XXXII

El dulce aroma de las flores frescas recorrió los rincones de la habitación cuando la suave brisa atravesó la ventana abierta. Sentada en aquella silla, tomando su mano, ignoré por completo a la persona que la cerraba con un chasquido, para después, dejarme a solas con él. Observé con detenimiento su mano, delgada y sudorosa, y, con mi pulgar, acaricié su piel, esperando que supiera que estaba ahí.

Había pasado una semana desde que había despertado. Finalmente, mi madre había expresado en voz alta lo que tanto miedo le había dado decir: Ezra estaba enfermo. Por mucho que los médicos le hubieron examinado y le hubieron proporcionado medicinas, mi hermano no había mejorado, sino todo lo contrario. Su condición había empeorado hasta tal punto que, a excepción de un milagro, lo único que podría esperarle era una muerte que estaba siendo lenta y dolorosa.

La habitación se llenaba de aquel olor a enfermedad y su pecho ascendía con dificultad, haciendo fuertes sonidos mientras él luchaba por respirar. Cogí el trozo de tela que había sobre su frente y la volví a mojar en la palangana que había sobre la mesilla y la escurrí. Con dificultad, dadas mis lesiones, que seguían curando, le mojé los brazos y las piernas y volví a colocar la tela sobre su frente, esperando que las altas fiebres que lo tenían en ese estado bajaran.

¿Qué le estaba sucediendo? ¿Por qué estaba en ese estado? Apreté mis puños con fuerza, clavándome las uñas en la carne. Me había esforzado durante toda mi vida para que mejorara y nunca había obtenido resultados. Había consagrado muchos años a estudiar medicina por él y nunca había dado con una solución. Sentía que, una y otra vez, fracasaba en todo lo que hacía. Daba igual lo mucho que me esforzara, nunca obtenía resultados. Así que estaba enfadada, no sabía exactamente con quién o con qué, pero deseaba que todas las personas que había a mi alrededor desaparecieran.

De esta manera, los días que siguieron a mi rabieta por la breve visita de Levi no consentí ver a nadie más que no fueran médicos, enfermeros o mi madre. Tras comunicarme que mis lesiones parecían estar progresando bien, mi madre soltó la bomba que sabía que había estado guardando desde que me había despertado y que no había querido decirme para que me centrara en mi recuperación. Sus palabras fueron como un jarro de agua fría y los médicos accedieron a que pudiera ir a visitarlo siempre y cuando fuera acompañada de algún enfermero o enfermera que me ayudara a desplazarme y no hacer así esfuerzos.

Entre su fuerte respiración entrecortada, Ezra emitió un gemido y me apretó la mano con fuerza. Sentí que un nudo se formaba en mi garganta.

—Tranquilo. Estoy aquí —susurré, acariciándole su pelo empapado por el agua y el sudor.

Pocos minutos después, alguien tocó en la puerta. Un joven se asomó y me sonrió tímidamente.

—Tenemos que volver.

Asentí. Sabía que no tenía mucho que protestar porque debía hacer caso a los médicos y, además, mi presencia allí tampoco iba a ayudar a que Ezra se curara o a que lo que fuera que le estaba pasando fuera menos doloroso.

El enfermero me ayudó a incorporarme. Cargando prácticamente todo mi peso en su costado, caminamos despacio hasta llegar a mi habitación, parándonos cada pocos metros para que ambos pudiéramos descansar. Llegamos sudorosos a la puerta de la habitación y, al abrirla, me invitó a entrar.

—Tienes visita —comentó antes de cerrar la puerta de nuevo.

Al fondo de la habitación, Historia miraba a través de una de las ventanas. Su cabello rubio estaba recogido en un moño sobrio y lucía un aspecto mucho más uniformado.

—No quiero ver a nadie —le dije con sequedad mientras me acercaba a la cama.

Historia se giró. La muchacha me observó con expresión dura.

—Lo sé. Y me da igual. No puedes seguir así.

—Seguiré como me dé la gana. Quiero estar sola.

—_ _-

—¿Es que estás sorda? —le fulminé con la mirada.

Historia frunció el ceño.

—Soy la reina y me voy a quedar —la chica levantó ligeramente la barbilla, de forma altiva—. Vamos a hablar.

