XXVII

Intenté abrir los ojos, pero los intensos rayos de luz del sol de la mañana me impedían despegar los párpados. Me incorporé ligeramente en la cama y me aparté mi alborotado pelo del rostro. Finalmente, abrí los ojos y, por unos instantes, no conocía el lugar en el que me encontraba hasta que recordé que había dormido en la enfermería y que no lo había hecho sola.

Como si algo hubiera saltado en mi cabeza, di un pequeño respingo y abrí los ojos de par en par. No había dormido sola. Levi había estado ahí. Extendí mis brazos hacia los lados de la cama, pero Levi ya no estaba ahí. Y, como si él supiera que a quien estaba buscando era a él, el moreno carraspeó ligeramente para indicarme que todavía se encontraba en la habitación. Levanté la vista y le vi sentado en la silla, frente al escritorio de la enfermería. Estaba terminando de atarse sus zapatos.

—¿Qué hora es? —le pregunté. Me parecía que era demasiado de día.

—Tarde. Hay muchas cosas que preparar. Date prisa. Tenemos que ponernos nuestros uniformes —me respondió sin ni siquiera mirarme.

Tragué saliva. Levi tenía razón. Todo el mundo se estaría preguntando dónde estábamos. Y él no dejaba de ser mi superior. Sin embargo, sentía la necesidad de aclarar lo que estaba pasando entre nosotros. Me parecía absurdo negar que no existiera algo y, aunque quizás no fuera la mejor ocasión, ya que estábamos a punto de comenzar una misión muy importante, sentía que era mejor tener algunas cosas claras antes de partir.

—Oye, Levi… —comencé, pero me vi interrumpida porque se puso en pie y caminó hacia la puerta decidido. La abrió ligeramente, pero, antes de salir, miró por encima de su hombro para decirme una última cosa.

—Ni se te ocurra morir hoy o te juro que te mato.

Parpadeé un par de veces confusa hasta que, finalmente, no pude contener más las carcajadas. La frase era, cuanto menos, absurda y carente de sentido. Si moría en la misión, ya estaría muerta, él no podría matarme. Me llevé la mano al pecho, sintiendo una sensación calurosa, y sonreí. A Levi yo le importaba, aunque fuera a su manera, y eso me hacía absurdamente feliz.

Me levanté, me vestí y fui hasta mi habitación. No me encontré apenas a nadie por el camino, así que no tuve que dar explicaciones. Me di un baño, me puse mi uniforme limpio y recogí mi pelo mojado en una coleta. Pasé por la cocina, donde comí un trozo de pan con queso y tomé una manzana para ir comiendo por el camino.

Fuera, los miembros de la legión trabajaban a destajo. Se movían de un lado a otro preparando los caballos, cargando las mercancías en los carros, preparando los ascensores de los muros… Y todo el mundo lo hacía con un silencio y una concentración casi sobrecogedores. Todos eran conscientes de la importancia de aquella misión y de lo necesaria que era la victoria. No teníamos más opción. Era importante que todo el mundo llegara hasta Shiganshina en plenas condiciones, por lo que se acordó que el momento idóneo para atravesar un territorio infestado de titanes desde hacía cinco años era de noche.

—¿Dónde demonios estabas? —Moblit me tendió unas cajas que cargué como pude.

—Me quedé dormida.

—¿Cómo puedes dormir a pierna suelta en estos momentos?

—Si yo te contara…

Moblit enarcó una ceja. Me observó marchar hacia el ascensor, donde debía dejar las cajas, hasta que reaccionó y vino detrás de mí.

—¿Ha pasado algo?

—Eres un cotilla —solté una risita.

—B-Bueno… No es que… Un cotilla, no… —Moblit se rascó la nuca avergonzado.

—No pasa nada, Moblit —reí. Me detuve y me acerqué ligeramente a él para hablarle en un tono confidencial—. Pasé la noche con el capitán Levi.

