Detective Conan pertenece a Gosho Aoyama.

PD: Me han dicho que, en efecto, me olvido muy a menudo del ShinRan. Lo siento, de verdad, pero este capítulo ya lo tenía escrito y no tiene precisamente mucho... Prometo que trataré de meter más en el próximo


Capítulo 15: Línea de Metro

...

Después del ataque de nervios que Jonathan sufrió cuando vio salir a la detective Mouri Ran de la habitación de su inspector, y después de que él propio muchacho de gafas le explicase que, de momento y por su seguridad, Mouri Ran iba a quedarse a vivir con ellos, el extranjero ya no sabía muy bien que estaba pasando.

Su inspector había llegado tarde la noche anterior porque, al parecer, la sede de la policía había sido hackeada y la vida de Mouri Ran amenazada por la organización. ¿Cuántas cosas habían pasado mientas él dormía tranquilamente en el sofá del salón? Se sentía un poco fuera de lugar, un poco dejado de lado. Seamos francos: un poco inútil.

En fin, para bien o para mal, Edogawa había salido pronto de casa aquella mañana, poco después de despertarse. Antes de salir tuvo una charla seria con Mouri Ran para recordarle que no debía moverse de la casa ni salir a ninguna parte, a lo que ella respondió con un seco movimiento de cabeza y un "lo entiendo" carente de entusiasmo. También habló un rato con él y le dijo que se encargase de cuidar a Ran mientras no estuviera, que el detective Takagi de la policía metropolitana llegaría pronto para hacerse cargo de la vigilancia, y que lo ayudase en todo lo que él requiriese.

Jonathan asintió y respondió ante todas las órdenes, pero cuando al fin se quedaron los dos solos en la casa, se dio cuenta de que no sabía muy bien qué se suponía que debía hacer.

—Esto… ¿Mouri-san? Parece que nos hemos quedado solos…

Ella le dirigió una mirada interrogante, como si de nuevo se hubiese olvidado de qué estaba ahí. Jonathan pegó un suspiro de resignación: "Después de todo, soy solo el fantasma de la casa" pensó irónicamente y le hizo un ademán para que lo siguiera al salón.

—Edogawa-san dijo que se moviera por la casa lo mínimo posible. Y sobre todo que no hiciera ruido para no delatar su presencia aquí, así que… bueno…

—Lo sé. —Lo interrumpió ella. —Me quedaré quieta y callada hasta que él vuelva. De momento es lo único que puedo hacer.

Ella se quedó parada en la entrada del salón, mirando a todos los lados algo inquieta.

—¿Le preocupa algo? —Preguntó el extranjero al darse cuenta de eso.

Ran negó con la cabeza y sonrió tristemente.

—Solo estaba mirando el salón. No ha cambiado casi nada, y sin embargo ahora mismo ese sofá me parece tan pequeño… —Soltó una risa tonta y sacudió la cabeza, tratando de alejar algún mal pensamiento. —Tampoco he crecido tanto desde la última vez que estuve aquí. No al menos en altura. Pero aun así, no puedo evitar recordar cuando Shinichi y yo jugábamos de niños alrededor del sofá. Por aquel entonces, me parecía tan alto como una enorme muralla infranqueable.

Jonathan la miró preocupado, se giró hacia ella, sin saber muy bien que hacer, y tragó saliva:

—¿Cómo era él? —Preguntó, deseando no equivocarse.

Ella lo miró sorprendida, quizá porque no se esperaba la pregunta, y el detective temió por un momento que la mujer se echase a llorar o le gritase. Por el contrario, ella mostró una sonrisa y avanzó hasta el sofá. Luego le hizo un gesto para que la imitase.

—Es la primera vez que alguien me pregunta por él desde hace ocho años… —Murmuró una vez Jonathan se hubo sentado a su lado.

—Siento haberla molestado, yo…

—Está bien. —Lo cortó. —En realidad no me molesta. Casi me resulta reconfortante. En los últimos años, el nombre de Shinichi se convirtió en un tema vedado para la gente a mi alrededor. Sé que ellos solo querían ayudarme, no querían recordármelo ni hacerme sufrir, pero en algún momento, tanto silencio y secretismo llegó a hacerme enfadar. No sé por qué, pero me daba la sensación como si todo el mundo se hubiese olvidado de él. Sé que no es cierto, pero no podía dejar de pensar eso. Así que en cierta manera me alivia que tú lo preguntes. Aunque seas un extraño… O precisamente porque eres un extraño. Dicen que a veces contarle algo a un desconocido es más fácil que contárselo a tu mejor amigo.

