Tarde, mal y arrastro, pero aquí estoy de nuevo!
Este capítulo me costó lo mío escribirlo, y por si fuera poco se juntaron las vacaciones (Sí, vacaciones. ¿No os pasa que precisamente cuando tenéis más tiempo es cuando menos hacéis? ¿Soy la única rara?) En fin, la cuestión es que no tuve mi ordenador conmigo en todo el mes, así que me fue imposible actualizar antes. Lo siento mucho.
Como siempre: Detective Conan pertenece a Gosho Aoyama.
Capítulo 18: Los recuerdos de un violín y de una biblioteca
...
Conan entró de nuevo en su casa cuando ya era de noche. En la puerta se encontró a Takagi, el cual lo saludó cordialmente y trató de preguntarle a donde había ido corriendo tan desesperadamente, a lo que Conan respondió una simple y escueta explicación, tratando de no entrar en detalles más de lo debido para no asustar al policía y, especialmente, no tener que nombrar el APTX.
—Takagi-san, a partir de ahora yo me encargaré de hacer la vigilancia, puedes retirarte.
—¿Estás seguro, Conan-kun? Pareces cansado… —Preguntó dubitativo.
—Estoy bien. —Sentenció con voz seria.
El policía hizo una reverencia y tomándose al pie de la letra sus palabras, emprendió el camino hacia su coche, aparcado un par de calles más abajo.
Una vez se quedó solo en el jardín, Conan pudo permitirse soltar un suspiro y quedarse un rato mirando el cielo estrellado. Estaba estúpidamente cansado, en realidad. El problema con el ordenador de Haibara había logrado alterarlo más de lo que había querido mostrarle a la joven, no estaba muy seguro de qué hacer a continuación ni como encontrar la próxima pista. Tal y como había dicho Hattori, estaban completamente atascados. Y sin embargo, dentro de aquella casa había una persona muy preciada cuya vida dependía de su desempeño, y eso de alguna manera había comenzado a suponer una enorme carga sobre sus hombros. Pero no podía ceder ahora, continuaría cargando con ello hasta que todo terminase y lo hiciese de la mejor manera posible.
Volvió a bajar la mirada y la clavó en la puerta de entrada. En frente de él tenía otros problemas más inmediatos que la amenaza de la organización y que, en parte, lo asustaban más que esta. No estaba muy seguro de cómo enfrentarse a Ran, ni tampoco a Kazuha… ni siquiera estaba seguro de como mirar a Hattori, ni que decirle si este estaba deprimido. ¿Cómo es que habían llegado a aquella situación tan dramática? Se enfrentaban a una organización oscura, por favor. Las distracciones como aquellas no ayudaban. De hecho, Conan tardó más de la cuenta en volver a casa y se quedó hablando con Haibara sobre la organización porque temía lo que pudiese encontrarse al volver.
"Como un auténtico cobarde" Pensó. Luego se armó de valor y entró a la casa.
Al contrario de lo que se había esperado, lo recibieron las luces tanto del salón como de la cocina encendidas, y al cabo de un rato Jonathan apareció doblando la esquina de esta última y lo saludó.
—Inspector, bienvenido. ¿Ha solucionado todos los problemas?
Conan intuía que probablemente Hattori lo había puesto al corriente de lo que había pasado, pero como no podía saber a ciencia cierta qué era exactamente lo que el detective del Oeste le había contado, prefirió limitarse a asentir y continuar su camino hacia la cocina, donde se encontró con su amigo sentado en una silla y apuñalándolo con la mirada.
—Sí que te tomaste tu tiempo. —Le recriminó. —No habíamos quedado en que me llamarías en cuanto hubieras arreglado todo. Llevo unas cuantas horas esperando tu llamada.
De pronto Conan recordó haber dicho algo parecido e hizo una mueca que le dio a entender al otro que lo había olvidado por completo.
—Bueno, como veo que no me llamaste desesperado y gritando, quiero suponer que nada malo pasó y que, a parte de la información de la droga que hayan podido conseguir hasta ahora, no se enteraron de nada más grave.
—¿Droga? —Preguntó el extranjero de pronto.
Los otros dos dieron un brinco y se quedaron en silencio, titubeando.
—Nada importante. —Salió del pasó el inspector del FBI —Solo es algo que Haibara estaba desarrollando cuando formaba parte de la organización.
—Oye, Ku… —Hattori trató de advertir a su compañero de que no debía hablar más de la cuenta, pero el otro lo cortó antes de darle tiempo a decir su nombre y con ello comprometerlos todavía más.
—¿Recuerdas que te dije que Haibara era una científica, no? —Dijo, con tono elevado, tratando de ahogar las estúpidas palabras del detective mientras le lanzaba una mirada penetrante.
Al final Jonathan se limitó a asentir en silencio, aunque no pasó por alto las extrañas miradas que el extraño detective y su superior se estaban mandando, ni lo que fuera que le estuvieran ocultando.
