Tras una eternidad desaparecida, hibernando en la biblioteca y agobiaba de exámenes... aquí estoy de nuevo con el siguiente capítulo! :3
Espero que les guste ^^
Detective Conan pertenece a cierto explotador infantil que se empeña en mantenernos en vilo con el ShinRan... nótese el rencor (aunque en el fondo todos lo amemos mucho)
Bajaron las escaleras en absoluto silencio, en dirección al laboratorio improvisado que la joven científica había montado en el sótano de la casa. Era un silencio casi sepulcral, solo interrumpido por la respiración algo entrecortada y cada vez más nerviosa del joven inspector. Las palabras de la muchacha lo habían puesto un poco nervioso, y no pudo evitar que cierta sensación de esperanza comenzara a emerger de alguna parte de su corazón, pese a que sabía que era inútil.
Haibara se mostraba seria y su mirada cuando dijo "a solas" reflejaba un sentimiento indescifrable para el muchacho, lo que hacía que su curiosidad aumentara. Por ello, tras excusarse ante el profesor y Jonathan, la siguió sin pensarlo mucho.
Llegaron al final de las escaleras y ella se adentró en la penumbra que emergía del interior del cuarto. Como debía esperarse del laboratorio de una científica "loca" (con todo el amor del mundo), aquella habitación destilaba ese sentimiento de desconfianza que hace que no tengas muchas ganas de entrar y que solo de imaginarte qué podía haber al otro lado de esa bruma oscura te provocaba escalofríos.
Sin embargo, una vez hubo entrado (no sin antes debatirlo con su consciencia y sentido común) y luego de que Haibara hubiera encendido las luces, quedó completamente asombrado con toda la parafernalia que encontró montada allí abajo: Un montón de tubos de ensayo almacenados por colorines y etiquetados ordenadamente a lo largo y ancho de unas estantería que ocuparan de arriba abajo dos de las paredes de la habitación, además de todos los libros colocados en montones en el suelo y los papeles tirados por todas partes.
En una esquina de la habitación había un ordenador encendido y que mostraba un informe de a saber qué tema que, tras echarle un par de vistazos, resultó inteligible para el muchacho.
—Oye, Haibara… ¿qué es todo esto?
—Años y años de experimentos fallidos…
—No puede ser… ¿Esto… es...?
—La búsqueda de la cura para el APTX. —Respondió antes de darle tiempo a terminar la pregunta. Luego, tras comprobar la expresión de asombro y, en cierta manera, de culpabilidad, añadió: —No pongas esa cara. He hecho esto porque quería. Mirándome con esa expresión de lástima solo harás que me enfade.
—Haibara, tú… ¿has estado todos estos años tratando de encontrar la cura?
Ella asintió en silencio. Y no dijero nada más hasta que el muchacho se las apañó para romper el incómodo silencio que los rodeaba.
—No sabía que quisieras tanto recuperar tu cuerpo…
—Desde luego hay situaciones en las que llegas a ser realmente estúpido. Hace muchos años que me resigné a ser solo Haibara Ai.
—¿Resignar?
—Bueno, más bien digamos que simplemente lo prefiero. —Hizo una pausa y clavó sus ojos en los de él mientras que este continuaba mirándola fijamente. —Vamos. ¿Qué clase de expresión es esa? No tienes que tenerme pena. Ya deberías haberlo notado, eres la clase de personas que se daría cuenta de ello. Como Miyano Shiho no me queda nada, lo último que me ataba a esa identidad era mi hermana, pero ahora ella también está muerta… Sin embargo, como Haibara Ai todavía existen un montón de personas que me apoyan y animan a seguir adelante: tengo a los niños de la liga juvenil de detectives, tengo al profesor, a Ran y sus amigas… Como Haibara Ai tengo un montón de amigos, y eso es algo que no quiero perder. Después de todos estos años ya no sería capaz de volver a la oscuridad de la soledad. Puede que antes la aguantara perfectamente, pero ahora ya me sería imposible. Así que no debes preocuparte por mí, incluso hace ocho años, de haber encontrado la cura, probablemente no me la habría tomado.
—Haibara… entonces, ¿por qué…?
—¿Acaso no es obvio? ¿Para qué otro idiota afectado por la droga podría ser el antídoto?
