Antes de nada, tengo un par de cosas que comentar:

1- Me han preguntado hace ya tiempo (lo siento mucho, olvidé contestar) si tenía planeado para este FIC que Ran se enamorara de Conan o de Shinichi, y la verdad es que en más de una ocasión hice mención a ese detalle... La verdad es que ni yo misma lo sé muy bien (aunque sí lo tengo más o menos decidido) y tampoco creo que sea algo que deba responder así sin más, sino más bien, pienso que es mejor contarlo en la historia. Ahora bien, quería haceros esta pregunta: "Que Ran se enamore de Kudo Shinichi o de Edogawa Conan ¿Va a suponer que dejéis de leer mi FIC?"

2- También me han preguntado en qué otra página estaba publicando este Fic antes de traerlo aquí. La respuesta es A pesar de que el título del fic es distinto, mi nombre no ha cambiado, así que, por si alguien quiere darle una visita a la otra página, el título era: "Algún día brillará la luz" (nunca me convenció demasiado y por eso lo cambié) De todas formas, ahora mismo solo lleva dos capítulos de diferencia, y tenía planeado subirlos juntos la semana que viene (más o menos), así que pronto alcanzaré a la otra página.

3- Con eso anterior también quiero decir algo más: A partir de ahora los capítulos ya no serán "resubidos", sino que tendré que escribir todos desde el principio, lo cual me llevará más tiempo que hasta ahora, así que probablemente a partir de ahora tardaré más en subir cada capítulo (incluso un mes entero)

4- Como siempre: Detective Conan pertenece a Gosho Aoyama.


Capítulo 12: Casi un interrogatorio

...

Un par de días más tarde Edogawa Conan fue llamado de nuevo a la comisaría central de Tokio para hacerle un par de preguntas de los hecho, y al joven inspector no le quedó más remedio que acudir, pese a que ya estaba seguro de haber repetido lo poco que sabía las suficientes veces y, sobre todo, pese a que estaba seguro de que por mucho que investigaran no iban a encontrar nada: ni un registro, ni nadie sospechoso que se hubiera acercado nunca a esa caldera. Así es como trabajaba la organización, desde las sombras.

Aun así, fue, aunque quejándose de tener que hacerlo y de mala gana. Pero para su sorpresa no fue a ningún desconocido a quien encontró allí, sino a la propia Ran.

La inspectora lo estaba esperando en la entrada del edificio, tal y como le dijeron que harían, con los brazos en jarras y taconeando el suelo con impaciencia, como si él hubiera llegado tarde, cosa que por supuesto no hizo, de hecho, era pronto.

En cuanto la mujer lo vio aparecer, dejó de dar golpes en el suelo y comenzó a cambiar su peso de un pie a otro, mientras clavaba su mirada en él. Conan recorrió el hall mirando al suelo, tratando de eludir esos ojos que parecían querer fulminarlo. Y es que, más o menos, sabía lo que venía a continuación.

Cuando llegó a su altura, ella no dijo nada. Por el contrario se quedó mirando su rostro, justo donde estaba el pequeño rasguño que se había hecho durante la explosión, y frunció el ceño. Luego le hizo un gesto para que la siguiese y echó a andar hacia el ascensor. Caminaba rápido, y esta vez el muchacho no pudo evitar fijarse en ella.

Ese día Ran vestía una falda informal, de color castaño y que terminaba delineada justo por debajo de sus rodillas. No encajaba con su estilo de hacía ocho años, los flecos y las ondas eran más propios de ella, se podría decir más infantiles. Pero allí estaba, convertida en toda una adulta, vistiendo aquella falda seria y de un único color que tampoco parecía encajar con su personalidad alegre. A Conan casi se le encogió el corazón mientras pensaba todo eso.

Entonces, ¿por qué será? ¿Acaso estaba empezando a volverse loco? Porque no podía quitarse ese pensamiento de la cabeza. Porque lo único que era capaz de pensar mientras miraba detenidamente las piernas de Ran dar un paso tras otro hacia el ascensor, era que se miraba realmente sexy.