—No quiero hablar. No quiero nada. ¿Crees que me importa ahora mismo que seas la reina? Tú y todos os podéis ir a la mierda —mis manos temblaban. Me apoyé en el borde de la cama—. No quiero hablar de Shiganshina. No quiero hablar de lo que pasó. No quiero… —no deseaba llorar, pero las lágrimas comenzaron a caer por mis mejillas, incontrolables— No quiero tener que recordar nada. Ni a la gente que murió. No quiero acordarme de Moblit —mi llanto se incrementó. Historia permanecía en silencio, impasible, dejándome acabar—. No salvé a Moblit —sentía que me ahogaba en llanto, que cada vez me costaba hablar. Me agaché, haciéndome un pequeño ovillo en el suelo, sin parar de llorar, a pesar de que sentía mis ojos hinchados—. ¿Por qué tuvo que morir Moblit?

—_ _ _ _ —no sé en qué momento, pero Historia se había acercado hasta mí. La chica estaba de cuclillas a mi lado y acariciaba mi espalda, intentando reconfortarme—, esto que te está pasando es normal. Entiendo que te sientas así. De verdad.

—Es que no llegué a salvarlo —gemí.

—Siento que tuvieras que verlo morir —Historia me tomó del brazo e intentó ayudarme a que me levantara—. Yo también he perdido a alguien que quería.

Los grandes ojos de Historia estaban cristalinos. Comprendí en seguida a qué se refería. Ymir. No había llegado a conocerla en persona, pero sí sabía la clase de lazos que unían a ambas chicas.

—Lo siento —le dije—. Lo siento de verdad.

Me sentí una egoísta por no haberle preguntado, por no haberme interesado en su dolor y por haberle tratado mal. A ella. Y a Levi. ¿Cómo me iba a disculpar con él? ¿Qué explicaciones le iba a dar para la persona tan horrible que era?

Historia curvó la comisura de sus rosados labios ligeramente hacia arriba y negó con la cabeza.

—No te disculpes. Te he dicho que es completamente normal —me tendió un trozo de papel para que me limpiara el rostro—. Túmbate. Estarás más cómoda.

Le hice caso. Me senté primero en la cama y después me coloqué en ella, arropándome las piernas con una sábana.

—¿Quieres que hablemos de Ymir?

A aquella pregunta que le formulé le siguió un extenso y pesado silencio. Por unos instantes, su mirada se ensombreció y apretó sus puños con fuerza, pero, finalmente, asintió. Me eché a un lado en la cama, dejando un hueco. Aquello no pareció sorprender a Historia, quien se tumbó a mi lado a pesar de la estrechez de la cama. Las dos permanecimos sobre nuestros costados.

Creo que, por primera vez en mucho tiempo, Historia fue verdaderamente sincera sobre Ymir. Dejé que hablara sobre ella y no le interrumpí en ningún momento. Me limitaba a asentir y a reír a veces cuando me contaba alguna anécdota de ambas durante su época como reclutas. Mientras hablaba de ella, sus ojos brillaban y se veía a una Historia más alegre, diferente. Era un Historia que me gustaba más, porque lucía mucho más relajada y siendo ella misma.

No necesitaba haberla conocido durante mucho tiempo para saber que Historia era de esas personas que se guardaba sus problemas, preocupaciones y sentimientos para sí misma y mucho más desde que había asumido su papel de reina. Sentí mucho dolor entonces porque comprendí que ella había necesitado todo este tiempo hablar con alguien de lo que le sucedía y, hasta ese momento, había sido incapaz de hacerlo. Cuando me habló de la carta de Ymir, de la clase de vida que había llevado en Marley y cómo había vagado durante años fuera de las murallas como titán, finalmente, rompió a llorar. Se sentía triste, frustrada y enfadada con Ymir, porque ella le pidió que se quedara en los muros, pero Ymir decidió regresar con Bertholdt y Reiner, a pesar de que sabía que eso le costaría la muerte.

—Puede que Ymir ya no esté, pero te ha dejado algo muy bonito Historia —le comenté, aunque sabía que mis palabras no serían de gran consuelo—. Ymir hizo muchas cosas por ti para que pudieras vivir por ti misma, así que, al menos, concédele eso.

