Antes de nada, por si todavía no había quedado claro: A pesar de que la magia de "Sazae-san" le permite a Gosho Aoyama hacer como si los años no pasasen (pese a que Conan ya resolvió más casos de asesinato que días hay en el año), yo asumí que sí lo hicieron, así que básicamente habría que tener en cuenta que Conan pasó dos años escondiendo su identidad hasta que ocurrió el "desastre". Y después pasó ocho años en el extranjero, así que técnicamente pasaron 10 años desde que se convirtió en un niño, es decir, que tiene la misma edad que tenía Shinichi cuando todo comenzó. Lo pongo así como algo simbólico... aunque da más o menos igual.

Detective Conan pertenece a Gosho Aoyama-sensei


Una visita inesperada

...

Ya había pasado el mediodía cuando uno de sus compañeros llegó hasta su mesa, diciendo que había alguien extraño en la puerta que insistía entrar a ver al inspector.

Jonathan levantó la vista de su trabajo y le dirigió una mirada extrañada a Jack, quien trabajaba en la mesa de al lado en otro informe, y al hombre que le había traído la noticia.

— ¿Quién es?

—Dice ser un conocido. —Respondió este último encogiéndose de hombros. —Pero yo no lo he visto en mi vida.

Los tres sabían lo que eso quería decir: Nunca nadie había visitado al Inspector, a parte de los señores Kudo, y que ahora lo hiciera alguien era toda una novedad.

— ¿Ha dicho su nombre? —Preguntó Jack, intrigado.

—No nos lo quiere decir. Ha dicho que quiere que sea una sorpresa.

— ¿Una sorpresa? ¿De qué va?

—Lo ha dicho con esas mismas palabras.

Jonathan se levantó y Jack lo imitó, ambos completamente abordados por la curiosidad. Siguieron al tercer hombre hasta la entrada de la comisaría, donde encontraron al susodicho gritándole a un pobre detective que ya no sabía qué hacer para calmarlo.

Lo primero que Jonathan notó fue que era un extranjero. Igual que el inspector.

—Es japonés. —Comentó mirando al detective que lo había ido a buscar.

—Por eso queríamos tu ayuda. El tío habla perfectamente el inglés, pero pensamos que quizá sería buena idea llamarte, ya que sabes japonés.

Él asintió de mala gana. Así que por eso había sido. Llevaba un rato pensando por qué lo habían ido a buscar precisamente a él, no es como si fuera alguien importante en la comisaría ni mucho menos. Aunque debía admitir que la razón lo decepcionó un poco.

Volvió a mirar hacia el extranjero. Era un hombre alto y de hombros anchos, y probablemente tendría unos cuantos años más que él. Su piel era muy morena, algo que no encajaba con el estereotipo que tenía de "Japonés", pero lo ignoró y continuó su evaluación. Sus ojos eran de un extraño verde azulado (o azul verdoso) y parecían observarlo todo con detenimiento al tiempo que levantaba la voz y gritaba cosas en un inglés perfecto.

—Os he dicho que me dejéis ver a vuestro inspector, ¡soy su amigo!— Soltó cuando el grupo de tres detectives llegó a la escena, como reconociendo al instante en Jonathan a la persona adecuada a quien dirigirse. —Solo quiero hablar con él.

—El inspector está ocupado ahora mismo. —Le respondió este seriamente.

—Solo decidle que un viejo amigo ha venido a verlo. —Al parecer el joven extranjero no pensaba dar su brazo a torcer tan fácilmente.

Jonathan dudó por un instante sobre lo que hacer. Contempló la escena, comprendiendo que nada de lo que dijeran o hicieran iba a hacer cambiar de parecer a aquel hombre, así que deseando no equivocarse aceptó las exigencias de este y lo condujo hasta la puerta del despacho. Llamó y una voz le respondió al otro lado.

—Inspector, aquí fuera hay un hombre que dice ser su amigo y que quiere verle.

No hubo respuesta.

— ¿Inspector?

Ante la ausencia de respuesta volvió a llamar a la puerta y se disponía a volver a hablar cuando el extranjero a su espalda se le adelantó y abrió la puerta de un golpe, dejando completamente descolocado al pobre detective y al corro de ellos que se había formado a sus espaldas, curiosos por saber quién era aquel supuesto amigo de su superior. El primer indicio que tenían de que este tuviera amigos.

