XXX

El sonido de la bofetada que propiné a Levi fue eliminado por los gritos de súplica de Bertholdt Hoover. A unos metros de distancia, Armin, convertido en un titán deforme, estaba devorando a un Bertholdt que no podía hacer nada por escapar del destino que le esperaba.

Sin embargo, no era exactamente eso lo que me interesaba en esos momentos. Tenía mis labios apretados formando una fina línea. Hange y Floch, que habían sido testigos de lo que acababa de suceder, permanecieron incrédulos, con la boca ligeramente abierta por la sorpresa. Estaba furiosa con Levi y con la decisión que había tomado. Sentía que mis mejillas ardían y que algo en mi estómago se retorcía. Quería gritarle que había elegido antes a Erwin, que por qué había cambiado de decisión, pero ni siquiera me salían las palabras. Pero creo que tampoco hacía falta, con aquella bofetada Levi había entendido perfectamente cómo me sentía y qué opinaba de aquella decisión.

Levi, en cambio, no dijo nada, ni siquiera reaccionó y yo estaba demasiado enfadada en esos momentos como para percatarme del dolor que había en sus ojos. Permaneció unos instantes con el rostro ligeramente girado hacia su derecha por el impacto de la bofetada, los mechones más largos de su flequillo cubriéndole ligeramente la mirada. Después se puso de cuclillas junto a Erwin, al lado de Hange.

—Capitán, ¿por qué? —Floch fue el que se atrevió a hacer esa pregunta en voz alta.

—¿No podéis… Perdonarle? —Levi dirigió su mirada cansada hacia el cuerpo de Erwin— Solo podía convertirse en un demonio. Eso es lo que deseábamos. Y, encima, ahora que le habían liberado del suplicio, intentaba traerle de vuelta a este infierno. Igual que tú —hizo una pausa—. Pero ya es hora de dejarle marchar —el sonido del titán de Armin chocando contra edificios a medio destruir ocupó el breve silencio que se hizo de nuevo—. Erwin, te prometí que mataría al Titán Bestia, pero… Parece que habría que posponerlo.

—Ya da igual —Hange abrió ligeramente los ojos del comandante tirando de la fina piel con sus pulgares. Sus pupilas estaban fijas y el azul de sus ojos había perdido el brillo—. Nos ha dejado.

En ese momento, el titán de Armin de desplomaba contra una casa, mientras nubes de vapor ascendían hacia el cielo de Shiganshina. De la nuca, se entreveía la figura del muchacho, así que Eren y el resto saltaron hacia él para sacarle del cuerpo de aquel ser deforme que era antes.

Por mi parte, fue decir Hange aquellas palabras y sentir que mis piernas temblaban. ¿Erwin había muerto? Imposible. Yo era médico, no iba a permitir que eso sucediera.

En una maniobra desesperada, puse mis manos en el centro del pecho del comandante y comencé a contar el número de compresiones torácicas hasta llegar a treinta. Después, tapé su nariz con una mano y con la otra le tomé del mentón para abrir ligeramente su boca y poder insuflarle algo de aire a los pulmones. Una vez hice dos insuflaciones, repetí el número de compresiones y volví a insuflar aire dos veces. Una y otra vez. Sin parar. Una y otra vez. No podía detenerme. Tal y cómo me habían enseñado de pequeña, no podía interrumpirme hasta que la persona no iniciara la respiración espontánea o me agotara. Y no tenía pensado agotarme, me daba igual que mi brazo herido me quemara por el dolor, a pesar de que después de varios intentos la maniobra seguía sin dar resultado. No iba a parar.

—_ —Hange me llamó, pero yo la ignoré—. _.

Como les daba la espalda, no podía ver la expresión de preocupación en sus rostros ni ellos podían ver mis ojos prácticamente desencajados, desesperados por volver a sentir cómo el pecho del comandante ascendía y descendía lentamente de nuevo. Pero debían imaginárselo.

—_.

