XXVI

—Oye, aquí habrá heridos.

—¿Quién ha dicho que les diéramos carne? —preguntó Hange con la boca llena de comida.

—Lo siento. No ha sido buena idea gastarse el presupuesto de dos meses en comida.

Como no, Eren, Sasha y compañía estaban formando escándalo. Al parecer, Sasha había perdido el control al ver tanta comida y por mucho que Connie y Jean hubieran intentado retenerla, era imposible. Si ya de por sí los soldados estaban más ruidosos que de costumbre, disfrutando del festín previo a una misión tan importante como la que acontecía, las voces de los reclutas de la 104 sonaban por encima de todos.

Observé con cautela a Eren. Me resultaba sorprendente lo tranquilo que parecía después de todo lo que había sucedido en los últimos días. No solo habíamos realizado experimentos con él para probar su recién adquirido endurecimiento, sino que había descubierto muchas cosas sobre sí mismo. Comerte a tu padre habría resultado una experiencia traumática para cualquiera, pero el chico se estaba manteniendo bastante entero. Por otra parte, la teoría que barajaba Hange de que el padre de Eren pudiera provenir de fuera de los muros tras la conversación que habían mantenido con Keith Shadis, anterior comandante de la legión y ahora instructor, no dejaba de ser inquietante. ¿Es que eso significaba que había personas viviendo fuera de los muros? Eso era muy peligroso. ¿Cómo era posible? ¿Cómo podían sobrevivir a los titanes?

Suspiré con pesadez. Era nuestra última noche antes de partir a Shiganshina. Lo mejor sería que dejara de darle vueltas a las mismas cosas y centrarme en la misión y mi cometido en ella, aunque resultaba algo complicado. Observé el trozo de rosada carne sobre mi plato y me relamí. Olía a ciertas especias y estaba perlada en una grasa que se derramó ligeramente por el plato cuando pinché el primer trozo con el tenedor. Estaba jugosa, mucho mejor que los restos de carne y verduras que normalmente debíamos ingerir en insípidos estofados.

—¿Quieres un poco? —Moblit, sentado a mi derecha, me ofreció algo de alcohol para acompañar la cena, pero negué con la cabeza.

—No deberías beber. Mañana tenemos una misión importante.

—Es solo una copa para acompañar la comida —Moblit sonrió de forma burlona—. Yo tengo aguante. No como otras.

—¡Eh! —le di un puñetazo en el brazo y él rio— ¡Y tú tienes un problema con el alcohol! Bebes demasiado —le quité la botella y la dejé a mi izquierda, en el suelo, para que él no pudiera alcanzarla.

—Exageras. No tengo ningún problema.

—Sí, sí que lo tienes.

—¿Para cuándo decís que es la boda? —Harold, un compañero sentado con nosotros en la mesa, emitió una sonora carcajada.

—Parecéis un matrimonio —rio Norma, una de las encargadas de gestionar el presupuesto de la Legión y culpable directa del revuelo causado por los soldados al haber permitido gastar tanto dinero en aquel festín.

—No somos como un matrimonio —Moblit frunció el ceño.

—Además, si Moblit y yo decidiéramos casarnos, no es de tu incumbencia, Harold —le apunté con el tenedor de forma acusatoria—. Sería algo que él y yo deberíamos hablar. Y nadie más.

—Esperad un momento —Hange golpeó con las palmas de sus manos sobre la superficie de la mesa, haciendo vibrar platos, cubiertos y vasos—. ¿¡Eso quiere decir que ya lo habéis hablado previamente o, al menos, mencionado!?

—¿Qué? —enarqué una ceja. ¿No eran eso demasiadas suposiciones?

—¡_ _ _ _ _ no ha dicho eso! —Moblit parecía haber entrado en pánico.

—¿Me estáis diciendo que pensáis casaros y no invitar a nadie? —Hange se cruzó de brazos— Eso es muy egoísta e injusto.

—Oye, no saques conclusiones precipitadas —repliqué. Moblit suspiró a mi lado, derrotado. Daba igual lo que le dijéramos a Hange, ella iba a seguir dándole vueltas.

—¡DESGRACIADO!

Todos dimos un pequeño respingo y nos giramos. Habría jurado que esa era la voz de Jean y, efectivamente, al mirar por encima del hombro de Norma vi que Eren y Jean estaban peleándose. Los dos chicos gritaban tonterías y no dejaban de darse puñetazos mientras una multitud de soldados les había rodeado para jalearles.

—Y eso que he dicho que no armaran jaleo —suspiró la mujer para, a continuación, dar un trago a su jarra.

