XXII
Tan pronto como aquella madrugada se consiguió detener a Rod Reiss y el pueblo señaló a Historia como su reina, el rey Fritz fue derrocado y se iniciaron los preparativos para coronar a Historia al final de aquel mismo día. Aquello suponía que todos, pero, en especial, los reclutas de la 104, debíamos despedirnos de ella, puesto que su lugar ahora estaba en Sina. Para la coronación se había movido a los principales miembros del ejército, quienes deberían ofrecer su lealtad a la nueva reina en una ceremonia que prácticamente debía ser improvisada. Cuando salí del cuartel general, en la plaza de la capital, se estaba montando una plataforma de madera en la que, a priori, se realizaría el evento. Algunas calles habían sido decoradas de banderines de colores y la gente discutía a las puertas de sus casas, bares y mercados cuáles serían los prolegómenos de un acontecimiento sin precedentes.
Me abrí paso entre la gente, tirando de las riendas de mi caballo. Muchas de las personas que me cruzaba, a las que ni siquiera conocía, me sonreían y asentían a mi paso, despertando en mí cierta sensación de orgullo. Las Tropas de Reconocimiento nunca habían gozado de buena reputación entre la gente, que consideraba que sus impuestos se malgastaban en financiar una facción del ejército que solo dejaba muertes y fracaso a su paso. No obstante, el destape de la corrupción del gobierno parecía haber comenzado a cambiar las cosas y la percepción que se tenía de la legión poco a poco se estaba volviendo más positiva.
Saludé con un gesto con la mano a los soldados que estaban apostados a una de las puertas de Sina. Una vez la atravesé, me monté en el caballo y galopé campo a través. Se esperaba que todos los que habíamos participado directamente en la misión y conocíamos a Historia estuviéramos en su coronación y, de hecho, no tenía intención de perdérmela, pero en esos momentos necesitaba comprobar algo. Levi se había quedado atrás a nuestro regreso y, desde entonces, no le había vuelto a ver. No había pisado la capital. Eso me llevó a sospechar que, seguramente juntando a un grupo de soldados, se había quedado en la zona para comprobar si había habido supervivientes a la pequeña batalla y al posterior derrumbamiento de la iglesia. ¿Por qué lo hacía? Porque Levi estaba en mi mente más tiempo del que me gustaba admitir y porque, además, estaba convencida de que la intención oculta de Levi era comprobar si Kenny Ackerman, aquel que nos había contado que le había criado, seguía vivo.
A lo lejos, comencé a vislumbrar el tremendo agujero que había dejado la iglesia al ser tragada por la tierra. Bajé de mi caballo y me acerqué hasta el mismo. No había restos de nadie, así que tiré de las riendas del animal para llevarle hasta el bosque cercano. Allí le oculté tras unos árboles y le acaricié el hocico cariñosamente, indicándole que debía esperar a que regresara. Entonces, me paseé por el borde del bosque. Teniendo en cuenta que en caso de que hubiera habido supervivientes, no deberían haber ido muy lejos, pues seguramente tendrían heridas graves.
No tardé mucho en captar a lo lejos una figura junto a un árbol. Caminé despacio hasta ella y poco a poco descubrí de quién se trataba. El hombre que se había acercado a mí en el mercado, en Trost, Kenny Ackerman, estaba sentado, con la espalda apoyada en el tronco. Cuando giré y pude verle, no pude evitar dibujar una mueca de disgusto. Parte de su rostro estaba desfigurado por una fea quemadura. Hilos de sangre caían desde su frente. Sus brazos inertes me hacían pensar que ya estaba muerto, pero, cuando me acerqué a él, comprobé que respiraba. Escuché una especie de sonido gutural y levanté la vista para mirarle a la cara. Sus ojos estaban posados sobre mí y comprendí que aquel extraño sonido había salido de su boca y pretendía ser una risa. Me incorporé y me separé de él, frunciendo ligeramente el ceño.
—Es una sorpresa que me hayas encontrado, princesa. Te daba por muerta.
Su tono burlón hizo que me hirviera la sangre. Él había matado a Nifa, Keiji y Dick, él había sido el responsable directo de su muerte. Aquel día, en el mercado, comprendí que aquellas palabras maquilladas que me había dirigido eran una amenaza. Me acerqué a él y coloqué la punta de mi bota sobre la herida supurante que tenía en abdomen. Kenny emitió un leve gruñido.
—Tú los mataste —escupí aquellas palabras—. Eran mis compañeros y tenían toda la vida por delante —apreté con la punta de mi bota en la herida. La sangre brotó de ella, manchando la punta de mi bota. Kenny se revolvió en su sitio, aunque podía notar que se estaba resistiendo al dolor por orgullo—. Te mereces morir así, tirado como un perro y sufriendo —retorcí mi pie una vez más, pero me detuve cuando escuché a Kenny reír.
