Aquí vengo con un nuevo capítulo ^^
Antes de nada, quería hacer una aclaración: En este capítulo se va a mencionar el personaje de Masami Hirota, el nombre en clave que tenía la hermana mayor de Haibara en la organización.
El problema es que el capítulo donde aparece Akemi en el manga es distinto de el Anime, así que ya no recuerdo si el nombre que se le da en el anime es "masami Hirota" o no. En el manga es así porque lo leí hace poco y estoy segura de ello.
En el Anime el capítulo donde aparece Akemi empieza con un robo a un banco, a diferencia de en el manga, que empieza con una chica (Akemi) que va la agencia de detectives buscando a un hombre. De hecho, en el anime sale este capítulo, pero le dan un final alternativo y no involucran a la organización. (Básicamente: El capitulo original lo dividen en dos, el principio le dan un final de relleno y luego inventan un final de relleno para darle el final original... no sé si me explico...)
En resumen, que ya no recuerdo si el nombre falso que le dan a Miyano Akemi en el anime es Masami Hirota o ese es solo en el manga, de ahí esta aclaración.
Capítulo 14: Cobarde
...
Cuando el muchacho acabó de distribuir todas las órdenes y poner a los 5 inspectores al cargo del caso bajo aviso y conocimiento de todo lo que el muchacho encontró necesario, el joven pasó a recoger a la policía que esperaba por él al otro lado de la puerta.
Ella estaba sentada en una silla, con los hombros hundidos y la mirada gacha. Parecía cansada. Cómo para no estarlo.
—Ran-neechan, —La llamó. —Vámonos a casa.
La detective alzó la cabeza y le lanzó una mirada interrogante.
—Esta noche te quedarás conmigo en la casa de los Kudo. —Explicó el joven antes de que ella abriera la boca para preguntar. —¿Sabes conducir?
Ran se quedó parada y en silencio durante unos segundos, hasta que de pronto pareció entender su pregunta y asintió varias veces.
—El superintendente nos ha dejado un coche. Yo no tengo permiso para conducir, así que… lo siento.
Ella negó con la cabeza e hizo un gesto para restarle importancia. Luego se levantó, cruzó los dos metros que les separaban y agarró fuertemente el brazo del muchacho, sorprendiéndolo.
—Conan-kun… —Murmuró. —¿Qué ha pasado? ¿De qué habéis estado hablando?
Él resopló con fuerza, pero no evitó el agarre de la policía. La miró a los ojos.
—Ran-neechan, ¿confías en mí?
—¡Lo hago! … Lo hago, pero… quiero saber qué está pasando.
El joven inspector no apartó la mirada hasta que no pudo soportarlo más. Aquellos ojos violáceos que lo miraban suplicantes siempre acababan por sacarlo de sus casillas. Levantó la mano y la posó sobre la cabeza de la mujer.
—Hemos decidido ponerte escolta policial. —Dijo finalmente. Eso debía saberlo, iban a estar vigilándola las 24 horas del día, después de todo.
—Entonces es cierto… la organización está detrás de mi vida…
La mano que sujetaba firmemente el brazo del inspector apretó el agarre, y el joven se vio en la obligación de decir algo para calmarla.
—Vas a estar bien. —Dijo mientras acariciaba su cabello. —Toda la policía está de nuestro lado. Tus compañeros no van a dejar que nada malo te pase, y yo tampoco.
La miró fijamente durante un buen rato. Ella estaba casi temblando, se la notaba cansada y probablemente tuviera sueño. En aquel momento se la miraba tan vulnerable que el joven inspector sintió en deseo de abrazarla fuertemente y decirle que todo iba a estar bien. Pero tenía la fuerza de voluntad suficiente para soltarla si hacía eso, si la abrazaba ahora no la soltaría nunca.
Desvió la mirada hacia su mano, que todavía seguía enredada en su cabello, y la retiró con cuidado, aunque no deseaba hacerlo. Debía mantener las distancias. Estaba bajando la guardia, o más bien, Ran lo había hecho bajar la guardia.