Historia se secó las lágrimas con sus pequeñas manos y asintió.

Alguien llamó a la puerta. Las dos nos miramos. Seguramente habrían venido a buscarla. Al fin y al cabo era la reina y tendría otros asuntos que tratar.

—No me gustaría tener que irme ahora. Estoy bien aquí —me susurró.

Cogí las sábanas y unas mantas y las eché por encima. Historia me miró interrogante, pero la obligué a meterse dentro de ellas y después me arropé. Di unos golpecitos al bulto que formaba su cuerpo, intentando que no pareciera tan descarado que había alguien debajo, y, una vez me coloqué en la cama, invité a la persona que había al otro lado a pasar.

Una chica entró con una bandeja con algo de comida. Le pedí que la dejara en la mesilla y noté su mirada inquieta por la habitación.

—¿Pasa algo?

—¿Y su majestad?

—Se ha ido ya.

—No nos lo habían notificado. Sus guardias siguen aquí.

—¿Ah, sí? —me hice la sorprendida— Pues qué raro. Deberían enterarse mejor de las cosas.

La muchacha asintió y salió de la habitación desconcertada. Unos segundos después, cuando parecía todo despejado, Historia salió de debajo de las sábanas y mantas riendo a carcajadas.

—Qué divertido. Después me regañarán por esto.

—Tienes quince años. Si no haces estas tonterías ahora, ¿cuándo lo vas a hacer?

Historia se incorporó y se sentó en la cama a mi lado. Cogí la bandeja con comida y le ofrecí, aunque ella solo picoteó un poco porque no quería quitarme mi cena.

—Oye, _ _ _ _ —la miré de reojo. Jugueteaba con sus dedos, nerviosa—. ¿Puedo hacerte una pregunta personal?

—Sí, claro.

—El capitán Levi y tú… ¿Ha sucedido algo entre vosotros?

Estuve a punto de atragantarme. Carraspeé, intentando guardar la compostura.

—¿Qué? No. Para nada.

—Mmm… Pues deben de ser imaginaciones mías entonces —prosiguió—. Le he visto muy preocupado por ti siempre, pero especialmente tras Shiganshina. Y, bueno, luego le echaste de tu habitación cuando vino a verte, pero él no deja nunca de preguntar por ti. Tiene amenazados a los doctores y enfermeros con que si no consiguen curarte les pateará la rabadilla o cosas así —emitió una risita—. Supongo que se preocupa siempre por todos sus soldados, aunque me parecía que contigo se preocupaba más todavía.

Tragué saliva. Sentí que las palabras se acumulaban en mi garganta. Hablé más por instinto que porque en realidad quisiera compartir aquello con ella. Pero suponía que era un secreto demasiado pesado para mí.

—Me acosté con Levi —le confesé—. Antes de Shiganshina.

Historia se quedó en silencio unos instantes antes de reaccionar.

—¿Qué? —sus ojos se abrieron de par en par— Qué raro, ¿no? —hizo una mueca de disgusto— No veo al capitán haciendo esas cosas. ¿Bebisteis mucho?

—Estoy enamorada de Levi, Historia.

Historia abrió la boca de par en par ante mi confesión.

—¿Y él está enamorado de ti?

—No lo sé.

—Yo creo que sí —la chica sonrió con satisfacción—. No estaba equivocada en lo que noté. Definitivamente para él no eres un miembro del ejército más —se cruzó de brazos satisfecha—. ¡No pongas esa cara! Es fantástico estar enamorada y que sea correspondido, ¿no te parece?

—Es que le he dicho cosas horribles y no sé cómo arreglarlo —agaché la mirada—. Fue un cúmulo de emociones todo lo que viví tras despertarme. Él me había advertido siempre que no debía guardarme las cosas para mí, que algún día todos esos sentimientos tendrían que salir.

—Y salieron justo con él —Historia suspiró—. Creo que lo entenderá. Pagaste toda tu frustración con el capitán Levi porque es precisamente él la persona a la que más quieres. Y creo que él lo entiende. No ha venido a verte, pero ya te he dicho que siempre pregunta por ti.

—Debería hablar con él y pedirle disculpas.

