Un nuevo cap, un pequeño paso en la historia.

He recibido tan agradables Review que no puedo evitar alegrarme y poner una sonrisa bobalicona cada vez que los leo :3 Mil graciaaas! 3 Me motivan a seguir escribiendo (o más bien editando) el FIC

Detective Conan pertenece a Gosho Aoyama


Llegada a Tokio

...

Los tres días de margen pasaron volando y Jonathan apenas tuvo tiempo de arreglarlo todo para el viaje: Preparar su pasaporte, empaquetar las cosas, despedirse de sus compañeros de trabajo que lo miraban con un deje de envidia, (Jack especialmente, que no era capaz de perdonarlo del todo por dejarlo tirado en Estados Unidos) y hacerle una visita rápida a su madre para informarle de que iba a estar fuera del país durante un par de semanas, o más bien un tiempo indefinido. Después de todo, el inspector no se lo había confirmado y probablemente, tal y como sospechaba Jonathan, no lo haría nunca pues ni él lo sabía.

Partieron del aeropuerto en New York ya bien entrada la tarde que, en aquellos días de invierno, estaba ya muy sumida en la oscuridad y se acercaba más a la noche que a la hora que realmente era. Además, llevaba más o menos una semana haciendo un tiempo malísimo que no había cesado en los últimos tres días, al contrario se había vuelto peor, si es que eso era posible, tanto que el joven detective llegó a temer que el avión no pudiera salir y tuvieran que esperar toda la noche en el aeropuerto. Sus sospechas fueron a medias confirmadas. No fue hasta pasadas las 8 que se pudo confirmar el despegue y Jonathan pudo respirar tranquilo, una vez sentado en su asiento al lado del joven inspector que ya había empezado a quedarse dormido conforme el avión despegaba y que finalizó por conseguirlo cuando este se estabilizó en el aire.

"¿Cómo puede dormirse tan rápido en un lugar así?" Se preguntó Jonathan al tiempo que intentaba por enésima vez encontrar una pose cómoda en la que permanecer durante un tiempo sin que le doliera o la espalda, o la cadera o las piernas de lo apretado que se sentía. "Es imposible casi mantenerse sentado"

Pese a las quejas y debido al cansancio y estrés acumulado a lo largo del día esperando en el aeropuerto, al final se quedó dormido.

Tras pasar el interminable día metido en aquel asiento, de alguna manera, Jonathan logró sobrevivir al vuelo y llegaron a Japón sin ningún problema, a parte del retraso que ya llevaban, claro está.

Bajaron y recogieron su equipaje rápidamente. El joven detective siguió al inspector e lo largo de aquellos interminables pasillos llenos de gente, aliviado de que el muchacho supiera desenvolverse en aquel lugar y a donde ir, pues era su primera vez en un aeropuerto y estaba realmente perdido.

Lo llamó un momento al perderlo de vista y se quedó varado en medio de la muchedumbre de gente.

El inspector le había dejado claro que no debía tratarlo como su superior, le había dicho que podía usar tanto su apellido como su nombre, e incluso había insistido en que el segundo sería la mejor opción, para no llamar la atención, pues sería extraño que un hombre adulto llamara tan respetuosamente a un joven. Por supuesto, el honorífico "-san" estaba prohibido, así que Jonathan, que había decidido usar el apellido pues le parecía demasiado usar el nombre de pila de su admirado inspector, se decantó por referirse a él como "Edogawa-kun", aunque todavía no estaba del todo seguro de hacer lo correcto.

Distinguió al muchacho un par de metros más adelante e intentó avanzar en su dirección. Este se dirigía hacia un grupo de unas diez personas que se arremolinaban al otro lado de los controles.

Jonathan miró al inspector, sonreía, parecía casi increíble. ¿Cuántas veces se habían preguntado sobre aquello? ¿Cuántas veces habían indagado sobre los posibles sentimientos de aquella persona? Había llegado incluso a pensar que no tenía ninguno, que no era más que un saco de carne y huesos vacío, sin emociones. Es cierto que lo habían visto sonreír de vez en cuando, mismo cuando resolvía casos solía hacerlo, con una sonrisa socarrona que mostraba más para relucir su superioridad, pero aquellas eran sonrisas falsas. Aquel detective extranjero que había aparecido en comisaría les había permitido ver un mundo de su inspector completamente nuevo, un mundo donde este podía sonreír de aquella manera que lo estaba haciendo mientras se dirigía hacia un hombre gordo y más bien bajo que vestía un sombrero y una gabardina naranja.

