Aquí estoy de nuevo, después de haber superado la época de exámenes y salvar el cuatrimestre por los pelos, os traigo una nueva historia. Mil gracias a las personas que dejaron sus Reviews, son realmente alentadores y siempre me motivan a seguir escribiendo ^^

Espero que les guste el Cap :3

Detective Conan pertenece a Gosho Aoyama, como ya dejé claro en el primer capítulo y como comprobarán en este, yo soy pésima para escribir misterio (¿en qué momento se me ocurrió a mí escribir un FIC de DC?)


Robo en la Boutique: Los documentos desaparecidos

...

En el coche de camino a la agencia nadie habló. Jonathan estaba demasiado ocupado conduciendo al tiempo que su cabeza trataba de realizar la proeza de reconstruir la carretera y recordarle que debía conducir por el lado contrario al que estaba acostumbrado. Y de todas formas, no era como si hubiera planeado desde el principio decir algo, ya mucho había hecho con escuchar la conversación a escondidas como para meterse ahora en ella.

Sin embargo, el inspector parecía muy metido en sus pensamientos.

Claro que lo que el detective no podía saber era que su superior estaba en realidad confrontando un auténtico dilema mental. Sentado en el asiento del copiloto y encogido sobre sí mismo, Conan reflexionaba sobre lo que había hecho.

¿Cómo había llegado a ese punto? Maldita sea, ¿Acaso no lo había decidido la noche anterior? Incluso se lo había dicho a Haibara, que no pensaba acercarse más de la cuenta a Ran. Sin embargo, allí estaba: sentado en el mismo coche que ella y acompañándola a casa. ¿En que estaba pensando, maldita sea?

La noche anterior había estado pensando un buen rato acerca del tema. Su intención inicial de volver a Tokio sin entrar en contacto con nadie de su anterior vida se había ido al garete, pero pese a eso todavía planeaba no involucrarse más con ellos, más que nada para mantenerlos alejados de cualquier resquicio de la organización.

No, aquellos hombres ya se habían llevado demasiadas cosas importantes para él, no iba a dejar que le arrebataran nada más. Pero no había tenido oportunidad, Haibara se lo había dicho: Ran era la detective que estuvo al cargo del caso de envenenamiento por APTX, para bien o para mal ya estaba demasiado metida en el problema, ya no podía simplemente sacarla del caso.

Conan sabía eso, se había dado cuenta al segundo de que Haibara se lo hubiera contado. Pero aun así prefería mantenerse lo más alejado posible y había optado por un comportamiento indiferente hacia Ran. Era lo mejor.

Quizá por eso decidió narrar todo lo que sabía acerca de la organización sin el más mínimo tacto. Directo y conciso, así era más fácil de explicar y más sencillo de comprender por las policía japonesa, quienes desde el principio no se había enterado de absolutamente nada.

Se arrepintió al instante.

Justo después de terminar su discurso, pese a que puso todo su esfuerzo por ignorarla, fue incapaz. Acabó ladeando la mirada en su dirección mientras hablaba con el Superintendente Mégure y lo que vio lo dejó congelado.

Ran parecía perdida, parecía a punto de sucumbir ante toda la presión que irresponsablemente había dejado caer sobre ella.

Irremediablemente se acabó acercando. Al principio su intención había sido simplemente darle un par de ánimos y alejarse, pero acabó agarrándola de la mano en cuanto notó que estas temblaban.

En contra de su voluntad se agachó a su lado, y entonces empezaron los problemas. Para cuando se quiso dar cuenta ya había entrado de nuevo en el papel de Edogawa Conan que había desempeñado durante aquellos dos años, y ya no pudo escapar de él. El pequeño Conan-kun que residía en alguna parte de su alma salió a flote y comenzó a soltar mentira tras otra, igual que siempre, tratando de consolar a la detective que poco a poco se abandonaba más a la tristeza.

Fue entonces cuando ella dijo eso. "Yo soy la única que pudo haber parado a Shinichi aquella vez".

La verdad es que se había sorprendido, no tenía ni idea de que Ran se culpara hasta ese punto de la "muerte" de Shinichi. Jamás se había parado a pensar que ella pudiera sentirse culpable por lo que ocurrió en el parque de atracciones. En parte había sido un ingenuo por pensar que Ran simplemente estaría bien con las excusas que él se había inventado. Un par de palabras dichas por teléfono hacía tanto tiempo no llegaban para sofocar esa culpa. Debería haberlo sabido.

Llegados a ese punto, Conan era consciente de que retomar su plan de ignorarla iba a ser imposible. Toda clase de cambio en su actitud lo único que conseguiría sería dañarla más. Quizá lo mejor fuera ser amable con ella, manteniendo las distancias, por supuesto. Él era Edogawa Conan, lo había sido desde hacía diez años y lo seguiría siendo para siempre, y Conan-kun no es más que un adorable hermanito pequeño.

Por alguna razón, las palabras que Hattori le había dicho en la comisaría de New York afloraron de sus recuerdos. ¿Por qué no simplemente amarla como Conan? La respuesta era sencilla, ni siquiera hacía falta recurrir al hecho de que ella no lo miraba de esa forma, no, era mucho más tajante: simplemente no sería capaz.

Edogawa Conan era una entidad inventada que había forjado a lo largo de los años. Incluso ahora, que se había alejado de su tierra natal, su carácter nunca volvió a ser el de Kudo Shinichi. En el fondo, tras haber ingerido el APTX nunca volvió a ser él mismo por completo. Siempre había algo de Conan que se le quedó pegado. Sin embargo, el que amaba a Ran por encima de todas las cosas era Shinichi, negarlo era como negarse a sí mismo. Estaba seguro de que si se permitía amar a Ran, ya fuera como uno o como el otro, aflorarían sentimientos y comportamientos que se había asegurado de mantener durante muchos años a raya, sentimientos que pertenecían a Shinichi y que casi habían desaparecido de su personalidad.

Si bien seguía siendo la misma persona, el inspector era consciente de que nunca sería capaz de engañar a Ran a tal manera, nunca tendría la fuerza suficiente para pedirle que amara a Conan, o incluso decir que él la amaba. Se viese como se viese estaba condenado. Así que había decidido no decirle nada. Ella se casaría con aquel abogado y sería feliz junto a él, pues después de todo era el hombre que ella había escogido. Él ya no tenía derecho a simplemente irrumpir en su vida de esa manera. Había perdido su oportunidad, o más bien, la había derrochado.

