XXIV
Levi la detestaba. Odiaba su forma de ser, despreocupada, y que tuviera esa facilidad para entablar una conversación. Odiaba su risa, su obsesión por replicar y cuestionar cualquiera de sus órdenes. Y, sin embargo, Levi había llegado a la conclusión de que todas aquellas características que tanto le molestaban al principio, también quería protegerlas. _ _ _ _ había matado por primera vez, había visto morir a sus compañeros y, aunque pareciera mantenerse entera, Levi había conocido muchos casos como el suyo. Todo llegaría. Y sabía que su llanto también lo haría. No le gustaba la gente que lloraba, básicamente porque nunca encontraba las palabras para reconfortarles. Y, además, tampoco quería verla llorar.
Después de estar en la enfermería con ella y haber discutido como siempre hacían, se había dirigido al despacho de Erwin de nuevo. Había entrado sin llamar y se había paseado por la habitación, ignorando la mirada de curiosidad del comandante, que le observaba moverse de un lado a otro con el codo apoyado sobre su escritorio.
—¿Hay algo de lo que quieras hablarme? —le preguntó finalmente el rubio. Le conocía el tiempo suficiente como para saber que Levi no estaba de humor, por algo que seguramente acababa de sucederle.
—¿Por qué querías hablar con _ _ _ _?
Erwin enarcó ambas cejas, sorprendido. Se echó hacia atrás y se apoyó en el respaldo de su butacón. De todas las cosas que Levi podría decirle, esa era la que menos se esperaba.
—No me mires con esa cara, cejotas —le espetó Levi, impaciente.
—Es que me sorprende.
—Soy su superior. Tengo derecho a saber qué cosas tratas con ella.
—Era un asunto personal.
—¿Qué asunto personal puedes tener tú con esa mocosa?
Erwin emitió una leve carcajada que solo hizo que aumentara el mal humor en Levi.
—¿Por qué no se lo preguntas directamente a ella?
—No me lo ha querido decir. Algún día le daré una lección por faltarme el respeto.
—Entonces es igual que él —Erwin rio.
—¿Igual que quién?
—Creo que deberíais intentar comprenderos un poco mejor. Si lo hicierais, haríais un gran equipo.
—No me vengas con tus mierdas.
—Lo digo completamente en serio —el rostro de Erwin se endureció—. Según tengo entendido, ella parece que ha intentado acercarse a ti a pesar de que vuestras personalidades choquen. Ha preguntado por ti, se ha informado sobre cómo llegaste aquí para poder así comprenderte. Pero tú sigues dudando de ella porque estuvo antes en las Tropas Estacionarias.
—Es una niña mimada. Se cree que sabe algo de lo que hacemos porque mató a un titán y ha participado en una misión con las Tropas de Reconocimiento. No voy a arrastrar a una mocosa como ella al campo de batalla, cuando vayamos a Shiganshina. Será la primera en caer.
—¿Tú crees? Es bastante hábil y sabe hacer mucho con muy poco en lo que a medicina se refiere. Yo creo que tiene bastantes ganas de vivir y que haría cualquier cosa por ello.
—¿Cómo lo sabes?
—Intuición.
—Me limpio yo el culo con tu intuición.
Erwin suspiró y se pasó la mano por su cabello rubio.
—¿Por qué no intentas conocerla, Levi? Te sorprendería saber lo que guardan algunas personas. Y _ _ _ _ es una buena chica y un excelente soldado.
Levi bufó. Quería saber por qué Erwin la había hecho llamar a su despacho, qué era aquella tela verde que parecía una capa de la legión, pero la palabrería de Erwin y su filosofía barata le habían quitado las ganas por completo. No quiso añadir nada más. Giró sobre sus talones y abandonó el despacho de su comandante sin despedirse, dando un portazo.
Para placar la frustración que sentía consigo mismo, estuvo limpiando su habitación hasta la hora de la cena, asegurándose de que no quedara ni una sola mota de polvo en ningún rincón. Después, se reunió junto a Erwin de nuevo para tomar el asqueroso estofado de verduras que les habían servido aquella noche y discutir con el comandante los últimos pormenores de la operación para recuperar la Muralla María, uniéndose poco después Hange a su conversación.
Cuando terminaron, Levi se puso en pie y se excusó, queriendo escapar de los gritos y el ruido que hacían los soldados mientras mataban el tiempo charlando o jugando a las cartas o al ajedrez antes de irse a la cama después de un largo día. Fue entonces cuando la vislumbró a lo lejos, sentada en la esquina de una de las mesas del comedor y, frente a ella, Moblit. Cuando pasó por su lado, captó por el rabillo de su ojo que estaba bebiendo de una botella, seguramente de licor.
"Seguro que bajo esa cara redondita y adorable se esconde un lobo hambriento"
Levi dibujó una mueca de disgusto que supo que la chica había captado por la expresión horrorizada en su rostro. Ahí estaba otra vez, hablando de estupideces y contagiando su tontería a otros. Y, encima, bebiendo. Como montara el espectáculo por estar borracha le iba a patear el trasero hasta que no pudiera sentarse durante un mes. De Moblit no decía nada, porque ya sabía que él aguantaba bien el alcohol, pero se suponía que la chica debía de dar ejemplo al resto de reclutas, en especial a su grupo de Operaciones Especiales. Algunos de aquellos críos parecían idolatrarla. Debía dar ejemplo.