-o0o-

La razón por la que Conan no respondió fue porque simplemente no quería. Había reconocido aquella voz al instante, y es que los gritos de ese idiota se podían escuchar por toda la comisaría, pero no creía estar preparado aquel día como para enfrentarse a él.

"¿Por qué hoy? Después de ocho malditos años, ¿Por qué demonios tenía que venir justamente hoy?"

Se encontraba realmente cansado, y solo pensar en lo que se le venía encima lo abrumaba. Por eso, cuando ese idiota irrumpió en su despacho (cosa que se esperaba) lo ignoró y continuó mirando por la ventana (de nuevo abierta de par en par).

— ¡Kudo! —Gritó al verlo— ¡Cuánto tiempo!

El aludido suspiró y se giró lentamente para mirar a su amigo a los ojos. Había crecido mucho. El Hattori Heiji que él recordaba podía distinguirse entre los rasgos del hombre que tenía delante, pero estos ahora eran más marcados, su rostro había dejado atrás la niñez de un adolescente para convertirse en un hombre y, a pesar de estar afeitado, el joven inspector reconoció las marcas de la barba que caracterizaban a su amigo como tal.

—Hattori. —Lo saludó sin levantar mucho la voz, todavía mirándolo a los ojos. —Te he dicho un millón de veces que no me llames así.

— ¡Oh! ¡Vamos! —Replicó el moreno al tiempo que se le acercaba y lo agarraba por los hombros. —Mira cómo has crecido, si no fuera porque ya te he visto antes así casi ni te reconocería.

El cuerpo del inspector reaccionó de golpe ante aquellas palabras, lo apartó con brusquedad y le dirigió una fría mirada de advertencia.

— ¡No vuelvas a decir eso nunca! —Soltó alejándose de él y colocándose detrás de su escritorio. Adoptó una pose altiva y segura de sí misma, algo que solo utilizaba durante el trabajo, pero que necesitaría para sobrellevar la situación que se avecinaba. — ¿A qué has venido, Hattori?

—Pues a visitarte, por supuesto. —Sonrió con aquella estúpida sonrisa despreocupada

—Llegas unos 8 años tarde para las visitas. ¿Qué quieres?

— ¿De verdad tengo que querer algo para venir a visitar a mi…?

—Hattori. —Lo interrumpió— Si eso es a lo que venías, ya lo has hecho, puedes marcharte.

—Kudo…. —lo llamó el moreno, pero este no le respondió. — ¡Kudo, te estoy hablando! ¡Maldita sea!

— ¡Te he dicho que no me llames así! ¡Yo no soy Kudo! ¡Kudo Shinichi está muerto! —Gritó. Después se dio cuenta de lo que acababa de hacer y maldijo por lo bajo. Gritar era justo lo que más quería evitar, pero allí estaba, con la respiración acelerada y la sangre fluyendo a toda velocidad.

Mientras, Jonathan seguía contemplando la escena completamente asustado. No daba creído lo que acababa de ver y escuchar: ¿El inspector había reaccionado agresivamente? ¿Era eso posible?, a pesar de lo que su cabeza le decía, la imagen que tenía ante él lo desmentía por completo. Aquel hombre había entrado por la puerta como si nada y en menos de un minuto había conseguido enfadar al imperturbable inspector. Además, ¿Kudo? ¿Quién demonio era Kudo?

— ¡¿Así que sigues empeñado con eso?! Vale, de acuerdo, Conan-kun. —Dijo sarcásticamente, enfatizando especialmente en el nombre final.

Recibió una mirada asesina al tiempo que Conan dejaba escapar un suspiro. El moreno apartó la mirada y la paseó por toda la habitación, analizando cada detalle para intentar hacerse una idea de la vida que llevaba su amigo. No le costó mucho adivinarla. Después notó que el detective que lo había acompañado hasta allí seguía en la puerta, mirándolos a ambos con expresión de asombro.

