Este capítulo va dedicado a todas esas personas que, al día/días de haber publicado el anterior, ya me habían mandado un Review. Yo empezaba a pensar que, como había tardado tanto, no me iban a quedar lectores, pero fui de lo más feliz al descubrir que había tantas personas que todavía esperaban mi publicación ^^


Capítulo 19: Almacén

...

Hattori llegó a comisaría al día siguiente echando pestes. La noche anterior Kudo prácticamente lo había echado de su casa a altas horas de la noche, sin coche ni ninguna posibilidad de alcanzar un tren, teniendo que caminar durante un buen trecho para llegar hasta su hotel. Fue por eso que no estaba ni un poquito dispuestos a dejársela pasar tan fácilmente, y arremetió contra él en el momento en que lo vio aparecer un par de metros más adelante tras doblar una esquina y adentrarse en el pasillo en dirección a la sala de reuniones.

Lo que nunca se esperaría es que, al segundo de pasarme el brazo por encima de los hombros y cargar su peso sobre él, este le lanzaría una mirada asesina y le estampase el dorso de la mano en el medio de la cara.

—Auch, ¿a qué viene esto, Kudo? —Le recriminó mientras se llevaba una mano a la nariz.

—La culpa es tuya. —Le recriminó el otro sin variar su expresión amenazadora.

— ¿Culpa? ¿Qué culpa? ¿De qué demonios estás hablando? —Hattori se le acercó de nuevo, arriesgándose a ponerse de nuevo dentro del alcance de sus golpes, aunque el inspector ya no parecía tener ninguna intención de golpearlo de nuevo. De pronto notó las marcadas ojeras que tenía bajo los ojos y lo pálido que estaba, y se vio obligado a ponerse serio y preguntar: — ¿Qué ha pasado?

Conan trató de ocultarlo, apartó la mirada e hizo un gesto para quitarle importancia, pero Hattori pudo notar su inquietud, y eso lo hizo fruncir el ceño.

— ¿Es sobre la organización? ¿Has descubierto algo? ¿Han hecho algo? —Conan negó con la cabeza. — ¡Kudo, haz el favor de responderme! —Gritó, hastiado.

Al segundo ambos se sobresaltaron y uno hizo un gesto brusco para mandar callar al otro, el cual se llevó una mano a la boca, como si eso pudiera cambiar sus palabras. A su alrededor, algunos policías se giraron sorprendidos, pero para su suerte ninguno mostró mayor interés en su conversación.

—No ha pasado nada, Hattori. Solo estoy cansado.

—Cansado ya estabas ayer. —Replicó. —Hoy estás demacrado.

—No dormí bien. Solo es eso.

—Eso…

—Hattori. —Lo interrumpió con tono cortante.

Ante el empeño de su amigo, el detective del Oeste no quiso insistir e hizo un gesto de desinterés encogiéndose de hombros. "Ya me lo contará después" Pensó mientras le trataba de quitar importancia, pero seguía vigilándolo de cerca.

Caminaron juntos hasta la sala especializada que Conan le había pedido a la policía para tratar con el caso de la organización. Dentro los esperaban ya Sato y Shiratori, los dos miembros del grupo que Conan había formado encargados de continuar con la investigación.

—Buenos días. —Saludó.

Dentro los esperaban todos salvo Takagi, que se había quedado en casa de los Kudo cuidando de Ran. A quien se sorprendió Conan de encontrar allí fue al inspector Chiba, quien supuestamente debería estar protegiendo a Haibara. Y ante su mirada interrogante, Shiratori-san se apresuró a responder.

—Sobre eso mismo queríamos hablarte, Conan-kun. Resulta que Chiba, aquí presente, se estaba encargando de proteger a tú amiga tal como nos lo habías pedido, pero hemos tenido un pequeño problema.

—¿Un problema? —Preguntó frunciendo el ceño, temiéndose lo peor.

—El instituto no nos permite meter a nadie para que pueda vigilarla, y ella se ha empeñado en que no quiere faltar a clases.