Estaban bajo amenaza de la organización, no era momento para ponerse a pensar en sus sentimientos. Ran iba a casarse, ya nunca llegaría el momento para ponerse a pensar en ellos. Lo mejor era olvidar. Enterrar todo. Con un poco de suerte algún día podría fingir que nunca pasó nada.
Pero en el fondo, Conan sabía que al decirse eso simplemente estaba actuando como un cobarde. Pero está bien, porque siempre había escapado en esas cosas: le tenía miedo a sus sentimientos porque no podía entenderlos ni analizarlos, porque eran mucho más complicados que cualquier misterio.
Después de todo, estaba bien seguir siendo un cobarde, porque siempre lo había sido.
—Todo va a estar bien. —Repitió, más para recordárselo a sí mismo que por consolar a Ran.
Ella asintió y liberó la tensión de su agarre, sin soltarlo del todo.
—Lo sé. —Murmuró. —Son compañeros realmente confiables. —Dijo con una media sonrisa en su rostro. —Sé que harán lo que sea por protegerme. —Poco a poco dejó de temblar y al cabo de un rato soltó el brazo del inspector. —Yo tampoco soy alguien fácil de matar. —Añadió finalmente con orgullo mientras hacía un gesto para enfatizar sus palabras.
Conan no quiso asustarla. No quiso decirle que probablemente el karate no iba a servir de mucho enfrente de ellos. Simplemente se limitó a imitar su sonrisa y a hacerle un ademán para que lo siguiera.
-o0o-
Salieron juntos del estacionamiento del edificio. Ran conducía el coche que el Superintendente Megure les había dejado, y lo hacía con cuidado, como si temiera encontrarse con algo de frente en cada esquina, al mismo tiempo que iba siempre con un pie en el acelerador por si tenían que salir a toda velocidad.
Por su parte, Conan había comprobado el motor, los bajos, maletero y todas las puertas del coche en busca de cualquier anomalía que supusiera un peligro, pero no encontró nada. Tampoco esperaba encontrárselo. Era pronto para que la organización hiciese su aparición. Conan la conocía y sabía que ellos esperarían hasta el momento que menos se esperasen para atacar. Ese era su modus operandi.
Durante el trayecto se dedicó a comprobar continuamente el contador del motor y la gasolina por si encontraba algo, pero tampoco nada pasó, y al cabo de un rato dejó de hacerlo para no preocupar más a Ran. Después clavó la mirada en el paisaje y comenzó a contar los minutos que les quedaban para llegar a su casa (la casa de los Kudo). El ambiente se estaba poniendo cada vez más raro, y la joven había comenzado a martillear el volante con los dedos por culpa del estrés. Conan era consciente de que debía sacar algún tema de conversación, pero siendo sincero no se le ocurría ni uno.
De pronto una idea le vino a la cabeza, y se aferró desesperado a ella hasta que logró formular una pregunta coherente.
—Ran-neechan, al final ¿qué pasó con los documentos desaparecidos de Sonoko? —Fue el primer tema en común y menos peligroso que se le vino a la cabeza, y siendo sincero debía reconocer que tenía cierta curiosidad por saber qué había pasado al final con los diseños y aunque el Inspector Hasegara prometió avisarlo si hacían algún avance, no había recibido ni una noticia sobre el asunto.
—Todavía no los han encontrado, —Admitió con voz apesadumbrada. —Pero la policía sigue buscando. Hasegara-san ha invertido mucho tiempo y hombres para encontrarlos, así que estoy segura de que lo lograrán.
Conan no estaba tan seguro. Había pasado más de una semana desde el incidente, y a cada día que pasa las probabilidades de encontrarlos se reducían drásticamente. Pero prefirió no decir nada.
—Mmm… —Murmuró por lo bajo. Apoyó el codo en la puerta del coche y se recostó sobre su mano mientras seguía mirando hacia fuera detenidamente. —Ya veo…
—Sí. —Continuó ella. Al parecer, sacar aquel tema había sido una buena idea, Ran mostraba indicios de querer seguir hablando de ello. —Sonoko estaba un poco decaída al principio. Ya sabes, por la traición de su amiga de la universidad y por la pérdida de sus nuevos diseños. Fue un golpe muy duro para ella y estaba un poco preocupada por que se viniese abajo, peor Kyogoku-san cuidó de ella y se aseguró de que comiera correctamente.