Conan pareció notar la presencia de su subordinado, porque le dio la orden de salir y cerrar la puerta. Jonathan obedeció sin rechistar, aún si se moría de ganas por quedarse, acababa de descubrir lo aterrador que podía llegar a ser el inspector y prefería no quedarse a comprobar que pasaba si lo desobedecía.

Al otro lado de la puerta lo esperaban sus compañeros, quienes no tenían ni idea de japonés y no habían podido entender la conversación, solo sabían que su inspector acababa de gritar como nunca antes lo había hecho.

—Oye Jonathan, ¿Qué ha pasado?— Le preguntó Jack.

—No lo sé. —Y decía la verdad.

No tenía ni idea de qué había pasado allí dentro. Aquel hombre le había llamado Kudo, Kudo Shinichi, como el detective adolescente. Jonathan corrió hacia su silla, sacó el informe de su cajón y comenzó a revisarlo. Había sido esa misma mañana cuando lo había leído, y estaba bastante seguro de haber confirmado la palabra "Muerto" al lado de su nombre.

"Seguro que le llama así porque le recuerda a él, sí seguro que es eso" Pensó, intentado encontrar un sentido lógico a aquello. "Después de todo, se supone que ambos eran como hermanos, no es de extrañar que lo llame Kudo" Si, aquello tenía sentido, mejor no darle vueltas. El detective se recostó en su silla y miró a sus compañeros, quienes se habían agolpado alrededor de su mesa, en busca de respuestas.

—Parece ser un viejo amigo del inspector. —Respondió. —Este se ha enfadado porque no lo ha visitado en mucho tiempo. —Dijo, cada vez más convencido de sus propias palabras. Debía ser aquello, exacto, eso tenía sentido. "Yo también me enfadaría si mi amigo no me visitase en 8 años" Pensó para dar por finalizado el problema. —Mejor dejarlos tranquilos. Tienen mucho de lo que hablar.

-o0o-

Dentro del despacho, la tensión era casi palpable. Los dos estaban completamente en silencio, mirando el suelo y por la ventana respectivamente. Conan se acercó a esta y la cerró. Tenía frío.

—Ku…

— ¡Hattori! —Le gritó.

—Conan. —Rectificó, aunque a regañadientes. —La verdad, he venido porque tenía algo que decirte.

El joven asintió, consciente de ello. Estaba seguro de que Hattori no lo había visitado nunca no porque no quisiera, sino porque probablemente Haibara le hubiera obligado jurar que no lo haría. Así que esta vez debía haber una razón por la que estuviera allí.

—En realidad tengo dos razones para estar aquí. —Añadió.

Levantó la vista y lo miró a los ojos. Hattori había pensado mucho en cómo decirle aquello, pero ahora, delante de su amigo, todos los discursos que había planeado volaron de su cabeza. Así que, antes de quedarse en silencio y embobado mirándolo, lo soltó:

— Se va a casar. Tu chica se casa. —Dijo con un tono frío y sereno. —Con ese médico que se vio involucrado en el caso de Vermouth.

Conan podría haber esperado muchas cosas, pero lo último que se esperaba era que Hattori dijera aquello.

— ¿Ran…?— Murmuró y bajó la cabeza. Se quedó pensativo durante unos cuantos minutos, dándole vueltas a aquello casi desesperadamente.

Mientras, el moreno volvía a pasear la mirada por la sala, algo molesto. Había sido un poco insensible de más. Soltar algo como eso de la nada… pero era verdad que no había encontrado otra forma de contárselo. Hacía tanto tiempo que no miraba a su amigo que tampoco podía saber cómo reaccionaría.

La habitación se quedó en absoluto silencio, hasta que finalmente él habló, y cuando lo hizo, fue casi un susurro más que una respuesta.

—Me alegro… me alegro tanto…— Casi parecía a punto de llorar de alegría. Se apoyó en su mesa con ambas manos y dejó caer su cuerpo sobre aquel apoyo.

Hattori se sorprendió por la reacción del joven. Había esperado que fingiera indiferencia o falsa felicidad, incluso se hubiera creído la versión de que se echara a gritar, pero no que se alegrara de verdad. No que mostrara aquella expresión tan sincera.