—¿Es que nadie va a pararles? —pregunté al ver que los rostros de ambos muchachos estaban colorados. Estaban sudando en exceso, su ropa se había arrugado y parecían querer detener aquella situación que se les había ido de las manos.

De repente, una especie de flash negro se situó entre Jean y Eren. Levi propinó una patada en el estómago a Eren y, después, a Jean le dio un puñetazo en el estómago. Ambos chicos cayeron al suelo, doblados por el dolor. Todos los que habían estado animando a los dos muchachos durante la pelea quedaron en silencio y sus rostros palidecieron.

—Estáis todos divirtiéndoos demasiado —Levi miró a todos con desprecio.

—Uuuhhh —Hange contuvo una risita—. Levi está más cabreado que de costumbre.

—Idos a dormir de una vez y limpiad todo esto —sentenció el capitán.

—¡Sí, señor!

—Se acabó la fiesta —gruñó Harold—. Esos mocosos…

Nos apresuramos a terminar nuestra cena y, una vez acabamos, recogimos entre todos el comedor. Aquella noche todo el mundo había sido especialmente descuidado y el comedor presentaba un estado bastante lamentable con comida y bebidas por el suelo. Sin embargo, el hecho de ser bastante numerosos ayudó y todos terminamos de limpiar bastante pronto.

Era el momento de descansar, de dormir bien antes de iniciar una misión tan complicada y que entrañaba muchos riesgos. Sin embargo, estaba obsesionada porque todo saliera bien o, al menos, mi parte. Me escabullí de mi habitación, aún sin haberme cambiado de ropa. Me sorprendí al cruzarme con algunos compañeros que todavía daban vueltas por el cuartel o sus exteriores, entre los edificios destinados exclusivamente a los dormitorios de los soldados. Posiblemente no podrán dormir, pensé mientras saludaba con un gesto de cabeza a dos hombres que prácticamente ignoraron mi presencia.

Atravesé todo el patio del cuartel hasta llegar a uno de los almacenes donde guardábamos los carromatos. Revisé un par de veces más que todo el contenido y provisiones para atender a los posibles heridos estuvieran correctos y que ningún material se hubiera dañado ni corriera el riesgo de dañarse. ¿Cuántas veces lo habría repasado? Me rasqué la cabeza, intentando hacer memoria, pero fue inútil. Habían sido tantas veces que había perdido la cuenta y, aún así, no me parecían suficientes.

Por mucho que me sintiera muy despejada, decidí que lo mejor sería regresar a mi habitación. No obstante, era ya muy de noche y, quizás, mi compañera de cuarto ya estaría durmiendo, así que decidí ir mejor a la enfermería, donde no la molestaría.

Entré por una de las puertas secundarias del edificio principal. Atravesé uno de los pasillos que daba al exterior, pero me detuve al ver a Levi sentado prácticamente en penumbra. El moreno estaba sentado en el suelo, con la espalda apoyada en una de las puertas de madera. Ésta estaba abierta por una parte y la luz de la luna iluminaba lo suficiente la habitación como para poder apreciar el rostro compungido de Levi y la jarra que reposaba a su lado.

—¿Qué demonios estás haciendo? —pregunté, observándole de brazos cruzados. Pero, entonces, escuché voces en el exterior— ¿Estás espiando a alguien? —fruncí el ceño.

Levi se llevó su dedo índice a la boca, indicándome que guardara silencio. Y así hice. Agudicé el oído. Armin, Mikasa y Eren estaban hablando.

—¡Así que iremos primero a ver el mar! —aquella era la voz de Armin. Sonaba llena de esperanza— ¡El agua salada llega hasta el horizonte! ¡Hay peces que solo pueden vivir allí!

Sonreí. Armin ya me había hablado del mar. No podía imaginarme cómo sería semejante extensión de agua. Sin embargo, casi me parecía poder ver el rostro del rubio al otro lado, sus ojos iluminados por la emoción. Me resultaba muy noble tener sueños tan puros y deseaba que los tres compartieran aquella experiencia juntos.

—Tú lo dudas aún, ¿verdad, Eren? —continuó Armin— ¡Pues los hay! ¡Ya lo verás!

—Qué remedio. Habrá que ir a verlo, ¿no? —la voz de Eren sonaba suave, relajada.

—¿Lo dices de verdad?

—Que sí, que sí.

Levi y yo permanecimos unos minutos más en silencio. Él sentado, apoyado en la pared, y yo de pie, incluso aun cuando Eren, Mikasa y Armin decidieron marcharse.

—Deberías ir a descansar —articulé finalmente.

—No me des órdenes.

Fruncí el ceño. ¿Qué demonios le pasaba aquella noche? Estaba más gruñón que de costumbre. ¿Era por la misión? No… Creí saber por qué era. Su expresión estaba más sombría que de costumbre.

