Aquí les traigo un nuevo capítulo.
Hoy no tengo nada más que decir salvo: Espero que les guste el capítulo. Dejen sus Reviews :3
Detective Conan pertenece a Gosho Aoyama
Capítulo 13: Hackeados
...
Jonathan se despertó a la mañana siguiente, sin saber cuándo se había quedado dormido. Justo antes de que el sueño lo venciera recordaba haberse sentado en el sofá del salón, a la espera de que llegara su superior. Al perecer no había conseguido mantenerse despierto, pero se alegró al comprobar que había una manta sobre sus hombros que él no recordaba haber cogido, lo que indicaba que Edogawa había llegado a casa sano y salvo.
Se levantó y trató de desentumecer su cuerpo, adormilado por culpa de la mala postura en la que pasó la noche. Luego salió del salón con la idea de buscar a su superior y preguntarle qué le habían dicho en comisaría. Estaba un poco preocupado por ello y se temía que incluso los eliminaran del caso.
No fue hasta que estuvo plantado delante de la puerta del cuarto que se paró a pensarlo mejor. Quizá Edogawa estaba cansado y no quería que lo despertara, después de todo, había llegado bastante tarde la noche anterior.
Bueno, no le hizo falta seguir dándole muchas vueltas al asunto, porque más o menos un minuto más tarde de quedarse quieto delante de la puerta, esta se abrió. Pero para sorpresa de Jonathan no fue Edogawa el que salió de la habitación.
El detective del FBI no era capaz de creerse del todo lo que estaba mirando, pero allí la estaba: plantada delante de él, mirándolo sorprendida y medio soñolienta, con un camisón blanco con florecitas y el pelo despeinado. Mouri Ran.
—¿Eh? —Murmuró sorprendido en cuanto reconoció a la persona que estaba de pie delante de él, en el umbral de la puerta y con el pomo de esta todavía aferrada en la mano.
Por su parte, la joven también se lo quedó mirando algo sorprendida y… ¿sonrojada?
¿Eh? Espera, ¿Eh? ¿Cómo? ¿EHHHH?
La mujer acaba de salir del cuarto de Edogawa, ¿verdad? No se había equivocado de cuarto, ¿verdad? Nononono, estaba bastante seguro de que era la habitación del inspector… entonces ¿qué? ¿Acaso era normal en Japón dormir junto a tu "hermana mayor"? No, por encima de eso, ¿Qué hacía la mujer en su casa? ¿Y qué era ese sonrojo? ¡¿Acaso Edogawa había resultado ser más espabilado de lo que parecía?!
La cabeza del agente del FBI comenzó a dar vueltas mientras trataba de apartar la mirada de la jovencita que lo miraba confusa. Ni ella misma parecía comprender qué estaba pasando.
—Esto… ¿Mouri-san? —Preguntó tartamudeando.
Ella pestañeó confusa hasta que finalmente mostró una expresión de comprensión y sonrió alegremente.
—Ah, Jonathan-san, es usted. —Soltó ella de pronto, e inmediatamente después se relajó y recuperó su usual serenidad.
—¿Eh? —Preguntó confundido. —Claro que soy yo… —Murmuró, "¿acaso ella no recuerda mi cara?" pensó.
—Lo siento, es que los extranjeros os parecéis mucho unos a los otros. —Dijo con una sonrisa inocente.
"¡Así que después de todo no se acordaba de mí!" pensó, sintiéndose decaído de pronto.
—Además, se nota que justo te acabas de despertar. Tienes el pelo todo alborotado —Dijo soltado una risita mientras hacía un gesto señalando su cabeza. —Y la última vez que te vi estabas afeitado.
No fue hasta ese entonces que se dio cuenta de que llevaba como varios días sin ducharse ni asearse en condiciones por culpa del reciente suceso de la explosión, y se sintió tremendamente avergonzado por ello. Retrocedió un paso instintivamente tratando de encontrar una excusa, pero solo logró soltar un par de balbuceos que consiguieron que ella se echase a reír.