—De todas formas, —Continuó Conan. —De momento he desenchufado el ordenador.
—Yo hace horas que apagué el router.
—También estuve hablando con Haibara para ponerla al corriente de todo. —Conan guardó silencio y le dirigió una mirada de soslayo al moreno, a ver si este decidía continuar el hilo de la conversación y contarle si había hablado algo con Kazuha o no, pero al parecer él no tenía planeado decir nada, así que simplemente suspiró agotado y se dejó caer en una silla a su lado. —Mañana por la mañana iremos a comisaría a ver si tienen algo nuevo que contarnos sobre la línea de ropa o la explosión. —Cambió de tema. Hattori asintió. —Tú también vienes, Jonathan, así que estate preparado
—Sí, señor. —Se acercó a la mesa, aunque no llegó a sentarse. Parecía algo inquieto.
—¿Qué pasa? —Preguntó Hattori bruscamente y de mala manera al verlo cambiar el peso de su cuerpo de una pierna a otra por enésima vez.
El aludido se sorprendió un poco con aquella pregunta tan directa, así que tartamudeó tardó unos segundos en responder.
—Esto… yo quería preguntar acerca del virus de ordenador…
—¿Qué le pasa? —Volvió a hablar Hattori, sin dejar que el inspector interviniese, pese a que sí se giró hacia su subordinado y tenía su mirada fija en él.
—Pues… si lograron infiltrarse en el ordenador de su amiga… ¿no podrían hacerlo también en los nuestros?
—Precisamente por eso apagamos el router de la casa. —Respuesta mordaz.
—Lo sé, pero…
—Pero, ¿qué? ¡Haz el favor de hablar claro!
—No lo presiones, Hattori. —Lo cortó el inspector. —Jonathan, ¿cuál es el problema?
—Yo… quizás me equivoque y no pase nada, pero… aunque apaguemos la wi-fi, el móvil todavía tiene la conexión inalámbrica y todavía está conectado a la red.
—¿Tienes miedo de que entren a los teléfonos móviles con ese virus?
—Sí. Quiero decir. Usted mismo ha sido muy cauteloso a la hora de tratar con los teléfonos y la información que digamos por ellos, pero si ese virus puede colarse en cualquier aparato electrónico sin que lo notemos, ¿no podrían estar escuchando ahora mismo nuestra conversación sin que nos enteremos? Llevo mi teléfono móvil encima ahora mismo.
—¿Tu teléfono personal? —Preguntó Conan frunciendo el ceño.
—No señor. Ese solo lo utilizo para llamadas personales a mi casa y ahora mismo lo tengo apagado. Me refiero al que me mandó comprar cuando llegamos a aquí...
—Entonces creo que estará bien.
—¿Por qué?
—Los teléfonos móviles que te mandé comprar, son desechables y tienen un sistema operativo muy simple. Apenas sirven para hacer llamadas y mandar mensajes. No creo que un virus de ordenador, acostumbrado a trabajar con un software relativamente desarrollado sea compatible en ellos.
—Así que por eso andas con esa patata como teléfono. —Intervino Hattori. —Estaba empezando a preguntarme si los años en Estados Unidos te habían hecho retroceder al pasado.
—No te hagas el gracioso, Hattori. Simplemente, es una técnica que me enseñaron hace años y que me pareció bastante prudente utilizar.
—¿Así que de alguna manera ya intuías que algo como esto podía pasar?
—Suponía que tratarían de averiguar por todos los medios posibles nuestros planes y, especialmente, qué tanto lográbamos averiguar de los suyos. Lo que no me esperé fue que apareciesen con un virus de ordenador tan potente.
—De momento todavía no sabemos siquiera si ese virus existe, son solo nuestras deducciones.
—Supongo que tienes razón, pero prefiero no correr riesgos. De momento, a partir de ahora asegúrate de llamarme a ese teléfono patata, como tú lo llamas, y de apagar el tuyo. También, nada de meter información importante en el ordenador.
Los dos le dieron un respuesta afirmativa, uno un poco más pasota que el otro, y luego el extranjero se despidió de los otros dos con la excusa de que estaba cansado y los dejó solos.
—Cansado dice… —Rosmó el detective del Oeste. —Si estuvo un buen rato tomándose una siesta en esta misma mesa…
—Déjalo estar, Hattori. Estás siendo demasiado estricto con él.
—No acaba de convencerme, Kudo. Podrás decir lo que quieras de que confías en él, pero yo tengo mis propios criterios.
Conan soltó un suspiro de resignación y se levantó de la silla.
—Hattori, ¿la luz del salón está encendida porque ellas siguen ahí?
