Volví a tardar muchísimo en publicar y como siempre me disculpo. En mi defensa diré que empecé a escribir este capítulo hace casi un mes y siempre me quedaba a medias porque nunca tenía tiempo y luego tenía que volver a leer todo para no meter incoherencias en el caso de asesinato.

En fin, que como siempre: mi capacidad para crear misterios no es la mejor, aunque esta vez me lo curré un poco más, a ver que tal sale ^^


Capítulo 20: Asesinato en un karaoke

...

Hattori fue el primero en reaccionar, salió corriendo y se agachó rápidamente junto al cuerpo del hombre. Le tomó el pulso y vio que era estable.

—Está bien. —Dijo. —Solo está inconsciente.

—Pero toda esa sangre… —Tartamudeó el guardia de seguridad.

—Está bien. No es suya. Yo me preocuparía más por la razón de ese grito que escuchamos y de dónde viene este hombre exactamente. Tú, llama a una ambulancia y quédate aquí con este hombre hasta que llegue. —Añadió, dirigiéndose directamente al guardia. —Además… llama también a la policía.

—¿No sois vosotros policía?

—Tú solo obedece y llama.

Dicho esto se levantó y salió corriendo escaleras arriba para buscar ese misterio. Se encontró con una muchedumbre rodeando la entrada de un karaoke. Se abrió paso a codazos y finalmente logró entrar hasta el interior, y lo que vio confirmó todas sus sospechas.

Dentro de la habitación del Karaoke, tirada en el suelo una y sobre el sofá de mala manera la otra, reposaban los cuerpos ensangrentados de dos mujeres.

Hattori maldijo por lo bajo y a voz en gritó mandó alejarse a las dos personas que estaban dentro de la habitación.

—Salid todos. Soy policía, yo me encargo. No toquéis nada.

Se agachó junto a la primera de las víctimas que estaba tirada en el suelo y frunció el ceño. Ni siquiera le hizo falta comprobar su pulso para saber que estaba muerta: tenía un puñal clavado en la espalda y había demasiada sangre como para continuar con vida. Aun así lo hizo y descubrió sorpresivamente de que estaba fría como el hielo y que el rigor mortis había comenzado a aparecer. ¿Cuántas horas habrán pasado desde que murió? Por lo menos 3 horas... ¿Cómo es que nadie se había dado cuenta de ello antes? ¡Estaban en un local público, maldita sea!

Luego se giró hacia la otra, recostada sobre el sofá y con la garganta abierta. Comprobó que estaba tan fría como su compañera y que, en efecto, el rigor mortis ya había congelado su rostro, dejándole una expresión de sorpresa y miedo que a Hattori se le quedó clavada en la memoria durante los siguientes días. A su lado, encontró una cámara de fotos que no tardó en seleccionar como factible pista indispensable del caso, aunque prefirió no tocarla hasta que llegase la policía.

Después se quedó mirando la escena desde la entrada y recolectando pistas hasta que estos llegaron, media hora más tarde.

—Al menos está claro que el arma fue el puñal. —Fue lo primero que dijo el inspector de la policía tras pasar su primera mirada por la escena, y ante tal obviedad a Hattori le entraron ganas de soltar algún comentario mordaz, pero no tenía las ganas ni el estómago como para hacerlo. —¿A qué hora dice que llegaron las víctimas? —Se dirigió al dueño del local.

El hombre en cuestión era el mismo que había aparecido tambaleándose y se había desmayado delante de Hattori y el resto. Al parecer se había llevado un susto de muerte al encontrarse aquella escena y en su camino por pedir ayuda se había desmayado. Ahora parecía estar algo mejor, pero permanecía apartado del resto, recostado contra el umbral y con la cara tan blanca como el papel, tratando de ignorar a los dos cadáveres que había tirados en el medio de una de sus salas.

—A las 9... —Tartamudeó. —Llegaron juntas a las 9.

—¿Y desde las 9 hasta ahora nadie notó que algo como esto había pasado?

—Pagaron por 4 horas y por adelantado, la gente suele usar este lugar para sus reuniones y no les suele gustar que los molestes, así que me despreocupé del asunto y no me di cuenta de nada…

—Hasta ahora —El inspector Ogata se tomó la libertad que completar su frase. El otro asintió, dándole la razón.