-o0o-

Metido en sus pensamientos no prestó atención a la carretera hasta que fue demasiado tarde.

—¡Espera! —Gritó sobresaltando al conductor. —Tienes que girar en ese cruce a la derecha.

Fue demasiado tarde. Jonathan no consiguió maniobrar a tiempo y se vio obligado a coger una calle diferente al tiempo en un gran número de cláxones de los coches vecinos lo abucheaban por tan temeraria maniobra. Cabe decir que el pobre detective no fue capaz de realizarla correctamente no solo por la falta de experiencia de conducir del lado contrario sino también por el tremendo susto que su superior le había dado.

—Maldición. —Soltó el inspector al tiempo que se enderezaba en el asiento. —Ran-neechan, ¿sabes si hay algún lugar donde podamos dar la vuelta?

La mujer que viajaba en la parte de atrás del coche bajó la mirada pensativa.

—Me temo que no la hay. —Dijo al cabo de un rato. —Es una calle de un solo sentido, no nos queda más remedio que desviarnos en la siguiente salida y dar un rodeo hacia casa.

Edogawa chasqueó la lengua y miró por la ventana. Al cabo de un rato pareció encontrar algo y se giró hacia la detective.

—Todavía se puede llegar a Beika por el puente del este… ¿verdad?

—¿Ah? S…si… pero no sería más rápido por ese otro lado. —Dijo la mujer señalando por la ventanilla en sentido contrario al que proponía el otro.

—Eso es lo que parece, pero a estas horas el tráfico sería demasiado por esa zona. Jonathan, mejor gira en esa esquina y sigue recto hasta que te diga lo contrario.

Tal y como había dicho el inspector, al llegar al cruce notaron que el camino de la derecha estaba completamente atascado de una marea enorme de coches, mientras que por el otro se podía avanzar sin problemas.

—Increíble, Conan-kun, después de vivir tantos años lejos de aquí todavía puedes recordar la hora punta.

—En realidad ha sido una suposición, después de todo, las calles han empezado a llenarse con viandantes vestidos con ropa del trabajo.

Sin ninguna otra explicación el inspector volvió a recostarse contra su asiento y el silencio volvió a adueñarse del coche.

Jonathan continuó conduciendo, algo más calmado porque por fin había logrado adaptarse a la carretera. Sin embargo, al cabo de un rato volvieron a encontrarse una fila de coches parados a lo largo de todos los carriles.

—¿Qué estará pasando? —Preguntó el detective del FBI. —¿Por aquí también habrá un atasco? ¿O quizá un accidente?

—Jonathan, abre la ventanilla.

El aludido obedeció y en cuanto esta estuvo lo suficientemente abierta el inspector sacó la parte de superior de su cuerpo fuera y se sentó sobre la puerta.

—¡Inspector! —Gritó sorprendido. —¿¡Se puede saber qué hace?! ¡Eso es peligroso! ¡Por favor, bájese de ahí!

—No puedo ver muy bien, pero creo que eso es un coche policía. Después de todo parece que ha pasado algo.

—¡Aquí está a punto de pasar algo! Maldita sea, señor, vuelva a entrar en el coche. ¿Qué pasa si se cae?

El joven obedeció al desesperado intento de su subordinado y volvió a sentarse en el asiento más o menos al mismo momento en que Jonathan paraba el coche justo detrás del último de la fila.

—Voy a ir a ver qué ha pasado. Ran-neechan, ¿vienes conmigo? —Preguntó tajante con la puerta ya medio abierta y un pie más fuera que dentro.

—Sí —Ella respondió igual de decidida y siguió al muchacho antes de que el tercero pudiera argumentar nada en contra.

—En cuanto salgas del atasco busca donde aparcar y únetenos. —Le gritó el inspector a su subordinado mientras se alejaba sorteando los coches.

—Es…espere…

Jonathan maldijo por lo bajo a Edogawa y su desesperante curiosidad al tiempo que golpeaba con la mano el volante, activando sin querer el claxon y provocando que los coches vecinos le respondieran con un coro de ellos que no dejó de sonar hasta mucho más tarde.

-o0o-

Por su parte, Ran y Conan consiguieron llegar al lugar del problema. No se trataba de un accidente de tráfico, como habían sospechado, sino que parecía más bien un cordón policial.

—¿Qué demonios…? —Murmuró el joven al tiempo que se agachaba para pasar por debajo de la cinta que indicaba "Prohibido el paso". Tras él, la policía hizo lo mismo y se llevó una mano al bolsillo interior de su abrigo para sacar su identificación.

—Soy detective. —Dijo al policía que ya había empezado a hostigarlos por haber entrado sin permiso en un recinto policial. —Cuénteme qué ha pasado.

Conan agradeció la eficacia de su compañera. La verdad es que había saltado a la escena del crimen por costumbre, olvidado completamente que ahora no era más que un joven normal, sin placa ni estatus.

—Puedo preguntar de qué departamento… —Dijo tímidamente el policía, cohibido ante el carácter arrollador de Ran.

—Homicidios. —Respondió y sin darle tiempo a replicar que no era un caso dentro de su jurisdicción continuó avanzando hacia quien parecía ser el jefe del grupo. Era un hombre sorprendentemente alto, recién entrado en los cuarenta, con el pelo negro liso y largo hasta los hombros y una barba propia de alguien que no se ha afeitado en un par de días. —Inspector Hasegara. —Lo llamó.

—Ohhhh… Ran-san, ha pasado un tiempo. ¿Qué haces por aquí? —Respondió el aludido.

—Mi coche ha quedado atrapado en el cordón y me preguntaba qué estaba pasando.

—Pues verás, ha habido un robo en una de las tiendas cercanas y tratamos de encontrar el culpable. Según la dueña del recinto apenas perdió de vista el objeto robado durante unos minutos, por lo que todavía anda cerca.

—¿Qué han robado? —Preguntó Conan, quien estaba de pie al lado de la detective. — ¿Qué tienda es? ¿A qué hora llamó la dueña?

