XXIII
El crimen de anteponer sus propios intereses y atentar contra la subsistencia de la raza humana le proporcionó al ejército la justificación para llevar una purga implacable en el antiguo régimen al que se había puesto fin en la sublevación. Los miembros de la asamblea y todos aquellos relacionados con ellos fueron despojados de sus títulos nobiliarios y enviados a campos de detención por todo el territorio. En cuanto a las clases nobles que quedaron, se estableció una diferencia en el pago de impuestos entre aquellos que habían colaborado con el ejército y aquellos que se habían opuesto.
Debido a la sublevación, además de las víctimas mortales, se habían perdido hombres competentes, figuras clave para la humanidad, pero también se habían ganado muchas cosas. Se supo que los gérmenes de la renovación tecnológica que se suponía que la Policía Militar había ido eliminando habían sido conservados en secreto por una parte de la Policía Militar Central, lo que dio lugar a una mejora de las armas. El mineral luminoso del inmenso espacio subterráneo que había en el terreno de la familia Reiss y que se decía que habían producido los titanes se usó como recurso natural que no consumía energía y se dio a los ciudadanos. También se iluminaron día y noche las zonas industriales y eso mejoró la productividad.
Además, la capacidad de endurecimiento que había obtenido Eren, no solo dio esperanzas de poder cerrar el agujero del Distrito de Shiganshina, sino que supuso el nacimiento de un arma antititanes. En el Distrito de Trost se construyó aprovechando esta habilidad una especie de guillotina que facilitaría la matanza de todos aquellos titanes que osaran atravesar la muralla. Recuerdo la emoción que sentimos, la excitación del trabajo bien hecho, cuando aquella arma golpeó la nuca de un titán de doce metros que quedó completamente noqueado. Cuando vimos las nubes de vapor que ascendían hacia el cielo, indicando que su cuerpo se desharía para siempre, los gritos de júbilo se extendieron entre los soldados. Nunca había visto a Hange tan emocionada, gritándoles a los periodistas que habían subido con nosotros a lo alto de muro que escribieran sobre lo que habían dicho y que extendieran la noticia. Si se creaban más guillotinas como esa en otros distritos, su defensa sería mucho más fácil.
—_ _ _ _—me llamó Levi. Cuando me giré, me percaté que Eren había caído de rodillas en el suelo. Se cubría su nariz con sus manos, pero de ella salía sangre abundante que tiñó enseguida su piel de un intenso color rojo.
—¡Eren! —corría hacia el castaño y me arrodillé junto a Levi. Saqué un pañuelo que le entregué para que se limpiara— Sostenlo así, pero no pongas la cabeza hacia arriba.
—¿Qué ha pasado? —mi grito había alertado también a Hange, que lucía preocupada.
—Está sangrando por la nariz —le expliqué—. Es posible que haya forzado demasiado el poder de titán.
—Últimamente ha estado haciendo experimentos de endurecimiento sin parar —continuó Levi—. Será mejor pensar que la roca que produce es limitada. Y eso incluye su cuerpo.
—Oh. Lo siento Eren —Hange parecía apenada—. Me había entusiasmado con la idea.
—No te disculpes, Hange —Eren se apartó un poco el pañuelo para poder hablar mejor—. Solo estoy un poco cansado. Hemos conseguido un arma alucinante, ¿no? Hagamos muchas más. ¡Y pensar que podremos matar titanes sin que se coman a nadie! Si logramos tapar el Muro María, iremos reduciendo el número de titanes con esto y acabaremos con todos los titanes del Muro María. Hay que darse prisa. Hay que reunir armas e ir a Shiganshina.
—Eren… —murmuré al ver la expresión del chico. Estaba decidido, pero yo no creía que fuera realmente consciente de lo que su cuerpo sufría cada vez que se esforzaba tanto. Quise añadir algo más para hacerle entrar en razón, que comprendiera mi punto de vista como médico, pero Levi puso su mano en mi hombro. Le miré sorprendida y negó levemente con la cabeza. No hizo falta que me expresara su opinión con palabras. Eren era lo suficientemente mayor como para decidir por su propia cuenta. Y ya había decidido.
Caminé al día siguiente hasta la enfermería, donde debía terminar mi parte del informe sobre las pruebas que se estaban llevando a cabo con Eren. No debía completar muchos datos, pero estos debían ser lo más exactos posible, no solo porque a Hange le gustaba repasarlos constantemente, sino porque el propio Darius Zackley había pedido una copia del mismo, ya que él también deseaba estar informado en todo momento de los progresos de dichos experimentos.
Al cabo de unos minutos, el escritorio que había en la pequeña enfermería del cuartel estaba oculto por una pila de papeles. No solo reflejaba los datos del experimento de aquel día, sino que me gustaba compararlos con los de las otras jornadas para facilitar el trabajo de mis superiores. Eso me llevaba a mí más tiempo, pero hacía las cosas más sencillas al resto y Hange y Erwin siempre me lo terminaban agradeciendo.
Levanté mi vista de los papeles cuando escuché llamar a alguien a la puerta. Invité a quien fuera que estuviera al otro lado a pasar, elevando mi tono de voz. Unos ojos castaños se asomaron tímidamente y sonreí al reconocerlos en seguida.
—¿Cómo llevas tu parte? —Moblit pasó al interior, dejando la puerta abierta, y se sentó al borde de la única cama que había en la enfermería.
—Ya está. Puedes continuar con tu parte —le tendí los papeles y los cogió, pero los dejó sobre la cama.
—¿Cómo estás?
—Bien.