—Hombre, supongo. Desde que entré ahí para apagar el router hasta que llegaste no me he movido de este sitio y ellas no han salido. Así que, no tengo ni idea de qué exactamente han estado haciendo durante todas estas horas, pero sin lugar a dudas no han salido de ahí. Después de todo, tengo la única puerta a la vista.
—Entiendo. —Hizo una pausa y volvió a mirar a su amigo. Esta vez ya no estaba Jonathan delante así que no lo dejó pasar. — ¿Y? ¿Hablaste con Kazuha?
Hattori no se sorprendió con la pregunta, pero sí apretó los labios y bajó la cabeza.
—¿Qué quieres que te diga? Sí, hablé… Pero como si no lo hubiera hecho, después de todo, no me dijo absolutamente nada.
Conan asintió, sin saber muy bien que decir a continuación. Frunció el ceño. Con todos los problemas que había causado, comenzaba a arrepentirse en traer a Kazuha hasta su casa. No quería sonar demasiado cruel, pero ahora mismo la vida de Ran estaba en peligro y no quería que nadie se involucrase más de la cuenta, y aunque se notaba que Kazuha necesitaba ayuda con aquel tema, él tampoco podía permitirse que toda la atención de Ran se desviara hacia ella y olvidase la amenaza que se les venía encima.
—Voy a ir a hablar con ellas. —Dijo al cabo de un rato.
—No le menciones nada sobre lo que escuchamos.
—Ya lo sé. No soy tan insensible.
…
Dentro del salón se encontró a las tres mujeres totalmente entretenidas mirando algo que Sonoko tenía sobre el regazo. La atmósfera de tristeza y pesadumbre que había cuando Conan dejó aquella habitación hacía un par de horas había desaparecido por completo, y al mirar el rostro sonriente de las tres mujeres casi parecía mentira que algo como lo que Hattori vio cuando entró a apagar el Router hubiera pasado.
El "algo" en cuestión que contemplaban con tanto interés era una especie de álbum de fotos, o al menos eso es lo que le pareció a Conan cuando entró y se quedó clavado en el salón, esperando a que ellas se diesen cuenta de su presencia.
Inmediatamente, y contrario a lo que ambos se esperaban, Sonoko levantó la mirada del álbum y se dirigió sonriente al inspector del FBI.
—¡Ah! Mocoso, acércate, tengo algo que quiero enseñarte.
Conan se acercó, curioso por saber qué demonios sería aquello que había logrado calmarlas. Se sorprendió al descubrir que lo que le había parecido un álbum de fotos era, en realidad, una carpeta de forros plásticos lleno de lo que parecían ser diseños de ropa. Conan se sorprendió y soltó una exclamación mientras levantaba la mano y señalaba la carpeta con las cejas levantadas.
—¿Son…? —Trató de preguntar.
—Los diseños que había perdido. —Terminó Sonoko con una sonrisa complaciente. —Me los trajeron hoy a mí oficina. Todavía no acabo de creérmelo, han pasado semanas desde que los perdí y pensé que nunca los recuperaría. Están un poco deteriorados, pero todavía me sirven.
Conan se contuvo de contarle que en realidad ya sabía todo eso, pues se lo había dicho el inspector Hasegara. En lugar de eso, mostró una sonrisa alegre mientras ojeaba la carpeta. La verdad es que no tenía muchos conocimientos sobre ropa, lo poco que sabía era lo que le había escuchado decir a su madre de pasada, y lo que Haibara soltaba de vez en cuando sobre marcas caras de accesorios y demás. Dejando eso de lado, para él, aquellos diseños no eran más que un montón de dibujos con indicaciones sobre el material y tonalidades que no acababa de comprender del todo.
Pese a eso, hubo uno que le llamo especial atención. No podría estar seguro de porqué, pero al girar la página y encontrarse con ese sencillo abrigo azul marino no pudo evitar pensar lo bien que le quedaría a Ran. Y al segundo de pensar eso tuvo que reunir todas sus fuerzas para evitar sonrojarse y mostrar una sonrisa bobalicona.
El abrigo en cuestión no era nada del otro mundo. Era básico, de tela impermeable azul marina y con un forro interior blanco con rallas horizontales del mismo color que el exterior. En las mangas el forro estaba doblado hacia fuera, de forma que los puños quedaban decorados del mismo color que este, dándole a todo el abrigo un toque marinero que de alguna manera parecía inspirado en los uniformes escolares.
—Ah, tienes buen ojo, mocoso. —De repente, la voz de Sonoko lo sacó de sus pensamientos. Conan se había quedado embobado mirando el dibujo, casi olvidándose de lo que sucedía a su alrededor. —De todos mis diseños, ese es el que más me gustó. Supuestamente iba a ser el que abriera la nueva campaña publicitaria, y de hecho Ami ya había empezado a…
De pronto Sonoko se quedó trabada a media frase por decir, al darse cuenta de que acababa de mencionar a esa misma amiga que apenas unas semanas antes la había traicionado. Bajó la cabeza y trató de cambiar de tema, en lo cual Ran decidió ayudarle.