Ella calló tras decir eso y bajó la mirada a sus manos, que jugueteaban nerviosas sobre su regazo.

—¿Mouri-san?

—Estaba pensando… —Dijo para sí misma, casi como si fueran pensamientos dichos en voz alta. —Que quizá eso mismo fue lo que llevó a Shinichi a ocultarme tanto tiempo la existencia de la organización…

De un segundo a otro, las lágrimas comenzaron a aparecer en los ojos de la joven, que todavía seguía mirando fijamente sus manos ahora quietas sobre su regazo. Ella no se molestó en ocultarlo, ni en limpiárselas. Simplemente las dejó caer por su rostro hasta que se precipitaron y estrellaron contra sus manos, y aun así continuó mirándolas deslizarse entre sus dedos durante minutos.

Jonathan se quedó paralizado y sin saber qué decir mientras ella seguía lagrimeando en silencio.

—Shinichi era un idiota. —Dijo ella de pronto, con voz rota, ahogada por las lágrimas, pero con una enorme sonrisa, una sonrisa de verdad. —Un caso sin remedio, un cabeza-hueca, un inútil para todo aquello que no fueran los misterios. Sabía tantas cosas que olvidaba muy a menudo las más importantes. No sabía cantar, pero tenía un oído que muchos músicos envidiarían. No sabía cocinar, pero podía saber qué iba a comer yo al día siguiente con mirar simplemente mi lista de la compra. Muchas veces se olvidaba de sus cosas en clase y me arrastraba de vuelta al colegio para recogerlas, y sin embargo podía memorizar con una sola mirada cualquier número o mensaje. Podía entender a las personas y averiguar con solo una mirada al asesino de un crimen, pero tardó diecisiete años en entender mis sentimientos, pese a que siempre estuve a su lado. "¿Cómo podría entender el corazón de la mujer que amo?" Me gritó una vez. De verdad, aun ahora pienso en ello y me parece ridículo. Menuda forma más rara de confesarse. Solo Shinichi podría haberlo hecho así.

Jonathan la miró sonreír tontamente y sonrojarse mientras decía eso. Por un momento, le pareció estar viendo a una inocente jovencita enamorada, más que a la mujer comprometida que en verdad tenía delante.

—Pero desapareció de nuevo inmediatamente después de eso. Nunca lo volví a ver. La siguiente noticia que tuve de él fue que había muerto. Al principio no quería creérmelo. Era imposible que Shinichi ya no estuviese. Me había prometido que nos volveríamos a ver, me prometió que volvería pronto. Y nunca lo hizo. —La mujer apretó de nuevo sus manos sobre su regazo, una contra la otra, clavándose las uñas sin querer y soltando un pequeño quejido.

Jonathan reaccionó y, dudando un poco, le tomó una mano y la obligó a aflojar su agarre. Extendió sus dos manos, palmas arriba, sobre su regazo. Levantó la mirada.

—El inspector me ordenó que no le dejara hacerse daño. Así que, por favor, no haga que él se preocupe más por usted.

Ella entornó los ojos y asintió mientras volvía a sonreír.

—Quizá nunca estuvimos destinados a estar juntos… —Continuó hablando. —Quizá pasó lo que tenía que pasar…

Después de eso ambos guardaron silencio. Jonathan no sabía muy bien que hacer, así que desvió la mirada hacia el salón, y casi por casualidad, sus ojos fueron a posarse sobre la enorme cantidad de fotos enmarcadas que había por todas las estanterías y mesas a su alrededor.

—Yo… —Tartamudeó. —No conocí a Shinichi-san, no conozco nada de él salvo lo que ponen los informes. Mi imagen de él era la de un joven formidable, inteligente y sin fallas… y creo que lo que usted acaba de contar desmiente por completo todo eso.

Ran soltó una risita floja al escucharlo.