—¡No! —le grité a Hange mientras continuaba con las compresiones. Las gotas de sudor caían por mi frente y tenía la mandíbula tensada— Erwin Smith no va a morir hoy aquí.

De repente, sentí cómo alguien pasaba sus brazos por mis axilas y tiraba de mí para que me apartara del cuerpo de Erwin.

—¡No! —grité, mientras intentaba zafarme, pero al resistirme sentí un pinchazo en las costillas que no recordaba que tenía y emití un leve gemido.

Dejé de pelear. Floch me soltó y me quedé sentada sobre el tejado de la casa solo unos segundos. Me incorporé ligeramente para regresar una vez más junto a Erwin y seguir intentándolo, pero Hange se puso de cuclillas frente a mí. Me tomó la cara con ambas manos y me obligó a mirarla a los ojos.

—No hay nada que hacer, _ —su voz era suave—. Erwin se ha ido ya.

No quería creer sus palabras. Desvié la mirada hacia el cuerpo de Erwin, que yacía inmóvil sobre el tejado. Me mordí el labio y, finalmente, di un manotazo a Hange para que me soltara. Me incorporé y le di la espalda, porque no me apetecía tener que hablar con nadie ni ver sus miradas de pena. Ellos se habían rendido y me estaban obligando a rendirme también cuando yo no quería dejar a Erwin marchar. Creerían que su muerte me habría afectado demasiado, pero estaba bien, no necesitaba que ninguno se preocupara por mí. El comandante ya no estaba, eso era lo que de verdad debería preocuparles.

A partir de ese momento, todos nos pusimos en movimiento en un ambiente lúgubre y tenso. Solo Hange habló. Con el poco gas que nos quedaba debíamos subir a lo alto de la muralla. Allí nos prepararíamos para regresar a Shiganshina después de que Sasha y Armin se recuperaran.

Cuando nos movimos, me percaté de que Levi se quedó atrás, junto al cadáver de Erwin. Hange ni ninguno de nosotros le dijimos nada. Querría despedirse de él a su manera, al fin y al cabo era Erwin el que le había dado una segunda oportunidad y había confiado en él.

En esa ocasión, fue en Mikasa en la que me apoyé para subir hasta lo alto del muro. Me aferré de su cuello y ella me tomó con un brazo de la cintura, ayudándome a escalar junto a ella hasta lo alto. Los chicos, mientras tanto, a duras penas recogieron los pocos materiales que habían sobrevivido a las piedras lanzadas por el Titán Bestia, pero que eran suficientes para poner tanto a Armin como a Sasha en una camilla a cada uno y arroparlos con unas mantas para que no cogieran frío. Por suerte, también, tras varios silbidos, aparecieron al trote algunos caballos que, posiblemente, habrían huidos espantados por lo que había sucedido.

Tras examinar a Sasha, determiné que estaba mucho mejor de lo que a simple vista aparentaba. Había recibido varios golpes en su cuerpo, lo que seguramente le produciría muchos dolores. Parecía que tenía alguna costilla rota, pero lo más preocupante en todo caso era el golpe que tenía en la cabeza. Le limpié la sangre y examiné la herida, pero con lo que tenía no podía hacer mucho más, ni siquiera nos quedaban ya apenas vendas.

—¡Se ha despertado! —Eren fue el primero en percatarse de que Armin se había incorporado y estaba comprobando el estado de Sasha. El chico salió corriendo hacia su amigo.

—Eren, ¿qué ha pasado? —le preguntó al verle llegar. Yo, que había permanecido arriba también, junto a Eren, le seguí de cerca.

Eren se agachó y le abrazó con fuerza. No paraba de repetirle que se alegraba de que hubiera vuelto mientras yo permanecí inmóvil, cerca de ellos y observando el rostro de desconcierto de Armin.

—¿Ya se ha despertado? —Levi subió hasta el muro de nuevo. Había permanecido desaparecido por varios minutos desde que le habíamos dejado con el cuerpo de Erwin.