—Sonoko vino hoy aquí para agradecerte tu ayuda, Conan-kun.
—¿Ayuda? ¿En qué?
—¡Es cierto! —La aludida pareció recuperarse del bajón de golpe y volvió a levantar la voz alegremente. —Escuché que fuiste tú quien le pidió a la policía que siguiesen buscando los documentos. Muchas gracias, mocoso.
"Bueno, en realidad… no fue tanto gracias a mí sino al inspector Hasegara, que continuó buscando arduamente durante semanas…" Pensó con un deje de ironía, aunque prefirió no interrumpirla.
…
Después de eso, Sonoko continuó hablando y enseñando sus diseños, hasta que en algún momento se dio cuenta de lo tarde que era y decidió que ya era momento de marcharse a casa. Se despidió con un abrazo efusivo de Ran y Kazuha y salió corriendo por la puerta.
De pronto, el salón se quedó en silencio, hasta que Conan decidió romperlo.
—Kazuha-chan, ya es tarde, así que si quieres puedes quedarte aquí. —La miró fijamente y pudo notar que en cierta manera estaba aliviada de escuchar eso.
—No hace falta... —Trató de decir, aunque a leguas se le notaba que en realidad no quería marcharse. —Sonoko-chan también se ha marchado así que yo…
—Sonoko vive cerca de aquí, pero tu casa aún queda a un par de paradas de distancia y ahora mismo los trenes ya no están funcionando. —Intervino Ran. —Kazuha-chan, puedes dormir conmigo, la cama es lo suficientemente grande para las dos.
Ella no lo dudó mucho más y al cabo de un rato acabó asintiendo y se dejó acompañar por Ran hacia el exterior del salón.
—Conan-kun, voy a acompañar a Kazuha-chan hasta la habitación… —Dijo y justo antes de salir por la puerta le lanzó una última mirada a Hattori.
Conan notó el brillo de súplica en los ojos de la policía, pero no supo muy bien cómo interpretarlo, así que se limitó a asentir y observar como ambas retomaban en camino hacia el piso superior.
—Bueno, Hattori, yo también estoy agotado, así que nos vemos mañana.
—Hey, espera Kudo. ¿Y a mí no me vas a ofrecer una habitación para quedarme? Yo también tendría que coger un tren para llegar hasta mi hotel.
—Pues como no duermas en este sofá… —Dijo mientras lo señalaba con un movimiento de cabeza.
—¿Y por qué tengo que dormir en esta basura de sofá? —Se quejó inmediatamente el aludido.
—No importa como lo mires, Hattori. Esta casa tampoco es que sea enorme, y ya tengo a dos invitados aquí. No me importa que Kazuha duerma en la misma habitación que Ran, pero tú definitivamente no vas a dormir conmigo. Para empezar, la cama no es lo suficientemente grande y tampoco me hace especial ilusión tener que compartirla con otro hombre. Así que, o duermes en el sofá del salón o te largas. Tú decides.
Ante esas palabras, al detective del Oeste no le quedó más remedio que rendirse y cerrar la boca. Soltó una maldición y apuñaló con la mirada a su amigo, el cual le devolvió una expresión indiferente y en cierta manera cínica que parecía decir "fuera de mi casa" a voz en grito.
—¿Y si decido quedarme en tu salón, entonces qué?
—¿No acabas de decir que te niegas a usar esta "basura de sofá? —Preguntó con tono irónico, enfatizando las últimas palabras.
Al final Hattori acabó rindiéndose y con un resoplido soltó:
—¿Entonces nos vemos mañana en la comisaría?
—Ohhh… te has rendido más rápido de lo que esperaba. —Se burló.
—¡Cállate!
-o0o-
Despertó en medio de la noche, sudando y alterado. Acaba de tener una pesadilla, de esas que hacía tiempo que no tenía. Maldita sea, justo cuando comenzaba a pensar que por fin había superado esa etapa, ahí estaba de nuevo. Por enésima vez se vio a sí mismo enfrentando a esa organización oscura que tantas veces había aparecido en sus sueños hacía años, y que en los últimos tiempos había conseguido retener. Bueno, no era de extrañar que las pesadillas volviesen en aquella situación. No era raro para nada. Después de todo, allí lo estaba, de nuevo en el país al que creyó que no volvería nunca. Cerró los ojos, y de nuevo la imagen de Ran muerta a sus pies se materializó en la oscuridad de sus párpados, la misma imagen que lo había perseguido en sueños durante sus primeros dos años como Edogawa Conan. Se estremeció, sacudió la cabeza y trató de pensar en otra cosa.
