Espero que les guste ^^

Detective Conan pertenece a Gosho Aoyama


Capítulo 11: Tan simple como una llamada

...

Día antes de la explosión, Casa del Profesor.

Como ya era usual, las persianas de toda la casa estaban bajadas. En el interior, el profesor observaba pensativo a los dos jóvenes mientras estos trazaban su plan de infiltración.

Siendo sincero, Agasa no estaba del todo de acuerdo con llevar aquella idea a cabo, pero si Shinichi había decidido que era la mejor opción, entonces él no era nadie para cuestionarlo. Así que se guardó sus dudas y continuó observando mientras les servía a ambos una taza de té que, por supuesto, acabaron ignorando.

— ¿Estás diciendo que pretendes entrar a la vista de todos? —Pregunto Haibara con voz irónica.

—Esa es nuestra mejor opción. —Conan no dudó ni un segundo en afirmarlo, ya lo había pensado demasiado durante los últimos días.

— ¿Estás loco? ¿Pretendes que los guardias y trabajadores te permitan entrar en un edificio nacional así por las buenas?

—No me estoy refiriendo a eso, pero que nos "dejen entrar", como tú has dicho, es nuestra única opción. —Haibara se lo quedó mirando inquisitiva y él suspiró mientras apartaba la mirada. —Verás, yo no soy un ladrón sino un detective. —Comenzó a explicar. —No puedes pretender que de la nada me invente un plan para entrar a hurtadillas en una construcción policial con semejante seguridad. Si eso es lo que quieres, entonces búscate a otro para que lo haga. Yo carezco de los métodos, la habilidad y las ganas.

Haibara resopló molesta por la respuesta.

— ¿Entonces dejar que nos saquen a patadas por niños entrometidos es tu solución?

—Yo no he dicho nada de que vayamos a ir como un par de adolescentes. —El joven de gafas sonrió socarronamente. Ahora venía lo mejor de su plan y era la parte que, estaba seguro, menos le gustaría a su compañera.

— ¿Qu… que estás diciendo?

—Más o menos lo que estás pensando.

—Definitivamente estás loco. —La joven frunció el ceño y clavó sus ojos en los del muchacho.

—Nunca he dicho lo contrario. Sin embargo, en el fondo sabes que no es tan mala idea. —Hizo un gesto con los hombros para restarle importancia.

— ¡Piensas usar la cura temporal del APTX!

—Todavía la conservas, ¿no es así?

— ¡Hacer eso nos expondrá de lleno! Será como decirle a la nueva organización que Kudo Shinichi está vivo. No, no solo eso, ¿Qué pasaría si alguien conocido te ve? Sería como destruir todos los esfuerzos que has hecho por permanecer muerto todos estos años, ¡Sería como tirar todo tu trabajo abajo!

—Espera, espera. Deja de sacar conclusiones precipitadas. —Conan hizo un ademán con las manos para calmarla. —Kudo Shinichi está muerto, en eso tienes razón y tampoco tengo la intención de cambiarlo, no ahora, ya no.

— ¿Entonces? —Haibara estaba nerviosa y respondió con un soplo de voz.

—Nunca dije que fuera a tomarme la cura. —Ella lo miró a los ojos, comprendiendo lo que quería decir. —No seré yo quien lo haga, sino tú.

Las palabras de Conan resonaron en la habitación durante casi un minuto de silencio. Haibara había bajado la cabeza y observaba sus manos juguetear una con la otra nerviosamente mientras le daba una y otra vuelta a aquel descabellado plan que Edogawa-kun le estaba exponiendo. Por su parte, el joven permanecía impasible y esperando pacientemente la respuesta de su compañera, aunque, después de todo, ya la sabía, era la única respuesta posible.

—Esto… Shinichi… —Los interrumpió el profesor ante el silencio de ambos. — ¿No será peligroso exponer a Ai-kun ante el resto de las personas? La organización podría reconocerla.

—A estas alturas, la organización podría reconocer a Haibara incluso con su apariencia de niña, adolescente o adulta. Hace ocho años, la detectaron y secuestraron; es obvio que saben sobre el efecto secundario del APTX. —Conan permanecía con el semblante serio mientras hablaba, al contrario de la muchacha, quien se encogía más sobre sí misma. —La razón por la que Haibara todavía está viva a estas alturas es porque la organización ha perdido el interés en ella, de momento.

La joven soltó un chillido agudo y se llevó las manos a la cabeza mientras cerraba los ojos y respiraba entrecortadamente.

—Pero… aun así… —El profesor no parecía convencido del todo y comenzó a rascarse la cabeza algo confuso.

La sala volvió a quedarse en silencio.

—Haibara, la decisión final es tuya. —Dijo al cabo de un rato sin mirarla.