Moblit entrecerró los ojos. No se creía en absoluto mi respuesta. Había estado rara los últimos días. Lo sabía, pero no lo podía evitar. El beso que Levi me había dado era lo que más tocada me había dejado después de todo lo que había pasado. ¿Pero cómo se lo iba a contar a Moblit, así, sin más? Me diría que no estaba bien y razón no le faltaría. Levi era mi superior.
—Estoy bien, de verdad —insistí—. Han pasado muchas cosas estos días y tengo mi cabeza en cientos de cosas.
—Sé que hay algo más, pero si no me lo quieres contar, tampoco voy a insistir.
Aun así, Moblit permaneció sentado, observándome con los labios apretados en una fina línea. Comencé a recoger la mesa, mirándole de reojo de vez en cuando. Moblit no me quitaba ojo de encima y aquello me estaba empezando a molestar. Terminé por detenerme, poner los brazos en jarras y enarqué una ceja, expectante.
—Vale, vale —suspiró Moblit—. No me eches esas miradas asesinas. Es que no sabía cómo abordarte.
—¿Abordarme de qué?
—¿Has hablado con tu familia?
Apreté mis labios formando una fina línea, guardando silencio durante unos instantes.
—¿Es que debería hablar con ellos por algo en particular?
—_ _ _ _ _... —me habló Moblit con resignación— Aunque me digas que estás bien te han pasado muchas cosas. Has visto morir a compañeros, alguien que creías que era tu amigo te ha intentado matar. Me dijiste que tu madre y tú estabais muy unidas. Estará preocupada.
—¿Por qué iba a estarlo? No ha recibido ningún aviso sobre mi muerte. Eso significa que estoy bien.
—Eres una cabezota —se cruzó de brazos—. Hace un montón que no hablas con ellos.
—Les mando cartas.
—Pero no es lo mismo.
Chasqué la lengua.
—¿Por qué tienes tantos reparos en ir a verles? —insistió Moblit.
—No lo sé. No me apetece. No les veo desde hace tiempo. Ni siquiera les dije en persona que me cambiaba a la legión. Desde entonces, no he pasado por casa.
No sabía por qué había temido ver tanto la reacción de mi madre cuando le dijera que había decidido unirme a las Tropas de Reconocimiento después de tantos años. No sé qué pretendía, sobre todo cuando mi madre jamás había mostrado signos de debilidad, ni siquiera cuando se quedó viuda. Quizás lo que temía era precisamente eso, que no reaccionara, que asumiera rápidamente que en cualquier momento podía perder a su única hija, como asumió que en cualquier momento podía perder a su marido.
—Eres muy rara.
—Tampoco te pases.
—En fin —Moblit suspiró—. En realidad no he venido por eso. Tengo una sorpresa para ti esta noche.
—Vaya, vaya… —sonreí con picardía— ¿Piensas hacerme una propuesta indecente? Te tomaba por un chico más formalito, Moblit. Esperaba que me invitaras al menos a cenar.
—No seas pervertida —me espetó, poniéndose colorado.
—¿No me vas a decir qué es?
—No.
—Esto…
Moblit y yo nos giramos. Bajo el quicio de la puerta estaba Armin, mirándonos con una sonrisa nerviosa. A través del rabillo del ojo me percaté cómo todo el rostro de Moblit enrojecía, incluidas sus orejas. ¿Cuánto tiempo llevaba el rubio escuchando nuestra conversación? No lo sabía, pero, seguramente, Armin la habría malinterpretado y, aunque a mí no me importara lo más mínimo lo que los demás pudieran pensar de la relación que Moblit y yo pudiéramos tener, sabía que Moblit era más discreto en eso.
—La capitán Hange me ha pedido los informes sobre los primeros experimentos que se hicieron con Eren. Quiere tenerlos a mano para compararlos con los nuevos —articuló el rubio tras aclararse la garganta.
—Yo… Yo me voy —Moblit se puso en pie. Armin se echó a un lado para dejarle pasar.
—No te olvides de nuestra cita.
—Cállate —farfulló Moblit acelerando el paso y saliendo definitivamente de la habitación.
—Me encanta sacarle de sus casillas —le dije a Armin y éste rio—. Tenemos un problema y es que no sé dónde demonios he metido esos papeles —me quedé pensativa unos instantes—. Estaba creando unas fichas para cada uno de vosotros y teneros un poco más controlados, pero no las tengo terminadas y mucho menos la de Eren.
—Eso es impresionante —parpadeó Armin sorprendido—. Es mucho trabajo si estás haciendo las fichas de todos los miembros de la legión.
—Gracias, gracias —hice una pequeña reverencia—. Hange es una loca de los titanes y yo soy una loca de los papeles, informes y fichas. Me gusta tener todo organizado, al menos en lo que a medicina se refiere.
Los dos nos pusimos manos a la obra. Miramos en los cajones, donde guardaba un montón de carpetas que había ido ordenando alfabéticamente para poder encontrar todo más rápidamente. No obstante, me percaté de que en un punto de aquella tarea de búsqueda Armin se había distraído mirando algunos libros sobre medicina que había llevado conmigo desde que había entrado en el cuerpo de reclutas.
—No sabía que te interesara la medicina —comenté. El chico levantó la vista y me sonrió avergonzado.
—No me interesa mucho, la verdad… Solo me pudo la curiosidad. Quería saber cómo eran.
—Son libros normales de medicina. Cualquiera los puede conseguir.
—Ah.
Me sorprendí. Armin parecía decepcionado por algo.
—¿No te preguntas a veces si todo lo que viene en estos libros es solo una pequeña parte de todo lo que deberíamos saber?