El muchacho había sacado una libreta de su bolsillo y ya había comenzado a tomar notas. Acabó de hacer la primera retahíla de preguntas y alzó la cabeza hacía el inspector esperando una respuesta. Ante la mirada sorprendida del mismo volvió a recordar su situación actual y maldijo por lo bajo.

—Esto… Ran-san, ¿Quién es este joven?

—Ahh, verá inspector, él es Conan-kun, ¿no lo recuerda? Es el niño que siempre acompañaba a mi padre en los casos…

El hombre arrugó el entrecejo y lo observó detenidamente. Al cabo de un rato exclamó:

—¡Ohhhh! ¡Así que eres el pequeño Conan-kun! ¡Cómo has crecido!

El otro se quedó callado y algo desorientado.

—Ran-neechan… —Murmuró quedamente. No sabía como reconocer que no tenía ni idea de quien era esa persona que lo saludaba tan cordialmente. —¿Quién es? ¿Lo conozco?

—¡Conan-kun! —Lo recriminó. —¿Cómo puedes decir eso? Es el inspector Hasegara. Coincidimos con él en un par de casos, mi padre le ayudó a resolverlos, ¿recuerdas?

Esta vez fue el joven quien se quedó mirando al otro fijamente, removiendo hasta el último de sus recuerdos de aquellos años. La verdad es que se había empeñado tanto en borrar su vida de aquel entonces que, salvo los hechos realmente importantes, con el tiempo había olvidado a aquella clase de personas que apenas habían coincidido en su vida. Sin embargo, tras esforzarse un rato, el nombre de Hasegara acabó por hacer eco en su memoria. ¡Claro, aquel detective bajito y tímido que habían conocido una vez de viaje! La verdad es que si lo miraba detenidamente podía reconocer sus rasgos en los del hombre que tenía delante, pero había cambiado en tal manera que aun de acordarse bien de él le habría resultado imposible reconocerlo sin la ayuda de Ran.

—Creo que lo recuerdo…

—Jo, Conan-kun, no seas mal educado…

Se disculpó con el hombre por no haber sido capaz de reconocerlo inmediatamente y este se echó a reír quitándole importancia.

—No te preocupes. —Dijo sonriente. —Después de todo yo tampoco te reconocí. Sin embargo, vaya que has crecido. ¿Y todas esas preguntas de antes? ¿Estás estudiando para ser policía?

—En realidad soy detective privado. —Mintió.

—Ohhh así que detective, eh… igual que el señor Mouri…

—Sí, sí, igual que él. Después de todo fue quien me inspiró para ello. —Volvió a mentir. "No por favor" pensó "no lo metas a él en la ecuación. ¿Quién querría parecerse a él?"

—De todas formas, —Intervino Ran. —Inspector Hasegara, podría decirnos los detalles.

Él dudó unos instantes. Luego se llevó la mano a la nuca y se rascó la cabeza.

—Mi superior me mataría si se enterase de que he involucrado a ajenos al caso, pero sería de gran ayuda tenerte a nuestro lado, Ran-san. He escuchado del departamento de homicidios que haces realmente bien tu trabajo.

—Muchas gracias por permitirnos ayudar. —Hizo una reverencia y el muchacho la imitó.

—Gracias a ti por la ayuda. —Suspiró —Bien, seguidme, sería recomendable que conocierais a la dueña y escucharais por vosotros mismos su testimonio.

Ambos siguieron de cerca al enorme inspector para no perderse entre la oleada de policías que andaban de un lado a otro gritando órdenes. Llegaron hasta el pie del edificio y encontraron al interior de la tienda donde los esperaba una mujer de más o menos la misma edad de Ran y que Conan reconoció como la dueña del lugar. Como se podía esperar de la responsable de una Boutique de alta marca, pensó echándole un par de miradas tanto al lugar como a la mujer. Fue entonces cuando lo notó: aquella persona le resultaba sorprendentemente familiar…

—¡Sónoko! —Gritó Ran a su lado y salió corriendo en su dirección. ¡Pues claro! ¿Cómo había podido olvidarlo? Aquella voz estridente que mangoneaba a los policías de un lado para otro culpándolos de inútiles por no poder encontrar lo que sea que le hubieran robado solo podía pertenecer a aquella persona. Suzuki Sonoko no había cambiado demasiado, seguía siendo la misma clase de persona ruidosa y vestía con la misma clase de ropa llamativa.

—¡Ran! —Gritó mientras abrazaba a su amiga. —Cuánto me alegro de que estés aquí. ¿Te has enterado? ¡Me han robado! ¿Qué voy a hacer? Era algo realmente valioso… Ran, has venido a ayudarme, ¿no es cierto?

—Bueno, en realidad no sabía que eras tú… lo siento, sé que me había dicho que ibas a abrir una nueva tienda, pero no esperaba que fuera por esta zona. Pero aun así estoy aquí para ayudar.

—Ran… —Murmuró dramáticamente. —¡Muchas gracias! —Volvió a abrazarla efusivamente. — No sé qué haría si perdiera eso…

—¿Y se puede saber qué te han robado exactamente? —Preguntó Conan con voz monótona y sintiéndose un poco fuera de escena.

Ambas se separaron y se lo quedaron mirando como si acabaran de notar su presencia (Ran incluida). Luego el rostro de Sonoko cambió varias veces de expresión antes de adoptar uno de total desconcierto y gritar:

—No puedes ser. Ran, estoy viendo visiones. —Alzó la mano y lo señaló descaradamente con el dedo. — ¡Es Shinichi-kun!

-o0o-

El problema no era demasiado complicado: Sonoko trabajaba como diseñadora de ropa y accesorios, y hacía poco que había abierto un par de tiendas en todo Tokio, ganándose una gran fama y reconocimiento. Quien iba a decir que alguien como ella podría llegar tan lejos.

El objeto robado en cuestión eran los diseños de su próxima línea de ropa. Unos documentos que, al parecer, eran realmente importantes y de los que la cabeza hueca de Sonoko no había hecho ninguna copia de seguridad. Tan típico de ella que el joven tuvo que apañárselas para aguantar las ganas de meterse con la mujer.

Habían desaparecido casi como por arte de magia, en menos de una hora y sin la más mínima pista de su paradero.

La última persona que tuvo posesión de ellos fue la secretaria de la misma Suzuki. La mujer era más o menos de la misma edad, también con un porte elegante y bastante arrogante, y se mostró bastante reacia a "ser interrogada por un mocoso", palabras textuales que soltó cuando Conan se le acercó para preguntarle por los detalles.