—¿Kyogoku? —Preguntó el joven sorprendido.
—¿No lo recuerdas, Conan-kun? Es el novio de Sonoko. Se casaron hace un par de años. —Añadió con cierto tono de nostalgia.
El joven por su parte no se lo acababa de creer del todo. ¿Era en serio? A ver, claro que recordaba a Kyogoku. Kyogoku Makoto, karateka profesional, toda una estrella en Japón que incluso había logrado hacerse un nombre en Estados Unidos desde que él se marchó. Por supuesto que se acordaba de él, era la clase de personas que no olvidas nunca. Lo que en verdad le sorprendió fue que todavía estuviese con Sonoko. Porque, seamos sinceros, esos dos tenía una relación tan inestable que parecía a punto de desplomarse.
—Así que se casaron, eh… —Fue lo único que logró decir antes de que la conversación muriese del todo y se viese obligado a buscar un tema nuevo. Al hacerlo, motivó a Ran a continuar hablando de ellos.
—Sí. Sonoko estaba realmente emocionada. Hace tres años Kyogoku-san volvió definitivamente a Japón para convertirse en entrenador de karate. Al parecer tuvo una pequeña lesión que le impidió volverse karateka profesional. Es una pena, yo realmente lo respetaba. Pero ahora abrió su propia escuela y resultó ser un profesor realmente bueno. Fue entonces cuando le pidió matrimonio a Sonoko. —Dijo emocionada.
…
Ran continuó hablando alegremente acerca de la boda de su mejor amiga, relató hasta el último detalle de los acontecimientos con una verdadera sonrisa que el muchacho hacía mucho tiempo que no miraba. De hecho, era la primera vez que miraba a Ran tan alegre desde que había vuelvo a Japón.
Hasta aquel momento solo le había dado preocupaciones y problemas: le había contado sin el más mínimo reparo acerca de la muerte del hombre al que había amado durante tantos años, le había mentido y ocultado cosas, y ahora la habían amenazado de muerte. Definitivamente, no era algo por lo que pudiese sonreír, pero allí estaba, sentada en el asiento del piloto, conduciendo y con la vista fija en la carretera, pero sonriendo y hablando tan felizmente que casi parecía mentira.
Verla allí sentada a su lado, con aquella clase de expresión lo hizo recordar a la joven de antaño: tan inocente, tan adorable. Siempre intentado darlo todo, pese a que había muchas cosas que le costaban. Debía reconocerlo, la admiraba, por su capacidad de esfuerzo, por su dedicación, por toda la preocupación que dedicaba a las personas que amaba.
En alguna parte de su corazón, envidiaba la forma de ser de Ran. Ella afrontaba sus problemas valientemente, con decisión, con sinceridad. Por su parte, siempre escapaba cuando las cosas se volvían complicadas, siempre eludía los problemas. Lo había hecho hacía ocho años, cuando se marchó a Estados Unidos sin decir nada, escapando de todo…
—Definitivamente tienes que venir, Conan-kun. —Dijo ella de pronto.
—¿Eh? —Fue lo único que consiguió soltar. Llevaba un buen rato perdido en alguna parte de sus pensamientos y había desconectado de la conversación hacía un tiempo.
—¿No me estabas escuchando? —Le reprochó ella al tiempo que lo golpeaba suavemente en el hombro. Luego los dos se echaron a reír. —Estaba hablando de mi boda. —Dijo entre risas, y al escuchado el joven se atragantó y comenzó a toser. —Definitivamente tienes que venir. —Añadió ella sin notar el repentino ataque de nervios que lo había asaltado.
Conan tardó como medio minuto en dejar de toser, el otro medio en recuperar el habla. Para entonces, Ran ya había comenzado a hablar otra vez sobre los planes de su boda. El inspector respiró profundamente y cerró los ojos durante unos instantes mientas se recostaba sobre el asiento del copiloto.
—¿Cómo fue? —Preguntó de pronto, con la mirada perdida en el paisaje.
—¿Eh? —Ran guardó silencio y lo miró confuso.