De pronto se sorprendió al darse cuenta de que tenía la cara ardiendo, y acabó por enterrar el rostro entre sus palmas mientras seguía caminando tras la policía. ¿En qué demonios estaba pensando en un momento como aquel? Se mordió el labio. Maldita sea, estaba perdiendo la capacidad de controlarse… No, no era eso, iba más allá. No es que no fuera capaz de controlarse, es que había pasado tantos años pensando que nunca la volvería a ver, o más bien, convenciéndose de que no hacerlo era lo mejor, que tenerla ahora caminando delante de él se le hacía tan irreal que incluso parecía un sueño. Una más de todas las pesadillas que había tenido a lo largo de aquellos interminables 8 años.

Y si eso era cierto, entonces aquel sueño también acabaría en tragedia.

Y ese solo pensamiento bastó para volver a traerlo de vuelta al mundo real, junto con la sensación de ahogo en el pecho y el sabor a sangre en la boca. Después de un tiempo que para el muchacho resultó una eternidad, al final lograron llegar al ascensor. Para entonces Conan ya había intentado apartar su mirada de las piernas de Ran y, tras descubrir por la experiencia que subir la mirada no era una buena idea y volver a bajarla completamente sonrojado, se dedicó simplemente a admirar las líneas del suelo pasar bajo sus pies. Hecho un amasijo de nervios, eso sí.

Pero una vez dentro, solo descubrió que aquello era mucho peor. El ascensor tenía espejos en tres de las cuatro paredes, así que mirase hacia donde mirase no había forma de que Ran desapareciese por completo de su rango de visión, e irremediablemente acababa desviando la mirada hacia ella. Por si fuera poco, la inspectora no paraba de mirarlo fijamente mientras fruncía el ceño, como si estuviese fulminándolo con la mirada. El muchacho estaba bastante seguro de que ella simplemente estaba perdida en sus pensamientos, pero eso lo asustaba más si cabe. Eran pensamientos que él desconocía, y el ambiente dentro del ascensor se estaba volviendo cada vez más tenso, hasta que el joven llegó a desear conocer qué demonios estaría pensando ella de él en aquel momento.

Miró el bloque de control y descubrió con horror que todavía les quedaban un par de pisos hasta llegar a su destino, y para cuando iban por la mitad, Conan ya rezaba para que alguien más se subiese al ascensor y rompiese aquel ambiente tan frío.

Al final llegaron a arriba, pero el muchacho sentía que había dejado la mitad de su energía en aquel ascensor, y teniendo en cuenta que ya para empezar había dejado la gran mayoría de sus ganas en casa cuando le informaron que tenía que volver a acudir a comisaría, podía considerarse que en aquel momento era como una presa vulnerable a punto de ser engullida por un león.

—Conan-kun. —Ran habló por primera vez, y su voz era seria y rígida. Ahí venía, lo que se había estado temiendo todo el camino, desde el preciso instante en que vio a la mujer plantada en la entrada: Por supuesto, Ran debía estar enfadada por lo del laboratorio. —Quiero hacerte unas preguntas. Pero tienes que responderme con sinceridad. De lo contrario esto no servirá de nada.

—¿Qué ocurre, Ran-neechan? —Preguntó con una sonrisa falsa que probablemente resultó demasiado obvia. Hacía mucho que no tenía que fingir una sonrisa como aquella, y por patético que fuera, había perdido la práctica.

"Maldita sea, volver a comportarse como un niño es agotador" pensó mientras intentaba mejorar su expresión, fracasando en el intento. Después de ocho años viviendo lejos y trabajando con personas que, pese a su edad, habían aprendido a no menospreciarlo, volver a encontrarse con Ran y recordar que delante de ella era mejor hacerse el inocente, era realmente difícil.

—¿Siempre ha sido así, Conan-kun? —Preguntó de pronto, sorprendiéndolo.

—¿Eh? —Soltó, casi por instinto. —No entiendo qué quieres decir… —Y lo decía en serio. No era eso lo que se esperaba. La cuestión que se estaba temiendo era otra.

—Esa sonrisa, ¿siempre ha sido así de falsa?

La pregunta lo dejó momentáneamente sin respiración, y se quedó bloqueado y con los ojos muy abiertos mirándola fijamente.

—¿Sabes? —Continuó hablando ella, ignorando si él era o no capaz de escucharla. Pero lo hacía, vaya si no: Ran estaba a punto de decir algo verdaderamente importante, tenía esa sensación. —Lo he estado pensando durante todos estos años… todavía no soy capaz de encontrar una razón, así que en algún momento llegué a la conclusión de que solo podía ser eso. Desde entonces no he sido capaz de pensar positivamente de nuevo, simplemente me volví incapaz de imaginarme una posibilidad que no me destrozase por dentro.