—Superintendente Mégure. —Habló al tiempo que extendía el brazo ante él. —Ha pasado un tiempo.

—Me alegro de ver que te encuentras bien, Conan-kun. —Respondió el aludido mientras le estrechaba la mano cordialmente y sonreía. —¡Hay que ver cuánto has crecido! La última vez que te vi aun me llegabas por las rodillas, y mírate ahora, estás hecho todo un hombre, eres más alto que yo.

"No es difícil ser más alto que usted" Pensó Jonathan ante aquel comentario y ciertamente sorprendido por el trato tan informal que recibía su inspector.

—Por favor, no siga Superintendente. —Conan sonrió y se llevó la mano a la cabeza alagado. Después su expresión cambió de golpe. —Superintendente… Hattori ya me ha hablado del tema pero…

—No te preocupes, te daremos una copia del informe entero, junto con toda la información que hemos acumulado. Para serte sincero, Hattori-kun no nos ha contado nada acerca de lo que está tramando y nos tiene intrigados.

En su interior, Conan soltó una risita ahogada. "Típico de Hattori" Pensó para luego volver a abrir la boca, dispuesto a hablar. Sin embargo, Mégure lo interrumpió.

—Pero dejemos eso de lado. —Soltó alegremente. —Han sido ocho años sin verte y tengo a un par de mis hombres ahí atrás deseando hacerlo. Parece ser que eres famoso aquí, Conan-kun.

Señaló a su espalda y el joven inspector volvió a sonreír. Las personas que se encontró tras Mégure no eran otras que los detectives Takagi, Sato, Chiba y el inspector Shiratori, acompañados de Yumi y de un par de personas más que el joven no reconoció. Más tarde, una vez avanzada la conversación, descubriría que eran nuevos detectives, y que todos habían sido ascendidos a inspector y que Shiratori era ahora el inspector en Jefe.

Todos lo saludaron alegremente y el muchacho no pudo evitar pensar en cómo y cuánto habían cambiado las cosas en todos aquellos años.

—Así que ahora también eres inspector, Conan-kun —Comentó Takagi con un tono algo decaído. —Parece mentira que ya nos hayas alcanzado.

—No me sorprende —Añadió Sato —Este niño siempre fue muy espabilado, yo creo que ya de pequeño nos daba un par de vueltas a muchos de nosotros. ¿No es así, Conan-kun?

—No estoy muy seguro de cómo responder a eso…— Dijo mientras volvía llevarse la mano a la cabeza.

—Vamos, no seas modesto. Tú siempre encontrabas las pistas decisivas para resolver los casos, ¿Os acordáis? —Todos asintieron. —¿Ves?

Una carcajada común se apoderó de la escena mientras todos los adultos se turnaban para estrechar la mano del muchacho o ponerle una mano en el hombro en señal de apoyo.

Jonathan pudo comprobar con sus propios ojos cuan querido era su inspector en su país natal.

—Todavía queda una persona que quiere saludarte, Conan-kun —Interrumpió de pronto Sato su conversación con el resto de inspectores, despertando de pronto su curiosidad y al mismo tiempo su estado de alerta.

Probablemente aquella era la única variable que el joven inspector no pudo predecir, la única posibilidad con la que no contaba, o más bien no quería contar.

Jonathan vio como la expresión de su superior cambiaba de pronto, como si hubiera adivinado la identidad de aquella última persona que había mencionado la inspectora del pelo corto, y no le hubiera gustado su deducción.

De pronto, la figura de una mujer emergió de entre las masas de gente que se aglomeraba o caminaba a toda velocidad a su alrededor. Tenía el pelo castaño oscuro largo hasta el final de la espalda y suelto, de forma que parte de este caía sobre sus hombros. Sus ojos eran de un extraño y, según se le antojó a Jonathan, precioso violeta azulado, y adornaban un rostro realmente bello y apenas maquillado. Vestía una camisa blanca con una chaqueta de traje gris, a juego con una falda que le llegaba hasta las rodillas, también formal. Por su indumentaria Jonathan supo que probablemente se trataba de otra policía, pues vestía el mismo tipo de ropa que la Inspectora Sato.

Mientras su subordinado observaba todo eso, el inspector Edogawa permaneció callado y mirando fijamente a aquella silueta que conocía tan bien, y es que aquella mujer no era otra que Ran.