—Capitán, ¿y esto? —le preguntó Armin—. No recuerdo cómo he acabado aquí.

—Lo supongo —Levi miró de reojo a un Eren que agachó la vista—. Eren, cuéntale la verdad —pronunció con serenidad mientras lanzaba una bengala para indicar a Jean, Mikasa, Connie y Hange, que habían estado inspeccionando el perímetro en busca de supervivientes, que regresaran.

Cuando los cuatro volvieron, Eren procedió a explicarle a Armin lo que había sucedido, cómo él se había sacrificado para vencer al Titán Colosal y lo que eso había supuesto finalmente tanto para su vida como para las de Bertholdt y Erwin.

—A ver… —Armin intentó repasar en voz alta toda la información para poder retenerla mejor— Primero, los diez que estamos aquí somos las Tropas de Reconocimiento al completo, ¿no?

—De momento, sí —le respondió Jean—. El combate acabó hace cuatro horas y hemos estado buscando supervivientes, pero… —Jean se detuvo a mitad de la frase y Armin decidió continuar porque podía leer perfectamente en el rostro del chico que no habían encontrado a nadie con vida.

—Logramos bloquear el muro de Shiganshina y creéis que Reiner, el Titán Bestia y el otro enemigo huyeron. Y tras conseguir al Titán Colosal discutisteis a quién ponerle la inyección, si al comandante Erwin o a mí, ya que ambos agonizábamos. Yo me convertí en titán y me comí a Bertholdt —a medida que iba diciendo aquello, el rostro de Armin se descompuso. Su estómago se retorció y le sobrevinieron arcadas que forzó por contener.

—Ten —le tendí agua. Él la tomó y dio un trago para intentar hacer desaparecer las náuseas que sentía.

—¿Por qué me elegisteis a mí? —susurró— Por mucho que se piense, ¿no deberíais haber resucitado al comandante Erwin? Capitán —Armin miró suplicante a Levi—, ¿¡por qué me lo inyectó a mí!?

—Tsk —Levi propinó una patada a Eren en la espalda—. ¿No te he dicho que le contaras la verdad? Parece que, al menos, tus dos mejores amigos no pensaban igual. Se opusieron a mí, hasta el punto de atacarme.

—Aceptaremos el castigo que sea —replicó Eren con determinación.

—Está claro que se os castigará por infringir las normas militares, pero ¿crees que basta con aceptar un castigo para poder hacer cualquier cosa? —intervino Hange.

—N-No —Eren agachó la mirada avergonzado.

—La verdad es que, en definitiva, fui yo el que te eligió —explicó Levi—. No. Fueron mis sentimientos personales los que me llevaron a decidir que éste sería el lugar donde Erwin moriría.

—¿Eh? No lo entiendo. El comandante no debería morir… —balbuceó Armin— No puedo creer que ya no esté.

—Ni tú ni nadie lo entiende, Armin —expresé con frialdad.

—¿Y… Y ahora? ¿Qué vamos a hacer?

—Yo también creo que el suero debería haber sido inyectado en Erwin —Hange compartí a en parte mi opinión—. Pero fue él el que le confió el suero a Levi. Y Levi te eligió, así que no diré nada más —la capitán me lanzó una mirada de soslayo antes de continuar—. De modo que te han sido confiados la vida de Erwin y el poder del Titán Colosal. No importa lo que digan ahora, ya sabes quién eres. Espero que contribuyas aún más al futuro de la raza humana.

—Uh… ¿Yo? ¿Yo soy el sustituto del comandante Erwin? —parecía que Armin iba a echarse a llorar en cualquier momento. Y no le culpaba. La sombra de Erwin era demasiado alargada.

—Tú no sustituirás a Erwin, no te confundas —añadió Levi—. Pero es cierto que tú ahora posees un poder que los demás no tienen. ¿Lo entiendes, Armin? No hagas que nadie se arrepienta. Ni yo, ni estos dos —puso sus manos sobre la cabeza de Eren y Mikasa—. Ni nadie, ni tú mismo. No hagas que nos arrepintamos —insistió Levi—. Esa es tu misión.

