Después de tanto tiempo, por fin, traigo un nuevo capítulo. Espero que les guste :3

Detective Conan pertenece a Gosho Aoyama


Capítulo 17: Las cosas que el detective del Oeste nunca fue capaz de decir

...

—Hey, Hattori, ¿estás bien? —Preguntó preocupado.

Hattori se había quedado bloqueado al escuchar las palabras de Ran, miraba fijamente a la nada y con la boca abierta, con una frase a medio decir atascada en la garganta. Pero, a diferencia de lo que Conan se esperaba, Hattori reaccionó increíblemente rápido después de su primera impresión. Tardó un par de segundos en volver en sí, pero en cuanto lo hizo, sacudió la cabeza y tomó aire profundamente, e inmediatamente después ya había adoptado de nuevo su usual expresión y lo encaraba directamente.

—Kudo… ¿podrías hacer como que no hemos escuchado nada? —Preguntó por lo bajo, tratando de que no lo escuchasen al otro lado de la puerta y mirándolo fijamente a los ojos, con una extraña serenidad.

Conan se sorprendió, y entornó la mirada, escudriñándolo. Es cierto que Hattori volvía a ser, sorpresivamente, el de siempre, pero no había duda para sus ojos de detective que estaba algo nervioso. Apartó la mirada y la posó sobre el pomo de la puerta.

Kazuha estaba embarazada, eso estaba bastante claro, y teniendo en cuenta que no se habían visto en seis años, el niño definitivamente no era de Hattori. Entonces, ¿cómo podía estar tan tranquilo? ¿Cómo podía aparentar aquella indiferencia? Si fuera él definitivamente…

Dejó el hilo de sus pensamientos en el aire, porque de pronto se dio cuenta de que bajo ningún concepto debía terminar esa frase. O sería como tirar todos sus esfuerzos por ignorar lo que sentía por Ran. Ignorar…

—¿No es la primera vez que escuchas esto, ¿no es así? —Preguntó el inspector del FBI de pronto, sorprendiendo al otro, que todavía estaba mirándolo fijamente mientras trataba de no temblar.

—¿Por qué lo preguntas?

—No podrías estar tan tranquilo de lo contrario.

—Subestimas mis habilidades de actuación. Y para empezar no es como si me importase tanto.

—No me vengas con esas ahora. No después del numerito que montaste en mi jardín hace una hora. —Conan apartó la mirada del pomo de la puerta y volvió a clavarla en su amigo. —¿Cuándo te enteraste?

Hattori lo miró en silencio durante unos segundos, mientras fruncía el ceño y se mordía el labio interior. Al final pegó un suspiro y comenzó a hablar en susurros:

—No es como si lo supiera a ciencia cierta… era más bien una intuición. Cuando la agarré antes por la cintura… no me preguntes por qué, pero tuve esa premonición.

—¿Eso es todo? ¿Una premonición?

Hattori asintió.

—Menuda deducción más cutre. Pero bueno, que esté embarazada también explicaría sus mareos y náuseas, y también por qué se alteró tanto cuando la agarraste… supongo que no quería que te enterases, a no ser que le hayas hecho algo más… —Le lanzó una mirada recriminatoria.

—¡Yo no hice nada! —Levantó la voz y Conan le hizo un gesto con la mano para que se callase.

—Shh, no grites, idiota. O te escucharán. ¿Acaso quieres que Kazuha se entere de que la escuchamos a escondidas?

—No me des un sermón, ya lo sé. Para empezar, ¿tú no tenías prisa? ¿Qué haces todavía aquí?

Conan no había olvidado del todo lo del ordenador, pero ahora mismo estaba preocupado por su amigo.

—¿Si te dejo solo podrás entrar a ese salón como si nada y desenchufar el router?

—No hables como si fuera un niño pequeño.

—Sabes que no me refiero a eso.