"Eso no pasará. No voy a dejar que pase" Se dijo a si mismo, mientras apartaba de golpe las sábanas y saltaba fuera de la cama. "Ran está a salvo en la habitación del al lado. Exactamente igual que hace años, igual a cuando vivíamos juntos en casa del tío" La única diferencia es que ahora no estaban los ronquidos de Mouri para despertarlo de sus pesadillas.
Conan volvió a sacudir la cabeza, tratando de despejar sus ideas y sobre todo de apartar aquella sangrienta escena de su mente. Es cierto, ya no estaban en la agencia de detectives, Ran estaba en su casa, tenía 27 años, era una adulta y estaba a punto de casarse. Merecía ser feliz, maldita sea, y juraba que definitivamente iba a protegerla; dejando sus sentimientos a parte.
Salió de la habitación dando tumbos y se dirigió hacia el baño. Se lavó la cara con agua fría, en un vano intento por refrescarse las ideas. Lo consiguió a medias. ¿A qué venía esta repentina sensación de desasosiego? Debía permanecer alerta y calmado. ¿Cómo pretendía manejar todo el asunto si no? Había dejado Estados Unidos sin pensárselo mucho, casi por impulso, pero ahora estaba allí y era, entre todas las personas al cargo del caso, el que mayor experiencia tenía tratando con la organización. Incluso si Hattori tenía razón, y no era el mismo grupo, o no tenía nada que ver con él, seguía siendo quien debía plantarles cara. O al menos así lo pensaba.
Recordó las expresiones de incertidumbre pintadas en los rostros de los pocos inspectores que todavía habían quedado a cargo del caso. Jamás pensó que tendría que involucrarlos en algo tan peligroso como eso. En parte se sentía un poco culpable por haber arrastrado a Takagi-san y el resto a todo aquello. Empezó a desear no haberles contado nada, y sobre todo, deseó no haberle contado nada a Ran. Porque justo cuando ella había decidido ser feliz y casarse con alguien, precisamente en ese momento había tenido que aparecer él para recordarle quien había matado a su primer amor.
Conan se quedó parado en mitad del pasillo. No le apetecía ni un poco volver a entrar en la habitación, y mucho menos le apetecía dormir. Haciendo eso solo conseguiría tener otra pesadilla. Al final, se rindió y acabó por bajar las escaleras hacia la cocina, y sorpresivamente descubrió que las luces de la biblioteca estaban encendidas.
Su instinto de detective se activó de golpe y sigilosamente cerró la distancia que lo separaba del umbral. La puerta estaba abierta, medio entornada y la luz del interior de la habitación se filtraba hacia fuera. Con cuidado se asomó en el interior pero no encontró a nadie, frunció el ceño y poniéndose en guardia entró lentamente.
No le hizo falta dar muchos más pasos para conseguir distinguir a lo lejos la figura de Ran. Soltó un suspiro de alivio y bajó la guardia.
La mujer estaba completamente concentrada en algo que sostenía en sus manos, que al cabo de un rato Conan identificó como el estuche del violín de Shinichi (o sea, su violín). Eso lo sorprendió en cierta manera. Hace ocho años estaba bastante seguro de que les había dicho a sus padres que no lo quería y que lo tirasen. En su vano intento por dejar atrás todo lo que era, había tratado de deshacerse incluso de esos elementos que había copiado de su admirado Holmes. Tal parece que sus padres habían hecho oídos sordos a sus peticiones y guardado el violín.
Ran miraba el instrumento intensamente mientras apretaba el estuche entre sus brazos. Casi parecía a punto de llorar, aunque sus ojos estuviesen irónicamente secos. Conan dudó entre si debía interrumpir ese momento, pues el ambiente alrededor de la mujer comenzaba a volverse un poco cargado de melancolía. La observó en silencio durante un rato, observando detenidamente esa mirada tan intensa y cargada de sentimientos que ella lanzaba a ese instrumento que tantas veces "él" había tocado para ella, y no pudo evitar una opresión en su pecho.
"Merecía ser feliz, maldita sea, y juraba que definitivamente iba a protegerla; dejando sus sentimientos a parte." Había decidido hacía apenas unos minutos. No debía cambiar eso. No debía.
Tuvo que reprimirse para evitar cruzar la distancia que los separaba, arrebatarle el estuche de las manos y rodearla por completo en sus brazos.
"No es a mí a quien mira." Se dijo, mientras apretaba los puños y carraspeaba.
De golpe Ran pareció notar su presencia, se sobresaltó y apartó la mirada del violín para dirigirla asustada y sorprendida hacia él. El ambiente a su alrededor desapareció de pronto y por el susto estuvo a punto de dejar caer el estuche. Logró interceptarlo a tiempo, pero en el intento perdió el equilibrio y acabo cayendo al suelo.
Durante todo ese tiempo Conan se quedó quieto y observando detenidamente sus movimientos, sin ser capaz de retener una risita sorda.