—Te recuerdan a ti, a Farlan y a Isabel, ¿verdad?

—No hagas esa clase de suposiciones, idiota —Levi se puso en pie.

—¿Así fue vuestra última noche? —insistí— Ya sabes. Cuando los dos…

—Cállate.

Levi se puso en pie prácticamente de un salto. Me agarró de los hombros y me empujó, haciendo que mi cuerpo se golpeara contra la pared. El capitán estaba muy cerca y supe que había dado en el clavo.

—¿Así pasaste tu última noche con ellos antes de salir al exterior? ¿Hablando de sueños y esperanzas? —sabía que no estaba bien insistir, pero sentía la necesidad de llevarle al límite. Había muchas cosas que Levi no contaba y a veces era bueno compartirlas con los demás, por mucho que él quisiera encerrarse en sí mismo.

—He dicho que te calles —Levi me apretó los brazos con fuerza y yo tensé mi mandíbula. Me estaba haciendo daño.

—No es malo tener esos momentos de debilidad.

—Como no dejes de hablar, te partiré los dientes.

—Todos los tenemos. Yo no he ido a despedirme de mi familia porque me da la impresión de que eso supondría que, quizás, no voy a regresar a nunca —le confesé. Noté que entonces dejó de apretar fuerte, pero definitivamente la zona me había quedado dolorida.

—¿Es que eres idiota?

—Debe ser —rodé los ojos—. Últimamente me dicen eso muy a menudo.

Los labios de Levi se curvaron ligeramente hacia arriba. Le miré sorprendida porque su expresión fría y dura se había transformado. Sus ojos ya no parecían tan sombríos y me observaba con una expresión diferente, relajada.

Levi dejó caer su frente contra la mía. Por unos instantes, contuve la respiración. Podía notar su aliento en mi cara y supe qué era lo que vendría a continuación dada la cercanía. Levi me besó. Otra vez. Después de haberme dicho que nuestra relación solo podía ser puramente profesional. Por eso, una vez procesé todo aquello, aparté con cuidado la mano derecha de Levi, que acariciaba con ternura mi mejilla. Con la otra mano libre, le aparté de mí colocándola sobre su pecho.

—No —susurré. Levi no parecía confuso. Simplemente dio un par de pasos hacia atrás y me dejó mi espacio. Me mordí el labio y miré al suelo—. No quiero sufrir. No quiero que me hagas daño —Creo que Levi me entendía o, al menos, eso esperaba. No podía seguir así. No sabía si para él aquello era un juego, pero para mí desde luego que no lo era—. Por eso te pido que pares, porque entonces querré más y tú no me lo vas a dar —mi voz me traicionó.

Salí apresurada de la habitación, sin mirar a Levi. Mis ojos se habían cristalizado y sentía un fuerte nudo en mi garganta. A grandes zancadas, me desplacé por los pasillos del cuartel hasta llegar a la enfermería, donde me adentré dando un portazo. Llevé mis manos a mi pecho, intentando calmar los latidos acelerados de mi corazón, y me limpié con el dorso de la mano una lágrima que había comenzado a caer por mi mejilla.

—¡Pero qué estúpida eres! —exclamé, dándome una bofetada con ambas manos a mí misma— ¿Por qué siempre tienes que hacer el ridículo delante de él?

Farfullé durante varios segundos más. Me sentía inquieta, así que revisé por enésima vez los materiales que había colocado en el cinturón que compré con Moblit en nuestra última visita a Trost, pero no me concentraba lo suficiente y no estaba segura de que lo que acaba de chequear en la lista lo había chequeado de verdad.

Me rasqué la cabeza y solté un suspiro. Me sentía como una quinceañera. Se suponía que ya tenía una edad, que era lo suficientemente adulta como para no tener que estar comportándome así delante de un hombre. Suponía que Levi tenía aquel efecto sobre mí o, quizás, me comportaba de esa manera porque era la primera vez que una sola persona me provocaba tantas emociones. Pero había una cosa sobre aquella situación que detestaba y era el mostrarme vulnerable constantemente delante de él. No era de aquellas personas que pensara que estuviera mal mostrar sus sentimientos. De hecho, a veces pienso que es muy necesario hacerlo, pero el ver la fortaleza de Levi me hacía ser más consciente de mi propia debilidad y yo temía que él pudiera verla y me despreciara por eso. No obstante, lo que yo por entonces desconocía era que Levi era completamente consciente de mi vulnerabilidad y no le importaba en absoluto. Es más, creo que esa era una de las cosas que más le gustaban de mí, porque me esforzaba por parecer serena cuando las cosas no iban bien. Tenía un poder de autoconvicción bastante fuerte.