—Sí. Sería lo mejor. Deberíais tener una conversación. Ni tú misma sabes si él siente lo mismo o si hay algo de verdad entre vosotros.

—Pero no lo haré ahora. Necesito poner en orden mis ideas y saber qué es lo que le quiero decir y preguntar.

—Tú y el capitán Levi —Historia rio.

—¿Qué te parece tan gracioso? —enarqué una ceja.

—Es raro. No te pega nada.

—¿Y qué clase de chico me pega entonces?

—Mucha gente creía que Moblit y tú estabais juntos, pero a mí siempre me pareció que hacías buena pareja con el comandante.

—Tienes que estar tomándome el pelo.

—¡Te juro que no! A mí me gustaba para ti.

—En serio, estás fatal.

—¡Qué va! —Historia rio y me dio un manotazo en el brazo— ¿Qué tenía de malo el comandante?

—No sé —me encogí de hombros—. Creo que lo admiraba demasiado como pensar en él de esa forma. Es raro.

—Te dolió lo del comandante, ¿verdad?

—Más de lo que imaginaba que podría soportar —hice una pausa—. Eso no quiere decir que crea que Armin mereciera morir. Ojalá hubieran podido salvarse los dos. Pero, sinceramente, creo que aún no somos conscientes de lo que supone la pérdida de Erwin. Su sombra es demasiado alargada.

—Hange será una buena comandante.

—Seguro, es una mujer muy capaz. Pero me temo que Erwin tenía algo que no todo el mundo posee y es liderazgo innato. La gente lo seguía y sacrificaba sus vidas porque confiaba en él. Espero equivocarme, pero tengo la impresión de que nos seguiremos acordando de él y que lo necesitaremos en el futuro.

Historia permaneció en silencio, observándose las manos. Finalmente suspiró.

—Deberías descansar. Mañana es el gran día —se puso en pie—. Nos vemos mañana, ¿de acuerdo?

Asentí. La chica me sonrió antes de abrir la puerta y abandonar la habitación. El cielo ya se había oscurecido y un silencio sobrecogedor había invadido el hospital de Sina. Coloqué bien la almohada y busqué la posición más cómoda. Por fin, al día siguiente, podría abandonar aquella habitación, aunque no mi tratamiento y debería seguir también haciendo reposo. Podría empezar a ayudar con algunas tareas, pero nada que involucrara un esfuerzo físico.

Por otra parte, tener un respiro nos iba a venir bien a todos. Tal y cómo Historia me había dicho al despertar, los supervivientes de la misión íbamos a ser condecorados por nuestro trabajo. Después, habría una cena con otros nobles y miembros importantes del ejército en nuestro honor.

El palacio de Sina, a la mañana siguiente, estaba repleto de gente. Desde Shiganshina no había vuelto a ver a Eren, Armin, Mikasa y Sasha. Los tres primeros se limitaron a saludarme con un cruce de miradas y un breve asentimiento con la cabeza. Suponía que la relación entre nosotros sería rara después de lo que habíamos vivido. No tenía nada en contra de Armin, el chico lo sabía, pero seguramente le podría la vergüenza de saber que yo defendí la vida de Erwin hasta el último suspiro. Sasha, en cambio, conversó conmigo unos instantes para preguntarme qué tal me encontraba y agradecerme por haberla tratado durante la misión, aunque eso casi me costara mi propia vida. La chica aún llevaba una venda en la cabeza, pero se veía a simple vista que se encontraba mucho mejor después de pasar varios días en cama.

—Tengo que reconocer que me das mucha envidia —Maverick se acercó a mí en cuanto Sasha regresó con su grupo de amigos.

—¿Qué haces aquí?

—¿Crees que iba a perderme esto? ¡Es todo un evento! ¡Os van a condecorar! Sois los héroes de Shiganshina.

—¿Qué tal me veo?

—Estupenda, como siempre —Maverick me guiñó un ojo—. Aunque soy completamente contrario a estas gabardinas que forman parte del uniforme. ¿No te parecen de lo más antiestético?

—¿Pero qué dices? —reí— No están tan mal.

—Podríamos tener un traje más elegante para esta ocasión. Algo en tonos más sobrios y que nos permitiera lucirnos más.

—¿Vas a dar ahora clases de moda en el ejército?