—Pero hay cosas que puedo decir sin necesidad de conocerlo. —Añadió él. —Basta con echar una mirada a esta habitación para saberlo. Todas y cada una de las fotos en las que salen los dos juntos. Las fotos en las que salen sonriendo a la cámara, o en las que juegan a lo lejos de niños. Todas las fotos que representan los años que pasaron juntos. No me hace falta haberlo conocido, haberlos visto juntos a los dos para saber que se querían. Quizá no siempre fue amor romántico, pero no cabe duda de que él la quería, como amiga, o como algo más. Así que no tiene que preocuparse: hay algo que ni el destino ni el paso del tiempo puede destruir. Y son todos esos años que ustedes pasaron juntos, su amistad, su amor. Quizá él esté muerto, quizá ya nunca podrán ser felices, pero hay muchas personas que todavía tiene a su lado gracias a que lo conoció a él, gracias a que fue su amigo, usted, Mouri-san, llegó a donde está. Y eso no podrá cambiarlo nadie.

-o0o-

Comisaría central de la Policía metropolitana de Tokio

—Conan-kun, todo esto… —Shiratori-san no cabía en sí de la sorpresa. —¿Es en serio? ¿Esta niña siempre ha sido…?

—Siento no haberlo contado antes. —Murmuró Haibara haciendo una media reverencia a modo de disculpa. —Pero tenía miedo. No sabía si podía confiar en la policía… No estaría aquí de no haber sido porque Edogawa-kun insistió…

"Hey, Haibara" Pensó el muchacho a su lado mientras le pegaba un codazo disimulado. "No digas cosas de más. Cíñete al plan"

—Pero ahora quiero confiar. Así que dígame, inspector, ¿puedo confiar en usted?

Shiratori se quedó clavado en su asiento. Quizá abrumado por la repentina noticia de que la pequeña que siempre había rondado a su alrededor era en realidad la hermana pequeña de alguien que perteneció a la organización y que fue asesinada por ello. Quizá sorprendido por el arrollador comportamiento de la niña en cuestión.

Esta vez fue Conan quien intervino:

—Inspector, siento pedirle esto cuando están tan ocupados, pero me temo que debo repetir mis palabras de ayer. —Dijo Conan con tono frío. —Haibara está bajo la mira de la organización, y no es que no confíe en la policía, pero me gustaría que las personas que vigilaran a Haibara fueran de confianza… Sabe lo que quiero decir con eso, ¿verdad?

Shiratori lo pilló a la primera y mostró una expresión de incredulidad.

—¿Pretendes que nosotros cinco protejamos tanto a Ran-san como a esta joven?

Conan asintió en silencio, y ante la mirada expectante del inspector en jefe inclinó su cuerpo e hizo una reverencia.

—Se lo pido por favor. —Dijo sin recuperar la vertical, con la mirada fija en el suelo.

A su lado, Haibara lo atravesó con la mirada. Conociendo lo orgulloso que era el muchacho, costaba creer que estuviera inclinando su cabeza de ese modo.

Shiratori se puso todavía más nervioso.

—Comprendo lo que quieres decir, Conan-kun, pero eso es prácticamente imposible. Hacer vigilancias no es fácil y…

—Sé qué no es sencillo. —Lo interrumpió. —Sé que quizá estoy pidiendo mucho, pero se lo ruego, por favor, necesitamos su ayuda.

El inspector se quedó pensando y finalmente asintió en silencio.

—Veremos qué podemos hacer.

—Muchas gracias. —Hizo una reverencia.

—De momento, me gustaría hablar directamente con ella. —Dijo señalando a Haibara. —Hay cosas que quiero preguntarle.

Conan se giró y le lanzó una mirada interrogante a la joven para ver qué opinaba ella. Por su parte, Haibara simplemente se dedicó a ladear la cabeza y añadir: "¿Por qué no?" Así que al final tanto Conan como el profesor salieron de la habitación y dejaron al inspector en jefe y a la muchacha solos.

Haibara sabía lo que tenía que decir, o al menos eso confiaba el muchacho, así que no habría problemas. Por el contrario, al ganarse la protección de la policía, de alguna manera, Conan sentía menos presión sobre sus hombros. Ahora, la vida de Haibara ya no dependía únicamente de él, y eso, en cierta manera, suponía un alivio.