—¿Con el capitán Levi? —Moblit parecía confuso pero, lentamente, sus ojos se fueron abriendo de par en par al comprender a qué me refería exactamente con aquello. Abrió y cerró la boca varias veces, intentando articular palabra hasta que lo logró— ¿Estás de broma? Eso es genial, ¿no? Quiero decir, al capitán también le gustas, ya no tendrás que estar tan confundida.

—Ya, pero aun así creo que deberíamos hablar.

—Eh —Moblit puso su mano en mi hombro y sonrió—, es lo que tú dices. Ya tienes otra cosa más por la que regresar de esta misión con vida. Tienes que hablar con el capitán.

—Ya —sonreí al recordar lo que me había dicho Levi antes de salir de la enfermería—, pero no deja de ser mi superior.

—Sé positiva, ¿quieres? Si todo sale bien, recuperaremos la Muralla María, iremos al sótano de Eren y descubriremos el secreto de los titanes. Viviremos mucho mejor.

—¡Pues claro que todo saldrá bien! Tenemos a los soldados más fuertes de nuestra parte. Además, si la cosa no sale con Levi, siempre puedo tenerte a ti.

—¡Eh! —Moblit frunció el ceño mientras regresábamos del ascensor para ir a por más cajas y subirlas también— Es como si fuera tu segundo plato. Has quedado muy mal.

Solté una sonora carcajada.

—Pero tendríamos unos niños preciosos, con la carita tan redondita como la de su padre.

—No tienes remedio —Moblit suspiró con resignación—. Eres tú la que siempre saca el mismo tema de que tendríamos que casarnos. Luego la capitán siempre está atormentándome con lo mismo.

—Lo sé —le guiñé un ojo—. Pero es que me gusta hacerte de rabiar.

—Demasiado, diría yo.

Cuando tuvimos varias cajas en el ascensor, subimos hasta lo alto del muro, donde ya se habían subido los primeros carros. Poco a poco se estaban también subiendo los materiales que necesitaríamos y, por último, se subiría lo que más trabajo costaba: los caballos. Mientras tanto, otros miembros de la legión los preparaban para la misión y, una vez que estaban listos, se colocaban en los ascensores de dos en dos, acompañados por sus jinetes, donde esperarían en lo alto del muro.

Aquella tarea llevó mucho tiempo, ya que, con motivo de la misión para recuperar la Muralla María, muchos miembros de otras facciones se habían cambiado a las Tropas de Reconocimiento para poder ayudar en una misión que iba a ser histórica. Ahora la legión era muy numerosa y, por eso, los miembros de las Tropas de Reconocimiento estuvieron al completo sobre el muro cuando el cielo comenzó a teñirse de naranja.

Nos preparábamos para descender al otro lado cuando un murmullo persistente nos hizo mirar a nuestra espalda, al interior de Rose. La gente de Trost había comenzado a agolparse frente al muro y parecían estar gritando algo.

—¿Flegel? —preguntó Levi en voz alta a nadie en particular al reconocer entre el gentío al hijo de Dimo Reeves.

—¡Recuperad el Muro María! ¡Os confiamos el futuro de la humanidad!

—¡Capitán Levi, gracias por salvar esta ciudad!

—¡Volved todos sanos y salvos!

—¡Pero recuperad el territorio!

—Serán idiotas… —murmuró Levi.

—Con el jaleo que montamos anoche, nos han descubierto —comentó Hange.

Emití una pequeña risita. Las Tropas de Reconocimiento esperaban que la población en general no se enterara de la misión tan importante que se iba a llevar a cabo. Pero había sido inevitable.

—Es que encargué la carne a la sociedad comercial Reeves —suspiró uno de los soldados.

—Maldito Flegel—farfulló Levi.

—¡Contad con nosotros! —respondieron entusiasmados Jean, Sasha y Connie, asomándose al muro.

—¿Cuánto hacía que no aclamaban al cuerpo de exploración así? —preguntó Levi en voz alta.

—No sé —respondió Erwin.

