Detective Conan pertenece a Gosho Aoyama
Capítulo 16: Seis años
...
Tardaron casi media hora en llegar a casa de los Kudo caminando, y todo porque Conan se confundió de estación y se bajó en una antes.
—Lo siento. —Murmuró con el orgullo herido. —Hace mucho que no venía a Tokio. Ya no me acordaba de que estación era.
Kazuha se echó a reír e hizo un gesto para quitarle importancia.
—No te preocupes, después de todo no es lejos.
Había dicho eso, pero ambos sabían que les esperaba por lo menos media hora de caminata.
En fin, para bien o para mal, lograron llegar a la casa estilo occidental antes del mediodía. Entraron por la gran verja y nada más dar un par de pasos en el jardín Takagi les salió al paso y saludó a Conan.
—Conan-kun, bienvenido. —Dijo mientras se inclinaba un poco y hacía una media reverencia.
Kazuha se lo quedó mirando, sorprendida, y al final acabó ahogando una pequeña risita.
— ¿Conan-kun, desde cuando tienes un mayordomo? —Le susurró mientras trataba de contener la risa.
Conan tartamudeó y se sobresaltó al escucharla, completamente avergonzado. Negó con la cabeza enérgicamente.
— ¡No es eso! —Levantó la voz, luego se dio cuenta de que no debía hacerlo y añadió casi susurrando. —¿Cómo demonios llegaste a esa conclusión?
Takagi, por su parte los miraba confundido sin enterarse de nada de la extraña conversación que estaba teniendo lugar un par de pasos más adelante del jardín.
—Conan-kun, ¿está mujer es?
—Ah, es Toyama Kazuha. —Se giró hacia el inspector. —Es una amiga de Ran. Me la encontré de casualidad y la invité a venir. Está bien, es de confianza. —Se aseguró a añadir cuando vio que el inspector estaba a punto de decir algo.
—Ah… comprendo. —Asintió.
—Cambiando de tema. ¿Quería decirme algo, Takagi-san?
—Si. Lo cierto es que también ha venido alguien… una… era una mujer… dijo ser amiga de Ran-san, y cuando le pregunté a ella dijo que estaba bien dejarla pasar…
— ¿Y quién es ella?— Conan frunció un poco el ceño. Por su parte, Kazuha mirada extrañada la escena, sin entender nada de nada.
—En realidad es Sonoko-san. —Respondió él atropelladamente al ver que el inspector del FBI fruncía el ceño. Al escucharlo el joven de gafas se tranquilizó un poco. —La conozco bien, sé que es buena amiga de Ran-san y no creo que suponga una amenaza. Le pregunté a ella solo para estar seguros y… también la revisé y comprobé que no llevara nada raro encima… como un micro, o un arma… Aunque a ella no le hizo mucha gracia eso. —Dijo bajando la cabeza.
Conan pegó un suspiro de alivio.
—Bien hecho. Es cierto que Sonoko no supone una amenaza para Ran. Son buenas amigas y nunca la traicionaría, pero hiciste bien. —Se acercó un poco a Takagi y susurró para evitar que Kazuha los escuchase. —Nunca sabemos por qué medios va a tratar la organización de atacar a Ran. No sería raro que tratasen de usar a sus conocidos.
El inspector de Tokio pareció relajarse un poco.
—Me alegro escucharlo decir eso. Por un momento temí que hubiera cometido un error al dejarla pasar…
Conan asintió con una sonrisa para quitarle importancia. Pero de pronto se dio cuenta de un detalle que había pasado por alto hasta ahora.
—Espera… ¿y cómo sabía Sonoko que Ran estaba aquí?
—Eh… en cuanto eso… parece ser que no lo sabía. En realidad ella no vino aquí a ver a Ran-san, sino a ti, Conan-kun.
— ¿A mí? —Se sorprendió.
—Sí. No me dijo sus razones, pero insistió en que quería verte. Al final acabó enterándose de que Ran-san estaba en casa y quiso pasar a verla porque no era capaz de contactar con ella… Siendo sincero, entiendo que debemos mantener a Ran-san a salvo, pero pensé que quizá estaría bien dejarla ver a sus amigas, y me pareció un poco cruel aislarla por completo… Lo siento si saqué conclusiones precipitadas.
Conan negó con la cabeza.
—No te preocupes, yo estaba pensando lo mismo. —Respondió. —Por eso he traído a Kazuha.
Takagi levantó la mirada y se encontró con la mujer, que permanecía parada un par de pasos más allá, mirándolos confusa.
—Comprendo. Entonces, Kazuha-san. —Dijo Takagi, dirigiéndose a ella. —Lo siento, pero debo chequearte antes de dejarte entrar… y… —Dudó. — Conan-kun, a ti también…
Conan asintió.
— ¿Chequearme? ¿Por qué, que está pasando?
—Esto… —Conan se giró hacia ella, tratando de inventarse una excusa, pero Takagi fue más rápido.
—Ran-san se ha metido en algunos problemas por culpa de su trabajo, así que queremos asegurarnos de que esté a salvo. —Dijo rápidamente.
Conan se sobresaltó al escucharlo admitir todo el problema tan rápido y se giró.
—Takagi-san, eso…
—Está bien, —Lo interrumpió. —Shiratori-san nos ordenó que dijésemos eso. Somos policías, después de todo. No es tan extraño que nos encontremos con algún que otro enemigo…
Conan se quedó con la palabra en la boca, bastante sorprendido por semejante respuesta. Y tenía razón. Él mismo era inspector del FBI y en más de una ocasión había estado en peligro. Por un momento, casi había llegado a olvidar que Ran, por muy indefensa y asustada que se viese ahora frente a la organización, era después de todo una detective de la policía metropolitana. Ya no era una niña, ni tampoco la jovencita que le temía a los fantasmas.
Por su parte, Kazuha había comenzado a alterarse un poco.
— ¿A salvo? —Preguntó con un hilo de voz. — ¿Ran está en peligro?