Tras dar un paseo por las afueras del cuartel, apreciando el cielo estrellado, regresó a su habitación. El silencio se había apoderado de los pasillos y solo unos pocos rezagados regresaban a sus habitaciones. Levi suspiró mientras se sentaba de piernas cruzadas en la cama inutilizada de su habitación y se pasó la mano por el pelo antes de quitarse las botas de su uniforme. Sin embargo, se lo pensó mejor y se puso en pie, saliendo de su habitación una vez más. Se dirigió hasta la cocina, donde se preparó un té negro que saboreó con lentitud. Si por algo se caracterizaban sus noches, eran por las escasas horas de sueño de las que disponía. Cualquier cosa le resultaba mejor que cerrar los ojos y dejarse caer en un sueño profundo. Dormía en la silla de madera de su habitación, durante unas tres horas. Pero nunca le había dicho a nadie el porqué, ni siquiera a una Hange que se había vuelto completamente loca de curiosidad la primera vez que lo había visto. En realidad, tenía miedo de lo que pudiera soñar.
Se disponía a salir de la cocina cuando se encontró a Moblit entrando en ella. El chico sostenía la botella medio vacía y, al verle, sonrió con cierta vergüenza. Levi hizo un leve asentimiento con la cabeza a modo de saludo y prefirió ignorar las mejillas y las orejas coloradas por el alcohol de Moblit. Si él estaba así, ¿cómo diablos estaría _ _ _ _?
No tardó en averiguarlo. Tan pronto como enfiló uno de los pasillos del cuartel, la vio haciendo eses por el pasillo, apoyándose de vez en cuando en la pared, como si intentara mantener el equilibrio. Rodó los ojos y se acercó hasta ella, incapaz de ignorar su presencia.
—¿Qué estás haciendo, idiota?
Ella se giró hacia él, con una sonrisa bobalicona tatuada en su rostro. Al verle, sus ojos se iluminaron.
—¡Levi! —extendió los brazos hacia él y se aferró a su cuello.
—Estás borracha.
—¡Qué va! —sus piernas fallaron y Levi tuvo que pasar su mano por su cintura y sostenerla con fuerza— Bueno, quizás un poquitín —emitió una risita.
—Te llevaré a tu habitación —Levi la incorporó, sin soltar su agarre.
—Puedo sola. Siempre crees que no puedo, pero puedo.
—He dicho que te llevaré a tu habitación y te llevo. Has topado conmigo, pero otro no podría ser tan bueno como yo.
—Eso que insinúas de nuestros compañeros es muy feo, ¿sabes?
—Cierra el pico.
—¡A sus órdenes! —la chica hizo el saludo militar y, lentamente, se inclinó hacia la derecha, perdiendo el equilibrio. Levi volvió a sostenerla y ésta se dejó caer hacia él, apoyándose en él. Cuando Levi quiso emprender de nuevo la marcha, Jean les observaba desde el fondo del pasillo, inmóvil. Genial. Lo que me faltaba, pensó al ver la expresión de desconcierto en el muchacho.
—¿Qué haces despierto a estas horas?
—Lo siento, capitán. Tenía que ir al baño.
—Venga, regresa a tu habitación. Mañana tendréis la primera reunión informativa de Shiganshina. No quiero ver cómo te duermes.
—Sí, señor —el chico pasó con rapidez por su lado sin mirarles, en dirección a la habitación que compartía con el resto de sus compañeros.
—¡Buenas noches, Jean! —le gritó la chica con entusiasmo, a lo que éste sonrió.
—Buenas noches, _ _ _ _ —dijo, antes de girar la esquina y desaparecer de su vista.
Levi suspiró.
—He cambiado de opinión. No vamos a ir a tu habitación —el moreno comenzó a caminar por el pasillo—. Te voy a llevar a la enfermería. No vayamos a despertar al resto por tu culpa.
—¿Por qué eres así?
—¿Así cómo? —Levi la miró de reojo.
—Me tratas mal, pero luego eres taaaaan bueno conmigo —ella se pegó más a él y restregó su rostro por su cuello—. Hueles bien. Y eso es un problema —ella le señaló con el dedo índice de su mano derecha de forma acusatoria—. Porque me estoy enamorando de ti. ¡Qué digo! Me he enamorado de ti. Estás en todas partes, ¿sabes? Y, si no estás, necesito buscarte porque, si no, es como si me muriera —dejó caer los párpados con lentitud—. ¡No puedo enamorarme de ti!
Levi la miró. Debería mandarla callar por estar pegando voces, pero se veía incapaz. ¿La había escuchado bien? ¿Lo estaba diciendo de verdad o era producto del alcohol?
—¡No puedo enamorarme de ti porque tengo que casarme con Moblit!
—¿Qué has dicho? —Levi se detuvo.
—Va a ser un mejor marido que tú. Él me trata bien. Tú solo me haces daño.
Levi la observó con detenimiento, a pesar de que no podía ver su rostro. Tenía la cabeza agachada. Su pelo, alborotado, caía sin control cubriéndole el rostro. Levi se sentía desconcertado y, a la vez, molesto. Sin decir nada más, abrió la puerta de la enfermería y, con delicadeza, la tendió en la cama. Ella suspiró y se estiró y él le quitó las botas para que no mancharan las sábanas.
—No te vayas —gimoteó ella cuando le dio la espalda y caminó hacia la puerta. Levi miró por encima de su hombro. Tenía un ojo abierto y el otro permanecía cerrado, adormecida—. ¿Te quedarás conmigo esta noche? No quiero dormir sola.
Levi suspiró con pesadumbre y cerró la puerta. Se acercó hasta la cama y ella intentó incorporarse de nuevo, pero Levi la obligó a permanecer tumbada.