Entrecerré los ojos ligeramente. Armin estaba sentado sobre la cama de la pequeña enfermería y observaba por la ventana. Los rayos de sol que se filtraban a través del cristal iluminaron su redondeado rostro. Sus grandes ojos azules brillaron.
—Creo que no te entiendo —confesé.
—Mis padres tenían libros prohibidos —murmuró Armin, como si me estuviera contando un secreto. Yo abrí la boca por la sorpresa. Poseer uno de aquellos libros te podía costar la muerte y el hecho de que Armin se refiriera a ellos en pasado no me generaba buenas sensaciones—. Soñaban con ver lo que había fuera e intentaron salir de los muros. Desde entonces, viví con mi abuelo.
—Lo siento —me resultaba estúpido decir aquello, sobre todo cuando habría pasado tanto tiempo desde que Armin perdiera a sus padres.
—Yo he visto esos libros. Sueño con ver todo de lo que hablaban y, desde que éramos pequeños, he compartido con Eren ese sueño. Queremos ver el mar juntos.
—¿El mar?
—Sí —Armin se giró para mirarme—. Es una extensión enorme de agua, tan grande que nuestros ojos no alcanzarían a ver la otra orilla. Su agua es salada y tiene peces diferentes, especies tan variadas que no podemos ni imaginarlo y monstruos marinos que podrían tragarse a un hombre entero —hizo una pausa—. Ahí fuera hay montañas de hielo y ríos de fuego.
Algo en la forma en la que Armin me hablaba de todo aquello hizo que se me formara un nudo en el estómago. Al ver aquel brillo en sus ojos sentí esperanza, aunque no sabía con exactitud por qué.
—¿Y qué te hace pensar que lo que pone en esos libros es la verdad y no son las ensoñaciones de un loco?
—Podría decir lo mismo de tus libros de medicina —Armin se pasó de una mano a otra el libro que sostenía—. ¿Cómo sabemos que no se puede hacer más? ¿Cómo sabemos que no hay otras técnicas de medicina? Lo único que he podido leer por encima en este libro son pequeños detalles vagos de cómo era la medicina hace años. ¿No te gustaría saber más?
Guardé silencio. No me había hecho nunca esas preguntas y, al escucharlas salir de boca de Armin, sentí una extraña desazón en mi pecho. Era como si la realidad me hubiera golpeado en la cara, como si me hubiera abofeteado de tal manera que me sentía confusa y aturdida. Comprendí que, durante todos esos años, pensábamos lo que el gobierno deseaba que pensáramos, que creyéramos que no había nada más allá de las murallas. Armin me estaba planteando la posibilidad de que el mundo fuera mucho más extenso, tanto que nuestros ojos no alcanzarán a verlo todo. Y eso me asustaba y me emocionaba a partes iguales. Porque me hacía comprender que no éramos libres de verdad y, al mirar a Armin, sentía que con él, Eren y Mikasa mi mundo se podía ampliar.
—Lo siento —Armin se rascó la nuca incómodo—. No tenía que haber dicho todas esas cosas.
—No, No. Está bien —sonreí—. Me gusta lo que me has contado.
—¿De verdad?
Asentí.
—Es raro, pero desde que estoy en las Tropas de Reconocimiento estoy empezando a pensar de manera muy diferente. Y eso es gracias a vosotros. Ya no soy tanto un borreguito que se limita a hacer lo que le dicen. ¿Y dices que ese mar es muy grande?
—Sí. Su agua sería muy fría y tendría corrientes peligrosas.
—Qué miedo. Yo no me metería a nadar ahí.
—Yo tampoco.
Los dos reímos.
—Lo veréis algún día. Bueno, lo veremos —sonreí tímidamente, a lo que Armin asintió con entusiasmo.
—Ah. Estás aquí Armin.
Armin y yo nos giramos. Levi nos observaba desde la puerta con expresión indiferente. ¿Es que aquel era el día de las visitas? Tenía que poner algún cartel en la puerta de la enfermería para que me dejaran tranquila.
—Erwin te busca.
—¿A mí? —pregunté sorprendida— ¿Por qué?
—¿Me ves con pinta de ser adivino?
—Está bien —suspiré, cerrando uno de los cajones—. ¿Puedes seguir tú, Armin?
—Sí. Te prometo que no revolveré mucho entre los papeles.
—Gracias.
Me acerqué a la puerta. Levi y yo nos desplazamos por los pasillos del cuartel. El moreno caminaba a mi lado en silencio y yo le iba mirando de reojo de vez en cuando. Me preguntaba qué pasaría por su mente. Desde el beso, no había tenido oportunidad de verle demasiado o, al menos, no a solas. Aquella era la primera vez desde hacía días en la que solo estábamos los dos. Me resultaba frustrante que Levi actuara como si no hubiera sucedido nada, aunque yo también tuviera algo de culpa. Podía decir algo, pero me limitaba a guardar silencio y a hacer exactamente lo mismo que él, a fingir que entre él y yo no había absolutamente nada cuando, en el fondo, eso no era cierto.
Finalmente, Levi se detuvo frente a una enorme puerta de madera y me hizo un gesto con la cabeza, indicándome que pasara. Puse la mano en el pomo y la abrí lentamente, pero, antes de entrar, le miré.
—¿No entras?
—Quiere hablar contigo, no conmigo.
Tragué saliva, preguntándome por qué Erwin Smith quería verme en persona, a solas.
Su despacho era más grande de lo que me imaginaba. A los lados, las paredes estaban cubiertas por estanterías repletas de libros que se alzaban hasta el techo. A unos metros de distancia, justo frente a la puerta, había un gran escritorio de madera. Sobre él, había informes apilados a los lados. Tras él, Erwin Smith estaba sentado en un enorme butacón de color marrón, mirándome con fijeza y el codo de su único brazo apoyado en la mesa. Apenas podía percibir su rostro. Un enorme ventanal se encontraba a su espalda y, aunque parte de las cortinas lo cubrían, la intensa luz del sol se filtraba a través de los recovecos y solo vislumbraba la figura del comandante a contraluz.