—Estaré bien. —Sentenció, lo miró a los ojos y amagó una sonrisa. —He estado en situaciones peores. Solo tengo que entrar ahí, comportarme como un idiota igual que siempre, apagar el aparto ese y listo, ¿no? Es pan conmigo. Así que deja de preocuparte por cosas sin importancia y sal corriendo de una vez para que podamos patearle el culo a la organización de una vez por todas.

—¿No habíamos quedado en que no era la organización? —Preguntó con tono irónico. Hattori no estaba bien, se le notaba, pero él no era nadie para cuestionar sus actos, ya fueran de valentía, temeridad o cobardía, era el camino que él había elegido. Así que decidió no discutir más.

—¿Prefieres buscarle un nombre nuevo? Se me ocurren muchos.

—No gracias. —Soltó al tiempo que comenzaba a darse la vuelta para salir corriendo en dirección casa del profesor. —Te contactaré en cuanto sepa algo, así que estate pendiente del teléfono. —Dijo justo antes de cerrar la puerta de entrada.

Hattori se quedó solo en el pasillo frente al salón, mirando fijamente la puerta cerrada por que la Kudo acababa de marcharse.

"Bien, ¿y ahora qué?"

Dirigió la mirada hacia la puerta que tenía a su lado, la puerta del salón. Y tragó saliva. Por el amor de dios, acaba de usar toda su confianza para conseguir actuar genial frente a Kudo, ¿qué se supone que iba a hacer ahora? Si entraba como si nada en el salón definitivamente no iba a aguantarse quedarse quieto y callado. Definitivamente no sería capaz de mirar su cara.

"Kazuha está…" Pensó mientras volvía a levantar las manos delante de él. Es cierto que algo había intuido al tocarla, en eso no había mentido. Pero desde lo más profundo de su corazón había deseado equivocarse.

—… embarazada —Terminó la frase que su cabeza había dejado a medias.

Es cierto. Habían pasado seis años desde la última vez que la vio, y más desde la última vez que habían hablado en condiciones. Meses después de la supuesta muerte de Kudo, cuando terminaron el instituto, Kazuha se marchó de Osaka para ir a la universidad y estar junto a Ran. Pero él decidió quedarse. Si sólo esa vez hubiera escogido acompañarla, las cosas no serían de esa manera.

Pero se quedó en Osaka. Porque pensó que era lo que debía hacer. Él era y seguiría siendo el detective del Oeste, eso no debía cambiar, o al menos así lo sintió cuando se enteró de lo de Kudo. Aunque en el fondo eso solo había ido una excusa. Utilizar a Kudo como razón para quedarse en Osaka solo había sido un estúpido empeño, solo una forma de rendirse a sus miedos. En el fondo, la verdad era mucho más sencilla: simplemente tenía miedo de irse con Kazuha, miedo de descubrir qué demonios eran aquellos sentimientos que lo invadían cuando estaba con ella y le impedían pensar.

Se asustó de la persona en la que Kazuha podría convertirlo.

Se asustó al descubrir que él, Hattori Heiji, se estaba enamorando de su amiga de la infancia. Así que decidió alejarse de ella.

Sin embargo las cosas no cambiaron, sino al contrario, esos sentimientos se hicieron más perseverantes, más molestos. Trató de ignorarlos y tardo casi medio año en ir a visitar a Kazuha a Tokio, y cuando lo hizo no fue capaz de ser del todo sincero, de actuar como lo había hecho siempre. Las cosas se fueron volviendo complicadas, no solo por la lejanía o por sus horarios, sino porque simplemente habían dejado de ser capaces de comunicarse. Hattori tenía miedo a acercarse demasiado a Kazuha y dar un paso que le impidiese volver a Osaka. Con el tiempo sus visitas fueron disminuyendo, hasta llegar al punto de desaparecer por completo.