—No me voy a ir en toda la noche —se sentó en la silla y se cruzó de brazos—. Duérmete de una vez.
—Vale —sonrió, cerrando sus ojos y soltando un suspiro—. Pero si te sigues comportando así, ya no habrá vuelta atrás en lo que siento… —balbuceó, haciendo aquellas palabras prácticamente incomprensibles para él.
Le sorprendió lo poco que tardó en quedarse profundamente dormida. Su respiración era lenta y acompasada. Sus labios estaban entreabiertos y un mechón de pelo cruzaba su rostro, cubriéndole parte de los ojos. Le habría parecido adorable si no fuera porque, unos minutos después, un hilo de baba descendía por la comisura de sus labios. No obstante, una expresión de disgusto no se dibujó en su rostro, sino que sonrió, sorprendiéndose a sí mismo por la ternura con la que la observaba dormir.
Cerró los ojos y dio las primeras cabezadas de la noche sobre la silla de la enfermería. Cuando se despejó por completo, unas tres horas después, aún era de noche. _ _ _ _ _ estaba en la misma posición en la que se había dormido. Se incorporó para acercarse a ella y colocó sus dedos bajo su nariz, para asegurarse de que aún respiraba. Efectivamente, su suave respiración le hizo cosquillas en la piel y chasqueó la lengua mientras volvía a sentarse correctamente. ¿Por qué se habría empeñado en beber si estaba claro que no toleraba bien el alcohol? Suspiró. De verdad que no entendía a aquella chica.
Pero, al incorporarse ligeramente, se percató de una serie de papeles perfectamente amontonados en una de las esquinas de su escritorio. Levi tomó con delicadeza uno de ellos para comprobar que se trataban de cartas y, por el remitente, debían de estar escritas por su madre. La miró de reojo, profundamente dormida, y, con disimulo, se guardó uno de aquellos sobres en uno de los bolsillos de su chaqueta del uniforme.
Con los primeros rayos del sol, Levi se levantó. Con cuidado de no hacer ruido, se acercó hasta la puerta y abandonó la enfermería, no sin antes haberle echado una manta por encima para que no cogiera frío por las bajas temperaturas que había a primera hora de la mañana. Caminó por el pasillo hasta su habitación, donde tomó un baño rápido y se cambió de ropa, dejando su uniforme a un lado y poniéndose en aquella ocasión un pantalón de vestir de color oscuro, una camisa blanca y una chaqueta. Cuando terminó, se dirigió al comedor. Los soldados más madrugadores, incluida Hange, ya estaban tomando el desayuno. Él, como siempre, tomó una taza de té que bebió a pequeños sorbos, intentando ignorar la mirada inquisitiva de la mujer.
—¿Adónde vas? —le preguntó finalmente.
—No te interesa.
—Anda… —le suplicó— Venga, Levi, dímelo.
El moreno dejó la taza sobre la mesa de madera y miró a Hange con indiferencia.
—He dicho que no, cuatro ojos —le respondió cortante—. Dile a Erwin que después de mediodía estaré de vuelta.
Hange hizo un puchero, aferrada a la chaqueta de Levi, pero éste tiró, no cediendo a la pésima actuación de su compañera. Sin dar explicaciones a nadie, y mucho menos a los mozos que estaban en el establo, cogió uno de los caballos y lo preparó para, después, montar en él y alejarse del cuartel, sin despedirse de los soldados que le vieron partir aquella mañana.
Levi no había estado nunca antes en Klorva. Lo único que sabía era que se trataba de uno de los cuatros distritos de la Muralla Rose y que estaba situado al oeste. Pero, cuando llegó, no le pareció mucho más diferente de otros distritos en los que ya había estado. Seguramente, como Trost, a raíz de la caída de la Muralla María, su población se había empobrecido, había gente pidiendo en los bordes de las calles, pero, aun así, no se respiraba tan mal ambiente. Seguía habiendo vida en aquel lugar. Mujeres y hombres charlaban animadamente y compraban en los puestos que se extendían a lo largo y ancho de la calle principal. Varios niños corretearon a su lado, riendo y gritando.
Levi sacó la carta que había cogido la noche anterior del escritorio de _ _ _ _. Leyó la dirección y callejeó hasta que dio con una casa de dos plantas. No estaba en una de las peores zonas de Klorva, pero, desde luego, sus calles estaban mucho más limpias que las de cualquier otro lugar en el que hubiera estado. Y eso ya era decir mucho. Echó un vistazo a su alrededor y, con los nudillos de su mano derecha, tocó en la puerta de madera. Tuvo que esperar varios segundos hasta que la puerta se entreabrió y una mujer de pelo rubio recogido en un moño más bien despeinado asomó por el hueco.
—¿Puedo ayudarle en algo?
—Estaba buscando a la señora _ _ _ _. ¿Es esta su casa? —la mujer asintió a su pregunta— Me gustaría hablar con ella de su hija.
La mujer dudó unos instantes y, finalmente, abrió la puerta del todo. Era regordeta. Llevaba puesto un delantal banco repleto de manchas de grasa.
—No está aquí ahora.
— ¿Y dónde podría encontrarla?
—¡Leo! —la mujer asomó medio cuerpo— ¡Leo! —insistió, gritando con cada vez más fuerza. Levi frunció el ceño. ¿Es que eran unos salvajes? — ¡LEO WINKLER!