—Dios, Conan-kun, eras tú. Me has pegado un susto de muerte. —Murmuró ella mientras trataba de ponerse en pie.
El otro se apresuró y cruzó la distancia que los separaba en cuestión de segundos y le tendió una mano para ayudarla a ponerse de pie. Ran murmuró un casi insonoro "gracias" y le mostró una sonrisa cansada y algo forzada mientras se enderezaba.
Fijándose mejor, tenía ojeras y los ojos rojos por haber estado llorando, aunque Conan no podía estar seguro de si ya los tenía así cuando se fueron a dormir y eran por causa de lo de Kazuha, o si era reciente. Instintivamente levantó una mano y acarició su mejilla, pasando el pulgar por encima de las bolsas oscuras que se habían formado bajo sus ojos. Parecía tan cansada y débil bajo su mano que sus ganas de abrazarla volvieron a aparecer.
—¿Conan…-kun? —Pregunto dubitativa mientras lo miraba interrogante. Él se dio cuenta de lo cerca que estaban y retiró la mano algo más bruscamente de lo que le hubiera gustado.
—¿No podías dormir? —Preguntó, tratando de cambiar el tema mientras aparaba la mirada, daba un disimulado paso a atrás y la fijaba en las estanterías de libros.
—Algo así… —Murmuró con voz baja. —He tenido una pesadilla… y no quería despertar a Kazuha-chan, así que dejé la habitación… no sabía muy bien hacia dónde ir, pero antes de que me diera cuenta ya estaba aquí. Este lugar me relaja, así que me alegro de haber venido.
Conan asintió por lo bajo y bajó su atención hacia en violín. Ran todavía lo tenía firmemente sujeto contra su pecho, y no parecía tener intención de soltarlo pronto. Inconscientemente frunció el ceño.
—Soñé con Shinichi. Hacía años que no lo hacía, pero no sé por qué hoy volví a soñar con él. Quizá es porque he escuchado mucho su nombre en los últimos días. Hacía años que nadie lo nombraba en voz alta, así que probablemente sea eso, ¿no crees? Si no, ¿Por qué soñaría yo con alguien que supuestamente ya debí olvidar hace tiempo? —Su voz se tornó ahogada y a punto de estallar en lágrimas. Sus ojos se cristalizaron, aunque luchó por evitarlo. Mirarla perder la compostura por "él" de nuevo lo hizo hundirse un poco más en el reciente estrés que había aparecido en su cabeza.
"¿En qué demonios estás pensando, maldito idiota? ¿Qué es esto? ¿Acaso son celos? ¿Celos de quién? ¿De mí mismo? ¡No me hagas reír!"
—Ahora que lo pienso, Conan-kun, aquí también fue donde nos conocimos por primera vez.
Eso lo sorprendió tremendamente. Abrió muchos los ojos y levantó la mirada, clavándola en el rostro de Ran, el cual lucía una sonrisa dulce y calmada.
"Una sonrisa sincera y alegre como las de hacía años" pensó, sin ser capaz de apartar la mirada de sus labios. "Y esta me pertenece… solo a mí… solo a Conan"
—Me acuerdo perfectamente. Yo estaba buscando a Shinichi, y te encontré. Estabas con el Profesor Agasa. En ese momento no eras más que un pequeño mocos de siete años que corrió a esconderse tímidamente tras el escritorio nada más verme. —Mientras decía eso soltó una pequeña risita que lo hizo sentirse un poco avergonzado. En realidad, no es que hubiera escapado de ella por timidez... pero claro, eso no podía decírselo. —Cada vez que lo pienso me sorprendo al ver lo mucho que has crecido, y sobre todo me sorprendo al ver cómo te desenvuelves con tanta facilidad en este mundo del crimen al que yo tuve que luchar tanto para conseguir entrar.
"¿Crecer? Para mí es como si llevase diez años atascado en el mismo sitio"
—No es algo de lo que me sienta precisamente orgulloso. —Dijo por lo bajo.
—Pues deberías estarlo. Tienes un trabajo a tan corta edad, y eres capaz de desempeñarlo sin problema y con decisión. Siempre fuiste muy bueno con los misterios, Conan-kun, y también tienes las convicciones que a mí me faltan.
"¿Convicciones? ¿Cuáles? ¿Dónde?"
— Por supuesto que tú acabarías metido en este mundo. Sin embargo, mírame a mí…
"Tienes razón. Yo también hubiera deseando mantenerte lejos de este mundo, Ran"
—Si le dijera a mi yo de hace diez años que iba a encontrarme en esta situación no me lo creería. —Ella soltó un bufido acompañado de una risa irónica y una sonrisa triste.
"Hace diez años… si le dijera al yo de hace diez años que esto podía pasar… ¿Cuántas cosas hubieran cambiado? ¿Habrían tenido un final feliz, o acaso iba a seguir siendo el mismo idiota prepotente y vanidoso que era?"