—¿Lo han aclamado así alguna vez?

—Que yo sepa… Esta es la primera vez.

—Comandante —los ojos de Erwin brillaban con emoción—, creo que debería dedicarles algunas palabras, ¿no cree? —le sugerí, a lo que el rubio sonrió. Era la primera vez que le veía sonreír de verdad.

—¡OOOOOOOOH! —el comandante desenfundó una de sus cuchillas y la elevó en el aire, apuntando hacia el cielo. Todo el mundo le observaba con los ojos abiertos de par en par, conteniendo la respiración ante lo que pudiera decir. Era la primera vez que el serio y siempre contenido Erwin Smith hacía una cosa así— ¡INICIAD LA OPERACIÓN DEFINITIVA DE RECUPERACIÓN DEL MURO MARÍA!

Erwin bajó el arma con un movimiento seco. Los primeros ascensores comenzaron a bajar por el otro lado y el pueblo que se había congregado para despedirnos gritó entusiasmado. Miré hacia el lado de Trost, escuchando el rumor de la gente que celebraba la valentía del cuerpo de exploración y me sentí emocionada, incluso el vello de mi piel se erizó.

—_ _ _ _, es tu turno.

Asentí y me subí a mi caballo. Mientras bajaba por el ascensor, me pareció que el ruido de la ciudad empezaba a disiparse. A lo lejos, se extendía territorio ocupado por titanes, aldeas destruidas cuya atmósfera seguramente todavía se sentiría pesada y lúgubre después de lo que había acontecido hacía cinco años.

Me han dicho que, finalmente, han aprobado la operación para recuperar la Muralla María.

Mi atención dejó de estar puesta sobre la conversación que mantenía con Moblit y miré por encima de mi hombro. Maverick se acercaba hacia nosotros. Cuando mis ojos se posaron sobre él, el chico sonrió con timidez y me saludó con la mano.

¡Maverick! —grité entusiasmada al verle de nuevo, así que corrí hacia él y le di un abrazo— No te he visto en la coronación.

Había mucha gente. Era casi imposible —se rascó la nuca.

Os dejaré a solas —intervino Moblit—. Nos vemos luego.

Asentí a modo de despedida a Moblit. Se metió en el edificio y nos dejó a Maverick y a mí a solas en el patio del cuartel de la capital. Sin decir nada, caminamos y nos sentamos en uno de los bancos que había bajo los arcos que rodeaban el patio.

Lo sabías, ¿verdad? —le pregunté.

¿Lo de Alphonse? —asentí ante su pregunta— Más o menos. Aquel día fui a verte porque fuimos amigos durante nuestro entrenamiento y te sigo considerando mi amiga. No sabía exactamente qué se traían exactamente entre manos dentro de la Policía Militar, pero la gente en el cuartel habla y comprendí que iban a por vosotros. Si tu pregunta es si, cuando al abrazarte te dije que tuvieras cuidado, era una advertencia, digamos que sí —Maverick sonrió—. Veo que ha funcionado. Estás aquí.

Pero Alphonse, no —agaché la mirada.

Supongo que es parte de nuestro trabajo.

Qué idiota —apreté los puños con fuerza—. ¿Por qué haría algo así? Intentó matarme, Maverick —miré a mi amigo, quien frunció el ceño preocupado y alarmado por aquella información—. ¿Cómo pudo hacerlo? ¡Nos conocíamos! Incluso algunos de sus compañeros dudaron unos instantes antes de atacarnos. ¡Porque somos seres humanos, como ellos, aunque nunca nos hubiéramos visto ni hubiéramos intercambiado una sola palabra! ¡Dudaron! Alphonse no dudó ni un instante.

_ _ _ _, Alphonse había cambiado mucho. Conoció a un tipo extraño de una de las brigadas de la Policía Militar y decidió cambiarse de facción. No me dio más explicaciones —Maverick suspiró—. Por mucho que nos cueste aceptarlo, la gente cambia. Y supongo que, después de tantos años, creemos conocer a la gente, pero es mentira —su voz se quebró.