—Me alegro tanto de que haya logrado enamorarse…— Continuó murmurando. Y realmente lo hacía, de verdad se alegraba de todo corazón de que hubiera seguido adelante. Pero al mismo tiempo no podía evitar sentirse triste, no podía evitar sentir cierto dolor en el corazón y tampoco las ganas de llorar.

Pero estaba bien.

—Pero Ku…Conan, ella…

—Está bien Hattori. Cuando me marché, lo hice precisamente para que pudiera pasar página. Ella es libre de hacer lo que quiera, y realmente me alegro de que lo haya hecho.

Al aludido no le quedó más remedio que callarse al escuchar eso. Aunque solo lo hizo durante un instante. Hattori Heiji no era precisamente una persona razonable, y mucho menos paciente.

— ¿Aún la amas? ¿Verdad? –No se esperaba llegar a hacer aquella pregunta y no pudo evitar avergonzarse cuando la formuló, y su compañero estaba igual o aún más rojo que él. La reacción de dos hombres adultos que conversan sobre amor como si fueran un par de mocosos de primaria.

—Sí. —Respondió con una sonrisa triste. —Supongo que, después de todo, todavía lo hago.

— ¿Y no piensas hacer nada? —Le preguntó, intentado recuperar la compostura.

— ¡¿Y qué debería hacer?!

—Volver. Volver y decirle eso mismo que acabas de decirme a mí: Que la amas.

—Hattori… eso es imposible, y lo sabes…

—No estoy diciendo que le cuentes la verdad. Probablemente, a estas alturas, no te creería. Pero… puede que Kudo la amase y puede que ella solo tuviera ojos para él en el pasado, pero ahora ha vuelto a enamorarse, ¿no es cierto? ¿Qué le impide enamorarse ahora de ti? ¿Acaso "Conan-kun" no la ama también? No, de hecho, Conan la ama con más fuerza, si cabe. —El moreno hizo una pausa, completamente avergonzado por lo que estaba diciendo.

Pero alguien debía hacerlo, y no había nadie más para ello. Para bien o para mal, él, Hattori Heiji, era la única persona a la que Kudo Shinichi o Edogawa Conan podía confiarle algo como eso. La única persona que conocía su secreto y podía entender cómo se sentía.

Tomó aire y añadió su última frase.

—Si no puedes ser Kudo Shinichi, entonces sé Edogawa Conan y haz que se enamore de ti de nuevo.

Conan se lo quedó mirando un rato, y luego bajó la cabeza.

—Eso es aún más imposible, Hattori. Para ella no soy más que su hermanito pequeño. El hermanito que la abandonó cuando ella más lo necesitaba…

—No puedes vivir echándote la culpa de todo, Kudo. —Esta vez, no quiso rectificar al decir su nombre. —Lo que has hecho es lo más fácil, rendirte. Jamás pensé que pudieras ser tan cobarde. Estoy realmente decepcionado contigo. —La voz de Hattori había tomado un tono irónico, pero de pronto, tras un breve silencio, volvió a ponerse serio. —Ella no se ha rendido ¿sabes?, esa niña de cabellos castaños todavía está buscando desesperadamente una cura para ayudarte. Probablemente, cada mañana se despierta deseando hallarla para poder llamarte y decirte que lo ha conseguido, porque se siente culpable, se odia a sí misma por haber creado esa droga que tanto daño te ha hecho.

Edogawa entornó los ojos. Siendo sincero, no le costaba imaginarse a lo joven científica en aquella situación, después de todo era propensa a achacarse todas las culpas de absolutamente todo.

—Haibara… —Murmuró.

Por un momento, se sintió culpable de no haberla llamado en todos aquellos años, y de no haberle dedicado un solo momento a recordarla. Después de todo, sus pensamientos volaban irremediablemente a aquellos ojos violáceos.

—Pero tú te has dado por vencido —Continuó, elevando cada vez más la voz. —Lo has dejado pasar, excusándote y lamentándote de tu desgracia sin atreverte a hacer nada. ¿¡En eso se ha convertido el Kudo que conozco?!