Conan maldijo por lo bajo. "Maldita sea, Haibara" Masculló mientras se llevaba una mano a la frente con exasperación. Podía entender las razones de Haibara por no quedarse todo el día metida en casa, entre otras cosas como no mostrarle debilidad ni miedo a la organización, así que no es como si pudiese insistir mucho; Haibara no le haría caso de todas formas.

—¿Y no podemos meter a nadie de infiltrado sin que el director de la escuela se dé cuenta? ¿Trabajando de Conserje o limpiando o algo así? —Preguntó, girándose hacia Chiba.

—Por desgracia, la escuela ya ha pensado que intentaríamos algo así, así que ya nos han advertido que no hagamos nada raro, y no creo que vayan a contratar a alguien nuevo a estas alturas.

—¿A qué viene tantos problemas? —Criticó. —¿Qué problema podría tener el instituto por qué uno o dos policía estén cuidando de una alumna en peligro?

—Bueno… como no podemos explicarles las razones, no quieren creernos del todo. Y además no quieren que molestemos al resto de estudiantes ni interrumpamos las clases.

Los argumentos eran bastante sólidos y después de todo, la última palabra la tenía siempre el director del instituto y el dueño de este.

—Esto… —Interrumpió Hattori. —Este problema… ¿acaso no tiene una solución obvia?

Todos se giraron para mirarlo interrogante.

—A ver, quiero decir. —Levantó las manos como diciendo "no me miréis así". —No es como si no tuviéramos a alguien ideal para infiltrar en un instituto, ¿no?

Media milésima de segundo más tarde Conan comprendió a donde su amigo quería llegar, y definitivamente se arrepintió de no haberlo golpeado tan fuerte como había planeado cuando tuvo oportunidad unos minutos antes.

—Hattori, ni se te… —No tuvo tiempo de terminar la frase, Sato juntó cabos un segundo más tarde que él.

—¡Claro! ¡Conan-kun!

Todos los presentes soltaron al unísono un "oh" de comprensión y se giraron hacia Conan, quien observaba la escena entre desesperado y cabreado.

"¿Por qué yo otra vez?" Tuvo tiempo de pensar antes de que Shiratori-san le pusiese una mano en el hombro y lo arrastrase hasta su despacho para inicial el papeleo. "¿No había tenido ya suficiente?"

-o0o-

El día antes. En la biblioteca.

Fue un beso casto. Apenas duró un par de segundos. El propio Conan lo rompió en el momento en que sintió que Ran había comenzado a temblar en sus brazos.

"Sabía que no iba a funcionar." Pensó en el instante que se apartaba y apretaba los labios.

Bajó ambas manos y las dejó colgando a los lados de sus costados. Mantuvo la mirada fija en el suelo, y su flequillo le tapó los ojos. No quería verla ahora. No quería ver su expresión en aquel momento. Le daba miedo solo de pensar como ella iba a reaccionar. Tenía verdadero miedo a imaginarse que Ran se alejase de él después de haber hecho eso.

"Ya está. Aquí termina todo. Lo hiciste, maldito idiota, exactamente lo que prometiste no hacer, exactamente lo que bajo ningún concepto querías que pasara." Se dijo a si mismo mientras apretaba cada vez más los labios, hasta que notó el sabor de la sangre y tuvo que obligarse a sí mismo a aflojar un poco la mandíbula. "Hay que ver lo débil que resultaste se y lo idiota que puedes ser a veces. Un idiota enamorado, que nunca logró olvidar ese estúpido primer amor. ¿Y tenías la vergüenza de recriminarle a Ran por no haber olvidado a Shinichi? ¡No me hagas reír! ¡Tú tampoco la había olvidado! ¡Ni en un solo momento!" En su mente soltó un suspiro de exasperación e ironía. Su caso era peor, porque él todavía se arrastraba por los suelos lamentándose de su desgracia, sin querer avanzar hacia ninguna parte, sin querer olvidar.

—Conan-kun… —La voz de Ran sonaba entrecortada, sorprendida, como si no acabase de creerse del todo lo que acababa de pasar.

"Lo siento, Ran. De verdad lo siento. Por confundirte de nuevo, por hacerte sufrir de nuevo."