—A veces las cosas cambian de la noche a la mañana, incluso antes de que te des cuenta… —La voz del muchacho sonó con un extraño tono melancólico y comenzó a soltar todo antes incluso de darse cuenta de que había abierto la boca, y se arrepintió al instante. —Bueno, yo… quiero decir… no es como si me hubiera pasado… solo… supongo que yo tampoco me esperaba llegar a esta situación.
"Es cierto. Si por mí fuera no hubiera vuelto nunca de New York. Si por mi fuera todavía seguiría huyendo…"
—Siempre pensé que todo acabaría bien, de alguna manera o de otra. —Continuó hablando. Las palabras parecía acudir a su lengua incluso antes de pasar por su cabeza, y aunque esa situación lo asustaba y temía soltar algo indebido y de lo que luego se arrepintiese, no era capaz de detenerse. En ese momento, solo tenía ojos para el estuche negro del violín que Ran apresaba contra su pecho. En ese momento solo podía recordar la intensa mirada que le había dirigido al mismo antes de que él la interrumpiese. Solo podía parase a pensar en esos estúpidos sentimientos que se revolvían en su interior. —Había tantas cosas que quise decir y nunca fui capaz. —Tragó saliva. Le fallaba la voz.
"¡Detente idiota, ¿qué estás tratando de decir?!"
—Tantos problemas a los que les di la espalda. —La miró fijamente, tanto que ella comenzó a sentirse algo cohibida y bajo su mirada a sus pies. Sin embargo, el muchacho estaba tan absorto por sus profundos ojos violáceos que al segundo de que ella los apartara él no pudo evitar la tentación de levantar la mano y posarla fugazmente y apenas rozándola bajo su mentón para obligarla a levantarla de nuevo.
—¿Co...Conan-ku…? —Murmuró ella quedamente mientras notaba como la yema de sus dedos descendía de su mentón y le hacía cosquillas en el cuello.
—Sabes, Ran. —La interrumpió mientras volvía a perderse en su mirada. —Siempre fuiste el número uno de mis problemas. Tú, tonta y adorablemente inocente. ¿Tienes idea de la cara que pones cuando piensas en Shinichi? —Casi pronunció su nombre con rencor. —¿Tienes idea de melancólica que es tu expresión cada vez que alguien lo menciona? Yo sí lo sé, ¡Vaya si lo sé! Te observé en silencio durante años, deseando decirte muchas cosas, observando hasta el mínimo detalle todos tus gestos y expresiones, velando por ti, por tu felicidad.
Conan levantó su mano izquierda y la apoyó en su mejilla mientras la primera seguía bajando por su cuello hasta alcanzar el nacimiento de la clavícula, después continuó su camino hacia la nuca hasta rodear por completo su cuello.
—Siempre quise decirte muchas cosas. Traté incansables veces de animarte. Traté incasables veces de hacerte olvidarlo aunque fuera por un instante. Creo que no lo conseguí del todo. —Aun acunando su rostro con la mano izquierda, desplazó su pulgar hasta sus labios y lo posó fugazmente sobre ellos. Ran instintivamente los humedeció mientras continuaba perdida en aquellos ojos que la miraban tan intensamente. —Tienes toda la razón, Ran. ¿Qué haces pensando en él de nuevo? ¿No era que ibas a casarte? ¿No era que por fin te habías enamorado de otra persona? ¿Por qué sigues pensando en ese idiota que te abandonó? Te dejó tirada en medio de tu cita en el parque de atracciones solo para irse detrás de un misterio ¡¿Acaso no estás enfadado por ello?! ¿¡Acaso no le guardas rencor por desaparecer así sin más de la nada?! Yo probablemente se lo guardaría. Yo probablemente hace años que lo habría olvidado. Pero entonces, ¿Por qué? ¿Por qué tan empeñada en recordarle? ¡Sé feliz! ¡Por ti misma! ¡Vuelve a sonreír alegremente como lo hacías de joven!
Había levantado la voz, y sus últimas palabras quedaron resonando en la habitación una vez ambos guardaron silencio. Se miraban mutuamente. Conan acariciaba sus labios y enredaba la otra mano en los primeros cabellos de su nuca. Ella simplemente estaba callada. Callada y quieta, tratando de entender qué era exactamente lo que el joven trataba de decirle. En algún momento ella había soltado el estuche del violín y ahora este yacía a sus pies, sin que ninguno de los dos se hubiera dado cuenta siquiera de cuánto tiempo llevaba allí.
"Puede que ella solo tuviera ojos para él en el pasado, pero ahora ha vuelto a enamorarse, ¿no es cierto?" Las estúpidas palabras de Hattori de nuevo. Cuando lo viese de nuevo, de verdad, iba a pegarle una paliza. "¿Qué le impide enamorarse ahora de ti? ¿Acaso "Conan-kun" no la ama también? No, de hecho, Conan la ama con más fuerza, si cabe." Iba a encarar a Hattori, agarrarlo por el cuello de la camisa, pegarle un buen puñetazo y quizá luego, si todavía tenía las fuerzas para soltar palabra, agradecérselo.