La joven echó a caminar hacia las escaleras en dirección a la cocina, desenvolviéndose por la casa con una ligereza que hacía pensar que era la suya propia. Jonathan se obligó a sí mismo a recordar que aquella era, después de todo, la casa de su amigo de la infancia y que, precisamente por eso, no debía decir ningún comentario fuera de lugar que pudiera afectarle.
—Pero por un momento me asusté. —Admitió ella mientras abría la despensa y comenzaba a hacer café. —Es un poco vergonzoso admitirlo, pero le tengo miedo a los fantasmas.
"¿¡Así que ahora soy un fantasma!? Tú versión de mí empeora por momentos. ¿Acaso hay algo bueno por lo que ella pueda recordarme más allá de 'el subordinado de Conan-kun'?"
Jonathan sacudió la cabeza tratando de eliminar esa clase de pensamientos inútiles y centrarse en lo verdaderamente importante.
—Esto, Mouri-san, disculpe mi rudeza, pero… ¿Qué hace usted aquí? —Preguntó cuando la vio sentarse en la mesa tras haber dejado la cafetera al fuego.
Ella lo miró un momento confundida, pero de pronto pareció recordar algo.
—Claro, ayer estabas dormido cuando llegamos así que tiene sentido que Conan-kun todavía no te haya contado nada. —Guardó silencio durante un rato. —No estoy segura de que deba ser yo quien te cuente esto… pero al parecer la Organización ha dado otro paso.
Jonathan casi salta de la silla al escuchar eso.
—¡¿La organización?! ¿De qué está hablando?
—Yo tampoco estoy muy segura. Conan-kun se empeñó en no decirme nada, así que no sé muy bien que está pasando. Solo sé que al parecer me enviaron un mensaje de amenaza.
Jonathan no podía creérselo. "¿Una amenaza? ¿Qué demonios? ¿Por qué iba la organización a amenazar a una simple detective de la policía metropolitana japonesa? ¡No cuadra, no es su modos operandi ni mucho menos. No tiene sentido. A no ser..." el detective tragó saliva y se la quedó mirando fijamente. "No puede ser. Tengo que estar equivocado. No puede estar pasando. Algo tan cruel… no es justo. Simplemente no es justo."
Ella sonrió tristemente mientras apretaba las manos sobre su regazo.
—Al parecer tiene que ver con Shinichi.
"Así que después de todo no me equivocaba."
Tan injusto. Kudo Shinichi, un joven con todo su brillante futuro por delante, murió de repente tratando de luchar contra una organización que le venía grande, luchando solo e intentando desesperadamente de mantener a todas las personas que eran importantes para él alejados de todo. Murió tratando de alejar a aquella mujer. Entonces, ¿Por qué? ¿Por qué tenía que pasar algo así? ¡Era como si todos los esfuerzos de Kudo hubieran sido en vano!
Pero por encima de todo eso, ¿por qué aquella mujer sonreía tan despreocupadamente? ¿Por qué era capaz de sonreír? Era la organización de negro de quien estábamos hablando.
—¿No está asustada? —Preguntó de pronto.
Ella lo miró sorprendida y luego bajó la cabeza.
—Mentiría si dijera que no lo estoy. —Admitió con voz fría. —Estoy tan asustada que incluso me cuesta respirar solo de imaginármelo. Ayer, en cuanto me enteré de lo que estaba pasando, quedé tan sorprendida que caí de rodillas al suelo, incapaz de levantarme. Pero, ¿sabes? Él dijo que iba a protegerme. Conan-kun se arrodilló a mi lado, me tomó de una mano y me prometió que iba a protegerme. Yo quiero creer en Conan-kun, por eso no puedo mostrarme asustada. Sería como si despreciase sus esfuerzos si lo hiciese.
Jonathan se quedó callado ante tales palabras. Después no se atrevió a preguntar nada más, y aunque nunca llegó a enterarse del todo porqué la joven había dormido en la habitación del inspector, le quitó importancia en cuanto, media hora más tarde, vio salir al joven de otra habitación distinta.
-o0o-
La noche anterior. Comisaría central de la policía metropolitana de Tokio.