—No dejas de sorprenderme —su rostro se ensombreció y posó sus ojos sobre mí, aquellos ojos que tanto había visto en otra persona. Ese tono grisáceo, esa mirada afilada… Me detuve al instante y, por unos momentos, me pareció que estaba mirando a Levi, no a aquel al que apodaban Kenny 'El destripador'—. No me des lecciones. Nos parecemos más de lo crees.
—Te equivocas —me defendí, apartando mi pie.
—¿Estás segura? —Kenny se relamió los labios— ¿A qué has venido exactamente? ¿A intentar recuperar cadáveres como el de tu amigo Wilder o a disfrutar viéndome morir lenta y dolorosamente?
Mis ojos se abrieron de par en par. Aquellas palabras fueron como un jarro de agua fría. ¿En qué clase de monstruo me estaba convirtiendo? Ni siquiera había recordado a Alphonse y él había sido mi amigo durante todos los años en los que habíamos sido reclutas. El destino nos había enfrentado, pero eso no obviaba todo el tiempo que habíamos pasado juntos y yo, en cambio, lo había olvidado por completo. Esa no era yo. Yo habría corrido a buscarle, a intentar salvarle si era necesario.
—Tranquila, no hay nada que hacer. Si no me equivoco, una amiguita tuya le atravesó el pecho con una flecha. Se quedó abajo, así que murió aplastado por las rocas. Una muerte mejor que ésta, supongo.
Permanecí en silencio, incapaz de decir nada más.
—Vaya, ¿te has quedado muda? —Kenny sonrió de medio lado— Me parecías mucho más charlatana cuando te vi en Trost por primera vez. Eras tal y cómo te había descrito Wilder —Kenny tosió, escupiendo sangre—. Una chica amable, charlatana, desinteresada, de esas que cantan con los pajaritos por las mañanas y cuya bondad y buenas maneras no puede provocarme más que arcadas. Una presa fácil, en definitiva, que solo conoce el fracaso cuando está bajo presión o, al menos, eso era lo que Wilder creía. Pero no lo fuiste. Resultaste ser una rata escurridiza que haría lo que fuera para aferrarse a la vida. Así que te felicito. Eres tan rastrera como yo.
Kenny sonrió. Sus dientes estaban amarillentos por la sangre que había comenzado a invadir su boca. Sentí repugnancia.
—Alphonse se equivocaba en muchas cosas y, lamentablemente, eso le costó la vida. Igual que a ti. Nos habéis subestimado.
—No puedo negar eso. Levi me ha superado. Quizás ya estaba viejo para esto.
—¿Quién demonios eres tú? —pregunté, apretando mis puños con tanta fuerza que sentí cómo mis uñas se clavaban en mi propia sangre— ¿Es que acaso eres su padre? —cuestioné basándome en lo mucho que los ojos de Kenny me recordaban a los de Levi, pero, en el fondo, esperaba que su respuesta fuera negativa.
—Yo nunca he estado preparado para ser padre —Kenny emitió una risa—. Yo le enseñé lo suficiente para sobrevivir.
—¿Sobrevivir a qué?
—Un momento, guapita. Por qué debería contarte esto a ti, ¿eh? Si te lo cuento, seguramente dejes de estar enamorada de él. ¿Estás segura que quieres eso? Tu corazoncito de niña mimada no lo resistiría.
—Yo no estoy enamorada de Levi —repliqué, pero mi voz falló, traicionándome.
—No te sentirás mejor mintiéndote a ti misma —Kenny sonrió de medio lado—. Aunque, de todas formas, dudo que alguien como él tenga la capacidad de corresponderte de la forma que quieres. Él no se casará contigo, no viviréis felices en una bonita casa en una colina, rodeada de flores. Esos sueños estúpidos que puedas tener con él no se cumplirán nunca.
—¿Qué te hace pensar que yo deseo esas cosas?
—Porque eres igual de estúpida que la mayoría de los borregos que habéis nacido sobre la superficie. Levi viene de un ambiente completamente distinto al tuyo, él se crio en la ciudad subterránea.
—Eso ya lo sabía —Hange ya me lo había contado, cuando me narró cómo se había unido a la legión.
—Vaya, enhorabuena —dijo con ironía—. Supongo que también sabrás que su madre, mi hermana, era una fulana cualquiera a la que encontré en descomposición sobre su propia cama en la que a sus pies, además, se encontraba un niño famélico. Un bonito regalo que me dejó Kuchel.
—¿Y él lo sabe? ¿Sabe que sois familia?