Maverick… —no sabía qué decir, así que coloqué mi mano sobre su hombro.

Yo estuve ahí todo este tiempo, _ _ _ _ —el chico apoyó su codo sobre su rodilla izquierda y se cubrió la cara con la mano mientras la otra la apretaba con fuerza—. ¿Por qué no habló conmigo? Siempre lo hacía, pero, de repente, un día dejó de hablar —se echó hacía atrás y miró al cielo. Noté que sus ojos estaban cristalinos y tragué saliva—. Yo quería muchísimo a Alphonse, _ _ _ _. Mucho —hizo hincapié en esa última palabra y me miró. Comprendí al instante a qué se refería y abrí ligeramente la boca por la sorpresa.

Lo siento de verdad, Maverick —susurré por no haberme dado cuenta antes.

Ahora ya no importa. Tengo la impresión que el Alphonse que me gustaba había dejado de existir hacía mucho tiempo.

Le tomé la mano y se la apreté con fuerza. Maverick había sido siempre un muchacho callado. Vivía a la sombra del resto del grupo que formaba junto a Elric, Mara, Alphonse y yo. Pero había cambiado, había madurado y me parecía ahora una persona mucho más cercana que entonces, a pesar de que ya no convivíamos como hacíamos cuando éramos reclutas.

Oye, _ _ _ _ —Maverick se giró hacia mí—, ¿me prometes que regresará con vida?

Sentí un nudo en mi garganta. Asentí con lentitud, incapaz de pronunciar palabra. No quería hablar porque sabía que mi voz me iba a traicionar. No obstante, dio igual porque definitivamente mi cuerpo actuaba por su cuenta. Mis ojos se llenaron de lágrimas que comenzaron a derramarse por mis mejillas.

Eh… No llores —Maverick me limpió una lágrima con la yema de su pulgar y yo sonreí avergonzada—. Nos vamos a volver a ver.

Ya… Pero es que ahora no me quiero ir…

Tenía planeado ir a ver a mi familia antes de marcharnos a Shiganshina, pero, después de hablar con Maverick, no me sentía con fuerzas. Si deseaba salir huyendo tras hablar con un amigo, no quería ni imaginarme qué podría hacer si veía a mi hermano y a mi madre. Debía dar ejemplo, debía ser fuerte.

Yo también estaría aterrorizado. La Muralla María estará infestada de titanes —Maverick se llevó las manos a su cuello y, escondido por su camisa, había una cadena metálica con un huesecillo como colgante. Se lo quitó y me lo entregó—. Ten. Es mi amuleto de la suerte —dudé unos instantes, pero, el chico puso el colgante sobre mi mano—. Es un colmillo de un lobo. Ya sabes que en mi familia eran cazadores. Me lo regaló mi abuelo cuando era pequeño y lo conservo desde entonces, así que cuídalo.

Lo haré.

Maverick se inclinó hacia delante y me abrazó con fuerza.

Me muero por verte regresar convertida en una heroína —Maverick me tomó de los brazos y nos separó con delicadeza—. Por cierto, ¿quién era ese chico con el que hablaba antes? —sonrió con picardía— Es una monada, pillina. Qué calladito te lo tenías.

—Oh rodé los ojos, aunque no pude evitar reír—. Tú también no, por favor

Mientras esperaba al resto, mi mano se movió inconscientemente a la cadena con aquel colmillo que colgaba de mi cuello. ¿Por qué me había acordado de eso en un momento como aquel? Cerré los ojos, intentando ser positiva y recordando esas últimas palabras de Maverick. Regresaríamos habiendo completado esa misión y nos convertiríamos en héroes. Abrí los ojos, algo más decidida, y escondí el colgante bajo mi camisa, para que no me molestara durante la misión.

