XXVIII
Me resultaba increíble ver cómo Erwin y Levi podían mantenerse tan tranquilos cuando estábamos siendo atacados y el usuario del Titán Acorazado no había sido derrotado todavía. Reiner Braun se había transformado, seguramente para lograr sanar la grave herida en el cuello que el capitán le había ocasionado al atravesarle el cuello con una de sus cuchillas. El titán ascendía por la muralla, justo donde nos encontrábamos, mientras Erwin mantenía sus ojos puestos sobre aquella bestia peluda que nos amenazaba desde la distancia.
—Aquel titán que anda a cuatro patas también es inteligente —comentó Erwin. Aunque permanecía serie, como de costumbre, sus ojos brillaban por la emoción—. Y no me extrañaría que hubiera más.
Tragué saliva y cerré los ojos para intentar concentrarme y devolver toda mi atención a lo que tenía frente a mí. No era momento de entrar en pánico. Si lo hacía, estaría perdida. Pero Erwin tenía razón. Aquel titán situado al lado del Titán Bestia era de un tipo que no habíamos visto nunca. A su espalda parecía cargar varios barriles, lo que me hizo fruncir el ceño ligeramente. ¿Para qué querían aquellos barriles?
De repente, el Titán Bestia se movió. Emitiendo un sonoro rugido golpeó a la vez con su puño en el suelo. La horda de titanes que había dispuestos frente a él y hasta el momento habían permanecido inmóviles comenzaron a moverse.
—¡Se han movido! —gritó Hange— ¡Los de dos a tres metros se acercan en grandes números!
Mis ojos intentaron adivinar la dirección que seguían aquellos titanes. Si no estaba equivocada, el objetivo serían nuestros caballos. Su objetivo principal era conseguir a Eren, pero si nos impedían cualquier vía de escape o retirada les bastaría con encerrarnos y así evitar también cualquier vía de abastecimiento. Solo tendrían que esperar a que no pudiéramos pelear por el hambre y la sed, ni siquiera necesitarían luchas contra nosotros directamente para cumplir con su misión.
—Comandante, el Titán Acorazado estará pronto aquí y aún no sabemos dónde está Bertholdt —le recordó Armin.
—Lo sé —el rubio hizo una pausa, meditando qué hacer a continuación— ¡Que los pelotones de Dirk y Marlene vayan con el pelotón de Klaus, que está en el portón interior, y protejan a los caballos hasta el último hombre! —Erwin se giró para mirarnos— ¡Pelotones de Levi Y Hange, matad al Titán Acorazado! ¡Que cada pelotón use las lanzas-rayo que se le han asignado y cumpla con todo su objetivo a toda costa! ¡De este momento y de este combate depende la subsistencia de la humanidad! ¡Una vez más, ofrezcamos nuestros corazones por la raza humana!
—¡A la orden! —gritamos todos al unísono mientras nos poníamos en movimiento.
Nos desplazamos hasta algunos de los tejados de Shiganshina. Poco después, llegó Armin, pero no estaba acompañado de Levi. El muchacho nos comentó que el comandante había ordenado a Levi permanecer a su lado, pues solo el moreno podía acabar con el Titán Bestia. Nosotros, por nuestra parte, deberíamos seguir el plan que Erwin había trazado para que derrotáramos y matáramos al Titán Acorazado y que Armin nos explicó de forma rápida y sencilla.
—¿¡Que le usemos de cebo para proteger a los caballos!? —Hange no daba crédito.
—¡Sí! ¡Son órdenes del comandante!
—Pero, ¿Y si aun así Reiner elige matar antes a los caballos? —preguntó Mikasa.
—No… —sopesó Hange— Seguro que irá tras Eren. Si elige a los caballos, Eren dará un rodeo. Saldría en dirección a Trost e irá a por el Titán Bestia por detrás. Entre Eren y el pelotón de Levi realizarán un movimiento de tenazas y le atacarán. Esas son las órdenes de Erwin, ¿no? —Armin asintió— Aunque no salga bien, si Eren hace movimientos para huir, el enemigo se aturdirá y romperá el asedio. Pero, no sé si Reiner lo interpretará de ese modo.
