Aquí estoy de nuevo con el siguiente capítulo :3
Como siempre, Detective Conan es de Gosho Aoyama, pero Jonathan es mío.
Las dudas de Ran
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—¡Bien! Ya lo han oído, a partir de ahora esta investigación permanecerá bajo absoluto secreto. Si se enteran de algo, por ínfimo que sea, informen a su superior al cargo o a cualquiera de nosotros y este se encargará de transmitirnos el mensaje. Es todo por hoy, pueden irse.
Tras las palabras del superintendente Mégure, toda la muchedumbre que se había aglomerado en la sala de reuniones poco a poco fue marchándose, hasta que solo unos pocos quedaron allí. Jonathan pudo distinguir entre aquellos inspectores algunos de los que los habían ido a recoger al aeropuerto.
Todos ellos discutían entre sí, sorprendidos y algunos completamente abrumados con lo que acaban de escuchar. De hecho, Jonathan estaba seguro de que muchos ni siquiera habían oído hablar de la organización antes, y semejante revelación debía ser algo realmente impactante.
El inspector Edogawa había contado con toda clase de detalles todo acerca de esa organización, incluyendo desde los pequeños sucesos hasta el incidente final en el refugio del bosque. También mencionó, para sorpresa de Jonathan pues pensaba que su superior preferiría mantenerlo en secreto, la relación que tenía la organización con el joven detective Kudo Shinichi y la razón de sus continuas desapariciones durante dos años hasta desembocar en su fatídica muerte.
…
En ese momento, Edogawa discutía algo con el superintendente, así que Jonathan se permitió vagar un poco por la sala mientras su superior no diese señales de pretender marcharse.
Paseó la mirada y se encontró con ella. Estaba sentada todavía en su silla, con las manos en el regazo y la cabeza gacha, observando fijamente un punto indefinido del suelo. Parecía abatida, ¿cómo no estarlo? Acababa de enterarse de algo abrumador. El inspector no había tenido miramientos al respecto, había revelado toda la información sin el más mínimo tacto, incluido el asesinato del detective del este. ¿Cómo se sentiría ella ahora? Jonathan podía estar bastante seguro de qué clase de relación había tenido con el muchacho, por aquellas fotos que había visto en la mansión, y por los comentarios que hacía todos los que se acercaban a la detective, tratando de consolarla.
Era inútil, ella no parecía triste, sino más bien perdida, aquellos ojos que apuntaban a las baldosas del suelo carecían por completo de luz. No era solo tristeza lo que la inundaba en ese momento, había un amasijo ininteligible de sentimientos que encerraba en su interior. Sin embargo, si él, que acababa de conocerla, era capaz de darse cuenta, entonces el resto seguramente también lo hacía.
Mirándola fijamente no fue consciente de que una silueta se le había acercado por detrás.
—Disculpe, señor…— Dijo la voz de un hombre a su espalda, sobresaltándolo.
Jonathan se giró y se encontró con el hombre que Edogawa había definido como el inspector en jefe de la comisaría. De porte elegante, el pelo rizado y oscuro, y con auténticos aires de superioridad.
—Perdone —Le respondió sobresaltándose y medio atragantándose con las palabras, al tiempo que hacía una torpe reverencia. —Estaba distraído…
—¿Sabe hablar japonés? Perdone que le pregunte, pero todavía no le he escuchado decir ni una sola palabra…
La pregunta lo cogió por sorpresa y asintió bruscamente antes de que le diera tiempo a pensar adecuadamente la respuesta. Luego se dio cuenta de que quizá había sido un poco maleducado, pero el inspector no pareció darle importancia. Volvió a preguntar:
—¿Preocupado por la detective Mouri? —Dijo siguiendo la dirección que su mirada había mantenido hasta haber sido interrumpido.
—Ah… no… bueno, yo…. —Así que se llamaba Mouri, eh. Jonathan se aseguró de memorizar ese nombre.
—¿La conoce?
—Ayer fue la primera vez que la vi… Sin embargo, el inspector Edogawa me ha hablado un poco de su relación con Kudo Shinichi.
Por supuesto, eso era mentira, en realidad el joven no le había dicho nada, todo eran conjeturas que él mismo se había creado a partir de las pistas, pero cabía la posibilidad de que aquel hombre le contara algo si decía eso. Simple y pura curiosidad. (O no tan pura).