—Comandante —hice el saludo militar.
—Acércate, _ _ _ _ _. Toma asiento, por favor.
Me senté en una de las dos sillas que había dispuestas frente a la mesa. Observé con curiosidad los papeles. A pesar de estar todos apilados no daba la impresión de haber desorden sobre el escritorio. Era como si Erwin los colocara de esa manera a propósito.
—¿Cómo está su brazo, comandante? —pregunté por simple cortesía, para intentar relajarme.
—Bien, gracias. Creo que sobra decirte que has hecho un gran trabajo —Erwin curvó la comisura de sus labios ligeramente hacia arriba en un gesto afable—. Levi, sobre todo, me ha puesto al corriente. Está muy impresionado. No confiaba mucho en tus posibilidades —por qué sería que eso no me sorprendía…— y ahora solo dice cosas buenas de ti —abrí los ojos de par en par, sorprendida. ¿Levi decía cosas buenas de mí?—. Enhorabuena. Has sido una adición sobresaliente para la legión.
—Gracias, señor —sonreí satisfecha.
—Pero no te he llamado aquí por eso —Erwin se echó hacia atrás y apoyó su espalda en el respaldo de la silla—. Tenemos una conversación pendiente. No sé si lo recuerdas.
Fruncí ligeramente el ceño, intentando hacer memoria. No veía a Erwin desde que le había dejado en Sina, en el hospital. Él había sido detenido y, en un par de días, las Tropas de Reconocimiento nos habíamos visto envueltas en una misión a vida o muerte. Habían pasado unos días desde entonces, pero a mí me parecían meses. Me quedaban muy lejanos en el tiempo. Así que no podía llegar a recordar con exactitud qué habíamos hablado Erwin y yo a solas en aquella habitación.
—Déjame refrescarte la memoria —Erwin abrió un cajón de su escritorio. De ahí sacó un trozo de tela verde oscuro que dejó en el escritorio, frente a mí. Yo lo observé con detenimiento. Parecía una capa de la legión, a pesar de que la tela estaba ya vieja—. He guardado esto durante mucho tiempo y creo que deberías tenerlo tú.
Extendí mis brazos hacia ella y la tomé. La capa era áspera. La cogí por los hombros y dejé que cayera. Efectivamente, tenía bordadas las alas de la libertad a la espalda. Era bastante grande, al menos a mí me lo resultaba, y, aunque parecía haber sido lavada, tenía manchas de algo que no supe adivinar exactamente de qué eran.
—Era de tu padre, _ _ _ _ _.
Sentí que mis brazos comenzaban a temblar. Estaba sosteniendo la capa que mi padre había llevado. Esas manchas serían de suciedad o, al menos, eso esperaba. Se debió notar en mi cara lo que pensaba y, por eso, Erwin volvió a hablar.
—Hubo una tormenta terrible. El barro ya estaba muy seco y, aunque ordené que la lavaran, no se han quitado todas las manchas —la dejé lentamente de nuevo sobre la mesa—. La llevé para dártela el día que fui a darte la noticia.
—Ya —dije en un hilo de voz. Mi padre era capitán de las Tropas de Reconocimiento y, cuando alguien de alto rango fallecía, lo normal era que los más allegados a él dieran la noticia a la familia.
—Durante un tiempo estuve bajo las órdenes de tu padre, aprendí mucho de él. Era un hombre muy serio. Un titán le atrapó y le destrozó el cuerpo con la mano. Cuando matamos al titán, tu padre solo agonizaba. Regresamos con su cuerpo y los restos de otros soldados, pero me pareció oportuno que tú tuvieras su capa.
—N-No… No teníamos buena relación.
—La verdad es que me sorprendió —Erwin hablaba con franqueza. Su mirada era dura, pero no resultaba incómoda—. Te seré sincero. Tu padre nunca había hablado de que tuviera hijos, aunque lo imaginaba al saber que estaba casado y porque aprovechaba nuestro escaso tiempo libre para regresar al distrito de Klorva.
—No venía a verme a mí. Venía a ver a mi hermano pequeño y a mi madre —confesé avergonzada.
—Y, sin embargo, se acordó de ti al morir.
Contuve la respiración. ¿Qué mi padre había hablado de mí antes de morir? ¿Por qué?
—Mike fue el que le rescató —prosiguió Erwin—. Yo estaba con él. Estuvimos junto a tu padre hasta que murió. Al principio solo balbuceaba por el dolor, decía cosas sin sentido, hasta que dijo 'Mi hija'. Después añadió cosas sueltas, palabras sobre un médico, un soldado y sobre alguien que valía para algo que ni Mike ni yo logramos entender. Cuando regresamos a las murallas, me ofrecí para informar a su familia y fue cuando me comunicaron que tenía una hija en el cuerpo de reclutas que no sabría nada de lo ocurrido porque había estado ayudando durante la caída de la Muralla María tratando a los heridos. Ahí fue cuando comprendí el significado de todas esas palabras sueltas que me fue diciendo tu padre. Hablaba de ti, de su hija, que eras recluta y poseías conocimientos de medicina y que eso te convertía en una persona muy válida para la legión. O, al menos, así lo interpreté.