Conan se levantó de la silla y paseó alrededor de la mesa donde se encontraban, hasta colocarse a la espalda del asiento de la muchacha. Lentamente colocó su mano sobre su cabeza y removió su cabello.

—No tienes que forzarte a hacer nada. Te lo dije, te lo dije hace ya ocho años, que yo siempre te protegería de la organización, y eso no ha cambiado. Ahora está en tu mano decidirlo, puedes tomarte la cura y ayudarme a conseguir esa muestra del veneno, o puedes seguir siendo una adolescente normal. No tienes que pensar en mí. Por una vez en tu vida sé un poco egoísta y piensa únicamente en tu bienestar. Yo me las arreglaré de otra manera.

Hubo otra breve pausa de tiempo, pero duró poco hasta que ella soltó un bufido ahogado a modo de risa y se puso de pie. Conan retiró su mano antes de darle tiempo a la joven a hacer algún comentario por ello.

— ¿Solo tengo que tomarme esa estúpida cura y entrar en el edificio, no? —Dijo finalmente.

Él asintió.

—Me aseguraré de conseguirte un Identificador falsificado para poder entrar en el laboratorio. —Explicó. —Tú simplemente tienes que asegurarte de parecer una trabajadora normal y no levantar sospechas.

— ¿Con quién crees que estás hablando? Fui científica los años suficientes como para ser considerada una amenaza por la organización.

—Confío en que lo conseguirás, entonces.

—Simplemente intenta que no me descubran por una mala falsificación.

—Descuida. No es la primera vez que hago algo como eso. Saldrá bien. Definitivamente.

Y entonces escucharon el ruido de un coche aparcar en la entrada de la casa y al cabo de un par de segundos Jonathan llamó a la puerta.

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Después de la explosión. En alguna parte en las afueras de Tokio.

Las órdenes que había recibido de su superior eran claras: Él simplemente debía esperar en el callejón, arrancar en el preciso instante en que el inspector o su compañera abriese la puerta del coche y salir a toda velocidad en cuanto escuchase cerrarse la puerta. No debía darse la vuelta en ningún momento, ni tampoco podía hacer preguntas; simplemente debía conducir lo más rápido que el tráfico le permitiese a lo largo de un circuito que Edogawa mismo le había hecho memorizar y luego quemar el mapa, hasta llegar a un lugar perdido en medio de la nada a las afueras de Tokio. Una vez allí no debía hacer nada más. El propio Agasa se encargaría de lidiar con el resto y él únicamente debía esperar en el coche con la vista fija al frente hasta que el propio anciano le dijese que podía pasar a la casa, y entonces se sentaría en una silla y allí permanecería hasta recibir nuevas noticias de su superior.

A Jonathan todo aquello no acababa de sonarle bien. Era casi como si Edogawa le estuviese escondiendo algo, o más bien como si no quisiese involucrarlo del todo en su infiltración. Fuese lo que fuere, la cuestión es que a Jonathan le sentó bastante mal todo aquello, y condujo frustrado y mareado por la ruta que le habían obligado a memorizar sin mirar a la joven que seguía inconsciente en el parte trasera del vehículo; todo tal y como se le había ordenado. Obedeció, aunque a regañadientes, porque no le quedaba más remedio e incluso porque, después de todo, Edogawa había confiado en él para desempeñar aquella misión, pese a que fuese la misión de retirada.

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Al cabo de casi una hora de conducción, logró llegar a lo que parecía ser una pequeña caseta en medio de un bosque. No hizo más preguntas, simplemente aparcó el coche justo donde Edogawa le había indicado y se paró a esperar mientras escuchaba la respiración de la joven inconsciente. Por un momento se preocupó por ella, pero justo cuando estaba a punto de desobedecer sus órdenes y girarse para, por lo menos, comprobar su pulso, la puerta del coche se abrió.

— ¡Ai-kun! —La voz del profesor Agasa lo sorprendió de pronto e instintivamente volvió a girarse al frente, como un niño tratando de evitar que lo pillen infraganti.

Desde su sitio y con la vista al frente, Jonathan escuchó como el anciano le quitaba el cinturón a la joven de cabellos castaños y con cuidado la sacaba del coche. De pronto dejó de sentir el peso de ambos en el vehículo y la suspensión chirrió mientras este subía un poco. Se escucharon los pasos del profesor alejándose sin haber cerrado la puerta y al cabo de un rato el silencio volvió a rodearlo.

El detective comenzó a dudar entre si salir también del coche o permanecer quieto como Edogawa le había indicado, pero en medio de su indecisión alguien abrió la puerta del copiloto y se giró sorprendido.

—Esto… Jonathan-kun… —Agasa se inclinó para ver dentro del coche y le dirigió una mirada. —Creo que Sh- quiero decir, Conan-kun te dijo que esperases a que él llegase…

— ¿Ah? ¡Ah! Sí. —Jonathan asintió.