—Yo le recogí, le di de comer y le enseñé a pelear. Aprendió rápido y, cuando le vi apuñalar a un hombre que tenía cuatro veces su tamaño, supe que había creado a un monstruo y que no me necesitaba más —Kenny guardó silencio. Vi que sus ojos se desviaban de mí y se perdían a mi espalda—. Pero no tardará en conocer todo esto que te he contado —Kenny hizo un gesto con la cabeza y me giré. Levi estaba a mi espalda, como un espectro, escrutándome con la mirada.
—¿Qué crees que estás haciendo, imbécil? —me preguntó, su rostro sombrío.
—Yo…
—Mueve el culo —me cortó rápidamente. Estaba enfadado—. No tienes que estar aquí.
—Ni tú tampoco tienes por qué estar aquí —miré de reojo a Kenny, quien parecía estar disfrutando de aquello—. Es la coronación de Historia.
—En primer lugar, te recuerdo que soy tu superior y no tengo por qué darte explicaciones, bastarda. En segundo lugar, Historia notaría más tu ausencia que la mía, idiota —presioné mis labios en una fina línea. No tenía nada que replicarle, pues tenía razón—. Ahora, lárgate.
—Capitán —un joven de cabello rubio se acercó a nosotros.
—Fisher, _ _ _ _ _ te acompañará. Volved ya a Sina.
—Sí, señor —el chico dio media vuelta y se alejó de nosotros. Yo, en cambio, me detuve tras dar unos pasos y me giré para mirar a ambos de nuevo.
—Ha sido un placer —Kenny me guiñó un ojo—. Habría preferido que nos hubiéramos visto en otras circunstancias, chica. Puedes quedarte, si quieres, yo te invito. Puedes joderme de nuevo, pero preferiría que esta vez fueras más cariñosa y usaras un poco las manos, para que al menos me vaya con una sonrisa en los labios.
—¿De qué estás hablando? —Levi dio un paso hacia él, sus facciones se endurecieron al instante.
—De nada. Absolutamente de nada —respondí yo en su lugar, sintiendo ganas de vomitar ante sus repugnantes insinuaciones—. Púdrete en el infierno, Kenny 'El destripador'.
Me di la vuelta y reanudé mis pasos. En esos momentos, lo único que deseaba era regresar a Sina y poder darme un baño. A mi espalda escuché a Kenny emitir una sonora carcajada a la que le siguió un largo silencio. Cuando tomé las riendas de mi caballo, acompañada por Fisher, eché un último vistazo hacia donde se encontraban Kenny y Levi. El capitán estaba de cuclillas y parecía conversar con él. Me pregunté de qué estarían hablando y deseé poder tener la confianza suficiente con Levi como para que me lo contara.
Cuando regresé a Sina, me di un baño rápido para quitarme la suciedad adquirida en las últimas horas. Aún tenía en mi piel sangre seca y tuve que frotar para limpiar las marcas que había dejado la sangre en mi piel. Cuando salí de la bañera de madera, me inspeccioné el cuerpo con disgusto, descubriendo que lo tenía repleto de incipientes moratones que empezaban a doler. Me retorcí un poco, intentando alcanzar a ver el corte en la parte posterior de mi muslo derecho y, efectivamente, éste se había abierto. Limpié de nuevo la herida y, como fui capaz, la cosí de nuevo, poniendo con cuidado una gasa por encima. Después, me puse con gusto el uniforme limpio y añadí la gabardina oficial, esencial en los actos solemnes.
Atravesé varios pasillos de Sina hasta llegar a un enorme portón flanqueado por dos policías militares. Cuando me planté frente a la puerta, ambos me miraron invitándome a dar media vuelta.
—La reina me espera —les informé. Los dos permanecieron inmóviles varios segundos hasta que uno de ellos tocó en la madera y entreabrió ligeramente la puerta para asomar su cabeza por ella.
—Majestad, aquí hay un soldado de las Tropas de Reconocimiento que asegura que usted la espera.
Una voz se escuchó al otro lado, el chico asintió y me hizo un gesto con la mano para que me acercara. Abrió la puerta un poco más y me invitó a pasar, cerrándola inmediatamente a mi espalda.
—Estás guapísima —pronuncié con admiración. Historia estaba al otro lado de una inmensa habitación de grandes ventanales de los que colgaban cortinas de color rojo. La chica lucía un largo y amplio vestido de gasa acompañado por una capa que llevaba atada al cuello y caía por su espalda con elegancia.
—¿Dónde estabas? —aquello sonó como un reproche y sonreí conciliadora mientras me acercaba a ella.
—Tenía cosas que hacer.
—¿Cosas más importantes que ayudar a tu reina a vestirse?
—¿Es que ahora te vas a convertir en una tirana? —bromeé.
Historia hizo una especie de puchero y agachó la vista. Posé mi mano sobre su espalda y la acaricié cariñosamente.
—Vas a ser una reina estupenda.
—¿Tú crees?