-o0o-

El profesor decidió quedarse a esperar por Haibara, así que el inspector, que todavía tenía cosas por hacer, se vio obligado a despedirse de él y encomendarle el cuidado de la muchacha. Salió el edificio a paso rápido, solo para darse cuenta de que no había avisado a Jonathan de que iba a ir a la comisaría, y que por supuesto, este no iba a estar esperándolo fuera. Maldijo por lo bajo y sacó el teléfono para intentar llamarlo, pero no le contestó.

"Maldita sea, ¿qué demonios estará haciendo?" Volvió a guardarse el teléfono en el bolsillo después de haberle enviado un mensaje para que lo llamase en cuanto pudiese y se echó a caminar en dirección de la entrada del metro más cercana.

Hacía mucho tiempo que no lo usaba, algo así como ocho años, así que tardó un rato en recordar que debía hacer, y sobre todo, que tren debía coger. Al final acabó subido en uno que estaba más o menos seguro que lo iba a dejar cerca de su casa, o al menos cerca de Beika. Por el camino se cruzó con un grupo de jóvenes vestidos con un uniforme azul que Conan no tardó en reconocer como el que él mismo había usado hacía diez años, y eso consiguió hacerlo sentir cierta nostalgia. Aunque ese sentimiento desapareció en seguida, en cuanto uno de los cuatro jóvenes estuvo a punto de atropellarlo con la bicicleta mientas hacía el idiota por escapar de los otros tres.

—¡Ten más cuidado! —Les gritó, consiguiendo esquivarlo en el último momento.

—Ah, lo sentimos. —Respondió despreocupadamente uno de los tres perseguidores sin siquiera dirigirle la mirada.

Resopló y emprendió su camino. Bajó las escaleras hacia su andén y descubrió decepcionado que los estudiantes hacían lo mismo. "Así que no me voy a librar de ellos…" Abajo había una gran muchedumbre, así que los perdió de vista. Se limitó a tratar de llegar hasta un punto del andén donde pudiera entrar con facilidad al tren cuando llegase. Este tardó unos cinco minutos.

Entró dentro del vagón, sin prestar mucha atención al mundo a su alrededor, perdido en sus pensamientos. Ni siquiera se dio cuenta de que se había subido en el mismo vagón que aquellos estudiantes con los que acababa de encontrarse.

El tren iba moderadamente lleno: todos los asientos estaban cogidos y la gente se había agolpado un poco en torno a las barras de alrededor para agarrarse, pero no tenía nada que ver con al hora punta.

De pronto su teléfono móvil empezó a vibrar. Se llevó una mano al bolsillo y lo sacó, miró la pantalla y se encontró con un número desconocido. Por un momento dudó en contestar, especialmente después de lo que había pasado del día anterior, pero al final decidió hacerlo; ¿y si era una emergencia?

Pulso el botón para aceptar la llamada y se llevó el teléfono al oído.

—¿Hola? —Preguntó.

Al otro lado de la línea escuchó un pequeño silbido y luego una voz sobradamente conocida comenzó a gritar a pleno pulmón:

—¡Kudooooooo! ¿Cuánto tiempo, tío? ¿Dónde estás ahora mismo? Acabo llegar a Tokio, ¿Qué tal llevas la investig…?

No le dejó terminar la frase, se apartó el teléfono de la oreja y colgó. Luego se quedó mirando la pantalla del móvil con cara de asco, y tal y como se había esperado, el mismo número desconocido volvió a llamar. Soltó un gruñido y se volvió a llevar el aparato a la oreja.

—Sigue gritando como un idiota y te cuelgo otra vez. —Dijo antes de darle tiempo a soltar otra estupidez.

—¡Pero mira que eres cruel! Pese a que hace tiempo que no nos vemos.

—Nos vimos hace unas semanas.

—A eso no puedes llamarlo "verse". —Le recriminó con voz de puchero. —Kudo, tengo que hablar contigo. Hay tantas cosas que quiero contarte. Tienes que ponerte al día…

El barullo a su alrededor comenzó a hacerse más insoportable, y eso le impidió escuchar correctamente a su interlocutor, lo cual no estaba seguro de si era un alivio o una tortura.