—Tratándose de él, creo que sí lo hará —intervino Eren.
—Eren, nos enfrentaremos a Reiner dentro de Shiganshina.
—¡Ah! ¡Esperad, por favor! —exclamó Armin— ¡Hay otro punto a tener en cuenta! El Titán Colosal sigue oculto en algún sitio. La última vez Eren había casi acorralado a Reiner, pero Bertholdt le atacó pro sorpresa con mucha fuerza y él y Reiner acabaron llevándose a Eren. Es una táctica simple, pero lucharemos en una posición alejada del muro.
Armin tenía razón. Solo lo había visto desde lejos, pues yo cabalgaba en dirección contraria para llegar hasta los comandantes Pixis y Erwin y comunicarles la delicada situación en la que nos encontrábamos, pero tenía grabada en mi retina la imagen de aquel monstruo enorme precipitándose desde lo alto de muro. Así era cómo se habían llevado a Eren, por la fuerza y generando el caos entre las tropas. Entendía por qué Armin prefería que peleáramos lejos de la muralla. Cualquier precaución era poca.
Tan pronto como el Titán Acorazado alcanzó lo alto del muro, Eren se transformó. Reiner bajó por la muralla dejándose caer. Reiner pareció dudar, pero, finalmente, tal y como Eren había previsto, el Titán Acorazado se olvidó de los caballos y comenzó una dura pelea entre ambos.
Ver a dos titanes pelear me recordó a Trost, cuando el muro volvió a ser destruido por segunda vez. Entonces, me quedé paralizada mientras veía a un titán pelear contra otros titanes y había estado a punto de morir a manos de un titán por culpa de mi distracción. Elric y Mara habían logrado acabar con ese titán y salvarme. Sin embargo, a partir de ese instante, mi vida cambió y mi mundo comenzó a expandirse de una forma de la que no sería consciente hasta unos meses después. No obstante, aquella situación era algo diferente. No se trataba de una lucha de Eren con titanes ordinarios, sino de la lucha Eren contra un titán cambiante como él, de alguien que tenía la capacidad de controlar al titán.
Nunca había visto tan cerca al Titán Acorazado y me resultó impresionante. Tenía el cuerpo ancho, sus músculos marcados y poseía partes endurecidas en ciertas zonas de su cuerpo que le conferían una estructura casi 'amurallada'. A pesar del tamaño de su cuerpo, el Titán Acorazado se movía a mucha velocidad y agilidad, aunque seguramente un poco por debajo de la capacidad del de Eren. No obstante, ese punto de velocidad y flexibilidad que podía faltarle al titán de Reiner, éste lo compensaba con una fuerza mucho más poderosa que la del titán del castaño.
Ambos titanes se dieron golpes brutales que deformaban sus cuerpos a la misma velocidad a la que se regeneraban. Las casas a su alrededor eran destruidas por los impactos, haciendo saltar trozos de piedra y teja en todas direcciones.
—¡Todo depende del primer ataque! ¡Tomad la mejor posición!—nos gritó Hange mientras observábamos la escena repartidos en distintos tejados— Más que nada debemos esperar a que Eren cree la ocasión ideal.
Los dos titanes rugían. Ninguno parecía estar causándose el daño necesario para decantar aquella victoria a un lado o al otro. Los dos se detuvieron cada uno a un extremo de la calle. Parecían analizarse, intentando buscar la manera de llevar aquella lucha a su terreno. Fue entonces cuando el Titán Acorazado cambió de posición. Éste hincó la rodilla izquierda en el suelo y agachó su cuerpo, como si fuera a tomar carrerilla.
—¡AHORA!
Hange y Mikasa saltaron desde su posición. Eren permaneció inmóvil, esperando, al igual que el resto, a que las dos llevaran con éxito la idea que tenían en mente. Hange y Mikasa se desplazaron de un lado al otro de la calle. El Titán Acorazado no hizo ademán de moverse, seguramente porque pensaría que, con su endurecimiento, las espadas del ejército no tenían nada que hacer. Sin embargo, las Tropas de Reconocimiento tenían un as bajo la manga. Hange y Mikasa clavaron una lanza-rayo cada una en los ojos del Acorazado. Cuando éstas se alejaron para regresar al tejado contiguo, la cuerda que unía las lanzas-rayo se soltó, activando el mecanismo que hizo que, un par de segundos después, éstas estallaran.