—Por supuesto. No hay nadie mejor que tú para ello —me coloqué un mechón de pelo mojado tras la oreja—. ¿Qué piensas hacer ahora?
—No eres la primera que me lo pregunta —Historia suspiró, dejándose caer en un butacón de cuero marrón—. Quiero hacer algo por la gente, pero no sé si es lo que haría una reina…
—¿Qué es?
—Quiero construir un hogar para los niños huérfanos. No quiero que estén solos como lo estuve yo.
—Es una idea estupenda.
—¿Tú crees?
—¡Claro! Todos podríamos ayudarte. Ahora eres la reina y se supone que tu mayor preocupación debería ser el bienestar de tu gente. Les darás un hogar a muchos niños. Eso te convierte en alguien especial.
Historia esbozó un atisbo de sonrisa.
—¿Has ido a ver a tu familia?
—¿Por qué lo preguntas? —Historia se encogió de hombros— No, no he ido a verles —confesé.
—Deberías ir. Te echarán de menos, sobre todo tu hermano —ambas guardamos silencio—. ¿Qué vas a hacer ahora sin mí? —Historia sonrió, cambiando completamente de tema. Me percaté de aquel movimiento, pero decidí no darle importancia— ¿Quién te peinará ese cabello rebelde?
—Quizás deba cortármelo de nuevo. Llevarlo corto, como cuando era recluta.
—Ni se te ocurra. Largo te queda muy bien. Quizás Sasha pueda hacer algo con él.
—Con una coleta estará bien. No me quedan muy bien peinadas, pero será suficiente para que no me moleste el pelo en la cara.
—Eres demasiado perfeccionista —Historia rio—. Eso me recuerda una cosa —la chica se puso en pie y caminó hacia una de las paredes de la habitación, donde había un baúl que abrió—. Ven —caminé hasta ella y me asomé. Dentro había lo que me pareció ropa—. Te dije que no olvidaría nunca lo que has hecho por mí y, aunque no es suficiente, odio esa falda larga con parche que llevas. Tu ropa está ya demasiado vieja. Toda esta ropa nueva es para ti.
Alargué mi brazo y tomé la primera prenda. La tela era suave, delicada y debía costar una fortuna. Se trataba de una preciosa falda larga de color teja.
—No puedo aceptar esto.
—Pero lo harás. Es una orden.
Observé la falda una última vez mientras la doblaba con cuidado y volvía a meterla en el baúl. Cuando Historia usaba aquel tono autoritario significaba que no había réplica posible.
—Gracias, Historia. Mentiría si te dijera que no te voy a echar de menos.
—Ya lo sé.
Las dos nos fundimos en un brazo que fue interrumpido por unos toques en la puerta. Ambas nos separamos y, cuando ésta se abrió, un soldado le indicó que la ceremonia iba a empezar. Salí de la habitación, despidiéndome antes de enfilar el pasillo hacia la salida con un gesto con la mano. Fuera, miles de personas se arremolinaban en la plaza, en torno a la plataforma de madera que habían estado ultimando de preparar. Gritos de júbilo se extendían entre los allí presentes. Me reuní con Hange y Moblit, acompañados por Eren, Mikasa, Armin, Jean, Connie y Sasha. Erwin no estaba con nosotros porque, como comandante, debía presentar sus respetos y lealtad a la nueva reina. Así que solo faltaba una persona.
—¿Dónde está Levi?
—No lo sé —me respondió Moblit en confidencia—. Pensaba que el capitán estaba contigo.
—¿Conmigo? —uno hilo de voz, agudo, se escapó de mi boca, delatando el nerviosismo que sentí ante el temor de que alguien pudiera enterarse de lo que había hecho. Moblit frunció ligeramente el ceño y me miró extrañado.
—Sí. Pensé que te habría requerido para algo. No estabas en ninguna parte.
—Estaba con Historia.
Moblit asintió, completamente convencido. Tragué saliva, avergonzada por mi verdad a medias. ¿Por qué tenía que esconderle a él o a cualquiera lo que había hecho? No debía avergonzarme el haber ido en busca de Levi y, en cambio, lo hacía. Tenía ese absurdo temor a lo que pensaran los demás.
La coronación transcurrió sin ningún incidente ni nada remarcable. Tras pronunciar varios discursos institucionales, el pastor principal del culto de los muros colocó sobre la cabeza de Historia una corona dorada. Ésta se incorporó y, frente a ella, se situaron los tres comandantes de las tres facciones del ejército acompaños por Darius Zackley, jefe del ejército. Los cuatro hombres clavaron sus rodillas en el suelo y agacharon la cabeza, en señal de pleitesía. Cuando se incorporaron, se apartaron respetuosamente hacia un lado e Historia caminó hacia el frente, deteniéndose al borde de la plataforma para quedar frente al pueblo que se había congregado en la plaza de Mitrass. La muchacha hizo el saludo, al que el resto de militares, situados abajo, en las primeras filas, respondimos con orgullo. A aquel gesto, le acompañó un sonoro estruendo, gritos de la población que ensalzaban a su nueva reina, a Historia. A partir de ese momento, debería aprender muchas cosas. No había sido educada para ser soberana, pero todos teníamos la certeza, ella incluida, de que solventaría todas sus tareas sin ningún problema.