—Quiero decir… cuando te pidió matrimonio, ¿Cómo fue? —Preguntó finalmente, deseando no arrepentirse de ello.
—Ah… pues… —Ran empezó a sonreír tontamente, tratando de no sonrojarse. —Fue cuando llevábamos casi dos años saliendo. Te dije que lo conocí en la universidad, ¿verdad? En realidad era mi sempai… me ayudó mucho en los primeros años, cuando yo estaba decaída por… bueno, por lo de Shinichi…
Conan no pudo evitar apretar un poco los dientes.
—¿Fue la declaración con la que siempre habías soñado?
Ran se echó a reír. Es cierto que de pequeña siempre había hablado sobre su boda y también sobre su declaración ideal. Era algo que incluso seguía pensando cuando era adolescente y puede que en más de una ocasión le hubiera hablado a Conan-kun de ello… claro que por aquel entonces era Shinichi quien aparecía en sus sueños.
—No del todo. —Soltó una risa nerviosa. —Fue un poco distinto de lo que había esperado, la verdad. Pero tampoco soy una niña como para andar a quejarme por eso. —Volvió a echarse a reír. —Aun así fue muy bonito y me hizo realmente feliz…
—Mmmm… —Murmuró. —Ya veo. ¿Es una buena persona, entonces?
Ella asintió repetidamente.
—Lo es. Es amable y atento, siempre sabe cuándo estoy preocupada y siempre encuentra la forma de hacerme sentir tranquila. En ese aspecto es muy distinto a Shinichi, ¿no le crees, Conan-kun? —Dijo bromeando mientras soltaba una risita, sin saber que con aquellas palabras acababa de agrandar la grieta que hacía tiempo se había comenzado a formar en el corazón del joven inspector.
—S… supongo… —Dijo tartamudeando. Fue lo único que consiguió articular, pese a que quería decir muchas otras cosas, pese a que deseaba con toda su alma contradecirla y decirle que Shinichi-niichan también se preocupaba por ella.
Pese a que deseaba golpear la guantera del coche y gritar que ÉL sí se preocupaba por ella, que lo había hecho siempre. Gritarle que no estaba muerto, que todo había sido una mentira y que siempre, incluso ahora, la había amado.
Pero no tuvo el coraje para hacerlo. Al final, la arraigada presencia de Egogawa Conan dentro de su cabeza ganó la batalla. Al final, solo consiguió decir ese estúpido "supongo" y continuar escuchando en silencio y apretando los dientes a la detective mientras ella hablaba inocentemente y sin notar ni lo más mínimo el cambio del muchacho sobre su prometido.
Al final siguió siendo un cobarde.
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Cuando llegaron a la casa de los Kudo el silencio hacía tiempo que se había apoderado del coche. Ran había terminado de hablar sobre la vez en la que conoció a Sagaru-san (tal y como ella llamaba a su prometido) y Conan no tuvo el valor de volver a abrir la boca. Ya estaba bastante dolido, no quería sacar otro tema que solo iba a recordarle lo cobarde que había sido desde hacía diez años.
Salieron del coche y Conan se dirigió al maletero para recoger las cosas que había dejado antes. Mientras ella se dirigió a la puerta de entrada.
La policía se quedó clavada delante de la puerta, con la mano medio alzada en un intento vano por agarrar el picaporte, pero sin atreverse a hacerlo. Conan la miró en silencio, parado detrás de ella y observándola fijamente mientras la mano de la mujer comenzaba a temblar. ¿Cuántos años haría que ella no entraba en aquella casa? Quizá después de todo no había sido una buena idea llevarla allí. Dentro de aquel caserón de estilo occidental había muchos recuerdos que probablemente la joven había tratado desesperadamente de olvidar: cada una de las veces que había abierto aquella misma puerta para ir a buscar a su querido amigo, cada uno de los momentos que vivieron juntos en aquel lugar…
Era cierto. Llevar a Ran a aquella casa no era buena idea. Lo mejor era buscar otro sitio… podían pedirle ayuda a Sonoko, o alguien más. Por supuesto no podían volver a su propia casa en la agencia de detectives, ni al departamento en el que Ran aparentemente estaba viviendo sola en los últimos años. Pero se las apañarían para encontrar un lugar. Solo… no quería hacerla enfrentarse a algo doloroso para lo que no estaba preparada. No quería hacerla sufrir.