—Pues podría. Estos uniformes están muy anticuados —Maverick sonrió de medio lado—. Podría usarte a ti como modelo.

—¿Has tomado algo antes de venir? ¿Qué ha pasado con el Maverick Fenske reservado de antaño?

—Pues, chica, que ha crecido y ha madurado —se cruzó de brazos.

—A mí me parece todo lo contrario —contuve una carcajada.

—No te pases —me señaló con el dedo índice de forma acusatoria—. ¿Y tú desde cuándo eres tan simpática?

—Yo siempre he sido simpática —fruncí el ceño, haciéndome la ofendida.

—Me caías bien cuando éramos reclutas, pero estabas muy centrada en sacar una buena puntuación, ¿recuerdas? Me caes mejor ahora —extendió su brazo para revolverme el pelo.

—¡Ay no! —protesté— Que voy bien peinada —di un paso hacia atrás para evitar que me despeinara y, entonces, choqué con alguien y estuve a punto de perder el equilibrio.

Un joven extremadamente alto y corpulento me sostuvo por los hombros, haciéndome mantener el equilibrio. Tenía el pelo largo, algunos mechones cubriendo sus ojos. Sus ojos negros, pequeños, y sus cejas pobladas y fruncidas taladraban hasta lo más profundo de mi alma. Tenía la piel muy morena. Sus manos eran enormes y fuertes, sus músculos eran grandes y bien definidos. A su lado, me sentí como una hormiga.

Aquel chico me miró con intensidad durante varios segundos. Quise pedirle disculpas por haberle golpeado sin querer, pero solo me salió una risita nerviosa. Finalmente, me soltó y dio media vuelta, alejándose de nosotros.

—¿Estás bien? —me preguntó Maverick, poniendo su mano en mi hombro.

—S-Sí.

—Qué tipo más raro. Pensaba que iba a pegarte o algo parecido. Da miedo.

Tragué saliva. Miré en su dirección. Aquel grandullón permanecía solo a un lado de la entrada. La gente charlaba a su alrededor, pero él no se relacionaba con nadie, ni siquiera con los de las Tropas Estacionarias. El bordado en su chaqueta lo traicionaba. Se mantuvo en silencio, con la mirada agachada y ciertamente triste.

—Oye, _ _ _ _ —Maverick me dio un toquecito para captar mi atención. Cuando volví a mirar, había perdido a aquel misterioso chico de vista, cosa que resultaba complicada teniendo en cuenta su envergadura—, mira quiénes están ahí.

Me di por vencida en mi curiosidad y devolví mi atención a Maverick. Seguí hacia donde apuntaba su dedo. Frente a una columna, cerca de nosotros, estaban Elric y Mara. Cuando los miré, ambos me sonrieron y me saludaron con la mano. Mucha gente había acudido a la condecoración, pero no me esperaba que ellos también vinieran.

—¿Qué hacen aquí? —le susurré a Maverick.

—Deja de hacerte la dura y habla con ellos.

—¿Por qué todo el mundo me insiste en lo mismo?

—Deja de ser tan orgullosa y hazme caso —Maverick me dio un leve empujoncito. Di unos pasos al frente, trastabillada y dolorida por aquel brusco gesto, lo que dio pie a Elric y Mara a acercarse—. ¡Hey, chicos! ¿Cómo estáis? —Maverick los sonrió.

—Bien. Teníamos muchas ganas de verte, _ _ _ _ —respondió Elric—. Esperamos que estés mejor.

—Nos asustamos mucho cuando nos contaron todo lo que había pasado en la misión.

—Sí, gracias —dije algo dubitativa.

—Quisimos venir a verte, pero Maverick nos dijo que no era buena idea, que tenías que descansar —prosiguió Elric—. Es curioso cómo ahora os lleváis tan bien. Bueno, antes éramos amigos, pero ahora parecéis estar muy unidos.

—Casualidades —Maverick me miró de reojo y me dio un toquecito para que hablara más.

—Sí. Coincidimos por casualidad y retomamos la relación —completé. Sinceramente, en mi opinión, no les importaba si había decidido retomar la amistad con Maverick. Es más, me pareció que el tono de Elric había sido ponzoñoso, como si estuviera molesto por tal hecho.