—Hattori, ahora mismo no puedo escucharte bien. Pásate mañana por comisaría y me cuentas las cosas importantes. —Remarcó la palabra "importante". —Nos vemos. —Y colgó de nuevo.

Al otro lado de la línea, el detective del Oeste maldijo por lo bajo y se quedó mirando el teléfono con cara de rencor. "¿Acaso crees que puedes deshacerte de mí tan fácilmente?" pensó mientras mostraba una sonrisa astuta. Hasta ahora había tenido la espalda pegada al muro, así que se enderezó, se cargó su mochila al hombro y bordeó el muro de piedra hasta llegar al frente, donde estaba la enorme verja que daba acceso a la casa estilo occidental, en Beika.

—¡Ya estoy en casa! —Dijo con voz risueña y cantarina mientras abría la verja y se adentraba en el jardín.

-o0o-

Por otro lado, el joven inspector soltó un resoplido al guardar su teléfono de nuevo en el bolsillo y se llevó una mano al puente de las gafas para reajustarlas. ¿Por qué hablar con Hattori siempre era tan agotador? Podría haber pasado ocho años, pero él seguía siendo igual de infantil, igual de despreocupado. "Quizá por eso Kazuha-chan se cansó de él y lo abandonó" pensó con cierto rencor en su voz. Después se lo pensó mejor y se dio cuenta de que él no era muy distinto en ese aspecto, así que prefirió guardar silencio y seguir a lo suyo. "En cierta manera, él también me da pena".

De allí a un rato su teléfono volvió a sonar, y ya estaba dispuesto a apretar el botón verde y ponerse a dar berridos cuando descubrió que esta vez el número era distinto. De hecho, era un número que sí tenía guardado en sus contactos: El inspector Hasegara.

—¿Hola…? —Respondió, dudando un poco. ¿Por qué lo llamaba ahora el inspector?

—Esto… —Se escuchó una voz grave al otro lado, que Conan reconoció como la de Hasegara. —¿El teléfono de Conan-kun?

—Sí, ¿es usted, Hasegara-san?

—¡Ah, Conan-kun! Sí soy yo, ¿llamo en buen momento? —Preguntó.

—Si no es muy largo, supongo que sí. Estoy en el metro y la línea podría cortarse.

—No hay problema. Era simplemente porque quería informarte que encontramos los documentos.

—¿Documentos?

—Sí, ¿no te acuerdas? Los que le robaron a Suzuki-san. La última vez que nos vimos te mostraste bastante preocupado acerca de ellos y de pronto recordé que te había prometido llamarte si los encontrábamos. Lo había olvidado casi por completo, pero los hayamos en un vertedero a las afueras de la ciudad hace dos días.

Conan recordó de pronto de qué le estaba hablado.

—¿¡En serio?! —Soltó sorprendido. En verdad, no se hubiera esperado que los encontraran. Eso iba a ser una buena noticia para alegrar a Ran. —Me alegro. ¿Qué ha dicho Sonoko?

—Estaban bastante dañados, pero ella parecía realmente agradecida con nosotros. Se ha alegrado mucho al recuperarlos, dijo que así no tenía que empezar todo de cero. —Respondió, compartiendo su entusiasmo.

Menos de un minuto más tarde el metro se metió en un túnel y la conexión comenzó a fallar, así que Conan se despidió del inspector con un saludo y un agradecimiento por haberlo informado.

Hay que ver la suerte que había tenido Sonoko. En casos normales hacía tiempo que la policía habría parado de buscarlos. Quizá había sido por la propia Ran, que había pedido personalmente al inspector Hasegara que los buscase. Pero aquella en verdad iba a ser una buena noticia para Ran. Conan sonrió. Teniendo en cuenta el estrés por el que ella estaba pasando en aquel entonces, algo como aquello iba a ser de ayuda.

Supuestamente, Ran debía estar ahora bajo el cuidado de Takagi en su casa. Pronto buscarían un lugar donde protegerla mejor, pero de momento la policía había decidido que la mansión de los Kudo era, sin lugar a dudas, el edificio con mejor seguridad de había en todo Beika, y lo había seleccionado como la mejor casa franca temporal.