Habían pasado seis años desde la última vez que vio a Kazuha cara a cara y apenas la había reconocido. La joven que una vez fue su amiga de la infancia estaba metida en lo más hondo de aquella persona que estaba ahora en el salón, al otro lado de la puerta, y lo que miraba en ella ahora no era más que una mujer que había logrado encontrar un lugar en la vida. Un hogar al que regresar que ya no era Osaka, una identidad, una forma de hablar tan distinta a la suya… una persona a la que amar y junto a la que formar una familia que no era él.

Apretó los puños y tomó aire. Lo retuvo durante varios segundos y lo soltó todo, exhalando profundamente.

"¿A qué demonios estás esperando para apagar ese Router?" Se dijo mientras agarraba el picaporte de la puerta con decisión, y entraba.

-o0o-

Conan salió corriendo de su casa y cruzó a grandes pasos y dando tumbos la poca distancia que la separaban de la del profesor. Entró rápidamente por la puerta del jardín y lo atravesó sin siquiera recordar que supuestamente esa casa también estaba protegida por la policía.

El inspector Chiba le salió al paso, con la guardia en alto y el arma en las manos, pero la bajó en cuanto se dio cuenta de que era Conan.

Conan le explicó por encima, sin contarle nada sobre el virus de ordenador, que tenía prisa y necesitaba hablar con Haibara un momento, y tras permitir que el inspector lo registrase, entró en la casa, donde se encontró a un preocupado profesor sentado en la cocina y a Haibara a su lado.

—Shin… —El profesor lo miró sorprendido.

Conan lo hizo callar con un aspaviento rápido y un chasquido de lengua, que dejó a profesor bastante sorprendido. Luego negó con la cabeza y se llevó un dedo a los labios para indicarle que guardara silencio.

Se giró hacia Haibara y se le acercó en completo silencio, mientras ella lo miraba preocupada. Se puso a su lado y susurró por lo bajo en su oído.

—Tengo algo importante que discutir contigo.

Haibara se tensó y asintió con la cabeza.

—Necesito que me lleves a tu laboratorio.

Ella obedeció y bajaron juntos y en completo silencio las escaleras hacia el sótano, donde ella había montado su laboratorio improvisado.

Una vez dentro Conan se dirigió al ordenador y lo encendió.

—Hey, ¿qué estás haciendo? ¿Qué pasa? —Lo llamó Haibara.

Él la hizo callar y siguió inspeccionando el aparato. Por supuesto, no era ningún Hacker, ni tenía un amplio conocimiento sobre informática, pero sabía que aun si lo tuviera no iba a ser capaz de encontrar nada. No tardó ni un minuto en volver a cerrar todos los programas que había abierto y en apagar de nuevo el ordenador y desenchufarlo.

—Tengo algo que contarte… —Murmuró, todavía agachado bajo la mesa y con el cable del ordenador en la mano, recién arrancado del enchufe.

—Eso ya lo supongo. Déjate de tanto misterio y suéltalo.

—Creo que he averiguado como consiguió la organización la fórmula del APTX

Haibara se sobresaltó y se quedó momentáneamente sin respiración. Conan se levantó, dejando el cable sobre el suelo con cuidado. Ella se quedó mirando el ordenador, comprendiendo de golpe a donde quería llegar el inspector.

—Tienes que estar de broma…

—¿Recuerdas el informático que la organización chantajeó para que crease cierto programa? No tengo pruebas para demostrarlo, y no es más que una corazonada, pero creo que ese programa podría ser un virus fantasma. Igual que el APTX. Indetectable.

—No puede ser… —Murmuró la joven mientras se llevaba las manos a la cabeza. —No puede ser… entonces… yo… yo… tantos años trabajando… yo solo trataba de ayudar… quería pensar que todavía había forma de…

Haibara calló de rodillas al suelo mientras balbuceaba y enterraba sus manos entre su cabello. Conan la observó en silencio, sin saber muy bien qué hacer.