El Titán Acorazado había perdido la visión. Teníamos que darnos prisa si deseábamos acabar con él antes de que pudiera regenerar sus ojos. No obstante, tampoco podíamos precipitarnos. Debido al poder destructivo de la lanza-rayo el que la activaba también corría peligro. Por eso no podíamos utilizar nuestros ganchos para adherirnos a la piel del titán como normalmente hacíamos, pues la explosión nos alcanzaría. Por lo tanto, la condición necesaria para atacar a un objetivo con las lanzas-rayo era que hubiera objetos alrededor como edificios en los que poder apoyarnos sin tener que hacerlo en el titán. Y estábamos en el lugar perfecto, pues se alineaban edificios a ambos lados de la calle.
Todos saltamos a la vez de nuestros tejados. Extendí mis ganchos hacia el tejado que tenía enfrente y giré hacia mi izquierda para situarme detrás de la nuca del titán. A la vez, todos mis compañeros y yo activamos nuestras lanzas-rayo y regresamos a nuestras posiciones mientras éstas estallaban prácticamente al mismo tiempo. Éstas destrozaron la armadura de su nuca, dejando la carne expuesta.
—¡Otra vez! —gritó Hange— ¡Clavadle las lanzas y rematadle!
Sin pensármelo dos veces, salté una vez más del tejado. Siguiendo una maniobra parecida a la previa, clavé la lanza-rayo en la nuca ya descubierta del Acorazado junto al resto de mis compañeros. La explosión pareció mucho mayor en aquella ocasión. Cuando el vapor y el humo generados por la explosión comenzaron a disiparse, el cuerpo de Reiner, sin cabeza, asomó de la nuca del titán.
—¡Lo conseguimos! ¡Le hemos volado la cabeza! ¡Hemos matado al Titán Acorazado! —gritó un soldado.
Una carcajada que se escapó de mi garganta se unió a los gritos de júbilo de algunos de mis compañeros. No obstante, mi risa se apagó cuando vi las caras de Sasha, Connie y Jean, quienes se encontraban a un par de metros. Por unos instantes, sentí cierta empatía hacia ellos porque, al fin y al cabo, habían sido compañeros de Reiner Braun durante sus años como reclutas, habían compartido muchos momentos juntos y se habían apoyado los unos a los otros. Evidentemente, tampoco era justo compararlo con lo que me había pasado a mí, cuando Alphonse se había incorporado al Escuadrón de Maniobras Antipersona e, incluso, había intentado matarme, pero sí que entendía el desconcierto que habrían sentido los chicos al descubrir la verdad sobre sus compañeros. No solo te sientes profundamente dolido, sino que, además, sientes que los últimos años de tu vida han sido un completo engaño, que los has vivido junto a un completo desconocido.
—¡Aún no hemos acabado! —gritó Hange una vez más— ¡Equipaos y preparaos para el siguiente!
—Vamos, chicos —me acerqué a Sasha, Connie y Jean. Puse mi mano sobre el hombro de la chica y sonreí, intentando reconfortarla—. Tenemos una misión que cumplir.
Los tres asintieron. Sasha y Connie se limpiaron las lágrimas y volvieron a preparar sus equipos, tal y como la capitán había ordenado. Jean y yo, en cambio, nos separamos un poco de ambos para espaciarnos y no estar todos situados en el mismo lugar, aunque permanecimos muy cerca de la pareja.
—No ha habido margen para negociar —comentó Jean. Yo estaba pendiente de colocar bien mi equipo, así que levante la vista y le miré, enarcando una ceja—. Quiero decir, ellos se lo han buscado, pero tenemos falta de información y no tenemos la capacidad de capturar a humanos titanizados sin usar la fuerza —el chico hizo una pausa—. Era inevitable —Jean hizo una pausa y se giró para clavar sus ojos miel sobre sobre los míos, suplicante—, ¿verdad?