El joven volvió a maldecir por lo bajo mientas apretaba los puños y clavaba la mirada en la pantalla del ordenador. ¡Maldición! ¿Por qué tenía que pasar algo como eso? ¿Por qué Ran de entre todas las personas?
—Conan-kun, ¿te encuentras bien?— Preguntó confusa la mujer a su lado.
—Ran, —La llamó al tiempo que sacaba su teléfono móvil y empezaba a hacer fotos a la pantalla del ordenador. Al hacerlo volvió a fijarse en el nombre del remitente: Black Silver. —Ran, llama al superintendente Mégure. —Ordenó.
Ella lo miró confusa al principio, pero no tardó mucho en obedecer. Conan-kun estaba actuando raro, no, más que eso, estaba preocupado por algo.
Salió corriendo del despacho dejándolo solo, tiempo que el joven aprovechó para hacer una llamada de emergencia a casa del profesor.
—¿Hola? —Respondió la voz del anciano al otro lado de la línea.
—Profesor, ¿dónde está Haibara? —Preguntó.
—Eh… ¿Shinichi, eres tú?
—¿¡Quién va a ser si no?!
—Es que no tengo tu número guardado…
—¡Eso no importa ahora! Te lo contaré con más tiempo en otro momento, pero ahora responde: ¿Dónde está Haibara?
—¿Ai-kun? —El profesor hizo una pausa, tratando de recordar a donde había ido la muchacha. —Creo que ha salido con el resto de los niños.
—Llámala inmediatamente y dile que vuelva a casa.
Al otro lado de la línea el profesor se sobresaltó.
—¿Por qué? ¿Qué está pasando, Shinichi?
—Os lo contaré cuando pueda. De momento haz lo que te digo, por favor.
El anciano pareció dudar un poco más, pero al final decidió obedecer.
—Una cosa más, profesor. No le digas a Haibara que fui yo quien te llamó. No le cuentes nada de esta llamada. Eso solo conseguirá asustarla. Tampoco menciones nada raro cuando llames por teléfono, no des señales de alteración. Las líneas telefónicas no son seguras. Después de que cuelgue elimina esta llamada del registro y no vuelvas a llamar a este número.
—Está bien… ¡Pero más te vale explicarte luego!
—Lo haré.
…
El muchacho colgó el teléfono y devolvió su atención a la pantalla del ordenador, justo al mismo tiempo que el Superintendente entraba por la puerta, acompañado de Ran.
—Conan-kun, ¿Qué está pasando? —Preguntó alterado, tratando de recuperar el aliento. —¿Qué es tan importante como para…?
—Superintendente. —Lo interrumpió el joven. —¿Este edificio tiene línea satélite?
—¿Eh? La tiene, claro que la tiene. No podríamos conectarnos a la red de internet y teléfono si no la tuviera.
—Vale. Entonces desconéctela.
Mégure lo miró sorprendido y se quedó bloqueado.
—¿Desconectarla, por qué?
—Solo hágalo. Y llame a todos los agentes que siguen trabajando en el caso de la organización, pero no les diga nada de lo que está pasando, podría ser peligroso, simplemente dígales que vengan inmediatamente. Estamos bajo ataque.
—¡¿La organización?! —Gritó Ran, que hasta ahora había permanecido apartada de la conversación.
—Superintendente. —La ignoró el muchacho. —La organización podría estar escuchándonos ahora mismo. Ha tenido acceso a uno de estos ordenadores, esta red ya no es segura. Tiene que desconectarla.
El hombre tardó un par de segundos más en reaccionar, pero después salió corriendo de la habitación gritando por el encargado de informática.
…
No hicieron falta ni siquiera diez minutos para que todo el edificio se sumiera en penumbras. Aunque el inspector del FBI no había dicho nada de cortar el suministro eléctrico, era consciente de que la forma más rápida de desconectar la red de teléfonos.