—¡ADELANTE! —gritó Erwin extendiendo su brazo al frente. Los cientos de soldados que le acompañaban rugieron con entusiasmo a la vez que espoleaban sus caballos para que comenzaran a galopar hacía el interior de la Muralla María. Erwin Smith les transmitía toda su confianza. Si él no fuera el comandante o no hubiera asistido a la misión, estaba convencida de que ni la mitad de aquellas personas estaría dispuesta a llevar a cabo una misión tan peligrosa.

A lo lejos y, a medida que íbamos avanzando, me percaté del vasto territorio que ocupaba la Muralla María. El terreno se correspondía a algo más de un tercio del territorio que le correspondía a la humanidad. Hace cinco años, cuando se perdió, la humanidad perdió a su vez una riqueza considerable y muchísimas vidas humanas. Aquella pérdida fue solo el principio. Todos los que estábamos en los dos muros restantes comprendimos que ya no podríamos seguir viviendo. ¿La raza humana seguiría viva mañana? Eso no lo decidirían los hombres. Todo estaba en manos de los titanes. Porque, aquel día del año 845, se demostró que los hombres no podían vencer a los titanes.

Pero, cinco años después, en Trost, una mano adolescente blandió la daga que guardaba junto al corazón, mató a un titán de una puñalada y pisó su cabeza gigantesca. ¿Qué pensarían los hombres que vieron aquello? Algunos gritaban por orgullo, otros por esperanza y otros gritaban por ira. Entonces, si nosotros lográbamos recuperar la Muralla María, ¿por qué gritaría la humanidad? ¿Creerían que la raza humana podría seguir viviendo? ¿Podrían hacerles creer que su futuro lo iban a decidir ellos mismos?

Teníamos que recuperar la Muralla María.

Miré por encima de mi hombro. Eren y compañía iban charlando. En aquel momento, caminábamos a pie mientras sujetábamos a los caballos de sus riendas. Había oscurecido y, como nos habíamos adentrado en el bosque, la visión era bastante mala, a pesar de que llevábamos lámparas para iluminar el camino.

—¡Titán a la izquierda! —informó Jean de repente.

—¡Deteneos todos! ¡Iluminad el perímetro! —informó Hange.

Efectivamente, un titán de unos diez metros y completamente desproporcionado estaba a escasos metros de nosotros. Sin embargo, nos ignoró por completo y permaneció sentado, con la espalda apoyada en un saliente del terreno.

—Tranquilos. Duerme profundamente —aclaró Hange tras comprobar la situación—. No es de esa nueva raza que se mueve por la noche.

Había escuchado por boca de Historia y el resto que fueron atacados en el castillo Utgard de noche, algo inusual teniendo en cuenta que nunca se había visto nada igual. En principio, se pensaba que los titanes estaban mucho más activos durante el día, pero, en aquel momento, los titanes invadieron la torre, los veteranos que debían protegerles murieron y, finalmente, fue Ymir la que, tras transformarse para sorpresa de todos, pudo contenerles hasta que llegaron los refuerzos. Acabaron con todos los titanes, sin embargo, según los chicos, un titán peludo, como una bestia, consiguió escapar. Él parecía ser el que los estaba liderando.

—Con lo cerca que estaba y no lo hemos advertido —articulé, pasándome una mano por el pelo recogido en una coleta.

—Normalmente, nunca recomendaría dar un paseo por el bosque en plena noche, pero esta noche oscura nos protege. Cuando Connie e Historia se encontraron aquellos titanes que se movían de noche, les iluminaba la claridad de la luna —me explicó Hange—. Piensa que la luz de la luna es el reflejo de la luz del sol. Si es correcta la hipótesis de que los titanes de la nueva especie se mueven gracias a esa cantidad mínima de luz solar, acerté al elegir para movernos una noche de luna nueva. Quizá aquel también era un titán de luz lunar. ¡Qué lástima! Me gustaría atrapar alguno algún día.

Hange continuó caminando, pero mis pasos se volvieron más lentos, así que terminé quedándome algo rezagada. Tragué saliva, pero era como si se me hubiera cerrado la garganta y sentía que mi cuerpo temblaba. Acerqué mis manos a mi boca e intenté calentarlas sin aliento.