—¿Qué… significa esto? —Preguntó dubitativa. —¿Por qué…?

Conan la interrumpió.

—Porque te quiero. —Le costó un mundo pronunciar esa estúpida frase. Solo eran tres palabras, separadas no significarían nada en especial, las había dicho un millón de veces en su cabeza cuando era joven, cuando fue un muchacho de 17 años de verdad. Pero ahora era un adulto encerrado en el cuerpo de un mocoso, y en algún momento esas palabras se volvieron difíciles incluso de decir en sueños.

Ran se quedó en silencio y bajó la mirada también. Estaba dudando. La pobre no tenía ni idea de qué decir, probablemente no tenía ni idea de qué pensar.

"Ya está dicho, ¿no?" Comenzó a temblar. "Dios… no había tenido tanto miedo en mucho tiempo. Qué demonios, Ran. Date prisa y di algo. No te quedes callada. Recházame de una vez para que pueda volver a asentar la cabeza en su sitio. Déjame las cosas claras, por favor."

—¿Desde cuándo? —Preguntó ella, sin embargo.

Él se sorprendió por la pregunta. Sabía a lo que ella se refería. Lo sabía demasiado bien, pero ¿qué iba a responder? ¿Desde siempre? Conan no era más que un mocoso cuando conoció a Ran. Conan nunca tendría cabida en el corazón de Ran.

Así que decidió hacerse el idiota.

—¿A qué te refieres? —Trató de fingir verdadera inocencia.

Solo lo consiguió a medias, y Ran lo notó. Frunció el ceño y avanzó un paso, decidida lo agarró de la mano y tiró de él para obligarlo a mirarla.

—Conan-kun, ¿desde cuándo? —Repitió, sin ninguna clase de aclaración y por un momento Conan se planteó de idea de continuar fingiendo ignorancia, pero al segundo de que sus miradas coincidieran y encontrase la determinación en sus ojos comprendió que de nada iba a servir, así que se encogió de hombros.

—Quien sabe. —Murmuró. Respuesta que a Ran, obviamente, lo le gustó. Ella apretó su mano más fuertemente y lo obligó a concretar. —Ya hace años.

Ella pareció sorprenderse con esa declaración.

"Es raro, ¿no? Ran. Mientras tu solo viste a "Conan-kun" como un adorable hermanito. Él estuvo todo el tiempo enamorado de ti." Volvió a bajar la cabeza. En aquel momento quería que se lo tragase la tierra. "¿Acaso eres idiota? Para que te declaraste y lo mandaste todo a la mierda si ibas a sentirse así después. ¡Ten un poco de valentía, maldita sea! Solo unos segundos de valentía y puedes seguir siendo un cobarde el resto de tu vida."

Abrió la boca pero se quedó trabado. Soltó un gruñido de exasperación.

"¡Di algo, maldita sea!"

—Ran, —La llamó, y la voz estuvo a punto de fallarle. Afianzó el agarre de su mano y entrelazó sus dedos con los de ellas. —Te quiero. Así que no te cases, por favor.

Sentía como si en cualquier momento fuese a desvanecerse. Vergüenza, miedo, indecisión y necesidad se juntaron de golpe en su cabeza. ¿Cómo demonios se las apaña la gente normal para hacer que estas cosas funcionen? ¿Qué debía decir a continuación? ¿Cómo hacer que su corazón cambiase? ¿Cómo enmendar su error? Llegaba tarde, lo sabía, aquella declaración llegaba ocho años tarde. Su presencia en sí llegaba ocho años tarde.

—Sé que a tus ojos solo soy un niño, —Continuó con un hilo de voz —sé que probablemente te estoy pidiendo algo imposible, pero por favor, por una vez en tu vida mírame como un hombre y no como tu "hermanito pequeño". —Se atragantó y tuvo que hacer una pausa para tomar aire. —Te quiero, Ran. Desde hace muchos años. Siento no habértelo dicho antes, siento haberme marchado. Perdón por dejarte sola. Solo… no podía seguir mirando cómo te hacías daño por "él".

Ran dudó. Ella tampoco era capaz de decir nada.

—Esto… yo… lo siento, no me lo esperaba.