—Ya veo… Kudo-kun era alguien muy querido para nosotros, la policía de Tokio. Era un muchacho muy avispado que más de una vez nos echó un cable con nuestro trabajo. Sin embargo, comenzó a desaparecer con frecuencia y apenas se dejaba ver, ahora comprendo que era esto en lo que estaba envuelto… Que imprudente, involucrarse con algo de este tamaño… no es algo que un joven de instituto deba afrontar.
—Sin embargo, pese a que tuvo un final trágico, ese joven fue la clave para derrocar a la organización hace ochos años.
El inspector en jefe pareció asombrado de escuchar eso, luego sonrió tristemente y bajó la mirada.
—Así que así fue, eh…
—¿No estaba usted enterado de ello, señor?
—Me temo que debo reconocer que es la primera vez que escucho hablar de la organización. Y pensar que había algo como eso trabajando a nuestras espaldas sin que nos diéramos cuenta…
Esta vez fue el turno de Jonathan para sorprenderse: Así que ni el inspector en jefe sabía de ello… No era de extrañar que el resto de inspectores estuvieran tan asombrados. Al parecer era cierto que el FBI había llevado todo el proyecto en completo secreto de la policía japonesa… Bueno, no es de extrañar, después de todo estaba fuera de su jurisdicción, de haberlo hecho público se habrían metido en un montón de problemas internacionales.
—Si… es realmente preocupante. —Dijo sin saber muy bien cómo responder al comentario del inspector.
Él suspiró sonoramente y levantó la cabeza, irguiéndose cuan alto era. Colocó las manos en la cintura y se estiró, probablemente para desentumecer sus músculos, encogidos debido a todo el trabajo de oficina que debía tener.
—Aun así, fue sorprendente volver a ver a ese niño… —Añadió de pronto. —Jamás pensé que lo vería convertido en un inspector tan pronto.
—¿Se refiere a Edogawa, Señor?
—Así que lo llamas por su apellido, eh… es extraño pese a que eres unos años mayor que él.
—Es mi superior, señor, no debo llamarlo de otra manera.
—Así que sí, eh… Bueno, en realidad siempre fue un niño muy listo y avispado. Supongo que se debe al ambiente en el que creció…
—¿Ambiente? He escuchado que era como un hermano menor de Kudo Shinichi, ¿Se refiere a eso?
—Bueno, eso supongo que también tiene parte de razón, pero yo hablo de otro tipo de influencia, ¿No has oído hablar de Mouri Kogoro?
—Mouri… ¿tiene alguna relación con la detective Mouri?
—De hecho es su padre.
—Ya veo… Me temo de debo decir que no tengo el placer de conocerlo, señor.
—Oh, bueno, para ser sincero, Mouri-san ha perdido bastante fama en los últimos años, por no decir toda. Hace ocho años era conocido como el mejor detective de Japón. —Dijo con cierto matiz de nostalgia en su voz. —Siempre tan confiable, podías estar seguro a su lado porque de alguna manera encontraría la manera de explicar cualquier caso. Realmente increíble. Además tenía un método único para exponer sus deducciones, lo que hacía que la gente lo llamara "Kogoro el durmiente".
Al decir el nombre, el inspector en jefe probablemente notó el cambió en la expresión del detective, pues el apodo le había hecho bastante gracia. Se disculpó rápidamente y dejó que él continuara con su relato:
—Puede que el nombre parezca un poco absurdo, pero en cuanto te explique lo siguiente lo entenderás: Mouri-san siempre empezaba cada caso soltando un montón de teorías absurdas y sin sentido, probablemente lo hacía para hacer que el culpable se confiase y la verdad es que solía dar resultado. Mientras se las apañaba para investigar los alrededores de la escena del crimen, aunque muchas veces me tengo fijado y he de admitir que nunca, o casi nunca, lo veía separarse del superintendente Mégure, que por aquel entonces era el inspector al cargo. Supongo que ahí es donde entra la figura del Conan-kun.
—¿El inspector Edogawa?
—De pequeño acostumbraba a acompañar a Mouri-san por todas partes y siempre estaba presente en los casos. Era un niño muy curioso. En mi opinión creo que Mouri le daba indicaciones al Conan-kun para que encontrara las pistas por él, lo que indica que muchas veces ya sabía incluso qué debía encontrar para poder ordenárselo al niño, ¿te lo puedes imaginar? La cuestión es que, una vez tenía todas las pistas necesarias, se sentaba, cerraba los ojos y adoptaba una pose como si estuviera dormido mientras comenzaba a explicar todo tranquilamente. La verdad es que, puedes verlo las veces que sean, pero seguirá siendo increíble, bajo mi punto de vista, por supuesto.