—Las llamé a través del teléfono que hay dentro de la sala para avisarles de que su tiempo se había terminado, igual que hago siempre… Pero no respondían así que comenzó a parecerme raro. Y entonces entré para decírselo en persona y…

Soltó un sollozo y se tapó la boca con la mano. Estaba empezando a volverse azul, así que uno de los ayudantes de Ogata lo acompañó un rato a fuera para que le diera el aire.

—Y supongo que las cámaras de seguridad no gravaron nada… —Dijo al tiempo que las señalaba.

—No señor, parecen muy reales, pero en realidad son cámaras de pega. —La respuesta vino por parte de uno de sus subordinados que acababa de terminar de hacerle unas cuantas preguntas al personal del local. —Es un método muy utilizado últimamente. Las cámaras de seguridad son caras, así que muchos locales que no pueden permitirse instalan este sistema. Ahuyenta a los ladrones ocasionales y evita bastantes conflictos.

—Pero a la hora de la verdad son de lo más inútiles… —Chasqueó la lengua. —Bien, de todas formas, preguntad a todo el personal y los clientes que encontréis si alguien vio entrar o salir a alguna persona sospechosa de esta habitación o no.

Un pequeño grupo asintió y se dispersó en cuestión de segundos.

—De todas formas, —El inspector se giró hacia Hattori. —No esperaba encontrarme a un detective tan famoso en un lugar como este.

Hattori hizo un gesto de falsa modestia y le quitó importancia. Tampoco estaba muy por la labor de ironizar ni agasajarse a sí mismo. Las piezas del caso empezaban a encajar en su cabeza, y sin embargo había algo que se le escapaba.

—Hattori-san, ¿me equivoco? —Continuó interrumpiendo su línea de pensamientos. —¿Tiene alguna idea de qué pudo haber pasado aquí?

—Alguna… supongo que podría decirse que sí. —Soltó con tono pensativo. —Como usted ha dicho, coincido en que el arma fue este cuchillo. —Dijo señalando la bolsa en la que el técnico había metido el objeto para analizarlo. —Probablemente si lo analizamos encontremos sangre de ambas víctimas en él, al igual que estoy bastante seguro de que no encontraremos ninguna huella del culpable.

—Hay que esperar a los resultados para saberlo.

—Pues ojalá me equivoque para que podamos encontrar al asesino fácilmente.

Ogata frunció el ceño ante el comentario mordaz del detective.

—Habla usted con mucha soberbia cuando acaba de admitir que no tiene ni idea de cómo resolver el caso. —Se mofó. Había oído hablar del famoso detective del oeste, pero a su vista no era más que un jovenzuelo poco experimentado que había decidido dedicar su hobbie a la investigación de casos que no le concernían, y no le hacía especial gracia su tono sabelotodo.

—No es que no tenga ni idea. Solo que hay algo que no cuadra.

—¿No cuadra? ¿Qué es lo que no cuadra exactamente? Bajo mi punto de vista, este fue un asesinato hecho por una tercera persona. Alguien entró en la habitación armado con ese cuchillo, apuñaló a ambas chicas y salió corriendo sin que nadie se diese cuenta.

Hattori no respondió inmediatamente, sino que frunció el ceño y se cruzó de brazos.

—No creo que eso sea posible. Quiero decir, esto no fue ningún crimen aleatorio. Las víctimas conocían a su asesino.

—¿Qué te hace pensar eso?

—La escena en general. Mire, ¿no hay algo que le llame la atención? —Señaló el cadáver de la mujer tendida boca abajo en el suelo.

—¿Qué es lo que debería mirar exactamente? ¿lo dices porque está tirada cerca de la puerta? Es simple: ella se acercó a la entrada para abrir la puerta cuando el asesino llamó y ¡pum! La cogió por sorpresa y la apu… —El inspector Ogata dejó su frase a medias al comprender a donde quería llegar el joven.

—Pero eso no es posible. —Continuó el detective del oeste. —Usted mismo acaba de darse cuenta: si todo hubiera pasado como dice, la chica estaría tendida en el suelo con los pies hacia la puerta, boca arriba y con la puñalada en el frente. Sin embargo, ella está tirada boca abajo, con la cabeza mirando hacia la puerta y con la herida en el medio de los omoplatos. En resumen: Ella no abrió la puerta, sino que estaba tratando de escapar hacia ella cuando fue apuñalada por la espalda.