—¡Qué pesada! ¡Te he oído la primera vez! —un niño de no más de doce años se asomó por una de las ventanas del piso superior de la casa de al lado.
—¿Y por qué has tardado tanto, eh? —la mujer negó con la cabeza— Estos niños de hoy en día… Anda, ve a buscar a la señora _ _ _ _ _. Este hombre quiere hablar con ella de su hija.
—¿¡De _ _ _ _!? ¿¡Es que le ha pasado algo!? —el niño taladró a Levi con la mirada.
—No. Está bien. Solo quiero hablar con su madre. Eso es todo.
—¿Y qué tienes que hablar tú con ella entonces?
—¿Quieres hacer el favor de ir? —le espetó la mujer al niño antes de que Levi pudiera replicar con cualquier grosería que se le pasara por su mente.
El niño desapareció de la ventana y un par de segundos después ya estaba saliendo por la puerta de su casa y corriendo calle arriba.
—No tardará nada —la mujer sonrió—. Está al final de la calle, trabajando. Yo me ocupo de su hijo mientras tanto. Nos echamos una mano. En estos tiempos hay que ayudarse.
Levi se mantuvo imperturbable, pero le sorprendió el hecho de que _ _ _ _ tuviera un hermano pequeño. Nunca había hablado de él. Al menos cuando él había estado delante. ¿Lo sabría el resto? ¿A quiénes se lo habría contado en secreto? Seguro que Erwin lo sabía. ¿Tanto le costaba habérselo mencionado?
La mujer tenía razón. Un par de minutos después, el niño regresó corriendo acompañado de una mujer de mediana edad. Llevaba un pañuelo atado a la cabeza y sudaba, con su respiración agitada por la carrera.
—¿Ha pasado algo? —preguntó, llevándose la mano al pecho.
—Solo venía a hablar de su hija. Nada más —aclaró Levi. No llevaba ni siquiera el uniforme y, aun así, creían que iba a darles malas noticias.
—¿Y usted es? —la mujer frunció ligeramente el ceño.
—El capitán Levi. Levi Ackerman.
Las dos mujeres abrieron los ojos de par en par. El niño, en cambio, abrió la boca por la sorpresa y le miró de arriba a abajo.
—Pues vaya. Para ser el 'Hombre más fuerte de la humanidad' eres un poco retaco, ¿no?
—¡Leo! —la mujer que le abrió la puerta se acercó al niño y le dio una colleja— No seas grosero. ¡Tira para casa!
—¿¡Qué!? ¡Es la verdad!
—Tira —insistió la mujer entre dientes y, antes de entrar en la casa contigua, se giró para mirar a Levi con expresión de disculpa.
Levi prefirió mantenerse estoico, pero, si por él hubiera sido, le habría mostrado a aquel mocoso cómo debía tratar a las personas más mayores que él y a mantener cerrada esa enorme bocaza. No obstante, en cierta manera le recordó a _ _ _ _. Ella tampoco podía quedarse callada.
—Lo siento mucho. Ya sabe cómo son los niños —la madre de _ _ _ _ sonrió avergonzada—. Pase —extendió su brazo invitándole a pasar.
Cuando Levi pisó el interior de la casa, sintió una extraña sensación en su pecho. El ambiente que se respiraba era confortable, le resultaba un lugar cálido y un olor dulce provenía desde la cocina. Era un hogar de lo más acogedor.
—Pase al salón —la mujer señaló hacia su izquierda—. Iré a preparar algo de beber. ¿Qué desea?
—Un té estaría bien.
La mujer asintió y se metió en la cocina, que quedaba a la derecha. En seguida, el ruido de los cacharros inundó la estancia y Levi caminó con lentitud hasta el salón, presidido por una enorme mesa de comedor. Se sentó en una de las sillas que había alrededor de la mesa y, en un acto inconsciente, pasó su dedo índice por la superficie de madera y comprobó la yema de su dedo. Estaba limpio. No había ni una sola mota de polvo. Se cruzó de piernas y esperó pacientemente a que la mujer volviera a aparecer con unas tazas con té para ambos y unas pastas.
—Ahora mismo estoy con usted.
La mujer giró apresuradamente sobre sus talones y se metió en una habitación contigua. Levi la escuchó hablar con alguien y, después, apareció por la puerta ayudando a un joven a caminar hasta el salón. Las piernas del muchacho era raquíticas y, por la expresión de su rostro, Levi supo que no estaba bien.
—Déjeme que la ayude —Levi se incorporó rápidamente.
—Oh, no. Está bien. Estoy acostumbrada a esto.
Aun así, Levi no le hizo caso. Cogió al muchacho y prácticamente le levantó. Ignoró la mirada de admiración de la mujer y sentó al chico en un butacón que había en una de las esquinas del salón. El muchacho aplaudió y emitió una carcajada. Levi sintió un pinchazo en el estómago al ser testigo de aquello.
—Ezra, saluda al capitán Levi.
—¡_ _ _ _ quiere a Levi! —exclamó el chico, a lo que Levi enarcó ambas cejas.
—¿Qué clase de saludo es ese? —la mujer rio— Si tu hermana estuviera aquí, te habría matado.
El chico volvió a reír. Levi volvió a sentir el mismo pinchazo en su estómago. ¿Ese era su hermano? En la Ciudad Subterránea un bebé o un niño como él no habrían sobrevivido. Normalmente, a los niños así los abandonaban, terminaban convirtiéndose en cadáveres que devoraban los perros. Y, si la madre deseaba quedárselo, daba absolutamente igual. Terminaban muriendo, ya que su calidad de vida era penosa y ésta empeoraba más todavía si se vivía en la Ciudad Subterránea. ¿Cuántos años tendría él? Parecía bastante mayor. Era impresionante que hubiera aguantado tanto.