—Jean…
¿Qué se suponía que debía decirle? ¿Qué podía decir a un chico de dieseis años que se sentía confundido y traicionado? No conocía mucho a Jean todavía, pero había trabajado con él lo suficiente como para saber que el muchacho se cuestionaba todas sus decisiones. Era trabajador, disciplinado, tenía talento, confianza y podía entrever un liderazgo que aún permanecía oculto. Pero esa moralidad debía apartarla para hacer lo que hacíamos y, aunque el chico se intentaba mostrar fuerte delante de otros compañeros, él también sufría igual que ellos.
—No. No teníamos elección —le respondí finalmente, no solo porque eso era lo que Jean necesitaba oír, sino porque de verdad lo creía. Ellos eran el enemigo ahora. No había posibilidad de diálogo con personas como ellos—. Sé que es duro para vosotros, pero esto no es solo por satisfacer nuestro orgullo, sino porque hay gente a la que hay que proteger dentro de esas murallas. Gente inocente. No tenemos información, Jean, tú lo has dicho, ¿pero qué motivaciones te pueden llevar a destruir las vidas de gente a la que no conoces?
—Ya. Lo sé.
—No puedes venirte abajo, ¿eh? —le guiñé un ojo mientras me pasaba al otro lado del tejado— Creo que todos dependen de ti más de lo crees y de lo que ellos se creen —sonreí—. Eres un gran líder.
—Qué va —el chico chasqueó la lengua—. No lo soy.
Contuve una leve carcajada. Jean miraba para otro lado, ocultando el ligero rubor en sus mejillas ante el cumplido que le acababa de hacer. Sin embargo, tenía la impresión, por su reacción y su respuesta, de que no había sido la primera persona en decirle algo así.
—Oye, _ _ _ _—me llamó Jean de nuevo—. Voy a acercarme a ver cómo siguen esos dos idiotas.
Asentí. Jean en seguida desapareció tras el otro lado del tejado.
Me asomé para mirar hacia abajo. Eren continuaba observando desde el otro lado de la calle, quieto, casi en alerta. El Acorazado estaba en el otro extremo. A mí me parecía que Reiner Braun estaba más que muerto, pero el comandante y los capitanes habían sido bastante específicos durante las charlas previas a la misión: no podíamos confiarnos. Seguramente Hange temería cualquier movimiento inesperado por parte del enemigo.
Y dicho y hecho.
La cabeza del Titán Acorazado se incorporó de repente, abrió sus fauces y emitió un sonoro rugido. Mis ojos se abrieron de par en par y mi corazón se detuvo. Creo que todos tuvimos esa misma sensación. El suelo y las casas temblaron a nuestro alrededor.
¡No me lo podía creer! ¡Estaba vivo todavía! Me sentí furiosa y, a la vez, una ola de impotencia me invadió. ¿Qué había que hacer para acabar con ese titán? ¿Esa habilidad formaba también parte de su poder?
Suspiré. Ajusté mi equipo y comprobé una vez más que tenía bien colocadas las lanzas-rayo. Tendríamos que volver a atacarle, pero esperaba que no tuviéramos que hacerlo más veces porque no disponíamos de tanto material y los carros con el material estaban al otro lado de la muralla, donde mis compañeros luchaban por proteger a los caballos.
—¡Clavadle las lanzas-rayo! —escuché la voz de Hange a lo lejos— ¡Haremos que le explote el cuerpo entero!
El rugido del Acorazado todavía retumbaba entre las calles vacías de Shiganshina.
—¡No! —la voz de Armin nos interrumpió al resto, que ya estábamos preparados para volver a atacar— ¡Alejaos de Reiner! ¡Mirad arriba!
¿Qué? Mi mente comenzó a trabajar a mucha velocidad. ¿Que nos alejáramos de Reiner? Miré hacia arriba y en seguida lo comprendí. Justo por encima de nuestras cabezas volaba algo y las piezas empezaron a encajar para mí. Ahí tenía que estar Bertholdt. Apreté los dientes con fuerza y maldije para mis adentros. Para eso servían los malditos barriles que llevaba aquel titán a cuatro patas. ¡Bertholdt estaba dentro de uno de ellos! El grito de Reiner habría sido una alerta y, seguramente, el Titán Bestia, al igual que había hecho con las piedras, lo había lanzado por encima de aquel muro. ¿Cómo no nos habíamos dado cuenta hasta entonces?