—Suena muy elogiable, sí.
—¿Verdad? Sin embargo, hace años que perdió su toque.
—¿A qué se refiere?
—Bueno, más o menos en la misma época en la que se confirmó la muerte de Kudo-kun, Mouri-san comenzó a tener una bajada con respecto a sus deducciones. Dejó de hacer la pose de "Kogoro el durmiente" y entonces sus deducciones empezaron a fallar. Fue casi como si, al marcharse el pequeño Conan-kun de su casa, hubiera perdido la capacidad de resolver casos, como si ese niño fuera su amuleto de la suerte.
—¿El inspector vivía en su casa?
—Ah, así que tampoco sabes eso… claro, quizá debí empezar por ahí. Cuando me refería a "ambiente" era justo eso. Conan-kun era, según tengo entendido, pariente del vecino de los señores Kudo.
—¿El profesor Agasa?
—Veo que ya lo conoces.
—Sí, nos encontramos ayer con él. El inspector fue a saludarlo y… —Jonathan calló de pronto, recordando la promesa que su inspector le había hecho hacer: "No menciones nada sobre Haibara a nadie que no sea yo o el profesor" le había dicho tras volver de aquel sótano acompañado de la joven que Jonathan había reconocido como la tal Haibara.
El otro no pareció notar su corte repentino en la frase y continuó explicando.
—La verdad es que no estoy seguro de dónde exactamente apareció Conan-kun, pero al parecer, Agasa le pidió a Ran-san que lo cuidara…
—¿Ran-san?
—¡Ah! Perdón, quería decir, la detective Mouri… la verdad es que siempre la llamé por su nombre, pero en el momento en que me convertí en su superior tuve que cambiarlo…
—Ya veo…— De nuevo, el detective tomó nota mental del dato: Mouri Ran, ya tenía su nombre entero.
—Después de eso, vivió durante dos años en casa de los Mouri, hasta que sus padres vinieron a buscarlo y se lo llevaron a vivir con ellos al extranjero. Y supongo que el resto lo conoces tú mejor que yo.
—Bueno, la verdad es que lo conozco solo desde hace unos tres o cuatro años. —Explicó tras permanecer un rato en silencio. Acababa de notar que el inspector en jefe había dejado de lado gran parte de la lejanía con la que lo había tratado al principio, y justo ahora acababa de hablarle de "tu" en lugar de "usted", lo que hizo que, por un momento, no estuviera seguro de cómo responder. —El inspector Edogawa entró en el FBI siendo solo un joven de 15 años y fue ascendiendo poco a poco hasta llegar al puesto que tiene ahora mismo. La verdad es que, pese a que al principio no estábamos dispuestos a admitir que un niño nos ordenase, pronto nos dimos cuenta de que no era como lo aparentaba. Al final todos acabamos aceptándolo sin rechistar y ahora se ha convertido en alguien realmente querido por todos.
—Es bueno escuchar eso… Dado que se marchó sin despedirse de nadie, nosotros también estábamos intranquilos acerca de su situación. En especial ella… —Hizo una pausa y luego añadió— Bueno, parece que tu superior ha acabado de hablar con el mío, así que no te entretengo más. Ha sido un placer hablar contigo. Por cierto, me llamo Shiratori, Shiratori Ninzaburo, siento no haberte dicho mi nombre antes… eh…
—Ah, no, no pasa nada, Shiratori-san, gracias por contarme todo eso… —Luego se dio cuenta de que el silencio que el inspector había dejado al final de su frase indicaba que le estaba preguntando su nombre— Yo soy Jonathan —Soltó, de nuevo, atropelladamente.
—Jonathan-san —Dijo finalmente, al tiempo que hacía una media reverencia a modo de despedida mientras ya se giraba para dirigirse hacia el superintendente.
El detective permaneció de pie durante un rato y luego se giró de nuevo hacia la joven, descubriendo que su superior ya estaba arrodillado a su lado y la había agarrado de la mano mientras ella lo miraba fijamente, sin decir nada, sin llorar, simplemente mirándolo con la boca medio abierta, con una expresión de cierto asombro.