—No puedes decirle eso —intervine, apretando los puños con fuerza tras ver el rostro asustado de Armin—. No puedes devolverle a la vida cuando él se sacrificó en primer lugar y después decirle que no te haga arrepentirte de tu decisión. ¡Tiene quince años, Levi! No pongas sobre sus hombros una carga tan pesada. Ya tiene suficiente con tener que tener semejante poder y haber sacrificado la vida del comandante.

—Callad ya —los gemidos de Sasha nos interrumpieron.

—Sasha es tremenda —Hange emitió una leve carcajada, mientras todos mirábamos a la chica incrédulos, pues había vuelto a guardar silencio—. En fin… —la mujer se puso en pie y se dirigió a Armin de nuevo, dispuesta a aligerar la tensión en el ambiente— Yo también sucederé a Erwin como comandante de las Tropas de Reconocimiento. Estoy en una posición parecida a la tuya, así que ambos debemos aceptar nuestro destino.

—Sí —asintió el rubio algo más convencido.

—Bien… Si no hay problema con Armin, ya es hora de irnos. Levi, Eren, Mikasa y yo nos vamos a investigar. Los otros cuatro quedaos por el muro a vigilar Shiganshina por los cuatro costados. _, tú descansa junto a Sasha. Lo necesitas —rodé los ojos, pero antes de que pudiera repicarle, Hange habló a Eren—. Eren, no has perdido la llave, ¿verdad?

—No —el chico se llevó la mano a la cadena que asomaba por el cuello de su camiseta—. Está aquí.

Tras decir aquello, Hange, Mikasa, Levi y Eren se pusieron en marcha. Una vez emprendieron el camino en busca de la casa de los Jaeger, me acerqué a Sasha para comprobar que estaba bien y, después, me incorporé y me crucé de brazos.

—Gra-Gracias —Armin se acercó a mí—, por defenderme cuando no tenías por qué hacerlo. Y lo siento.

—¿Por qué te disculpas?

—Porque el comandante… —Armin agachó la vista. No hacía falta ser muy espabilado para darse cuenta de que no estaba de acuerdo con la decisión de Levi.

—Armin, mi problema no es contigo. Hay que tener mucho valor para hacer lo que hiciste —le sonreí lo más honestamente que pude.

A mí, sinceramente, no me apetecía quedarme ahí arriba sin hacer nada. Me asomé y miré hacia abajo para asegurarme de que Hange y compañía estaban lo suficientemente lejos y, después, me giré hacia los chicos, quienes estaban distribuyendo qué lado vigilaría cada uno.

—Quiero bajar.

—¿Qué? —Jean enarcó una ceja.

—Que quiero bajar —puse los brazos en jarras— Connie, ¿puedes dejarme tu equipo?

—¿Estás de coña? —intervino Floch.

—¿Me ves con pinta de bromear?

—N-No deberías —intervino Armin—. Nos queda poco gas y estás herida.

—Estoy bien —insistí—. Lo digo en serio. Necesito bajar. Si hay que dar explicaciones a Levi o Hange sobre esto, yo asumiré las consecuencias.

Connie se quitó el equipo sin añadir absolutamente ni una sola palabra y me lo entregó. Jean observó la acción del chico con el ceño ligeramente fruncido.

—¿Cuándo vas a volver? —me preguntó Jean mientras me colocaba el equipo— No sabemos cuánto tardarán en regresar del sótano. ¿Y si no estás? ¿Y si te pasa algo? ¿Te has visto? ¡Tienes un aspecto horrible!

—Jean —miré al chico y le puse una mano en el hombro—, dejo todo en tus manos.

—¿¡Qué significa eso!?