"Por supuesto que no. Eso lo sé." Apretó un poco más su mano.

—Yo y Sagaru-san… yo lo amo… —Poco a poco Ran fue escurriendo su mano de entre los dedos de Conan, hasta lograr soltarse.

Luego salió corriendo del salón, y Conan no tuvo el valor para seguirla.

-o0o-

De vuelta en la comisaría.

—Hattori, recuérdame cual es la razón por la que todavía no te he pegado una paliza…

El aludido se giró hacia él y le mostró una sonrisa de satisfacción.

—Porque soy tu único amigo, Kudo.

Ante ese comentario el joven se limitó a hacer una mueca de asco y chasquear la lengua.

—¿Por qué demonios tengo que volver al instituto? ¡Ya me gradué hace años!

—Vamos, no te quejes. Vas a desempeñar un importante papel de infiltración y a cuidar de un testigo.

Le lanzó una mirada asesina.

—De todas formas. ¿Qué opinas sobre eso?

—¿Eso?

—No te hagas el idiota. ¡El almacén!

—Ahhh… pues… ¿qué quieres que te diga? Suena sospechoso, no importa como lo mires.

—Hasta ahí también llego yo.

—Pues no tengo nada más que decirte. Mañana iré a comprobarlo y te contaré los detalles.

—Llévate a Jonathan contigo. Te puede ser de ayuda.

Al escuchar el nombre del extranjero, Hattori resopló y se recostó contra la pared que tenía detrás.

La distribuidora de ropa, Hachecelle, a primera vista no parecía tener ningún problema y si no fuera por su aparición en el correo que llegó hasta la bandeja de entrada de Mouri Ran, jamás se les hubiera ocurrido investigarla siquiera. Y ahora resulta que tenía un almacén en desuso en una de las locaciones vecinas donde recientemente se había visto luces por la noche… sí, definitivamente sonaba de lo más sospechoso.

Aunque para empezar no eran más que rumores que habían contado los de la zona, y estos alegaban que se trataba de un fantasma. Por supuesto, algo como eso no era posible y quien sea que estuviera usando ese almacén, según los informes que había reunido Sato, lo estaba haciendo ilegalmente.

—¿Crees que podría convertirse en nuestra próxima pista?

—Ahora mismo estamos tan perdidos que cualquier cosa me sirve.

—Déjamelo a mí. Te aseguró que volveré con algo interesante.

—Más te vale, sobre todo después de haberme dejado tirado en medio de mocosos de instituto.

—Tú eres un mocoso de instituto.

—¿Por dónde empiezo a refutar eso?

—Por el final, Kudo, por el final.

—No me llames Kudo.

—Entonces, querido amigo, acabas de quedarte sin argumentos.

Y la frase final quedó en el aire, sin que ninguno de los dos pudiese añadir algo más.

—Sólo asegúrate de llamarme inmediatamente si averiguas algo.

-o0o-

Conan llegó a casa poco después del mediodía. Estaba cansado, acaban de terminar todo el papeleo para la inscripción en el instituto e incluso habían ido hasta allí para presentárselo al director, el cual lo miró con mala cara pero no dijo nada. Jonathan se había quedado con Hattori para ultimar los detalles para su viaje. Al parecer salían mañana por la mañana temprano, así que habían decidido preparar todo de antemano. Solo esperaba que consiguieran llevarse bien.

Abrió la puerta de casa y lo recibió el más absoluto silencio. Sabía que Ran estaba en casa, pero probablemente estuviera tan confundida que no querría salir de su habitación en un buen tiempo. No la culpaba, había sido su culpa. Soltó un largo suspiro y se quitó los zapatos y el abrigo con exasperación. Solo le apetecía tirarse en cama y dormir, estaba agotado, por muchas razones. La primera probablemente fuera el no haber dormido nada, la segunda estaba más que clara y la tercera era la jodida organización.

—Conan-kun, bienvenido. —De pronto una voz lo sacó de sus ensoñaciones y le dio un buen susto.

Levantó la mirada y se quedó sorprendido en el sitio mientras observaba como Kazuha lo miraba con una sonrisa.