A Conan no le acababa de convencer algo como eso. Después de todo, implicaba vivir bajo su mismo techo, pero tampoco es como si pudiera poner una excusa válida y fiable para escurrir el bulto. Además… tampoco es como si le desagradase la idea.

El traqueteo del tren lo trajo de nuevo al mundo real, así que Conan se puso a mirar a su alrededor, en busca de algo con lo que entretener su mirada. Las personas que había allí dentro eran de lo más normales: un hombre de negocios, un grupo de amigas, un joven con una guitarra… lo normal que esperarías encontrarte dentro del metro a cualquier hora del día. Pero hubo algo que le llamó especial atención.

Los estudiantes con los que se había encontrado antes estaban montando un escándalo y molestando al resto de pasajeros. A su lado había una anciana que trataba desesperadamente de aferrarse a la barra de metal para evitar caerse, mientras hacía equilibrios con los dos bultos que estaba cargando con la otra.

Conan frunció el ceño, y no fue el único. A su alrededor, los pasajeros habían comenzado a mirar con malos ojos a los estudiantes, quienes al parecer aún no habían notado la presencia de la anciana a la que estaban molestando. Por el contrario, uno de los jóvenes, en medio de sus disputas y juegos, acabó golpeándola con su bolsa de clase y tirando los dos petates que sujetaba al suelo, y estuvieron a punto de conseguir tirarla a ella también de no ser porque el propio Conan se coló en la escena a tiempo.

El joven sujetó con cuidado a la pobre mujer que, incluso antes de recuperar la vertical, ya había comenzado a agacharse para recoger sus cosas mientras balbuceaba algo desesperadamente. Conan la detuvo y la ayudó a ponerse de pie.

—No se preocupe, ya lo recojo yo. —Le dijo con una sonrisa mientras la agarraba y miraba a su alrededor, en busca de un lugar seguro donde dejarla para que no se cayese.

En ese mismo momento descubrió que una mujer, que hacía poco había estado sentada un par de asientos más allá, se había levantado y le hacía señas para cederle el asiento, así que Conan dejó a la anciana a su cuidado y se agacho para recoger sus cosas.

Fue en ese momento cuando uno de los estudiantes se giró y se dio cuenta de lo que había pasado.

—¡Ah! Lo siento mucho. —Soltó cuando lo vio agachado, recogiendo las cosas. —Pensaba que me había chocado con algo, ¿fue a ti a quien golpeé?

El joven inspector volvió a fruncir el ceño y le lanzó una mirada cabreada.

—¿Qué…? —Murmuró el estudiante y al poco rato el resto se dio la vuelta también y encararon todos al inspector, quien ya había terminado de recoger todo y se había levantado cuan alto era.

Estaba a punto de echarles una buena reprimenda cuando alguien habló a su espalda.

—¡Dejad de comportaros como un par de mocosos! —Gritó la voz de una mujer.

Conan se giró y descubrió que plantada detrás de él estaba la misma mujer que había cedido el sitio, mirando cabreada a los jóvenes y soltándoles una bronca.

—¡Mirad donde estáis y pensad un poco en la gente que os rodea! —Les gritó señalando el resto del vagón. La gente a su alrededor asentía como tontos sin ser capaz de añadir nada más, en cierta manera sorprendidos también por la reacción de la mujer, pues había demostrado tener el coraje del que muchos carecían, y agradecidos con ella por decir lo que pensaban. Conan se quedó mirando a su alrededor también y tuvo que reconocer que ni él mismo hubiera sido capaz de dirigirse de esa manera a los estudiantes. Sonrió y no pudo evitar pensar que quizá Ran sí hubiera reaccionado así. No, probablemente Ran también les hubiera echado una buena bronca.

Al cabo de un rato la mujer se calló y los estudiantes se limitaron a quedarse callados en una esquina del vagón a la espera de su parada, para luego escapar a toda velocidad y sin decir ni una sola palabra más.

Por su parte, una vez todo se hubo tranquilizado, Conan se acercó a la anciana para devolverle sus cosas y preguntarle si se encontraba bien. Ella le dirigió una mirada amable, le dio las gracias con una sonrisa y asintió.