Usé los ganchos para descender por el muro, intentando usar la menor cantidad de gas posible porque, después, tendría que subir de nuevo. Cuando mis pies tocaron el suelo, observé durante unos instantes el panorama desolador que había ante mis ojos. No obstante, tenía un objetivo en mente y debía apresurarme si quería regresar antes que Hange y compañía.

Caminé hasta la parte sobre la que Bertholdt Hoover se había transformado. La zona estaba completamente destruida y los edificios que había antes se habían convertido en un amasijo de piedras y vigas de madera partidas en diversos trozos. A partir de ahí, debía inspeccionar el perímetro y establecer una ruta más o menos rápida que cubriera ese punto hasta el lugar más lejano al que hubiera llegado la onda expansiva. Me rasqué la nuca. Era imposible que me diera tiempo hacer eso solo en una hora, quizás algo menos.

—¿Qué estás haciendo?

Me giré. Jean me observaba de brazos cruzados.

—¿Me has seguido?

—¿Crees que iba a dejarte sola? Ya te lo he dicho, pero no escuchas. Estás hecha una porquería. No quiero que te desmayes por ahí, luego no podamos encontrarte y mueras.

No respondí. En esos momentos no me parecía que yo estuviera tan mal, me encontraba relativamente bien para lo que me había pasado. Volví a girarme para darle la espalda y comencé a caminar por una de las calles, pero él me siguió. Dio un par de zancadas y se colocó frente a mí mientras caminaba de espaldas.

—¿Por qué haces esto? No seas una cabezota y déjame ayudarte.

Suspiré y me detuve. Me pasé una mano por el pelo y fue entonces cuando me di cuenta de que lo tenía revuelto y completamente repleto de nudos. Bueno, qué esperaba… Había sido arrastrada por una onda expansiva.

—Yo sobreviví —comencé a explicarle, pero Jean enarcó una ceja no entiendo nada—. Sobreviví a la explosión. Estoy aquí. Si yo estoy aquí, quizás alguien más haya sobrevivido.

Jean permaneció en silencio, su rostro serio e inexpresivo. No sé cuánto tiempo pasó sin decir ni una sola palabra, pero me pareció una eternidad. Me preguntaba qué pasaba por su mente, si él no había caído en lo mismo que yo hasta ese momento.

—¿Es por Moblit? —me preguntó finalmente.

Sentí que un nudo se formaba en mi garganta.

—_ —me dijo Jean con suavidad—, ya hemos inspeccionado la zona. No hay supervivientes.

—Eso no lo sabes —apreté los puños con fuerza—. Yo terminé dentro de una casa. Atravesé una maldita ventana. ¿Lo habéis hecho? ¿Habéis entrado también en las casas para comprobarlo?

Jean se pasó la mano por el pelo y suspiró.

—Está bien —el chico levantó la vista—. Nosotros estábamos en esa dirección antes de que Bertholdt se transformara —señaló a nuestra espalda— y Hange y Moblit estaban hacia allí —apuntó ahora con su dedo en la dirección contraria.

—La casa a la que me arrastró la onda expansiva estaba por esa zona —señalé a mi derecha.

—Te arrastró varios metros en una dirección completamente distinta… —Jean se cruzó de brazos, reflexivo—. Yo iré hacia allá, hacia el lugar donde se encontraban Hange y Moblit y recorreré la zona. Tú vete más al este para tener en cuenta que a él podría haberle enviado en dirección opuesta, igual que a ti.

—Recorrerás más que yo.

—Eso no es problema —Jean me miró de arriba abajo y una mueca de disgusto se dibujó en su rostro. En serio, ¿tan mal aspecto tenía?

Tras tomar caminos separados, emprendí mi marcha por una de las calles principales. Entre los escombros y lo que quedaba en pie encontré los cuerpos de algunos soldados, pero, tal y cómo Jean ya me había dicho, estaban muertos. Algunos presentaban quemaduras por casi todo el cuerpo, sus extremidades estaban en posiciones antinaturales por estar sus huesos fracturados de diversas maneras, otros tenían partes aplastadas al haber caído fragmentos de piedras sobre ellos. Incluso encontré solo extremidades. Sentí una profunda tristeza al tener que dejarlos allí por no tener los medios para cargarlos y devolverlos con sus familias. No obstante, sabía que regresaríamos con ayuda tarde o temprano a Shiganshina para poder darles a todos esos soldados la despedida que se merecían.

