Aquí estoy de nuevo. He tardado un poco más de lo usual porque estoy entrando en exámenes (Sí, ese tétrico e inexpugnable período de la vida) y ando algo liada de tiempo.
Espero que les guste el capítulo :3 y no me juzguen mucho si tardo varios siglos en subir el siguiente XD
La casa del vecino
...
Jonathan despertó y por unos instantes no supo dónde estaba: una cama ajena, una habitación desconocida… No fue hasta unos segundos después, que de pronto todo le vino a la cabeza y recordó donde y que hacía allí: Acompañar a su inspector a la investigación de la organización de negro.
Si se lo paraba a pensar, era una situación casi irreal, ya que él, de entre todos los detectives que había en el FBI, había sido elegido para aquello. Poder investigar sobre aquella organización de la que tanto había oído hablar y que tanta curiosidad le despertaba desde que escuchó su nombre por primera vez, era como un sueño hecho realidad. Por no hablar de que había sido el propio inspector quien lo había seleccionado, lo que lo había sentirse secretamente alagado y orgulloso, aunque en el fondo supiera que solo era porque podía hablar japonés, elemento indispensable para aquella misión.
Las persianas de la habitación que Edogawa le hacía asignado estaban completamente cerradas, de manera que no podía saber qué hora era exactamente, pero dado que se había ido a dormir cuando estaba ya amaneciendo, probablemente era tarde, muy tarde.
Se levantó de la cama y comenzó a buscar en su maleta una muda que ponerse. Tenía planeado ordenar y distribuir todo en el armario que había en la habitación y que el inspector le había dado permiso para usar, pero la noche anterior estaba demasiado cansado que apenas tuvo tiempo ni ganas para quitarse del todo la ropa que traía puesta.
Se puso unos vaqueros y una camisa, ropa informal, tal y como se le había ordenado, y después salió de la habitación.
La luz del exterior lo cegó momentáneamente y más o menos a tientas siguió caminando hasta llegar a las escaleras. No estaba muy seguro de hacia donde debía ir, tampoco si Edogawa estaría ya despierto, pero había decidido que si ese era el caso, lo esperaría en el salón principal de la casa.
Sin embargo, esto no fue necesario, pues nada más superar el último escalón, la figura del inspector apareció en la esquina de la cocina, con un paño atado en su cabeza, vestido con una sudadera ancha y gris y con un trapo en la mano.
Por un momento, Jonathan se quedó mirándolo (y este a él) algo impresionado y sorprendido: Una nueva imagen de su superior que almacenó en la carpeta de recuerdos que a lo largo de aquella semana había ido creciendo notablemente: El inspector limpiado.
"Le falta el delantal" pensó por un momento maléficamente para luego recriminarse por aquellos pensamientos de tan mala educación, intentando aguantarse la risa.
—Veo que ya te has despertado. —Dijo mientras se giraba y volvía a meterse en la cocina. Después, desde el interior de esta continuó: —Ven, he preparado el desayuno.
El detective obedeció al instante.
—No tenía por qué molestase. —Dijo preocupado por haber dado trabajo innecesario a su superior.
—Descuida, estoy acostumbrado a hacerlo, después de todo, llevo años viviendo solo.
En la mesa de la cocina lo esperaba un buen desayudo que se dispuso a devorar tras descubrir que en verdad tenía hambre. Mientras, Edogawa continuó limpiando a su alrededor.
— ¿Se ha levantado hace mucho, señor?—Preguntó. —Pudo haberme despertado si necesitaba ayuda.
—No te preocupes, es mejor que duermas y estés preparado para lo que se nos viene encima. Puedo asegurártelo, no será fácil, nunca es fácil tratar con ellos. Es mejor que duermas mientras puedas. Además, tenía que limpiar todo esto. Hace años que nadie vive en esta casa y estaba realmente llena de polvo.
— ¿Ya no viven los Kudo aquí?
—Hace años que no lo hacen. El último que vivió en esta casa fue un inquilino amigo del hijo de la familia. —Dijo refiriéndose a Okiya Subaru. — Y antes de eso, el hijo vivía solo. Hace más de diez años que los señores Kudo no usan esta casa.