—El asesino ya estaba dentro de la habitación en ese entonces… —Comprendió.

—Y eso no es todo. ¿Recuerda donde estaba el cuchillo en el momento en el que entramos por primera vez en esta habitación?

—Estaba en…

—En el cuerpo de la más cercana a la puerta. Lo que quiere decir que, si nuestra teoría es acertada y el asesino mató a ambas mujeres con la misma arma, la primera en morir fue la que estaba tendida en el sofá. Lo cual confirma mi teoría de que las víctimas conocían a su asesino, o de lo contrario no lo habrían dejado pasar a la habitación ni acercarse lo suficiente como para que le diese tiempo a matar a la segunda después de haber arremetido contra la primera. La sala no es grande, y hace falta por lo menos cinco segundos para hacer semejante herida en el cuello y retirar el cuchillo. Si el asesino no fuese conocido y si las víctimas no estuviesen lo suficientemente relajadas, probablemente a la segunda le hubiera dado tiempo a escapar, o por lo menos a abrir la puerta y pedir ayuda. Sin embargo, nadie escuchó nada, ni gritos, ni ruidos.

—Eso es porque estas habitaciones están insonorizadas, de lo contrario, la música de una cabina podría molestar a otra.

—Y eso, irónicamente, lo convirtió en el lugar ideal para cometer este asesinato: un lugar público, a la vista de todo el mundo y donde nadie se espera que ocurra algo, pero totalmente insonorizado.

—Y entonces, ¿Quién sugieres que es el asesino?

—No lo sé. Por eso digo que me falta algo. Aunque estoy seguro de que en esto no me equivoco, sigue habiendo algo que no me cuadra, y no doy comprendido que es… Para empezar, ¿ya habéis logrado identificar a las víctimas?

—Estamos en ello. He mandado que investiguen también las fotos de la cámara.

Y tal y como si lo hubiese invocado, uno de sus subordinados apareció en la habitación con las fotos impresas y la información sobre la identidad de las víctimas.

—La primera se llama Samezuka Mao, es dentista y actualmente vive y trabaja en Nagoya.

—¿Nagoya? —Lo interrumpió el inspector. —¿Y qué demonios hace aquí?

Su subordinado dudó un momento sobre cómo responder y tartamudeo, pero ante un gesto de Hattori continuó explicando lo que tenía que decir, y que acabó explicando la pregunta de su inspector.

—La segunda víctima es Matsuoka Tomoko, trabaja de oficinista en Sapporo. —Ante la impaciencia de su superior se apresuró a añadir. —Aparentemente no tienen ninguna relación, pero hemos investigado y al parecer ambas se criaron por la misma zona y estuvieron juntas en el instituto. Según se puede ver por todas las fotos que sacaron, probablemente estuvieran en un viaje de reencuentro o algo así. Tienen fotos junto a todos los monumentos emblemáticos de Tokyo y de alrededores.

Hattori le pidió las mencionadas fotos al detective y se puso a ojearlas. En efecto, había muchísimas fotos, todas con su respectiva fecha, que indicaban que había sido sacadas en los últimos cinco días.

—¿Son todas las fotos de la cámara? —Preguntó.

—Eh… —Dudó entre si responderle o no a un extraño en el caso, pero su superior asintió y obedeció. —Sí, lo son. Probablemente vaciaron la memoria para poder llenarla de fotos del viaje, es algo muy común. La primera foto es de hace cinco días, con el monte Fuji al fondo. Si las pones por orden, incluso podría decirse cuál fue el itinerario que siguieron en su viaje.

—Es posible que el asesino salga en las fotos… quizá deberíamos revisarlas a conciencia. —Ogata trató de arrebatárselas al detective del oeste de las manos, pero este lo esquivó y continuó observándolas detenidamente.

—No lo creo. —Dijo sin apartar la mirada de las fotografías. —Alguien que fue tan meticuloso como para permanecer dentro de esta sala sin dejar huellas ni tampoco dejarlas en el arma, no se dejaría fotografiar tan fácilmente.

—Puede que las haya borrado.

—En ese caso siempre podríamos restaurarlas. Aunque borres una foto, no la eliminas del todo, un buen Hacker podría restaurarla y ver el contenido.