Entré finalmente en una casa que permanecía en pie. La puerta estaba atrancada, así que le propiné varias patadas hasta que logré abrirla a la fuerza. La madera, ya cuarteada, crujió con un chasquido y la puerta salió despedida hacia el interior. Un desagradable olor a humedad me golpeó la cara y tuve que cubrirme la nariz con mi mano derecha. La casa por dentro estaba repleta de polvo y un par de ratas corretearon de un lado al otro del salón cuando escucharon mis pasos. Estar en la casa de alguien que no conocía me ponía la piel de gallina, pero no por haber entrado sin permiso, sino porque todo estaba tal y cómo las personas que habían vivido allí lo habían dejado entonces. Sobre una mesa había unos vasos con bebida que parecía haberse ya evaporado y trozos de pan duro y mohoso. En una de las habitaciones, además, había unos zapatos de mujer tirados en el suelo. Me imaginé a una madre cogiendo a sus hijos pequeños y saliendo descalza a la calle para intentar huir lo antes posible del destino que les aguardaba.

De repente, me quedé parada en medio del pasillo. Por unos momentos, era incapaz de pensar en nada, mi mente se había quedado en blanco. Tuve la sensación de que las paredes se estrechaban y de que mi visión empeoraba. Me tambaleé. ¿Qué demonios estaba haciendo allí? Me sentía confundida. Me sentía mareada y quería salir de allí, pero mis piernas no respondían. Sentí cómo mi cuerpo se estremecía y tosí con tanta violencia que los pinchazos de dolor en los costados me dejaron prácticamente doblada en el suelo. Caí de rodillas y me cubrí la boca con mis manos. Cuando la tos se detuvo, comprobé que le palma de mi mano estaba manchada de sangre y comencé a temblar. ¿Qué me estaba pasando?

Me puse en pie y salí de la casa arrastrando los pies. Enfilé de nuevo la calle sin saber muy bien hacia donde me dirigía y, unos minutos después, Jean posó su mano sobre mi hombro.

—Deberíamos volver —me dijo—. Te estaba buscando. ¿Dónde estabas?

—Dentro de una casa —le respondí. Me limpié con discreción la mano manchada de sangre en mi pantalón, esperando que no se hubiera dado cuenta. La boca me sabía a sangre.

—Volvamos —me dijo con tono firme.

—De acuerdo —respondí con simpleza, lo que pareció sorprenderle. Seguramente esperaba que me resistiera, que le insistiera en que continuáramos buscando y no que me mostrara completamente resignada. Pero es que no me encontraba bien.

Los dos volvimos en silencio a lo alto del muro, mientras yo intentaba que mi cerebro continuara funcionando. Lo que me había pasado en aquella casa no era normal. Por unos instantes, me había sentido desubicada, incluso había tenido dudas de qué estaba haciendo allí. Después, había tosido sangre. Aquello no era una buena señal y no hacía más que confirmar las sospechas que tenía tras haber recuperado el conocimiento después de la explosión: me estaba desangrando por dentro.

—No nos quedan más vendas —murmuró Armin cuando nos vio regresar.

—No pasa nada —sonreí sin mucha convicción. La herida de mi brazo izquierdo no dejaba de sangrar y las vendas que Connie me había puesto estaban completamente teñidas de rojo y había terminado por empaparme también la chaqueta del uniforme o lo que quedaba de ella.

—¿Estás segura de que estás bien? —insistió Jean.