—No estamos seguros, —Continuó Takagi. –Pero mejor estar prevenidos. Por un tiempo, Ran-san va a estar viviendo en casa de los Kudo y bajo vigilancia. Así que, lo siento mucho, pero tengo que registrarte…
Kazuha no parecía muy convencida del todo, pero al final acabó asintiendo.
Fue justo en ese momento cuando escucharon el chirrido de la verja de entrada a su espada, y los tres se giraron a la vez. Conan no tuvo tiempo de reaccionar antes de que la sombra de un hombre se le abalanzase encima gritando algo que no llegó a escuchar, y le diese un abrazo.
Al principio se sobresaltó y trató de defenderse. Pero, espera, ¿abrazo? Lo siguiente que notó fue que conocía aquella voz, y de pronto las palabras que el hombre misterioso acaba de decir, que en un principio le resultaron ininteligibles, cobraron sentido.
—¡Kudooooo! —Repitió el idiota moreno mientras seguía entrujándolo.
— ¡Hattori, estás a punto de matarme! ¡Suéltame, maldito imbécil! —Gruñó mientras trataba de liberarse del agarre del otro. Y es que Hattori era bastante más alto que él, y también mayor físicamente, y más fuerte… y más idiota. — ¡Y no me llames así!
El detective del Oeste se separó de él lo miró sonriente mientras soltaba una estúpida risita de autosuficiencia que casi estuvo a punto de sacarlo de sus casillas. Estuvo a punto de gritarle algo más, hasta que una voz a su espalda lo interrumpió.
— ¿He… Heiji? —La voz de Kazuha sonaba entrecortada y miraba sorprendida al detective, como si hubiera visto un fantasma.
Hattori se giró sorprendido hacia ella y se la quedó mirando. Conan, que estaba en el medio de los dos, dio un par de pasos al lado y se apartó de sus miradas. Hattori entrecerró los ojos y clavó la mirada en ella, como un miope que no es capaz de ver qué tiene delante. Hasta que de pronto su expresión cambio de golpe: Entreabrió la boca y levantó las cejas, completamente sorprendido. Abrió mucho los ojos y comenzó a tartamudear, sin llegar a decir nada coherente.
— ¿Kazuha…? —Logro preguntar al final.
Ella se quedó también bloqueada, con una expresión perdida, sin ser capaz de apartar la mirada de él, y al mismo tiempo, demasiado nerviosa como para mirarlo directamente a los ojos. También parecía algo molesta, quizá porque su querido amigo de la infancia había tardado tanto en reconocerla.
Conan se guardó para sí una risa irónica, pensando que ni él mismo la había reconocido al principio.
Ambos estaban bloqueados en medio del jardín. Hattori volvió a entreabrir la boca, como si desease decir algo, pero a medio camino volvió a cerrarla y callarse, como si temiese hablar, o desconociese qué decir. Al final, él fue el primero en apartar la mirada y clavarla en el suelo.
—Ha paso mucho tiempo desde la última vez que te vi. —Dijo con tono elevado, tratando de parecer el mismo idiota de siempre, pero claramente tenso. —Has cambiado un montón. Casi no te reconocía… ¿qué clase de peinado es ese? —Soltó una risa floja casi forzada. —No te favorece.
Ella frunció el ceño y arrugó la nariz.
— ¡No eres nadie para decirlo! —Le respondió a gritos, lo que sorprendió tanto a Takagi (que continuaba mirando la escena en silencio y apartado de todos) y al detective del Oeste.
Por su parte, Conan ya se había llevado las manos a la cabeza y, en su mente, llamado idiota insensible tres veces a su amigo. "Por supuesto que se iba a enfadar si te comportas así" pensó.
—Solo estaba dando mi opinión. —Añadió Hattori con tono de reproche, pero Conan pudo notar como se mordía el labio inferior, señal de que se arrepentía de haber dicho nada. —De todas formas, me alegra ver que estás bien. —Cambió de tema, casi estratégicamente.
Kazuha se sorprendió al escuchar algo tan sincero salir de la boca de su estúpido amigo de la infancia. Asintió tímidamente.
—Mmm… yo también, supongo. —Murmuró. — ¿Cuánto ha pasado desde la última vez que nos vimos? —Preguntó bajando la cabeza, en un murmullo, casi como para recordárselo a sí misma más que por dirigirse a él.
—No sé… ¿seis años?
Hasta Conan se sorprendió al escuchar eso. A ver, Hattori siempre había sido muy lento, y él mismo le había dicho que su relación con Kazuha no iba precisamente bien, pero no se esperaba que fuera taaan mala. Es decir, seis años son muchos, muchísimos. Claro que nada podía decir él que se había escondido como un idiota durante ocho, pero aun así… sus circunstancias eran muy diferentes. Demasiado diferentes. O al menos eso quería pensar para no sentirse culpable. Porque, después de todo, mirando a Hattori y Kazuha discutir en medio de su jardín, solo era capaz de pensar en cuanto se parecían a él y a Ran. Y no pudo evitar preguntarse si, de no haber pasado nada, de no haber llegado a conocer nunca a la organización, no estarían igual que ellos. Igual de separados. Quizá, si no se hubiera convertido en Conan nunca hubiera llegado a conocer los sentimientos de Ran, quizá no hubiera encontrado el coraje suficiente como para declararse.
Bueno, no tenía sentido pensar esa clase de cosas llegados este punto. Había conocido a la organización, eso era un hecho que ya nunca podría cambiar. Se metió en algo que le venía grande y acabó perdiendo.
Mientras el joven inspector se perdía en sus pensamientos, los otros dos empezaron una disputa absurda sobre un tema que Conan lo logró entender (por supuesto iniciada por Hattori) que duró por lo menos diez minutos, hasta que el propio Conan los interrumpió, tratando de sonar lo más amable posible.
—Mejor entramos en casa en lugar de estar aquí parados, ¿no os parece? —Dijo mientras se interponía entre ambos para tratar de calmar las cosas.
Ambos lo miraron y al cabo de un rato asintieron.
