue como si conectáramos, como si Levi pudiera leerme el pensamiento porque, en esos segundos en los que nuestros ojos se encontraron, sus ojos brillaron con algo que me pareció esperanza.

—Diría que sí —murmuró finalmente el capitán, posando su mano sobre la trampilla de madera.


¡Hola a todos! Cuánto tiempo, ¿no?

Espero que haya quedado claro y que más o menos esté bien narrado. Esta parte se corresponde a unos capítulos del manga en los que hay muchos saltos y ha sido complicado seleccionar lo más interesante y unir un poco las partes. El capítulo justo termina cuando va a haber algo de acción y, ojito a esto, pero en próximos capítulos pasarán cositas. Ejem ejem...

No obstante, tengo un anuncio que dar. Y es que, a partir de ahora, tardaré más todavía en actualizar. Hasta finales de junio estaré muy ocupada tanto por la mañana como por la tarde, por lo que contaré con muy poco tiempo para escribir y, no sé si lo sabéis, pero escribo más fanfics a la vez y sigo un orden a la hora de publicarlos. Sumando eso, el tiempo entre actualización y actualización aumentará. Pero, ¡ojo! No voy a abandonar ninguna de mis historias. Que no haya malas interpretaciones. Cuando llegue el verano os prometo que os compensaré con actualizaciones más rápidas :)

catherinearnshaws: Intento que poco a poco se vayan acercando, pero en los próximos capítulos habrá sorpresitas. Tengo muchas ganas de seguir avanzando con la historia. El proceso entre Levi y rayis ha sido largo (y lo seguirá siendo), pero, no sé si os dais cuenta, que a lo largo de este arco están sucediendo cosas, voy dejando pequeños detalles. Por otra parte, ay Jean y Armin... No sabes las ganas que tengo de que se estrene la segunda temporada para ver tooodos esos momentazos que habrá entre ambos. Voy a fangirlear mucho. MIS HIJOS. Los adoro demasiado xD

cassieb1ack: Bien, bien. Son acercamientos que, quizás, no parecen muy grandes, pero que, en realidad, están llenos de significado para ellos.

¡Nos leemos!