—¡El Titán Colosal está cayendo desde arriba! —continuó Armin— ¡Todo esto saltará por los aires!
—¡Mierda! ¡Alejaos todos del Titán de la Armadura! —nos ordenó Hange y todos cumplimos sus instrucciones inmediatamente.
No iba a negarlo, el pánico se había instalado entre los soldados, aunque intentábamos que ese terror que sentíamos no saliera a la superficie. Pero la sensación era la misma: nos habían derrotado.
Los escuadrones de Levi y Hange nos colocamos cerca de Eren. Desde allí, observamos cómo Berholdt salía del barril y, usando un Equipo de Maniobras Tridimensionales, se ayudaba para poder pisar tierra sin dificultades y alcanzar a Reiner. El chico parecía mirar cómo se encontraba su compañero.
—Por ahora nos hemos salvado. Al advertir el estado de Reiner, Bertholdt ha interrumpido el ataque —Hange suspiró aliviada. De haberse transformado en el aire, la explosión nos habría alcanzado a todos y se habría vivido una situación dramática para la legión—. En todo caso, el objetivo de nuestra operación ha llegado volando hasta nosotros. Podría decirse que todo ha salido a pedir de boca.
—¡El objetivo se aproxima por delante! —advirtió un soldado.
—¡Es Bertholdt! —remarcó Armin.
—¡Atención! ¡Esta será la operación! —Hange comenzó con las instrucciones— Armin estará al mando del pelotón de Levi y se encargará protegerá a Eren. ¡Los demás vamos a matar a los dos objetivos! ¡Rematad al Acorazado! En cuanto al otro, seguid con la operación. ¡Haced que use sus fuerzas para agotarle!
—¡Esperad, por favor! —Armin interrumpió a la capitán.
—¿¡Qué haces, Armin!?
—Esta es la última oportunidad para negociar —le suplicó Armin, por lo que Hange asintió con lentitud—. ¡Bertholdt! ¡Detente ahí! —El muchacho saltó a una de las pequeñas torres de uno de los edificios oficiales de Shiganshina. En la otra, al otro extremo, estaba Bertholdt—. ¡Hablemos!
Todos contuvimos la respiración. La respuesta de Bertholdt fue rápida, pero creo que todos sentimos que tardó siglos en contestar. El aire podía cortarse con un cuchillo.
—Si hablamos, ¿me haréis el favor de moriros todos? —todos abrimos la boca de par en par por su respuesta— ¡Solo tenemos dos peticiones! ¡Que nos entreguéis a Eren y la extinción de la raza humana que vive en el interior de los muros! ¡Ésta es la auténtica realidad, Armin! ¡Ya está todo decidido!
—¿¡Q-Quién lo ha decidido!?
—Yo.
No creíamos haber escuchado bien.
—¿Qué? ¿¡Qué has dicho!?
—¡Yo lo he decidido! ¡Vuestra vida termina aquí y ahora!
—Capitán… —murmuré a Hange. No había nada que hacer. No estaban dispuestos a negociar. Mikasa, que me escuchó, se giró para mirar a la capitán. Casi que podía leerle la mente. A su señal, ella le atacaría. Sin embargo, la mujer nos hizo un breve gesto con la cabeza para indicarnos que esperáramos.
—¡Es una lástima! ¡Porque yo ya no quería seguir escuchando los alaridos de Annie! —prosiguió Armin— ¡Tú eras el único que podía liberar a Annie de la brutalidad de la Policía Militar, verdad?! ¡A este pasó, Annie acabará como pienso para el ganado!
Miré de reojo de nuevo Hange. La sujeto Annie Leonhart seguía cristalizada y no habíamos averiguado aún cómo sacarla de ese estado de endurecimiento. Así que, ¿ese era el punto débil de Bertholdt? ¿Annie?