—R…ran-neechan… ¿de qué estás hablando?

—Dime, Conan-kun. Hace ocho años, ¿por qué te marchaste exactamente?

Otra pregunta que fue directamente a su corazón y lo golpeó con fuerza. Ella tenía razón, ¿por qué razón se marchó? ¿Qué razón podía tener un niño de nueve años para desaparecer así de la nada y sin avisar? Simplemente no había ninguna, nunca hubo ninguna. Pero es que él tampoco era un niño de nueve años normal, y obviamente no podía decir eso.

—Es que… mis padres… —Intentó decir. Era la misma excusa de siempre, la misma excusa absurda que había colado durante dos años. Pero ya no parecía tener el mismo efecto. Ran había cambiado, no en vano se había vuelto policía. Ya nada quedaba de la muchacha asustadiza e inocente que había sido. La Ran de 27 años no iba a tragarse aquella excusa tan cutre y mal creada. Fue por eso que lo interrumpió antes de que el pudiese terminar.

—Pero esa también es una mentira, ¿no es así? Siempre lo ha sido, ¿me equivoco?

La mujer, que hasta ahora había permanecido sentada en su silla giratoria, se inclinó hacia delante y apoyó el peso de su cuerpo sobre sus rodillas. Los ojos que hasta ese momento habían estado mirándolos tras el ceño fruncido, ahora estaban fijos en el suelo.

—Ran-neechan… yo… —La verdad es que no tenía ni idea de qué decir. ¿Cómo podría explicarle que se fue porque no soportaría seguir viviendo a su lado para siempre? ¿Cómo decirle que verla todos los días llorar por alguien que no iba a volver y que en fondo nunca se fue, lo desgarraba por dentro? ¿Cómo decirle que la amaba, que lo había hecho siempre?

Simplemente no podía soltar algo como eso, no ahora, no después de 10 años escondiéndolo.

Y de nuevo aquellas estúpidas palabras de Hattori volvieron a su cabeza, casi como si se estuvieran riendo de él, retándolo a hacer algo para lo que sabía que no estaba preparado, que no lo estaría nunca porque no tenía las agallas para intentarlo.

"Si no puedes ser Kudo Shinichi, entonces sé Edogawa Conan y haz que se enamore de ti de nuevo." Había dicho despreocupadamente ese idiota, sin saber, sin siquiera llegarse a imaginar que con eso, no solo había vuelto a abrir una brecha en el maltrecho corazón del inspector, sino que además le había dado un estúpida y vana esperanza a la que aferrarse. Y como un náufrago se aferra a una tabla que vaga a la deriva, él, estúpido y con el corazón roto, se había agarrado a esa inestable tabla como si su vida dependiera de ello. Le repugnaba admitirlo, pero era verdad: en alguna parte de su corazón había llegado a albergar la esperanza de que Ran lo aceptase. Pero al mismo tiempo que pensaba eso, se alejaba y huía, porque siempre había sido débil, porque siempre había sido un caso perdido cuando de amor se trataba.

A veces Conan se preguntaba por qué demonios hizo aquella pregunta aquel día, hacía ya tanto tiempo, cuando Ran conoció al pequeño Edogawa Conan por primera vez, cuando fue condenado a vivir como un niño pequeño para siempre. "Esa persona de la que dices estar enamorada, ¿no será ese tal Shinichi-niichan, verdad?" había dicho con una sonrisa pícara y casi en broma. ¿En qué demonios estaba pensado? Si ella hubiera respondido que no, le hubiera partido en corazón en aquel preciso instante. Por el contrario, ella dijo que sí, y eso dio lugar a todo aquel problema que había desembocado en desastre.

Luego se paraba a pensar que quizá nada hubiera cambiado. Es posible que él nunca se hubiera enterado de que ella lo amaba si no se lo hubiera dicho tan claramente aquel día. A lo largo de los años había aprendido que realmente era nulo para entender esa clase de cosas. Pero aun así la habría visto sufrir igualmente, así que ya no estaba seguro de cual habría sido la opción correcta. O quizá es que nunca hubo ninguna, quizá la solución hubiera sido no llegar a conocer nunca la existencia de la organización.

—Ran-neechan… —Balbuceó, desesperado por encontrar algo para decir, desesperado por darle una excusa creíble, una razón a la que ella pudiese aferrarse.