Debió suponer que Haibara se sentía en parte culpable por lo que le había pasado, después de todo, si ella no hubiera creado ese veneno, no estarían en esa situación. Por su parte, hacía muchos años que le había perdonado eso. De hecho, en realidad, nunca llegó a culparla. Pero para Haibara no era igual. Probablemente hace mucho que debió decirle que estaba bien, que podía dejar de sentirse culpable, pero él había escapado a Estados Unidos y había ignorado por completo sus sentimientos y temores. Así que ella había trabajado fervientemente por encontrar un cura, pese a que él ya se había dado por vencido. Al final, la muchacha había sido mucho más fuerte que él.

Pero por si fuera poco, había sido precisamente esa perseverancia la que le había dado la posibilidad a la organización de recuperarse. Así que ponía tratar de imaginarse como debía sentirse ella ahora mismo.

Al final, se agachó a su lado y le puso una mano en el hombro.

—Está bien. Haibara, yo nunca te culpé por nada. No tienes que preocuparte por ello. Ahora ya he apagado el ordenador, sin red es imposible que tengan acceso a la información.

—Pero…

—No hay peros que valgan. Por suerte, nos hemos dado cuenta de esto bastante pronto. Con suerte habremos frustrado uno o dos partes del plan de la organización.

—Aun así, el APTX…

—No importa. Los detendremos. Ahora Hattori también está aquí, sabes que es un idiota pero después de todo tiene tan buen instinto de detective como yo. La policía se encargará de protegerte, no tienes que preocuparte por nada más. No tienes que pensar en la organización, ni frustrarte por encontrar una cura. No tienes que sentirse culpable por nada. No hay cura, nunca la hubo, hace años que asumí eso. Te agradezco enormemente que hayas trabajado tan duro para ayudarme, pero ya está bien.

Haibara poco a poco comenzó a tranquilizarse y a volver a respirar con normalidad. Al cabo de un rato, el laboratorio se quedó completamente en silencio. Conan apartó su mano del hombro de la joven y se levantó. Luego le tendió la mano para ayudarla a levantarse, y ella lo miró un momento, indecisa. Finalmente, su expresión cambió por una sonrisa socarrona y se levantó por su propio pie.

—Puedo ponerme en pie sola. —Dijo, mirándolo a los ojos.

—Es bueno saberlo. —Le respondió él. —Ahora tenemos que ver qué hacemos con este ordenador.

—¿Por qué no solo dejarlo desenchufado?

—No creo que haga falta tenerlo apagado siempre que no lo conectes a la red. Para buscar por internet, utiliza el teléfono móvil. El software es distinto y no creo que el programa sea compatible con ambos formatos. Al menos, de momento serán más seguros.

Haibara asintió.

—De todas formas, de momento detendré mi investigación.

—Ya te he dicho que no hace falta que la reanudes.

—Da igual lo que tú digas. Al final es decisión mía.

—Ser tan terca no ayuda a nadie.

—Te ayuda a ti… Ayuda a Ran. —Dejó la frase en el aire, como insinuando que él debía decir algo a continuación. Pero Conan se quedó callado, con la mirada clavada en el suelo.

—Tengo que volver a mi casa. —Dijo al cabo de un rato, cambiando radicalmente el tema. —Hattori me está esperando… o al menos eso espero.

—Antes de nada, cuéntame qué tal va la investigación. ¿Qué sabes sobre el mensaje publicitario de los vestidos de novia?

—¿No acabo de decirte que te quedes fuera de esto? Saber esa clase de cosas solo te pondrá en peligro.

—Ya estoy en peligro. No creo que algo de información adicional vaya a cambiar mucho mi situación.

Conan no tuvo más remedio que darle la razón por lo bajo. Aunque nunca llegó a decirlo en voz alta.

—De ese mensaje no sabemos nada. —Comenzó a explicar, y al final acabó contándole todo lo que sabía, incluyendo las deducciones que él y Hattori acababan de sacar.

-o0o-

Una vez dentro del salón, recibió la mirada asesina y llena de reproches por parte de las tres mujeres, pero las ignoró y paseó la mirada en busca del router sin moverse del umbral.