Al joven inspector no le quedó más remedio que alejarse en silencio mientras rosmaba y echaba de menos su placa. Le dejó la misión de interrogar tanto a Sonoko como a su compañera a Ran y se dedicó a inspeccionar la habitación donde supuestamente había ocurrido el incidente.

Había logrado averiguar un par de cosas gracias al Inspector Hasegara y quería confirmarla. Por su parte, Sonoko había sido de lo más inútil, y todavía se lo quedó mirando un buen rato tras explicarle que él no era Shinichi, sino el "mocoso entrometido", tal y como ella le había llamado luego.

Conan repitió mentalmente los datos con los que contaba:

La encargada de custodiar los diseños era la secretaria, Inoue, en quien Sonoko confiaba plenamente, pues al parecer habían estudiado juntas en la universidad, eran muy buenas amigas y había sido quien la había ayudado para poder llegar hasta allí. Pese a eso, por supuesto, no había quedado fuera de sospechas. El propio Conan se aseguró de comprobar su coartada y descubrió que, en efecto, esta estaba impecable, y no solo era improbable que la misma secretaria hubiera fingido ser la víctima del asunto, sino que era de por sí imposible: Justo en el momento del robo, Inoue estaba fuera del edificio, atendiendo unos recados que la misma Sonoko le encomendó.

El despacho de la presidenta de la compañía, donde se encontraba Conan en aquel momento, tenía tan solo dos puertas. Una conectaba con un pasillo que, aparte de dos puertas que llevaban a las oficinas para empleados y al almacén de mercancía, ambos sin ventanas y con un estrecho conducto de ventilación por el que apenas cabía un niño pequeño, la única salida desembocaba en la entrada trasera, donde el guardia de seguridad registraba a todos los trabajadores cada vez que entraban y salían, y en el gran portal por donde accedían los camiones de carga y descarga al almacén, donde otro guardia les confirmó que solo un camión había pasado durante el intervalo de tiempo en cuestión. La otra puerta del despacho de Sonoko conectaba con el de su secretaria, su único acceso, a parte de una ventana que no se podía abrir (pues al parecer el picaporte se había roto hacía unas semanas) y una rejilla de ventilación debajo de la misma.

La tienda estaba en un bajo, así que, de haber estado la ventana en condiciones de abrirse, la cosa no había resultado del todo imposible. Sin embargo, una vez dentro del despacho de Inoue, el propio Conan comprobó de primera mano que, en efecto, el picaporte se había roto y que, si ya era imposible abrirla desde dentro, desde fuera aún más. Aun así, miró a través del cristal, más que nada para terminar de confirmar sus sospechas. Fuera tan solo había un callejón lateral por el que casi nunca pasaba gente, con un par de bolsas de basura amontonadas en un lateral.

No le presto demasiada atención, pues era por completo imposible entrar y salir de aquella habitación. No, la única entrada posible era a través del despacho de Sonoko y antes de eso era necesario pasar por el control de la entrada. Desde luego, no pudo haber sido alguien de fuera, lo que reducía los sospechosos a los trabajadores del lugar.

Conan resopló tras repasar por enésima vez toda la información que había conseguido.

Hacia las tres en punto Sonoko le había pedido a Inoue que saliera a por unos recados y tres minutos más tarde la secretaria se marchó, para hacerlo tuvo que pasar por el despacho, y Sonoko recuerda perfectamente que incluso se despidió. También recuerda que no llevaba nada encima, tan solo su cartera que apenas medía 10 cm y donde sería imposible guardar nada (Dato que los técnicos ya había comprobado: La cartera no muestra ningún indicio de haber sido forzada para introducir nada a la fuerza). Después de eso, ella no se movió de la habitación y hasta que vente minutos más tarde volvió Inoue nadie volvió a entrar en el despacho. Tanto Sonoko como su secretaria habían visto los documentos justo antes de ese intervalo de tiempo y fue inmediatamente al volver cuando la secretaria notó su ausencia, así que todo se limitaba a aquellos 20 minutos. Por supuesto, Inoue-san testificaba que ella había dejado los documentos encima de su mesa, así que la verdadera clave del misterio era averiguar cómo se las apañó el ladrón para acceder a su despacho sin que Sonoko se diese cuenta.

Conan volvió a donde estaban Ran junto con las otras dos. Al parecer el interrogatorio había terminado y la detective hablaba con el inspector Hasegara sobre algo mientras que las dos mujeres se habían sentado un poco apartadas y con la mirada preocupada. Conan se acercó para averiguar los detalles que se había perdido.

—Inoue-san salió para comprobar la llegaba de un pedido que habían hecho. —Explicó Ran. —Después de salir del despacho se marchó al almacén de descarga. Tardó dos minutos en llegar allí.

—Es cierto, —Corroboró el detective que trabajaba para Hasegara. —Ya lo he comprobado, el encargado del almacén lo ha confirmado. Después de eso estuvo quince minutos hablando con la persona que trajo la mercancía y con una mujer que venía con él. —Continuó leyendo la declaración.

—Sí, —Confirmó Ran. —Ella ha dicho lo mismo. Al parecer esa mujer era una abogada con quien debía negociar el precio de unos nuevos productos.

— ¿Ya le hemos interrogado? —Intervino Conan, provocando que el detective que lo miraba por primera vez dirigiera una mirada interrogante a su superior.

—Responde. —Le apremió el mismo tras notar su desconcierto.

—Señor. Verá, no hemos podido localizar a esa abogada. Al parecer se marchó justo después de discutir unos asuntos con la secretaria.

—Ya veo. ¿Y el repartidor?

—Ya nos hemos puesto en contacto con la empresa. Nos mandarán un contacto con él y esperamos poder pedirle que venga hasta aquí.

—Perfecto, te encargo eso. Debemos confirmar a todas las personas que entraron y salieron del edificio en ese intervalo de 20 minutos.

—Sí, señor. Le informaré en cuanto me entere de algo. —Dijo el detective y luego salió corriendo de nuevo hacia el almacén.

Como era de esperarse en un profesional del departamento de robos, Hasegara sabía hacer bien su trabajo y conocía las pautas a seguir. Conan apenas había trabajado un par de veces en casos de robos, pero debía reconocer que aquel inspector sobresalía bastante.