Me tumbé en la cama de la enfermería, con los pies ligeramente colgando. Usando los pies, me quité las botas, que cayeron al suelo de madera con un sonido seco. Cerré los ojos, comprendiendo que aquella noche difícilmente conciliaría el sueño. No me sentía con fuerzas para casi nada, así que permanecí tumbada, mirando al techo y con la ropa puesta, dejando pasar los minutos con lentitud hasta que los primeros rayos del sol comenzaran a salir. Viajaríamos a Shiganshina por la noche, pero había muchas personas, carros y caballos que movilizar hasta la tarde, cuando las puertas de Trost se abrirían para adentrarnos en territorio de titanes.

De repente, escuché la puerta de la enfermería abrirse con cuidado. No necesité mirar para saber de quién se trataba. Escuché a Levi quitarse los zapatos y hacerse un hueco a mi lado.

—¿Qué estás haciendo? —le pregunté con brusquedad, girándome hacia él.

—Cállate.

—No me voy a callar —fruncí el ceño—. Creo que he sido bastante clara. El que no se aclara eres tú —le espeté. Quise darle la espalda, pero entonces, él hizo algo inesperado para mí.

—Tch.

Levi estiró sus brazos y me atrapó por la cintura, impidiéndome el movimiento. El moreno se aferró a mi cuerpo con fuerza y lentamente, apoyó su rostro contra mi tripa, atrayéndome a hacia él. Mi expresión, que se había endurecido porque no comprendía qué era lo que el capitán pretendía, se ablandó al instante. Sus manos se apoyaban en la parte baja de mi espalda y apretaba con delicadeza. Como aquella vez en el orfanato, una vez nos quedamos solos en esa habitación y Levi me abrazó por primera vez para contarme una de las partes más duras de su infancia, le sentí como solo mío. Vi de nuevo a aquel niño pequeño cuya infancia había sido arrebatada, que había tenido que soportar la muerte prematura de su madre y el abandono de la única figura paterna que había conocido.

Sonreí con ternura y le acaricié el pelo, enterando mis dedos en sus finos mechones de cabello negro. Levi, que había permanecido inmóvil hasta entonces, se movió. Restregó su nariz contra mi tripa y la besó por encima de la ropa en repetidas ocasiones hasta que se separó de mí. El moren cambió de postura. Se colocó de costado en la cama también, quedando nuestros rostros a la misma altura.

Observé su expresión con cautela. La luz de la luna iluminaba y acentuaba ligeramente sus facciones. Sus ojos grises brillaban con intensidad y un mechón de su flequillo le caía ligeramente por la frente hasta la nariz. Acerqué mi mano para apartárselo, pero él me detuvo, aferrándola con fuerza. Nos quedamos en esa posición durante un tiempo hasta que, atraída por una especie de fuerza que desconocía, me acerqué y posé mis labios sobre los suyos. Por unos instantes, noté a Levi reticente a pesar de que aquel beso estuviera siendo correspondido. Era como si estuviera luchando con su yo interior, posiblemente porque todavía le pesaban las palabras que me había dicho, su deseo de que nuestra relación se quedara en lo profesional. Sin embargo, creo que tanto él como yo sabíamos que eso era imposible porque no dejábamos de caer una y otra vez, aunque siempre habíamos logrado detenernos a tiempo. Creo que los dos teníamos claro que, el día que traspasáramos esa barrera que nos habíamos impuesto, el día que diéramos un paso más, eso se rompería y ya no habría vuelta atrás.

A pesar de todo, esa noche, íbamos a derribar esa a barrera.

La intensidad del beso iba aumentando a medida que pasaban los minutos. Sentía mis labios hinchados y cada vez me resultaba más difícil rellenar mis pulmones de aire, pero, a la vez, me veía incapaz de romper aquel beso. Aferré el rostro de Levi con ambas manos, completamente presa de un deseo que no había sentido nunca antes. Mi cerebro había dejado de procesar lo que pasaba y mi cuerpo se estaba moviendo por el instinto y el deseo que Levi me producía. Era como haberse sentido desesperadamente sediento durante un largo trayecto por el desierto y haber encontrado de repente un oasis.

Recuerdo que mi vello se erizó cuando la punta de mi lengua se encontró con la de Levi. Bajé mis manos por su cuello hasta situarlas alrededor de su cintura y le abracé, pegando mi cuerpo contra el suyo, buscando el calor que desprendía. Ambos gemimos a la vez y, como si hubiéramos despertado de un sueño, nos separamos ligeramente para mirarnos con cierta sorpresa y rubor. Levi, en cambio, parecía serio, mucho más que de costumbre. Carraspeó y se incorporó ligeramente en la cama. Le miré interrogante y, sin embargo, sentía que podíamos comunicarnos sin decirnos nada.