Me sentía aturdida. Desde que tenía cinco años, mi padre no me había dirigido la palabra, salvo para lo estrictamente necesario. Si se veía obligado a hacerlo, su frialdad resultaba como una puñalada en el pecho. Pero ahora Erwin me decía que, en sus últimos momentos, en la única persona en la que había pensado era en mí. Le había dicho que tenía que unirme a las Tropas de Reconocimiento. Mi padre me consideraba una persona válida para ello y yo había creído durante toda mi vida que me veía como el eslabón más débil de la cadena.
Me rasqué la cabeza. Sentía un dolor punzante en la sien. No sabía si decir algo y, aunque tuviera que hacerlo, no sabía tampoco qué debía responder a lo que Erwin me había contado.
—Le di antes la noticia a tu madre. Parece una mujer muy fuerte. Ni siquiera pestañeó, no derramó ni una lágrima —asentí ante las palabras de Erwin. Conocía a mi madre lo suficientemente bien para saber que jamás lloraría delante de otros y menos si mi hermano o yo podíamos verla u oírla—. Pero no aceptó la capa. Me pidió que te la llevara y que te diera yo la noticia. Por eso fui a buscarte. Esperaba que, con aquel gesto, te decantaras por unirte a nosotros para continuar la labor de tu padre, pero tuvo el efecto contrario.
—Siento haber salido corriendo —agaché la cabeza. Las imágenes de aquel fatídico día se repetían una y otra vez en mi cabeza. Recordaba a Erwin hablando con nuestro instructor, mi huida, el ataque de pánico, Mara abrazándome, aquella noche sin cenar y sin dormir…
—Es normal. Cada uno tenemos formas diferentes de afrontar la pérdida. Eras joven. Lo tenías todo.
—Lloré por mi padre, con quien no tenía relación alguna, y no he derramado ni una sola lágrima por Keiji, Nifa y Dick —comenté más para mí misma que para Erwin—. Soy odiosa.
—Al contrario. Te has acostumbrado a la pérdida. Yo soy el comandante. ¿Cuánta gente crees que ha muerto a mis órdenes, _ _ _ _ _? He dejado de contarlos, ya ni siquiera me afecta —dibujé una mueca de disgusto, lo que provocó en Erwin una ligera carcajada—. Te parece horrible, ¿verdad? No creas que le he dicho esto a mucha gente. Dejarían de verme como a un líder al que seguir. Pero es el precio que hay que pagar.
—¿Por qué ha guardado su capa durante todo este tiempo? Yo fui un fracaso en mi examen, entré a las Tropas Estacionarias.
—Cuando te vi aquel día, tuve el presentimiento de que, en algún momento, terminarías cambiando de idea. O, al menos, eso esperaba.
Tomé de nuevo la capa con mis manos y suspiré con pesadumbre. Me eché hacia atrás y cerré los ojos. Aquella había sido demasiada información para que pudiera procesarla.
—Tenía demasiada fe en que eso ocurriera, comandante.
—Pero ha ocurrido —Erwin hizo una pausa—. No sé qué clase de circunstancias se dieron entre tu padre y tú. Tu padre era un hombre muy especial, tenía carácter, pero no me pareció que te odiara, _ _ _ _ _. Más bien todo lo contrario. Me dio la impresión de que se sentía orgulloso de ti.
—Ya —chasqué la lengua. Nunca había venido a verme en mi época como recluta. Es más, cuando se enteró de que quería entrar al ejército, lo único que recibí por su parte fue una mirada gélida, casi de desaprobación. Me sentía enfadada con él porque parecía que tenía que haberse estado muriendo para acordarse de que tenía una hija a la que todavía quería—. Gracias, comandante —murmuré.
—Puedes irte si lo deseas. Tendrás muchas cosas en las que reflexionar.
Asentí. Me puse en pie, sintiendo que mis piernas me temblaban. Pensé en hacer el saludo militar a modo de despedida, pero no tenía muchas fuerzas. Giré sobre mis talones y arrastré los pies hasta la salida. Cuando cerré la puerta, me apoyé en ella y cerré los ojos. Recordé el rostro de mi padre, imborrable a pesar de los años. ¿Habría cambiado mi decisión si nuestra relación hubiera sido distinta? Negué con la cabeza inconscientemente. Ahora eso daba igual. Él estaba muerto y mis decisiones me habían conducido hasta ese momento y ese lugar.
Aferré con fuerza su capa contra mi pecho y emprendí de nuevo mi marcha por el pasillo de vuelta a la enfermería. Había pasado más tiempo del que pensaba reunida con Erwin y, seguramente, Armin ya se habría marchado. Necesitaba estar sola, relajarme por unos instantes, por lo que decidí ir de vuelta a la enfermería en vez de a la habitación que compartía con otros soldados. Sin embargo, no la encontré vacía.
—¿Has hablado ya con Erwin? —Levi estaba sentado en la silla de la enfermería, de piernas y brazos cruzados. No le respondí. No tenía ganas. Me acerqué hasta un cajón y guardé la capa en él. Levi no me quitó el ojo de encima— Tenemos que hablar.
—En serio, Levi, no estoy de humor.
—He visto que Armin y tú estáis muy unidos.
Enarqué una ceja. ¿Que Armin y yo qué?
—No sé qué sucedería cuando os quedasteis solos durante el rescate de Eren e Historia, pero puedo adivinar que pasó algo. No pretendo que no te manches las manos, pero me extraña que estés tan serena.
—Escúchame bien —me masajeé la sien—. Vete. No tengo ganas de hablar. Quiero estar sola.
—¿Vas a llorar?
—No. No voy a llorar. Solo quiero estar sola.
—¿Qué era eso que te ha dado Erwin?
—¿¡Por qué demonios te importa!? No te tengo que dar explicaciones de nada. Quiero que te vayas.