—Pero el asesino no tiene porqué saber eso precisamente… Tú —Se giró hacia su subordinado. —Dile a los técnicos que revisen la memoria de la cámara, a ver si encuentran algo sospechoso.

—Sí señor. —Dijo y se marchó de la habitación.

De allí a un rato llegó otro hombre con los datos forenses y confirmó que las víctimas llevaban muertas por lo menos 4 horas y que no habían encontrado huellas de nadie más que ellas dos en la habitación, ni en el cuchillo, ni en los dos vasos con cerveza sobre la mesa.

—Lo que yo le dije. —Se mofó Hattori al tiempo que le tendía las fotos que ya había terminado de ver.

—Pero espere, ¿acaso no es raro? —Refutó Ogata. —Este es un local público, debería haber muchas más huellas que las de ellas, o por lo menos las de anteriores clientes.

—Ya he pensado en esa posibilidad. —Hattori se encogió de hombros. —Pero cuando le pregunté al dueño del local dijo que todas las noches, antes de cerrar, tenía un equipo de limpieza contratado para que se encargaran de todas las habitaciones. Probablemente, aunque encontrases restos de huellas dactilares, estarían borrosas o parcialmente borradas y no sería posible identificar su dueño.

—Es como dice él, señor. —Intervino el policía. —Encontramos numerosos pedazos de huella, pero no es posible saber de quién son, y se nota que son anteriores a que ocurriese el asesinato.

Al inspector Ogata no le quedó más remedio que admitir que en eso había tenido razón. Soltó un bufido de insatisfacción y se giró hacia el policía que había traído los datos.

—¿Algo más?

—Los abrigos que se encontraron colgados en el perchero de la escena son de cada una de ellas respectivamente.

—Coinciden con las fotos también. —Intervino Hattori.

—También, creemos que la cámara pertenece a Matsuoka-san, pues tiene más huellas suyas que de Samezuka-san y además fue encontrada a su lado, sobre el sofá.

—¿Acaso eso tiene relevancia? —Lo cortó Ogata.

—No lo sé, señor. Usted dijo que le contase todo y yo…

—Da igual. ¿Algo más que sea importante? —Se corrigió, precisando sus palabras.

El detective se quedó pensativo un momento, dudando entre qué decir a continuación.

—También hemos encontrado algo extraño…

—Explícate. —Ambos se giraron con curiosidad hacia el policía.

—Bueno… cuando comprobamos las huellas sobre los micrófonos del karaoke, encontramos que hay huellas de Matsuoka-san en uno y del Samezuka-san en el otro… sin embargo, no hay huellas sobre el mando que se utiliza para seleccionar las canciones.

—¿Qué demonios? —Soltó el inspector. —Entonces quiere decir que vinieron a un karaoke pero no cantaron nada.

—Probablemente no pudieron. —Intervino Hattori. —Mire su reloj, son las dos del mediodía y encontramos sus cuerpos hace ya una hora. Si ellas llegaron a aquí sobre las 9 y llevan muertas al menos 4 horas, eso quiere decir que no hubo mucho tiempo desde que llegaron y fueron asesinadas. Probablemente, aunque sí agarraron el micrófono, no tuvieron tiempo de hacer lo mismo con el mando para seleccionar alguna canción.

—Tiene sentido… las horas cuadran. Maldita sea, ya llevamos una hora, parece mentira, seguimos tan atascados como al principio.

Al escucharlo, algo en la cabeza de Hattori empezó a dar vueltas. Maldita sea, se estaba olvidando de algo, tenía esa sensación, pero no era capaz de caer en la cuenta de qué era.

—De todas formas, ahora sabemos más o menos en qué momento fueron asesinadas. Tú —Se dirigió a uno de sus subordinados. —Ve a preguntarle al dueño si recuerda la cara o los nombres de las personas que entraron en el local a la misma hora que ellas.

—Sí señor. —Dijo, y se marchó a toda prisa.

Mientras Hattori seguía dándole vueltas a todo.

El policía no tardó mucho en volver y lo hizo con el ceño fruncido y negando con la cabeza.

—Le he preguntado al dueño, señor, pero dice que en ese momento, ellas fueron las últimas que pasaron a este pasillo.

—¿Cómo puede estar tan seguro si no hay cámaras de seguridad?