—Espera, ¿de verdad lo vas a hacer, Historia?
—¿Qué pasa? ¿No fuiste tú el que me dijo, Eren?
—Pero aquello fueron las últimas palabras o incluso el último chiste del presidente Reeves, ¿no?
Caminábamos por uno de los pasillos del edificio principal de Mitrass tras la ceremonia. La ausencia de Levi había sido notadas por todos y, en especial, por Historia. Después de la forma en la que el moreno le había tratado, la chica estaba deseando poder devolverle el golpe. Yo sabía a qué podía haberse debido su ausencia, pero preferí guardar silencio.
—Si no le guardas rencor especial, mejor déjalo —insistió Eren.
—Si no lo hago, no podré ejercer de reina.
—Bien dicho, Historia. Así se habla —Jean emitió una sonora carcajada.
Historia se detuvo inmediatamente. Todos miramos al frente y comprendimos que lo que había detenido a Historia era la propia presencia de Levi. El capitán estaba detenido frente a una de los enormes ventanales que se repartían a lo largo de todo aquel interminable pasilla. Tenía cierto aire sombrío, lo que me hizo sospechar que, tras hablar con Kenny, no se encontraba bien. No obstante, ninguno de sus soldados pareció darse cuenta y menos Historia, quien emitió un grito y se lanzó contra él, propinándole un puñetazo en el pecho.
—¡Oooohhhh! —exclamamos todos a la vez al ver que había sido capaz de pegar al propio Levi. No pude evitarlo y una leve risita se escapó entre mis labios y me vi obligada al contener una carcajada cuando, al girarme para mirar a Mikasa, que estaba situada a mi lado, sonreía divertida por la situación, mientras el resto de sus compañeros estaban escandalizados por el atrevimiento de Historia.
—¿¡Qué te parece!? —le gritó la chica— ¡Soy la reina! Si tienes alguna queja-
Historia guardó silencio. Levi había emitido una leva carcajada y todos nos quedamos paralizados, con los ojos abiertos por la sorpresa.
—Gracias, chicos —articuló con una sonrisa nostálgica que hizo que se me encogiera el corazón. Aquella era la primera vez que veíamos a Levi sonreír, pero yo esperaba que no fuera la última. Deseaba que la siguiente vez que lo hiciera fuera exclusivamente para mí y me sentí en seguida estúpida por desear algo tan banal como eso.
Poco a poco todo iría volviendo a la normalidad. La aparición de aquel titán monstruoso que había amenazado los muros nuevamente había comenzado a ser olvidada por las gentes y el recuerdo de Rod Reiss, por extensión, empezó a diluirse como la sal. Historia, que había vivido repudiada por sus padres, recordó las palabras que su hermana mayor le repetía una y otra vez. Por eso, tal y cómo me dijo, sus primeras medidas iban directamente aplicadas a la población y, en concreto, a los más débiles. Ayudó a pobres y enfermos y mandó la construcción de un orfanato para los numerosos niños que habitaban en las calles. Para acelerar el proceso de instalación, se aprovechó una vieja casa descomunal que había en Trost, en plena naturaleza. Tomando la palabra de sus compañeros, entre los que me incluyó a mí, nos obligó a ayudar en las tareas de restauración de aquel nuevo hogar.
El último día, antes de su apertura oficial, Historia se encargó de invitar a los pequeños que pasarían a habitarlo y, mientras la mayoría cargábamos cajas y colocábamos su contenido en el interior, ellos correteaban entre los campos. Sin embargo, y aún sin saber cómo, me vi arrastrada por ellos a participar en sus juegos. Terminé correteando con ellos, haciéndoles reír y riendo con ellos.
—Qué morro —protestó Jean mientras cargaba en sus brazos una pesada caja—. Al final se está librando.
—Parece que se le dan muy bien los niños —comentó Armin mientras caminaba al lado de su amigo, llevando otra caja.
—Sí. No se puede decir lo mismo de Sasha —Jean señaló con la mirada a la derecha de ambos. A unos metros de distancia, Sasha, que estaba colaborando con el traslado de las cosas, había sido asaltada por dos niños que le estaban tirando de la coleta.
—Como _ _ _ _ _ se estropee la falda nueva, se las verá conmigo —Historia caminó por su lado, pasando de largo. Ambos chicos parpadearon confusos—. Y no os quedéis ahí parados como pasmarotes. Venga, que hay mucho que hacer.