—Esto… ¿te gustaría esperar dentro de la casa o prefieres hacerlo en el coche?

—Sus órdenes fueron que entrase…

—Ya veo —Agasa suspiró y se enderezó mientras se llevaba una mano a la espalda. —Entonces pasa. No hay gran cosa, pero puedo prepararte un poco de té, ¿te gusta el té?

— ¿Eh? S…sí.

—Menos mal, porque té es lo único que hay. —El profesor se retiró hacia la pequeña caseta con una sonrisa un poco forzada y tratando de parecer amigable sin estar muy seguro de cómo debería actuar. En ese aspecto estaban igualados.

Se sentía un poco incómodo, pero aceptó la amabilidad del anciano mientras salía del coche y daba un par de botes para desentumecer las piernas. Llevaba todo el día metido en aquel coche que le quedaba pequeño y todavía no era capaz de explicar cómo fue capaz de arrancar tan rápido tras haber permanecido quieto y con las piernas dormidas durante tanto tiempo. La adrenalina del momento, probablemente.

La caseta era en realidad bastante más amplia de lo que había esperado, o al menos daba esa sensación.

—Puedes sentarte en una de esas sillas. —Le indicó Agasa una vez hubo entrado y cerrado la puerta a su paso.

—Gracias. —Hizo un gesto con la cabeza a modo de agradecimiento y obedeció. Miró a su alrededor, pero no encontró ni rastro de la joven.

Se sentía perdido y fuera de lugar. Como para no estarlo, no tenía ni idea de lo que estaba pasando.

Esperó sentado durante horas en la misma silla, bebiendo a tragos cortos el té amargo que el profesor le había dado. "Lo siento, no tengo azúcar" le había dicho mientras le tendía la taza. Mientras se dedicó a reflexionar sobre lo que había pasado.

El laboratorio había explotado, eso era un hecho. Lo más obvio era pensar que había algo allí dentro que la organización no quería que encontrasen, algo que, por supuesto, solo podía ser el cadáver de la víctima por envenenamiento del APTX.

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Edogawa tardó casi un día entero en aparecer por la cabaña del bosque y lo hizo completamente agotado, desaliñado y sucio. Jonathan se había quedado dormido sobre la mesa de la cocina en una posición para nada cómoda y que luego le causaría dolor de espada, después de haberse pasado el día y la noche dándole vueltas al asunto de la explosión y la organización. Para cuando se dio cuenta de que el inspector había llegado, este ya estaba dentro de la casa y lo sacudía para que se despertara mientras le preguntaba por el profesor, el cual no aparecía por ninguna parte.

—Señor, ¿qué le ha pasado? —Gritó el otro sorprendido cuando lo vio en aquellas condiciones.

—Es largo de contar. Por ahora, ¿dónde está el profesor?

Jonathan se sorprendió por la pregunta y miró a su alrededor confundido.

—No lo sé… —Respondió al cabo de un rato.

Conan suspiró y miró en todas las direcciones. Pareció dudar pero al final acabó por preguntar:

— ¿Y Haibara?

—El profesor la cargó desde el coche hasta el interior de la casa, pero como usted ordenó me quedé esperando en el coche, así que desconozco su paradero exacto.

—Bien. —Dijo y se echó a andar en círculos por la habitación.

Jonathan no apartó la mirada de su superior. Iba vestido con ropa de calle, igual que lo había visto a la mañana, hacía casi un día, pero la sudadera que vestía y que inicialmente había sido verde, había quedado teñida de hollín y polvo, y reducida a un simple trapo viejo, desaliñado y negruzco.

—Jonathan, —Lo llamó de pronto, sobresaltándolo y sacándolo de sus pensamientos. —Dime, ¿qué piensas de lo que pasó ayer?

La pregunta lo cogió un poco por sorpresa, no se esperaba que Edogawa le pidiese su opinión.

— ¿Se refiere a la explosión, señor?

Edogawa asintió

—Quiero que me digas tú opinión. No quiero que mi deducción influya en la tuya.

—No estoy muy seguro de que lo que yo tenga que decir sirva para algo… después de todo, es la deducción más lógica.

—No tiene nada que ver con la lógica o lo obvia que sea, el trabajo de un detective es encontrar la verdad, por muy enrevesada o simple que esta sea. Aquellos que tratan de complicar las cosas cuando estas se muestran resueltas delante de sus narices no son más que unos idiotas. ¿No estás de acuerdo?

—Eh… sí, supongo…

Edogawa lo miró y enarcó una ceja.

— ¿Y bien?