—Dice que, como el mostrador de la entrada está frente a la puerta, aunque no puede ver a quien ya está dentro del local, sí puede hacerlo con quien entra y sale.

—¡Haber dicho eso antes! ¡¿Por qué nadie me había dicho nada como eso?! —gritó enfadado.

—Al parecer el dueño no lo considero importante.

—¡Me importa una mierda lo que él considere! ¡Maldita sea! ¿Algo más que haya ocultado?

Su subordinado se encogió sobre sí miso ante la cólera de su superior.

—No que yo sepa, señor. Solo dijo que no vio entrar ni salir a nadie después de que ellas entrasen. Al parecer, cuando ellas llegaron, había otros dos grupos esperando por una sala, pero que los despachó antes y para cuando atendió a las víctimas, estos ya habían entrado en sus respectivas cabinas.

—¡Claro! ¡Las personas de las otras habitaciones! —Soltó el inspector con énfasis, como si hubiesen encontrado la clave de todo. —¿Cómo no lo habíamos pensado antes? Está claro: si el dueño no vio entrar ni salir a nadie, entonces es obvio que el asesino está entre las personas que ya estaban dentro.

—Ve a preguntarle al dueño si tiene registro de todas las personas que entraron antes o a la misma hora que ellas, y si sabe si aún no se han marchado.

El policía salió de la habitación, aun sin estar muy convencido. Un tiempo más tarde volvió con los registros.

—Llamad a todas estas personas, son nuestros principales sospechosos. Pedidles declaración y sus coartadas. También haremos una inspección física de todos ellos, si siguen aquí quiere decir que no han podido deshacerse de las pruebas, y si se marcharon siempre podemos encontrar algo relevante.

Varios policías obedecieron y salieron de la habitación a toda prisa. Eran 10 personas en total a las que tenían que encontrar. Todas ellas llegaron entre la hora de apertura y las 9, hora a la que Matsuoka-san y Samezuka-san fueron asesinadas.

-o0o-

Hattori tenía todas las fotos de los 10 sospechosos en la mano y junto a ellas estaba cada una de las declaraciones y el informe policial sobre sus pertenencias, y no importaba como lo mirase: no había nada relevante.

Las 10 personas sospechosas estaban divididas en tres habitaciones: un grupo de tres personas que llegó veinte minutos antes que las víctimas, y otros de tres y cuatro personas respectivamente que estaban en la entrada justo cuando llegaron ellas. El dueño había dicho que despachó a ambos grupos antes que a las víctimas, así que estaba seguro de ello.

Siendo sincero, teniendo en cuenta que el arma estaba más que obvia, lo único que podrían encontrar de provecho sería unos guantes o lo que sea que hubiese usado el culpable para evitar dejar huellas.

Maldijo por lo bajo. Suponía que no iban a encontrar nada, pero aun así se llevó una decepción cuando sus sospechas se confirmaron. Se le estaba escando algo, lo presentía, pero no era capaz de concretar el qué.

A su alrededor los policías seguían dando palos de ciego de un lado para otro, mareando a los 10 sospechosos que habían sido retenidos en contra de su voluntad, y que empezaban a impacientarse.

—¿Está seguro de que estos son todos? —Le preguntó al inspector Ogata.

—Según los registros que tenía el dueño del local, son las únicas personas que entraron desde la apertura del local hasta las 9, la hora de la muerte. Por suerte para nosotros todos seguían en alguna parte del centro comercial y no fue difícil localizarlos.

—¿Y estas son todas sus pertenencias? —Agitó el informe.

—Al menos las que llevaban encima, estamos buscando por todo el centro comercial en busca de algo sospechoso.

Hattori asintió. Bueno, al menos estaban haciendo algo productivo.

Ogata continuó discutiendo algo con los sospechosos y uno de ellos acabó por terminársele la paciencia y le respondió con exasperación.

—¿Qué demonios quieren? No tengo todo el día, así que me gustaría irme ya. ¡Llevo aquí media hora esperando! —Soltó casi gritando, y el resto asintió para indicar que estaban de acuerdo con él.

Hattori levantó bruscamente la mirada al escucharlo. "¿Media hora? Media hora esperando…"

Ogata trató de calmarlos inútilmente. Mientras, Hattori se fue apartando del lugar, pensativo, y salió de la habitación.