Fuera del despacho se podían escuchar las voces confusas del resto de policías que no entendían qué estaba pasando. Conan estuvo a punto de salir él mismo a tratar de calmarlos, pero la voz de Shiratori-san lo interrumpió. El joven debía admitir que en un momento como aquel, el inspector en jefe era mejor para tranquilizar al resto que un mocoso desconocido.
La luz volvió al cabo de un rato. Durante ese tiempo de espera, Ran se aferró al joven inspector tratando de sonsacarle qué estaba pasando, pero él se negó a responder una sola de sus preguntas, y la razón iba más allá de sus miedos a ser escuchados: Definitivamente, quisiera ella o no, Ran no iba a seguir participando en el caso. No después de haber recibido una carta de amenaza.
—Ran, te lo explicaré más tarde. —Dijo, aunque fuese mentira, tratando de tranquilizarla. —Pero ahora déjame pensar.
En cuanto la electricidad volvió a encender el ordenador de Ran y abrió la bandeja de entrada de su correo electrónico, que como había quedado abierta cuando se apagó, no necesitó de la conexión a internet para volver a conectarse.
Tal y como se había esperado, el correo de Black Silver no estaba allí. Se lo había esperado. Un correo enviando por la organización y con semejante información era obvio que tuviera algún sistema de autodestrucción. Conan suspiró y se alegró tremendamente de haber sacado fotos del documento.
Después cerró la pestaña del correo y comprobó satisfactoriamente que la red había sido apagada. Bloqueó el ordenador y lo dejó en espera.
Volvió a girarse hacía Ran y la encontró sentada en un silla un par de puestos más allá. Estaba con la cabeza baja y podía distinguir una sombra de miedo en sus ojos. Frunció el ceño y se acercó.
—Ran-nee…—Trató de decir.
—¿Qué está pasando? —Lo interrumpió. —¿Cómo que la organización, Conan-kun? ¿De qué estás hablando? ¿Qué demonios fue lo que viste en mi ordenador para llegar a esa conclusión? ¿Cómo encontraste algo cuando yo llevo días leyendo y releyendo ese correo sin darme cuenta de nada? ¿Por qué? ¿Por qué no me di cuenta? ¿Tanta diferencia hay entre tú y yo…?
Se quedó en silencio un rato. No había forma de decirle la verdad. No podía contarle que había entendido el mensaje cifrado precisamente porque era él, que aquel mensaje había sido enviado para que él, y únicamente él, lo leyese.
—No se trata de poder o no poder. Tú nunca hubieras podido entender ese mensaje, porque no era a ti a quien iba dirigido. —Dijo al final, deseando no arrepentirse de ello.
—¿Y a quien iba dirigido, entonces?
"No podías quedarte simplemente callada y asimilarlo…" se dijo.
—Solo un Agente del FBI podría haberlo entendido. —Mintió. —Porque, después de todo, hay muchas cosas que solo nosotros sabemos.
Ran levantó la mirada y la clavó en sus ojos. Estaba enfadada, lo sabía, podía leerlo.
—¿Estás diciendo que nos ocultas información? —Preguntó con voz ronca.
—Yo no lo llamaría ocultar… es más bien un principio de derechos. Esa información pertenece al FBI desde un principio, estaría violando un montón de leyes internacionales si revelase algo como eso a la policía metropolitana japonesa. —Dijo fríamente.
No era del todo mentira. Ni él tenía el permiso legítimo para inmiscuirse en un caso de asesinato en Japón, ni ellos podían tener acceso a toda la información sobre el culpable que él sabía. Esa clase de dilemas internacionales iban a ser un verdadero problema, pero no se podía hacer nada contra ellos.
Ran volvió a fruncir el ceño y bajó la cabeza. Al verla así, el joven inspector no pudo evitar preguntarse si había sido una buena idea decirle algo como eso. Había eliminado la sombra de duda en su corazón, pero al nombrar al FBI, irremediablemente había puesto un muro entre ellos, y entre sus habilidades. Al final, la conversación que había empezado tratando de aliviar los sentimientos negativos de Ran por no haber sido capaz de entender el mensaje de la organización, había acabado de la peor forma posible: recordándole que no había nada que ella pudiera hacer para enfrentar a los hombres de negro.