Asentí porque tenía la impresión de que si pronunciaba una sola palabra más, vomitaría. Jean en cambio, continuó mirándome de soslayo de vez en cuando, no muy convencido de mi respuesta. Mi expresión al salir de esa casa en Shiganshina no debería haber invitado al optimismo y parecía preocupado por mí. Imaginaba que no le apetecía que muriera más gente de la que ya había muerto, no cuando ya habíamos pasado por lo peor.

Iba a morir. Ese pensamiento no dejaba de repetirse en mi mente mientras regresábamos a la Muralla Rose. Fijaba mis ojos una y otra vez en mis compañeros, en los que, como yo, habían sobrevivido a una masacre. Eren, Mikasa, Hange y Levi caminaban al frente. Ninguno había pronunciado ni una sola palabra desde que habían regresado de casa de los Jaeger. Habían traído consigo tres libros que habían guardado en una de las mochilas que habíamos recuperado y la cargaron en uno de los caballos para emprender el camino de vuelta. Quería preguntarme qué era lo que habían visto, pero a medida que avanzábamos y que la adrenalina que había experimentado me abandonaba, mis fuerzas también se desvanecían.

Cuando los dos soldados que había en lo alto de la muralla de Trost nos vieron llegar a lo lejos, prepararon los ascensores para que pudiéramos transportarnos a lo alto con comodidad. Nos saludaron efusivamente, pero ninguno nos sentíamos con ánimos para responderles de la misma forma. Ni siquiera nos sentimos mejor cuando la población nos esperaba abajo con vítores. Caminamos por las calles de Trost siendo escoltados, con la mirada perdida, pero eso no parecía importarle a nadie. La misión había sido un éxito, se había recuperado la Muralla María y el hecho de que solo regresaran diez personas tampoco era relevante porque a sus ojos éramos héroes.

En el cuartel nos esperaban miembros de las Tropas Estacionarias y la Policía Militar, entre ellos Darius Zackly, Dot Pixis y Nile Dok. Las primeras instrucciones que dieron al vernos era que nos atendieran médicos, especialmente a Sasha, que permanecía inconsciente y escoltada por Connie y Jean, quienes no se habían separado de ella en ningún momento.

—¿Qué ha pasado? —me preguntó uno de los doctores mientras examinaba a Sasha a primera vista y ordenaba que trajeran una camilla para moverla.

—Hubo una explosión —le expliqué, aunque sentía que las palabras me salían de forma temblorosa. Lo único que me apetecía era echarme a dormir—. Parece que tiene alguna costilla rota, pero el golpe en la cabeza es lo que más me preocupaba. No disponía en Shiganshina de los materiales necesarios para tratarla.

—Bien. Déjanoslo a nosotros —el hombre sonrió. Sin embargo, antes de que se diera vuelta, apoyó mi mano en su hombro. Él se detuvo y se giró para mirarme.

—¿P-Puedes echarme un vistazo? —le pregunté con la voz entrecortada. Había aguantado en silencio todo el trayecto desde Shiganshina, pero ya no podía más. Me estaba pasando algo malo— N-No creo estar bien —una arcada ascendió por mi garganta y la sangre se acumuló en mi boca.

—¡Traed una camilla inmediatamente! —gritó una enfermera.

—M-Me estoy… desangrando —balbuceé mientras la sangre caía por mi barbilla. Las piernas me fallaron, pero Jean, que a pesar de estar junto a sasha había notado sus ojos en mi nuca todo el camino de vuelta, me aferró de los hombros —D-de lado. P-ponme…

Solo podía ver los ojos asustados de Jean, pero a lo lejos me pareció también escuchar los gritos de Connie y Armin.

—¡Se va ahogar en su propia sangre! —aquella voz no la reconocí. Sonaba como un eco que se repetía en el vacío de mi mente.