—Entonces… —Intervino Takagi por primera vez desde la llegada del Joven de Osaka. —Kazuha-san… si no te importa quitarte el abrigo…
— ¿Quitarse el abrigo? —Intervino Hattori. — ¿Para qué? Kudo, ¿qué está pasando? Ahora que lo pienso, a mí tampoco me dejaron pasar antes. ¿A qué viene tanta seguridad?
Conan arrugó el ceño, soltó un gruñido, se giró, agarró a Hattori por el brazo y lo arrastró un par de pasos lejos de los otros dos, quienes lo miraban sin saber muy bien que hacer, confusos y algo avergonzados.
—A ver Hattori, para empezar ¿qué demonios haces aquí? ¿No te dije que fueras mañana a la comisaría? ¿Por qué estás en mi casa?
—Quería verte. —Dijo con tono de burla.
—No me vengas con esas. Ahora mismo no tengo tiempo para bromas.
—Wooo, pareces todavía más serio que cuando te encontré en New York hace un par de semanas, ¿qué demonios te ha pasado?
Conan le lanzó una mirada asesina y lo hizo callar.
—Han ocurrido muchas cosas. Te lo contaré con más detalle luego, pero de momento te basta con saber que no hemos averiguado nada nuevo y que Ran ha sido amenazada por la organización.
—Espera, ¿QUÉÉ? —Gritó sobresaltado. Conan lo hizo callar de un golpe y lo obligó a bajar la voz.
—Shhhh, no grites, idiota. Nadie puede enterarse de esto, ¿me oyes? Ni siquiera le he contado todo a la policía, así que quédate callado.
— ¿Ha sido por ti? —Hattori le lanzó una mirad seria e interrogante.
Conan se limitó a asentir en silencio y bajar la cabeza.
—Luego te cuento los detalles, pero mejor cuando estemos dentro de casa. Este no es un buen lugar para hablar de estas cosas.
Y por primera vez desde que había aparecido por la puerta, Hattori asintió seriamente y se quedó callado y obediente.
Aunque esa obediencia no duró mucho.
—Espera, Kudo. —Dijo cuando ambos ya habían comenzado a caminar de vuelta a donde estaban los otros dos.
— ¿Cuántas veces tengo que decirte que no me llames así? —Le reprendió el inspector mientras se giraba hacia él, solo para descubrir que su amigo estaba haciendo una cara de lo más rara y que miraba algún punto detrás de él con verdadera fijación.
—Entonces… ¿ese poli tendrá que revisarnos?
— ¿Eh? ¿A qué viene esa pregunta? ¿Acaso no es obvio?
— ¿A todos?
— ¿Pretendes escaparte? ¿No acabas de decir hace un rato que tampoco te dejó entrar antes?
—No me refiero a eso, Kudo. —Conan esto a punto de recriminarle por llámalo de nuevo por ese nombre, pero el moreno no le dejó ni abrir la boca. — ¡Estoy hablando de Kazuha!
Conan comprendió de pronto por donde iba el hilo de pensamientos de su amigo y tuvo que tragarse una carcajada.
—Sí, ¿por? —Preguntó, aun sabiendo la respuesta.
— ¿Cómo que por? Haz el favor de mirar allí. —Dijo señalando descaradamente a donde estaban los otros dos, quienes, por suerte, no parecieron notarlo. — ¡Es más que obvio el extraño ambiente que se está formando a su alrededor!
—Di lo que quieras, pero es su trabajo. Además, ¿de qué te estás quejando exactamente? No es como si le estuviéramos pidiendo que se quite la ropa, solo vamos a revisar sus bolsillos y comprobar que no lleve nada raro encima.
—Pero eso…
— ¿Pero eso qué?
—No está bien que lo haga un hombre. ¿No es mejor pedírselo a tu chica?
—Hattori, ¿tenemos que revisar a Kazuha precisamente para mantener a salvo a Ran y me estás pidiendo que la revise ella?
Conan estaba a punto de echarse a reír mientras veía al otro ir perdiendo poco a poco los estribos, hasta que finalmente Hattori gritó:
— ¡Simplemente no quiero que ningún otro la toque!
Nada más soltarlo, la cara de Hattori se puso de un rojo brillante que trató de disimular desesperadamente tapándose con las manos. Por su parte, Conan no pudo seguir aguantándose las ganas de reír y soltó un carcajada que solo consiguió que el otro se sintiese todavía más avergonzado.
—No me esperaba que llegaras a ser tan sincero. —Dijo entre risas. —Eso mismo que acabas de gritar a los cuatro vientos deberías decírselo a ella.
— ¡Cállate! Simplemente olvida lo que acabo de decir. ¡No te rías! ¿No era que no querías hacer ruido?
En parte Hattori tenía razón, pero verlo actuar de esa manera tan infantil pese a su apariencia de hombre adulto y serio era de lo más gracioso. Su amigo no había cambiado ni un poco, seguía con su orgullo metido entre ceja y ceja, y se empeñaba en reconocer sus sentimientos por Kazuha. Tal y como era hacía años. Tan inocente como siempre. Tan parecido a él.
Arrugó el ceño y dejó de reír. Hattori tenía razón. No era momento de bromear con sus problemas amorosos, ya tendrían tiempo de hacerlo si todo salía bien. De momento debían centrarse en la organización.
— ¿Quieres revisarla tú? —Le preguntó, esta vez diciéndolo en serio.
Hattori lo miró, serió también, e hizo una mueca. No le dio respuesta y salió corriendo en dirección a los otros dos.
Por su parte, Takagi y Kazuha apenas habían escuchado nada de su conversación (pese a lo mucho que Hattori había gritado), tan solo fragmentos sueltos que no tenían sentido por sí solos (por suerte para el moreno). Habían estado en silencio, con esa extraña atmósfera que Hattori había mencionado: Incomodidad y vergüenza.
—Kazuha. —La llamó el moreno en cuanto estuvo lo suficientemente cerca. —Yo me encargo de revisarte. Mejor que lo haga un amigo de la infancia que un desconocido.