—Parecía una capa de la legión. ¿Por qué la has guardado?
—¿¡Es que eres idiota!? ¡Te he dicho que te vayas! —cogí el primer libro que tenía a mano y se lo lancé. Levi ni se inmutó— ¿¡Por qué demonios te gusta tanto sacarme de mis casillas!? Primero te comportas como un imbécil, luego me besas y ahora pretendes que nada ha pasado cuando no es verdad.
—¿Es eso lo que te preocupa?
—¡No, no lo es! Pero parece que te fastidia que no lo sea. Aunque no lo creas, esta niña mimada, como tú dices, tiene otros problemas. La vida no es de color de rosa, ¿sabes?
—¿Es que pretendes ahora darme una lección sobre la vida? —se puso en pie.
—No. Pero me sentiría mejor si no estuvieras aquí. Crees que soy débil, simple y fácilmente manipulable, pero no es cierto. Soy fuerte y dura. ¿Quieres saber qué pasó? Maté a alguien. Le pegué un tiro. No dudé ni un segundo. Era él o Armin. Así que, si tuviera que volver a apretar el gatillo de nuevo, lo haría. En la cueva también maté. A dos personas. Y tampoco me arrepiento. No sentí nada.
—No hables tan a ligera, idiota.
—No hablo a la ligera. ¿Te sorprende que valore tan poco una vida humana? Sinceramente, yo también me sorprendí. Pero es así. Ni siquiera he derramado una lágrima por Keiji, Nifa y Dick. Soy una persona horrible, y extrañamente, no me siento mal por ello.
—Eso es porque ahora no lo has asimilado —Levi se acercó—. Pero lo harás. Vendrá todo de golpe. Y eso no es bueno.
—¿Y tú qué sabes? —escupí aquellas palabras— No vengas hablándome como si me conocieras, como si todo esto te importara. ¿Qué es lo que quieres en realidad? ¿Has venido a cotillear? ¿Te preocupa algo? ¿Quizás el que me vaya de la lengua y le diga a Erwin que, tú, mi superior, me besaste? ¿Qué Hange o cualquiera en la legión descubra que, en realidad, eres capaz de mantener contacto humano? —negué con la cabeza— No voy a decir nada a nadie, Levi. No soy de esas personas. Así que vete, por favor.
—No me voy a ir.
Gemí. ¿Por qué tenía que ser tan cabezota? Me estaba poniendo de los nervios. Solo quería estar sola, reflexionar en todo lo que me había dicho Erwin sobre los últimos momentos de mi padre, pero Levi seguía insistiendo una y otra vez.
De repente, Levi me tomó el rostro con ambas manos. Abrí mis ojos de par en par, consciente de lo que significaba la cercanía de su rostro con el mío. Cuando volvió a posar sus labios sobre los míos, como hacía unos días, sentí, por unos instantes, que mi cuerpo se volvía a paralizar. No obstante, poco a poco, me dejé envolver por la seguridad que su tacto me proporcionaba. Cerré mis ojos y le devolví el beso. Levi era rudo, poco delicado y hacía que fuera relativamente incómodo el hecho de tener esos momentos de cierta intimidad entre nosotros, pero conseguí revertir la situación y le sentí como mío, no como una persona ajena que se atrevía a rozar sus labios con los míos. A través de aquel beso, olvidé momentáneamente mis dudas y el pensamiento de mi padre quedó guardado en un rincón de mi mente. Sin embargo, aquello no duró eternamente. Tan pronto como mis manos acariciaron su espalda en un abrazo, Levi se separó bruscamente de mí. Nuestras miradas se encontraron durante unos segundos y percibí un brillo en sus ojos, un tipo de esperanza muy parecida a la que había visto en los de Armin.
Y, al igual que la otra ocasión, no dijo nada. Yo tampoco. Dio media vuelta y salió de la enfermería. Suspiré, revolviéndome el pelo y me dejé caer en la cama. Miré al techo y, en algún punto, en uno de mis escasos parpadeos, logré quedarme dormida. No recuerdo haber soñado nada, pero desperté con la boca seca y un sudor frío cayendo por mi frente, como si hubiera salido de una pesadilla. Me incorporé y me pasé una mano por mi pelo enredado. La enfermería estaba a oscuras, era ya de noche y, seguramente, todos estarían ya tomando la cena. Me puse en pie, estiré mis músculos y sentí mi mente más despejada, aunque tenía la impresión que todo lo que había vivido ese día, mi conversación con Erwin y el beso con Levi, había sido un sueño.
—Necesito una ducha —dije dejándome caer en uno de los bancos de madera del comedor. Tomé asiento junto a Hange. Moblit estaba sentado frente a ella.
—Pensaba que no vendrías a cenar —comentó este último mientras mojaba pan en la salsa de su estofado de verduras.
—¿Y perderme esto? Ni lo sueñes —me llevé la primera cucharada a la boca. Estaba hambrienta.
—Mañana tenemos que viajar a Sina —me informó Hange—. Erwin, Levi y yo debemos asistir a una reunión para tratar el tema de Eren y otros asuntos. La misión de recuperación de la Muralla María será aprobada en cuanto vean el informe sobre cómo ha progresado el endurecimiento de Eren. Será cuestión de horas.
—Se acabó la tranquilidad entonces —suspiré.
—Ahora empieza lo bueno —Hange rio y me dio unas palmaditas en la espalda—. Tendremos que organizarnos, pero confío en que todo salga bien. Contamos con que Reiner y Bertholdt nos estén esperando. Estamos sobradamente preparados para ello —Hange se limpió la comisura de los labios—. Por cierto, enhorabuena por el informe, chicos. No sé qué haría sin vosotros.