—Bueno, descartando la posibilidad de que el edificio explotase por causa de un accidente, lo cual me parece poco probable y demasiado sospechoso como para ser cierto… —Hizo una pausa y miró al inspector, buscando alguna señal de aprobación o negación, pero este permanecía impasible y lo escuchaba atentamente. Así que continuó. —Entonces solo me queda pensar que fue intencionado por alguien, y el primer sospechoso que me vino a la mente fue la organización. Quizá me equivoque y haya sacado conclusiones precipitadas, pero en mi opinión, que el depósito haya explotado justo cuando nosotros nos disponíamos a entrar solo puede significar que la organización está implicada.

—No fue un accidente, lo he hablado con los especialistas de incendios. La puerta que comunicaba con la sala de calderas había sido forzada, y los cierres de seguridad que refrigeraban la habitación habían sido taponados.

—Entonces… no fue un accidente.

—No, alguien trucó la caldera del edificio para que estallase, de eso no hay duda. Pero hay algo que no me cuadra…

— ¿Eh? ¿A qué se refiere?

—Quiero decir, ¿Por qué hacer algo tan complicado si lo que querían era simplemente volar el edificio? ¿Acaso no sería mucho más sencillo colocar una bomba que tener que acceder a la sala de calderas? Una bomba puedes programarla para que estalle en un momento determinado, o detenerla en caso de que cambies de opinión, entonces ¿por qué recurrir a algo tan incierto?

—Es cierto… no me había dado cuenta. A lo mejor no podían poner una bomba por algún motivo…

—Eso es lo que me he estado preguntado todo este tiempo, pero no logro encontrar una respuesta. Por otro lado, lo primero que se me ocurrió fue que querían hacerlo pasar por un accidente, por eso no usaron explosivos sino que se aprovecharon del propio calentador del edificio… pero los bomberos no tardaron ni dos segundos en darse cuenta de que había algo que no cuadraba. Siendo sincero, no me imagino a la organización cometiendo un fallo como ese.

— ¿Entonces?

—No lo sé… estoy atascado, por eso quería tu opinión. —Edogawa suspiró cansado y se dejó caer por fin en una de las sillas junto a Jonathan. Se quitó las gafas y las dejó encima de la mesa con cuidado mientras se llevaba los dedos al puente de la nariz y presionaba el punto donde hacía un momento habían estado apoyada la montura de los lentes. —Tengo sueño. —Murmuró junto a un bostezo. —La policía me ha hecho un montón de preguntas. Al parecer soy un importante testigo de los hechos. —Soltó una carcajada irónica y volvió a colocarse las gafas en el sitio. Después de un rato de silencio volvió a preguntar: — ¿Te vio alguien salir del lugar con el coche?

—Eh… creo que no, pero no estoy muy seguro. Es decir, en aquel momento estaba muy confuso. De mala manera conseguí arrancar el coche y no tengo ni idea de cómo me las apañé para conducir hasta aquí.

—Ya veo… supongo que es normal. Después de todo fuiste el que más cerca estuvo de la explosión.

— ¿Eh? ¿El más cercano? Pero… ¿y usted y su compañera? ¿No estaban dentro del edificio?

—No, no. De lo contrario no estaría aquí hablándote ahora mismo. Haibara y yo nos separamos justo antes de entrar. Para empezar, no estaba dentro de nuestros planes que yo llegase a acceder al edificio, más bien tenía que ocuparme de dirigir a Haibara desde el exterior. En cuanto a ella, la verdad es que no estoy seguro de porqué, pero tardó un poco más de la cuenta en entrar, y eso le salvó la vida.

—Pero… yo vi que estaba herida…

—Fue solo un pequeño golpe en la cabeza causado por unos escombros. Nada grave, o de lo contrario te habría mandado que la llevaras al hospital, quisiera ella o no. En cuanto escuché la explosión salí corriendo en dirección a la entrada principal y la encontré tirada en la puerta e inconsciente. La sangre le bajaba por la cabeza y le tapaba medio rostro, lo que me asustó, pero en seguida me di cuenta de que solo había sido un pequeño golpe. En ese sentido tuvimos mucha suerte.

—Ya veo… es un alivio. —Jonathan suspiró, la verdad es que llevaba un buen rato preocupado por la muchacha.

—De todas formas… ¿dónde demonios se han metido? —El inspector volvió a levantarse de la silla y se quedó mirando a todas partes.

Y casi como si lo hubieran invocado, el profesor apareció de pronto detrás de ellos.

— ¡AH! ¡Shinichi! ¡Ya has llegado! Menos mal, estaba muy preocupado… ¿Qué ha pasado? ¿Por qué Ai-kun está herida?

— ¿No te lo ha contado Haibara?

—Bueno, sí… ha dicho algo de una explosión… pero sigo sin entender qué ha pasado. ¿Ha sido la organización?

—No estamos seguros…

— ¿Cómo que no estás seguro? ¿Acaso no es…?

— ¿Obvio? —Edogawa no dejó que el profesor acabase la frase y se le adelantó. —Tienes razón, lo más obvio es pensar de esa manera, pero estoy tan confundido que no sé qué pensar.