—¿Por qué tiemblas? ¿Tienes miedo?

Di un sobresalto al escuchar la profunda voz de Levi en mi oído. El capitán me miraba indiferente, pero claramente no lo era si me estaba preguntando aquello.

—No. Solo tengo frío.

—No me mientas, idiota —Levi me golpeó en la frente con su dedo índice. Me froté la zona y esbocé una leve sonrisa—. No eres la única que no para de temblar.

Levi miró hacia su derecha y yo seguí la dirección de sus ojos. Armin, Eren y Mikasa pasaron cerca de nosotros. Los dos chicos iban delante, hablando, y me percaté de que la luz de la linterna que sostenía el rubio se movía. Las manos de Armin también temblaban.

—He estado pocas veces delante de un titán, pero la primera vez me quedé paralizada —confesé, aunque sabía que eso Levi ya lo sabía. Él lo había visto—. ¿Alguna vez te han dado miedo los titanes?

El moreno guardó silencio unos segundos. Era como si, hasta ese momento, no se hubiera hecho esa pregunta.

—No —terminó por responder con simpleza—. Pero supongo que sí les tengo respeto.

—¿Respeto?

—Por mucho que ninguno de ellos me haya hecho daño todavía, no significa que un día no lo puedan conseguir. Cuando peleamos contra un titán hay que tener en cuenta que son imprevisibles. A mí ya me han arrebatado muchas cosas.

El rostro de Levi pareció ensombrecer, así que preferí guardar silencio el resto del camino. No era tiempo para seguir removiendo cosas del pasado.

—¡Se ve el pie de la montaña! ¡Hay rastros de la carretera! —informó uno de los soldados que encabezaba la expedición.

Estábamos en Shiganshina.

Nunca había estado en aquel distrito. Sabía que era una de las zonas más pobres de los muros, donde la gente vivía humildemente como podía. Quizás algún día lució lleno de vida, pero, cuando vimos las primeras casas de la ciudad, ya no quedaba nada. Las plantas habían comenzado a engullir los edificios a medio derruir y una suave brisa fantasmal recorría las calles vacías. Sentí que mi corazón se encogía, intentando imaginar cómo debió de ser aquel infierno para las personas que experimentaron dicha tragedia, pero, por mucho que me esforcé, no lograba ni siquiera vislumbrar una pequeña parte del terror.

—¡Ha salido el sol! ¡Alerta con los titanes que se esconden! —gritó Erwin. Fuera del bosque, ya nos habíamos subido a nuestros caballos y galopábamos por las calles del Distrito de Shiganshina— ¡Iniciamos la operación! ¡Que todo el mundo pase al Equipo de Maniobras Tridimensionales!

De un salto, nos subimos a los lomos de nuestros caballos, extendimos los ganchos hacia los tejados de las casas contiguas y usamos el gas para impulsarnos. Todos usábamos las capuchas de nuestras capas para cubrirnos el rostro. Sabíamos que nuestros enemigos querían a Eren por una razón que aún desconocíamos, así que no podíamos permitir que el castaño fuera fácilmente identificable. Ellos ya sabían que los objetivos de la legión eran recuperar la Muralla María tapando el agujero y llegar hasta el sótano de Eren, que estaba también en Shiganshina. Lo que desconocíamos era si nuestros enemigos sabían que Eren tenía ahora la capacidad de tapar el agujero.

Nos colocamos todos sobre el muro y esperamos a que Eren se moviera. Él debía ser el primero en actuar. Aprovechando que todos usábamos capuchas, se acercaría al portón exterior y se transformaría para tapar el agujero con su endurecimiento. Para cuando los enemigos quisieran darse cuenta de quién era Eren, él ya habría completado su misión principal.

—N-No hay titanes alrededor.