Los años le habían sentado bien, se había convertido en todo una mujer y además muy atractiva y guapa. Tenía el pelo quizá un poco más largo, pero con un peinado muy parecido al que tenía antes, en ese aspecto no había cambiado mucho. También estaba un poco más alta, o quizá fuera a causa de los tacones que estaba usando (aunque no eran muy altos, apenas un par de centímetros). Pese a todos esos pensamientos, el que más ocupó su mente fue el de su ropa, porque no quería creer que lo que miraban sus ojos era real… ¿Una policía? Ran, su inocente y asustadiza Ran se había convertido en una policía. ¿Por qué? ¿Por qué demonios ella tenía que estar envuelta también en aquel mundo tan poco agradecido? ¿Por qué no se había convertido en profesora o algo así? Daba igual, cualquier cosa estaba bien, pero de entre todas las profesiones del mundo, fue a escoger la de policía. ¿Era porque lo llevaba en la sangre, quizá?

Cuando llegó a la altura del grupo, la joven se detuvo de golpe, casi como si recién hubiese notado la presencia de Conan. "O más bien, casi como si la apariencia de este lo hubiera sorprendido" pensó este mientras maldecía por lo bajo a su apariencia que tanto odiaba y que desgraciadamente se parecía tanto a él. Ran, de entre todas las personas, era la que, en aquel sentido, representaba la amenaza más grande para él, la única que podía ver reflejado en su rostro el del difunto detective del este.

No había contado con que tendría que encontrarse con ella, no se había esperado que perteneciera al mismísimo departamento de policía. Tokio era una ciudad muy grande, de no haberse dado aquella irónica coincidencia, no habría tenido que suceder aquello.

Y volvió a maldecir, porque de pronto algo se movió en el interior de su corazón, algo que llevaba enterrado en lo más profundo de este ocho años. Ni siquiera se había despedido de ella, podría poner la excusa de que sus padres (los ficticios señores Edogawa) se lo habían llevado a la fuerza y sin previo aviso, pero intuía que esa razón no bastaría para aquella situación. ¿Entonces qué? ¿Iba a quedarse callado sin decir nada? ¿Era eso lo correcto?

No tuvo tiempo de pararse a pensar acerca de ello, porque de pronto Ran lo miró a los ojos, en los cuales comenzaban a aparecer las lágrimas y, gritando su nombre, se abalanzó sobre él para abrazarlo fuertemente.

—Conan-kun –Susurró en su oído una vez lo hubo rodeado con sus brazos. Sorprendiendo tanto al aludido como a su detective que contemplaba la escena desde un tercer plano, sintiéndose de pronto ajeno a todo lo que tuviera que ver con su superior, como si estuviera viendo algo que no debía o que violara la privacidad de Edogawa.

—Ran…neechan— Habló el joven, dudando entre si debía o no añadir el honorífico, después de todo ya no era un niño. Al final decidió que era la mejor solución, más que nada para alejarla de él. Definirla solo como "neechan" lo ayudaría a recordarse que él era Edogawa Conan y que bajo ningún concepto debía permitir que los sentimientos que todavía sentía por ella aflorasen. —Ha pasado un tiempo…

Ella continuó sollozando aferrada a su cuello. Es cierto que se había vuelto un poco más alta, pero los años también habían pasado por él y, para su sorpresa se encontró con que le quitaba unos cuantos centímetros y que la mirada de Ran quedaba a la altura de su cuello, donde ella había apoyado su cabeza para seguir temblando. Dudando entre si debía o no, y finalmente cediendo a los impulsos, la abrazó por los hombros, acercándola peligrosamente a él. Segundos después comprobó que había sido un error, pues se puso más nervioso de lo que ya estaba. Pero lo hecho, hecho está, y ya no podía deshacerlo, el nerviosismo iba a seguir ahí aunque la soltase ahora, así que ¿por qué no simplemente dejarse llevar unos minutos?

Fue la propia Ran la que deshizo el abrazo, para agarrar su rostro con ambas manos y obligarlo a mirarla. De nuevo, aquello ojos violáceos lo abrumaron.

—Idiota. —Murmuró la mujer. —Eres un completo idiota. ¿Por qué te marchaste? ¿Por qué no dijiste nada? Estaba tan preocupada… Aquella vez no supe nada de ti hasta que recibí la carta de tus padres, estuviste completamente desaparecido durante días. ¿Por qué no me dijiste que te ibas? ¿Cómo pudiste marcharte sin despedirte? —Poco a poco, las lágrimas iban bajando por sus mejillas, a medida que su voz se iba haciendo cada vez más fuerte, y sonando cada vez más rota. —¿Tan poco te importábamos?