Estuvimos charlando durante más tiempo, ya fuera sobre el trabajo o sobre cosas más superfluas. La mayoría de las veces, Hange sacaba a Moblit de sus casillas, lo que provocaba en mí carcajadas que me aliviaban la pesada carga que sentía. Me gustaban aquellos momentos en los que solo éramos los tres porque tenía la impresión de que conectábamos y porque sentía que, en algún momento, todo eso se acabaría.
Finalmente, el comedor se empezó a vaciar. Hange fue la primera de nuestra mesa en ponerse en pie y, antes de alejarse, se detuvo para mirarnos con curiosidad.
—¿Vais a quedaros un poco más?
—Sí —bajé el tono de voz a modo de confidencia—. Moblit me tiene una sorpresa.
—Oh —los ojos de Hange se iluminaron—. ¡Eso es estupendo Moblit! —la mujer le dio unas palmadas en la espalda con más fuerza de la necesaria— Te vendrá bien relajarte de vez en cuando.
—Hange-san, no es lo que piensas.
—Lamento decirlo, pero aquí estoy de acuerdo con Moblit —reí.
—¿En serio? Pues es una pena. Me daríais una alegría. ¿Ni siquiera lo reconsideraríais? Tendríais futuro.
—Si algo sucede, serás la primera el saberlo —le guiñé un ojo.
—¡Es una promesa! —gritó Hange mientras atravesaba la puerta del comedor señalándonos con el dedo de forma acusatoria.
—¿Por qué todo el mundo piensa que hay algo entre nosotros? —Moblit suspiró.
—Bueno, no es muy normal ver a un hombre y a una mujer, sentados, por la noche, y a solas en el comedor. Pero no sé por qué te preocupa tanto.
—No es que me preocupe. Es que no me gusta ser la comidilla de todo el mundo.
Chasqué la lengua. Moblit tenía razón.
—¿Vas a decirme ya cuál es la sorpresa?
—¡Ah, sí! Es que recordé lo que hablamos hace tiempo y ahora que estamos más libres me pareció un buen momento —Moblit se agachó y colocó sobre la mesa de madera una botella.
—¿Es licor? —pregunté abriendo la boca de par en par.
—Es lo mejor que he podido conseguir, pero algo es algo.
—Qué bonito —fingí que me limpiaba una lágrima—. Ya no beberás solo.
Moblit quitó el tapón usando algo de fuerza y me tendió la botella. No disponíamos de vasos, así que bebí directamente. Con el primer trago, el alcohol quemó mi garganta y una mueca de disgusto se dibujó en mi rostro.
—Esto sabe a rayos.
—Eso es porque no bebes habitualmente —Moblit me arrebató la botella de las manos y bebió él.
—Posiblemente terminaré muy borracha. No te pases conmigo —le advertí.
—¿Por quién me tomas? No soy un pervertido.
—No me engañes. Seguro que bajo esa carita redondita y adorable se esconde un lobo hambriento —di otro sorbo. Justo entonces, Levi pasó por nuestro lado y nos dirigió una mirada de soslayo. Me atraganté y dejé la botella sobre la mesa. Moblit me miró preocupado y bebí otro trago. Levi nos había escuchado. Estaba segura de ello.
—_ _ _ _ _.
—Mmmm —le tendí la botella a Moblit, que la tomó lentamente, mientras me limpiaba la comisura de los labios con el dorso de mi mano.
—¿Vas a decirme qué pasa con el capitán Levi?
—¿Qué? No pasa nada —sonreí.
—Puedes decírmelo.
—¿Es que acaso tú sabes algo que yo no sepa?
—Te gusta, ¿verdad?
Guardé silencio. ¿Tan obvio era?
—No se te nota —habló Moblit de nuevo, como si pudiera leerme el pensamiento—. Al menos no mucho. Al principio, no, desde luego, pero tu actitud hacia él ha cambiado. Y por cómo has reaccionado ahora parece que algo ha pasado algo.
—¿Por qué piensas eso?
Moblit me dio la botella para que bebiera, como si supiera que yo necesitaba el alcohol más que él en aquel momento.
—Porque antes has dicho que te daba igual lo que pensaran los demás del tipo de relación que nosotros tengamos. De hecho, cuando Armin nos ha escuchado, has seguido bromeando. Pero, cuando ha pasado el capitán Levi, tu rostro ha sido de pánico.
—¿Desde cuándo eres tan observador? —fruncí el ceño, dando otro trago.
—Desde que me preocupo por ti.
—Nos hemos besado —le confesé de sopetón—. Bueno, para ser fiel a la verdad, ha sido él el que me ha besado.
Al principio, Moblit se mantuvo imperturbable, como si no terminara de procesar mis palabras, pero, después, abrió los ojos de par en par.
—¿¡Qué!?
—Tsssss —le dije—. Ha sido un par de veces, pero no te preocupes. No hay nada.
—No lo parece. ¡Han sido ya dos veces! —Moblit tragó saliva—. ¿Estás enamorada de él?
—N-No lo sé. Es posible —noté que me costaba empezar a pronunciar correctamente las palabras. El alcohol me estaba subiendo rápidamente.
—¿Sabes que esto es muy grave?
—No te preocupes. No va a pasar nada —me apoyé en la mesa y di otro trago—. ¿De verdad ves a Levi capaz de comprometerse con algo, a nivel sentimental, quiero decir? —Moblit me quitó la botella de las manos para beber él—. Además, es raro. No nos llevamos bien. Al menos no como tú y como yo —guardé silencio unos instantes y chaqué los dedos. Se me había ocurrido una idea estupenda—. ¡Deberíamos casarnos tú y yo!
