No hay mucho que decir, simplemente: espero que les guste :3

Detective Conan pertenece a Gosho Aoyama


Una visita inesperada (II)

...

El inspector y su amigo estuvieron reunidos durante algo más de una hora. Fuera de su despacho, sus hombres empezaban a impacientarse y, a pesar de que se habían puesto a trabajar por orden de Jonathan, ninguno había sido capaz de centrarse demasiado. Así que cuando finalmente aquel hombre moreno salió de la habitación luciendo aquella sonrisa arrogante, todos levantaron la cabeza y clavaron sus miradas en él.

Hattori, sintiéndose observado, los saludó en un perfecto inglés mientras hacía una teatral reverencia, para luego girarse y despedirse alegremente de su amigo (en japonés).

—Me gustaría quedarme a que me invitases a algo y charlar, pero debo marcharme o no llegaré a tiempo para coger el avión. Espero que tengas un buen viaje, K...Conan. —Hizo un gesto con la mano a modo de saludo y se dio media vuelta. Después se lo pensó mejor y añadió hablando por encima de su hombro: —Y piénsate mejor el tema acerca ella, no la dejes escapar tan fácilmente…

—Hattori. —Lo cortó antes de darle tiempo a seguir hablando. —Todavía tienes algo que contarme acerca de ese mismo tema y aunque lo dejaré pasar de momento, no creas que te vas a escaquear.

—¡Yo no tengo nada que contarte, mocoso!— Respondió atropelladamente, al tiempo que se giraba de nuevo hacia él. El inspector lo estaba mirando con una sonrisa en sus labios, aquella típica sonrisa que solía tener 8 años atrás. De repente, al moreno le entraron unas ganas tremendas de echarse a reír, y así lo hizo, provocando el desconcierto del otro.

—Intentas engañarte a ti mismo, pero en fondo sigues siendo igual. —Soltó entre carcajadas.

—Y tu igual de impulsivo y ruidoso, Hattori. Estoy verdaderamente preocupado por el futuro de Japón con hombres como tú, famoso detective del Oeste.

—Entonces, quizá va siendo hora de que el detective del Este venga a echar una mano, ¿no crees?

Ambos se quedaron en silencio durante un instante, luego Conan suspiró.

—Yo no soy él, así que ¿En verdad crees que estaría bien? Robarle su puesto, digo.

—Bueno, en realidad ya hay otro "Detective adolescente del este" –Admitió mientras se llevaba una mano al mentón, provocando cierto grado de curiosidad en su amigo: ¿Un nuevo detective adolescente? ¿Quién? De alguna manera sintió que pronto lo averiguaría. —Así que para el resto del mundo no significaría gran cosa —Continuó explicando —Pero los que te conocen, y lo conocían, probablemente te lo agradecerán.

—Yo no estoy tan seguro de eso. —Volvió a suspirar— De todas formas tengo trabajo aquí.

—No te irás a echar atrás ahora, ¿no?

—No me refiero a eso, idiota. Iré. Si Haibara reacciona de esa manera es porque hay una razón. No es la clase de mujer que sacaría conclusiones precipitadas sin tener pruebas concluyentes.

—¿Así que no pensabas volver por Mouri pero sí por esa niña? Ku…Conan, ¿estás seguro de que no te has equivocado de mujer?

—No digas tonterías... Ella no me necesita, pero Haibara sí. Esa es la diferencia.

—Así que es cuestión de necesitar o no necesitar... ¿Y si te dijera que Mouri se ha pasado estos ocho años llorando por la ausencia de su pequeño hermanito? Y ya no digo de su amigo de la infancia ¿No significa eso que te necesita?

—No es lo mismo. Estoy hablando de la organización, no de motivos personales.

—¿Y si esa niña te llamase una mañana diciendo que tiene el antídoto? Eso es un caso personal, pero ¿acaso no volverías?

—¡Ajjj! —Gritó harto— Hattori, ¡deja de darle tantas vueltas! Voy a volver, ¿no? Ya has conseguido lo que querías, ¡ahora largo!—Dijo señalando la salida.