—Oh, ya veo…—Dijo y siguió comiendo en silencio durante unos minutos mientras el otro seguía ordenando un montón de folios que había encontrado en quién sabe dónde. Después volvió a preguntar. —Inspector… esos recados que le mencionó ayer al inspector Takagi…
— ¡Ah, sí! En cuanto acabes con eso, saldremos. Tenemos que ir a ver a cierta persona, alguien indispensable para realizar esta investigación.
— ¿Un policía? ¿O un detective privado? ¿Se trata de su amigo que apareció en la comisaria de New York? —Preguntó notando como su curiosidad iba despertando poco a poco.
—No, Hattori aparecerá en algún momento, más o menos cuando menos se le espera, esa es su forma de hacer las cosas…— Respondió con ironía. —Hablo de una científica.
— ¿Una científica? —De pronto la idea lo decepcionó un poco.
—Una de las más listas que he conocido. Supongo que debería contártelo… ¿Qué tanto sabes de la organización?
—No mucho, solo que trataban con temas de corrupción y fraude… poco más. Mataban a todos los que se ponían en su camino y sin el menor de los escrúpulos.
—Más o menos, sí. Pero dime, ¿Has oído hablar del Apotoxin 4869?
— ¿Apoto-qué?
—Supongo que esa clase de información no se filtra fuera de los altos cargos…— Se rascó la cabeza. —Verás, la organización intentó siempre trabajar en las sombras, pero muchas veces se veían obligados a matar por sus intereses, y eso es algo que no puede pasar simplemente desapercibido. Siempre podían recurrir al típico método de hacer desaparecer el cadáver y darlo por desapercibido, pero ¿qué mejor que la víctima se muera por sí sola por causas naturales? Por supuesto eso no es todo, desde luego no pueden provocar algo como un infarto como si nada, pero diseñaron un veneno que mataba sin dejar rastro, que viene siendo básicamente lo mismo.
—Ya veo…
—Pues la persona que vamos a ver es la científica que creó esa droga.
— ¡¿Un miembro de la organización?!— Gritó sorprendido y casi atragantándose.
—Un ex miembro— Lo corrigió— Abandonó la organización hace muchos años.
—Woooo…. Eso es… increíble.
Motivado e ilusionado, terminó de desayunar (o más bien de comer, pues acababa de comprobar que ya pasaban de las cuatro) lo más rápido que pudo y con un par de indirectas consiguió apartar a Edogawa de su labor de limpieza que, al parecer, había adoptado con verdadero afán e insistencia. Una hora más tarde, ambos estaban saliendo por la puerta de aquella casa de estilo occidental.
Descubriendo que no tenían coche, Jonathan temió por un momento que el lugar estuviera muy lejos, pero el inspector no parecía preocupado. Grande fue su sorpresa cuando de pronto se paró junto a la puerta de la casa vecina.
—Ehhh…. ¿Edogawa-kun?
—Vamos, no te quedes atrás.
Espera, espera, espera. Nononono, ¿era eso posible? ¿Eran acaso vecinos de una científica ex-miembro de la organización? ¿Qué demonios pasaba allí? ¿Existían casualidades como aquella o es que Edogawa estaba tomándole el pelo? No… seguro que estaban haciendo una parada previa… solo estaban visitando a sus vecinos… tiene que ser eso…
El inspector llegó a la puerta de la casa y llamó al timbre. Permanecieron en silencio un instante hasta que sintieron ruidos en el interior y un anciano bastante gordo de barba y pelo rizado y blanco les abrió la puerta.
Inmediatamente, al ver al inspector plantado ante él, se quedó congelado en el sitio, con expresión de asombro y ¿felicidad? ¿O más bien tristeza? Jonathan no pudo concretarlo, solo sabía que de pronto algunas lágrimas comenzaron a aparecer en los ojos del anciano.
—Shi… Shinichi…— Murmuró mientras se apoyaba en el marco de la puerta.
—Lo siento profesor, pero soy Conan. —Dijo el joven. Este estaba adelantado al él, así que el detective no pudo ver su rostro cuando dijo eso, sin embargo, su voz sonó ahogada, triste y rota, y eso hizo que deseara haberlo podido ver.