—Todavía quedan muchachos amables en este país… —Murmuró con voz añorante mientras le daba unas palmaditas en el brazo.

Conan sonrió y no pudo evitar pensar: "en realidad no soy ningún muchacho, ya tengo 27 años"… pero obviamente no dijo nada y simplemente se limitó a ahogar su siguiente pensamiento: "y probablemente, hace 10 años, no habría actuado así".

Después de eso se giró hacia la mujer para darle también las gracias, pero no la encontró. Al menos no a primera vista. Extrañado porque no la había visto bajar del tren en la anterior estación dio un pequeño paseo alrededor del vagón en su búsqueda, hasta que encontró un bulto en una esquina, agachado junto a la puerta del lado contrario al andén (la que no se abriría en todo el trayecto), dándole la espalda al resto de pasajeros.

—Esto… ¿te encuentras bien? —Preguntó algo preocupado. No tardó ni dos segundos en reconocer aquel bulto por sus ropas, y supo que, sin lugar a dudas, era la misma mujer que hacía apenas unos minutos había gritado a los estudiantes. —¿Necesitas ayuda?

Ella se encogió un poco y sin girarse respondió:

—Estoy bien, solo un poco mareada.

Conan se la quedó mirando un poco confundido. La mujer estaba de rodillas en el suelo, encorvada sobre sí misma y con la mano sobre la boca. No parecía precisamente bien. Se agachó a su lado y sacó un pañuelo de su bolsillo.

—Ten. —Le dijo mientras se lo tendía.

Ella levantó la mirada por primera vez y lo miró sorprendida, pero en cuanto vio el pañuelo cambió por una expresión agradecida y lo agarró titubeando.

—Gracias… —Murmuró mientras volvía a darle la espada.

Conan también se apartó un poco y desvió la mirada. Comprendía que hay cosas que una mujer no quiere mostrar a nadie, y probablemente algo como eso no era lo que preferías enseñarle a un joven desconocido.

Al cabo de un rato, notó como algo (o más bien alguien) tiraba de la pernera de su pantalón. Se giró y se encontró con la mirada de la mujer, que le tendía la mano algo avergonzada.

—¿Podrías ayudarme a levantarme? —Preguntó, intranquila.

Conan la agarró en silencio y tiró de ella hacia arriba, con cuidado de no hacerle daño y de no perder él mismo el equilibrio por el vaivén del tren.

—Gracias. —Murmuró ella en cuanto ambos estuvieron de pie. —En cuanto al pañuelo…

—No te preocupes, puedes quedártelo. —Le respondió antes de darle tiempo a terminar. La mujer estaba ya bastante nerviosa como para requerirle algo más.

Después de eso se quedaron en silencio, ambos en una esquina del vagón, agarrados a la misma barra y con un ambiente que se iba volviendo cada vez más incómodo. El inspector trataba desesperadamente de fijar su mirada en el resto de gente que había alrededor y de darle su propia privacidad a la mujer, quien parecía intentar hacer lo mismo… hasta que de pronto ella clavó su mirada en él y comenzó a escudriñarlo de arriba abajo.

Conan comenzó a sentirse observado y se puso nervioso, hasta que no fue capaz de aguantarlo más y bajó la mirada hacia ella.

—Esto… ¿necesita algo más? —Preguntó.

Ella se sorprendió y bajó la mirada, pero luego pareció pensárselo mejor y volvió a encararlo.

—Esto... es que te parecer a alguien que conocía… —Dijo finalmente, tras un momento de duda.

Eso sorprendió al muchacho, y por primera vez desde que había comenzado a hablar con ella, la miró directamente a los ojos. Al principio no la reconoció, la verdad, si no fuera porque ella misma se lo había mencionado, nunca se habría dado cuenta. Se había cortado el pelo, ahora tenía un flequillo recto y lo llevaba por encima de los hombros, también había cambiado mucho su forma de vestir e incluso su maquillaje en los ocho años que no la veía, pero sin lugar a dudas conocía a la mujer que tenía delante.

—¿Kazuha-neechan? —Murmuró con un hilo de voz.

Ella abrió mucho los ojos y entreabrió la boca.

—¡Así que después de todo eres tú, Conan-kun!