—K…Kazuha-neechan…

Se había olvidado de ella por completo. Claro, el día anterior se había quedado a dormir con ellos, y al parecer aún no se había marchado. Conan la miró detenidamente y pudo distinguir que tenía los ojos un poco rojos. Al parecer ella tampoco había podido dormir mucho. Sonrió tristemente. "Hattori, eres en verdad un idiota" pensó para sí mismo mientras avanzaba hasta la altura de la mujer "Tan idiota como yo…" Levantó una mano e instintivamente la posó sobre la cabeza de Kazuha.

Ella miró confundida como el muchacho le dirigía aquella mirada cargada de compasión y le mostraba una sonrisa que parecía a punto de venirse abajo. Supo que algo le había pasado, y recordando la expresión que Ran había tenido durante toda la mañana no era difícil juntar cabos y comprender que ese algo era ella.

—¿Conan…-kun…? ¿Ha ocurrido algo? —Preguntó en cuanto notó su mano palmear su cabeza.

—Kazuha-neechan, no entiendo del todo qué es lo que pasa, pero seguro que saldrá bien. —Esquivó el tema. Retiró su mano y la bajó, dejándola caer inerte al lado de su costado. —Hattori es realmente un idiota, ¿no?

Kazuha se sobresaltó y lo miró interrogante mientras le temblaba el labio inferior.

—¿De… qué estás hablando…?

Conan se quedó callado un segundo, mirando un punto en la nada justo por encima del hombro de ella. Luego cambió su expresión, cerró los ojos, mostró una mueca de conformismo y arqueando las cejas soltó un suspiro.

—Nada. Solo hablaba para mí mismo.

—Esp… Conan-kun. —Kazuha trató de detenerlo pero él siguió su camino hacia el interior de la casa. Hasta que de pronto se detuvo.

Junto a la puerta del salón, la cual estaba entreabierta, descubrió la figura de Ran observándolos detenidamente.

Primero se quedó bloqueado en el sitio, aguantando la respiración. Luego reaccionó y apartó la mirada con miedo a que ella dijese algo. Apretó los puños y se dispuso a seguir su camino en dirección a su habitación. Ran no le quitó ojo de encima durante todo el tiempo que tardó en cruzar el recibidor hasta el principio de las escaleras. Y justo cuando el muchacho subió el primer escalón abrió la boca.

—¿Alguna noticia? —Preguntó con voz seria.

Conan supo que Ran hablaba de la investigación y se tuvo que obligar a sí mismo para no perder la compostura. Se detuvo y se giró, usando su mejor cara de póker.

"No la mires a los ojos."

—Es posible que hayamos encontrado algo… —Dijo en voz baja. —Aunque no es nada seguro. Hattori se ha marchado para comprobarlo.

Ran asintió en silencio y se dio la vuelta para volver a entrar en el salón. Justo antes de cerrar la puerta le hizo un gesto a Kazuha para que la siguiese, y ambas se encerraron en el salón.

Conan inspiró profundamente tratando de calmarse. En serio, ¿quién le había mandado abrir la boca? ¿Por qué demonios había dicho todo aquello la noche anterior? ¡Ahora las cosas iban a ser mucho más complicadas!

-o0o-

Los dos hombres iban en el coche en absoluto silencio, un silencio que empezaba a ser un poco incómodo. Jonathan tenía la mirada fija en la carretera, fingiendo prestar atención al camino mientras conducía, cuando en el fondo simplemente había puesto una especie de piloto automático y se limitaba a seguir en GPS. Su cabeza, sin embargo, estaba metida en un sinfín de pensamientos. Quería decir algo, quería preguntar muchas cosas, pero no estaba seguro de cómo. El hombre sentado en el asiento del copiloto miraba por la ventana, como si estuviera ensimismado. Era un hombre mayor que él, y no solo en edad: más alto, más grande, más listo, más experimentado… y con una extraña relación de amistad y compañerismo con su inspector que ninguno de ellos, que había tratado desesperadamente de ganarse el reconocimiento de Edogawa, había conseguido. En cierta manera sentía algo de envidia por aquel hombre.