Aquella pregunta lo dejó completamente mudo. Lo sabía, sabía perfectamente que lo que había hecho no tenía perdón, sabía que simplemente la había abandonado, que había escapado de ella, de lo que ya nunca podría decirle, del amor que todavía no había desaparecido de su corazón. Sabía todo aquello, pero de alguna manera guardaba la esperanza de que Ran no lo odiase por ello. Parece que se equivocaba.

—Ran-neechan, yo… —No sabía que decir, así que optó por la solución más sencilla y menos convincente: —Lo siento…

Ella lo miró una vez más con aquellos ojos llenos de lágrimas y volvió a abrazarlo.

—Sin embargo me alegro tanto… me alegro de que hayas vuelto. La próxima vez que te vayas, asegúrate de despedirte y de escribir de vez en cuando, Conan-kun.

—Lo haré. —Dijo, sabiendo que no debía hacerlo, porque no tenía la intención de mantener un contacto que hacía ocho años que quería romper. Porque dolía, maldita sea. Dolía verla tan triste, dolía amarla y no poder decírselo. Porque, después de todo, había sido Ran la razón por la que se había marchado hacía ocho años.

Fuera de la escena, los inspectores y detectives sonreían conmovidos, algunos con lágrimas en los ojos, como Takagi. Este había sido el que más tiempo pasó con Ran en aquellos años: La muchacha se había graduado de la universidad con unas notas excelentes y se había metido en la policía. Comenzó a trabajar a las órdenes de Takagi, quien recientemente se había convertido en inspector, y se habían dado apoyo mutuo.

El inspector había sido testigo del alto grado de depresión y tristeza que se había apoderado de la joven tras la muerte del detective del este, y también de lo mucho que había echado en falta a aquel niño tan curioso que probablemente consideraba con su hermanito pequeño. Por eso no pudo evitar emocionarse al ver aquella escena, ocho años más tarde, cuando la mujer parecía haberlo superado todo aunque solo fuese una fachada.

Jonathan también contemplaba aquella situación, con el nivel de sorpresa rozando el infinito. Pensó que ya no habría nada más que pudiera sorprenderlo, que lo había visto todo de él: Sonreír, enfadarse, gritar, reír a carcajadas… pero aquella situación tan conmovedora y a la vez triste, consiguieron ganarse un lugar en el fondo de su corazón: El inspector también tenía personas amadas. Aunque aquella fuera una mujer adulta, y la relación entre ambos no pudiera ser la clase de amor que se entiende dentro de una pareja, cualquiera podría notar que aquel muchacho y aquella mujer se amaban, aunque fuera un amor fraternal.

O eso pensaba.

Se despidieron del Superintendente y el resto de inspectores al cabo de un rato, cuando la mujer de ojos violáceos se hubo calmado y dejó de llorar. Y uno de ellos, el cual Jonathan pudo descubrir que se llamaba Takagi, se ofreció a llevarlos hasta la ciudad en su coche, oferta que el inspector Edogawa aceptó encantado.

El adulto al volante suspiró. A su lado, en el asiento del copiloto estaba sentado Conan y en la parte de atrás, apretado junto a una de las maletas, Jonathan.

—Aun me acuerdo todas las veces que os llevé en el coche patrulla… ¿te acuerdas, Conan-kun? Tú y tus amigos siempre os las apañabais para colaros dentro e involucraros en los casos. Quien diría que han pasado ocho años desde entonces… Los niños también han crecido mucho, todavía me los encuentro de vez en cuando y siempre me saludan. Se han convertido en unos jóvenes muy responsables y amables, además de muy listos, y eso te lo deben a ti, de eso no hay duda. El más espabilado es Mitsuhiko, ¿Te has enterado? La prensa ha comenzado a llamarlo el segundo detective del este.

—Ah… así que Mitsuhiko, ¿eh? Hattori me había contado algo acerca de un segundo detective, pero no me había parado a pensar que podía ser él. Bueno, aunque no me extraña, era un niño realmente listo para su edad.

—Es curioso escuchar eso viniendo del líder de la liga juvenil de detectives. —Rio Takagi.

—¿Líder? No recuerdo haber llevado nunca tal puesto, simplemente éramos unos mocosos entrometidos, y el que menos voz y voto tenía en aquella pandilla era yo. —Ambos se echaron a reír.

—Quizá tengas razón. —Coincidió. —Bueno, todavía siguen siendo unos mocosos entrometidos.