Jean soltó un bufido y Armin rodó los ojos.
—Lo que yo te diga. Desde que es reina, es mil veces peor que mi madre.
—¡Te he oído, Jean!
Tras varias horas jugando con niños pequeños, una termina exhausta. No obstante, creo que nunca me había sentido tan feliz en mi vida. Aquellos niños me observaban con admiración y agradecimiento, como si supieran que les habían abandonado, pero, aun así, yo había decidido quedarme. Dedicarles mi tiempo, mi atención y mi interés había resultado el mayor regalo que podía darles y eso, también, me hacía sentir cierta lástima.
—¿Vendrás a vernos más veces? —me preguntó una niña de unos siete años.
—Claro —sonreí—. Vendré siempre que pueda. Pero, ahora, venga —di unas palmadas para que me hicieran caso—. Todos para dentro. Ya está todo prácticamente terminado y estaréis muertos de hambre. Os espera una merienda dentro.
Los niños exclamaron de excitación y salieron corriendo hacia la casa. Les observé con cierto orgullo hasta que sentí que algo tiraba de mi falda. Aquel día llevaba puesta la falda de color teja, y que dejaba a la vista mis tobillos, que Historia me había regalado. De aquel baúl repleto de ropa saqué también una camisa blanca que me había puesto por dentro de la goma de la falda y que acompañé con unas zapatillas de color marrón. En aquella ocasión había dejado mi pelo suelto, que ya llegaba prácticamente hasta mis codos. Cuando bajé la mirada, me encontré con los grandes y redondos ojos de uno de los miembros más pequeños del orfanato. El pequeño, que no contaría con más de dos años, tendió sus brazos hacia mí. Interpreté aquel gesto como una petición para que le cogiera en brazos y, cuando lo hice, dejó caer los brazos a los lados y colocó su cabeza sobre mi hombro. El pobre estaba agotado después de correr detrás del resto de niños, mayores que él y que nunca le esperaban. Le acaricié la espalda cariñosamente mientras me mecía con los pies y, a los pocos segundos, sentí su respiración relajada.
Me adentré al orfanato y subí las escaleras hacia las habitaciones. El pequeño había caído rendido en mis brazos, así que me dispuse a acostarle en una de las cunas que se habían construido para la ocasión.
—¿Qué estás haciendo, idiota? Están todos preguntando por ti.
—Sssshhh —me giré inmediatamente. Levi, al que no había visto aparecer por la zona ninguno de los días de trabajo intenso a los que nos había sometido Historia, estaba al borde de las escaleras y me observaba con su expresión imperturbable—. Vas a despertarle —me giré levemente para que viera que llevaba un bebé en brazos. Levi, que tenía las manos metidas en el bolsillo de su pantalón, las sacó y se acercó a mí, acompañándome escaleras arriba—. ¿Dónde has estado? No te he visto. Ni siquiera estuviste en la coronación.
—Estaba ocupado.
—Ya —le miré de reojo.
Los dos entramos a uno de los cuartos y, con cuidado, dejé al pequeño en la cuna. Extendió sus bracitos hacia los lados y sonreí mientras le arropaba. Lucía angelical y pasé mi mano por su incipiente cabellera rubia.
—¿Qué? —pregunté al notar los ojos de Levi sobre mí. El capitán estaba dentro de la habitación, pero frente a la puerta, a una distancia prudente de mí y observándome con atención.
—No sabía que te gustaran los niños.
—¿A ti no?
—Son ruidosos, desobedientes, groseros y siempre están sucios.
Me eché a reír, intentando que mi carcajada no sonara demasiado fuerte para no despertar al pequeño.
—Eso es precisamente lo gracioso de ellos. Hay que enseñarles muchas cosas y, a veces, te sacan de tus casillas, pero aportan muchas cosas también, dan luz a la vida de alguien.
Levi me observó en silencio, con sus brazos cruzados.
—¿Tú quieres ser madre?
Por unos instantes, su pregunta me sorprendió. No me hablaba con el tono seco al que se dirigía a mí habitualmente, sino que me pareció que llegaba a ser incluso afable. Carraspeé un poco incómoda, pero decidí armarme de valor y confesarle lo que más deseaba.
—Me encantaría —sonreí, pero pronto mi sonrisa se transformó en una mueca de pesadumbre—. Pero no puedo.
—¿Porque eres un soldado?
—No solo eso —miré para otro lado—. Creo que sería egoísta —Levi parecía interesado, así que decidí continuar—. ¿Cómo sé que los muros siguen siendo seguros? Quiero decir, ya hicieron un agujero en ellos dos veces, sabemos que dentro de las paredes hay titanes colosales y fuera de ellos solo podemos encontrar la muerte. ¿Con qué derecho puedo traer un niño a este mundo?