— ¿Ya habéis preguntado al guardia de seguridad? —Preguntó, formulando la siguiente cuestión obvia.

—Yo, señor. —Dijo un detective al tiempo que se acercaba corriendo por el pasillo. —Acabo de terminar el interrogatorio.

— ¿Y bien?

—Durante ese período de tiempo tan solo tres personas entraron, son estos —El detective le tendió a su superior una carpeta con los currículum. —Los tres son trabajadores, dos de ellas de la sección de ventas y el otro de mantenimiento. He enviado a un hombre a interrogarlos a cada uno, pero por lo que dijo el guardia lo más probable es que se hubieran dirigido directamente a sus puestos de trabajo.

—Eso lo confirmaremos en cuanto hayamos escuchado sus testimonios. ¿Algo más?

—Sí. A parte de esas tres personas que entraron, salieron otras dos, aquí tiene sus fotos. —Volvió a tenderle la carpeta y tras echarle una visual Conan comprobó que se trataba de dos personas distintas de las que entraron. —Ya me he puesto en contacto con ambas y dicen que se han quedado atrapadas en el cordón policial, así que vienen de camino.

—Perfecto, creo que ya lo hemos comprobado todo.

— ¿Podría estar escondido entre la mercancía? —Preguntó Conan.

—Ya lo estamos revisando.

De nuevo, el inspector se le había adelantado.

—Tenemos hombres buscando en todas las habitaciones en busca de los documentos, después de todo, no sería mala idea esconderlos en este almacén tan grande y sacarlos otro día con menos vigilancia.

—Inspector Hasegara, ¿no cree que ya podemos abrir de nuevo la carretera? —Preguntó el detective. —Hay un numeroso grupo de conductores que han empezado a impacientarse. Ya hemos demostrado que nadie de fuera pudo haber robado nada y ya estamos en contacto con todos los sospechosos, pienso que la barrera ya no es necesaria.

—Sí, creo que tienes razón. ¿Te puedes encargar de eso?

—Sí, señor.

El detective salió corriendo, dejando a Ran, Conan y Hasegara solos.

—Ran-neechan, ¿podrías contarme con detalle que te ha contado Sonoko?

—No mucho, después de todo está bastante nerviosa. Si alguien de la competencia consigue esos documentos su empresa se irá a la quiebra irremediablemente, así que se trata de un asunto delicado.

—Ya veo.

—De hecho, Sonoko me ha dicho que la única persona a la que le había contado sobre la existencia de esos documentos era a Inoue-san. El resto del personal sabía de los nuevos diseños, pero no que estuvieran aquí, en la empresa.

—Tienes razón, creo que uno de mis chicos había dicho algo así. —Dijo el inspector mientras revisaba el informe que le acababan de entregar con el avance de la situación. —Sí, aquí está: El jefe de administración no tenía ni idea de que hubiese algo tan valioso dentro del edificio.

—Entonces, ¿Cómo se enteró el ladrón de esos archivos?

— ¿No es obvio? —El joven habló más para sí mismo que para que los otros dos lo escucharan, pues todavía no podía estar seguro de ello, pero aun así ambos lo oyeron.

— ¿Qué es obvio, Conan-kun?

— ¿Eh? Ah, nada, todavía nada, solo estaba pensando… jejeje —Soltó atropelladamente, casi por costumbre. "Maldición, no estoy acostumbrado a esto" Pensó. Normalmente era el inspector al mando, así que hacía mucho tiempo que no tenía que volver a asumir el rol del pequeño Conan-kun. Aunque, por otro lado, ahora Ran sabía que era inspector, así que no tenía por qué esconderlo… Pero había actuado así más bien por instinto. De todas formas, todavía no estaba seguro de su corazonada, así que prefirió no decir nada. Ahora la cuestión era encontrar un motivo y una forma para cometer el crimen.

Al cabo de un rato llegó otro detective con un informe nuevo. Al parecer habían confirmado la coartada de las cinco personas que habían entrado y salido del local, así como habían confirmado la inocencia tanto del repartidor como de la abogada con la que se había reunido Inoue. Poco a poco, la lista de sospechosos se había ido quedando sin miembros.

—Maldición. —Soltó el inspector. —Nos quedamos sin opciones.

Conan estaba también algo perdido, así que decidió salir a investigar de nuevo por su cuenta, quería ver si de verdad aquellas eran las únicas salidas del local.

Recorrió todo el pasillo, de un lado al otro, y revisó hasta la última de las esquinas en busca de una posible puerta. Al parecer los trabajadores que operaban dentro de la zona comercial accedían al edificio por otra zona, así que, en efecto, el único lugar que llevaba a ese pasillo era el almacén.

Estaba, si es que era posible, más perdido que antes. No había forma posible de que algo como aquello pudiera estar pasando. Eran casi un crimen sin solución.

Fue entonces cuando escuchó un fragmento de una conversación a su espalda que le llamó la atención. Se giró rápidamente y se encontró con dos empleadas que murmuraban por lo bajo con la mirada gacha.

—Perdonen, —Les dijo, haciendo que una de ellas se sobresaltase. —Podrían contarme eso de lo que estaban hablando.

-o0o-

Ran y el inspector Hasegara llevaban un buen rato revisando una y otra ver los reportes de los detective en busca de un posible fallo, pero era inútil. Fue entonces cuando Conan entró en la habitación en la que se encontraban y sin siquiera esperar a cerrar la puerta preguntó:

—Ran-neechan, ¿Te ha dicho Sonoko como eran los diseños exactamente? —Ran lo miró extrañada. —Me refiero, ¿estaban en folios?

— ¿Eh? S…sí… eso creo, la verdad es que no me lo ha confirmado, pero supongo que sí…

—Podrías confirmarlo, Ran-neechan.

—Sí, espera un segundo. —Ran se alejó un momento del grupo y salió de la habitación. Luego volvió corriendo y dijo: —Eran diez folios de tamaño DA3 y los diseños estaban impresos por una de las caras.

Una sonrisa comenzó a formarse en el rostro de Conan.

—Ya veo. Ran-neechan, quien de las dos respondió tus preguntas. ¿Sonoko o Inoue-san?

—Pues… las dos, supongo.

— ¿Supones?