—Vale. Se acabó el beber.
—Te lo digo en serio, Moblit. Es posible que ya esté borracha, aunque suene patético emborracharse tan rápido, pero dicen que los borrachos siempre dicen la verdad y te juro que estoy hablando en serio.
—¿Estarías dispuesta a casarte conmigo?
—Sí —asentí enérgicamente.
—Definitivamente, estás borracha.
—¿Y por qué no? Nos llevamos bien, nos entendemos. Muchas veces el matrimonio consiste en eso. Los dos trabajamos juntos, conocemos los riesgos de nuestro trabajo, los traumas, el dolor por la pérdida. Nadie va a comprender eso mejor que nosotros. Piénsatelo.
—Lo haré.
—¿Me lo prometes? Porque le prometí a tu madre que cuidaría de ti y eso voy a hacer.
—¿Eso es lo que ella te dijo al oído cuando te conoció?
—Más o menos —en realidad no solo me pidió que cuidara de él sino que, al igual que su hijo estaba dispuesto a dar su vida por los demás, que yo también estuviera dispuesta a dar mi vida por la suya. Aún no estaba muy segura de esa promesa, pero me pareció oportuno comentárselo.
—No le hagas ni caso —Moblit se rascó la nuca—. No tienes que hacerlo por eso.
—Pero es que te quiero. ¡Un montón! —extendí mis brazos a los lados, para que viera cuánto le quería, pero eso solo hizo que Moblit me mirara con resignación—. Así que lo hago porque yo también me preocupo por ti.
—Hablaremos de esto cuando estés sobria. ¿Te parece?
—De acuerdo —fui a tomar otra vez la botella, pero Moblit la apartó de mí para que no la alcanzara.
—Se acabó el beber. Es tarde y deberíamos ir a dormir. Hay cosas que hacer.
—¿Ves? Serías un marido estupendo —me puse en pie apoyando la palma de mis manos en la mesa para darme impulso a modo de ayuda.
—¿Te encuentras bien?
—Sí, sí —respondí con entusiasmo—. Puedes irte.
—Está bien. Voy a esconder la botella en la cocina.
Le hice un gesto con la mano a modo de despedida. En realidad estaba un poco mareada, pero preferí no decirle nada. Me tambaleé hasta la puerta del comedor. Recuerdo caminar por los pasillos del cuartel, incluso recuerdo el rostro de Levi, su brazo firme rodeando mi cintura y la suavidad con la que me tumbó sobre la cama de la enfermería. Pero eran imágenes más bien borrosas y, cuando desperté a la mañana siguiente, con un dolor punzante en la cabeza, supuse que toda esa última parte de la noche antes de caer rendida había sido un sueño.
Me estiré en sobre el duro colchón de la enfermería y cubrí mi rostro con ambas manos, evitando el daño que me producían los primeros rayos del sol de la mañana. Terminé por levantarme, cerrando los ojos para evitar marearme, y, cuando me serené, cerré la cortina. Caminé dando tumbos hasta el baño de la enfermería y me dispuse a darme un baño de agua fría para despejarme.
Era imposible que entonces lo supiera, pero a partir de ese momento iba a disfrutar de las últimas horas que me quedaban hasta mi muerte.
¡Hola a todos! ¡Por fin regreso con una actualización! No os podréis quejar que ha sido un capítulo muuuy largo y en el que han pasado muchas cositas :) No sé cuando podré hacer la siguiente actualización. Sigo más ocupada de lo que pretendía en un principio y, además, la semana que viene me voy cuatro días a Francia, un pequeño descansito que me merezco, que estos últimos meses no he parado. Espero que vosotros también estéis disfrutando de vuestras vacaciones.
Kurt Skellington: jajajaj Me hizo gracia que de Wattpad vinieras para acá. Lo cierto es que estoy alucinada con el efecto que ha causado este capítulo, sobre todo en Wattpad. ¡He tenido como unos 80 comentaros! Ha sido una locura. Dices que soy una mala mujer, peor más lo he sido en este capitulo muajajaja
catherinearnshaws: La pobrecilla de rayis se quedó super impactada con el beso. ¡A mí también me habría pasado! Levi, que parece siempre tan frío, que la ha tratado tan mal, permitiendo un momento tan íntimo entre ambos. Espero que quedara claro lo rara que era la situación para ella. También espero que la conversación con Erwin haya estado a la altura. Llevaba pendiente desde hacía muchísimos capítulos. Y ay Moblit... Espero que no me matéis xD
Io-chan Ao-sama: La verdad es que pasan varias cosas bastante cómicas, pero no esperaba que te hiciera tanta gracia xD Aaaahhh... ¡Gracias por decirme que toda la parte de Levi y rayis fue creíble. No sabes lo feliz que me has hecho :_) Tenía miedo de que quedara fuera del personaje o que se viera muy precipitado.
JJ. KC: Dicho y hecho. Me pediste más Moblit x rayis y aquí lo tienes. Y habrá más en próximos capítulos. Han establecido unos lazos muy fuertes. No sabría explicar qué clase de relación tienen ambos en realidad, prefiero que lo determinéis cada uno de vosotros.
Memerememe: Muchas gracias por seguir esta historia y por esperar tanto los capítulos. Al tardar un poquito en actualizar, intento que los capítulos os merezcan la pena.
Luxus1: Mil gracias por tu comentario. Me alegro de que te guste tanto esta historia.
Por cierto, os puedo adelantar que el próximo capítulo será desde la perspectiva de Levi. Algunas lo estabais pidiendo y yo lo tenía ya planeado, pero no quería deciros nada hasta llegado el momento xD
¡Nos leemos!