—¡Hey! Hattori-san, ¿a dónde va?

—Tengo que hacer una llamada. —Le respondió sin girarse y haciendo un gesto con la mano para indicarle que volvía en un rato.

Fuera, en el pasillo, se encontró a Jonathan, quien lo miró interrogante. La policía no le había dejado pasar a la escena del crimen y se había visto obligado a quedar rezagado.

—Hattori-san, ¿ya ha descubierto quien lo hizo?

—Shh. —Lo cortó. —Voy a hacer una llamada, avísame si encuentran algo nuevo.

—Pero... —Intento replicar, pero el otro le lanzó una mirada de advertencia y se tuvo que callar.

—No dan las horas… —murmuró el detective del oeste para sí mismo.

Jonathan lo escuchó y lo miró confundido.

—¿Las horas? ¿Qué horas?

—Las de la autopsia. El inspector Ogata tenía razón cuando dijo que el tiempo se le había pasado volando. No llevaban una hora.

—¿Una hora de qué?

—Con la investigación, maldita sea. Haz el favor de mirar el reloj, ¿Cuánto tiempo hace que está la policía aquí? Nosotros ya estábamos aquí cuando fueron encontrados los cuerpos, pero la policía tardó por lo menos media hora en llegar y realizar las pruebas necesarias para determinar la hora de la muerte. Maldita sea. Su forma de hablar tan imprecisa casi me confunde. Las víctimas no murieron a las 9. Llevaban 4 horas muertas sí, pero eso a la hora a la que se hizo las pruebas, es decir, a las 13:30, lo que quiere decir que murieron a las 9:30. Hay media hora más en la franja horaria.

Se giró a todos los lados en busca del dueño del local. Ya lo tenía. No sabía por qué no habían tocado el mando y eso casi lo había hecho pasar el detalle del tiempo por alto, pero las víctimas murieron media hora después de entrar, así que seguro había alguien que entró después de ellas en esa media hora y las mató, alguien que no era ninguno de esos 10 sospechosos.

—Jonathan, ve junto a la policía y diles que se están equivocando con la hora. —Dijo mientras continuaba buscando al dueño por los pasillos de karaoke. —Diles que no murieron a las 9, sino a las 9:30 y que por tanto aún tenemos media hora más que investigar.

Jonathan asintió y salió corriendo.

De allí a un rato Hattori dobló una esquina y se encontró al dueño sentado en una silla acompañado de varios policías

—Disculpe, tengo un par de preguntas que hacerle. —Dijo mientras se acercaba.
Los dos policías lo miraron dubitativos, pero el dueño, que lo había reconocido, asintió y le prestó atención. —Siento molestarlo de nuevo con más preguntas, pero necesito saber la identidad de las personas que entraron en la siguiente media hora a las víctimas.

El dueño lo miró confundido y por un momento Hattori temió haber dicho algo raro.

—¿Después? —Murmuró pensativo. —Pero… si no me falla la memoria, y creo que no lo hay ninguna, ellas fueron las últimas en entrar hasta que casi una hora más tarde llegó una pareja…

Hattori frunció el ceño. Eso no tenía sentido.

—¿Está seguro? ¿Nadie?

—No me moví de la entrada en todo el rato, así que sí, estoy seguro.

"Mierda" Masculló "¿Por qué? No tiene sentido. Estaba segurísimo de que lo tenía…"

Jonathan llegó corriendo acompañado del inspector Ogata justo en ese momento.

—Hattori-san, traigo conmigo al inspector. Ha dicho que quería escuchar lo que tiene que decir directamente.

Hattori le lanzó una mirada perdida por un momento, todavía con la cabeza perdida en el medio de sus deducciones. Después pareció comprender lo que le estaba diciendo.

—Da igual… —Murmuró. —Quiero decir, no da igual, el hecho es que teníamos mal la hora, pero aun así no lo entiendo… Estuvieron media hora dentro de un karaoke, agarrando el micrófono pero sin tocar el mando, sin poner ninguna canción… por un momento pensé que eso podría haber sido algún truco para engañarnos con la hora de la muerte y que no tuviéramos en cuenta esta media hora, pero aun así no entró nadie ¿Cómo es posible? Eso es demasiado raro, ¿no lo creéis?