El moreno volvió a sonreír y se encaminó hacia la salida soltando una carcajada.

—Informaré a la policía de tu regreso.— Gritó de repente, parándose pero sin llegar a girarse.— Te estamos pidiendo esto como un favor, no tenemos permiso de nuestros superiores, así que tendrá que ser una infiltración secreta y no trabajarás como agente del FBI sino como detective privado.

—¿Puedo llevar algún compañero?

—Supongo que con uno no habrá problema, pero que no sean ni Akai, ni Jodie, ni ninguno que conozcan.

—Comprendo. Nos vemos en una semana.

—Te tomo la palabra, Conan. No te atrevas a fallarme.

—Tranquilo, no lo haré.

Las puertas de la comisaria se cerraron tras la silueta del moreno y esta volvió a quedar en absoluto silencio. El inspector Edogawa todavía sonreía y los detectives miraban estupefactos a su siempre serio inspector que hacía un momento habían visto reír a carcajadas. Ninguno había entendido ni una palabra de lo que habían dicho, pero el tono entre ambos solo les dejaba claro una cosa: el rumor había sido confirmado, el inspector tenía amigos.

Sin embargo, para Jonathan, que había entendido toda la conversación, había cosas mucho más preocupantes que aquello.

—Inspector...—No se dio cuenta de que había hablado hasta que descubrió la mirada de todos, incluido el aludido, clavadas en él. Maldijo por lo bajo, tragó saliva y se dispuso a formular la pregunta— ¿Se va a marchar?

Todos a su alrededor callaron sorprendidos al escuchar aquello.

—Así que hablas japonés...—Comentó el inspector sin apartar su mirada de él.

—¡Si, señor!— Respondió elevando un poco la voz— Aunque me crie en América, mi madre era japonesa.

—Ya veo...—Por un momento, Conan temió que Hattori hubiera dicho algo innecesario y que aquel detective hubiera detectado, pero tras repasar mentalmente la conversación descubrió aliviado que no había mucho que comprender fuera de contexto, salvo quizá la mención de aquel nombre... Un sudor frío bajó momentáneamente por su espalda, temiéndose por un momento que alguien descubriera su secreto, igual que al principio de todo, cuando tenía que esconderse de todo el mundo y fingir ser un niño pequeño normal y corriente. Una sensación que hacía muchos años que no experimentaba, y que no echaba para nada de menos.

Miró a aquel detective a los ojos, como intentando averiguar si este podía saber algo no deseado, pero aquella mirada estaba llena de dudas e incertidumbres.

—¿Es eso cierto, Inspector? —Preguntó algún otro detective desde el fondo, deshaciendo sus pensamientos. —¿Se marcha?

Conan no tenía pensado hacer pública su vuelta a Japón, pero luego pensó que aquellos detectives que tanto habían trabajado por y con él merecían que se lo dijera personalmente.

—Sí, me ha surgido un problema y debo volver a Japón.

—¡¿Se marcha para siempre?!

—No, no. No sé cuánto estaré fuera, pero volveré en cuanto termine con esos asuntos.

—Lo echaremos de menos, inspector. Seguro que el sustituto que nos mandarán no será tan listo como usted.

Conan pudo evitar emocionarse un poco ante aquellas palabras. ¿Cuantos años llevaba trabajado en aquella comisaría? Casi tres, ¿no? Parecían muchos más... Al principio no había logrado encajar del todo con ellos, lo consideraban un niño inútil que solo estaba jugando a policías. Pero con el paso del tiempo, de alguna manera, se había ganado su respeto y apoyo, y estaba realmente contento del entusiasmo que ponían en cada cosa que hacían. Le recordaban a él cuando era un adolescente (tanto en alma como en cuerpo) y es que, podría parecer mentira, pero era mayor que muchos de los detectives que tenía delante.

—Me alegra oír eso— No pudo evitar sonreír al decir eso. Y ellos no pudieron evitar sorprenderse al ver la primera sonrisa verdadera que les dedicaba en todos aquellos tres años. Después se disculpó y volvió a entrar en su despacho.