—No me digas que has hecho todo esto solo por mí…
—No lo digas de esa manera, tampoco es tanta cosa, simplemente pensé que te lo debía. Después de todo, tú has hecho demasiadas cosas por mí, Kudo-kun. A veces me paro a pensar que si aquella vez yo no hubiera sido secuestrada o si simplemente me hubieras abandonado, todo esto no habría pasado…
—¡No digas eso! ¡Ni se te ocurra pensarlo!— Le gritó y acortando la distancia que los separaba la agarró por los hombros para obligarla a mirarle a los ojos. —Nada de lo que pasó es por tu culpa, Haibara. No había remedio. Aun si yo no hubiera caído por ese acantilado, aun si no hubieras sido secuestrada y nunca nada hubiera pasado, eso no cambia el hecho de que nunca iba a haber una cura, de que, en algún momento, íbamos a descubrirlo. La situación acabaría desembocando irremediablemente en este presente, dentro de un pequeño rango de variables que no iban a cambiar mucho.
—Kudo-kun…
—No me llames así, por favor. —Bajó la cabeza y la enterró entre ambos brazos, que seguían levantados y posados sobre los hombros de la joven. —Hace muchos años que yo también renegué de esa identidad.
—¿Entonces estamos iguales? Los dos hemos dejado atrás nuestro pasado… Sin embargo entre mi situación y la tuya existe una gran diferencia: Tú sí tienes personas que siguen esperándote.
—Para ellos estoy muerto…
—Puede ser, pero aun así, en el fondo de sus corazones, todavía creen que sigues vivo. Quieren creer que estás en alguna parte del mundo, vivo y sin poder volver, pero deseando hacerlo. Por eso, hasta que eso cambie, hasta que pueda ver con mis propios ojos que eres verdaderamente feliz como Edogawa Conan y de que Ran es también feliz al lado de su nuevo marido, no me rendiré. Porque te lo debo, porque tú me ayudaste mucho en el pasado, porque aquella vez viniste a buscarme y eso me hizo muy feliz, porque, después de todo, lo que te cambió la vida fue la droga que yo creé. Debo enmendar mis errores, así que déjame seguir intentándolo hasta el final.
—Haibara… ¿Estás segura de ello?
—He tenido ocho años para decidirlo.
Ella sonrió, con una sonrisa algo cansada y nostálgica, pero una de verdad y sincera. Él la soltó y se giró sobre sí mismo para observar la escena a su alrededor. ¿Cómo decirle que no, viendo todo lo que se había esforzado todos esos años? Suspiró y se rascó la cabeza.
—Supongo que no puedo detenerte, pero no te sobre-esfuerces, y cuenta conmigo para todo lo que necesites. Si solo trabajaras tú, me sentiría muy culpable. No hace falta que cargues tú sola con todo…
—Esa es mi frase. —Le dijo girándose hacia el ordenador y comenzando a encenderlo. —Asegúrate de informarme de todos los avances que hagas sobre esa investigación que te ha traído de nuevo a Japón. Dos mentes piensan mejor que una.
—Debería decir que es información clasificada, pero estoy viendo que si no te lo cuento yo, vas a encontrar otra forma de enterarte por tú cuenta. Te mantendré informada.
—Perfecto. Ahora que hemos solucionado este tema, ¿qué tal si pasamos a la razón de tu visita?— Dijo mientras finalmente se sentaba en la silla rodante frente al ordenador.
Conan frunció el ceño.
—¿Qué sabes acerca del tema?
—No mucho. Ran me contó el caso de asesinato por envenenamiento porque estaba confundida. Por supuesto no se esperaba que yo tuviera la solución a ese problema, así que ella no sabe nada de que he sido yo quien contactó con el detective del Oeste.
—Hablaste con Hattori del tema…
—Después de todo él sabe de la existencia de la organización y también del APTX, así que decidí confiar en él. Me contó su deducción, la misma que probablemente te dijo a ti y la cual te hizo volver con tanta prisa.
—La organización sigue viva… en las sombras y débil, pero viva. Debemos acabar con ella de una vez por todas antes de que se vuelva más fuerte.
—Estoy de acuerdo contigo. Significan un gran peligro para la sociedad, por no hablar de que hace 8 años no pudimos enterarnos de cuáles eran sus verdaderos planes as causa de mi repentino secuestro. Así que es imposible saber dónde y cuándo van a actuar.
—Matando empresarios, chantajeando a personas, desarrollando un nuevo sistema de Software… es imposible saber qué demonios tramaban detrás de todas esas acciones tan diversas… Además, pese a que atrapamos a su supuesto líder, este se quitó la vida antes de que pudiéramos hacerle ninguna pregunta…
—¿Hablas de Aurun? He oído hablar de ese caso… ¡no me digas que estuviste involucrado!