Dijo, pero Conan, situado detrás de él, pudo notar que sus orejas estaban rojas como un tomate y amagó una sonrisa al notarlo.
Ella lo miró durante unos segundos, tiempo que el trató de mantener una extraña sonrisa forzada, tratando de que no se le notase el nerviosismo. Al final, Kazuha soltó un gruñido y le dio la espalda, girándose hacia Takagi.
—No gracias. —Dijo al final, provocando el detective del Oeste casi se callera de bruces al suelo.
— ¿Cómo qué no? Aun por encima que te ofrezco mi ayuda. ¡Estás más que tensa ahora mismo! Puedo saberlo con solo mirarte, así que no te sirve de nada negarlo.
— ¡Sonoko-chan también fue revisada por Takagi-san y no tuvo ningún problema! —Le espetó. Y era un argumento de peso, así que Hattori no debería haber tenido más remedio que callarse.
Pero todos sabemos que Hattori no es precisamente de los que atienden a razones, así que siguió insistiendo mientras se le acercaba, hasta que al final la agarró del brazo y tiró de ella hacia atrás, obligándola a girarse y mirarlo a los ojos.
— ¡Suéltame! —Intentó zafarse, pero él la agarró más fuerte, casi haciéndole daño.
— ¿¡Cuál es tu problema?! ¡Quiero ayudarte! ¿Por qué me odias tanto? ¿¡Acaso te hice algo!? Pues lo siento, vale. Sabes que soy idiota, ¡así que si hice algo para hacerte enfadar dímelo!
—Pues claro que eres un idiota, Heiji. ¡Intenta pensarlo por tu cuenta! —Le reprochó, y sin dudarlo ni un segundo lo agarró fuertemente, y utilizando una llave de Aikido lo tiró al suelo de espaldas.
Tanto Conan como Takagi escucharon el ruido sordo que hizo el cuerpo del joven al estrellarse contra la grava del camino, y ambos amagaron una mueca de dolor, como compadeciéndose de él.
El detective se quedó un rato tirado en el suelo, mascullando sinsentidos y quejándose del dolor de su espalda. Kazuha lo miró con el ceño fruncido y se giró enfadada y sin prestarle más atención hacía donde estaba Takagi. Pero el moreno parecía no haber tenido suficiente, porque todavía encontró la fuerza suficiente para ponerse de rodillas y probar un último intento por agarrarla.
Kazuha ya había dado el primer paso en dirección al policía cuando Conan notó que su amigo se estaba moviendo de nuevo, que se había enderezado y que acabó aferrándose a lo desesperado a la cintura de la joven. En serio, el inspector del FBI llegó a preguntarse qué tan desesperado estaba por "proteger" a su amiga. Aunque en seguida se dio cuenta de que, probablemente, tanto como lo estaría él en su misma situación, así que se limitó a no juzgar más al detective del Oeste y simplemente seguir mirando, empezando a exasperarse por la escena que estaban montando en el jardín justo cuando él quería pasar tan desapercibido.
En el momento en que Kazuha notó como los brazos de Hattori se cerraban alrededor de su cintura pegó un saltó del susto y soltó un chillido agudo, para después tratar de soltarse de su agarre.
— ¡Heiji, ¿qué demonios crees que estás haciendo?! ¡Suéltame! —Gritó mientras trataba de liberarse.
A Conan, la escena le habría resultado un tanto cómica de no ser por el ruido que estaba montando. Comenzó a alterarse un poco y estaba a punto de intervenir para hacer que se callasen cuando la paciencia de la joven se acabó y terminó por pegarle una patada a su amigo, una patada que él resistió con terquedad, negándose a soltarla.
No fue hasta ese momento que Conan se paró a pensar en lo desesperada que parecía Kazuha en aquel momento. Al principio, había interpretado la expresión de su rostro por vergüenza o incluso incomodidad. Pero ahora mismo, casi podría afirmar que estaba asustada. ¿Asustada de que Hattori la tocara? ¿Qué demonios había hecho ese imbécil para asustarla de esa manera?
— ¡Pero mira que eres terca! —Le gritó él de vuelta. —Simplemente déjame ayudarte, maldita sea.
—No necesito tu ayuda. ¡Suéltame!
— ¡Sí la necesitas! ¡No seas tan testaruda y simplemente admítelo!
—Déjame en… —Kazuha no pudo terminar de decir su frase, porque de pronto comenzó a sentirse mareada de nuevo.
Las fuerzas le flaquearon, le fallaron las rodillas y habría caído al suelo cuan alta era de no ser porque Hattori la estaba agarrando.
El detective se sorprendió en cuanto la vio precipitarse al suelo. Todo pasó tan rápido que apenas tuvo tiempo para pararse a pensar qué estaba haciendo, simplemente actuó por instinto. La agarró con cuidado y evitó que se golpease la cabeza.
— ¡Kazuha! ¿Qué te pasa? ¡Oye, ¿estás bien?! —Gritó preocupado.
Conan también reaccionó tarde, para cuando se dio cuenta de que Kazuha se había caído y no había sido Hattori quien la tiró, ella ya estaba acostada en el regazo del detective, y este ya estaba gritando su nombre preocupado.
Se acercó corriendo y se agachó a su lado. Comprobó su respiración y su pulsó, pero en seguida se dio cuenta de que simplemente se había mareado, y que ni siquiera había perdido la consciencia. Levantó la mirada y trató de tranquilizar a su compañero que se estaba poniendo cada vez más nervioso.
—¡Hey, Hattori, tranquilo! Solo está mareada, no la muevas tanto.
El otro pareció ir recuperando la capacidad de pensar con tranquilidad, se calmó y repitió las acciones que Conan acababa de hacer, solo para asegurarse de ello por sí mismo. Cuando terminó soltó un suspiro y apartó la mirada hacia otra parte, sin llegar a soltar la mano de la mujer, que había agarrado para medirle el pulso.
—Menudo susto me ha dado… —Murmuró y se pasó una mano por la frente.