—Hattori-kun, ¿Qué estás buscando? —Preguntó Ran en cuanto se dio cuenta de la arruga que había en el entrecejo del detective.

Él la ignoró y siguió escudriñando cada esquina del salón, tratando de no desviar la mirada hacia ellas, especialmente hacia Kazuha.

—¿Es posible… —Murmuró Kazuha con un hilo de voz. — que hayas escuchado nuestra conversación?

Ahí estaba, la pregunta decisiva. Hattori respiró profundamente y por primera vez apartó la mirada de las paredes del salón para mirarla directamente a ella. Es cierto que necesitaba encontrar ese Router, es cierto que ahora mismo no tenía tiempo para distracciones, pero la presencia de Kazuha dentro de aquella habitación era demasiado grande como para simplemente ignorarla, así que lo mejor de momento era afrontarla directamente. Afrontarla y fingir ignorancia, para luego poder seguir haciendo lo que se suponía que tenía que hacer. Como había sido siempre. Anteponiendo su trabajo ante Kazuha. Aunque la amase.

Tomó aire, la miró a los ojos y descubrió que estaban llorosos. Frunció el ceño. Apretó los puños.

—¿De qué estás hablando? —Logró preguntar, con voz seria, pausada, fingiendo que en verdad no pasaba nada, que en verdad no sabía nada.

Ella le mantuvo la mirada durante un rato más, hasta que finalmente negó con la cabeza y cerró los ojos.

—No es nada… —Murmuró cabizbaja.

Él se la quedó mirando un rato más, todavía tenso y con el ceño fruncido. ¿Había sido la respuesta correcta? ¿O acaso debía rectificar y decir la verdad? ¿Debía confesar que la había escuchado, que sabía que estaba embarazada? Para empezar, ¿por qué ella se empeñaba tanto en ocultarlo? No es como si fuera algo que pudiera esconder para siempre.

Pero no dijo nada. Apartó la mirada y volvió a deambular por el salón en busca del Router. Al final logró encontrarlo sobre un taburete, metido entre dos estanterías que hacían esquina. No se lo pensó mucho antes de desenchufarlo.

—Hattori-kun, llevo un buen rato preguntándomelo, pero… ¿qué estás haciendo? —Volvió a escuchar la voz de Ran.

—La conexión a internet no funcionaba bien, así que estoy viendo que le pasa. —Soltó mientras se giraba de nuevo hacia ellas y se sacudía las manos que habían quedado llenas de polvo tras tocar el aparato que debía llevar un par de años sin limpiarse.

Ran no preguntó nada más, simplemente asintió, sin llegar a comprender el problema del todo, y devolvió su atención a Kazuha. Él también lo hizo, casi por instinto, y se arrepintió de ello. Porque Kazuha había empezado a llorar, sin hacer ruido, pero llorando a lágrima viva.

Hattori se quedó bloqueado parado donde estaba. Ran se sobresaltó un poco y trató de calmar a su amiga inútilmente. Mientras Sonoko permanecía en silencio al lado de las dos, frotándole la espalda a su amiga.

—Kazuha-chan, tranquila, todo va a estar bien. —Le dijo Ran mientras cogía un pañuelo y le limpiaba las lágrimas de la cara. —Nos tienes a nosotras aquí.

El detective estaba bloqueado. Sentía como sus piernas se entumecían y se negaban a responder a su mente, que le pedía a gritos que saliese de aquella habitación antes de que llegase al límite, y no fuera capaz de contenerse más. Kazuha estaba embarazada, de eso no había duda, pero ¿no se suponía que eso debía ser algo por lo que estar contento? Ella iba a formar una familia con quien sea que hubiera elegido, tendría un futuro feliz junto a quien amaba. Así es como debería ser. De esa manera él podría respirar tranquilo al saber que ella había encontrado la felicidad. Entonces, ¿por qué demonios estaba su querida Kazuha llorando?