Lentamente, Levi se desabrochó su camisa y se la quitó, dejándola a un lado. Ya había visto antes sus abdominales, pero no dejaba de sorprenderme la cantidad de músculos perfectamente marcados que poseía. Se inclinó sobre mí y me besó de nuevo, esta vez siendo él el que llevara la iniciativa. Le notaba decidido y ciertamente dominante en algunos instantes, hasta que quedó patente su inexperiencia cuando intentó desabrochar las cuerdas del corpiño del vestido que me había puesto aquella noche. No sabía con cuantas personas habría estado Levi antes que yo, pero por la manera en la que se comportaba y por la manera que tenía de relacionarse con los demás, no solo conmigo, imaginaba que no habrían sido muchas.

Sus dedos se movían con poca habilidad, pero dejé que fuera él el que se peleara con los hilos, ya que tenía la impresión de que, si le ayudaba, aquel sería un gesto que no le sentaría especialmente bien. Me dediqué a observarle divertida hasta que sentí la tela mucho más ligera y él me quitó los tirantes de los hombros para deslizar el vestido por mi cuerpo y quitármelo. Mis piernas quedaron expuestas a un Levi que, de rodillas en la cama, no me quitaba el ojo de encima. Me sentí incómoda e insegura, así que estiré la tela de mi camisa, como si fuera a tener éxito a la hora de cubrirme, pero, ante ese gesto, Levi parpadeó con lentitud, como si viera ridícula aquella reacción por mi parte, y chasqueó la lengua. Apoyó sus manos a ambos lados de mi cabeza, que estaba apoyada en la almohada, y me besó de nuevo.

Esos mismos dedos torpes también fueron los que, después, le desprendieron del pantalón y los que me quitaron mi camisa. A medida que íbamos perdiendo ropa, la paciencia que habíamos mostrado en los besos previos estaba desapareciendo. Levi, al igual que yo, se mostraba ansioso y sus acciones eran más bruscas, dejándole expuesto ante una inexperiencia que, en ese momento, no me importaba en absoluto, dado que yo, por mi parte, me dirigía inexorablemente a perder mi virginidad, algo en lo que yo, en principio, no había mostrado especial interés porque sucediera. Mi mente había estado siempre ocupada en otros asuntos, mayormente mi familia, y no había experimentado lo que era el deseo de verdad hasta que había conocido a Levi.

No obstante, y por estúpido que pudiera parecer, por momentos me sentía completamente insegura. Si hubiera sido capaz de pensar con racionalidad, habría considerado que aquello era una irresponsabilidad. Levi era mi superior y teníamos una importante misión que estaba a punto de comenzar. Sin embargo, el poder acariciar la espalda desnuda de Levi, sentir el tacto de su piel y su calor corporal bajo la yema de mis dedos me hizo creer que éramos dos personas normales que se habían conocido y que simplemente se demostraban de aquella manera el amor que se profesaban.

Contuve la respiración al ver por primera vez el cuerpo desnudo de Levi cuando éste decidió desprenderse de la poca ropa que le quedaba. Clavé mis ojos sobre los suyos, procurando no detenerme a observar con discreción nula otras partes de su cuerpo por la incomodidad que me producía en aquel momento ese nivel de intimidad. Por primera vez en esa noche sentí que podía echarme atrás. No obstante, esos pensamientos se esfumaron tan rápido como llegaron cuando vi a Levi pasarse la mano por su cabello negro. Me mordí el labio, ciertamente avergonzada de mi propio cuerpo y de lo que él pudiera pensar sobre él, pero asombrada por lo atractivo que él me resultaba y la de cosas que pasaban por mi mente ahora que le estaba viendo desnudo.

Asentí con lentitud cuando nuestros ojos se encontraron en la penumbra de la enfermería una vez más. Aquella afirmación fue lo último que necesitó Levi para tomar con la punta de sus dedos mi ropa interior y desprenderla con determinación, produciéndome cosquillas en las piernas por su tacto. Esa vez, dejé que Levi estudiara mi cuerpo desnudo, intentando leer a través de su estoica expresión. Apretó los labios en una fina línea. Le observé de arriba a abajo y enarqué ambas cejas, sabiendo qué era lo que él deseaba en ese momento pero no se atrevía a pedirme en voz alta.