—Otra vez, un trabajo demasiado chapucero para la organización, ¿no es así? —Dijo de pronto una voz tras ellos.

La muchacha de cabellos castaños apareció de pronto tambaleándose en otra punta de la habitación, a través de una puerta que hasta hace un momento Jonathan ni siquiera se había dado cuenta de que estaba allí.

— ¡Haibara! —Edogawa corrió hacia la muchacha y la agarró para ayudarla a caminar. — ¿Ya estás bien? Quiero decir… sobre eso que tu sabes…

— ¿Acaso no lo ves? —Respondió cortante y algo malhumorada. —Ha pasado un día desde que iniciamos tu alocado plan, no hagas preguntas estúpidas.

—Sí… lo siento, supongo que aún estoy algo nervioso. —El inspector miró la venda que cubría la cabeza de la muchacha. — ¿Te duele?

—He tomado analgésicos. Estoy bien. Más importante, sobre lo que estabais hablando… ¿estoy en lo cierto?

El inspector se la quedó mirando hasta que finalmente asintió con la cabeza.

—Sí… Es igual que con el envenenamiento de APTX, de nuevo, un fallo demasiado estúpido como para ser la organización. Primero cometen un error y filtran una de las muestras del veneno a un ciudadano, y luego tratan de deshacerse del cadáver y con ello de las pruebas de una forma tan poco cuidada… No sé en qué están pensando pero no me da buena espina…

— ¿Crees que pueda ser una trampa? —Preguntó con voz temblorosa.

— ¿Y con qué propósito?

—Matarme. —Dijo secamente mientras se aferraba al brazo del inspector. —Piénsalo, ¿y si esta explosión no hubiera sido solo para deshacerse de las pruebas sino para deshacerse de mí? No es una posibilidad tan descabellada.

—Sé lo que quieres decir, pero ellos no tenían forma de saber que nosotros íbamos a ir justo hoy al depósito.

Jonathan coincidía con su superior en ese aspecto. La verdad es que no se le había ocurrido esa posibilidad, pero de haberlo hecho probablemente la hubiera descartado tan rápido como Edogawa por ser poco posible y casi inviable.

—Además, ¿por qué la organización querría matarte? No, de hecho, ¿para qué montar todo esto solo para hacerlo? Ahora conocen tu identidad, sería mucho más sencillo atacarte directamente que montar una trampa para ello.

—No lo sé… ¡No tengo ni idea de qué puede estar pensando la organización ahora! Solo… tengo un mal presentimiento. Piénsalo un poco: Han logrado mejorar el APTX, pero yo fui capaz de darme cuenta de ello. Eso quiere decir que también puedo sintetizar ese nuevo veneno. ¿Te das cuenta de lo que quiero decir? Durante todos estos años he estado buscando una cura y he encontrado muchas cosas, pero nada que sea efectivo, o no por lo menos nada que no traiga más problemas biológicos.

— ¿Tienen miedo de que encuentres una cura?

—Es posible. No sabemos qué se proponen hacer. Nunca llegamos a saberlo en el pasado y puede que el que esté detrás de todo esto tenga algo diferente en mente… pero sí sabemos que el APTX es fundamental para sus objetivos, y que mis conocimientos son un estorbo para ellos.

Edogawa acompañó a la muchacha hasta la silla en la que él se había sentado antes y la ayudó a acomodarse mientras le daba vueltas una y otra vez a lo que ella decía. Mientras, Jonathan lo observaba junto al profesor en silencio e intentando hacerse una idea de qué hablaban.

—Eh… señor, solo para que me aclare… Partimos de la base de que es la organización quien está detrás de todo esto y que tiene un objetivo fijo para el cual el AXPT es crucial… Por eso intentó matar a su compañera, pero… ella sobrevivió sin que nosotros hiciésemos nada… Es decir: el plan de la organización falló.

—Tiene razón, Haibara. Mi plan establecía que para cuando ocurrió la explosión tú ya debías estar dentro. ¿Qué fue lo que te retrasó? —Edogawa uso un tono serio y sombrío. Parecía ensimismado en sus pensamientos y apretaba los puños inconscientemente.

—Pues… ahora que lo dices… justo un par de minutos antes de entrar recibí una llamada que me mantuvo ocupada durante un rato. No le di mucha importancia en aquel momento porque tampoco es como si tu plan requiriese de tanta precisión horaria.

— ¡Maldita sea, Haibara! ¡¿Por qué tenías el teléfono encendido?!

— ¿¡Y cómo si no le hubiera puesto en contacto con el profesor si algo hubiera ido mal?!

—Las cosas fueron mal de todas formas y ¿acaso sirvió de algo?

— ¡No es como si pudieses gritarme, ya que es por esa llamada, y no gracias a ti, que estoy viva!