—Eso es genial. Es una pena lo que nos pasó a todos.

—Sí. Supongo —me encogí de hombros.

—Te notamos un poco fría —intervino Mara— y no te culpamos, no acabamos bien —tan directa como siempre—. Nos alegramos de que las cosas te vayan bien en las Tropas de Reconocimiento. Tenemos que tragarnos nuestras palabras porque estás aquí, viva, y, ahora, vas a recibir una condecoración.

—Gracias —no es que me terminaran de convencer sus palabras, pero, al menos, aquello era un progreso.

—Queríamos… —Elric se aclaró la garganta— Queríamos haber hablado antes contigo de algo importante, antes de Shiganshina, pero fue imposible.

—Sí. Mi madre me lo comentó, pero estaba ocupada —mentí. En realidad, no me apetecía ver a nadie antes de la misión y menos a ellos.

—Lo imaginamos —Elric se rascó la nuca, visiblemente incómodo y miró a Mara para que le echara una mano.

—Nos hemos casado —soltó la chica sin más.

¿¡Qué!? Ese fue el primer pensamiento que se me cruzó por la mente. ¿¡Qué ellos qué!? Miré a Maverick y el chico chasqueó la lengua. Así que él lo sabía. Mi madre también lo sabía. Por eso me insistieron en que hablara con ellos. El chico enarcó ambas cejas, instándome a que dijera algo. Mi cara en esos momentos debía de ser indescriptible y el ambiente se volvió más incómodo todavía.

—Enhorabuena —pronuncié finalmente.

—Nos casamos hace un par de días —me explicó Elric.

—Queríamos haberte hablado de nuestros planes antes de que te fueras —añadió Mara.

—Era importante para nosotros que lo supieras y contar con tu aprobación, pero las cosas se complicaron y-

—No necesitáis mi aprobación para nada —le corté. Ya había tenido suficiente—. El que os caséis es decisión vuestra. La tenéis que tomar vosotros y nadie debe intervenir.

—_ _ _ _ —todos nos giramos. Levi estaba justo detrás de mí.

—Capitán —saludaron Maverick, Elric y Mara a la vez, pero Levi ni siquiera les dedicó una mirada.

—Tenemos que ir pasando dentro —me informó el moreno. Yo asentí.

—Enhorabuena por el matrimonio, chicos —les dije a Mara y Elric antes de seguir a Levi, quien me esperaba—. Espero que os vaya muy bien —por último, me dirigí a Maverick—. Hablamos más tarde, ¿de acuerdo? —el chico asintió.

—¿Va todo bien? —me susurró Levi mientras nos alejamos.

—Perfectamente —le respondí, acelerando el paso para dejarle atrás cuanto antes.

No es que todo estuviera bien. En realidad, me sentía desconcertada por la noticia que me habían dado Elric y Mara. ¿Desde cuándo habían estado enamorados hasta el punto de casarse? Entendía por qué Maverick no me lo quería contar y por qué mi madre creía que era yo la que debía hablar con ellos. La situación era, cuanto menos, surrealista.

Al pasar al salón principal del palacio, me asombré al comprobar por mí misma la inmensidad de la instancia. Una alfombra de color rojo se extendía desde la puerta principal hasta unas escaleras sobre las que se encontraba un trono. Formando un pasillo, había dispuestas sillas a los lados para todos aquellos que habían sido invitados al evento, mientras que los más curiosos tenían que conformarse con hacerse un hueco en la parte superior del salón, donde había unos balcones de piedra con forma de arco. Justo en frente, en la otra pared, una enorme cristalera permitía que la luz del sol iluminara la habitación.

Jean me tendió la mano para ayudarme a hincar la rodilla, ya que mis movimientos seguían bastante limitados por las vendas que tenía alrededor de mi cuerpo y los dolores que aún persistían. Mientras Hanji, Levi, Eren, Mikasa y Armin ocupaban la primera línea de escaleras, Jean, Sasha, Connie, Floch y yo nos arrodillamos en la segunda. Ante nosotros apareció una Historia imponente. Lucía un vestido largo, de tono pastel y tela fina. Sus hombros, al descubierto, estaban ocultos por una larga capa. Sobre su cabeza, reposaba una corona de oro.