Justo en ese momento, escucharon el ruido de una puerta al abrirse y los tres (Takagi incluido) se giraron hacia su procedencia. Descubrieron que la puerta de la casa estaba abierta y que en el umbral había un preocupado Jonathan que los miraba sin comprender nada. Tras él, intentando mirar por encima de su hombro y sin apenas conseguirlo, estaban Ran y Sonoko.
— ¿Inspector? —Preguntó el extranjero. — ¿Qué está pasado? ¿Qué son todos esos gritos? Llevamos escuchándolos un rato y Mouri-san estaba preocupada.
Conan casi había olvidado por completo la presencia de aquellos tres dentro de la casa. De hecho, casi se había olvidado de que se suponía que no debían montar problemas justo allí en un momento tan delicado. Soltó una maldición y se levantó.
—Solo ha sido un pequeño contratiempo. Nada de lo que preocuparse. Jonathan, por favor, cierra la puerta y espéranos con Ran dentro.
El aludido tardó un poco en reaccionar, y para cuando logró comprender lo que su inspector le estaba pidiendo, Ran ya había distinguido a la silueta de la mujer inconsciente que Hattori tenía en brazos y se asustó.
—¡Kazuha-chan! —Gritó y sin pensarlo ni un segundo más apartó el brazo que Jonathan que estaba cruzado delante suya, en un vano intento por impedirle pasar, y salió al exterior.
Conan la vio venir, o más bien anticipó sus movimientos, y para cuando Ran logró superar la muralla humana que suponía el detective extranjero, Conan ya había llegado casi al umbral, y la mujer solo tuvo tiempo de dar dos pasos más antes de que el inspector la interceptase.
—Conan-kun, déjame ir.
—Ran, Kazuha está bien, no tienes que preocuparte. —Le dijo, mientras la agarraba por la cintura y prácticamente la cargaba sobre su hombro cuan saco de patatas. —De momento vamos dentro. Estamos haciendo demasiado ruido. Esto se nos está yendo de las manos.
Y haciendo caso omiso de las quejas de la mujer que estaba cargando, dio los pasos que le faltaban hasta la puerta donde Jonathan y Sonoko lo miraban sorprendidos por lo que acababa de hacer.
A ver, básicamente acababa de agarrar a Ran con un mínimo de delicadeza y la había arrastrado dentro de casa. No era algo precisamente normal, y menos en él, por no hablar que desde hacía un rato había olvidado dirigirse a la mujer por el honorífico y había básicamente mandado a la porra todas las precauciones que se había asegurado muy mucho de cumplir en las últimas semanas.
—Hattori. —Dijo por encima del hombro justo antes de que Jonathan cerrase la puerta a sus espaldas. —Entrad en cuanto halláis acabado de revisaros.
No fue hasta un minuto después, cuando hubo dejado a la histérica Ran sentada en el sofá (o más bien la descargó sobre el sofá) que recordó que se suponía que él también debía ser revisado. Al final, soltó un largo suspiro, algo estresado por todos los altibajos que acababan de pasar en apenas dos minutos, y terminó por revisar (solo por si acaso) si tenía algún micro o GPS pegado en la ropa. Y no encontró nada.
Cuando volvió al salón encontró a todos allí dentro. Kazuha estaba tumbada en el sofá y Sonoko y Ran estaban a su alrededor, preocupadas. Jonathan se había quedado en la puerta del salón, vigilando todo desde la lejanía, tratando de enterarse de qué estaba pasando, y a Hattori lo habían mandado a la esquina contraria de la habitación con la amenaza de "si te acercas te las verás conmigo" de Ran.
(Takagi se quedó fuera de casa, mientras mascullaba: "Justo por esto dije que era mejor que Sato-san se encargase de vigilar a Ran-san").
Por su parte, el moreno no parecía tener mucho interés en acercarse. No, de hecho, parecía haber perdido absolutamente todo el interés en siquiera saber que tal estaba Kazuha. Permaneció quieto donde se había quedado, con las manos extendidas delante de él boca arriba y mirándolas fijamente, como si hubiera algo en ellas que no acabase de creerse.
Conan se acercó al grupo de mujeres en torno al sofá y le preguntó a Ran por el estado de Kazuha. Ella lo miró por un momento haciendo un puchero de mala leche y le giró la cabeza inmediatamente después.
Conan se quedó con la palabra en la boca, mirando hacia la nada y con un tic en la ceja. "Genial, ahora está enfadada conmigo" Pensó, captando las indirectas y marchándose del salón.
—Hattori, ven conmigo. —Lo llamó justo antes de cruzar la puerta.
El aludido tardó un poco en hacerle caso, pero al final obedeció y lo siguió. Jonathan hizo lo mismo varios segundos más tarde, cuando Ran le mandó otro mirada de advertencia. Y cerró la puerta al salir, dejándolas solas.
-o0o-
Conan y Hattori estuvieron reunidos en su habitación (es decir, la que ahora era la habitación de Conan ya que Ran le había robado la suya) durante más de una hora. Jonathan no sabía de qué hablaron, ya que su superior lo ordenó quedarse en la planta baja, sin entrar al salón pero sin perderlo de vista. En opinión de Jonathan, en realidad lo que quería Edogawa era librarse de él para poder hablar a solas con el detective que reconoció como la persona que fue a buscar al inspector a New York hacía semanas. Y no pudo evitar sentir una tremenda curiosidad por saber qué clase de información pensaban compartir con su amigo y que él, su subordinado y miembro del FBI, no tenía permitido conocer.
Al final no le quedó más remedio que resignarse y dejar su imaginación a volar, hasta que el teléfono móvil de su bolsillo comenzó a vibrar. Miró la pantalla y vio que se trataba de Jack, así que no dudó mucho en contestar. Habían pasado tantas cosas desde la última vez que habían hablado que necesitaba conversar con alguien normal por el momento. Nada de organizaciones ni vidas que corren peligro. Nada de japonés.
—Hola. —Habló en inglés.
La voz al otro lado de la línea se escuchó un poco cortada y retardada, algo normal entre llamadas a tanta distancia, y a lo que el detective ya se había acostumbrado en las últimas semanas.