—No seas tan dramática.
—No soy dramática —fruncí el ceño—. No puedo ser madre sabiendo que, cada vez que llevo a cabo una misión fuera de los muros, es muy posible que no regrese. No voy a dejar a un niño huérfano.
—Terminaría aprendiendo a vivir sin ti.
—Dices eso, pero no es cierto. Todo el mundo necesita una madre. Y por mucho que un niño aprendiera a ingeniárselas sin una, eso no debería estar en mis planes. Morir no está en los planes de ninguna madre. Ninguna quiere dejar a su hijo solo, Levi —le lancé una mirada significativa que él interpretó al instante.
—¿Qué te ha contado Kenny de mí? —entrecerró los ojos.
—No mucho —me encogí de hombros—. Solo que sí que tienes apellido. Eres un Ackerman.
—Dudo que eso haya sido lo que más te haya interesado.
—Siento mucho todo lo que tuviste que pasar.
—No necesito tu compasión.
Me sorprendí a mí misma mirando a Levi con cierta ternura, pero, sobre todo, con un sentimiento que identifiqué, como él mismo decía, como compasión. Sentía pena por él, por todos esos años de infancia que pasó en la ciudad subterránea, por todas esas técnicas que aprendió para hacer daño a los demás y que habían tenido el objetivo de buscar la aprobación de Kenny, seguramente sin haberla conseguido jamás. Sé que Levi pudo leer perfectamente a través de mí, tenía esa habilidad, aunque él siempre decía que era muy sencillo porque mi cara era como un libro abierto, que reflejaba mis emociones.
—Me debes un abrazo —dijo de repente. Parpadeé confusa y me di cuenta de que ya no estaba en la puerta, sino que estaba frente a mí.
—¿Q-Qué? —sentí mis manos sudorosas.
—¿Crees que no me di cuenta? Viniste a abrazarme y terminaste abrazando a Historia.
—Fue un accidente —dije en un hilo de voz.
—Puedes dármelo ahora si quieres —permanecí en silencio. ¿Era aquello una especie de broma? ¿Estaba intentando probar algo?— ¿Te da vergüenza? Has abrazado prácticamente a todo mi escuadrón, a Hange, hasta estado con estos niños a los que has conocido hoy y ahora te da vergüenza abrazarme a mí, cuando estamos solos.
—No tiene gracia —pronuncié con la voz temblorosa. Le fulminé con la mirada. No se iba a reír de mí, si era lo que pretendía. Sin mediar palabra, Levi se dio la vuelta caminó hacia la puerta para abandonar la habitación— Espera —di varias zancadas hacia él, sin saber muy bien qué era lo que hacía. Levi miró por encima de su hombro. Noté en sus ojos cierta frustración y amargura, pero el brillo que se había apagado por unos instantes regresó a su mirada al verme tras él—. Creo… Creo que sí quiero abrazarte —emití en un susurro, sintiendo cómo mis mejillas empezaban a arder por la vergüenza. Me sentía ridícula. Todo aquello era ridículo.
Levi permaneció inmóvil. Se giró lentamente para quedar frente a mí. Esperé a que se burlara de mí, que de repente soltara uno de los muchos insultos que profería contra mi persona, que me dijera que era una mocosa por creer que alguien como él estaría interesado en el abrazo de alguien como yo. No obstante, vi cómo separaba sus brazos ligeramente de su cuerpo, como si me invitara a pasar mis brazos alrededor de su cintura. Tragué saliva y me aproximé a él. Contuve la respiración cuando sentí su musculado cuerpo bajo la camisa y chaqueta que llevaba puestas. Cerré los ojos. Me sentía incómoda por la cercanía, pero, lentamente, y no sabiendo si fue él o fui yo, se rompió la escasa distancia que nos separaba y pude escuchar los latidos de su corazón, lentos, igual que su respiración.
Por primera vez, sentí que veía un Levi vulnerable, un Levi que pocos habían tenido la oportunidad de ver y, desde luego, ninguna de esas personas habían sido sus subordinados. En aquel instante, me pareció que Levi volvía a ser un niño, que todos esos años en la ciudad subterránea habían vuelto a él con solo reencontrarse con Kenny. Sentí ganas de protegerle, de proteger a ese niño que había sido una vez. Ascendí mi mano y enterré los dedos en su sedoso cabello negro. Sentí entonces que sus brazos se cerraban con fuerza alrededor de mi cintura, como si no quisiera dejarme escapar jamás.