Historia dio un discurso sobre esperanza y sobre lo mucho que teníamos aún por avanzar. Tras pronunciar aquellas palabras, uno a uno nos fue entregando una condecoración con las alas de la libertad que colocó alrededor de nuestros cuellos. Sin embargo, tardó más de lo pensado en ponérsela a Eren. El chico sostuvo su mano durante varios segundos. Todos miramos de reojo y hubo cierto murmuro entre los invitados ante el raro gesto de Eren.

—¿Eren? —pude escuchar cómo susurraba Historia.

Finalmente, aquello pareció despertar al chico, quien soltó inmediatamente la mano de su amiga. Aún algo desconcertada, pero intentando mantener la compostura, Historia siguió colocando las insignias, en esta ocasión a Armin. Cuando fue mi turno, hice el amago para incorporarme levemente y besarle la mano, como dictaba el protocolo, pero Historia posó ligeramente su mano sobre mí y fue ella la que se agachó, con una radiante sonrisa, para que pudiera besarle la mano sin que tuviera que esforzarme más de lo necesario.

Cuando terminó, los diez nos pusimos en pie, aunque Jean tuvo que ayudarme una vez más porque mis costillas todavía no estaban curadas. Las personas allí congregadas se levantaron para aplaudir con entusiasmo. Me sentí un poco ridícula y creo que el resto también. Había podido consultar los periódicos y en ninguno se contaba toda la verdad que Hange e Historia habían compartido conmigo. Tampoco me extrañaba, pero el resto del mundo quizás era mucho más positivo de lo que nosotros, en el ejército, lo estábamos. Había todo un mundo desconocido por explorar ahí fuera, un mundo del que nosotros no sabíamos nada y que, sin embargo, nos detestaba.

De repente, noté cómo alguien se apoyaba ligeramente sobre mí.

—Todavía tenemos una conversación pendiente —me susurró Hange al oído. Me giré para mirarla con expresión desconcertada, pero ella no me devolvió la mirada—. Vamos —añadió, dirigiéndose esta vez a todos—. Hay una cena en nuestro honor. Todavía tenemos un papel que cumplir.


¡Hola a todos!
Es un gustazo estar de vuelta. Regreso con un capítulo tranquilito, previo al drama de los dos siguientes. Espero que os haya gustado. Sé que habrá cositas que darán que hablar y que, también, generarán especulaciones, pero todo se comenzará a resolver pronto.

Io-chan Ao-sama: ¡Enhorabuena por ser el comentario 100! jajajaja Por fin llegue a esa cifra, me quedé con las ganas en el anterior. No has sido la única en creer que el hermano de rayis estaría muerto. También subo esta historia a Wattpad y los comentarios era del estilo. Y tampoco ibais muy desencaminados. Y, como ves, tu deducción de que lo que la madre de rayis tenía que decirle y lo que tenía que decirle Hange son dos cosas completamente distintas. No puedo revelar mucho más, para saber de qué quiere hablar Hange tendréis que esperar un poquito más porque sí puedo adelantar que el próximo capítulo girará entorno a rayis y Levi.

Zenakou Theories: Totalmente, tienes toda la razón que rayis ha necesitado tocar fondo para "renacer". Irá cambiando y espero que notéis que va a ser una rayis diferente. La relación de Levi y rayis parece que se ha enfriado definitivamente, pero, como digo, solo lo parece ;)

cassieb1ack: Mucha gente creía que iba a matar a rayis de verdad y, jo, no soy tan cruel. Es la prota xD Y, además, queda mucho de SnK por contar. Tengo muchas cosas pensadas para próximos capítulos que me muero porque leáis.

catherinearnshaws: En primer lugar, necesito que me especifiques eso de que Jean es uno de los personajes que TODAVÍA quieres xD Me alegro que te gustara que Maverick e Historia volvieran, de hecho, en este capítulo tienes más dosis de ambos. Con Maverick, de hecho, la cosa aún no ha acabado. Curiosamente, no solo por aquí, sino también en fanfiction, me han comentado que es un personaje que, a pesar de lo poco que ha salido, ha gustado mucho y quieren saber más. Tenía pensado igualmente que saliera más, pero su buena recepción ha sido toda una sorpresa.

¡Nos leemos!