—Por favor, no me llames así… —Dijo ella cortante. —Han pasado tantos años, Conan-kun, que simplemente me resulta incómodo que lo hagas…

Aquellas palabras sonaron hirientes. Probablemente iban cargados con todo el odio e incertidumbre que la mujer había acumulado a lo largo de los años. El joven inspector se sentía dolido, despechado y, por si fuera poco, tenía la sensación de que poco a poco se estaba muriendo por dentro. Como si Ran estuviera matándolo de nuevo, asesinado su personalidad, exactamente igual a lo que había hecho él con Kudo Shinichi hacía ocho años.

—Conan-kun… ¿algo de lo que dijiste hace años era verdad? ¿Acaso me odiabas? ¿Acaso odiabas tu vida aquí que te marchaste sin decir nada?

—¡NO! —Gritó, y su voz se escuchó por toda la planta. Algunos curiosos se asomaron al interior del despacho, pero Ran los despachó rápidamente una vez se hubo recuperado del susto que le provocó el grito del joven. —No es nada de eso… —Murmuró una vez se quedaron solos de nuevo. —Por supuesto que me gustaba vivir contigo y el tío. Era divertido, era acogedor. Llevaba tanto tiempo viviendo solo que incluso había olvidado lo que era tener un hogar al cual volver. Poder llegar a casa y encontrar las luces encendidas y el olor de algo delicioso saliendo de la cocina… ni siquiera puedo describir con palabras lo feliz que fui. Adoraba vivir en esa casa… realmente fue algo que siempre atesoraré. Y ¿Odiarte? ¿Cómo podría hacerlo? Eres tan importante para mí que no sería capaz de odiarte ni aunque lo intentara durante mil años. Tan importante que no he sido capaz de olvidarte ni un solo día durante todos esto años. Ran… yo…yo... —Le faltó el aire para continuar, de pronto, se dio cuenta de lo que estaba a punto de hacer. El joven se calló de golpe, consciente de lo que estaba a punto de decir.

Dio un paso atrás y estuvo a punto de trastabillar y caer. ¿Qué estaba diciendo? Había estado a punto de echarlo todo a perder, a punto de admitir aquello que no se atrevía ni a pensar.

—¡¿Tú que?! —Preguntó ella poniéndose de pie, con lágrimas en los ojos, y agarrándolo por un brazo mientras él le dirigía una mirada confusa. —Si tan importante era, ¿por qué te marchaste? ¿Por qué me abandonaste entonces, Conan-kun?

El muchacho estaba confuso. Intentaba buscar desesperadamente algo que decir, pero era simplemente incapaz. Porque Ran tenía razón: No había una forma razonable de explicarle todo lo que había pasado hacía ocho años, no sin contarle la verdad. ¿Pero qué sentido tendría contarle todo eso ahora? Ninguno, no tiene sentido, simplemente no puede tener sentido. Solo serviría para confundirla más y exponerla a un peligro que él no pensaba permitir.

Maldición, ¿en qué momento Ran se convirtió en alguien tan sagaz? ¿Por qué no podía quedar siendo ignorante y feliz por el resto de su vida? ¿Por qué no podía simplemente olvidar todo lo que había pasado? Olvidarlo a él, a Kudo Shinichi y a Edogawa Conan.

Maldición, maldición, maldición…

El joven simplemente continuó maldiciendo al mundo, con la mente completamente en blanco. Maldiciéndose a sí mismo.

—Lo siento. —Fue lo único que pudo decir, lo único que le vino a la cabeza en aquel momento, y una vez lo hubo dicho se dio cuenta de que había sido la respuesta más sincera que podía haberle dado, que lo había soltado de todo corazón.

Ran también parecía sorprendida por ello. Había levantado la cabeza y ahora lo miraba fijamente, con la boca entrecerrada, como si quisiese decir algo, pero temiese que hacerlo acabase por disipar el ambiente que había nacido en aquel momento entre ellos.