Conan era consciente de que, haciendo eso, iba a provocar que la joven comenzase a sentirse decaída e incluso inútil, pero si así conseguía apartarla del caso, haría lo que hiciese falta.
Porque tenía razón: No hay nada que ella pudiera hacer para enfrentarse a la organización, de hecho, ni siquiera estaba seguro de si él sería capaz de hacerle frente.
Después de eso, Conan agarró la mano de Ran y tiró de ella.
—Por el momento no te separes de mí. —Le dijo mirándola fijamente a los ojos. —No me pierdas de vista, no te alejes, no te marches con nadie, sea quien sea, incluso si lo conoces de toda la vida. Con nadie, ¿me has entendido, Ran? —Insistió, apretando instintivamente la mano que la mantenía sujeta.
Ella lo miró asustada y confusa.
—¿Por qué? ¿Qué está pasando? Conan-kun, cuéntamelo…
El inspector chasqueó la lengua. ¿Debía contárselo? Supongo que Ran tenía derecho a saber que había alguien de la organización intentando atentar contra su vida. Tenía pensado contarle todo eso al resto de inspectores metidos en el caso cuando los hubiese reunido, pero no iba a permitir que Ran asistiera a esa reunión. Además, quería contárselo directamente y en privado, no que se enterase por otros medios.
—Ran, lo que te voy a contar es muy importante. No hagas preguntas, no te las voy a responder, muchas ni siquiera sabré la respuesta. Simplemente tienes que creerme y confiar en mí, porque yo voy a protegerte, a cualquier precio.
Ran se sorprendió al escuchar eso y agarró la mano del muchacho. Estaba temblando. De alguna manera, había intuido que lo venía a continuación.
—La organización está detrás de tu vida, Ran. —Dijo al tiempo que le correspondía el apretón de manos, intentando tranquilizarla.
Ella se quedó congelada en el sitio, como tratando de asimilarlo.
—¿Por qué yo…? —Murmuró al final mientras las fuerzas le abandonaban y caía de rodillas al suelo.
El inspector la agarró fuertemente por los hombros para evitar que se hiciese daño y la acompañó en su caída, agachándose a su lado y rodeándola instintivamente con sus brazos. Ran temblaba y respiraba entrecortadamente. Estaba asustada, como para no estarlo. La misma organización que hacía años había matado a la persona que amaba estaba ahora tras su vida. Era normal que estuviese, no solo asustada, sino también frustrada.
—Ran, tranquila. —Conan trató de tranquilizarla susurrando palabras tranquilizadoras. —No tienes que preocuparte por nada. —Dijo mientras pasaba una mano por su cabeza y enredaba sus dedos entre sus cabellos castaños. —La policía va a protegerte. Le pediremos al superintendente Mégure que te pongan una escolta, él lo entenderá en cuanto le explique la situación y no se opondrá. Estarás bien, ni siquiera la organización puede actuar directa e imprudentemente contra el cuerpo entero de policía. Vas a estar bien.
La acunó en sus brazos y poco a poco ella dejó de temblar hasta que finalmente se relajó y se desmayó.
El muchacho la cargó fuera de aquel despacho que ya había comenzado a estresarlo y se encontró con una marea de detectives e inspectores que trataban de entender por qué sus ordenadores y teléfonos no estaban funcionando mientras gritaban por todas partes, llamando a su superior.
Por un momento, el joven tuvo el impulso de volver al interior del despacho, pero la figura del Superintendente apareció de entre la jauría de personas y lo detuvo.
—Conan-kun, ¿qué le ha pasado a Ran-kun? —Preguntó el hombre asustado al reconocer el bulto inconsciente que Conan cargaba entre sus brazos.
—Se lo contaré más tarde. Más importante, Superintendente, ¿ha contactado con los agentes al cargo del caso de la organización?
—Me han dicho que estarán aquí en más o menos una hora.
—Bien, en cuanto lleguen, mándelos a una sala segura donde sepamos que nadie más va a escucharnos. Explicaré lo que está pasando en cuanto estemos todos.