—No exactamente, ocurrió cuando yo todavía estaba en el hospital, pero Akai-san me lo contó después. Al parecer el líder de la organización era un empresario japonés que estaba envuelto con el mercado negro y demás. Su nombre era aparentemente Kurosawa Jiiro, aunque no podemos estar seguros de que fuera el verdadero, y su pseudónimo dentro de la organización era "Aurun", un licor italiano. Fue capturado gracias a unos documentos donde se hablaba de una transacción ilegal que encontramos en el sitio donde te tenían prisionera, justo cuando estaba a punto de salir del país. Días más tarde cometió suicidio dentro de su propia celda en la prisión, sin que ningún guardia supiera cómo se las apañó para conseguir la daga con la que lo hizo. Se investigó e incluso se habló de una posibilidad de asesinato, pero por falta de pruebas que tuvo que cerrar el caso.
—¿Y se dejó así sin más?
—Yo también opino que fue un gran error. Hay demasiadas lagunas con respecto a ese caso, por ejemplo: ¿por qué había un documento tan importante como el que implicaba al cabecilla de la organización en un lugar tan apartado? ¿Qué sentido tenía guardar algo que apuntase justo en la dirección del jefe? Era como si la propia organización quisiera que lo encontráramos. Además, cuando te secuestraron, tanto Akai-san como yo sabíamos que era una trampa, nos metimos en la boca del lobo a propósito, con un plan, por supuesto, pero sabíamos que era peligroso. Sin embargo, salvo por el incidente de Gin, todo lo demás se solucionó demasiado rápido y fácil. Todos fueron apresados, salvo algunos que decidieron morir, apenas presentaron batalla, era como si se hubieran rendido desde antes de que nosotros llegáramos… A lo largo de estos 8 años le he estado dando vueltas y he llegado a la conclusión que lo que ocurrió en aquella guarida del bosque estaba dentro de sus planes.
—¿Qué quieres decir?— Preguntó comenzando a mostrar una cara cada vez más asustada.
—Piénsalo un instante: Durante ocho años han permanecido olvidados, en las sombras, regenerándose poco a poco. Mientras que todos pensábamos que todo había acabado, que al estar el líder muerto y los agentes bajo rejas todo se había solucionado. Hasta ahora solo tenía mis sospechas, pero cuando Hattori se presentó en New York y me dijo su deducción, me di cuenta de nuestro error y que esa teoría que tanto miedo me daba, era verdad.
—¿Estás diciendo que todo ha salido tal y como la organización planeó?
—Sí y no. Probablemente el objetivo principal de la organización fracasó hace ocho años, después de todo su cabecilla pereció. Pero alguien de dentro fue quien planeó todo esto, es muy posible que fuera a escondidas de su jefe y que su objetivo no coincida con el de Aurun, pero sigue siendo la organización, por lo que es igual de peligrosa, o incluso más.
—Tiene que ser mentira… no puede ser… ¿quién? ¿quién podría haber planeado algo como eso?
—No lo sé… todos los miembros cuyo nombre conocía están presos o muertos. Sin embargo había una infinidad de ellos que nunca llegamos descubrir… no es raro pensar que uno de ellos pudo haberlo hecho. Alguien lo suficientemente listo como para engañar a todos, incluido a Gin.
Al escuchar ese nombre, Haibara se estremeció y agachó la cabeza al tiempo que se llevaba una mano a la boca. Pensar que la organización que tanto temía estaba viva la aterraba. Había podido vivir aquellos ocho años en paz y tranquilidad, pensando que todo se había acabado, pero no era así, después de todo, su oscuro pasado volvía de nuevo a atormentarla.
—Haibara. —La llamó el joven, al tiempo que se acercaba y se inclinaba para dejar su mirada a la altura de la de ella. —Ya te lo dije una vez, pero te lo voy a repetir: Yo me aseguraré de protegerte, así que no te preocupes. Solo déjamelo a mí.
—Dices eso, pero… si hace ocho años la organización pudo averiguar quién soy, es obvio que ahora también lo sabrán. Y entonces no será muy difícil para ellos averiguar tu verdadera identidad. No tiene sentido esconderse, nuestras cartas ya están boca arriba sobre la mesa del enemigo.
—Entonces nos aseguraremos de conseguir nuevas cartas que la organización no sea capaz de predecir.
La voz del inspector sonó completamente seria y de confianza, lo que hizo que Haibara se sintiera por un momento segura de ellas y capaz de confiar en el muchacho de gafas que tenía delante. Sonrió.
—Sigues siendo el mismo idiota de siempre… me alegro…
—Te equivocas. —Conan volvió a enderezarse, se ajustó las gafas con el dedo índice y, al tiempo que la luz del laboratorio iluminaban los cristales, sonrió perspicazmente. —La persona que conocías está muerta. Ahora, quizá siga siendo un idiota, pero sé que cartas debo jugar en cada momento. No te preocupes, esta vez no hablo por hablar, esta vez estoy seguro de que ganaremos y destruiremos la organización.
Una vez acabado esto, nos leemos en el próximo cap ^^