La marea de detectives comenzó a dispersarse por comisaría. Unos descubrieron asombrados que ya era hora de comer y salieron precipitadamente por la puerta tras coger sus cosas y ordenar levemente los informes que por culpa de la interrupción de aquel extraño extranjero habían dejado a medias. Otros se reunieron en unas mesas para disfrutar de la comida que ya llevaban preparada de casa, pues no tenían a nadie esperándolos. Y solo unos pocos volvieron a su trabajo, siguiendo el incansable modelo de su inspector, entre los que se encontraba Jonathan.

—¿Quién era ese hombre y que ha hecho con nuestro inspector?— escuchó a alguien en su oído. Se giró y se encontró con la intensa mirada verde e interrogante de Jack.

—Un detective, según entendí. —Le susurró.

—¡Pues vaya para el detective!, ha conseguido en poco más de una hora mostrarnos facetas del inspector que desconocíamos.

—Probablemente fueran muy buenos amigos.

—¡Pero si le lleva como diez años!

—Puede que fuera amigo de ese tal Kudo Shinichi— Dijo un tercer detective. —¿No os acordáis? El joven que estuvimos investigando recientemente.

—¡Tienes razón! ¡Seguro que es eso! —Exclamó el rubio— ¿Tú qué opinas? ¿Crees que ese hombre tiene relación con Kudo?

—No es que lo crea, lo sé.

—¿Lo sabes?

—Ese hombre le llamó Kudo al principio de su conversación, aunque el inspector se enfadó por eso y le gritó.

—¿No dijiste que estaba enfadado porque no le había visitado en mucho tiempo?

—¿En serio crees al inspector capaz de gritar por algo así?

—Ahora mismo me creería cualquier cosa del inspector.

—Aquí hay algo más que no conocemos. En su momento no le di importancia y la idea del enfado me pareció incluso factible... pero tras pensarlo un poco me he dado cuenta de que debe haber algo más.

—Quizá ese hombre quisiera tanto a ese tal Kudo que ha empezado a llamar a su "hermanito pequeño" como tal... y este se enfada por eso. No tiene mucha ciencia, así que no te compliques.

—Supongo que tienes razón... debe ser el cansancio, no sé ni que digo. —Se levantó de la silla. —Creo que hoy me iré a casa temprano.

—Haces bien….¡Oye!, pero espera, ¿Quién acabará el informe?

—Menos mal que tengo un compañero muy amable dispuesto a hacerlo por mí.

—Espera, yo... ¡Serás cabrón! Me debes una.

—No Jack, tú me debes una menos.

Ante aquel argumento irrefutable, el rubio permaneció en silencio y agarró ambos informes (el suyo y el de Jonathan) asqueado. Jonathan sonrió y se dispuso a salir por la puerta cuando una voz lo detuvo. Era el inspector.

-o0o-

Al principio no pudo evitar sentir cierto miedo, aunque carecía de razones para hacerlo. Después de todo no era la primera vez que el inspector lo llamaba a su despacho, ni siquiera habían sido pocas las veces en las que había metido la pata. Pero por alguna razón, el tono y la mirada de Edogawa cuando se asomó por la puerta y lo llamó le resultaron mucho más frías y serias que de costumbre.

Resultaba casi irónico, ¿no? Hacía unos instantes habían visto a joven sonreír de verdad por primera vez, pero ahora, también por primera vez, Jonathan sintió al escuchar aquellas palabras la sensación de que aquella mirada era nueva en el inspector. Por un momento pudo jurar que nunca lo había visto tan serio, ni siquiera durante el trabajo, ni siquiera cuando sacaba a relucir la verdad de un asesinato. Y no pudo evitar preguntarse qué era aquello que tanto parecía preocuparlo, aunque de alguna manera podía intuirlo: La organización. Había escuchado mencionarla en medio de la conversación con el detective y, aunque no le había dicho nada a los demás, ese dato se había gravado en su memoria a fuego.

Tras un rato delante de la puerta del despacho y gracias a las muchas insistencias de Jack, se atrevió a llamar a la puerta. Y la voz que le respondió al otro lado no pudo sonarle más extraña y amenazante.