—Lo siento, —Repitió. —Hay cosas que no puedo contarte, Ran-neechan… Tantas cosas que no puedo, ni quiero contarte… Pero así está bien. —Sonrió tristemente y clavó sus ojos en los suyos violáceos. —Si quieres odiarme, ódiame. Maldíceme con todo tu corazón si eso va a ayudarte. ¿Quieres saber la razón por la que me fui? No puedo contártela, pero basta con que te diga con que fue por puro y absoluto egoísmo. No fue porque te odiara, no fue porque no me gustase vivir contigo…

Poco a poco se fue quedando sin voz hasta que finalmente acabó por guardar silencio. Ella había comenzado a soltar pequeñas lágrimas que bajaban por sus mejillas y se perdían en su cabello y su cuello. Cerró los ojos y con ese gesto cayeron las últimas gotas. Luego suspiró y se recostó en la silla y alzó la cabeza al techo.

Él se limitó a observarla en silencio, intentando serenarse también. Había dicho muchas cosas y no estaba seguro de si debía arrepentirse de unas cuantas, pero por el momento parecía que había solucionado el problema.

—Durante todos estos años, —Empezó ella al cabo de varios minutos. —Siempre le he dado vueltas a eso. En algún momento me di cuenta de que lo de tus padres solo había sido una excusa, y entonces comencé a deprimirme. Pensaba que me odiabas, que había hecho algo mal para que hubieras decidido irte. Me alegro tanto de que no sea así… —Murmuró y volvió a sentarse recta y a clavar sus ojos en los del muchacho. —Me alegro tanto…

—Siento haberte preocupado…

Ella negó con la cabeza.

—Está bien. Estoy bien con que simplemente hayas admitido que lo de tus padres era mentira, aunque no me hayas contado la verdad. ¿Sabes? Estaba bastante segura de que ibas a seguir mintiéndome para siempre. Llegó un momento en que pensé que debía afrontarte, o de lo contrario no sería capaz de dormir tranquila. Estoy tan contenta con que hayas sido sincero… ahora misma ya me da igual saber o no tus verdaderas razones. Entiendo que hay cosas que no quieras contarme… yo tampoco puedo pedirte que lo hagas. Así que está bien. Está bien…

¿Cuánto tiempo pasó después de eso? Conan no podía estar seguro. Mientras, él se limitó a observarla fijamente. Ran permanecía recostaba sobre la silla del escritorio y mirando el techo, y el muchacho no pudo evitar fijarse en su cuello. Clavó la mirada en el pequeño colgante que colgaba de este y frunció el ceño. Probablemente fuera un regalo de su novio. Fue entonces cuando recordó que Ran se iba a casar, lo había olvidado por completo durante el transcurso de la conversación. ¿Qué había estado a punto de hacer? Decirle esa clase de cosas a una mujer prometida, ¿en qué había estado pensando? La respuesta era sencilla: en nada, no pensaba en nada. Solamente había actuado por instinto y, por suerte, fue capaz de detenerse a tiempo.

—Ran-… —Dudó durante una milésima de segundo, pero al final decidió añadir: —...neechan

Había comenzado a hablar dispuesto a cambiar la atmósfera del lugar, de desviar el tema hacia algo menos problemático, pero de pronto se dio cuenta de que no tenía ni idea de qué decir. Además, había dicho su nombre con el honorífico y quería saber cómo reaccionaría ella, sobre todo después de que le hubiera gritado que no lo hiciera. Pero ella no pareció darse cuenta y simplemente bajó la cabeza para mirarlo, algo que él agradeció. Siendo sincero, no se creía capaz de volver a llamarla simplemente Ran y poder mantener las distancias. Lo decidió cuando llegó a Japón hacía semanas, no cambiaría su decisión.

Ran se lo quedó mirando mientras esperaba a que él continuase lo que quería decir, pero a vista de que el muchacho no comenzaba a hablar decidió tomar ella la iniciativa de la conversación.

—Ah, cierto, acabo de acordarme que te había mandado llamar para algo. —Soltó de pronto.

—¿Eh? ¿Algo más? Pensé que ya habíamos solucionado el malentendido.

—No, no me refiero a eso. Eso fue porque tu sonrisa forzada me sacó de quicio, pero era otra cosa la que quería preguntarte. —Ran le sacó importancia haciendo un ademán con la mano para inmediatamente después volver a atravesarlo con su mirada escrutadora.

Ahora sí, aquella era la pregunta que Conan se había estado temiendo al principio de la conversación, no había lugar a dudas.

—Conan-kun, ¿podrías explicarme qué hacías el otro día en el laboratorio forense?

El aludido tartamudeó y se atragantó con su propia saliva mientras intentaba encontrar algo que decir.