—¡Pues que así sea! —replicó el chico. Éste se movió de repente, activando su Equipo de Maniobras Tridimensionales.
—¡Armin! —Mikasa fue la única en reaccionar. Bertholdt se acercaba a Armin peligrosamente.
Hange nos hizo un gesto para que nos moviéramos sigilosamente y nos preparáramos. Mikasa debería atacar a Bertholdt en caso de que fuera necesario. Mientras tanto, otros soldados irían por detrás a por Reiner para intentar rematarle. A Jean le ordenó que permaneciera junto a Eren, claramente para persuadir al muchacho de no entrar en combate con el Titán Colosal.
—_ _ _ _, tú quédate cerca de Eren también —me indicó Hange por último—. Los carros están al otro lado y eres la única que dispone de algo de equipo médico —señaló el cinturón que había comprado junto a Moblit en Trost y que había equipado con algo de alcohol, gasas y vendas.
Asentí ante las instrucciones de mi capitán y me situé en el tejado cercano al chico.
—¡Dádsela de comer a los cerdos si es que la habéis capturado de verdad! —Berthold cayó justo al lado de Armin, quien se giró para salir huyendo— ¿Adónde vas, Armin? ¿No estábamos hablando?
Armin se detuvo. Los dos chicos se quedaron frente a frente. Sentía mi corazón desbocado, mis pulmones aguantaban la respiración. Un mal movimiento y Armin estaba acabado.
Desde aquella distancia, no podía escuchar apenas lo que decían, pero era Bertholdt el único que estaba hablando, lo que no me daba buena espina. Tenía el presentimiento de que el chico había descubierto nuestra estratagema y se lo estaba diciendo a Armin que, viendo cómo había temblado durante la noche, debía estar en esos momentos aterrorizado.
Ambos conversaron durante bastante tiempo. Bertholdt parecía bastante tranquilo. Sin embargo, Mikasa apareció por detrás. La chica sacó sus afiladas cuchillas y se lanzó contra Bertholdt. No obstante, el muchacho, como si ya hubiera estado esperando a que eso sucediera, logró detener las cuchillas de la chica desenvainando las suyas. Mikasa respondió con rapidez y, con su brazo izquierdo, lanzó otro nuevo ataque. Berthold lo esquivó a duras penas pues pareció que la cuchilla de Mikasa le había alcanzado. El chico se rehízo y, apoyándose en el tejado, elevó su pierna para propinar a Mikasa una patada en la cara que le hizo trastabillar hacia atrás y comenzar a caer por el tejado.
—¡Mikasa! —gritó Armin.
Bertholdt, a continuación, fue a por Armin. Aprovechando que el rubio se había distraído unos segundos por su amiga, Bertholdt aprovechó para atacarle. Pero la respuesta de Mikasa me dejó con la boca abierta. La chica, que había logrado mantener el equilibrio y no caer del tejado, sabía que no llegaría a tiempo para detenerle, así que lanzó una de sus cuchillas contra él. Bertholdt la detuvo con sus espadas y, al ver cómo Mikasa volvía a por él, el chico terminó por rendirse y saltó del tejado en dirección a Reiner. Armin intentó detenerle, pero Mikasa frenó a su amigo, evitando que le siguiera.
Todos nos incorporamos para observarle alejarse. Me subí a lo alto del tejado para tener una mejor visión de lo que sucedía. A lo lejos, podía ver a algunos compañeros ya sobre el cuerpo de un Titán Acorazado que ahora estaba boca arriba. Chaqué la lengua. Así no podrían rematarle…
Hange y Moblit, varias casas por delante, usaron sus equipos para desplazarse. Bertholdt había cambiado de repente la trayectoria. Seguramente al ver a los soldados se había dado cuenta de que no tenía nada que hacer contra ellos.
El chico soltó una enorme cantidad de gas que le hizo elevarse a gran velocidad hacia el cielo. Abrí mis ojos de par en par. Creo que todos, en ese momento, sabíamos qué era lo que iba a suceder a continuación.
Debíamos huir. Bertholdt iba a transformarse.