—A ver, Sonoko respondía algunas y Inoue-san otras, había veces en las que se complementaban en sus respuestas, o Inoue-san confirmaba algo que Sonoko hubiera dicho, después de todo, ella era la encargada de cuidar los archivos, por lo que sabía más de ellos y de donde estaban en cada segundo que Sonoko.

—Bien, entonces, ¿Cuál de las dos respondió a tu última pregunta?

— ¿Cuál?

—Cuando les preguntaste por cómo eran los documentos.

—Pues… Sonoko fue la que me confirmó si eran folios… luego fue Inoue-san la que añadió el tamaño y el estilo de impresión. Me pareció muy detallado, por lo que fue de gran ayuda. De todas formas, Conan-kun, ¿para qué quieres saber eso?

—Pronto lo verás. Me quedan dos preguntas, Ran-neechan: ¿Cuáles fueron las palabras exactas de Sonoko cuando te dijo las consecuencias de perder los documentos?

— ¿Eh? Las que te dije, que sería perjudicial si llegaban a manos de la competencia.

— ¿Y acaso no fue Inoue-san quien dijo eso? —Ya casi lo tenía, solo un poco más y estaría seguro. — ¿Segura de que lo que dijo Sonoko no fue: "sería prejudicial si los perdiera"?

El inspector se quedó en silencio un rato, comprendiendo de pronto a donde quería llegar el muchacho.

— ¿Y bien, Ran-san?

—Pues… ahora que lo dices… es cierto, eso fue lo que dijo Sonoko, la que mencionó a la competencia fue Inoue-san…

—La tenemos. —Dijo Conan al tiempo que miraba al enorme inspector y este le devolvía una sonrisa de complicidad.

—Llamen a la dueña y su secretaria aquí de inmediato. —Ordenó este alzando la voz. Al instante uno de sus subordinados obedeció y salió corriendo hacia la habitación donde se encontraban ambas esperado. —Bien hecho, joven. —Dijo finalmente mientras le ponía una mano en el hombro.

— ¿Eh? Perdón, Conan-kun, no acabo de entender a dónde quieres ir con esas preguntas, ¿podrías explicármelo?

—Es normal que no lo hayas notado, Ran-neechan, después de todo estás en el departamento de homicidios, donde siempre hay un asesino y una víctima, y la única variante para ese caso es que se trate de un suicidio. Sin embargo, en un robo es distinto. Piensa, por ejemplo, cuando estás buscando el arma homicida, existen numerosas variables para esa situación: El criminal puede tenerla todavía encima y escondida en alguna parte de su ropa, o pudo haberse deshecho de ella, escondido en alguna parte… pues aquí es igual. Debido a las palabras de Inoue-san, que mencionó a las empresas de la competencia, nos centramos en buscar unos documentos que habían sido robados para venderlos a la competencia o sacar algún beneficio de ellos, pero no era necesario pensar tanto. ¿Y si los archivos no fueron robados sino que simplemente se deshicieron de ellos? Si hubiéramos escuchado el testimonio de Sonoko únicamente esa opción nos hubiera parecido la más obvia, por lo tanto la culpable tiene que ser la que intencionalmente modificó las respuestas de Sonoko para desviar nuestra atención.

—Eso quiere decir que… Inoue-san… —Murmuró Ran comprendiendo lo que el joven inspector acababa de explicarle.

En ese momento entraron por la puerta ambas mujeres y se quedaron clavadas justo en el umbral. Sonoko acababa de escuchar lo que Ran había dicho y miraba sorprendida a su acompañante.

—Exacto, la persona que planeó todo esto no fue otra más que Inoue-san. — Confirmó el joven. — Para empezar, era la más sospechosa de todas: La única que sabía de los documentos y por si fuera poco la que los tenía en custodia. Le sobraban oportunidades. Así que aprovechó que Sonoko la mandó a hacer unos recados para asegurarse una coartada y en esos dos o tres minutos que tardó en salir de su despacho se deshizo de ellos. Después solo debía asegurarse de desviar la atención de la policía hacia otro lugar.

—Tiene sentido… —Corroboró el inspector. —Inoue-san, ¿tiene algo que decir?

La aludida reaccionó sobresaltándose y por un momento apretó fuertemente los puños, dato que no pasó desapercibido para Conan.

—Pruebas… ¿acaso tienen pruebas de lo que dicen? —sentenció serenándose de nuevo al cabo de un rato.

—Tiene razón, —Intervino Sonoko. —No pueden acusar a mi amiga de algo así como si nada. ¿Cómo se atreven a decir eso? ¡Ami nunca haría algo como eso! ¡Oye, mocoso, ¿qué te crees que haces?! ¿Juegas a los detectives? No me hagas reír, acaso quieres compararte con él.

De pronto Sonoko comprendió que se había pasado de la raya diciendo eso y se llevó una mano a la boca. Al su lado, Conan pudo notar como Ran bajaba la cabeza apesadumbrada. No hacía ni unas horas que se había enterado de los motivos de la muerte de Shinichi y el joven inspector podía intuir que ella todavía no estaba del todo bien.

—Ran… yo, lo siento, no quise decir algo… como eso… —Trató de disculparse.

—No… está bien, no te preocupes. Tienes razón, no tenemos pruebas para afirmar lo que Conan-kun propone…

— ¿Lo veis? —Dijo la secretaria con una voz tan arrogante y prepotente que por un momento a Conan le entraron ganar de decirle algo. Sin embargo, no lo hizo, después de todo, no hacía falta, le callaría la boca y lo haría demostrando su culpabilidad. Él no era un detective inútil como Mouri Kogoro, nunca actuaría impulsivamente si no tenía la certeza de ganar, y aquella no era un excepción. Si se había atrevido a formular su hipótesis en alto era porque sabía que estaba en lo cierto.

—Eso no es del todo cierto. —Dijo al tiempo que sonreía de lado. —Ran-neechan, ¿recuerdas que te dije que tenía dos preguntas más para hacerte?

—S…sí…

—Bien, aquí va la segunda: ¿Qué día es hoy?

Toda la habitación se quedó en silencio como cosa de un minuto.

— ¿Eh? —La primera en reaccionar fue Sonoko. —Es miércoles, por supuesto, ¿qué clase de pregunta es esa?

—Bien, entonces déjame cambiarla: ¿Todavía se recoge la basura de reciclaje los miércoles?