—Eh… supongo… —Le respondió Jonathan.

Hattori chasqueó la lengua.

—Tu opinión no me sirve. Quédate aquí y avísame si encuentran algo importante. Voy a hacer una llamada.

-o0o-

Conan volvió a mirar por la ventana y soltó otro suspiro. ¿Por qué habían acabado las cosas de esa manera? ¿Qué había hecho al mundo para que lo castigase a ese nivel? ¿Por qué demonios tenía que volver a pasar por lo mismo una y otra vez? ¿Por qué demonios tenía que volver al instituto cuando ya era un formado y afamado policía? ¿Por qué?

¿A quién se le ocurrió la brillante idea de infiltrarlo en el instituto? Ah, sí, a Hattori. En serio, en cuanto lo tuviera otra vez delante iba a matarlo. Y bien muerto. Y esta vez en serio.

A su alrededor circulaban varios jóvenes que estaban ansiosos por conocer al nuevo estudiante. Su llegada a la clase había sido una auténtica novedad y una sorpresa. Como para no serlo, después de todo, la policía había decidido ayer que iban a meterlo en el instituto. Para todos los profesores y estudiante, Edogawa Conan simplemente era un estudiante transferido que acababa de mudarse del extranjero. Y la verdad es que no era del todo mentira.

Aun así, el tener que soportar estar encerrado entre aquellas cuatro paredes de nuevo no le hacía ni un poco de gracia. Siempre acababa igual, siempre atrapado entre niños 10 años más pequeños… esta vez se suponía que había venido a investigar un caso policial, entonces ¿Por qué? ¿Por qué demonios tenía que volver a hacerse pasar por un simple estudiante?

Cuando entró en clase todo el mundo se había quedado sorprendido. Especialmente la liga juvenil de detectives, a quienes no se les había informado nada y que saltaron sobre él, gritando "¡Conan-kun!" en cuanto lo vieron aparecer por la puerta de la clase. Por su parte, Haibara se limitó a reírse de él en silencio.

Apenas comenzaron las clases y se dio cuenta de que aquello iba a ser aún más aburrido de lo que había esperado… Exactamente igual a hacía ochos años atrás, se sentía como un idiota aprendiendo de nuevo todas esas cosas que hacía mucho que ya sabía.

Pero en fin, lo hecho, hecho estaba, y no iba a cambiar nada el quejarse o no, sino todo lo contrario. Para bien o para mal, la policía había accedido a ponerle seguimiento las 24 horas a Haibara, y a él solo le quedaba resignarse y cumplir su misión. Después de todo, era el único capaz de infiltrarse en un instituto sin llamar nada la atención.

De vuelta a la realidad, se encontró con la mirada aguda y socarrona de Haibara, quien lo miraba desde un par de puestos más adelante. Le frunció el ceño y le hizo una mueca de "¿Qué estás mirando?". Ella se encogió de hombros y soltó una risita por lo bajo.

Apretó los puños y estuvo a punto de gritarle algo en voz alta, pero se contuvo y simplemente se levantó de su asiento, hasta ahora rodeado de todos los estudiantes que querían conocerlo y se acercó a donde estaban los de la liga de detectives mirándolo con envidia por acaparar la atención de todos.

—Hola. —Los saludó al tiempo que se paraba a su lado.

Mitsuhiko y Genta le giraron la cabeza y rosmaron por lo bajo.

—Parece ser que eres muy popular, Conan-kun. —Dijeron al unísono, con cierto rencor en su voz.

—Vamos… no os enfadéis por eso. —Le quitó importancia.

—Que sepas que aún no te hemos perdonado por haberte marchado hace ocho años sin avisar. —Añadió Mitsuhiko. —No vamos a dejar que te unas tan fácilmente a la liga juvenil.

"Tampoco quiero unirme" Pensó mientras soltaba una risa irónica. "No tengo tiempo para ello"

—Conan, vas a tener que pedirnos perdón de nuevo si quieres que te perdonemos. —Dijo Genta mientras lo apuntaba con el dedo.

"¿Qué clase de razonamiento tan infantil es ese? No habéis cambiado ni un poco en todos estos años."

—Ya, bueno… ya os he dicho que lo sentía. No podía hacer nada, ¿no? Mis padres me llevaron con ellos…

—Aun así… —Intentó decir Mitsuhiko, pero otra voz que comenzó a hablar por encima de la suya lo interrumpió.