Eren, en su forma de titán, se giró para coger rápidamente a Connie y Sasha, quienes estaban en el tejado de al lado. Pero, cuando se volvió a por mí, yo ya había saltado del tejado en el que me encontraba y me desplazaba hacia delante, en dirección a Hange y Moblit.
—¡_ _ _ _!
Escuché el grito desgarrador de Jean a lo lejos, llamándome. Pero ya era demasiado tarde.
"Moblit está dispuesto a dar su vida por otros, especialmente por su capitán. Él es así de desinteresado. Pero necesito que tenga a alguien a su lado que esté dispuesto a dar también su vida por él"
No iba a llegar a tiempo. No iba a llegar.
Me sentía desesperada porque, si no se alejaban, los dos serían alcanzados por la explosión y morirían. Sin embargo, también sabía que Moblit protegería antes a nuestra capitán. Y yo, en cambio, había hecho una promesa. No podía permitir que Moblit se sacrificara y muriera. Él debía vivir. Su madre le esperaba.
—Huid, por favor —gemí.
Aún estaban muy lejos. Mis manos sudaban. Mi corazón me atronaba el pecho.
Y, entonces, vi una luz cegadora.
—¡MOBL-¡
BOOOOOOOOOOOOM
La explosión fue brutal.
Extendí mi brazo, como si intentara aferrarme a algo, pero fue inútil. Un grito se escapó de mi garganta cuando mi cuerpo se vio arrastrado por la onda expansiva. Los tejados se iban levantando a su paso. Trozos de piedra y madera se elevaron en todas direcciones mientras un rugido sobrecogedor envolvía todo Shiganshina.
Intenté usar mi Equipo de Maniobras Tridimensionales para agarrarme a algo y poder cubrirme, pero mi consciencia se desvanecía lentamente a la vez que objetos que no lograba identificar me golpeaban. Quizás debía encogerme en el aire, hacerme un ovillo y esperar a que todo pasara.
Lo siento, pensé mientras sentía cómo mi cuerpo seguía siendo sacudido en el aire. No había logrado llegar hasta ellos y tanto Hange como Moblit habían sido también alcanzados por la explosión. Yo tampoco iba a regresar con vida a Shiganshina y eso haría que Levi se enfadara.
Una lágrima recorrió mi mejilla y, entonces, solo me quedó la nada.
¡Ya estoy de vuelta! Actualizo la misma semana que saldrá el capítulo 103. ¡Abróchense los cinturones!
Éste es un capítulo un pelín más corto que de costumbre, pero tenía que dejarlo así jajaja Espero que os parezca tan buen cliffhanger como a mí.
Io-chan Ao-sama: jajaja No eres la primera que me ha comentado que el tema Maverick con su amor por Alphonse habría dado para mucho. Quizás deba hacer un spin-off o un capítulo especial sobre ello jajaja Quizás estés un poco decepcionada porque pensabas que habría más batalla, pero Bertholdt los mandó a todos a la mierda con su explosión y, claro, como tú no lees el manga, no sabes qué vendrá a continuación. Te tocará sufrir un poquito bastante por el momento para saber qué ocurrirá después de esto jaja
catherinearnshaws: Acertaste. me dijiste en tu anterior review que creías que vendría drama y ya ha empezado. A partir de aquí va a ser esto un dramón de tres pares de narices, pero espero que os guste lo que tengo preparado.
Zenakou: ¡Mil gracias por tu comentario! Con algunos personajes no tanto, pero no veas lo que cuesta escribir a Levi, sobre todo cuando se narra desde su perspectiva. En cuanto a lo que me preguntas sobre si habrá final feliz o no, no quiero adelantaros demasiado, pero será feliz o no dependiendo, por supuesto, de cuál sera el futuro de Levi en el manga (y que yo veo mu negro) y de lo que consideréis vosotros.
Sofia: Muchísimas gracias por tu review. me alegra leer comentarios tan positivos sobre lo que escribo.
cassieb1ack: Aquí lo tienes jajaja Lo prometí por Wattpad y he actualizado. Cumplo mis promesas ;)
~ ¡Nos leemos!