—Pero, Conan-kun, no podemos tener la red desactivada durante tanto tiempo, esto es un auténtico caos. Los agentes no pueden trabajar sin conexión y están empezando a quejarse.
—Dígale al director que estamos siendo Hackeados. Haga que un técnico revise la conexión con la terminal. Probablemente ya no encuentre nada, lo más seguro es que fuera autodestruido durante el apagón, pero prefiero no correr riesgo.
El superintendente quedó bloqueado ante el arrollador comportamiento del muchacho, pero varios segundos después salió corriendo de nuevo en busca del director de la policía.
Por su parte, Conan se limitó a llevar a Ran a un sitio tranquilo donde ella pudiera descansar y él sentirse a salvo. Desde hacía un rato que había empezado a ver sombras por todas partes, y aunque trataba desesperadamente de recordarse que solo eran imaginaciones suyas, no era capaz de sentirse del todo seguro entre aquellas cuatro paredes.
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Se tardó más de una hora en solucionar todo el problema con la conexión, pero al final, el técnico que revisó el sistema informático sentenció que ya no había nada raro. Así que simplemente volvió a encenderse y todos los agentes retomaron su trabajo. Por su parte, el superintendente Mégure tuvo que disculparse personalmente con el director Hakuba, el cual, obviamente no estaba enterado de la existencia de la organización.
Durante todo ese tiempo, Ran recuperó la conciencia. Pero no se movió, simplemente se quedó sentada en el pequeño sillón donde Conan la había tumbado, mirándolo fijamente.
El joven se había colocado frente a ella, sentado en una silla, alerta de cualquier movimiento externo y bastante nervioso porque la policía lo estuviese atravesando con la mirada.
Era el primer momento de paz que tenía desde que todo había comenzado, y de pronto se paraba a pensar en lo que había hecho: ¡La había abrazado! Todavía podía sentir la calidez de su cuerpo pegado al suyo y eso le provocaba escalofríos, impidiéndole montar guardia como era debido. Maldijo por lo bajo y trató de apartar de su cabeza la sensación del cuerpo caliente temblando entre sus brazos… pero era prácticamente inútil.
Bajó la mirada al suelo mientras sentía como sus propias manos comenzaban a temblar solo de recordarlo. ¿Acaso era un idiota? Podía tener la apariencia de un mocoso pero en el fondo era ya un hombre crecidito y maduro, y no es como si fuera la primera vez que abrazaba a una mujer… tampoco era la primera vez que abrazaba a Ran… pero…
En cierta manera, en aquel momento y con la mirada de Ran atravesándolo, deseó desesperadamente un agujero en el que meterse y no salir en mucho tiempo.
Sacudió la cabeza para despejar las ideas. ¿En qué estaba pensando? La organización había hecho su jugada, estaban bajo ataque, ¡y él estaba alarmándose por un abrazo! Si alguno de sus subordinados del FBI llegara a enterarse alguna vez de esa clase de sentimientos se sentiría tremendamente decepcionado con él.
Cerró los puños, cerró los ojos y se puso a pensar en todo lo que había pasado y lo que ello significaba, en un vano intento por quitarse a Ran de su cabeza, en un vano intento por ignorar su mirada que lo escudriñaba continuamente.
"¿En qué estará pensando justo ahora?" se preguntó de pronto. "Está ahí, quieta, simplemente mirándome. O quizá no me mire a mí, sino que simplemente resulté ser el punto más cómodo donde dejar la mirada perdida. Quizá simplemente está asustada, quizá esté pensando demasiadas cosas. Quizá está pensando en mí."