—Esto… ¿Jonathan era como te llamabas? —Dijo él de pronto.

—¿Eh? ¡Ah, sí, señor! —Respondió, sorprendido cuando le habló de golpe.

—¿Cuántos años llevas trabajando en el FBI? —Pregunta directa y sin tapujos.

—¿Eh? Pues… tres o cuatro… creo…

—¿Y cuántos de ellos bajo el mando de K… Conan?

—Dos. —Eso número sí que no tenía que dudarlo, recordaba perfectamente el día en el que James Black apareció con aquel mocoso por la puerta de la comisaría y lo presentó como el nuevo inspector en Jefe.

—Son pocos… —Murmuró el otro, ignorando la expresión de orgullo y admiración que se había formado en el rostro de su interlocutor.

—Pocos… ¿a qué se refiere, Hattori-san?

El detective privado se lo quedó mirando en silencio durante un rato. Luego frunció el ceño.

—Sí, definitivamente no me gusta. —Dijo al final con tono firme.

—¿¡Ehh?! ¿No le gusta? ¿No le gusta el qué exactamente?

—Escucha, —Lo señaló con el dedo. —No soporto que me trates de esa manera. Pareces un viejo.

—¿Se puede saber de qué está usted hablando exactamente?

—De eso mismo. Tienes una forma de hablar tan recta. Da repelús, es espeluznante, parece que estoy hablando con un viejo, así que para.

Jonathan se quedó de piedra al escuchar eso. ¿En serio? ¿Qué demonios? Era la primera vez que le decían que su japonés era raro, y se lo estaba diciendo precisamente el hombre que hablaba con el acento más raro que había escuchado en su vida. En cierta manera lo hacía enfurecer.

—Dejaré de hablar así cuando usted deje de usar ese acento tan marcado. —Dijo algo mosqueado. Luego se lo pensó mejor y se arrepintió al instante, pero lo dicho, dicho estaba, y el hombre de Osaka ya lo miraba fijamente con el ceño fruncido.

—¡El Acento de Osaka es un japonés completamente reconocido! —Le reprochó.

—Y hasta donde yo sé, el "japonés de ancianos", como usted lo llama, también. —Contraatacó.

Hattori se quedó con la palabra en la boca y soltó una maldición mientras aporreaba la guantera del coche.

—Simplemente no me llames por usted. En serio, es desagradable. De todas maneras todavía no confío en ti lo suficiente como para que tengas que tratarme con respecto.

—¿Confiar? —Jonathan se sentía perdido.

—Exacto. Confiar. Lo siento, pero ahora mismo estamos en una pelea por información, y K…Conan puede decir lo que quiera pero a mí me parece demasiado sospechoso que precisamente tú, que sabías todo lo relacionado con el suceso del laboratorio forense, esté presente en cada caso que se da relacionado con la organización.

—¡Espere un segundo! ¿Está insinuando que soy un espía? —Gritó ofendido. —Soy un agente del FBI y le debo mi respeto y vida a Edogawa-san. Yo nunca lo traicionaría. Para empezar, yo ni siquiera sabía los detalles del plan el día de la explosión, pregúnteselo a Edogawa-san, no hay forma de que yo hubiera podido filtrar nada.

—Es bueno saberlo. Pero no lo creeré hasta que lo mire con mis propios ojos. No me malinterpretes, no estoy acusándote ni nada por el estilo, simplemente digo que hasta que me demuestres lo contrario, no confiaré en ti. Y eso supone que no te contaré mis teorías ni la información que obtenga por mi cuenta, así que si quieres ser de utilidad, pon esa cabeza a pensar.

—¿Y si decido seguirle a todas partes?

—Haz lo que te dé la gana. No he dicho que vaya a prohibírtelo, solo no estorbes e intenta entender todo sin hacer preguntas. De hecho, prefiero no perderte de vista.

—¿Tan poco confía en mí?

—Sí. —Sentenció.

Ambos guardaron silencio durante unos segundos.

—De acuerdo. —Dijo finalmente mientras devolvía la mirada al volante.