De nuevo, trató de imaginarse que tan duro debía ser para él todo aquello e, irremediablemente, las fotos que había visto la noche anterior en casa da los Kudo se le vinieron a la cabeza. ¿Cómo no compararlos?
(Por supuesto, Jonathan no sabía nada por aquel entonces. No tenía ni idea de todos los secretos que rodeaban a la figura de su superior. No era capaz siquiera de llegar a imaginárselo)
—Ah… sí… ya veo…— El anciano bajó la cabeza, apesadumbrado y permaneció en silencio mientras se limpiaba las lágrimas. —Claro, claro que eres Conan-kun… sería imposible que fueras Shinichi… imposible… perdona, no sé por qué, pero de alguna manera aún tenía mis esperanzas… tenía esperanzas de que en alguna manera hubieras cambiado… Déjalo, será que me estoy haciendo viejo.
—Profesor…
—Entonces, ¿a qué has venido?— Preguntó de pronto tratando de serenarse y sonar serio.
—Yo…
—Te marchaste sin decir nada. Desapareciste sin más. ¿Con qué derecho? ¿Quién te dio permiso para abandonarlo todo? ¿Quién te crees que eres para privarnos no solo de Shinichi sino también de Conan? ¡¿Qué tan egoísta puedes llegar a ser?!
—Profesor… yo… Lo siento…
—Da igual... No tienes que disculparte. Ya no. Es demasiado tarde… ¿tienes idea de cuánto te extrañó Ran?
—Lo sé. —Lo cortó el joven antes de que el anciano siguiera hablando. — Lo sé, profesor. Ya me encontré con ella…
—Oh… así que ya la has visto…— De pronto, todo lo que el profesor parecía que tenía que decir se esfumó y permaneció en silencio durante un rato. Luego volvió a hablar: —Se va a casar…
—Lo sé. —Repitió. —Hattori me lo ha contado.
— ¿Has vuelto por eso?— Preguntó con cierto cariz de esperanza en su voz.
—No… ni siquiera estaba en mis planes encontrarme con ella…
—Oh… —Murmuró, con un tono de absoluta decepción. Después guardó silencio y se pasó la mano por la cara como si estuviera tratando de aguantarse las lágrimas. —Ya no sé qué más decir… —Murmuró con voz ahogada. —Solo… bueno, supongo que debo añadir que me alegro de ver que estás bien…
—Yo también me alegro de verlo, profesor.
—Ajjjjj —Gritó exasperado. —Dios, Shinichi, eres un caso perdido…
—Profesor, no soy Shinichi, soy Conan. —Repitió casi con voz monótona, como si debiera recordarle a menudo que se equivocaba de persona, pero sin alborotarse.
Obviamente era más inteligente mantenerse sereno e incluso acusar a la mala memoria del anciano o a su senilidad, antes que ponerse nervioso delante de su subordinado, que probablemente debía estar alucinando con la escena.
—Para mí siempre serás Shinichi, y no te atrevas a contradecirme.
Bueno, quizá el joven inspector debía reconocer que sí estaba un poco más en modo "viejo cascarrabias" que antes. Pero el muchacho de gafas se sintió en cierta manera aliviado de que el Profesor lo siguiera tratando como tal, por lo que no pudo evitar sonreír levemente.
—Ah~~ — Soltó con un suspiro finalmente mientras se rascaba la cabeza. —Supongo que no puedo negarme a eso.
Podía enfadarse con Hattori, podía gritarle o amenazarlo para que no le llamase "Kudo" pero el profesor había estado junto a él desde siempre, había sido su niñera muchas veces y le había ayudado y apoyado cuando se convirtió en niño por primera vez. No, al profesor no podía negarle que lo llamara Shinichi… pero al menos sí debía evitar que lo hiciese en público.
—Pero podría dar lugar a malentendidos. —Dijo y señaló al detective a su espalda.
Casi como si hubiera notado su presencia por primera vez (o tal vez sin el "casi"), el profesor pegó un salto por la sorpresa, haciendo que el inspector se echara a reír.
Jonathan se sentía fuera de lugar de nuevo, igual que el día anterior en el aeropuerto. No solo había sido ignorado por completo, sino que había pasado desapercibido, casi como un fantasma.