Abrí, finalmente, ligeramente las piernas para permitirle acomodarse entre ellas. Acaricié sus brazos mientras él se desplazaba y se situaba entre mis muslos. Sentí un fuerte dolor cuando me penetró despacio y no pude evitar soltar un pequeño gemido de angustia que no pasó desapercibido para él. Levi no se movió, sino que permaneció inmóvil dentro de mí durante los minutos que siguieron a aquello, esperando a que mi cuerpo se acostumbrara. Escondí mi rostro en el hueco entre su hombro y su cuello y apreté los dientes con fuerza. Pasé mis brazos alrededor de su espalda y cerré los ojos, intentando ignorar las punzadas de dolor que estaban empezando a ser sustituidas por mis ansias de que él comenzara a moverse.

Impaciente, levanté ligeramente mi cadera. Los ojos de Levi brillaron y respondió a mi petición ansiosa porque comenzara con sus embestidas. No obstante, Levi movió su cadera con lentitud. A pesar del dolor que aún persistía, un gemido se escapó de mi boca y le aferré con más fuerza contra mí. Al instante, apreté los labios con fuerza, consciente del silencio que se había instalado en el cuartel y procurando que esos deseos que sentía de decir su nombre en voz alta quedaran contenidos en el fondo de mi garganta.

Los movimientos de Levi, aunque eran ciertamente incómodos y repetitivos, no dejaban de producirme escalofríos. Sentía corrientes eléctricas desplazarse por mi cuerpo y yo solo podía pedirle en silencio que me diera más, pero él parecía jugar con ese deseo en todo momento y no aumentaba la velocidad de sus sacudidas. Era como si se estuviera recreando en cada una de ellas.

Levi, en cambio, permanecía serio en todo momento. Sus ojos habían quedado cubiertos por los mechones de flequillo más largos y por la tensión de los músculos en su cuerpo podía dar la impresión de que hacía todos aquellos movimientos simplemente por cumplir. No obstante, sabía que eso no era cierto. Desde que había conocido a Levi, había sido capaz de leer bastante bien a través de su máscara de indiferencia. Por eso era capaz de sacarle de sus casillas, por eso había sido capaz de llevarle hasta el extremo, como había sucedido cuando estábamos escondidos de la Policía Militar y yo traje a colación la muerte de Farlan e Isabel. Levi estaba contenido aquella noche, estaba convencida de eso. Sin embargo, no tenía muy claro qué era lo que estaba conteniendo o por qué, pero tenía la impresión de que se debía a que aquella era la primera vez que entre nosotros llegábamos tan lejos, a que se trataba de mi primera vez y a que, mientras todos no podrían dormir aquella noche porque les podía el miedo ante la incertidumbre de lo que sucedería en Shiganshina, nosotros habíamos sido completamente dominados por nuestros instintos más primarios.

Pequeños gemidos, casi como suspiros, se escapaban de mi garganta. Acaricié con mis manos la espalda desnuda de Levi y cerré mis piernas contra él, presionándolas en sus costados. Él emitió un gruñido que llevaba conteniendo desde hacía mucho tiempo y, aunque procurando ser lo más cuidadoso posible, aceleró por fin sus movimientos. Sentí deseos de gritar de nuevo, así que oculte mi rostro en su cuello y me mordí el labio. Mis caderas terminaron por unirse a aquel frenético baile de nuestros cuerpos y sentí que de un momento a otro alcanzaríamos el clímax juntos.

Cuando aquello sucedió, arqueé mi espalda y extendí los brazos hacia atrás, aferrándome con una mano con fuerza al cabecero de la cama y con la otra arrugando las sábanas. Permanecí en esa postura unos segundos, sintiendo cómo mi pecho subía y bajaba, frenético, hasta que los músculos de Levi dejaron de estar tensos y se relajó, aun estando dentro de mí. Apoyó su frente contra la mía y rocé mi nariz con la suya de forma cariñosa.

Una vez más, ninguno dijo nada. Levi se apartó de mí. Sentí mi cuerpo, perlado en sudor, frío. Esperé a que Levi se marchara, a que me dejara sola como tantas otras veces había hecho, pero, en aquella ocasión, no lo hizo. Apartó las sábanas de la cama y nos arropó a ambos. Quise decirle algo, pero no me salían las palabras y tampoco sabía qué decir con exactitud. Aún no lo podía procesar bien, pero acababa de acostarme con uno de mis superiores y no uno cualquiera, sino el mismísimo Levi Ackerman.