—¿Puedo saber a qué ha venido? —Levi apartó sus ojos del chico para posarlos sobre la mujer. Ésta le miraba con los labios apretados en una fina línea, seguramente sabiendo qué pasaba por su mente. Levi se sentó y removió el té— Si ha sucedido algo a mi hija, sea franco, por favor.
—No. Está perfectamente. Quizás tenga un par de cicatrices, pero nada grave, señora…
—_ _ _ _ (Nombre Madre).
—Señora _ _ _ _ (Nombre Madre) —completó Levi—. Tiene una hija muy cabezota. No sabe lo que me ha costado que me hiciera caso.
—Por qué será que no me extraña —la mujer rio—. Siento mucho si le ha dado muchos problemas. Con el doctor que le enseñó lo que sabe de medicina siempre estaba igual. Tiene el mismo genio que su padre.
"Entonces es igual que él"
Levi recordó las palabras que Erwin le había dicho el día anterior. ¿Es que él conocía a su padre?
—El padre de _ _ _ _ estuvo en las Tropas de Reconocimiento, ¿verdad?
—Así es. ¿Por qué?
—Mentiría si dijera no estoy un poco preocupado por ella. Ayer habló con el comandante Erwin Smith, regresó con una capa de la legión, o eso me pareció, y no está de muy buen humor desde entonces. Temo que eso pueda afectar a su rendimiento —le preocupaban otras cosas más que el hecho de que Erwin le hubiera entregado la capa que había pertenecido a su padre, pero no le iba a decir a su madre que lo que le preocupaba en realidad era que su hija había matado a personas y aún no era consciente de lo que había hecho.
—Así que aún la conservaba… Erwin Smith es un hombre fascinante. Vino a verme cuando mi marido falleció. Quiso entregarme su capa, pero le dije que la que de verdad la merecía era mi hija —la mujer sonrió y se echó hacia delante, apoyando ambos codos en la mesa— _ _ _ _ y su padre no tenían muy buena relación. Siempre han sido los dos muy orgullosos, pero sé que se querían con locura y que _ _ _ _ le echa mucho de menos. Me alegra que haya venido a decirme esto, capitán. Hace mucho que no la veo, solo me manda cartas.
—¿No ha venido a veros?
—No desde que se cambió de facción. ¿Puede creer que no se atrevió a decírmelo en persona? Esta chica… —negó con la cabeza— Tenía miedo de enfrentarse a mi reacción, tenía miedo de que al vernos a su hermano y a mí pudiera cambiar de idea. Le aterra la idea de morir porque cree que nos dejará solos. Pero me las apaño bien. Nos manda todo el dinero que gana en el ejército, aunque yo solo uso lo indispensable. El resto de nuestros gastos los cubro ayudando en la panadería de Maurice. Pero eso no se lo diga. Se enfadaría. Quiere que cuide de mi hijo —la mujer le guiño un ojo y Levi asintió.
Levi miró de reojo al chico. Movía las piernas una y otra vez y tenía una especie de tic que le hacía guiñar los ojos constantemente.
—Se pregunta qué le pasó, ¿verdad?
—Sí —no tenía por qué mentir.
—Ezra nació bien, pero _ _ _ _ se cayó con él en brazos cuando Ezra tenía solo unas semanas. Aplastó a su propio hermano, que se golpeó la cabeza con los adoquines de la calle —Levi tragó saliva. ¿Cuántos años tendría _ cuando eso sucedió?— _ _ _ _ tenía cinco años —añadió la mujer como si pudiera leer su mente—. Era muy pequeña, pero su padre la odió mucho tiempo por ello. El día en que aquello sucedió creí que mi marido iba a matar a nuestra propia hija. Tuve que intervenir. Por eso _ _ _ _ decidió estudiar medicina. Ha estado buscando la forma de curarle. Pero no hay cura. No me hace falta ser médico para saberlo. Y ella en el fondo también lo sabe. Así que no deja de atormentarse por lo mismo una y otra vez.
—Fue un accidente.
—Lo sé. Pero ella se siente culpable. Cree que debe redimirse por lo que hizo, pero me parece que ya lo ha hecho con creces. Nos ha entregado toda su infancia, toda su adolescencia y parte de su juventud. Quiero que sea libre. Por eso estoy trabajando, para no tener que usar su dinero. Quiero que ella disponga de su propio sueldo como soldado, se lo ha ganado. Que lo use algún día para establecerse, para casarse si lo desea.
Levi apretó sus labios formando una fina línea. Aquella era la segunda vez que escuchaba la palabra matrimonio relacionarse con _ _ _ _ en menos de veinticuatro horas. ¿Es que entonces era verdad lo que ella le había dicho por la noche? Pensaba que aquello había sido producto del alcohol, pero, quizás, su madre estuviera al tanto de ello.
—_ _ _ _ ha perdido a sus amigos a raíz de su decisión —prosiguió su madre—. Cambiar a las Tropas de Reconocimiento no es algo que le guste a todo el mundo, así que creo que no puede imaginar lo feliz que me hace ver que ahora tiene nuevos amigos que se preocupan por ella —la mujer hizo una pausa y Levi enarcó ambas cejas. ¿Es que se refería a él?—. La reina estuvo aquí.
—¿Historia Reiss vino a verla? —ahora sí que estaba sorprendido de verdad.