—Profesor, yo… tengo que hablar con Haibara. ¿Está aquí?— Preguntó el inspector, interrumpiendo sus líneas de pensamiento.
¿Haibara? ¿Quién demonios es Haibara? ¿Así que después de todo esa científica si está aquí? ¿O es otra cosa?
—Sí… Ai-kun está en su laboratorio, buscando la…
—Me gustaría hablar con ella. —Lo cortó el joven antes de que dijera nada innecesario.
—Iré a buscarla. Pasa, pasa, ¿te apetece comer algo? Tengo invitados y hemos hecho comida de más.
— ¿Invitados?
—Oh, sí. Se me olvidaba. —El profesor ya había entrado en el salón y, tras quitarse los zapatos, los dos agentes de FBI lo siguieron.
Dentro del hogar, sentados en el sofá del salón, alrededor de la típica mesita bajita y tomando un té mientras miraban las noticias en la televisión estaban, nada más y nada menos, que los tres miembros de la liga juvenil de detectives.
—Los niños están aquí. —Finalizó Agasa cuando Conan ya había entrado por completo y se había quedado congelado, al igual que los tres jóvenes que lo miraban con asombro.
"Maldición. Haber avisado antes" pensó mientras trataba de apartar la mirada.
Al parecer, el mundo, o la realidad entera, se habían opuesto a su plan de volver solo por trabajo e ignorar todo lo de su pasado.
—Conan-kun…—Ayumi fue la primera en reaccionar, se levantó de golpe, todavía mirándolo directamente mientras él trataba de apartar la mirada.
Ayumi había crecido muchísimo, después de todo apenas era una niña la última vez que la vio. Ahora, ocho años más tarde, se había convertido en una bella jovencita de 17 años, con un rostro dulce y sus característicos grandes y saltones ajos azules llenos de ternura, pese a estar llenándose poco a poco con lágrimas. Vestía el uniforme de la preparatoria de Beika (al igual que los otros dos), con su habitual chaqueta y falda azules, y su cabello estaba recogido por una diadema que combinaba con el verde de la corbata. En ese aspecto no había cambiado, seguía llevando esas infantiles diademas que tanto la caracterizaban.
—Conan-kun… ¿eres tú?— Preguntó mientras comenzaba a acercarse.
—Ayumi-chan…— Dijo sin devolverle la mirada, clavándola en el suelo. —Ha pasado un tiempo…
—Conan-kun. —Esta vez fue la voz de Mitsuhiko la que habló, o al menos algo que se le parecía. El joven también había crecido mucho, cuando se puso de pie y se le acercó junto a la muchacha, Conan pudo notar que probablemente era más alto que él mismo (después de todo, por mucho que creciera, siempre seguiría siendo el más bajito del grupo). Además de eso, su voz también había cambiado notablemente, se había puesto más grave y profunda y, a vista de Conan, no acababa de cuadrar del todo con el recuerdo que tenía de su amigo.
¿Qué debía hacer ahora? ¿Saludarlos? ¿Actuar como si nada hubiera pasado? Maldición, había una razón por la que se fue sin avisar, justo para evitar escenas como aquella, para evitar los momentos incómodos.
Genta también se levantó y se colocó detrás de los otros dos. Era, sin lugar a dudas, el más alto. Se había dejado crecer un poco el pelo y, dentro de lo que cabe, al ganar en altura también había perdido un poco de peso, haciéndolo ver como esa clase de chicos que parecen armarios andantes. No dijo nada, simplemente se mantuvo en silencio y con la mirada gacha.
Un silencio incómodo comenzó a rodearlos. El profesor se había ido al sótano a buscar a Haibara y Jonathan se había quedado al margen de la situación, aprovechando su recién adquirida condición de fantasma para pasar desapercibido y evitarse aquella escena con un aire tan cargado de remordimientos y otros sentimientos indistinguibles.
—Vaya chicos… —Dijo Conan tratando de romper el hielo. —Habéis crecido un montón…
—Conan-kuuunnn…— Dijeron los dos jóvenes a la vez, arrastrando la última sílaba y con voz tenebrosa y amenazadora. Cabe destacar que la voz de Genta también se había vuelto más grave, incluso más que la de Mitsuhiko y que cuadraba a la perfección con su apariencia.