Me giré dándole la espalda. ¿Qué sucedería a partir de ahora? ¿Me seguiría tratando igual que siempre? ¿Es que acaso esto significaba que ahora éramos algo? Cerré los ojos con fuerza. Se trataba de Levi. Por supuesto que aquella relación no iba a ir a ninguna parte… No le veía capaz de comprometerse con alguien a ese nivel, ni siquiera me habría imaginado que alguien como él, tan serio y apartemente frío, fuera capaz de mantener una relación carnal con alguien. Seguramente habría sido de las pocas afortunadas que había estado así con él, pero eso no significaba que esa extraña relación que manteníamos se hubiera consagrado. Tenía la impresión de que, si apareciera otro hombre en mi vida, Levi me invitaría a marcharme con él y buscar con esa otra persona una vida que él jamás me daría. Estaba convencida de ello. Y, sin embargo, seguía cayendo una y otra vez. Estaba completamente enamorada de él.

Noté, de repente, que Levi se movía. Contuve la respiración al sentir su brazo pasar por encima de mi cintura. Levi me abrazó por detrás y, con sus dedos, acarició mi abdomen y mi pecho. Deslicé mi mano izquierda hasta la suya y terminamos por entrelazar nuestros dedos. Así, tumbados de costado sobre la pequeña cama de la enfermería, con nuestras manos entrelazadas, conciliamos un sueño tan profundo que no nos hizo despertar hasta que salieron los primeros rayos del sol.

...

—Mamá, no me gusta cuando esos señores vienen a casa.

—Lo sé, cielo, pero esos señores me permiten poner comida en la mesa —hizo un pequeño gesto de dolor cuando su hijo presionó el pañuelo contra su nariz dolorida, intentando cortar la hemorragia.

—Pero te dicen cosas feas y te hacen daño.

—Solo a veces —suspiró—. Y se supone que no deberías escuchar esas cosas, Levi. Deberías estar fuera jugand-

—¡MAMÁ, NO ME GUSTA!

Observó el rostro de su madre. Sus ojos grises se abrieron de par en par por la sorpresa producida por la reacción de su hijo. Guardó silencio y terminó por agachar la mirada, avergonzada y claramente detestando que fuera su propio hijo el que se preocupara por ella. Era demasiado pequeño todavía, pero era inevitable que empezara a percibir ciertas cosas.

—A mí tampoco me gusta —le confesó—. Pero tengo que poner comi-

Levi se puso de pie sobre sus piernas y la abrazó. Permanecieron así durante varios minutos. Levi era demasiado pequeño para comprender del todo, pero sabía que esos tipos que iban a su casa a ver a su madre solo la hacían daño. No la trataban bien. Y su madre no se merecía eso.

Sintió algo de humedad en la vieja camisa larga que llevaba. Su madre estaba llorando, así que la abrazó con las fuerza. Porque no quería ver a su madre sufrir más. Y eso ella también lo sabía.

—¿Quieres jugar a las marionetas de sombras? —le susurró al oído.

—Sí —respondió Levi tras una larga pausa.

Su madre le separó de ella y le colocó sobre el suelo. Dejó el pañuelo con sangre sobre la mesa y apagó el resto de velas, dejando solo una encendida. Juntos, se sentaron en el suelo, en un rincón de la escueta casa en la que ambos vivían y, usando sus manos, comenzaron a crear sombras en la pared.

A Levi siempre le asombraba la habilidad que tenía su madre de crear cualquier animal simplemente usando sus manos y la sombra que proyectaba la escueta luz de una vela. Por mucho que él practicaba y lo intentaba, nunca le salían tan bien como a ella, a excepción de la serpiente. No obstante, su madre le animaba y le decía que algún día conseguiría proyectar sombras en la pared que ella no sería capaz de imitar.

—¡Auuuuu! —su madre aulló— ¿Quién se atreve a entrar en el territorio de la reina lobo?

—Una ssserpiente que ha venido a partirte tu esssstúpida cara.

—¡Levi! —su madre frunció el ceño— No vuelvas a decir 'estúpido'.

—Lo siento…

—¡No sé dónde aprendes esas palabras tan feas!

Levi asintió. Todo aquel vocabulario que aprendía y que tan desagradable le resultaba a su madre, Levi lo escuchaba en las oscuras calles de la Ciudad Subterránea. El problema era que su madre no se daba cuenta de lo divertido que resultaba decir todas aquellas palabras y odiaba tener que esperar a ser mayor para poder decirlas.

—¿Sabes mamá? —le preguntó en penumbra, ya cansados de jugar. Ambos estaban acostados en la cama— ¿Sabes qué voy a hacer cuando sea mayor?

—¿Qué vas a hacer? —le preguntó su madre mientras le abrazaba. Ésta tenía los ojos cerrados, agotada tras un intenso y duro día.

—¿Mamá?

—¿Sí, mi amor? —balbuceó. Su madre se acercó aún más a él y restregó su rostro cariñosamente en el pelo de Levi.

—¡Voy a decir todas las palabras feas!