Jonathan se debatió entre si debía acercarse o sería considerado de mala educación interrumpirlos. Al final cedió a su curiosidad y se aproximó un poco, lo suficientemente lejos como para ser ignorado pero también para poder escuchar algunas palabras sueltas de su conversación. Sabía que aquello se consideraba espiar y estaba mal visto, de hecho podía llevarse una buena reprimenda por hacer lo que estaba haciendo, pero su curiosidad de detective (influenciada en muchas maneras por su propio superior) le pudo.
—Conan-kun —Escuchó decir a la joven pese a que su voz sonó bastante débil y, según creyó notar, llena de agonía y preocupación.
—Ran-neechan, la reunión ha acabado, ¿quieres que te acompañe a casa? —Le preguntó el inspector.
Jonathan tuvo que reconocer que con aquellas palabras su superior se había portado como un auténtico galán y, pese a que siempre había sabido de su buen carácter y habilidad para las palabras, se sorprendió un poco. Edogawa mostraba una sonrisa dulce y tranquilizante, algo a lo que todavía no se había acostumbrado. Por un momento se conmovió ante aquella visión, realmente parecían un hermanito preocupado por su hermana mayor, lo que convertía aquella escena en una muy tierna. Después se recriminó al recordar que aquel "hermanito" era en realidad su jefe.
—Conan-kun —Repitió ella. —Tú… ¿tú sabias de todo eso?
La expresión de Edogawa cambió de pronto y se volvió sombría.
—Yo… me enteré hace unos años, es mi trabajo…
Aquello era mentirla y Jonathan lo sabía, lo hacía escuchado de alguno de sus compañeros. La noticia de que el Inspector Edogawa se había involucrado con la organización siendo solo un niño de 7 años era conocida por un montón de personal dentro del FBI. Por supuesto, era totalmente confidencial y no iba a ser él quien se lo revelara a aquella mujer. Si su superior había decidido no contarle aquello entonces es que eso debía ser lo mejor.
—Ya veo… yo… lo siento, es algo nuevo para mí… es la primera vez que escucho acerca de los asesinos de Shinichi…
La joven bajó aún más la cabeza y, según le pareció mirar, frunció el ceño. Sin embargo, no lloró, pese a que parecía a punto de hacerlo. El rostro del inspector también se había teñido de sombras y sus gafas estaban iluminadas por la enfermiza luz que había en la habitación.
—Ran-neechan, creo que sería bueno que te acostaras un rato… te acompañaré a casa…
—No, no quiero… tengo… tengo trabajo que hacer.
—Hemos acabado por hoy, Ran-neechan, el superintendente Mégure acaba de decirlo. Vamos, levántate.
Edogawa se puso de nuevo en pie y le tendió la mano. Ella no cambió de posición ni mostró intenciones de hacerlo.
—Conan-kun, ¿Por qué sabía Shinichi de la existencia de la organización?
Él se la quedó mirando, inexpresivo y con la mirada culta tras las gafas iluminadas, en silencio.
—Fue aquel día, ¿verdad?
Los hombros del inspector se estremecieron, algo que no pasó desapercibido para el detective, que con el tiempo había aprendido a notar los cambios en la pose de su superior. Ella siguió impasible.
—El día que Shinichi me llevó al parque de atracciones… Lo recuerdo bien… ¿Cómo olvidarlo? Recuerdo la sensación de agobio y miedo que me abordó en el momento en que lo vi correr lejos de mí, recuerdo desear haberlo detenido, desearlo con todo mi corazón. Eran aquellos hombres, ¿verdad? Incluso a mí, que en aquella época no tenía idea de nada, me parecieron sospechosos… ¡¿por qué no detuve a Shinichi?! ¡¿Por qué no hice caso a aquella voz que me gritaba una y otra vez que lo llamara?!
La joven finalmente levantó la cabeza y Jonathan descubrió que estaba llorando. Sin embargo no eran lágrimas de tristeza, sino de desesperación, de impotencia, de odio. Jonathan no sabía de qué hablaba la joven, pero probablemente, aquella sospecha había estado oculta en algún lugar de su corazón durante todos aquellos años, la sospecha que la hacía odiarse a sí misma, y las palabras que Edogawa había dicho hacía unos minutos en la reunión acabaron por confirmárselo.
Ella comenzó a sollozar mientras bajaba de nuevo la mirada a sus manos, las cuales mantenía apretadas fuertemente una a la otra. Permaneció así durante minutos.
Una vez se hubo calmado Jonathan dirigió su atención hacia el inspector y lo que vio lo dejó alucinado.