—Fue todo un honor. Mi hija, amiga de la reina. No es algo que le suceda a todo el mundo.
—¿Puedo saber que tenía que hacer Historia Reiss aquí?
—Por supuesto —la mujer sonrió—. Vino para hablar conmigo y ofrecerme un lugar en Sina, junto a ella. Quería compensar a mi hija por lo bien que la había tratado durante estas semanas. Mi hija le contó la situación de su hermano, su sueño de infancia de convertirse en policía militar y proporcionarnos a mi hijo y a mí un lugar seguro en Sina.
—Y le dijo que no…
—Así es. Le agradecí que se preocupara por nosotros, pero nuestro sitio está aquí. Aunque imagino que no se lo habrá contado aún, sino mi hija no habría tardado ni un segundo en presentarse aquí para ponerme verde por haber rechazado la propuesta de la reina. Debió de ser cosa de su majestad.
Levi dio un último sorbo al té y dejó la taza cuidadosamente sobre la mesa de madera. El moreno se puso en pie y decidió que era hora de regresar al cuartel. Todavía había que organizar muchas cosas de cara a Shiganshina y quería estar allí, durante los preparativos, supervisando y asegurándose de comprender perfectamente la misión que debían llevar a cabo.
—Debería irme. No quiero molestarla más.
—No se preocupe. Su presencia nunca sería una molestia, capitán. Le agradezco su visita —se giró para mirar a su hijo—. Ezra, despídete del capitán Levi.
El muchacho le miró, sonrió y movió su mano de forma efusiva, a lo que Levi asintió levemente a modo de respuesta. No se había fijado hasta el momento, pero sus manos eran huesudas, sus brazos finos y lucía un tono de piel amarillento.
—No le comente nada de esto a _ _ _ _ —Levi miró de reojo a la mujer. Lucía preocupada—. Ezra ha empeorado en las últimas semanas. Según el doctor, ya es un milagro que haya vivido diecinueve años.
—¿Va a morir?
—No lo sé. Pero ojalá lo hiciera… —agachó la mirada— Tiene que pensar que soy una madre horrible.
—No pienso nada de usted. He visto y oído cosas peores.
La mujer levantó la vista para mirarle de nuevo. Levi no apartó sus ojos de ella. Ella vio en ellos cansancio, tristeza, melancolía. Pero no se atrevió a preguntar y, aunque lo hubiera hecho, dudaba que Levi Ackerman le contara la verdad.
La madre de _ _ _ _ le acompañó hasta la puerta. Levi fijó sus ojos en ella, sin saber muy bien cómo despedirse, pero fue finalmente la mujer la que abrió la puerta y le invitó a salir, como si supiera la incomodidad que el moreno sentía.
—Sé que no estoy en posición de pedirle favores, pero me gustaría que ayudara a mi hija a tragarse su orgullo de vez en cuando —Levi la miró sorprendido—. Sé que no soy nadie para meterme en sus relaciones, pero pídale que regresa al cuartel de Klorva, que hable con sus amigos Elric y Mara antes de ir a Shiganshina. Es importante que lo haga. A usted le hará más caso que a mí.
—No creo que-
—Habla mucho de usted en las cartas que me manda, ¿sabe? No son todo cosas buenas —la mujer emitió una risita—, pero creo que son esa clase de cosas que se dicen cuando alguien te importa de verdad.
—¿Y se puede saber qué dice de mí?
—Es mi hija. Tendré también que guardar sus secretos. No se lo voy a contar todo de ella. Sería más aburrido, ¿no cree? —le guiñó un ojo.
Levi curvó la comisura de sus labios en una sonrisa. Aquella mujer era una persona de lo más curioso.
—Gracias por venir —le dijo por último antes de que Levi enfilara de nuevo la calle para regresar a Trost—. Es usted un hombre de lo más interesante, capitán Levi.
Aquellas palabras, dichas por la madre de _ _ _ _ aquel día, no las entendería hasta mucho más tarde. Aquel misterio con el que parecía hablarle, como si le contara una verdad a medias, la manera en la que le invitaba a seguir descubriendo cosas de su hija. No tenía muy claro a qué había venido todo aquello, pero había surtido efecto y, por primera vez, se sentía ansioso por ver a _ _ _ _. Tenía que hablar con ella. Necesitaba hablar con ella.
No lo admitiría en voz alta, pero Erwin tenía razón. Tenía que haber intentado comprenderla un poco mejor desde el principio. Ambos se habrían evitado muchos malentendidos. Pero, al igual que ella había hecho con él, él también la había juzgado sin conocerla. _ _ _ _ se veía como una chica más delicada, procedente de una buena familia aunque no fuera adinerada, pero tenía sus propios motivos para pelear, igual que todo el mundo. No lo hacía por la gloria, como él había creído al principio, por darse esos aires de grandeza que algunos creían que obtendrían por entrar a las Tropas de Reconocimiento. Lo hacía por proteger a su familia, para darles una vida mejor.
Cuando llegó al cuartel, los soldados de las Tropas de Reconocimiento ya estaban reunidos. Les estaban explicando el plan de su regreso a Shiganshina y cómo funcionaba la nueva mejora que se había aplicado en los Equipos de Maniobras Tridimensionales. Esperaban encontrarse allí con Reiner y Bertholdt y por fin habían encontrado una forma de acabar con el endurecimiento del Titán Acorazado.