—¿Qué ha pasado? —Preguntó sin levantar la mirada, con voz ronca, rota, preocupada. —Acabas de preguntar si escuché vuestra conversación, ¿Qué se supone que debería haber escuchado? ¿Qué demonios ha pasado?

El salón se quedó en silencio. Tanto Ran como Sonoko bajaron la cabeza.

—Hey, Kazuha. —La llamó, casi susurrando, con una voz algo temblorosa. —¿De verdad no vas a decirme qué está pasando?

Ella bajó la mirada, se llevó las manos a la cabeza y la enterró entre sus brazos.

—Lo siento… —Murmuró lagrimeando. —Lo siento…

Él frunció el ceño y soltó un gruñido. Dio un paso al frente y alargó el brazo para tomar su mano, pero el grito de la mujer lo detuvo.

—¡No te acerques! —Soltó Kazuha, encogiéndose más en sí misma. —Por favor, no te acerques…

Hattori se sintió herido al ser rechazado de esa manera, así que soltó una maldición y actuando por impulso soltó fríamente:

—Está bien. Si no quieres contármelo no tienes por qué hacerlo. —Replicó, y con tres grandes pasos cruzó el salón y cerró la puerta tras de sí, dando un portazo.

La sala se quedó en silencio de nuevo, hasta que Ran habló.

—Kazuha-chan, ¿de verdad que no quieres contárselo a Hattori-kun? No creo que él se enfade ni nada por el estilo.

Ella negó con la cabeza.

—No quiero que lo sepa. Me da miedo lo que pueda pensar de mí.

—Hattori-kun no es la clase de persona que se dejaría influenciar por las apariencias. Tú deberías saberlo mejor que nadie, Kazuha-chan. Estoy segura de que él te comprendería.

—Aun así… para una mujer como yo… que fue abandonada por su propio novio al quedar embarazada… —Rompió a llorar. —¿Por qué siempre me equivoco a la hora de escoger a los hombres? —Balbuceó entre dientes. —¿Por qué no aprendo de los errores?

Ran la miró tristemente y la abrazó para consolarla. Kazuha-chan no quería contarle nada a su amigo de la infancia, y si ella lo había decidido así, nada podía hacer por cambiar su opinión. Pero aun así, todavía quería creer que Hattori-kun la aceptaría. Porque estaba bastante segura de que algo debía sentir por ella. No podría asegurar de que fuera amor romántico, pero sin lugar a dudas Kazuha era alguien importante para el detective del oeste. Y ahora mismo Kazuha necesitaba su ayuda.

Ran cerró los ojos y arropó a su amiga con la manta que siempre había sobre el sofá.

"Solo espero que Hattori-kun no la abandone también." Pensó.

-o0o-

El detective del Oeste cerró la puerta tras de sí con un golpe, y se quedó parado al otro lado respirando agitadamente. Al cabo de un rato logró calmarse y se giró de nuevo hacia la puerta, hizo el ademán de volver a asir el pomo y se detuvo a mitad de camino. Maldijo por lo bajo y comenzó a arrepentirse de haber explotado tan fácilmente.

—Maldita sea, Kazuha… —Murmuró mientras apretaba los dientes y trataba de apartar la mirada de la puerta. —¿Tan poco confiable soy?

Resopló, se pasó una mano por la frente y descubrió sorprendido que estaba sudando. ¿Qué demonios? ¡Ni que hubiera corrido una maratón! Solo había hablado un momento con Kazuha, pero se sentía realmente cansado… y tenía una idea más o menos de por qué.

"Hay que vez, Kudo." Pensó con tono irónico, "Creo que empiezo a entender por qué te marchaste a América sin decírselo a nadie".

Ahora entendía. Porque resulta que hablar con Kazuha como si no hubiera pasado nada, era realmente agotador. Ahora mismo, no tenía ni un poco de energía para ponerse a pensar de nuevo en la organización, pero Kudo no tardaría en volver a entrar por la puerta, probablemente más cansado que él y con un montón de trabajo que hacer.