De pronto se asustó al pensar eso y se vio obligado a morderse la lengua para poder olvidar lo que acababa de pensar. Porque en aquel momento, no acababa de pensar en sí mismo como un niño ni como Edogawa Conan, ni siquiera como el inspector del FBI, sino que lo había hecho como Kudo Shinichi. En aquel momento, el recuerdo de que, después de todo, él era Kudo, de que él era esa persona que todos consideraban muerta, la persona a la que todos recordaban con tanto cariño, comenzó a hacerse fuerte en cu cabeza. Por un momento se asustó al darse cuenta que, en su corazón, incluso había olvidado ese detalle. Se dio cuenta que, con el paso del tiempo, aprendió a referirse a Kudo Shinichi como alguien más, como el simple muchacho que tuvo la mala suerte de morir a manos de Gin. Y también se dio cuenta, de cuánto añoraba ser Kudo Shinichi, y cuanto deseaba cerrar la distancia que lo separaba de Ran, abrazarla fuertemente y susurrar en su oído que era él, que estaba vivo.
El siguiente pensamiento llegó justo después de morderse la lengua y ahogar un quejido de dolor: ¿tendría sentido hacer eso? Aun si Ran lo creyese, aun si él encontraba la forma de demostrarle que en verdad era Kudo Shinichi, ¿cambiaría algo?
Ran estaba comprometida. Ahora Ran amaba a otra persona. Había dado un paso adelante en su vida, ¿quién era él para detenerla ahora?
"Solo un amigo de la infancia" Pensó con una mirada triste, y sonrió. "Eso es lo que debí ser siempre."
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Hicieron falta dos horas para conseguir reunir a todos los agentes implicados en la organización en una sala insonorizada y sin ninguna clase de dispositivo eléctrico (a petición de Conan, que incluso se empeñó en confiscar, mientras durase la reunión, los teléfonos móviles de todos ellos.) Por su parte Ran quedó fuera de la habitación, con la orden de no moverse.
—Sé que muchos piensan que estoy siendo paranoico. —Dijo una vez todos le hubieron prestado atención. —Pero la organización ha tenido acceso a uno de los ordenadores personales de este edificio, así que no es tan descabellado pensar que pudo haber tenido conexión con alguno de vuestros móviles.
Él número de agentes sentados delante de él había disminuido con creces comparándolo con el que hubo la primera vez que llegó a Tokio, pero el muchacho agradeció tener menos, eso suponía menos personas a las que coordinar, menos cosas en las que pensar a la vez, y más fácil de controlar. Delante de él estaban sentados personas que conocía, que lo conocían a él y a Ran, y en las que creía poder confiar: Takagi, Sato, Shiratori, Chiba y Megure.
—Tengo algo importante que informaros. —Comenzó.
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Tal y como Conan esperaba, la policía tomó cartas en el asunto y decidió poner a Ran bajo vigilancia durante las 24 horas del día.
Todos los presentes en la sala estaban sorprendidos por semejante noticia, y habían entrado en pánico cuando se enteraron de que la organización iba tras la vida de Ran. Pero la voz serena del Inspector del FBI los calmó a todos y consiguió que les hicieran caso.
Conan les mostró a todos las fotos que había hecho con el móvil antes de que el email se autodestruyese.
—Quien lo hubiera dicho… —Comentó Sato meditabunda cuando fue capaz de leer el mensaje secreto tras recibir las indicaciones del joven con gafas. —Yo también vi estas fotos en su momento, Ran me las enseñó ayer toda contenta y emocionada, pero… nunca me hubiera parado a pensar que podía proceder de la organización, y ni mucho menos hubiera sido capaz de leer el mensaje cifrado. Eres increíble, Conan-kun.
El joven ignoró el alago de la policía, tratando de cambiar de tema para no tener que contarles al resto lo que ya le había dicho a Ran sobre la información que les escondía.
—A partir de ahora vamos a trabajar para averiguar de dónde viene este mensaje. Quiero que investiguen la agencia publicitaria, la marca de ropa, el titular de comercialización… todo. Es la única pista que tenemos, así que no podemos desaprovecharla.
Todos asintieron. En aquel momento, ninguno de los presentes pareció recordar que la persona que estaba dando las órdenes y a quien obedecían tan ciegamente, no era más que un muchacho a no tenía ninguna clase de jurisdicción ante ellos. Quizá fuera porque ya era una costumbre hacer caso a muchachos misteriosos que aparecen en medio de las investigaciones teniendo todo bajo control.