Un aura oscura, palpitante y de procedencia desconocida comenzó a aparecer alrededor de los dos muchachos y se extendió por el aire y el suelo, amenazando con tragarse el salón y al joven de gafas que miraba asustado lo que se le venía encima.
En el siguiente instante, ambos se abalanzaron contra el muchacho, que apenas tuvo el tiempo suficiente para retroceder y esquivar por un poco la enorme mano de Genta, que casi se cierra alrededor de su hombro.
En la cabeza de Conan ya no había cabida para el ridículo que estaba haciendo delante de su subordinado. En aquel momento, lo poco en lo que podía pensar era en huir de aquellos dos, que no parecían especialmente contentos, por no hablar de que la estatura de Genta realmente acojonaba.
Sin embargo, huir no sirvió de mucho: eran dos contra uno, y en menos de un minuto ya lo habían inmovilizado contra el suelo boca abajo, con Genta sentado sobre su espalda y Mitsuhiko en sus piernas.
—Chicos, ya, ya, me rindo. Dejadlo ya… me aplastáis.
—Vas a pagar por todos y cada uno de los años que nos dejaste tirados. —Dijo Mitsuhiko.
—Eso, eso. —Lo secundó el otro.
—Tenía mis razones para irme, no pude evitarlo…
— ¡Ni siquiera te despediste!
—No tuve tiempo, mis padres…
—Pudiste habernos escrito. —Lo cortó Genta. —No supimos nada de ti durante ocho años.
— ¿Por qué la única que sabía que te ibas era Haibara-san? Si se lo dijiste a ella también podrías habérnoslo dicho a nosotros.
—Ah… eso…pues… tiene una explicación…
— ¿Ah sí? Pues nos encantaría escucharla.
—Eh… esto…
El muchacho tartamudeó, buscando en lo más profundo de su cabeza por una excusa que en realidad no existía.
— ¿Ara? Edogawa-kun, ¿Acabas de quedarte sin palabras? —De pronto, una voz nueva irrumpió en la escena. Conan giró la cabeza (dentro del rango que el peso de Genta le permitía, por supuesto) y se encontró con la mirada arrogante e irónica de Haibara.
La joven también había crecido, pero a diferencia de la imagen de Miyano Shiho que él esperaba encontrar, se había dejado el pelo largo hasta la mitad de la espalda y cambiado ligeramente su flequillo de forma que ahora lo llevaba recogido con unas horquillas hacia atrás, despejando su frente y dándole un aire algo más adulta y al mismo tiempo menos seria.
—Haibara… —Dijo al verla allí delante. —Ayúdame… diles que salgan de encima de mí, por favor…
—Oh, ¿y por qué debería hacerlo?— Respondió sonriendo maliciosamente. — Creo que Kojima-kun y Tsuburaya-kun tienen derecho a descargar su enfado en el culpable de este.
—Haibara…túuu…— Dijo comprendiendo que la joven lo había vendido a su suerte y que estaba realmente disfrutando la escena. —Desgraciada…
—Oh ¿Es esa la forma de hablarle a alguien al que le pides ayuda?
Sin lugar a dudas, Haibara no había cambiado ni un poco en 8 años, seguía teniendo su mente retorcida.
Ella caminó hasta llegar a la altura donde el joven inspector seguía prisionero contra el suelo y se agachó a su lado, mirándolo desde arriba con una extraña expresión en su rostro. Alargó una mano y la apoyó en la cabeza del muchacho.
—Es bueno ver que te encuentras bien. —Dijo mientras acariciaba momentáneamente su cabello. Conan levantó la mirada sorprendido por aquella reacción y clavó sus ojos en los de ella. Después ella añadió. —Pero sigues siendo un idiota.
—Haibara… ¿Qué se supone que estás haciendo?— Dijo comenzando a cabrearse.
—Premiar a un perro estúpido que acaba de volver a casa.
—Así que ahora soy un perro… Oye, estoy seguro de que esto te hace demasiada gracia…
—Mucha, de hecho. Siempre es entretenido ver al orgulloso Edogawa-kun perder los estribos.
—En verdad sigues siendo igual de retorcida…
—Sin embargo tú has cambiado. —Dijo algo melancólica.
— ¿Eh?