—Mmmm…

Levi sonrió, aunque sabía que su madre no podía verle. Se giró y rodeó el cuerpo de su madre con sus cortos y pequeños brazos. Dormir en brazos de Kuchel, sentir su aliento cerca, era lo que a Levi más le gustaba.

"¿Te has preguntado alguna vez por qué el capitán Levi no concilia apenas el sueño?"

Levi abrió los ojos de par en par. Los rayos del sol iluminaban la habitación en la que se encontraba. Se incorporó, quedándose sentado en la cama y se pasó la mano por el pelo. Se sentía algo mareado. Hacía mucho tiempo que no conciliaba un sueño tan profundo, por lo que se sentía confundido y desorientado.

Giró ligeramente su rostro al notar alguien a su lado. _ _ _ _ dormía todavía. Su cuerpo desnudo estaba oculto bajo las sábanas. Su pecho ascendía y descendía lentamente y sus labios estaban ligeramente entreabiertos. Levi recordó la noche anterior. Recordó que ella había sido mucho más inteligente que él al haberle rechazado. Él mismo le había advertido que aquella relación no podía traspasar la barrera de lo profesional. Sin embargo, una vez se hubo marchado, Levi se sintió tremendamente solo. Comprendió, entonces, que necesitaba pasar aquella noche a su lado.

Por la altura del sol, Levi cayó en la cuenta de que era más tarde de lo previsto. Tenían que cambiarse, había cosas que preparar y seguramente Erwin se preguntaría dónde estaría. No podían llamar tanto la atención.

Se puso en pie y la observó una vez más. Deberían mantener aquello que había sucedido entre ambos en secreto. No obstante, sabía que no tenía por qué recordárselo a ella. Tenía la impresión de que ella era mucho más consciente que él de las dificultades que su relación entrañaba.

Levi comenzó a vestirse en silencio y, por cruel que pareciera, pensó que, quizás, aquella noche entre ambos no había estado tan mal. Teniendo en cuenta el riesgo que aquella misión presentaba, era muy posible que _ _ _ _ _ no regresara con vida. De ser así, tendría un problema menos en el que pensar porque, siendo honestos, después de aquello, Levi tenía claro que se vería incapaz de dejarla marchar. No lo admitiría nunca en voz alta y tampoco estaba muy seguro de que todas esas emociones que le producía la mera presencia de la chica pudieran calificarse como tal, dado que nunca antes había experimentado nada igual, pero Levi creía que eso que le sucedía se llamaba amar.


¡Hola, hola! ¡Ya estoy de vuelta! Creo que ahora mismo debéis estar en shock con este capítulo xD No diré mucho sobre él, no daré explicaciones porque, evidentemente, esto seguirá trayendo cola en próximos capítulos y habrá cosas que se entenderán mejor. No obstante, si queréis comentar algo o preguntar algo, por supuesto que os contestaré. También quería comentaros que ésta es la primera vez que escribo lemon. Normalmente, en otros fanfics, he insinuado, he metido metáforas y he preferido dejar el resto a la imaginación, pero esta vez he decidido ser más concreta. Eso sí, he dejado otras cosas a vuestra imaginación. No sé si me entendéis ejem ejem xD

catherinearnshaws: Creo que es has sido la única que me ha dicho que le gusta la decisión de rayis de no despedirse de su familia porque eso sería como si no los volviera a ver, así que me alegro de que alguien entienda por qué lo dice. En cuanto a Moblit y a rayis, ains... Tengo varias cositas pensadas para esos dos, incluso tengo pensado algo para después de ese fatídico momento que todos sabemos, pero ya veréis qué es llegado el momento. Será mi pequeño homenaje a Moblit.

Io-chan Ao-sama: En primer lugar, te resuelvo tu dudita sobre el castellano: Un capullo es una flor que no se abierto todavía o la envoltura de los gusanos de seda, por ejemplo, donde se meten y luego salen convertidos en mariposa. No obstante, también es un insulto y normalmente un capullo es alguien que te hace muchas putaditas (hablando en plata xD). Ahora, yendo a la review, creo que, si me dejas una en esta ocasión, será mucho más larga que las otras. O más corta, a lo mejor te dejo tan en shock que no sabes ni qué decir xD Porque, como ves, Levi y rayis no están en la friendzone, sino que están en punto de lo más raro, ya que, reconozcámoslo, los dos son raros de narices y son demasiado orgullosos y les gusta hablar tan poco de lo que sienten como para sentarse a hablar y aclarar que es lo que está pasando (algo que para nosotros está bastante claro). Los próximos capítulos tendrán mucha acción y drama, así que recomiendo que te abroches el cinturón porque vienen curvas xD

~ ¡Nos leemos!