—¡Jonathan! Hacía tiempo que no hablábamos ¿Qué tal por ahí?
Jonathan comenzó a hablar sobre temas trascendentales y de cosas que le habían pasado en Japón en los últimos días, pero intentó mantener el tema de la organización aparte, pese a lo mucho que Jack insistiese en que le contase algo.
—Venga ya, tío. Yo muerto del asco aquí tirado y tú ahí, luchando contra organizaciones oscuras. Al menos ten la decencia de contarme la parte emocionante.
Jonathan estuvo tentado de comentar que no había ninguna parte emocionante, solo miedo y muchos cabos sueltos que ni el inspector era capaz de unir, pero al final se lo pensó mejor y simplemente se limitó a responder: "Secreto profesional"
La llamada no duró mucho, más que nada porque Jonathan temía por la factura de la línea y se aseguró de cortar a Jack cuando ya llevaban media hora hablando.
—Lo siento, en serio, pero tengo que colgar.
—Mira que eres corto de palabras. Ten por seguro que cuando vuelvas te voy hacer escupir todo lo que sepas, aunque tenga que arrastrarse a un bar conmigo y obligarte a beber.
Jonathan se echó a reír e inmediatamente después colgó, dejando a su amigo con la palabra en la boca.
Después de eso y sin nada que hacer, el detective se sentó en una de las sillas de la cocina y se recostó sobre la mesa hasta que se quedó dormido.
-o0o-
Una hora más tarde, Conan y Hattori terminaron su conversación. El inspector del FBI ya le había puesto al día sobre todo lo que había pasado en las últimas semanas, desde la explosión del laboratorio, el Hackeo de la comisaría central, e incluso sobre las personas que se iban a hacer cargo de la investigación a partir de ahora.
—Así que… esa tal Sato está encargada de investigar la línea de ropa que envió ese mensaje de texto. —Comenzó a enumerar el detective del Oeste. —Takagi es el poli que encontramos en la entrada de tu casa, así que él será el encargado de supervisar a tu chica.
Conan asintió.
—Por si fuera poco también le has pedido a la policía que cuide de la mocosa científica.
—Asegúrate de que no te escuche llamarla así.
—Y… ¿Cómo se llamaba el poli que iba a estar a su cargo? —Continuó él, ignorando su comentario.
—Chiba. Él será el encargado de proteger e Haibara.
—¿Y va a estar bien?
—No te fíes de las apariencias. Además, es de más confianza que el resto de policías de Tokio.
—Supongo que en eso tienes razón… ¿Y entonces quien me queda?
—Shiratori-san es el inspector en jefe, así que se encargará de supervisarlos a todos. En cuanto al superintendente Mégure, él está más ocupado con el resto de su trabajo, así que no podemos pedirle mucho, pero nos ayudará con lo que pueda.
—Comprendo. ¿Y yo que hago?
—De momento nada. Todavía no hemos encontrado ninguna pista fiable, así que preferiría que te quedases cerca de momento.
El moreno asintió.
—¿Ya has descubierto la intención de la organización para hacer explotar la caldera? —Preguntó de pronto.
—Acerca de ese tema… estoy bastante perdido…
—Es cierto. Para empezar, no tiene mucho sentido. Si lo que querían era destruir las pruebas que escondía el cadáver, entonces ¿por qué una explosión? ¿Acaso no es demasiado ruidoso? Hay mil formas mejores de deshacerse de las pruebas.
—He pensado que quizá no querían destruirlas, sino que sabían que Haibara iba a intentar averiguar la verdad sobre eso e intentaron matarla.
—Pero según tú enviaron un mensaje para evitarlo. ¿Por qué tantos problemas por una simple mocosa? ¿Acaso no la dejaron en paz durante todos estos años? De haber querido matarla no hubiera sido mejor cuando todos pensábamos que estaban destruidos.
—Ahí tienes razón… Estoy tan perdido como tú. Para empezar, puestos a destruir el laboratorio, ¿por qué no poner una bomba? ¿Por qué trucar la caldera? Ese misterio es quizá el que más me molesta...
—¿En serio? Pues a mí no me parece tan importante. —Respondió Hattori mientras se encogía de hombros.
Conan se giró para mirarlo fijamente y se quedó pensativo.
—Quizá tengas razón… ¿le estaré dando demasiadas vueltas?
—Bueno, de momento centrémonos en lo que sabemos.
—No sabemos nada.
—No seas tan pesimista. A ver: sabemos que siguen vivos…
—Dios, vaya descubrimiento.
—Haz el favor de estarte callado. —Le reprochó. —A ver, continuo… ¿Dónde me había quedado? … ¿Ves, Kudo? Esto es culpa tuya.
—No trates de echarles la culpa a otros cuando es obvio que no tienes ni idea de que más decir.
—No, lo digo en serio. Sabemos que están vivos y que probablemente su objetivo sea distinto al de la organización de hace ocho años. De hecho, le llamamos "la organización" pero es posible que no tengan nada que ver con ellos…
—¿De qué estás hablando? —Preguntó, de pronto interesando en lo que el moreno estaba diciendo.
—¿No lo has pensado? Estás tan obcecado con la organización que olvidaste plantearte la opción de que no sean ellos para empezar. Es cierto que tienen el veneno ese, ¿pero su modus operandi no es demasiado diferente? Tú mismo lo dijiste: El fallo que tuvieron al dejar filtrar el APTX a un ciudadano normal, la caldera, el mensaje con los vestidos de novia… ¿es eso algo que haría la organización de hace ocho años?
Conan se lo quedó pensando un buen rato. Es cierto que lo del error con el APTX siempre le había parecido demasiado sospechoso como para ser cierto, así que quizá Hattori tenía razón.
—En mi opinión. —Continuó el moreno. —Creo que esta organización y la de hace ocho años no tienen mucho en común. Por supuesto, alguien se las tuvo que apañar para hacerles llegar el APTX, y probablemente ese mismo sea su líder actual o alguien cercano al líder. Además, los pseudónimos que usan son distintos: hace ocho años utilizaban nombres de licores, pero por lo que me has contado, el remitente del mensaje se llamaba "Back Silver"
—No creo que eso tenga mucho que ver.