—Bueno, el viejo Edogawa-kun nunca se hubiera humillado ni me hubiera dejado tocarle el pelo de esta manera. —Sonrió, esta vez fue casi una sonrisa verdadera, pero fue tan fugaz que ninguno de los presentes en la escena pudo estar seguro de haberla visto, después su expresión volvió a cambiar y se transformó en sonrisa maliciosa. — ¿Quizá significa que me has echado de menos, Edogawa-kun?
—Idiota. Quien echaría en falta a alguien como tú… —Soltó con tono monótono y desinteresando. — Simplemente me has cogido por sorpresa…
No fue hasta un par de segundos más tarde de haber dicho eso que se dio cuenta de su error.
—Conan-kun —La presión que sentía sobre su espalda de pronto se incrementó y el aura negra que todavía rodeaba a los muchachos se hizo más horripilante. — ¿Qué crees que le estás diciendo a Haibara-san? —Mitsuhiko parecía a punto de estallar.
—Ah… no… es decir, yo… no quería...
No tuvo tiempo de excusarse ni decir nada más, los dos jóvenes cargaron todo su peso sobre él y se dedicaron a saciar su frustración acumulada a lo largo de aquellos 8 años. Mientras, Haibara se levantó y recuperó su puesto al lado de Ayumi, quien todavía no se había movido de su lugar.
-o0o-
De alguna manera, se las apañó para convencer a los dos jóvenes para que se le quitaran de encima (o más bien, el profesor, quien sí había decidido ayudarlo, los convención para que lo hicieran). A cambio de eso, no le quedó más remedio que permanecer el resto de la tarde sentando en el sofá del profesor y respondiendo al interminable e incansable interrogatorio al que lo sometieron los dos adolescentes.
Mientras, Haibara permaneció callada, junto a Ayumi que miraba el suelo apesadumbrada, quizá consolándola o simplemente haciéndole compañía.
De vez en cuando la joven de cabello castaño levantaba la mirada y la clavaba en la figura del joven de gafas, analizándolo, tratando de encontrar algo o simplemente deseando no encontrarlo. Acto que no pasó desapercibido para Jonathan.
Este se había quedado al margen de la situación, sin querer meterse demasiado en la vida de su superior pero al mismo tiempo deseando saber todo acerca de este y de aquellos muchachos que parecían ser sus amigos. "Amigos de su edad" aclaró mentalmente mientras repasaba la escena de nuevo.
Aquellos jóvenes parecían muy alegres y enérgicos, casi lo contrario que Edogawa. "Quizá en el pasado este también hubiera sido así" pensó, y entonces solo pudo sentir todavía más curiosidad.
Mientras, las dos muchachas permanecías calladas: una de ellas parecía triste, como si quisiera decir algo pero sin atreverse a levantar la voz, pese a haber sido la primera en hablar. La otra lucía mucho más seria y calmada, más "adulta", quizá sería la palabra para describirlo. Miraba al inspector con unos ojos agudos y que parecían observarlo absolutamente todo, buscando la verdad detrás de las respuestas que este daba al interrogatorio.
Una joven realmente curiosa, por no hablar de que, si no había entendido mal, era la persona a la que Edogawa estaba buscando cuando entraron en aquella casa, aunque Jonathan ya no estaba seguro de qué demonios buscaban. Al principio lo había tenido claro: a la científica de la organización. Pero tras haber visto llegar a la joven, ya no estaba tan seguro. Después de todo, no era más que eso, una muchacha de apenas diecisiete años.
En algún momento de la tarde, el anciano, al cual el inspector había llamado Agasa, rompió con la rutina del interrogatorio para mandar a los jóvenes de vuelta a sus casas. Después de todo, se había hecho bastante tarde.
Más o menos en ese mismo momento, el inspector pareció notar que se le había echado el tiempo encima y se apresuró a levantarse del sofá.
— Maldición, ¿ya es tan tarde? Con la de cosas que tenía que hacer…
—Qué más da, ya las harás otro día. —Le dijo el profesor quitándole importancia.
—Eso, eso. —Afirmó Genta. — ¿O acaso tienes pensado volver a marcharte?