Ella lo agarró por el brazo y lo zarandeó emocionada de un lado para otro.

—¡Hay que ver cómo has crecido! —Gritó. —¿Cuántos años han pasado? ¿Cuándo volviste? ¿Ya te encontraste con Ran-chan? Debe estar encantada de tenerte otra vez en casa…

Conan trató una y otra vez de calmarla inútilmente. ¿Esta era la misma mujer que hacía unos instantes estaba encorvada en una esquina del vagón? Ahora parecía completamente recuperada.

—No esperaba encontrarme contigo. ¿Llevas mucho tiempo en Japón?

—Mmm… —Dudó un poco en responder. —Unas cuantas semanas.

—Ya veo… así que volviste hace poco. ¿Y Ran-chan?

—Eh… sí, me encontré con ella…

—¿En serio? Me alegro. Ella estaba bastante decaída cuando te marchaste y bueno… también pasó lo otro y… fueron demasiadas cosas al mismo tiempo.

Él asintió en silencio. Prefería no volver a sacar ese tema.

—¿Y tú, Kazuha-neechan, qué haces aquí? —Preguntó inocentemente, aun sabiendo que ella hacía años que se había mudado a Tokio.

—Ahora vivo aquí. —Confirmó ella. —Vine cuando acabamos el instituto. Estudie la universidad aquí, y encontré trabajo aquí… así que hace años que no vuelvo a Osaka.

No hacía falta que ella lo afirmase. La principal razón por la que no la había reconocido no fue precisamente por su apariencia, que también había cambiado mucho, sino porque ya no hablaba con su usual marcado acento. Se notaba a leguas que hacía años que vivía en Tokio, tanto que apenas quedaba rastro de su antigua forma de hablar.

—¿Ahora vas a casa, Conan-kun? —Preguntó de pronto, trayéndolo de nuevo al mundo real. —¿Sigues viviendo en la agencia?

—¿Qué? Ah, no —Tartamudeó. —Estoy viviendo… en la casa de los Kudo.

Kazuha se quedó callada un rato, sin saber muy bien que decir.

—Ah… ya veo… —Murmuró al final.

El ambiente volvió a tornarse un poco raro. Hasta que de pronto al inspector se le ocurrió una idea:

—Kazuha-neechan… ¿querrías venir a visitar a Ran-neechan? —Murmuró por lo bajo.

Ella lo miró sin comprender del todo.

—¿"Venir"? ¿A dónde? —Preguntó.

Conan tartamudeó un poco. La verdad es que había pensado que, con todo lo que Ran estaba pasando en aquel momento, quizá le venía bien una visita de alguien como Kazuha, que podría alegrarla y animarla. Sabía que podía confiar en ella, era una de las pocas personas de confianza que le quedaban a Ran, así que no tardó mucho en decidirse por ofrecerle. Ahora el problema era como explicarle que Ran estaba viviendo con él sin contarle nada sobre la organización.

—Bueno… digamos que… Ran-neechan está viviendo conmigo… y está pasando por un mal momento… —Dudó, pero al final se decidió por completar la frase. —Problemas con su trabajo. —Dijo, y no era del todo mentira, aunque tampoco era la verdad.

Kazuha le dirigió una mirada interrogante, pero al final lo dejó estar, soltó un resoplido y con una sonrisa asintió.

—Está bien. Hace mucho tiempo que no veo a Ran-chan.

...


GRAN REAPARICIÓN DE HATTORI! y por supuesto, acompañado de la aparición de Kazuha, no podría ser de otra manera mujejejej

¿Jonathan se está metiendo demasiado en asuntos que no le conciernen? Demasiado pesado? Bueno, es mi querido OC narrador testigo, así que le tengo algo de cariño... aunque siendo sincera hay veces en las que hasta yo me olvido de él y trato de meterlo en la historia con calzador (como en este Cap) XD

¡Encontraron los diseños de Sonoko! ¿Quién se había olvidado de ellos? (Sí, en efecto, yo lo hice, Geh-je)

¡Y con esto alcancé la actualización de la otra página! A partir de ahora subiré los capítulos a ambas cada vez que los tenga escritos (mes, dos meses... un siglo... ok no)

No vemos en el próximo capítulo. Dejen sus Reviews :3