Dentro hacía frío, como casi siempre. Edogawa estaba sentado en su silla, pero no estaba trabajando ni tenía la nariz metido en ningún expediente como era usual, por el contrario, su mesa estaba completamente vacía y tenía la mirada clavada en algún punto lejano en la ventana.

Entró y se lo quedó mirando, igual que había hecho aquella misma mañana, cuando llegó tarde a comisaría. Salvo que esta vez no estaba seguro si debía interrumpir o no lo que fuera que mantenía a su superior evadido en sabe dios qué pensamientos. Sin embargo, no le hizo falta hacer nada, porque el propio inspector salió por si solo de su trance y comenzó a hablar.

—Tengo algo que proponerte. —Soltó de golpe, asustándolo. Su voz seguía sonando con aquella frialdad y concentración extrema. —Pero no hace falta que aceptes si no quieres. ¿Estás dispuesto a escuchar?

—¿De qué se trata, señor?

—Me gustaría que vengas conmigo a Japón.

Por un momento el detective se quedó congelado, como dándole vueltas a aquello que acababa de proponerle su superior, pensando en lo que de verdad significaba.

—¿Cómo?— Fue lo único que pudo decir, y se sintió tremendamente inútil por ello.

—No estoy seguro de cuanto has escuchado y entendido de mi conversación con Hattori, pero ya sabes que debo volver a Japón por algunos asuntos que me han surgido, y quiero que me acompañes.

—¿Yo?

—Sabes hablar japonés, ¿No?

—Sí, pero yo…

—Si tienes algún problema personal o familiar que te impida ir, o simplemente no quieres, no te preocupes, buscaré a alguien más. Pero si te soy sincero, prefería llevar conmigo a alguien de confianza y con quien ya haya trabajado antes. Así que eso te destaca como la mejor opción. ¿Qué me dices?

—Yo… sería un verdadero honor, señor.

Edogawa sonrió, complacido y el joven detective descubrió un brillo de complacencia que hizo retornar su mirada a la que ya estaba acostumbrado.

—Me temo que es un poco precipitado, pero salimos para Japón dentro de cuatro días. Y… supongo que ya lo has escuchado, pero aun así tengo el deber de decírtelo: Esto es un tema extraoficial, un favor que debo hacer a alguien a quien debo mucho, por lo que no viajaremos como agentes sino como simples ciudadanos, lo que supone que tampoco cobrarás nada por esto. Te invito porque opino que sería una oportunidad muy buena y sé que tienes el potencial necesario. Y además… supongo que ha oído hablar de "La organización de negro", ¿verdad?

Asintió. Aquello confirmaba en cierta manera sus sospechas.

—¿Tiene relación con ellos?

—Eso es lo que me propongo averiguar, pero todo indica a que sí.

Por alguna razón se sintió ¿Emocionado? La verdad es que no sabría cómo definir el sentimiento que lo abrumaba en aquel momento, pero el entusiasmo y curiosidad le pareció el más indicado para definirlo. Sin embargo la mirada del inspector volvió a tornarse fría por un instante ante la mención de aquella organización.

"Kudo Shinichi era casi como un hermano para él" Pensó comprendiendo de alguna manera aquella mirada "Y él fue asesinado por la organización"

Jonathan se paró a pensar en todo lo que significaba para su joven superior aquello: el odio que debía sentir hacia aquellos hombres enlutados, la tristeza de haber perdido a alguien preciado por culpa de ellos. Pudo comprender la resolución de Edogawa al pensar aquello, probablemente la fuerza que lo guiase en aquel momento no fuera otra que el compromiso de seguir los pasos de Kudo, de acabar el trabajo al que él le había dedicado su vida, y que había supuesto su muerte. Algo así como un legado. Y sintió pena de su inspector, por tener que cargar con algo tan grande siendo tan joven, porque de nuevo debía recordarse que a pesar de lo mucho que lo respetaba, seguía siendo un adolescente. A veces, a pesar de la realidad que veían sus ojos, era fácil olvidarlo, después de todo cuando hablabas con él, era como hacerlo con un adulto, y no uno cualquiera sino uno realmente inteligente.

—Inspector, iré con usted a Japón.