La pregunta era, sin lugar a dudas, bastante molesta. En un principio, Jonathan habría jurado que simplemente iba a ir una temporada con su inspector a trabajar en un caso extraoficial en Japón y volvería junto con él un tiempo indefinido más tarde, pero ahora ya no estaba tan seguro de ello. Tras haber visto su hogar, a las personas que lo quieren y lo conocen desde siempre, los ojos de su inspector poco a poco habían cambiado.
Hasta entonces, Edogawa no había sido más que un joven con gafas demasiado listo para su edad y con un puesto que, desde el punto de vista de muchos, le quedaba grande. Sin embargo, ahora, pese a que apenas sabía nada, ni había visto lo suficiente como para entender algo, podía ver cierta luz en sus ojos que antes era impensable que luciera. Una pequeña luz de humanidad.
Existen ciertas personas que cuando tienen algún problema que no pueden solucionar, o hay algo que los molesta o incluso los entristece, se vuelcan en su trabajo en alma y cuerpo, intentando escapar de esa realidad que los abruma. Probablemente Edogawa fuera una de esas personas.
Costaba imaginarse que clase de cosas podían haber hecho que un niño como él se convirtiese en el inspector que conocía, tan frío e inexpresivo. Pero, ahora, él mismo era testigo de aquella luz, y los niveles de sorpresa habían subido tanto que ya no estaba seguro de cómo reaccionar. Simplemente, se alegró por él, y descubrió que, en el fondo de su corazón, él… no, no solo él sino todos en la comisaría, habían estado preocupados por su inspector.
—Genta… yo… todavía no sé qué voy a hacer…— Después de todas sus reflexiones, la verdad es que la respuesta del inspector no le sorprendió. Fue más o menos la clase de respuesta que él se esperaba que diera.
— ¿Entonces por qué has vuelto?— Preguntó Mitsuhiko.
—Por unos asuntos personales…
—Dios, Conan-kun, siempre con tanto misterio…— Se quejó el joven de pecas. — No has cambiado nada.
Edogawa sonrió con cierta nostalgia.
—Quizá tengas razón. Tratando de avanzar quedé irónicamente estancado al principio de todo.
—Conan-kun, ¿De qué estás hablando?
— ¡Ah! Nada, nada, solo pensaba en voz alta. De todas maneras, chicos, sería mejor que os marchaseis, se está haciendo tarde.
—Entonces tú también debería volver a casa, Conan.
—Ah pero es que… yo… tengo cosas que hablar con el profesor. Ya sabéis es mi familiar y eso… y llevo mucho sin verlo…
De alguna manera, la excusa de Edogawa sirvió para convencer a los niños, aunque a regañadientes, de que se fueran a casa, y al fin la paz y el silenció volvió a irrumpir en el salón.
— ¿Y bien? ¿De qué querías hablarme?— Preguntó al final Haibara.
—No te hagas la idiota, lo sabes perfectamente.
Ella soltó un suspiro y se sentó en una silla junto a la barra que dividía el salón de la cocina.
—Era solo por tantear el terreno. — Dijo mirando a Jonathan.
—Viene conmigo, es mi subordinado, puedes hablar sin problemas.
— ¿Subordinado?— Preguntó Agasa?— ¿Qué clase de vida has llevado todos estos años, Shinichi? ¿Trabajas?
—Oye, oye, ¿está bien que lo llames así, profesor? —Preguntó Haibara, algo sobresaltada.
—Déjalo, es imposible convencerlo para que no lo haga. Después de todo, me parezco demasiado a él. — Dijo dirigiéndose a Haibara, frunciendo el ceño y añadiendo la última frase para no crear mal entendidos, como si quisiese enviarle el mensaje de "tú simplemente síguele el juego".
—Está bien, si a ti no te preocupa… De todas formas, el profesor tiene razón, ¿Qué ha sido de ti todos estos años?
—Soy inspector del FBI.
— ¿¡El FBI?! —Agasa no cabía en sí de sorpresa.
—Me gradué y entré en el cuerpo hace años. Fue fácil teniendo conexiones como Jodie-sensei y Akai-san…
—No, si… si eso puedo imaginármelo y sin lugar a dudas cumples con los requisitos de un buen agente pero… —El profesor se rascó la cabeza confuso. — ¿La edad no supone un problema?