—No hagas fallar mis convicciones, Ran. —Conan rompió el silencio de nuevo, con una voz grave y ronca.
"La voz de un hombre" Pensó Ran mientras se estremecía en brazos del muchacho al que siempre había visto como un niño. Una voz que le hizo recordar que eso ya había quedado en el pasado, que, en efecto, el muchacho ya no era ningún niño.
—Decidí rendirme hace mucho tiempo. —Conan continuó hablando, acercándose peligrosamente.
Le hizo recordar que era más alto que ella, con los hombros anchos propios de un adolescente entrenado en el combate cuerpo a cuerpo, una persona que trabaja para la policía y que se estaba enfrentado a la organización que tanto la aterraba.
—Pero si aún hora, cuando supuestamente vas a casarte, sigues pensando en ese idiota, me hace creer que quizá tu decisión y tus sentimientos por ese abogado no son tan fuertes como pensaba… Por favor, Ran, no hagas que me cree ilusiones, no me des esperanzas. Porque si no, quizá lo intente de nuevo, quizá la misión que fallé en el pasado de hacerte olvidarlo no sea solo una utopía.
—No… no es así… —Murmuró ella. —Yo realmente amo a Sagaru-san, solo… que no puedo olvidarlo por completo. Es normal que me acuerde de él cuando escucho tanto su nombre. No tiene nada de malo en recordar a un amigo de la infancia.
—Pero tú no recuerdas solo a un amigo. Shinichi no va a volver, Ran. Shinichi está muerto. Pensé que ya te había quedado claro. Pero si no lo ha hecho, yo mismo me aseguraré de que lo haga. Para ti, que aun miras tan profundamente ese violín. Para ti, que giras la cabeza cada vez que alguien dice su nombre, como si esperases que en cualquier momento apareciese doblando una esquina. Para ti, te digo: Shinichi ya no existe. Aun si estuviera vivo, la persona que sería hoy en día ya no sería Shinichi. Después de tantos años, ¿en serio pensabas que tu idílico e inocente amigo de la infancia seguiría siendo el mismo?
Ran se removió inquieta con esas palabras. Logró zafarse de su agarre y retrocedió un paso frunciendo el ceño.
—¿Por qué...? ¿¡Por qué dices esas cosas tan crueles, Conan-kun? ¡Está muerto, lo sé! ¡Lo he sabido muchos años y sé que no va a cambiar! Pero tú no sabes cómo me siento, no sabes lo que es mantener un amor unilateral durante tantos años…
Conan se crispó y apretó los puños.
—¡Entonces! —La interrumpió. —Entonces déjame preguntarte: ¿lo seguirías amando? Aun si Shinichi siguiera vivo, pero fuese una persona totalmente diferente, tanto que apenas lo reconocerías, ¡¿lo seguiría amando?!
Ran se quedó congelada, con un "sí" atascado en la garganta que, tras todas las palabras de Conan, no pudo soltar.
—Dudas, ¿verdad? Es normal. En normal dudar, Ran. Son muchos años, tú misma has cambiado durante todo este tiempo, yo mismo puedo decírtelo. Dices que amas a Shinichi, pero en realidad amas el recuerdo que tenías de él. Quién sabe cuáles serían tus sentimientos por la persona que podría ser ahora. Quién sabe cuáles serían sus sentimientos hacia ti. —Hizo una pausa. Tomó aire y volvió a cerrar el espacio que Ran había creado entre ambos. —De esa misma manera te digo, Ran: si ahora estás segura de que amas a ese abogado, entonces adelante, ve y cásate con él. Pero antes de que lo hagas déjame preguntarte una última cosa: ¿Lo amas? ¿O solo es un intento desesperado por sacar a Kudo Shinichi de tu cabeza?
Ran soltó un quejido y trató de apartar la mirada. Conan volvió a tomar su rostro con delicadeza y la obligó a mirarlo. Se agachó y colocó su mirada a la altura de los ojos de ella. Se acercó y rodeó su cintura.
—Porque si no lo amas de verdad… —Dudó durante un instante. Solo un instante para que las palabras de Hattori resonasen por última vez en su cabeza. —Entonces, escógeme a mí.
Y la besó.
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POR FIIIIIN!
¿Queda muy forzado?
Rehice este capítulo tantas veces que ya perdí la cuenta, y aun ahora me parecer que la decisión de Conan cambia un poquito de repente (quiero decir, hace nada estaba totalmente convencido de que por nada del mundo iba a declararse y ahora...) Bueno, también es cierto que desde hace tiempo que el Fic necesitaba algo de interés amoroso...