—El Kudo que conociste murió hace diez años. —Esta vez no gritó, pero el tono que usó fue suficiente como para callar al moreno: Frío, seco, asqueado y tajante. De nuevo, un incómodo silencio volvió a rodearlos a ambos. —No pienso volver, Hattori. Si eso es lo que pretendías al venir aquí, ya puedes darte por vencido. Si ella va a casarse solo le deseo la felicidad. Me he pasado ocho años intentando olvidarme de Ran, no voy a cambiar de opinión ahora, porque todavía creo que es la mejor opción.

—Suponía que dirías eso, siempre tan corto de miras... Bueno, no pasa nada, esa no era mi única carta bajo la manga. —De alguna manera, ahora el moreno parecía sonreír como si tuviera la situación bajo control. —Te dije que tenía dos cosas que contarte, ¿verdad? Hace más de unas semanas que sé acerca de lo de tu chica, pero no tenía la intención de venir. Después de todo también soy detective ¿recuerdas?, y con el tiempo, te has convertido en un libro casi abierto para mí. Sabía que no volverías para evitar esa boda, pero tengo otra cosa que quizá te haga cambiar de parecer. Esto ha sido algo así como una prueba… o quizá simplemente me estaba divirtiendo intentado tentarte. —Se encogió de hombros. —Bueno, de todas formas sé que volverás a Japón. Estoy seguro de ello.

De pronto, su instinto de detective se activó. Hattori también parecía más atento a sus reacciones.

—El otro día me llamó el superintendente de la comisaría de Tokio.

— ¿El superintendente? ¿Matsumoto?

—No, Matsumoto ha sido trasladado a otra prefectura. Es alguien que conoces bien: el inspector Mégure.— Sonrió al ver el rostro de asombro de su amigo.— Sí, a mí también me sorprendió bastante cuando me corrigió al llamarle inspector. No me esperaba que llegara tan arriba, pero me alegro por él.

— ¿No has estado en contacto con ellos en estos años?

—No. Desde que te marchase, lo poco que me ataba a Tokio desapareció. He ido un par de veces en los primeros años a visitar a Kazuha a la universidad, pero luego dejé de ir. —Ante la expresión del joven se apresuró a aclarar— Al acabar el instituto, poco tiempo después de tu supuesta muerte —Sintió la mirada asesina del inspector y enseguida se apresuró a rectificar: —Vale, vale. La muerte de Kudo —Se corrigió haciendo un gesto con la mano, ironizándolo y sacándolo de quicio. Luego continuó explicando con voz seria. —Después de que nos graduamos en el instituto se marchó a la universidad de Tokio para poder estar al lado de tu chica. Después de todo eran muy buenas amigas.

— ¿Así que estás más o menos como yo? ¿Y tienes la cara de venir a llamarme cobarde?— Lo dijo como una broma, con la intención de picar a su amigo, pero se sorprendió al detectar aquella mirada ausente en sus ojos. —Oye, Hattori, ¿Qué ha pasado entre Toyama y tú?

— ¡Ese no es el caso ahora! —Cambió de tema, ¿Intentando no ponerse rojo? El joven inspector no pudo concretarlo. —Lo que te quería decir es acerca de algo que me contó el superintendente Mégure: El otro día me llamó para pedirme consejo sobre un caso que no eran capaz de resolver. Era un caso bastante extraño, para ser sincero, incluso para mí fue complicado de entender y aún seguiría dándole vueltas de no haber sido por ella.

— ¿Ella?

—Déjame continuar. —Lo cortó. —Realmente, el caso no tenía nada difícil. Estaba más que claro quién era el asesino y también cómo lo había hecho. El problema era el arma homicida.

—No me irás a decir de una aparición fantasma, ¿verdad?

— ¡No seas idiota! ¡No es eso!— Calló durante un instante. —La deducción del inspector que llevó el caso fue envenenamiento, y mi deducción antes de que me dijeran los resultados de la autopsia también lo fue. El propio asesino admitió tras el interrogatorio del inspector haber envenenado a su compañero de trabajo. Todo parecía normal, hasta que llegó el informe del médico, indicando la causa de la muerte: Causas naturales.

La expresión del joven inspector cambió de golpe, frunció el ceño y apretó fuertemente los labios. Sabía, o al menos intuía, qué venía a continuación.