¿Por qué siempre tenía que ser yo? Me aferré al brazo de alguien, apretándolo con fuerza. Unos ojos miel se observaban y una sonrisa quiso dibujarse en mi rostro. Era patética, siempre me pasaba igual. Igual que cuando nos enfrentamos al equipo antipersonas de la Policía Militar, yo era la que quedaba la primera fuera de combate. Recordé entonces que Levi me había pedido la noche anterior que no muriera y yo había sonreído porque, a su manera, era su forma de decirle que le importaba. Había sobrevivido a Shiganshina, pero no había sobrevivido al viaje de vuelta. Sin embargo, estaba en esos momentos enfadada con él. Le odiaba con todas mis fuerzas. Que le den a Levi. Y habría soltado una carcajada ante la ironía de la situación, pero las fuerzas definitivamente me abandonaron y mis ojos, lentamente, se fueron cerrando, sumiéndome en un profundo y espeso sueño del que, como médico, sabía que sería prácticamente imposible despertar.

Supongo que, en el fondo, aquella tampoco había sido una mala vida.


¡Hola a todos!
Finalmente, estoy de vuelta. Quizás este capítulo ha sido más corto de lo que esperaba, pero bueno... En próximos capítulos se viene mucho drama que quiero estructurar bien, así que ya veremos cómo me queda la cosa xD Por cierto, me quedan solo cuatro comentarios para llegar a los 100 en fanfiction y... ¡Guau! Espero llegar a ellos con la publicación de este capítulo. Es muy fuerte haber llegado tan lejos con esta historia. Jamás lo imaginé.
Antes de contestar a las reviews, imagino que habréis leído el capítulo de este mes de SnK... LA DEPRESIÓN. Qué mal lo pasé y qué llorera. Isayama siempre se carga a los personajes que el fandom más quiere T.T

Zenakou Theories: Ay muchas gracias... Intento que rayis no tenga mucha influencia en la historia en sí porque el canon es el que es, así que, por otro lado, procuro darle a ella también su propia historia y su propio desarrollo (en este sentido estoy deseando empezar a escribir todo lo que viene). En cuanto al pasado de rayis que puse al principio del anterior capítulo, sí, son cosas del spin-off de Levi, pero no es la primera vez que lo menciono en esta historia. Al fin y al cabo es canon ;)

Guest: En primer lugar, Jean es mi personaje favorito xD Sé que no se nota en este fanfic porque no le doy mucha bola jaja Pero lo es, lo amo con todo mi corazón. En este capítulo he decidido que empiece a relacionarse más con rayis por cosas que pasarán en el futuro y que no puedo ir adelantando, pero que creo que os van a gustar. En segundo lugar, me alegra que te gustara el final del capítulo. La verdad es que hemos visto a rayis muy fuerte tras todo lo que ha pasado por la explosión y,como habrás leído en este capítulo, en realidad no está bien. Hay veces que en golpes tan fuertes como éste el daño real no se nota hasta horas después y eso es lo que le ha pasado a rayis (aunque ella ya se lo imaginaba porque en el anterior capítulo, al despertar, ya lo piensa, que seguramente por dentro su cuerpo estaría mucho peor). Por último, Moblit tendrá algo. Era un personaje que adoraba y quiero darle en este fanfic la despedida y el reconocimiento que se merece. Vendrá en forma de capítulo especial.

cassie1black: Ay es verdad... Que poco después de que actualizara salió el trailer de la tercera temporada. QUÉ HYPE. En fin, el último capítulo gustó bastante, tanto lo del flashback de rayis con su padre como, sobre todo, la bofetada a Levi xD Pobre Levi y lo que le queda por pasar todavía...

Io-chan Ao-sama: Haces bien en preguntarte de dónde viene esa canción de cuna porque estaba deseando contarlo jaja Son, nada más y nada que menos, que fragmentos de la canción del ending del anime de Violet Evergarden (mi obsesión de este año). Me gusta muchísimo la canción y, cuando busqué la traducción, la letra me pareció super apropiada para la canción estilo nana que quería que rayis estuviera cantando (porque sí, esta escena la tenía planeada desde hacía muchísimo tiempo). Ahora, en cuanto a lo de si rayis vivirá o mirará... No puedo decir nada al respecto, pero obtendréis respuestas pronto.

¡Un saludo!