Edogawa seguía de pie, pero había dejado de lado esa pose altiva y erguida tan propia de él. Sus hombros temblaban bruscamente. ¿En qué momento habían comenzado? Jonathan se maldijo por haber dedicado toda su atención a observar a la joven mientras lloraba e ignorar a la otra parte de la conversación. Su superior permanecía serio y de nuevo sus gafas le impedían observar su rostro, sin embargo, todo su cuerpo temblaba, ¿de impotencia, quizá? ¿O sería tristeza? ¿Le habrían afectado las palabras de la mujer? En ese caso, ¿cuánto? ¿cuánto se preocupaba por aquella persona? Jonathan notó que no solo sus hombros temblaban, sino también sus puños, los cuales mantenía caídos a ambos lados de su costado, completamente cerrados.
—Supongo que no tiene sentido decirte eso a ti… —Continuó ella una vez se hubo calmado un poco. —Después de todo tú no puedes saber qué pasó aquella vez… —Edogawa reaccionó con un movimiento brusco ante esas palabras, apretando todavía más sus puños, tanto que Jonathan temió que por un momento llegara a hacerse daño. —Tienes razón… yo soy la única que pudo haber parado a Shinichi aquella vez…
—Ran, —De pronto la voz seria y grave del inspector la interrumpió. —No fue tu culpa, Ran. No fue culpa de nadie, salvo de la organización.
—Sé que no es mi culpa, en el fondo lo sé. Pero si no me hecho las culpas no seré capaz de perdonarme, ¡no seré capaz de perdonar a Shinichi por no habérmelo dicho! —Gritó y al final de su berrido se quedó sin voz, de manera que este sonó ahogado, desesperado y roto. Después volvió quedarse en silencio mientras respiraba entrecortadamente, tratando de recuperar el aliento.
Jonathan aprovechó ese momento para mirar a su alrededor y descubrió que eran los únicos en la habitación. Probablemente, el resto de inspectores habían salido para darles intimidad y por un momento se temió que él debía hacer lo mismo, pero su curiosidad no le permitiría abandonar ahora la sala, y con un poco de suerte ninguno de los dos notaria su presencia, después de todo la tarde anterior había descubierto su escondida capacidad de pasar desapercibido como un fantasma.
—Shinichi… —Murmuró ella levantando la vista. —Shinichi… él pudo habérmelo dicho… ¿por qué no me dijo eso entonces? Podría haberme explicado todo esto… yo lo habría entendido… sin embargo, me pasé dos años pensando que a él ya no le importaba. —El inspector dejó de temblar al escuchar eso y como un acto-reflejo levantó una mano y la acercó a la joven, pero se detuvo en medio de la acción.
—Ran, eso no… eso no es… cierto…
—¿¡Y cómo voy saberlo?! Maldición, desearía que me lo hubiera dicho… ¿Es porque no confiaba en mí?
—No, Ran, era para protegerte… lo que Shinichi más deseaba en el mundo era mantenerte fuera del peligro, porque tú eras realmente importante para él.
—¿Para protegerme? Yo no necesito que él me protegiera, sé hacerlo sola. Aprendí Karate precisamente para que Shinichi no tuviera que protegerme todo el tiempo, igual que hacía cuando éramos pequeños. Porque quería algún día ser quien lo protegiera a él…
La joven había dejado de sollozar y calmado su respiración, consiguiendo hablar todo de una tirada, sin embargo, en cuanto comenzó a decir eso, las lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas sin detenerse. Pero no parecía triste, al contrario, era como si estuviera a punto de mostrar una sonrisa, como si aquel fuera un recuerdo bonito que la hubiera calmado de repente.
Fue Edogawa quien sonrió, con una sonrisa pequeña pero sincera. Y entonces sí se inclinó sobre ella y acabó por terminar la acción que hacía empezado hacia un rato, depositando su mano sobre el hombro de la joven. La luz dejó de iluminar sus gafas y Jonathan por fin pudo ver sus ojos, los cuales se mantenían secos y sin lágrimas, pero brillaban a causa de la emoción o, quizá, por todos los sentimiento que su superior tenía por aquella mujer.
Por supuesto, lo que Jonathan no sabía y no podía siquiera llegar a imaginar, era que Edogawa Conan era en realidad Kudo Shinichi, la persona a la que se consideraba muerta y que, aparte de haber sido el hilo central en aquella conversación, era el hombre que amaba por encima de todo a aquella detective.