"Un detective no puede ponerse a trabajar si no es capaz de sacar a cierta persona de su cabeza" Se recriminó, y trató por enésima vez de dejar de pensar en el rostro lloroso de Kazuha. "Se fuerte. Ahora mismo eso no es algo en lo que deberías estar pensando. Kudo está en la misma situación, ahora mismo necesitas ayudarlo. Él está peor que tú. Ha necesitado ayuda desde hace diez años."

Y así poco a poco fue capaz de tranquilizarse y volver a pensar con la cabeza fría. Pero aun así se alejó de la puerta del salón y acabó por entrar en la cocina, donde encontró al detective estadounidense recostado sobre la mesa, dormido.

"¿Cómo demonios es posible que siga dormido después del caos que se acaba de formar en la casa?" Pensó mientras se le acercaba.

Kudo había aparecido de la nada acompañado de aquel hombre. Puede que para todo el mundo resultase normal que el inspector del FBI tuviese un compañero o incluso un subordinado, pero para él, que sabía cuan cuidadoso era Kudo con la información relacionada con la organización y con él mismo, resultaba un verdadero misterio de por qué había elegido un detective tan poco productivo. Jonathan no era precisamente un genio, y aunque era avispado y sabía japonés, siempre seguía a Kudo como un perrito faldero y carecía por completo de la iniciativa que necesitaba todo buen investigador.

A sus ojos de detective con años de experiencia, aquel hombre, lejos de ayudar en algo relacionado con la organización, casi parecía como la cadena que retenía a Kudo a su vida en New York. Puede que el extranjero no lo hubiese notado, de hecho, es posible que ni el propio Kudo se hubiese dado cuenta de ello, pero ese hombre funcionaba como una alerta, tanto para el inspector del FBI como para el resto, de que él era ahora un miembro de la policía en Estados unidos y que ya nada tenía que ver con el mocoso que conocían. Y eso a Hattori le molestaba.

Él, Hattori Heiji, era la única persona que había visto a Kudo en américa desde que se fue, y todavía podía recordar sobrecogido la mirada que este le dirigió cuando se lo encontró en aquel despacho, y la frialdad con lo que lo trató. Cuando se lo volvió a encontrar aquella tarde, hace apenas un par de horas, Kudo ya no era la misma persona fría e inexpresiva que fue aquel día en New York, y probablemente eso era gracias a Mouri Ran.

Quisiera admitirlo o no, ella había vuelto a cambiarlo, y Hattori estaba tremendamente aliviado por ello. Porque, para bien o para mal, Kudo era su amigo y seguiría siéndolo.

Siempre se había odiado a sí mismo por no haber sido capaz de ir a buscarlo en ocho años. Al principio trato de convencerse de que si Kudo lo había elegido así, entonces quizá era la mejor opción. Pero con el tiempo, mientras su propia amistad con Kazuha iba desmoronándose y su corazón lo hacía con ella, fue comprendiendo que lo que habían hecho ambos no era otra cosa que huir, aun si las circunstancias de su amigo eran un poco más complicadas.

Pero cuando se dio cuenta de que había sido un error, ya era demasiado tarde. ¿Con qué cara iría a buscarlo ahora después de tantos años? Quizá él ya se había olvidado de ellos. Quizá ya había hecho una nueva vida y seguido adelante.

Fue por eso que cuando se enteró de la boda de Mouri no encontró la fuerza suficiente como para lanzarse en su busca. Porque, ¿y si él ya la había olvidado? Solo abriría una vieja herida que probablemente le costó mucho cerrar. Simplemente no era capaz de decirle nada.

Tiempo después llegó el caso de envenenamiento y todo comenzó a complicarse. La mocosa científica lo contactó y el nombre de la organización volvió a aparecer. Su primer impulso fue salir corriendo y agarrar su teléfono, dispuesto a llamar a Kudo inmediatamente. Pero de nuevo se detuvo. La organización era la que había arruinado su vida, si le decía que había vuelto sería como si todo volviese al principio.