—Eh… bueno... yo… esto… ¿pasaba de camino? —Acabó por decir con un tono para nada convincente, casi parecía más una pregunta que una afirmación. Y eso hizo que Ran frunciese el ceño.

—Conan-kun, —Repitió. Casi parecía como si decir su nombre al principio de cada frase enfatizara su reprimenda, y diera más miedo lo que venía a continuación. —Pensé que habíamos quedado con que no volverías a mentirme…

El aludido soltó una risa irónica mientras trataba de serenarse.

—Quería entrar en el depósito. —Acabó por admitir.

Ran lo miró en silencio y asintió.

—¿Para?

—Quería comprobar una cosa.

—¿El cadáver?

El joven asintió.

—Creía que el superintendente ya te había dejado los informes…

—Digamos que había algo que quería comprobar en primera persona.

El muchacho era consciente de que no podía contarle nada a Ran. Puede que supiera de la existencia de la organización y también del APTX, pero estaba bastante seguro de que Haibara no le había contado nada de su relación con el tema. Hacerlo habría significado relevar el secreto que ambos habían protegido tan celosamente durante años.

Ran lo miró fijamente, como si estuviera intentado encontrar la respuesta a sus preguntas en los ojos azulados del inspector.

—Cuando te mandé llamar estaba dispuesta a echarte una buena bronca. —Admitió mientras se cruzaba de brazos. —No sabes el susto que me pegué cuando vi tu nombre anotado en el informe. Pero ahora, después de la conversación que hemos tenido, entiendo que por mucho que pregunte no me lo vas a contar. —Soltó un suspiro. —El pequeño Conan-kun se ha convertido en todo un hombre, con sus secretos incluidos… En parte me frustra, pero cuando me lo paro a pensar me doy cuenta de que siempre fuiste bastante sospechoso. —Se echó a reír para luego volver a mirarlo con una sonrisa sincera. — Pero me alegra ver que estás bien.

—Estaba fuera del edificio cuando sucedió. —Murmuró.

Además, en caso de que todo hubiera salido mal, el muerto no sería él sino la joven de cabellos castaños. Y en gran parte no había ocurrido ninguna tragedia precisamente por una absurda casualidad que la propia Ran había creado.

De pronto sintió curiosidad por preguntarle a la mujer acerca de eso. No perdía nada intentándolo, ¿no es así? Así que rápidamente formuló la pregunta y al instante siguiente la soltó, antes de que le diera tiempo a pensárselo mejor y echarse atrás.

¿Qué hubiera pasado si no lo hubiera hecho? ¿Cómo habría acabado todo? Ni el propio Conan lo sabía. Bastaba con comprender que aquella pregunta que estaba a punto de formular no solo dio un giro de ciento ochenta grados a la vida de Ran y la suya propia, sino que además acabó convirtiéndose en la siguiente pista que seguir. Casi como caída del cielo después de que la anterior hubiera explotado en mil pedazos.

—Ran-neechan… yo también quería preguntarte algo. —Murmuró tímidamente. Ella alzó la mirada, indicando que le escuchaba. —Haibara me contó que ahora sois amigas y me dijo acerca de eso…

—¿Eso?

El joven inspector estaba a punto de morirse de vergüenza.

—El vestido…

Ran lo miró sorprendido durante unos segundos e inmediatamente después sonrió felizmente. Una sonrisa que al joven se le clavó en lo profundo del corazón.

—Ah, así que te lo ha contado. Es que resulta que el otro día me llegó un mail de publicidad y no me pude resistir a mirarlos. Encontré uno realmente bonito. —Dijo con una sonrisa de oreja a oreja y parcialmente sonrojada.

Sin embargo esta vez el muchacho no le hizo caso a eso. Había algo más en sus palabras que había llamado su atención.

—¿Un mail?

—Sí.

—¿De quién?

—Ah… pues la verdad es que era de una distribuidora que tiene tiendas por todo Japón. Siendo sincera, pese a que había escuchado hablar de ello, nunca había ido a ninguna, así que me pareció extraño. Pero ya sabes, los correos publicitarios llegan a través de internet como Spam…

—Ran-neechan, —La cortó. —¿Me dejas ver ese correo?

—¿Eh? ¿Para qué quieres verlo?

—Solo un segundo. Por favor.