—¿Qué? —Moblit, que estaba a mi lado, me miró confundido. Yo estaba asomada al muro, vigilando que no se acercara ninguno de esos monstruos, pero, hasta donde alcanzaba mi vista, no veía ninguno.

—Que no hay titanes. ¿No es extraño? Deberíamos haberlos atraído.

Una bengala ascendió al cielo. Era la señal de Hange para que Eren actuara. Estaba convencida de que la capitán también se había dado cuenta del mismo detalle, pero eso no impedía que la operación continuara.

Eren se trasformó en el aire. Rápidamente, se situó junto al portón y salió del cuerpo endurecido de su titán. Mikasa, que estaba esperando, le sacó y le recogió para subirle a lo alto del muro de nuevo.

—¡Ha sido un éxito! ¡Ha sido completamente tapado! —informaron unos soldados que, con ayuda de sus ganchos, habían bajado por el muro para comprobar que el agujero había desaparecido por completo.

—Es hora de moverse al portón interior —Moblit me dio una palmadita en el hombro y justo nos movimos a esa zona.

Erwin pidió a Armin que nos diera instrucciones. El enemigo debía estar cerca. Según comentó el chico, había visto señales de una hoguera sobre el muro. Nuestros enemigos parecían haber partido rápido porque dejaron sus utensilios, pero, al parecer, éstos estaban ya excesivamente fríos. El comandante lo tenía claro. Sabían que íbamos. Nuestra llegada no les había pillado por sorpresa, por lo que tenía que haber alguien dentro del ejército que les hubiera proporcionado esa información.

Intentamos vislumbrar algo, pero, de repente, el comandante interrumpió la operación para que nos reuniéramos de nuevo junto a él. Al parecer, Armin tenía nuevas instrucciones que darnos. Sabiendo que los muros estaban huecos por dentro, aunque hubiera titanes colosales en su interior, era muy posible que se hubieran escondido en su interior. Por eso, bajamos por los muros para ir comprobando si alguna zona parecía estar hueca por dentro. Era extraño que ninguno de nuestros enemigos hubiera actuado ya y más teniendo en cuenta que no nos habíamos encontrado a ningún titán en el distrito. Muchos se estaban poniendo nerviosos y era completamente normal.

—_ _ _ _, tú esperarás también sobre el muro. Quédate siempre cerca de Eren —me ordenó el comandante—. Eres la única con suficientes conocimientos de medicina.

—Sí, señor.

Observé desde lo alto del muro cómo mis compañeros se había colgado de él e iban dando toquecitos con las espadas en la piedra, buscando que ésta hiciera un sonido diferente. Y no tardó en hacerlo.

—¡Aquí! —un soldado lanzó una bengala de color verde— ¡Aquí está hueco!

La voz del soldado se perdió. Una cuchilla le estaba atravesando el cuerpo. Rápidamente, un muchacho corpulento y de cabello rubio salió del interior del muro. Dio una patada al soldado para que cayera y, de un salto, se aproximó al siguiente soldado que estaba colgando del muro y al que no podía ver el rostro.

Sin embargo, antes de que aquel muchacho rubio, al que por la descripción identifiqué como Reiner Braun, matara a otro compañero más, Levi apareció como un flash para atravesarle con una de sus cuchillas en la garganta. Levi usó su pie para impulsar del cuerpo de Reiner y poder sacar la cuchilla que había quedado atascada en su cuello y, finalmente, el cuerpo de Reiner cayó también al vacío.

—¿Está muerto? —pregunté corriendo hacia el grupo formado por Eren, Jean, Sasha y Connie, quienes también habían permanecido sobre el muro.

—No —murmuró Jean con los ojos abiertos de par en par antes de que hubiera una fuerte explosión.

El cuerpo del Titán Acorazado se incorporó rodeado de un vapor blanco. Nunca lo había visto tan cerca, ni siquiera cuando intentaron secuestrar a Eren.

—¡Mirad por todo el perímetro! —ordenó Erwin— ¡Capturad a los demás enemigos!