Levi esperó pacientemente a que terminaran. Apoyado en la pared, se cruzó de brazos y cerró los ojos. Cada vez que lo hacía, veía a _ _ _ _ en aquel tejado, peleando con aquel soldado de la Policía Militar. La veía caer desde aquella altura una y otra vez, golpeándose la cabeza contra el filo de las tejas. A veces se preguntaba qué hubiera sucedido si, en ese momento, él no hubiera logrado escapar de Kenny o hubiera tardado un solo segundo en salir del bar. Estaría muerta, probablemente. O habría sido capturada, aunque, en ese supuesto, no llegaba a comprender del todo por qué habrían querido capturarla. Quizás para intentar sonsacarle información. Conocía a Kenny lo suficiente como para saber que, seguramente, les habría estado observando y habría determinado que ella era el miembro más débil. Eso es lo que él también habría hecho. Sin embargo, los dos habían estado equivocados. Ella peleaba por sobrevivir.
Las voces que provenían del interior de la sala le indicaron que la charla debía de haber terminado ya. Unos segundos después, la puerta se abrió y los primeros soldados comenzaron a salir, comentando todo lo que les habían contado. Pocos repararon en su presencia, pero, los que lo hicieron, le saludaron con un gesto de cabeza que él les devolvió con aparente desinterés. _ _ _ _ fue de las últimas en salir. Iba acompañada de unos jovencitos que escuchaban con atención todo lo que ella les decía. Levi se cuestionó si era buena idea acercarse a ella en ese momento, pero al ver que Jean estaba con ellos, decidió que no era tan mala idea.
—_ _ _ _ —la llamó. Todos los del grupo se detuvieron y se giraron.
—Capitán Levi —le saludó Jean, siendo imitado en seguida por el resto de soldados a los que juraba que no había visto nunca. Levi les hizo un gesto de vuelta.
—¿Podemos hablar en privado?
—Claro —ella frunció ligeramente el ceño, extrañada—. Lo siento chicos, tendrá que ser en otro momento. Jean, ¿llevas tú a Floch y compañía al comedor?
—Sí, claro —el chico asintió y, antes de perderse por el pasillo del cuartel, echó un último vistazo lleno de curiosidad a ambos.
—¿Es que tienes un imán para los mocosos?
—Son antiguos miembros de las Tropas Estacionarias. Se han cambiado de facción para ayudarnos en la misión a Shiganshina. A algunos de ellos ya los conocía —se cruzó de brazos—. ¿Y bien?
—Preferiría que fuera en un sitio más privado —Levi la agarró del brazo y tiró de ella hasta la enfermería. Una vez dentro, cerró la puerta.
—Me asustas. ¿Ha pasado algo?
—No fue tu culpa. Fue un accidente.
—¿De qué demonios hablas?
—De tu hermano.
_ _ _ _ guardó silencio. Levi esperó pacientemente unos segundos, pero el tiempo comenzó a estirarse demasiado.
—¿Qué has dicho?
—Creo que me has escuchado perfectamente. Lo que le sucedió a tu hermano fue un accidente, así que deja de preocuparte por eso.
—¿De qué vas? ¿Cómo sabes tú eso?
—Me lo dijo tu madre. La he visitado esta mañana.
—¿¡Qué!?
—Pareces enfadada.
—¡Claro que lo estoy! ¿¡Pero quién te has creído que eres para inmiscuirte en mis asuntos!?
—Tú no me lo querías contar.
—Y decidiste tomar medidas al respecto, ¿no? —gruñó y se pasó una mano por el pelo— ¿Es que siempre tienes que tener tú la última palabra?
—Ahora estamos empatados.
—¿Es que te parece acaso un juego? ¿Te estás escuchando lo ridículo que suenas?
—Tú sabías muchas cosas de mí. Yo no sabía nada de ti —replicó Levi con simpleza.
—¿Es que… Es que quieres saber cosas de mí?
Levi no respondió. ¿De verdad quería saber más cosas sobre ella? No lo tenía muy claro. Suponía que el ser compañeros implicaba también otras cosas.
—¿Cuánto te ha contado mi madre de mí?
—El accidente con tu hermano, que se te cayó y que por eso estudiaste medicina, tu sueño de entrar a la Policía Militar para proporcionarles un hogar en Sina, que les envías todo el dinero que ganas y que esa capa que te entregó Erwin era de tu padre, un capitán de las Tropas de Reconocimiento. Me ha dicho que te pareces mucho a él, que crees que él te odiaba por lo que pasó con tu hermano, pero me dijo que eso no es cierto. El problema es que él siempre fue muy orgulloso. Igual que tú.
—Mi padre me dejó muy claro que yo ya no existía para él. Tuve que aguantar sus miradas de desaprobación durante todos esos años. No sabes lo que es eso. ¡Yo quería ser como él! —se mordió el labio.
—Y ahora estás en la legión.
—Quería que él lo viera. Quería demostrarle que estaba equivocado, que se equivocaba en odiarme, que yo era una persona válida.
—Buscabas su aprobación. Lo entiendo. Pero tu padre está muerto, _ _ _ _. Tienes que seguir. Tienes a tu hermano y a tu madre. Deja de ser tan orgullosa y ve a verles. Te vendrá bien antes de Shiganshina. Ve a ver a Elric y a Mara.
—¿También te ha hablado de ellos? —rodó los ojos.
—No mucho. Solo me ha dicho que deberías hablar con ellos. Y yo también lo creo. Te vendrá bien.
—¿Crees que debería ir a verlos a todos porque puede ser la última vez que me vean? —apretó sus puños con fuerza.
—Es posible. No te voy a mentir. Quizás no regrese nadie.