—El inspec…ejem Superintendente Mégure me llamó completamente perdido y me pidió que les dijera mi opinión, pero no me contó lo que la autopsia, por supuesto. Viajé a Tokio esperando encontrarme un caso imposible o algo por el estilo. ¡Imagina mi sorpresa al encontrarme un caso tan obvio y fácil! Les di mi deducción algo asqueado y estaba dispuesto a volver a Osaka cuando me dijeron el último dato. De pronto, ese caso tan sencillo se convirtió en algo imposible…

—APTX 4869— Conan llevaba un buen rato pensando acerca de aquello. Para él no había otra opción posible.

—Por supuesto no fue a mí a quien se le ocurrió esa idea.— Continuó el moreno, dándole a entender que había dado en el clavo.— Podría haber estado trabajando en ello durante días y nunca hubiera llegado a esa conclusión. La verdad, no sé cómo se enteró, pero al día siguiente me llamó al hotel donde me hospedaba, diciendo que quería hablar conmigo. Me pareció raro, pero accedí a encontrarme con ella, después de todo era raro que quisiera hablar conmigo y pensé que podía ser algo importante. Me pidió que le contara los detalles acerca del caso y, casi con la misma velocidad que tú, me respondió exactamente lo mismo. Tu pequeña amiga reconoció al instante los síntomas que provoca su droga, cuando funciona adecuadamente, por supuesto.

—Pero… eso es imposible… la propia Haibara se aseguró de borrar todos los datos y las cápsulas de la droga. No debería quedar ningún rastro acerca de ella… —Comenzó a darle vueltas al asunto. —Espera, hace un momento has dicho que Haibara sigue trabajando en la cura, ¿Podrían habérselo robado a ella?

—Eso es imposible. —Corroboró el moreno, y Conan no pudo evitar sorprenderse por el tono de voz que usó. —Ella misma me dijo que, para evitar precisamente que esto pasara, memorizó todos los datos y borró los documentos. Esa información ahora mismo no debería estar en ninguna parte además de en la memoria de tu amiga.

—Entonces… ¿cómo?

— ¿Quieres oír mi deducción? —El inspector asintió— La organización no fue eliminada del todo, todavía quedan miembros, escondidos entre las sombras que poco a poco han ido organizando su regreso. De alguna manera, uno de ellos consiguió copiar los datos de la droga antes de que estos fueran destruidos y ahora están volviendo a crearla. Pero uno de ellos, quizá en un despiste, quizá porque estaba necesitado de dinero, se lo vendió a este hombre, quien lo utilizó como veneno para matar a su compañero de trabajo.

— ¿Eso fue lo que dijo el asesino?

Hattori asintió.

—Desgraciadamente, según testificó ante la policía, estaba demasiado oscuro como para poder verle la cara y él demasiado borracho como para recordar siquiera su voz o sexo, por lo que no tenemos nada por dónde empezar a buscar. Así que decidí venir a buscarte, para que nos ayudes, porque sé que nadie mejor que tu conoce a esa organización y tiene la capacidad suficiente como para plantarle cara, y también sé que no te negarás.

Conan se quedó pensativo durante unos instantes, necesitaba procesar toda la información que acababa de recibir. Mandó la noticia del casamiento de Ran a alguna parte de su corazón, lo encerró con llave allí dentro y dejó salir a flote su instinto de detective. Después de todos aquellos años, tendría que regresar a Japón.

—Necesito algo de tiempo para organizar las cosas aquí, tengo trabajo y no puedo simplemente abandonarlo de un día para otro.

—Lo entiendo. —Hattori sonrió al escuchar la afirmativa de su amigo. —Yo debo volver esta noche a Japón, pero te estaré esperando allí. Cuento contigo, Kud... Conan. ¡Ah! Y una cosa más —El inspector levantó la cabeza, curioso por eso que le tenía que decir ahora. Hattori estaba otra vez de pie (pues en algún momento de la conservación se había sentado en la mesa), completamente erguido y con su mano derecha extendida hacia él— Me alegro de verte.

Él sonrió de medio lado y le estrechó la mano cordialmente.

— ¿Soy yo o esas gafas han crecido de tamaño? —Sonrió.

—Anda, cállate.


Hasta aquí el Cap de hoy :3