—Shinichi-nichan lo sabe, Ran-neechan. —Dijo finalmente, cuando ella hubo levantado su mirada y clavado sus ojos violáceos en los suyos. —Allá donde esté, Shinichi-nichan sabe perfectamente que tú te preocupabas por él, y que todavía lo haces. Por eso él nunca dejará de quererte, porque tú también lo sabes, ¿no es así?, sabes que él te amaba, así que no digas algo como eso, no digas que te odiaba. Puede que ya no podáis estar juntos, pero Shinichi-nichan permanecerá en tu memoria y en tu corazón para siempre, el hecho de que él se declaró es algo que no puedes olvidar… —Volvió a sonreír dulcemente al tiempo que le acariciaba una mejilla con el dorso de la mano.
—Conan-kun, ¿Cómo sabes que Shinichi se declaró? Si solo se lo conté a Kazuha…
Jonathan debía admitir que la reacción de su inspector ante aquella pregunta lo acompañaría para siempre en sus recuerdos y, al igual que aquella vez, lo haría querer echarse a reír. Por supuesto, en aquel momento se contuvo lo mejor que pudo y permaneció en silencio. Sin embargo, no apartó la vista de Edogawa. Justo en el momento en el la detective acabó por decir la última palabra, no, incluso antes, justo después de que terminó la pregunta, el inspector retrocedió de golpe y, adoptando una pose bastante cómica (con la mano con la que acababa de tocar su mejilla lo más alejado posible de ella que su brazo le permitía) se puso completamente colorado y comenzó a tartamudear.
—Ah… yo… no… esto… Shi…Shinichi-nichan me lo contó, sí, es cierto, él me llamó por teléfono después de resolver el caso del terrorista en Londres y… —Calló por un segundo, pensando en qué decir a continuación, o más bien, en si debía o no decir lo que tenía pensado. A parecer al final se decidió por hacerlo. —Shinichi-nichan me llamó para preguntarme por tu reacción… ya sabes, él estaba preocupado por cómo te había afectado su declaración.
Esta vez fue ella la que se sonrojó. Finalmente, los dos acabaron en silencio, mirando al suelo y completamente sonrojados, como dos faros en medio de la habitación.
De aquella última frase de su superior, hubo dos palabras que a Jonathan le llamaron especial atención. La primera fue sin lugar a dudas "Londres" y debía admitir que, si había entendido bien el hilo de la conversación, el tal Kudo Shinichi se había declarado a aquella mujer en la "ciudad del amor", lo que Jonathan consideraba un punto a favor del detective del Este. No obstante, había una segunda palabra, que por supuesto era "terrorista", que no acaba de encajar del todo en aquel contexto, ¿Qué clase de vida llevaba aquel muchacho antes de morir? Jonathan no estaba muy seguro de cómo tomárselo.
"Supongo que existen esa clase de personas, de las que encuentran casos allá a donde vayan." Pensó con ironía.
Mientras el detective del FBI se debatía internamente en su conflicto léxico, los otros dos poco a poco se fueron reponiendo hasta que finalmente el inspector volvió a hablar:
—Ran-neechan, no tienes por qué preocuparte por nada de esto. Solo tienes que asegurarte de ser feliz, para que los que te quieren no se preocupen, para que Shinichi, esté donde esté, pueda estar tranquilo sabiendo que no tiene que preocuparse por ti, sabiendo que puedes protegerte sola. Por eso, no debes pensar en cosas como "¿y si…?" o "Ojalá lo hubiera hecho", simplemente dedícate a disfrutar del día a día, junto a las personas que te siguen queriendo, como tus padres o tus amigos, o…incluso yo… Y también está tu prometido, ¿no es así?
Aquella noticia era nueva para Jonathan, bueno, en realidad había escuchado algo acerca de una boda en la casa del profesor el día antes… e incluso le había parecido entender algo así en la conversación que el inspector había mantenido con su amigo en la comisaría de New York, pero no había relacionado ambos conceptos con aquella mujer. Así que Mouri Ran era la persona que se iba a casar, eh…
—¿Cómo sabes de la boda, Conan-kun?
—Hattori me lo dijo, y también el profesor.
—Ya veo… es una pena, quería ser yo quien te diera la noticia… —Dijo apesadumbrada. —En el momento en que me enteré de que ibas a volver estaba tan contenta que fui corriendo a decírselo, estaba realmente ilusionada con que lo conocieras, Conan-kun, y él también mostró interés por conocerte…
—¿Conocerlo? Espera, Hattori me dijo que era Araide-sensei…
Ran permaneció un momento callado mirándolo y finalmente se echó a reír.