Fue justo en el momento en el que el muchacho estaba a punto de decir algo cuando ella, de un movimiento rápido y determinado, agarró el picaporte y abrió la puerta de un golpe.
—¿Ran… -neechan…? —Conan la miró sorprendido y algo alterado por su repentino movimiento brusco. Luego se calmó y dio un paso adelante para parase al lado de la mujer y comprobar su estado.
Ella permanecía impasible, de pie, todavía fuera de la casa, con ambas manos colgando a los costados y la mirada fija en la negrura del interior de la casa.
—Lo siento, Conan-kun. —Hizo un amago de sonrisa forzada. —Por un momento me quedé bloqueada, pero ya estoy bien. ¿Entramos?
—¿Estás bien? —Preguntó preocupado.
—¿Por qué lo preguntas? —Respondió ella, manteniendo esa obvia sonrisa forzada y haciéndose la inocente como si nada pasase. —Estoy perfectamente. ¿Entramos? —Insistió.
—S…si… —Tartamudeó al tiempo que asentía. Al final prefirió no rechistar más, aunque no le quitó el ojo de encima.
Al entrar, se encontraron con las luces del salón encendidas. Jonathan estaba tirado en el sofá, dormido en una mala posición y temblando de frío.
—Este idiota… —Murmuró el inspector mientras tomaba una manta y cubría a su compañero con ella. —Mira que le dije que no me esperase…
—¿Conan-kun? —Ran apareció desde la cocina y estaba a punto de decir algo más cuando descubrió al detective tirado en el sofá y se calló de golpe. Luego añadió susurrando: —Voy a hacer algo de cenar, ¿qué te apetece?
—¿Eh? … Pues… cualquier cosa está bien. —Respondió.
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Cabe decir que la cena que Ran le preparó estuvo deliciosa. La mujer no había perdido ni un poco su capacidad para cocinar que ya tenía siendo joven, sino que además había mejorado con creces. Al muchacho le hizo sentir como si hubiera vuelto a aquellos tiempos en los que vivía con ella y comía todos los días aquella comida. Pero esa sensación de falsa paz no duró mucho. Al joven no le hizo falta mucho tiempo para darse cuenta de que Ran estaba mirando continuamente la puerta de entrada y las ventanas, con miedo.
—Ran-neechan, —La llamó. —No tienes que preocuparte por nada. Esta casa es segura.
Ella asintió y siguió comiendo en silencio.
—Conan-kun, ¿qué va a pasar a partir de ahora?
La pregunta lo pilló un poco desprevenido, así que tardó un poco en reaccionar y estuvo a punto de atragantarse cuando lo intentó. Tosió fuertemente y tardó casi medio minuto en recuperar el habla.
—No tienes que preocuparte por lo que pase a partir de ahora. —Dijo finalmente. —Hasta que la investigación termine estarás bajo vigilancia continua de la policía. No sabemos de lo que la organización es capaz, así que en verdad desearía que te movieras lo mínimo posible, quisiera encontrar un departamento seguro y que la organización no conociera, pero hacer eso a ciegas y sin estar seguros de la credibilidad y seguridad del lugar sería demasiado peligrosos. En ese caso, prefiero que te quedes aquí y te muevas lo mínimo posible.
Ella asintió en silencio y se llevó un bocado a la boca. Estaba asustada. ¡Cómo para no estarlo!
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Ran se empeñó en que quería dormir en la habitación de Shinichi. "Porque se sentía más segura" había dicho mientras se aferraba al marco de la puerta para evitar que el inspector la apartara de allí. Conan insistió en que no era una buena idea: Dormir metida en aquella habitación que guardaba tantos recuerdos no le parecía la mejor de las opciones, pero la mujer se empeñó en que se sentiría más a gusto en un lugar tan sobradamente conocido.