—Una cosa más. No utilicen sus móviles personales para mandar información sobre la organización. Cualquier clase de dato es crucial para ganar contra ellos, no podemos permitir que sepan cuáles son nuestros planes. Puede que parezca una paranoia pero sé de lo que hablo. Son genios estrategas y trabajan en las sombras, no sería raro que incluso hayan predicho que íbamos a tener esta reunión, así que sean cautelosos. Consigan un teléfono desechable y queden en persona en un lugar seguro para compartir información, no hablen de nada importante a través del teléfono ni manden mensajes. Después de cada llamada borren el historial.
Todos asintieron. Comprendían lo que estaba diciendo el muchacho, así que ninguno puso ni la más mínima objeción. Confiarían en él y en la seguridad que parecía tener cada vez que hablaba.
—Una última cosa, Superintendente. —Dijo el muchacho cuando ellos ya estaban a punto de levantarse. —No quiero sonar ofensivo con esto ni quiero desafiar a la policía japonesa, pero me gustaría que al menos uno de los que están aquí presentes estuviese en los grupos de vigilancia de Ran.
Todos lo miraron sorprendido.
—Porque a ellos los conozco, puedo confiar en ellos. Pero me temo que no conozco al resto, y no quiero hacerlo sonar como si estuviese desconfiando de la policía, pero a quien sí conozco es a la organización. Trabajan en las sombras, se cuelan en cualquier lado y acechan sin que nos demos cuenta. No puedo asegurar que alguno de los miembros de la policía no trabaje como infiltrado de la organización, o ni siquiera eso: no puedo evitar pensar que alguno de ellos pudo haber sido amenazado para matar a Ran. No estoy tratando de buscar culpables, no voy a apuntar a nadie con la mano, pero ahora mismo el único en el que pudo confiar es en mí mismo.
—Conan-kun, entendemos a lo que te refieres, pero… —Trató de decir Shiratori.
—Está bien. —Lo interrumpió Megure. —Lo haremos a tu manera. Debo admitir que tus palabras me han dolido, siempre me he sentido orgulloso de pertenecer a la policía metropolitana y que venga un mocoso a insultarnos de esa manera me cabrea. —Admitió. —Pero tampoco puedo negar que tienes razón. Así que me las apañaré para organizar todo de forma que uno de nosotros siempre esté con Ran-kun. También me aseguraré de que el resto del equipo de vigilancia no se entere de la existencia de la organización.
Conan agradeció de qué el superintendente lo hubiera entendido tan fácilmente. Siendo sincero, pensaba que le iba costar más convencerlo.
—Ah… pero… —Comenzó a tartamudear Takagi. —Superintendente Megure, si a partir de mañana tenemos que empezar a trabajar en este caso… todos nosotros vamos a necesitar prepararnos para ello…
La habitación se quedó en silencio durante un rato, mientras unos se miraban a otros.
—Tiene razón, —Intervino Chiba. —Yo no quería decirlo, pero me será imposible encargarme de ello hoy...
—Yo pensé que se iba a encargar Takagi-kun…
—¿Eh? ¿Yo? También tengo que preparar todo, incluso hoy se suponía que era mi día libre…
El silencio volvió a adueñarse de la escena.
—Entonces… Ran se quedará conmigo esta noche. —Dijo de pronto el joven inspector.
—¿Contigo?
—Yo también estoy metido en este caso, y también quiero proteger a Ran. —Sentenció con voz firme. —A partir de mañana confiaré en la policía, pero hoy me encargaré de ella.
—Pero Conan-kun, tú...
—Está bien. Ya no soy el niño débil que era antes. Con los años comprendes que ir por la vida pegando balonazos queda muy bien, pero no llega para enfrentarse a la organización.
Todos lo miraron confusos. ¿Balonazos?
—Bueno, si tú lo dices…
—Que no se hable más, —Intervino Mégure. —Conan-kun será el encargado de velar por la seguridad de Ran-kun esta noche. Y vosotros, —Se dirigió al resto. —Preparad todo lo que necesitéis. Mañana comenzamos a trabajar.