—¿Araide-sensei? ¡No! Ni de lejos. Araide-sensei lleva años casado y con una novia encantadora.
—Ah sí… —Murmuró algo avergonzado, luego se dedicó a maldecir a Hattori de mil maneras distintas, recordándose a sí mismo que debía devolvérsela de alguna manera.
—Su nombre es Mayama Sagaru, es abogado, lo conocí en la universidad. Es muy guapo y también amable y bueno… —La mujer comenzó a hablar de su prometido y poco a poco se fue relajando, hasta que toda la tensión que sus hombros había acumulado desapareció. El inspector la había agarrado de la mano y se había vuelto a agachar a su lado, escuchando pacientemente la descripción mientras la observaba.
Jonathan no pudo asegurarse del todo, pero parecía como si la estuviese mirando entre aliviado y al mismo tiempo decaído.
Jonathan se despistó un poco del resto de la conversación, la verdad es que no quería enterarse de nada más, aunque de todas maneras ya se había enterado de un montón de cosas que puede que no debiera haber sabido. Sintiéndose un poco mal intentó un amago para salir de la habitación, pero la voz del inspector se lo impidió.
—¿Te marchas ahora? Después de haber escuchado toda la conversación…
El detective pegó un salto del susto y se quedó clavado en el sitio, a medio camino hacia la puerta. Luego se giró lentamente, con miedo a lo que podría encontrarse. El inspector lo observaba por encima del hombro, todavía arrodillado y agarrando la mano de ella, quien al parecer acababa de notar su presencia y se había sonrojado un poco por la vergüenza.
—Al parecer tienes el don de pasar desapercibido ante los demás, pero ¿en serio pensabas que yo no me daría cuenta? —Jonathan tragó saliva. —Bueno, en parte es culpa mía por ordenarte que no te separaras de mí.
¡Lo había olvidado por completo! Es cierto, el día anterior, en su paseo de vuelta a la casa de los Kudo tras la visita a la tal Haibara, el inspector le había prohibido tajantemente alejarse demasiado de él o actuar por su cuenta. ¡Se había salvado! Edogawa había interpretado sus actos como un cumplimiento de sus órdenes, ¡no lo iba a acusar de cotilla ni de espía! Suspiró aliviado y por fin se atrevió a mirar al inspector a los ojos, lo que supuso un grave error.
¡No! El inspector no lo había mal interpretado, sabía perfectamente que él se había quedado por curiosidad, simplemente había dicho eso para quitarle importancia delante de la detective Mouri, podía verlo en sus ojos.
"Estoy acabado, al llegar a casa va a lincharme a reprimendas…" Pensó mientras retrocedía un paso y, probablemente con cara de miedo, pedía perdón varias veces con sucesivas reverencias.
Al cabo de un rato Edogawa se puso de pie sin soltar la mano de la detective, luego tiró de ella para ayudarla a levantarse también.
—Ran-neechan, deja que te acompañemos a casa. ¿Tienes coche?
—No —Contestó mientras negaba y recogía sus cosas. —Acostumbro a venir en metro.
—Bien, entonces hoy vendrás con nosotros. El superintendente Mégure nos ha prestado un coche.
—Conan-kun, eres menor, ¿tienes permiso de conducir?
—No, pero Jonathan sí, ¿verdad?
—¡Ah! Sí, señor.
—¿Ves? Venga, vamos. Iré a pedir las llaves en la recepción, el Superintendente Mégure me dijo que podía recogerlas allí. Mientras, Jonathan —No se giró pero sí alzó un poco la voz. El aludido reaccionó con un bote —Asegúrate de recoger todos los informes y guardarlos bien.
—Sí, señor.
Dicho esto, Edogawa se encaminó hacia la puerta, saliendo el primero y dejando a los otros dos atrás. Jonathan estaba algo confuso por la repentina petición de ejercer de chofer y ella parecía algo avergonzada, probablemente porque un hombre desconocido acababa de escuchar un montón de cosas que no debían ser escuchadas.
Maldiciendo una vez más por lo bajo, Jonathan se giró hacía ella con la intención de romper al silencio abrumador que se había extendido por la sala, además de que ninguno de los dos parecía estar dispuesto a dar el primer paso para seguir al inspector.
—Esto… —Habló, casi por instinto y sin darse cuenta.— Mouri-san… yo… siento enormemente haber escuchado su conversación… aunque no era mi intención permanecer escondido… —Bueno, eso en parte era una mentira, porque después de todo sí había deseado que no lo descubriesen, además de que había cedido a su curiosidad.