Ella lo miró confundida pero al final acabó cediendo y encendiendo su ordenador. Introdujo la clave y dos minutos más tarde ya había abierto la bandeja de su email.

—¿Quieres ver los vestidos? Hay algunos muy bonitos… —Ran comenzó a parlotear mientras abría el archivo y comenzaba a pasar las fotos una tras otra.

Pero Conan no estaba escuchándola porque algo mucho más impactante que los vestidos acababa de llamar su atención. El nombre del remitente: Black Silver.

—¡Espera! —Dijo alzando la voz y sorprendiendo a la policía.

—¿Qué pasa Conan-kun?

—Pon la foto anterior. Un momento.

—¿Eh? A ver… espera… —Ran le dio al cursor del ordenador hacia atrás y retrocedió hasta la foto del vestido anterior. —¡Vaya! tienes buena vista, Conan-kun. A mí también me gustó este.

Sin embargo no era el vestido lo que el inspector estaba mirando, sino el pie de foto, porque allí abajo, encriptado entre las palabras en inglés que supuestamente estaban describiendo al vestido, estaba su nombre. Ese nombre que lo había estado persiguiendo durante los diez últimos años: Kudo Shinichi.

Se quedó sin respiración mientras miraba fijamente aquel estúpido código tan fácil de resolver que bastó con mirarlo una vez para entenderlo. Apretó los puños y sus hombros comenzaron a temblar. ¿Acaso se estaban burlando de él? ¿O era una amenaza? Casi parecía como si le estuvieran diciendo: "Mantente alejado de esto si no quieres que nada le pase a la esa mujer".

...

Ran estaba en peligro.

...

—Tienes que estar de broma… —Murmuró mientras trastabillaba y retrocedía un paso para no perder el equilibrio.

—¿Conan-kun? —La mujer lo miró preocupada. —¿Qué te pasa?

Él no fue capaz de articular una respuesta. Simplemente siguió con la vista clavada en aquel nombre, hasta que la levantó y miró fijamente el del remitente. Y se dio cuenta de que eso no era lo único importante del mensaje.

—Ran, ¿Cuándo recibiste este correo?

—¿Eh? Pues… creo que pone la hora por alguna parte… —Dijo mientras trataba de salir del archivo y volver a la bandeja de entrada, pero el inspector la detuvo.

—No me refiero a eso. Ran, ¿abriste el correo inmediatamente cuando te llegó?

—¿Por?

—Tú solo responde. —Alzó la voz. Estaba empezando a ponerse de los nervios.

—Pues… creo que sí. ¡Ah! Cierto, ahora que lo recuerdo, me llamó la atención porque normalmente tengo el móvil en silencio, pero aun así me llegó la notificación sonora de que tenía un correo. Así que sí, estoy segura, lo abrí al momento de recibirlo. ¿Pero para qué quieres saberlo, Conan-kun?

El muchacho no le respondió y bajó la mirada pensativo mientras se llevaba una mano al mentón.

—La llamada que hiciste a Haibara, ¿fue justo después de mirar este archivo?

—Pues… creo que sí.

Entonces estaba claro, la idea que tanto lo aterraba desde hacía un rato. La organización no solo había usado a Ran para mandarle un mensaje de advertencia, sino que estaba jugando con ellos. Él plan de la organización no había fallado, de hecho, todo había salido tal y como ellos habían planeado.

...

Haibara no sobrevivió de milagro. Fueron ellos quienes la dejaron vivir.

...


Bueno, escribí esto más que nada porque se suponía que este era un FIC ShinRan, pero la verdad es que me di cuenta de que Ran apenas aparecía, así que pensé de que ya era hora de tenerla de nuevo en escena y esto fue lo que salió :3

Inicialmente, la verdadera y única razón de la visita de Conan a la comisaría iba a ser la explosión, pero a medio camino me pareció aburrido. Después de todo, yo misma siempre me he quejado del poco dramatismo romántico que mete Gosho en muchos de los capítulos (ya saben, Conan siempre anda con la nariz metido en algún caso y deja poco tiempo para la parte romántica...) así que yo quería evitar hacer eso. Quería conseguir un Fic romántico y de misterio, que no resultase demasiado aburrido por centrarse únicamente en la organización, ni tampoco demasiado irreal y pedante por estar dándole vueltas seguido a la relación entre Ran y Shinichi.

En fin, ¿qué les pareció? Dejen sus Reviews :3