—¿Aun forman la liga?

—Nunca la abandonaron, siempre tuvieron la esperanza de que volverías. Siguieron fielmente tus consejos y guías, y permanecieron unidos.

—Me alegra oír eso…

—Esto… Conan-kun, me encantaría seguir hablando de todo esto pero… ¿A dónde se supone que tengo que llevarte exactamente?

—A Beika. ¿Sabes dónde queda la casa de los Kudo?

—Qué si sé dónde es… no sabes la de veces que he tenido que pasarme por allí para investigar acerca de la misteriosa muerte de Kudo-kun…—Respondió despreocupadamente, después se dio cuenta de su error y trató de remediarlo. —Ah, yo… yo no quería… esto, me refería a…

—Está bien, Inspector Takagi. No se preocupe, conmigo puede hablar sin problemas, es mucho más sencillo cuando se dicen las cosas a la cara directamente.

A pesar de que el joven dijo eso, el mayor permaneció callado durante el resto del viaje. Solo interrumpido por el muchacho cuando dijo:

— Los Kudo me dejaron hospedarme en su casa amablemente, así ahorraré en el dinero del hotel.

Hasta que finalmente estuvieron delante de la conocida casa de estilo occidental.

—Gracias por traernos hasta aquí, inspector. Ha sido de gran ayuda.

—No hay de qué, Conan-kun. Gracias a ti por volver para ayudarnos con nuestro trabajo.

—Es un placer. Nos vemos mañana en el trabajo, no sé a qué hora me pasaré por comisaría, pero todavía tengo un par de cosas que hacer en Tokio antes de ir. Además es tarde y mi compañero y yo estamos cansados del viaje, nos hará bien dormir.

—Descuida con eso, no hace falta que vengas mañana, de todas formas no es un buen día, mañana es el día libre de muchos inspectores relacionados con el caso.

—Entonces me tomaré eso como una oportunidad para acabar con mis asuntos. Buenas noches, inspector.

El coche de patrulla se perdió en la oscuridad de aquella noche que ya comenzaba a tornarse de día, y las dos siluetas que había a las puertas de la gran mansión mantuvieron su vista fija en él hasta que eso pasó. Después, el inspector sacó una llave y abrió la puerta, cargando dificultosamente con su respectivo equipaje. El detective quedó completamente sorprendido al encontrarse aquella casa que parecía tan lujosa y a la vez tan abandonada.

—Espera aquí, iré a encender el transformador. Hace mucho tiempo que nadie vive en esta casa y las luces probablemente tengan problemas para encenderse.

Obediente a la orden de su superior, Jonathan permaneció de pie en el recibidor de la casa. Al rato las luces de este se encendieron de golpe, permitiéndole mirar la sala en la que se encontraba: Era grande y muy bien adornado, con fotos por todas partes.

El detective se acercó a una mesa donde había un montón de marcos llenos de fotografías y se quedó mirando unas en concreto: En ellas salía un niño de unos siete años mirando alegremente hacia la cámara acompañado de una niña de su misma edad, pelo largo y castaño, y ojos violáceos. Y Jonathan pudo reconocer a su inspector en aquel niño, pero ¿quién sería la jovencita? Tenía cierto parecido con la mujer que habían conocido en el aeropuerto, ¿serían hermanas?

Al cabo de un rato el inspector volvió e intrigado por saber la respuesta le preguntó:

—Inspector, el que sale en estas fotos es usted, ¿verdad?

Edogawa se paró de golpe y dejó a medias su labor de recoger el equipaje.

—No, no soy yo. Es él, es Kudo Shinichi.

Y entonces Jonathan supo por qué demonios todo el mundo comparaba a aquellos dos, por qué demonios trataban a su inspector como si fuera el hermano pequeño del tal Kudo. Aquellas fotos lo confirmaban.


Y aquí llegó la aparición estrella de Ran! Para todos aquellos que querían saber sobre ella, esto está dedicado a ellos :3333

Jonathan parece un curioso e incluso un acosador, pero en parte tiene un papel importante en la historia y es que inicialmente mi idea era escribirla con una tercera persona testigo (es decir Jonathan), e ir contando todo desde el punto de vista de alguien que no conoce nada sobre la vida de Conan. Al final me resultó un rollo así que, pese a que la mayoría está contado desde el punto de vista de Jonathan, acabé metiendo pasajes en los que habla el propio Conan u otros personajes...

Nos leemos en el próximo cap ^^