—No, el error fue mío… al no notar que estaba presente…
¡Qué mujer más encantadora! Diciendo algo como eso en aquella situación.
—Bueno… ¿qué le parece si seguimos al inspector? Debe estar ya esperándonos.
—S…si…
De nuevo, pese a que al parecer los dos se habían puesto de acuerdo, ninguno dio ni un paso.
"Vamos, muévete, maldita sea ¡no te quedes ahí parado como un tonto!"
—Esto, Señor… —Dijo ella de pronto.
—Ah, puede llamarme Jonathan, y no tiene por qué ser tan cortés conmigo, yo… solo soy un subordinado…
—Jonathan-san. —Parecía no encontrar las palabras adecuadas para seguir. —Esto, yo quería preguntarle algo… ¿Qué tal le va a Conan-kun en América? Eres su compañero de trabajo, ¿no?
Para ser sincero la pregunta lo sorprendió un poco, pero ya no era la primera que le preguntaba por ello, también lo había hecho el profesor Agasa el día anterior mientras Edogawa hablaba con la joven científica, y el propio inspector en jefe acababa de hacerlo hace un rato, aunque indirectamente.
—Bueno, yo no diría que soy su compañero… más bien él es mi superior. —Ella se mostró sorprendida. —Soy solo un simple detective, mientras que Edogawa es el inspector al mando en la comisaría… existe una gran franja entre nuestros puestos… Pero, pese a lo que la gente pueda pensar por su edad, es el mejor jefe que he tenido nunca: siempre se muestra muy atento hacia nosotros, trabaja mucho y nos ha dado una infinidad de consejos que nos han ayudado enormemente. Siendo sincero, yo no habría llegado a donde estoy ahora de no haber sido por el inspector. En ese sentido, le debo mi vida.
—Ah… si… ya veo… Es cierto, Conan-kun es esa clase de persona. A pesar de que lo conocí cuando apenas era un niño, siempre me sentía segura a su lado. Siempre atento y perspicaz, siempre preocupado por los demás, incluso antes que por sí mismo… también era muy temerario, así que estaba preocupada, pero parece ser que le ha ido bien, así que es un alivio… muchas gracias por cuidar de él. — Sonrió dulcemente mientras entornaba los ojos. —Aunque no compartamos sangre, es como mi hermanito pequeño.
Jonathan notó como su corazón se aceleraba momentáneamente al ver aquella sonrisa tal dulce, y algo nervioso giró la cabeza bruscamente hacia la puerta. Acabó diciendo algo como "Lo cuidaremos apropiadamente" entre dientes sin llegar a estar seguro de que ella lo hubiese escuchado. Después, ella se levantó de la silla con total libertad y se acercó a la puerta, como si la vergüenza que hubiera mantenido hasta ahora se hubiera esfumado de la nada.
"Supongo que solo quería preguntarme por el inspector, eh…" Pensó mientras se acercaba a la mesa y recogía apresuradamente todos los documentos, eso sí, asegurándose de no dejar nada atrás o de lo contrario el inspector lo mataría. Luego se dirigió también a la puerta y salía de la sala tras ella.
Fuera los esperaba un Edogawa bastante cabreado y señalando su reloj de pulsera.
Tras pedir perdón un par de veces acabaron por subirse al coche.
Cabe destacar que el cambio de prometido no es culpa de Hattori sino mía. (jeje) La cuestión es que ya me pasó cuando comencé a publicar esto por primera vez y no me di cuenta de que a medida que iba cambiando la historia me olvidaba de ese pequeño detalle que Hattori mencionaba a principio de la historia... así que decidí cambiarlo. Luego, cuando comencé a reeditarlo y resubirlo en Fanfiction me planteé la opción de cambiarlo desde el principio... pero después de todo quedaba mejor echándole la culpa a Hattori, así que aquí está.
Mayama Sagaru es totalmente de mi invención. Así como dato estúpido, el apellido se lo robé a Mayama Takumi (de Honey and Clover, Shoujo muy recomendable) y el nombre de Yamazaki Sagaru (de Gintama, Shounen tambien muy recomendable si les gusta la parodia). En cuanto a porqué esos dos personajes... simplemente me gustaba como sonaban juntos.
Y ya que me puse a hablar del tema: Jonathan se llama así porque fue el primer nombre inglés que se me ocurrió. Sí, lo sé, muy cruel x'D