Prefería ser sincero, por mucho que doliera. La misión para recuperar la Muralla María implicaba muchos riesgos. Se encontrarían con muchos titanes y la gran mayoría no regresaría con vida de aquel viaje, sobre todo si tenían en cuenta la cantidad de cosas que podían salir mal. Levi creía que, por mucho que hubiera pensado en todos los escenarios posibles, desde el más positivo al más pesimista, lo que sucedería cuando llegaran allí no habría entrado en sus planes.
_ _ _ _ suspiró con pesadumbre y dejó caer su cabeza contra él, apoyándose en su cuerpo. Levi bajó la mirada, pero lo único que podría ver era su coronilla hasta que ella decidió levantar la vista de nuevo. Sus ojos brillaron y posó con brevedad sus labios sobre los suyos, casi como una caricia. Levi no se inmutó ante el repentino gesto de la chica. A continuación, _ _ _ _ apoyó sus manos en su pecho y enterró su rostro en su cuello, acariciándole con la punta de la nariz. Levi cerró los ojos, dejando que ella le besara en el cuello, en el mentón, en las mejillas, en la comisura de sus labios. Sintió escalofríos cada vez que ella rozaba con sus labios su piel, casi como si le susurrara un secreto.
El recorrido que siguieron los labios de _ _ _ _ la llevó hasta su boca. Sintió el roce en sus labios varias veces, como si ella dudara, hasta que, finalmente, le besó con delicadeza. Levi se sorprendió devolviéndole aquel beso. Era lento, suave. Ella ascendió sus manos por su cuerpo, rozando con la yema de sus dedos hasta su cuello, donde se detuvo. Levi inclinó ligeramente el cuerpo hacia delante, presionando ligeramente su cuerpo contra el de ella. Sintió una sensación extraña. Una especie de ansiedad e inquietud que no sabía qué significaba. Se sentía nervioso e impaciente. La punta de su lengua rozaba la de _ _ _ _. Y, entonces, sintió un hormigueo desconocido en su bajo vientre. Abrió los ojos de par en par y, con más violencia de la que en realidad pretendía, se separó de ella. Sentía los labios hinchados y, seguramente, los tendría igual de colorados que los de ella. _ _ _ _ lucía entre confundida, seguramente por su gesto, y avergonzada por su atrevimiento.
—No vuelvas a hacer eso —la voz de Levi sonó ronca, más de lo que él esperaba incluso—. Esto no ha pasado ni va a volver a pasar. No quiero que te acerques más a mí si no es por cuestiones de trabajo.
Ella no le dijo nada. Era mejor así. Levi giró sobre sus talones y abandonó la enfermería cerrando la puerta a su espalda con un sonido seco. Caminó por el pasillo sin mirar atrás. En el camino se encontró con una Hange que le miró extrañada y le preguntó si le pasaba algo, pero él se metió en su habitación sin decirle nada. Ni siquiera le farfulló que se metiera en sus asuntos, como siempre hacía, lo que dejó a la mujer aún más desconcertada.
¡Hola, hola! ¡Mes nuevo y capítulo nuevo (tanto de fanfic como de manga. Spoilers are coming! Ay... No se yo qué os habrá parecido este capítulo. Hay cosas que no me terminan de convencer, lo veo un poco moñas para mi gusto (no sé si me entendéis xD).
Qué revuelo causó esa frase final del anterior capítulo. Llamadme mala si queréis, pero os juro que me partí de risa, tanto leyendo los comentarios que me dejáis aquí como los de Wattpad. Ha sido una locura. Yo no os puedo decir si era literal o figurada aquella frase, solo os pido que tengáis paciencia. Quedan muchos capítulos todavía, aunque en todos esos capítulos transcurrirá un periodo de tiempo muuuuy corto. ¡El arco de El retorno a Shiganshina ya está aquí!
memerememe: ¡Gracias! Me alegro de que te guste esta historia. En cuanto a lo de rayis, mis labios están sellados cD
cassieb1ack: Te morías de ganas por leer el punto de vista de Levi y espero haber estado a la altura de tus expectativas :)
catherinearnshaws: Me hace mucha gracia como a tooodos mis lectores les gusta tanto Moblit en esta historia. Yo es que, según es en el manga, con esa carita tan redondita, me parece adorable y quería reflejar eso mismo en esta historia. Como habrás leído, Levi y rayis parecen dar un paso hacia delante y luego otro hacia atrás, aunque, desde el inicio, han hecho progresos en su relación. No obstante, aún no está todo dicho. Como bien me dijiste en tu anterior review, con Moblit quedan cosas por hablar. ¿Podrán aclararlo todo a tiempo?
Io-chan Ao-sama: Moblit best husband ever jajajaja Lo he dicho en la respuesta de arriba, así es como me imagino a un Moblit no tan estresado con Hanji. En cuanto al final del fic, puedo asegurarte que queda muuucho todavía. Ahora viene un arco muuuy bueno en el manga. Son bastantes capítulos, aunque solo transcurre un día en total. Fíjate si pasarán cosas xD
Rosand: En primer lugar te doy la bienvenida jaja No puedes hacerte una idea de si esto ha supuesto un reto para mí. Qué complicado es Levi... u.u Espero que haya quedado IC en la medida de lo posible. Hasta la fecha he intentado que así fuera, pero a medida que va intimando con rayis temo patinar. Tengo en mi cabeza ideas muy claras de cómo podría ser Levi en una relación amorosa, pero quizás no sean las mismas que las vuestras.
¡Nos leemos!