El inspector se quedó con la palabra en la boca al oír eso, guardó silencio y tragó saliva. El ambiente se volvió cada vez más tenso hasta que Edogawa volvió a abrir la boca para hablar e hizo la pregunta.

—Entonces… ¿Quién fue? ¿De quién era la llamada?

—"De quién" preguntas… —Haibara abrió de golpe los ojos al darse cuenta de a donde quería llegar el otro. —De tu chica, la llamada era de Ran.

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—"¿De quién?" preguntas… —Haibara abrió de golpe los ojos al darse cuenta de a donde quería llegar el otro. —De tu chica, la llamada era de Ran.

Edogawa quedó congelado al escuchar eso y comenzó tartamudear. La respuesta que le tenía pensado gritar a Haibara se esfumó de pronto de su cabeza y simplemente se quedó en blanco, sin saber qué decir.

—¿Cómo que Ran…? ¿De qué hablas? —Preguntó al cabo de un rato mientras le dirigía una mirada completamente confundida. —Oye, ¡Haibara! ¿¡De qué estás hablando?! —Gritó cuando vio que la muchacha no le estaba prestando ni la más mínima atención y permanecía pensativa y mirando el suelo. —¿Por qué Ran te llamó justo en ese momento? No le habrás contado nada de todo esto, ¿no? ¡Haibara!

—¡No! ¡Tranquilo! ¿Podrías estarte callado un segundito? Estoy tratando de recordar todo lo que me dijo. —Lo mandó callar con voz autoritaria al tiempo que lo fulminaba con la mirada. —Y no le he dicho nada a Ran, ¿cómo podría hacerlo? Ella también es mi amiga, ¿recuerdas? Y yo tampoco quería meterla en este problema… no hace falta que estés encima de mí recordándome constantemente lo peligrosa que es la organización. Lo sé mejor que tú.

Edogawa se quedó callado y clavado en el sitio. Ella tenía razón, no debía insistir en ello.

—Entonces… ¿qué fue lo que Ran te dijo? —Preguntó una vez se hubo calmado de nuevo.

—Nada importante. De hecho, no es nada relacionado con el caso ni la organización, así que puedes quedarte tranquilo.

En cierto modo, Jonathan pudo notar como los hombros de su superior se relajaban al escuchar eso, y el joven extranjero no pudo evitar sonreír al ver eso. Ya lo había notado con anterioridad, pero Edogawa se preocupaba bastante por la detective Mouri-san, era algo que cantaba a la vista y también algo enternecedor, y para Jonathan, que hasta entonces siempre se había pregunta si en verdad había alguien en el mundo a quien Edogawa amase, descubrir aquello era toda una sorpresa, y un alivio.

Por supuesto, Jonathan solo era capaz de imaginarse ese amor en el sentido fraternal de la palabra, jamás se habría imaginado los verdaderos sentimientos que el inspector del FBI Edogawa Conan tenía por la que, en el fondo, era su amiga de la infancia.

—Simplemente… —Continuó explicando la joven de cabellos castaños. —Antes de que todo este rollo con la organización empezase habíamos quedado de ir juntas de compras… y me estaba comentando algo que quería comprarse…

—¿Eso es todo?

—Sí.

—¿¡Y por eso te entretuviste tanto en un momento tan importante?!

—¡No puedes culparme! Si no hubiera tardado ahora mismo estaría convertida en confeti. Además, contesté el teléfono porque estaba preocupada y luego… bueno, Ran estaba tan entusiasmada que no fui capaz de colgarle…

Edogawa gruñó algo molesto. Probablemente porque, en el fondo, agradecía que Haibara se hubiera entretenido, pero también porque ella hubiera desobedecido tan fácilmente sus órdenes de apagar el teléfono y había contestado en un momento así.

—¿Y bien? ¿Qué era eso tan importante que quería comprar y te impidió colgarle? —Preguntó con sorna mientras se rascaba la cabeza y se giraba hacia la pared vacía de la habitación, y admitía en su interior y de mala gana que su plan había fallado, y no por poco.

Haibara se quedó callada un rato, con la cabeza baja y pensando en cómo responder, hasta que al final dijo casi susurrando:

—El vestido de novia.

Decir que Edogawa se sorprendió en aquel momento casi sería quedarse corto, de hecho, lo más correcto sería decir que pegó un salto en el sitio y soltó un pequeño gruñido que bien podría interpretarse por un quejido o una réplica.

—¿Sorprendido?

—P… por qué debería estarlo. —Tartamudeó sin girarse y dándoles la espalda. —Después de todo, ya lo sabía…

Haibara se quedó mirando a su compañero con el ceño fruncido. Levantó la mirada y descubrió que el muchacho tenía las orejas sonrojadas. Cerró los ojos con exasperación y chasqueó la lengua.