Al final al joven inspector no le quedó más remedio que ceder y dejarla dormir allí mientras trataba de eliminar cualquier clase de pensamiento indecente que pudiera formarse en su cabeza. Aunque tardó varios minutos en conseguir ignorar el hecho de que la mujer que amaba estaba durmiendo en SU cama, la misma cama que había estado usando en las últimas semanas. También tardó varios minutos en eliminar el estúpido rubor de su cara y calmarse.
"¿No se suponía que eras un cobarde?" se dijo a si mismo tras darse una buena cachetada. "¡Pues actúa como uno! Los cobardes no se emocionan por algo tan estúpido" Añadió, aunque en el fondo eso no tenía ningún sentido.
Ran entró en la habitación y la cerró, dejando al otro idiota fuera con sus dilemas mentales.
Y esa fue la razón por la que, al día siguiente, Jonathan se llevó el susto de su vida al ver salir a la joven de la habitación de su inspector.
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La detective tardó varias horas en quedarse dormida. Durante todo ese rato, Conan se quedó a otro lado de la puerta, escuchándolo sollozar contra la almohada en un vano intento por no hacer ruido.
Estuvo a punto de entrar varias veces, deseando abrazarla y tranquilizarla, pero al final su estúpida cobardía le impidió hacerlo y simplemente se quedó sentado con la espada recostada contra la puerta mientras apretaba los puños y trataba de ignorar los gemidos que salían de dentro.
Después de varias horas dejó de escucharla llorar, y media hora más tarde encontró la valentía para abrir la puerta, asomarse y comprobar que, en efecto, la detective se había quedado dormida.
Una vez se hubo asegurado de eso y de que el sistema de seguridad estaba activado, el joven inspector salió de la casa y se dirigió a toda velocidad a la del profesor.
Ni siquiera se molestó en mirar la hora cuando apretó por primera vez el interruptor del timbre de entrada, y tampoco lo hizo todas las repetidas veces que siguió pulsándolo. No se dio cuenta de la hora que era hasta que una malhumorada Haibara le estampó la puerta en las narices de golpe al tiempo que gritaba: "¡Llegas tarde!"
Dentro se encontró al profesor, completamente de los nervios y dando vueltas de un lado para otro.
—¡Shinichi! —Gritó al verlo aparecer. —Estaba preocupado, ¿por qué has tardado tanto?
—Es una larga historia, os lo cuento más tarde. De momento, Haibara. —Se giró hacia ella. — ¿Has notado algo raro a tu alrededor en los últimos días?
—¿Algo raro? ¿Cómo qué?
—Como si te siguiera alguien, o te sintieras observada… preocupación o algo que considerases que fuera distinto de lo normal…
La muchacha se quedó en silencio un rato mientras trataba de recordarlo. Finalmente negó con la cabeza.
—¿Por?
El soltó un suspiro.
—Haibara, escúchame y presta atención. Lo que te voy a contar no te va a gustar nada, pero no te quedo otra que quedarte callada y hacerme caso en todo lo que te diga.
—Empiezas mal, ya estoy deseando salir corriendo de aquí.
—No voy a andarme con rodeos: la organización va detrás de ti.
—¿Y cuál es la novedad en eso?
—No sobreviviste a la explosión de milagro. —Soltó sin tapujos. —Tenías razón, Haibara. Su objetivo al hacer explotar el laboratorio no era la de destruir las pruebas que pudiera haber dentro, eran a ti a quien buscaba.
—"No sobreviví de milagro…" ¿a qué te refieres?
—La organización ha enviado una amenaza a Ran.
La joven abrió mucho los ojos, sorprendida, y comenzó a temblar.
—¿Por qué a Ran? ¿Qué tiene eso que ver conmigo? ¡¿Estás insinuando que es mi culpa?!
—No —Trató de tranquilizarla. —El mensaje que enviaron a Ran… fue enviado justo en el momento preciso para que ella te enviara el mensaje que te salvó la vida.
—¿Estás diciendo que la amenazaron para enviarme ese mensaje?
—No, no, no me refiero a eso. Verás… —Conan comenzó a relatarle todo lo sucedido en la comisaría, y fue testigo de como poco a poco la joven de cabellos castaños se iba encogiendo más sobre sí misma hasta hacerse un ovillo en el suelo.