—Pues yo creo que lo tiene, y bastante. Piénsalo: siendo tan parecidos a sus antecesores, con el mismo veneno y siguiendo sus pasos, no sería raro que tratases de alejarse de ellos cambiándose el distintivo por el que se reconocen. Es algo así como "Hemos pasado página, no nos comparéis con ellos"… ¿no te parece?
—Mmm… ¿entonces según tú han pasado de los licores a los colores?
—No necesariamente los colores… aunque no se me ocurre nada. Quizá cuando conozcamos otro nombre podamos establecer un mínimo común múltiplo…
—No me apetece esperar a conocer a otro miembro solo para que a ti te cuadren las cuentas. De todas formas, sean o no la organización, es un hecho que tienen el APTX y muy posiblemente terminado. He estado esperando todo este tiempo porque pasaron demasiadas cosas en las últimas semanas, pero sigo pensando que debemos ponernos en contacto con el FBI y contarle todo lo que está pasando. Llegados a este punto, no sé cuánto tardarán en comenzar a comercializar la droga, quiera dios que no lo hayan hecho ya.
—Lo que tú digas, pero mantén mi idea en mente.
Conan le limitó a asentir como respuesta.
—Y… a ver, ¿qué más sabemos?
—Ahora mismo estamos investigando la línea de ropa que envió el mensaje a Ran. Sato está al cargo de eso, pero todavía no me ha dado ningún informe, así que sigo esperando.
—Ajá. ¿Y los bomberos? ¿Dijeron algo interesante sobre la explosión?
—Nada salvo lo de la caldera.
—¿Cuántas personas murieron?
—Dos. Uno era un forense que trabajaba en el edificio, la otra era la mujer de la limpieza.
—Dentro de lo que cabe fueron pocas…
—Haibara mismo hubiera sido otra víctima si no llega a ser por el mensaje de Ran.
—Y eso nos lleva al siguiente misterio… ¿por qué tratar de matarla para luego salvarla?
—Eso mismo llevo preguntándome los últimos días. Y la respuesta a la que llegué es que están jugando con nosotros.
—Mmmm… podría tener sentido… o quizá simplemente se dieron cuenta en el último momento de que ella aún les podía ser útil.
—¿Para qué? Si ya han terminado la droga.
—Bueno, no necesariamente la han terminado… podríamos pensar que quizá la cambiaron e incluso mejoraron, pero de ahí a que la terminaran… yo que sé, quizá esa mocosa sea la única en el mundo capaz de terminar la droga y por eso decidieron mantenerla con vida.
—Supongamos que tienes razón, supongamos que hasta ahora no la consideraron una amenaza porque contaban con buenos científicos que perfectamente podían sustituirla, ¿entonces por qué decidieron matarla luego?
—¿Pero no te acabo de decir que cambiaron de idea?
—Es lo que estoy diciendo: Durante ocho años conocían su identidad y aun así la ignoraron, y ahora, cuando por error la droga se filtró a la sociedad, deciden matarla. Es obvio que Haibara supone un peligro para ellos.
—Pero luego se dieron cuenta de que, después de todo, la necesitaban, así que decidieron salvarla. Y pronto vendrán a por ella para que se les vuelva a unir… o algo así…
—¿Y por qué no vinieron cuando estaba herida por la explosión? ¿O antes de que le pusieran una escolta policial?
—¿Estarán esperando a la luna llena?
—No son vampiros.
—Los vampiros no necesitan la luna llena.
—Haz el favor de callarte.
—Yo me callo, pero tú reconoce que te has equivocado.
—Vale y ahora viene mi última pregunta. —Lo ignoró. —Si lo que querían en un principio era matar a Haibara cuando entrarse en el laboratorio, cambiasen o no de idea luego, ¿Cómo supieron que íbamos a ir ese día a esa hora?
De pronto los dos se quedaron en silencio.
—Es cierto… ¿cómo lo hicieron?
—Te lo estoy preguntando porque no lo sé.
—A ver… ¿Quiénes sabíais acerca de esa incursión en el laboratorio?
—Haibara, el profesor, Jonathan y yo.
—Ese Jonathan… —Comenzó a divagar, pero un carraspeo del otro lo detuvo.
—Él es de confianza. Ha trabajado muchos años bajo mi supervisión y sé que no nos traicionaría.
—¿Cómo puedes estar tan seguro?
—De la misma manera que aprendí a confiar en ti, Hattori. No creas que siempre fuiste tan de fiar, para empezar nunca te habría contado nada de esto si no te hubieras enterado por tus propios medios de mi identidad.
Y al otro no le quedó más remedio que callarse y asentir.
—Pero yo no me fio de él.
—Haz lo que te venga en gana.
—Es que si no, ¿Cómo explicas que la organización parezca conocer todos nuestros movimientos? No solo lo de la explosión, también, ¿por qué sabe que tú estás en Japón? ¿Por qué sabía que ibas a ser tú quien encontrara el mensaje cifrado en el anuncio de vestidos?
—Yo tampoco lo sé, pero lo averiguaré de alguna manera.
Hattori se quedó callado durante un minuto entero, mientras le daba vueltas a ese problema. Por otro lado, Conan se sentía bastante aliviado de haberle podido contar todo, y también de haber compartido deducciones. Últimamente había estado demasiado ocupado como para ponerse a pensar en todo ello en serio. Así que la opinión externa de Hattori ayudaba mucho.
—¿Y sobre el Hackeo? —Preguntó de pronto el moreno.
—Mmmm… sobre eso… los técnicos dijeron que no encontraron nada raro en el sistema, y yo supongo que, sea lo que fuera, tuvo acceso a la red a partir del anuncio de vestidos.
—Así que después de todo, todas nuestras pistas están en ese anuncio…
—La gran mayoría sí.
Hattori volvió a quedarse pensando un rato.