Un sonoro estruendo se escuchó a lo lejos. El sonido parecía llegar de todas partes como un eco. Sentí un escalofrío recorrer mi espina dorsal, como una señal de que las cosas no habían hecho más que empezar. Lentamente, todos nos giramos para mirar a nuestras espaldas. Una horda de titanes, puestos en línea fuera de la Muralla María, había aparecido de la nada. Uno de ellos, cubierto de pelo y cuyos brazos eran más largos, se situaba al frente y con mucha precisión lanzó una piedra contra nosotros.

El pánico corrió por unos instantes entre los soldados que nos esperaban abajo, junto a las puertas cuando la piedra que había lanzado aquel titán voló sobre sus cabezas y cayó cerca de dónde se encontraban. Hubo que tranquilizar a los caballos, pero, cuando todo se calmó, parecía que nadie había resultado herido. Aquel titán había fallado.

—No ha fallado —Erwin se mostró tajante—. Tiene un buen control —el comandante era el que se mostraba más sereno, mientras que tanto yo como el resto de mis compañeros habíamos palidecido—. Ha bloqueado la puerta lo bastante como para que los caballos no pasen —hizo una pausa—. Primero, los caballos. Luego, nos cercarán y nos cortarán la retirada para aniquilarnos aquí. Vamos a poner fin a esto, tal como todos deseamos. Los seres humanos y los titanes, ¿quién sobrevivirá?

Miré de reojo a Erwin y, a través de la capucha, vislumbré sus ojos brillantes y una sonrisa tatuada en su rostro.


¡Hola, hola! ¡Ya estoy de vuelta!
En primer lugar, ¡feliz año a todos! Me habría gustado poder subir nuevo capítulo antes, pero he tenido unas Navidades de locura. No he parado por casa, así que no he tenido tiempo de escribir.
El anterior capítulo os generó un shock. Lo sé xD Como habréis leído el manga, sabéis que los siguientes capítulos (incluido éste) tendrán más acción, pero no lo alargaré mucho. Todos sabemos lo que pasa y es completamente innecesario. Sin embargo, sí os advierto para que os preparéis para el drama que se viene.

catherinearnshaws: Weee! Me alegro de haberos sorprendido con el lemon. Creo que era el momento idóneo para ello jaja Todos pensando en el rayisxMoblit y lo que no saben es que van bastante desencaminados. En cuanto a los flashbacks con Kuchel, no eres la única que me lo ha mencionado. Creo que es lo que más ha gustado del capítulo, mucho más que el lemon y adelanto que tengo pensados más flashbacks para introducir sobre la mamá de Levi. Lo merece.

cassieb1ack: Awww ¡gracias por tu comentario! Me ha hecho mucha ilusión que dijeras que el lemon me ha quedado muy realista. Es la primera vez que escribo algo así y está claro que tengo que mejorar, pero comentarios así motivan mucho. Por otra parte, estáis todas pensando que rayis va a morir y yo no spoilearé nada al respecto, pero me rio mucho con ese tipo de comentarios xD

Io-chan Ao-sama: Vayamos por partes con tu mega review xD En primer lugar, a mí también me gusta la carne muy hecha jaja pero como se supone que hay que comerla en el punto justo, así que por eso la describí así en el banquete. En segunda lugar, estoy contigo. Kuchel es maravillosa. Y ahora lo importante: Esta es una historia de amor a medias punto. Esta frase. ESTA FRASE que me dijiste en tu review no podría definir mejor este fanfic. Los dos son unos cabezas huecas, pero es que el universo de SnK y como está la situación tampoco ayuda para que pueda surgir algo mucho más serio entre estos dos. De ahí el drama que ha habido, hay y habrá. Además, reconozcámoslo, Levi tendría antes otras prioridades que el amor y no le culpo. En eso yo soy igual. Por último, otra persona que me menciona lo de la muerte de rayis jajaja Ay ay ay... Qué ganas tengo de que leáis los próximos capítulos xD

~ ¡Nos leemos!