—Haibara. La amenaza a Ran es por mi culpa, —Le dijo mientras se agachaba a su lado y le hablaba lentamente. —No tienes que sentirte culpable. De momento, simplemente preocúpate por ti misma. Estás en peligro, Haibara.
—¡No hace falta que lo digas en voz alta! ¡Lo sé! ¿¡Cómo no iba a darme cuenta?!
—A lo que me refiero es… que tenemos que hablar con la policía para que te pongan bajo vigilancia.
—¿Y de qué iba a servir eso? ¿Qué les contamos? ¿Qué la organización de negro va detrás de una niña porque hace 8 años trabajaba para ellos? ¿¡Quién se iba a creer eso?!
—No tenemos que contarles nada de eso. De hecho, prefiero no hacerlo. Solo… bueno, sé que quizá no te guste mi idea, pero fue la única que se me ocurrió.
—¿De qué estás hablando? —Preguntó mientras levantaba la cabeza y lo miraba a los ojos.
—Vamos a utilizar el nombre de Masami Hirota.
La mirada de Haibara se ensombreció de pronto, frunció el ceño y apretó los dientes.
—¿De qué hablas? —Preguntó con voz amenazadora.
—Lo siento, sabía que no te iba a gusta, pero vamos a usar a tu hermana como excusa. No les diremos nada sobre tu identidad ni que pertenecías a la organización porque eso supondría tener que explicar el secreto del APTX… y desvelaría también mi secreto, pero si le decimos a la policía que eres la hermana de Masami Hirota, a quien conocen y tienen constancia de su muerte en extrañas circunstancias, estoy seguro de que comprenderán de que la organización vaya detrás de ti. Aunque no les diremos su verdadero nombre para que no te relaciones con Miyano Shiho.
—Utilizar así a los muertos…
—Sí, sé que no te gusta y que no está bien utilizar el recuerdo de Akemi-san de esta manera, pero ahora mismo eso no me importa. —Soltó tajantemente. —Tu vida corre peligro y yo prometí que iba a protegerte. Akemi-san estaría dispuesta a dar lo que fuera por protegerte, ¿no es así? Y Tú tienes la misión de sobrevivir para poder ver a la organización que tanto daño os hizo a tu y a ella caer en pedazos. Así que ahora vas a obedecerme, vas a decirle a la policía lo que yo te diga y vas a sobrevivir.
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Los dos jóvenes llegaron a la comisaría acompañados del profesor Agasa. Haibara se quedó mirando el edificio antes de decidirse a entrar.
—¿Tienes miedo? —Le preguntó el otro mientras la miraba fijamente.
—No, solo… estaba pensando que esto supone el fin de mi vida cotidiana tranquila y pacífica. A partir de ahora voy a tener a un asqueroso policía acosándome todas las horas del día.
Conan levantó una ceja y puso una sonrisa irónica.
—¿Ah sí? Me alegra saber que esa es la mayor de tus preocupaciones.
No dijeron nada más y entraron. El inspector Shiratori los estaba esperando en su despacho, debido a que Conan había llamada el día anterior para comunicar que tenía algo importante que decirle. Grande fue su sorpresa cuando, junto a joven inspector del FBI vio aparecer al profesor Agase y a la jovencita que siempre iba con él.
—Esto… Conan-kun… ¿qué esto todo esto?
—Buenos días, Inspector Shiratori. —Lo saludó el muchacho. —Tengo algo muy importante y bastante sorprendente que comentarle. Póngase cómodo y escuche mi historia.
¿Qué les pareció? Quizá parezca un capítulo un poco de relleno (que en verdad lo es), pero para que no fuese aburrido traté de meterle todo el rollo de los sentimiento de Conan... ¿Demasiado recargado? En realidad quería hacer esto un poco más dramático y quizá "romántico" ya que estuve releyendo y me pareció que a veces me paro demasiado en el misterio de la organización y me olvido un poco del ShinRan... ¿Qué pensáis de eso?
Dejen sus Reviews :3
PD: Queda un capítulo para alcanzar a la actualización de la otra página donde también estoy subiendo esto, y probablemente lo suba a finales de semana (si no me olvido)