Hattori tardó casi una semana en decidirse por decirle todo, pero no fue capaz de hacerlo por teléfono. Eligió ir a buscarlo personalmente, tal y como había planeado tantas veces aunque siempre se echara a atrás en el último momento. Decidió enfrentarse a un Kudo que no conocía cara a cara, porque así siempre le habían funcionado mejor las cosas.

Viajó a Estados Unidos y se encontró con un Kudo que, en efecto, le dio casi miedo. Se comportó como el típico idiota que solía ser y escudándose en la ironía logró contarle todos los problemas que había mantenido en secreto. Tal fue su sorpresa al descubrir que su amigo, lejos de superar todo lo relacionado a Mouri Ran, se había encerrado más en sí mismo y en su trabajo.

En aquel momento Kudo le había prometido que volvería y él se sintió algo aliviado al escucharlo, pero aun así no había logrado quitarse del todo de encima ese peso que había acumulado con los años, ese recordatorio de que en el pasado no había sido capaz de ayudarlo a pensar de todo lo que había fardado de su habilidad. En el pasado, él tan solo había podido verlo partir con el corazón roto y completamente solo a un mundo desconocido.

Era por eso que estaba tan empeñado en que esta vez, definitivamente, iba a ser de ayuda. Esta vez trabajaría junto a Kudo para detener a la nueva amenaza de la organización, y no iba a dejar que ese detective extranjero se metiera en su camino.

Además, Kudo decía que podía confiar en él, pero Hattori no las tenía todas consigo. Para empezar, alguien de la organización tenía que estar vigilándolos para enterarse de todos su planes, y no había lugar a dudas de que el sospechoso número uno era aquel extranjero.

Frunció el ceño y terminó de acercarse a donde estaba recostado. Su superior estaba trabajando como un loco de un lado para otro, preocupado por muchas cosas que no era capaz de contarle a nadie, entonces ¿qué había ese idiota tomándose una siesta?

—Oye —Lo llamó al tiempo que ponía una mano sobre su hombro y lo zarandeaba. —Despierta, tengo que hablar contigo.

"¿De confianza? No me hagas reír, Kudo. Lo siento, pero esa clase de cosas tengo que decidirlas por mi cuenta. Yo valoraré si este inútil es o no digno de mi confianza"

Apretó los dientes y agarró con más fuerza el hombro del detective que no se daba despertado. Como ese bastardo se atreviese a romper la confianza que ciegamente Kudo había depositado sobre él iba a destrozarlo.


Este Cap se centró especialmente en Hattori, tanto en sus sentimientos por Kazuha como su frustración al saber que no pudo ayudar a Kudo en el pasado. Hacía tiempo que me preguntaba como podría sentirse Hattori y por fin hoy he logrado escribirlo. ¿Qué les pareció?

En cuanto a Kazuha... me pareció interesante hacerlo de esta manera. De hecho, mucho antes de decidir si ella iba a estar embarazada o no, ya había tomado la decisión de meterla en una relación inestable.

Y Haibara... bueno, en el manga se dice poco ya que ella tiene un carácter bastante arrollador, pero supongo que en parte tendrá que sentirse culpable, y aquí más ya que llegó a hacerse muy amiga de Ran... Fue una escena corta porque no me apetecía realzar tanto esa relación de compañerismo y secretismo que tienen Conan y Haibara.

Y por último: Jonathan. ¿Tendrá razón Conan y será de confianza? ¿O las sospechas de Hattori serán acertadas y durante todo este tiempo era un espía?

En fin, en general ¿qué les pareció? Dejen sus comentarios :3

PD: Y así es como termino las notas finales y me doy cuenta de que los supuestos protagonistas de esta historia (Conan y Ran) no tuvieron apenas importancia en el capítulo