De nuevo, la sala se quedó en silencio, pero esta vez no fue por incredulidad, sino porque tanto Ran como el inspector como, probablemente, el resto de presentes se dio cuenta de por donde quería ir el joven.

—Llamad al departamento de limpieza de inmediato, —Ordenó el inspector. —Que os digan la matrícula y el itinerario del camión encargado de recoger la basura de reciclaje de esta zona. ¡De prisa!

Dos de los detectives salieron corriendo, teléfono en mano, en dirección a la salida, en busca de la prueba definitiva.

— ¿Cómo no pudo habérseme ocurrido antes? —Murmuró. —Por supuesto, el camión de reciclaje… Con un poco de suerte quedó atrapado en el cordón policial y no ha ido muy lejos. Sin embargo, ¿cómo te diste cuenta, Conan-kun?

—Por las bolsas de basura que había en el callejón trasero. También las vio, ¿no es así inspector? Sabía que había algo que no me cuadraba cuando las vi y no me daba cuenta de que era que faltaba el papel. Llevo muchos años viviendo fuera de Japón, así que había olvidado que aquí es más normal recoger cada estilo de basura en un día diferente, pero en cuanto me di cuenta de eso lo comprendí.

—Pero… aun así, ¿Cómo hizo para sacar los documentos hasta el callejón exterior?

—No los sacó, simplemente los tiró fuera. Es cierto que la ventaba está atrancada y no se puede abrir, pero debajo hay una rejilla de ventilación a través de la cual puede pasar un folio si eres lo suficientemente hábil. ¿Recuerdas mis preguntas de antes, Ran-neechan? Introducir a la competencia en la declaración no fue lo único que cambio del testimonio de Sonoko, también intervino cuando le preguntaste por los documentos, ¿No es así? Eso es porque no quería que Sonoko dijera que los archivos estaban dentro de un forro plástico cada uno.

— ¿Un forro plástico? —Preguntó extrañado el inspector. —No había escuchado nada de eso.

—Sí, yo tampoco me enteré hasta que escuché una conversación entre dos empleadas. Dado que ella y Sonoko eran las dos únicas personas que sabían sobre los diseños, se aprovechó de eso y manipuló la información y la descripción sobre ellos a propósito. Por eso se mantuvo siempre cerca de la presidenta, para mantenerla vigilada. Haciendo eso se aseguraba de que nadie descubriera que los folios estaban metidos dentro de unas láminas de plástico duro para protegerlos. Por supuesto, con esa lámina no podría sacarlos a través de la rendija, así que no le quedó más remedio que quitárselas. Además, la principal razón por la que el responsable de la basura se los llevó fue porque lo más seguro es que estuvieran tirados cerca de la pila de reciclaje, probablemente se aseguró de dejar una ella misma cerca del lugar donde caerían los folios. De esa manera, lo más normal sería pensar que los diseños eran en realidad basura que se habían caído de la pila de reciclaje, lo que sería más difícil si estaban metidos en las fundas.

— ¿Y cómo te enteraste de esas fundas?

—Bueno, por desgracia para Inoue-san, esas fundas fueron compradas por unas empleadas hace apenas un mes porque rompieron por accidente las anteriores. Ellas sabían que eran fundas que la presidenta utilizaba para guardar documentos importantes, por lo que se asustaron mucho cuando Sonoko les preguntó por ellas hace cosa de un mes, más o menos cuando fueron creados esos diseños, pues pensaban que iban a recibir una bronca por haberlas perdido. Compraron unas nuevas a escondidas de la presidenta y se las entregaron, después de eso no volvieron a saber nada de ellas, hasta que esta mañana escucharon del robo de los diseños, por lo que dedujeron que aquellas fundas eran para guardarlos. Pese a que nadie sabía de la existencia de los archivos, si todos sabían que iban a lanzar una nueva colección de ropa, por lo que no les fue muy difícil deducirlo.

— ¿Han encontrado las fundas que dice el muchacho?

—Ahora que lo menciona, señor… creo que algo así mencionaron los técnicos que revisaron la habitación. Estaban metidas en el fondo de un cajón. Son láminas de plástico duro, como si fueran el marco de una foto pero completamente trasparente por ambos lados, yo también los tengo visto usados para guardar documentos importantes o exposiciones de arte.

—Suzuki-san, ¿Estaban los diseños metidos en esas fundas?

—Sí… estaban…

—Mándeselas a los técnicos para que las revisen. —Ordenó al último de los detectives que seguía en la sala. —Diles que compruebe las huellas, si es cierto lo que el muchacho dice, esas láminas deben tener las de las dos empleadas que las compraron, las de Suzuki-san y las de Inoue-san. Luego haz que comprueben de nuevo las coartadas de esas dos chicas. Pídanle ayuda a Conan-kun para identificarlas.

—Sí, señor.

El detective salió corriendo de la habitación, dejando solos a las dos mujeres, al inspector, a Ran y a Conan.

—Bien, Inoue-san, supongo que entiende la situación en la que se encuentra. —Dijo el inspector. —Consigamos recuperar o no los documentos, si en esas láminas no encontramos más huellas que las mencionadas y esas dos personas logran demostrar sus coartadas para esos 20 minutos, tendremos pruebas suficientes para acusarla, así que quizá prefiera contarnos cuales fueron sus motivos…

-o0o-

Inoue-san no dijo nada, simplemente se mantuvo en silencio durante casi un cuarto de hora, el tiempo que se tardó en confirmar las huellas y en comprobar las coartadas de las empleadas. Sonoko permaneció todo ese tiempo a su lado, mirándola fijamente y esperando una respuesta que no daba llegado mientras parecía a punto de echarse a llorar.

Un detective entró después de ese tiempo y dio el reporte. No fue hasta entonces que se decidió a hablar.

—Lo hice por venganza… todo fue por venganza… —Murmuró finalmente.

— ¿Venganza? —Preguntó Sonoko confundida — ¿A qué te refieres? Yo no te he hecho nada… ¿no éramos amigas?