—Tuve algunos al principio, pero parece que me han aceptado. —Admitió algo apesadumbrado.
—El inspector…— De pronto, Jonathan tuvo la impresión de que debía decir algo para demostrar que Edogawa era, de hecho, un magnífico inspector. — El inspector Edogawa es realmente increíble… —Dijo, con verdadero admiración. —No hay caso que no pueda resolver… no lo he visto fallar ni flaquear ni una vez, se toma su trabajo en serio… yo… ¡nosotros verdaderamente lo admiramos!
—Ohhh… así que sí, eh… Entonces, por favor, cuida de este idiota. —Pidió Agasa haciendo una media reverencia hacia el detective. —Tiene la manía de sobre-esforzarse, así que asegúrate de pegarle un buen puño cuando se vuelva demasiado terco y no quiera tomarse un descanso.
—Ah... bueno… yo…
—Deja de decirle cosas que no vienen a cuento… — Suspiró y se giró hacia la joven de cabello castaño. Ella lo miraba fijamente, escudriñándolo. — ¿Qué se supone que miras? Llevas haciéndolo todo el día…
—Estoy buscando algo…
— ¿A qué te refieres con algo?
—Nada que deba importarte, tú a lo tuyo. Ya te informaré de ello si encuentro algo interesante.
El inspector se quedó callado, devolviéndole la mirada.
—Buscas a Kudo Shinichi, ¿no es así?— Preguntó de pronto. El ceño de ella se frunció levemente.
—Así que lo sabías.
—Puedo imaginármelo. —Soltó un bufido. —Intentas saber si hay restos de él en mí. Lo que no logro entender del todo es por qué lo haces.
—Te dije que no debías molestarte con ello. De momento no hay nada interesante.
—No lo habrá.
—Yo no estaría tan segura… os parecéis… demasiado. —Haibara le lanzó otra mirada penetrante.
—Más de lo que me gustaría.
—Sin embargo has vuelto, tal y como haría él.
—Hattori me contó acerca del caso. Me dijo que fuiste tú quien encontró la anomalía.
—Ah, ¿eso dijo?
— ¿Cómo supiste del caso?
—Por una razón que seguro no te gustará.
—Haibara, no estamos en una situación en la que te puedas permitir guardar me secretos.
Volvió a suspirar resignada.
—Digamos que en estos años me he hecho amiga de cierta persona que tiene relación con el caso…
— ¿Quién?
—Tu chica, Mouri Ran.
Los dos se quedaron en silencio durante un rato, uno pensando sobre lo que le acababan de declarar y la otra analizando su reacción.
—Eso… eso quiere decir…— Titubeó.
Maldita sea, estaba pasando de nuevo. Aquello solo iba a traerle problemas, solo iban a ser más variables que se metían en su plan, y que no había previsto.
—Quiere decir que Ran fue la persona al cargo de ese asesinato antes de que el muchacho de Osaka metiera las narices en él. Y fue ella quien me lo contó.
Edogawa chasqueó la lengua.
— ¿Por qué Ran de entre todos los miembros de la policía metropolitana?
—Sabía que no te iba a gustar…
—Eso quiere decir que ya está metida en la investigación… ¿sabe algo del APTX?
—No, tranquilo. No le he dicho nada, pero tarde o temprano tendrá que enterarse… si no se lo cuentas tú, será otro… el que le diga que este caso está involucrado con la organización que mató a su amigo de la infancia y primer amor.
—Maldición…
— ¿Cómo crees que reaccionará?
— ¿¡Cómo voy a saberlo!? Podría enfadarse, podría deprimirse, podría volcarse al trabajo… no me la imagino tomando venganza, pero hace demasiados años que no la veo y ya no puedo jurar nada…
—Edogawa-kun, de momento, creo que será mejor que te cuente todo lo que sé, y todo lo que he investigado en estos años… yo… todavía no he encontrado…
—Haibara, está bien. De verdad. No tienes que esforzarte tanto. Ya está bien… nunca esperé que eso cambiase.
—Edogawa-kun, necesito hablar contigo. —Dijo bajando la voz poco a poco. Después, mirando al frente y posando la mirada brevemente sobre los dos adultos presentes en la escena, añadió. —A solas.