Después de eso ninguno dijo nada más y el silencio incómodo volvió a rodearlos. Pero esta vez ninguno tenía las ganas como para romperlo. De hecho, Jonathan llegó a desear que el otro no lo hiciese y lo dejase conducir con tranquilidad a donde sea que el GPS los estaba llevando. Ya había notado que no le caía precisamente bien al detective del Oeste, pero no se había esperado semejante declaración de guerra. De alguna manera, empezaba a caerle mal.

-o0o-

Entraron en al edificio a toda velocidad. El moreno llevaba la delantera y avanzaba a paso rápido en dirección a la recepción, sin ninguna intención aparente por esperar al otro. Jonathan resopló y le siguió intentando no quedarse atrás.

En el mostrador de información y seguridad lo recibieron algo alterados cuando Hattori-san entró de golpe en el lugar y golpeó con la palma de la mano el mostrador en cuestión.

—Somos policía. Necesitamos las llaves del almacén de Hachecelle del sótano. —Soltó mientras sacaba el permiso que el Superintendente le había prestado.

Los dos hombres al otro lado de la mesa se miraron dudando durante unos segundos hasta que uno soltó:

—Verá es que nosotros no tenemos las llaves…

Hattori-san frunció el ceño.

—¿No se supone que está en desuso? —Sacó los papeles con la información que Sato-san había reunido. — Desde el 4 de febrero de hace dos años, el almacén dejó de usarse al abrirse la nueva central en Kyoto. Por lo tanto ahora mismo, aunque el almacén siga perteneciendo a la compañía, el departmento de seguridad de este centro comercial debería tener una copia.

—Ya… bueno, es cierto que el almacén ya no es usado por Hachecelle… La cuestión es que hace apenas unos meses apareció un hombre trajeado que dijo estar interesado en usar el almacén. Venía con un permiso por parte de Hachecelle para darle uso, así que ahora mismo la otra copia de las llaves la tiene ese hombre.

Jonathan pudo notar como Hattori se tensaba y sonreía de medio lado. Podía entenderlo, él mismo era capaz de comprender que quizá por fin habían encontrado una pista para seguir.

—¿Y el nombre de ese hombre es…? —Dijo al tiempo que agarraba la visera de su gorra y la giraba 180º hasta colocarla mirando al frente.

—No podemos decirle eso así como así… —Intentaron decir, pero Hattori-san se les adelantó.

—No me vengáis con chorradas sobre la privacidad del cliente, haced el favor. No cuando ese almacén está siendo alquilado en negro.

Los dos recepcionistas se alteraron.

—¿En negro, a qué se refiere? —Soltó uno con tono ofendido.

Hattori-san sonrió socarronamente y extendió los documentos sobre el mostrador.

—Lo dice aquí mismo. El estado legal de este almacén es "abandonado", no "alquilado" ni "en uso". Así que si no queréis que comencemos a buscar más problemas con ese "permiso" que decís que ese supuesto hombre trajeado trajo, os recomiendo contarme todo lo que sabéis del tema.

Jonathan debía reconocerlo. Lo había sorprendido bastante la desenvoltura que había mostrado Hattori-san para salirse con la suya tan fácilmente. Para empezar, él no era ni siquiera policía, así que no tenía la jurisdicción legal para hacer lo que había amenazado. Sin embargo, se las había apañado bastante bien para marcarse un farol bastante creíble y conseguir la información que necesitaban. Comenzaba a entender por qué Edogawa confiaba tan ciegamente en él.

Al final, los dos hombres acabaron por rendirse ante la personalidad arrolladora del detective del Oeste y uno de ellos se marchó a la parte interior del despacho para volver con un sobre. Lo abrió y sacó una fotocopia que Jonathan reconoció como el mencionado permiso que aquel hombre había traído, y se lo tendió a Hattori, quien lo tomó rápidamente y comenzó a ojearlo.

Jonathan le echó una mirada rápida por encima de su hombro y pudo leer el nombre: Biwaki Sureda. No le sonaba de nada y bajo su punto de vista no era ningún nombre fuera de lo normal. Sin embargo a Hattori-san al parecer le interesó más, porque al leerlo pasó varias veces el dedo índice por encima del nombre.