—Mi madre se llamaba Kuchel —susurró en mi oído—. Era una prostituta. Su oficio nos daba de comer y nos proporcionaba una asquerosa habitación en la que dormir y, aun así, se esforzó todos los días de su vida por ocultarme la vida que llevaba, por protegerme de todos esos hombres que la buscaban y que la magullaban, dejándole repleta de moratones. Mi madre era la mejor mujer que he conocido nunca. Pero murió, en su cama, y durante semanas permaneció ahí, cadáver, mientras yo decidí esperar, sentado en un rincón llevando su ropa, a que ella se levantara algún día.
Me separé ligeramente de él. Aún con sus manos alrededor de mi cintura, le miré con horror y consternación. Me sentía abrumada por lo que me acababa de confesar. Kenny ya me había dicho la clase de vida que su hermana, la madre de Levi, había llevado. No sabía con certeza si todo lo que se contaba de la ciudad subterránea era cierto, pero me sentí profundamente indignada porque, seguramente, ahí abajo habría más niños y más personas que estaban experimentando o habían experimentado la misma vida desgraciada que Levi.
Separé mis labios, intentando decir algo, pero las palabras nunca salieron de mi boca. Es más, me percaté de que algo presionaba mis labios con una mezcla de violencia y delicadeza. Mis ojos se abrieron de par en par, sintiendo los fríos labios de Levi sobre los míos y dejé de respirar, mi corazón ametrallando mis costillas, frenético. Quise corresponderle, rendirme definitivamente en sus brazos, confesarle que, por muy odioso que me pareciera a veces, me era inevitable no estar pendiente de él, no buscarle con la mirada, no preguntarme a todas horas dónde estaría. Quise confesarle que, cada vez que posaba sus grisáceos orbes sobre mí, mi corazón prácticamente se detenía, aun cuando quería creer que aquellos sentimientos no me pertenecían, que no me sentía atraída por alguien como él. En su lugar, permanecí inmóvil, con los ojos abiertos como platos y deseando, por unos instantes, desaparecer de la faz de la tierra.
El beso seguramente no duró mucho, unos segundos. Cuando Levi separó sus labios de los míos, me soltó, dio la vuelta y se marchó de la habitación sin mediar palabra. Me sentí confundida, aturdida y, sobre todo, mareada. Porque no podía creer que el mismísimo capitán Levi, aquel al que siempre había acusado de carecer de sentimientos por no haberme esforzado en comprenderle, tenía mucho más bajo aquella coraza que se había impuesto.
Mis piernas temblaron y, ante la perspectiva de caer al suelo, me deslicé lentamente hacia el mismo, quedándome de rodillas. Lentamente, me llevé mi mano derecha a mi boca y con la yema de mis dedos rocé mis labios. Me parecieron fríos, huérfanos, y deseé una vez más haber sabido reaccionar ante lo que estaba pasando. Permanecí en suelo, en la misma posición, durante tantos minutos que perdí incluso la cuenta, cuestionándome por qué Levi me había besado y cómo, a partir de ahora, debería enfrentar mi día a día.
¡Hola a todos!
¡Ya estoy de vuelta! No es por tirarme flores, pero me encantan los tres últimos párrafos que he escrito xD ¿Qué os ha parecido? ¡Ha habido besooooo! Sé que muchas lo estabais deseando y ojo porque van a pasar más cosas entre Levi y rayis. Los dos lo merecen, ¿no? Tengo muchas ganas de que leáis el siguiente capítulo porque creo que os va a gusar de verdad, incluso estoy pensando en hacer un capítulo entero desde la perspectiva de Levi, pero ya veremos... Todo dependerá de mi inspiración.
: jajaja no eres la única persona que me ha dicho eso. Es un LevixReader, pero tendría que haber sido un MoblitxReader. ¡Mucha gente ya me han dicho que lo aman mucho en este fanfic! jajaj ¡Y más que lo vais a querer! Tengo muchitas cosas pensadas para los próximos capítulos.
cassieb1ack: Espero que el cambioen la relación de ambos haya merecido la pena y que, ante todo, sea creíble. No creo que Levi sepa muy bien cómo gestionar una relación tan íntima con una persona, así que he creído conveniente poner un momento raro e incómodo para rayis. Ya me dirás qué te ha parecido.
catherinearnshaws: Erwin va a aparecer más de lo que creéis. Seguramente ya os habréis olvidado, pero tiene pendiente una charlita con rayis y hasta ahí puedo leer. La verdad que el pasado capítulo fue algo difícil de escribir y tuve que comerme la cabeza para encajar todo bien, pero al final quedé contenta con el resultado y me alegro de que te gustara. También espero que te haya gustado el final de este capítulo y que no haya quedado muy precipitado todo...
Io-chan Ao-sama: Seré mala por no haberos dado abrazado en el pasado capítulo, ¿pero qué me dices de éste, eh? jajajaja ¡No os quejaréis! Y me parece fatal el secreto (xD) que me contaste por MP. ¡Ponte ahora mismito con SnK!
~ ¡Nos leemos!