— ¿Amigas? Nunca fuimos tal cosa… yo solo te estaba usando. Supongo que no lo recuerdas, pero tu familia fue la causante de que la empresa de mis padres fuera a la bancarrota. Hace ya cinco años de eso, pero yo nunca pude olvidarlo... ¿cómo iba a olvidar a la engreída hija rica que nos ignoró cuando suplicamos el perdón de su familia? Jamás podré olvidar tu cara de indiferencia cuando mi padre se arrodilló delante de ti pidiendo un poco más de tiempo para pagar la deuda. Recuerdo perfectamente tus palabras: "Eso no tiene nada que ver conmigo. Si debes algo simplemente págalo y si no puedes asume tus responsabilidades".

—Eso… aquel hombre… ¿era tu padre? Pero, tu apellido…

—Así que lo recuerdas, eh. —Le dirigió una mirada afilada. —Después de eso mi padre entró en una depresión muy grave… y finalmente, un mes después, acabó suicidándose. —Guardó silencio durante unos segundos que parecieron horas —Se tiró desde la azotea del edificio que una vez fue su empresa y que tu familia le arrebató. Después de eso mi madre volvió a casarse y mi apellido cambió, pero mi rencor hacia ti seguía ahí. Imagina mi sorpresa cuando te encontré en la universidad. ¡¿Quién iba a decir que la hija de la corporación Suzuki necesitase de estudios?! Parecía como que podrías comprarlo todo. Supongo que fue ya entonces cuando decidí vengarme, y lo conseguí, tardé cinco años pero lo conseguí. Ya me da igual si me arrestan o no, pero no serán capaces de encontrar esos documentos. Estás acabada Suzuki, tu empresa caerá, igual que lo hizo la de mi padre.

Esas últimas palabras resonaron en la habitación como si fueran una maldición y se clavaron en lo más profundo del corazón de Sonoko, quien desde hacía un buen rato miraba aterrada a la que había sido su amiga de la universidad mientras comenzaba a llorar. Al cabo de un rato unos detectives entraron y se llevaron a la culpable fuera de la sala. Ran se acercó a Sonoko y la abrazó maternalmente al tiempo que ella rompía a llorar.

Tanto Conan como Hasegara se sintieron fuera de lugar así que acabaron por abandonar la sala.

—Daremos hasta nuestro último recurso para tratar de recuperar esos documentos. —Dijo justo antes de salir, aunque Conan estaba bastante seguro de que Sonoko no se encontraba en condiciones de escucharlo en aquel momento.

El joven inspector entendía más o menos la situación de la mujer, y si bien sabía el comportamiento de Sonoko nunca había sido precisamente humilde, la conocía lo suficiente como para saber que no se merecía aquellas palabras de odio.

Siguió a Hasegara a lo largo del pasillo y salió al exterior del edificio. El inspector le dio las gracias por la ayuda y lo felicitó por tan espléndida deducción. Después lo llamaron sus subordinados y se tuvo que marchar para organizar la misión de búsqueda de los documentos. La verdad es que la probabilidad de encontrarlos era ya demasiado remota: había pasado mucho tiempo y encontrar ahora un camión en todo Tokio era como buscar una aguja en un pajar. Sin embargo, el inspector no parecía dispuesto a rendirse.

De todas formas, ya no había nada que Conan pudiera hacer, así que prefirió dejarles ese trabajo a los profesionales y dedicarse a buscar a su propio subordinado perdido. No tardó mucho rato en encontrarlo. Jonathan estaba en primera fila, al otro lado de la cinta de "prohibido el paso" y tratando de explicarle la situación a uno de los subordinados de Hasegara que insistía en no dejarle pasar.

—Jonathan. —Lo llamó mientras se acercaba.

El aludido se giró en su dirección, y también lo hizo el otro detective.

—Tú… eres el joven que acompañaba al inspector. —Por suerte, aquel detective era uno de los muchos que habían llevado informes a Hasegara durante la investigación y a los cuales él mismo se había encargado de comunicar que confiaran en el joven, por lo que con un par de palabras bastó para que el policía dejara pasar a Jonathan dentro del recinto, aunque a regañadientes.

—Inspector, —Dijo Jonathan una vez se hubo colocado a su lado. —Por favor, no vuelva a dejarme atrás, no sabe la de problemas que he tenido. —Le recriminó.

—Lo siento por eso.

Jonathan suspiró, consciente de que en el fondo Edogawa no lo sentía en absoluto y de que, de hecho, volvería a hacer lo mismo de nuevo si era necesario.

— ¿Y bien? ¿Qué ha pasado?

—Un robo, pero ya está solucionado.

—Ha sido rápido.

—Bueno, en realidad hemos atrapado al criminal, pero no conseguimos recuperar el objeto robado.

— ¿Y eso?

—Te lo explicaré luego. De momento acompáñame, vamos a ver si se ha hecho algún avance.

Y dicho eso el inspector se echó a andar dejando atrás de nuevo al pobre Jonathan.


Bien, antes de nada: ¡Qué levante la mano quien supo desde el principio que Inoue-san era la culpable! ¡Qué levante la mano quien sabía que la ventana era la clave de todo! (Lo sé, muy predecible, ¿verdad?) Estuve debatiéndome un buen rato entre si meter o no un caso en medio de la historia, pero al final me decidí a hacerlo pues de lo contrario no estaría siendo fiel al manga original. Bueno, como dejé lucir en el primer cap, mi capacidad para inventar crímenes no es demasiado brillante, así que no me maten, por favor.

¡Aparición estrella de Sonoko! ¿Quién se hubiera esperado que una cabeza hueca como ella podía llegar tan lejos? Pero siendo sincera, siempre me la imaginé trabajando en un sitio así.

En cuanto al Inspector Hasegara… es un personaje 100% inventado por mí. No me apetecía poner al idiota de Gunma ni a ninguno de los Yokomizo, por no hablar de que esos están en el departamento de homicidios y esto es un robo (aunque eso el propio mangaka se lo salta un poco), también están en Tokyo, así debería poner alguno con esa jurisdicción, pero todo los que conozco su nombre están metidos en el caso de la Organización y justo en el capítulo anterior acaba de mandarlos para casa... así que me pareció un poco forzado. También pensé en poner a Nakamori, pero si lo hacía sería como juntar los mangas de Detective Conan y Kaito Kid, y no quería hacer eso, prefiero mantener ambos mangas separados (por si alguien tenía esperanza de que apareciera Kaito, lo siento, nunca fue mi intención).

Y bueno, ya he hablado demasiado, así que me despido ^^