—Biwaki… Sureda… —Chasqueó la lengua. Empezó a trazar símbolos sobre el papel con el dedo, símbolos que al cabo de un rato Jonathan reconoció como Katakana.

—¿Hattori-san?

—Chssss, —Lo cortó. —Creí haberte dicho que no me hicieras preguntas. —Hemos encontrado algo interesante. —Luego se giró de nuevo hacia los dos recepcionistas y habló seriamente. —¿En serio no hay ninguna otra copia de la llave de ese almacén?

Ambos se miraron dubitativos durante unos segundos.

—Bueno… tenemos una llave maestra…

—Me sirve. —Dijo, y tendió la mano, dando la señal de que quería esa llave.

Los otros dos volvieron a mirarse y susurraron algo por lo bajo.

—Esto… aunque digas ser policía, no podemos darte la llave maestra tan fácilmente…

—Sirve con que uno de los dos venga conmigo y me abra la puerta, ¿no? —Interrumpió la frase del guarda, averiguando lo que iba a decir. No les dio siguiera tiempo a asentir con la cabeza antes de añadir. —Pues venga, ¿a qué estáis esperando? Tengo prisa, estáis interrumpiendo una investigación federal.

Y ante ese arrollado comportamiento los otros dos no tardaron en organizarse y en que uno de ellos los acompañase en dirección al almacén.

—¿Ves, novato? Así es como se hace. —Dijo el detective del Oeste con autosuficiencia y arrogancia.

Jonathan no dijo nada, y tuvo que callarse muchas cosas. Sí definitivamente, aunque reconocía las habilidades de aquel hombre, no le caía bien.

Llegaron hasta el almacén y el guardia de seguridad les abrió la puerta. O más bien, eso fue lo que intentó hacer, porque justo cuando estaba a punto de meter la llave en la cerradura, se escuchó un grito proveniente del piso de arriba que resonó por todo el lugar.

—¿Qué demonios…? —Tuvo tiempo de preguntar Hattori antes de que un hombre con las ropas manchadas de sangre apareciese corriendo por las escaleras.

—Ayuda… —Murmuró… completamente consternado y con los ojos muy abiertos, como si hubiera visto un fantasma. —Llamen a un médico… se mueren… mucha sangre… ayuda…

Y calló inconsciente al suelo.


1. El nombre de la empresa de ropa es nueva. Era demasiado engorroso tener que decir siempre "La empresa distribuidora de ropa que había mando el mensaje con la publicidad...", así que decidí simplemente ponerle un nombre... bueno, el nombre tampoco es precisamente un pasada, pero leído con acento frances suena guay y todo. En realidad, es un juego de palabras... quizá alguna ya lo notó, pero se me ocurrió al leer rápido el nombre del HCl (ácido clorhídrico)... Lo que hacen demasiadas horas en el laboratorio XD (Estuve a punto de llamarlo "Cacotres" (CaCO3 = carbonato cálcico), pero no sonaba tan bien).

2. De acuerdo, siendo sincera no recuerdo si ya había dicho con anterioridad cuantos años llevaba Jonathan trabajando con Conan, y siendo sincera me dio pereza buscarlo, así que si está mal y es contradictorio, la culpa es de mi pereza.

3. La rivalidad entre Jonathan y Hattori era algo que tenía que ocurrir, era irremediable... y me pareció interesante ya que rivalizan por el papel de "compañero" o algo así... (?)

4. Ran se lo ha tomado mal! ¿Qué pasará ahora entre ellos? Y lo más importante ¿Dónde demonios está Sagaru-san, que lleva tantos capítulos dando problemas pero sigue sin aparecer? Chan, chan, chan... (Bien, yo también me lo pregunto: ¿Donde estará? dx)

5. El problema con Kazuha y su embarazo todavía no se ha solucionado... y de momento Hattori no parece muy por la labor de ponerle solución... ya llegará, ya llegará (Espero)

6. Y así casi por casualidad llega otro misterio! Como ya sabéis, lo mio no es escribir casos de asesinato, así que no seáis muy crueles en el próximo cap (tarda tanto porque me costará una vida escribirlo)