—Idiota. —Soltó mientras le daba la espalda y se sentaba en la misma silla que él mismo había dejado vacía.

Por su parte Edogawa no volvió a girarse hasta dentro de un rato.

—Eso no es algo que debamos discutir ahora, ¿me equivoco? —Añadió finalmente mientras la miraba por encima del hombro.

—Digamos que es algo que no estás dispuesto a discutir nunca. Además, fuiste tú quién preguntó por ello. —Haibara se encogió de hombros e hizo un ademán con las manos como si estuviese queriendo decir "un caso perdido", lo que provocó que el joven inspector frunciese el ceño por un momento. —De todas formas, creo que tienes razón —La muchacha cambió de tema. —Estoy más preocupada por saber cómo demonios te las apañaste para acabar e ese estado tan lamentable. —Añadió mientras hacía un movimiento con la cabeza y señalaba sus ropas, las cuales, en efecto, estaban llenas de polvo y rotas por todas partes.

—Es algo largo de explicar…

—Después de haberte esperado aquí durante tanto tiempo creo que tenemos unos minutos más para que nos expliqué por qué. —Dijo con una voz afilada mientras le lanzaba una mirada asesina.

Oh, sí, desde luego la muchacha no había dejado pasar ese dato: que Edogawa la había dejado tirada y esperando durante casi un día en una cabaña en medio de la nada. El propio Jonathan estaría dispuesto a recriminárselo si su estatus y, especialmente, sus agallas se lo permitieran.

—¿Por dónde empiezo?

—Hombre, si quieres empieza por el final, ¿qué te parece? —Dijo con voz irónica, causando que el muchacho le dirigiese una mirada cansada.

—Para resumir: después de dejarte en el coche y asegurarme de que estabas a salvo, volví corriendo para intentar ver cómo estaba la situación. La entrada estaba completamente colapsada y el edificio estaba en llamas, era un verdadero infierno. Había llamado a los bomberos y el equipo de rescate ya con anterioridad, más o menos a segundo siguiente de escuchar la explosión, así que no tardaron mucho más en llegar. Y por supuesto no me dejaron entrar al edificio. Aun así me pidieron ayuda para atender a los heridos y evacuarlos desde el exterior del edificio hacia la zona de atención médica…—Se quedó callado durante un instante, como si estuviese dudando si continuar o no. —Los conté, aunque quizá no debería haberlo hecho. Sacaron veinte personas de allí dentro, la mayoría con quemaduras leves y pequeñas contusiones, nada más grave que un hueso roto. Pero hubo dos que salieron completamente calcinados… dos víctimas mortales.

—Dentro de lo que cabe, que sean solo dos es un golpe de suerte teniendo en cuenta que la organización está involucrada. —Añadió Haibara cuando notó que al inspector le costaba continuar.

Edogawa se había bloqueado y miraba detenidamente un punto en el suelo mientras cambiaba constantemente su peso de una pierna a otra.

—Edogawa-kun, —Lo llamó ella, y él simplemente levantó la cabeza y la miro, aunque parecía como si no la mirase. Haibara frunció el ceño. —¿En qué piensas?

—Ni siquiera yo estoy seguro. Solo… ¿me siento culpable? —Edogawa soltó una risa irónica mientras se tapaba los ojos con una mano. —Ni siquiera estoy seguro de que sea eso… como explicarlo… Yo estaba allí, pero no pude hacer nada para ayudar. Pensar eso hace que mi corazón se encoja, hace que me dé cuenta de que nada ha cambiado en todos estos años, que solo soy un detective, que solo puedo investigar una muerte después de que esta ocurra.

Edogawa calló y la pequeña cabaña se quedó en silencio. Jonathan observaba a su superior con preocupación y sorpresa, sin saber muy bien qué hacer, sin saber si debía decir algo para romper aquella incómoda situación y alentar al inspector, o simplemente quedarse callado y dejarlo tranquilizarse. Sin embargo, no le hizo falta pensarlo más.

—¿Acaso los años te han convertido en un idiota? —Preguntó con frialdad la muchacha. —Para empezar nunca fuiste capaz de hacer cosas como esas. ¿Qué te hacía creer que ahora podrías? Eres un detective, no un héroe. Siempre ha sido así, ahora y hace ocho años. Pese a eso, ¿acaso has olvidado todas las veces en las que nos protegiste? No soy la única que podría decirte eso, el propio profesor es testigo de todo el esfuerzo que pones en cada cosa que haces. También los niños de la liga juvenil de detectives, ¿acaso no pasabas los días velando por ellos? ¿Y qué pasa con Ran? ¡¿Has olvidado todas las veces en las que la salvaste?! —Haibara había comenzado a levantar la voz, así que se paró un rato y se calmó soltando un gran suspiro. —No te atrevas a decir algo como eso, no te atrevas a menospreciar nuestras vidas. —Lo miró con el ceño fruncido y apretó los puños mientras lo atravesaba con la mirada. —Ya me has decepcionado suficiente.