—Oye, Kudo… corrígeme si me equivoco…
—Sí, te equivocas de nombre. —Lo interrumpió.
—Vale. Corrígeme si me equivoco, —Continuó como si nada —¿No había estado la organización original implicada en el asesinato de un Hacker o un técnico informático o algo?
Conan se quedó callado un rato, intentando recordar de qué le estaba hablando su amigo, hasta que de pronto calló en la cuenta.
—¡Es cierto! ¡Era un diseñador de videojuegos! Estuve en la escena de su muerte y de hecho resolví el caso de asesinato. Tienes razón: la organización lo había contratado para que creara un programa informático, pero no tengo ni idea de qué era. Intenté tenderle una trampa a la organización, pero acabé fallando y pasando la noche metido en una taquilla de la estación… Me había olvidado de eso por completo…
—¿Y no crees que ese programa informático podría ser la causa del hackeo de la comisaría?
Ambos se quedaron en silencio durante un buen rato, uno dándoles vueltas a la pregunta, el otro a la espera de su respuesta.
—¿Y si… y quiero pensar que me equivoco… y si ese "algo" informático que le mandaron crear al diseñador de videojuegos fuese algo como el APTX?
—¿Cómo el APTX, a que te refieres?
—Quiero decir: el APTX es una droga mortal, destruye las células induciendo la apoptosis de estas, pero hay millones de venenos en el mundo que pueden matar a una persona y no cuesta tanto conseguirla. Pero lo que la hace especial es precisamente que no deja huellas: mata y no hay forma de detectarlo en un análisis, no al menos si no se sabe que buscar, parece todo una muerte de lo más natural. Imagina lo terrorífica que puede ser…
—Y estás diciendo que este programa es igual… Es decir: Hackea y tiene acceso a ordenadores que normalmente un Hacker no podría y por su fuera poco, es indetectable…
—Olvidas que probablemente también pueda… copiar y modificar datos sin que nos demos cuenta.
—¿Qué estas insinuando con eso?
Conan frunció el ceño y se mordió el labio inferior.
—Hattori, creo que ya sé cómo hizo la organización para obtener la información sobre el APTX…
—¿De qué estás hablando? ¿No se suponía que la única con esa información era la mocosa científica? Dijo que había memorizado la fórmula del veneno para que nadie lo pudiese copiar.
—Y eso probablemente sea cierto, pero… Haibara ha estado todos estos años trabajando en una cura para el APTX, ¿eso lo sabías, no? Pero es humanamente imposible hacer todo eso de memoria. Todos los datos de los análisis, las miles de muestras que fue tomando con los años, lo intentos fallidos por desarrollar un antídoto… obviamente tuvo que anotar todo eso en alguna parte, y ojalá me equivoque, pero… probablemente lo hizo en su ordenador…
—El mismo ordenador al que la organización ha tenido acceso durante estos ocho años… —Hattori continuó la frase que el otro dejó en el aire.
—Y que por culpa de ese programa informático nunca notamos.
-o0o-
La habitación se quedó en silencio durante varios minutos, durante los cuales, cada uno estuvo pensando en sus propia deducción, solo para llegar ambos a la conclusión de que definitivamente debían desconectar ese ordenador.
—Iré a buscar a Haibara. —Dijo Conan de pronto mientras se levantaba de la silla donde se había sentado. —A estas horas ya debería estar de vuelta en casa.
—Te acompaño. —Hattori se levantó también.
—No, quédate aquí. Revisa la casa.
—Ya hay un poli vigilando ahí fuera, ¿hace falta algo más?
—No necesito que vigiles a Ran, si no que revises mi red informática. Ni la organización se ha metido en el ordenador de Haibara, ¿quién te dice que no pueda hacer lo mismo con esta casa?
—No soy precisamente un Hacker.
—Pues apáñatelas como puedas. —Le soltó como ultimátum y salió corriendo de la habitación.
Hattori se quedó quieto en la habitación durante un buen rato, sin saber qué hacer. "Te estoy diciendo que no soy Hacker, ¿Cómo pretendes que arregle algo que para empezar no pudieron arreglar los técnicos de la policía?" Pensó mientras bajaba las escaleras.
Estaba a punto de soltar una maldición en voz alta cuando descubrió la silueta de Kudo parado un par de pasos más adelante, pegado a la puerta del salón, completamente quieto.
—Hey, Kudo, ¿A dónde han ido a parar tus prisas? —Le recriminó, pero él no le contestó, de hecho, ni siquiera se movió.
Extrañado, Hattori se le acercó y posó su mano en su hombro. Entonces el inspector del FBI pegó un brinco y se giró hacia él.
—¿Se puede saber qué te pasa?
Kudo se lo quedó mirando fijamente con una expresión de lo más extraña, casi parecía desconsolado, hasta que de pronto reaccionó.
—¿Qué haces aquí, Hattori? —Parecía nervioso, más de lo normal, o al menos nervioso por razones distintas al ordenador del laboratorio de la mocosa científica.
—¿Cómo que qué hago? ¿No dijiste que revisara la red? Tienes el router en el salón, ¿no? Estaba pensando en apagarlo y listo.
Algo en sus palabras parecieron sobresaltarlo todavía más, porque frunció el ceño y lo agarró por el brazo, tratando de arrastrarlo lejos de allí. Pero no tuvo tiempo ni a moverse dos pasos antes de que la voz de una de las tres mujeres que había dentro del salón llegara hasta donde estaban ellos y solucionara el misterio que se estaba desarrollando en la cabeza de Hattori.
—Entonces… Kazuha-chan, —Dijo la voz de Ran —¿Qué vas a hacer con el bebé?
Y hasta aquí el capítulo de hoy... ¿interesante? Con hattori de por medio las cosas cogen carrerilla, y empiezan a aparecer más misterios. También me sirvió para recapitular todos los cabos sueltos que fui reuniendo a lo largo de los capítulos. ¿Se entiende todo o lo hago muy enrevesado?
Por último: ¡Kahuza está embarazada! ¿Me pasé poniendo eso? Fue demasiado?
Dejen sus Reviews :3