Las últimas palabras de la joven dejaron al inspector momentáneamente aturdido. El profesor, que hasta ahora había permanecido alejado de la conversación y escuchando desde lejos, se acercó precipitadamente al oír eso.

—¡Ai-kun! —Gritó con tono reprobatorio, agarrándola del hombro. —No digas esa clase de cosas…

—No, profesor, le hace falta que alguien se las diga porque no es capaz de darse cuenta solo. —Se sacudió la mano del anciano y avanzó los pasos que la separaban del muchacho el cual seguía clavado en su sitio y con la mirada perdida. —Vas a escucharme, maldito idiota, y más te vale prestarme atención porque no pienso repetírtelo de nuevo. —Lo agarró por el cuello de la camisa y lo obligó a mirarla a los ojos. — ¿Quién te crees que eres para llegar y decidir qué vas a salvar a todo el mundo? ¿En serio piensas que puedes conseguirlo? ¿De verdad crees que algo como eso puede ser cierto? No te lo creas tanto. Que te hayas convertido en inspector o el agente del FBI no importa una mierda en este país. No eres más que un humano, mortal y con sus limitaciones. Siempre vas por la vida soltando frases bonitas sobre la vida y los sentimientos de las personas, pero ni si quiera sabes entender tus propios sentimientos. Deja de decir cosas como "no pienso permitir que muera nadie", ¡no eres dios como para lograr algo como eso! Simplemente asúmelo y haz tu trabajo lo mejor que puedas. Simplemente, marca un objetivo posible y sigue hacia delante por ese camino. ¿Dices que quieres detener a la organización? Entonces hazlo, pero no dejes que tus sentimentalismos te frenen, no dejes que tus estúpidos idealismos te cieguen. Si ahora te detienes con la excusa barata de "no pude salvar a nadie", entonces ¡¿quién va a salvar a las miles de personas que algún día serán víctimas de la organización?!

Haibara dejó la pregunta en el aire y soltó al muchacho, el cual la miraba completamente sorprendido y los ojos muy abiertos.

—Nunca pensé que serías una persona tan superficial. —Añadió al final, bajando la cabeza y volviendo a apretar los puños. —¿Acaso no cuentan las vidas de todas las personas a las que salvaste sin llegar a saberlo? Cada vez que atrapas a un asesino, salvas a su posible próxima víctima. ¿Nunca te lo has parado a pensar de esta manera? ¿O es que solo te afectan las muertes que pasan delante de tus narices? ¿EH?

Dentro de la habitación todos guardaron silencio. Jonathan estaba sorprendido, era la primera vez que miraba a la joven de cabellos castaños alterarse tanto. El profesor también parecía sorprendido, pero por otra razón diferente que, probablemente, estuviese ligado a las palabras de la muchacha. Por su parte, el inspector simplemente no era capaz de encajar el golpe que acababa de recibir y se quedó bloqueado en su sitio. Únicamente se escuchaba la respiración agitada de la joven que, poco a poco, se fue apaciguando más hasta volverse igual de silenciosa que el resto.

Y fue entonces cuando Edogawa soltó un bufido extraño e inmediatamente después explotó en una carcajada, rompiendo el silencio y el extraño ambiente que se había formado.

—Escucharte decir eso, hace como si los años nunca hubieran pasado, Haibara. —Murmuró en medio de los espasmos de risa. —Sin embargo no te creía capaz de soltar semejante discurso. —Volvió a soltar otro bufido y se llevó la mano a la boca, solo para continuar riéndose tras ella.

—¡Cállate! —Gritó avergonzada al tiempo que le daba la espalda.

Edogawa continuó riendo durante un rato más hasta que se hubo calmado, y después simplemente continuó explicando lo que le había ocurrido. Siendo breves y para resumir: después de ayudar a los heridos y una vez se hubo controlado el fuego, consiguió colarse dentro del edificio junto con los bomberos y fue así como se enteró de las causas de la explosión. Obviamente fue interceptado por la policía, no solo por haber sido un testigo importante de los hechos, sino también por haberse colado dentro de la edificación, razón por la cual le habían caído un par de reprimendas y unas cuantas horas de espera. Para bien o para mal estuvo detenido durante varias horas hasta que lo interrogaron y le pidieron que contara todo lo que había pasado.

Con todo eso, había tardado casi un día en llegar a la pequeña cabaña del bosque, así que se encontraba agotado y una vez hubo acabado de contarlo todo, simplemente soltó un sonoro bostezo y dijo:

—Bueno, ¿volvemos ya a casa?


¿Qué les pareció? ¿Conseguí que fuese algo dramático? ¿Habíais olvidado lo de la boda de Ran (yo casi) XD? Dejen sus comentarios :3