—¡Pero pudiste habernos contactado! —Gritó Ayumi, quien hasta ahora se había quedado sentada y callada en una mesa una fila más alejada.

Todos en la clase se quedaron callados al escuchar a la tranquila Ayumi gritar así, e inmediatamente su atención se desvió al muchacho de gafas. Este por su parte deseaba que se lo tragara la tierra mientras hacía ademanes para tratar de calmar a Ayumi.

—Lo sé. Lo siento… —Dijo con tono tranquilizador, sin conseguir mucho con ello. Era obvio que de debían estar enfadados, y ya lo habían demostrado la vez que se encontraron en casa del profesor.

—Nos traicionaste… —Añadió Ayumi.

Escuchar eso lo hizo fruncir el ceño. Bajó la mirada al suelo, la luz iluminó sus gafas e impidió ver sus ojos, y apretó los puños. Le molestaba tener que repetirse de nuevo, le molestaba tener que recordar porqué se marchó sin avisar, le molestaba recordar que ya no tenía un lugar al que regresar como Kudo Shinichi, que los primeros diecisiete años de su vida ya no existían, que habían quedado encerrados para siempre en el olvido, encerrados para siempre en la lista de las personas a las que debía tachar por muertas.

Volvió a recordar la mirada de Ran la noche anterior. No pudo evitarlo, esos ojos azules atravesándolo se quedaron grabados a fuego en su interior.

—Creía que ya habíamos solucionado esto… —Dijo con voz fría y seca— Ya os dije que lo sentía. Está bien sin no me queréis de nuevo en la Liga Juvenil de Detectives, pero yo también tuve mis razones para marcharme. —Añadió al final, eludiendo el tema, escapando como siempre de sus verdaderas razones. —Chicos, de verdad, sé que estás enfadados, ya me he disculpado, ¿qué más queréis? No puedo cambiar el pasado, no puedo cambiar el hecho de que simplemente tuve que marcharme y dejar todo atrás… —Cayó de pronto, consciente de que se había emocionado y había dicho de más. Levantó la mirada y vio como Haibara lo miraba con el ceño fruncido, como diciéndole: "cuidado con lo que dices. No te atrevas a meter a los niños en esto", y tenía razón: Había dicho algo fuera de lugar, había sido poco precavido. Mitsuhiko no era tonto, ya no era el inocente niño de antaño, podría averiguar de qué estaban hablando si se lo proponía, y él bajo ningún concepto iba a dejar que eso pasase.

—Conan, ¿de qué estás hablando? —Preguntó Genta, y esas palabras lo trajeron de vuelta al mundo real.

—Ah, perdón, en serio, perdón, dije demasiado, me sobrepasé, lo siento… —Comenzó a repetir atropelladamente mientras inclinaba un poco su cabeza y trataba de serenarse. ¿Qué demonios estaba haciendo? Había perdido la compostura delante de unos niños… no, ya no eran unos niños, es cierto que seguían siendo menores que él, pero debía recordarse a sí mismo que ya no debía tratarlos como niños, o se arrepentiría de ello.

—Lo bueno es que ha vuelto, ¿no es así? —Intervino de pronto Haibara.

Conan se la quedó mirando sorprendido, sin acabar de creerse que le estuviera ayudando a salir del paso.

—¿No era que lo echabais de menos? —Añadió. —La liga fue fundada gracias a Edogawa-kun, y fue mantenida todos estos años con la esperanza de que volviese, ¿no? Entonces, ¿qué sentido tiene ahora rechazarlo?

Todos se la quedaron mirando sorprendidos, incluido Conan, quien no acababa de creérselo del todo. Era Haibara de quien estaban hablando después de todo. No encajaba para nada con su imagen y personalidad ayudarlo en un momento como aquel.

—Bueno… —Titubeó Mitsuhiko. —Supongo… que estaría bien dejarlo volver.

Genta asintió a su espalda y luego lo miró sonriendo. Ayumi lo imitó al poco rato.

—Entonces, hoy después de clase salgamos por ahí. —Sugirió la muchacha. —Conozco una nueva panadería….

Los jóvenes se pusieron a hablar alegremente sobre sus planes, tratando de incorporar a Conan en la conversación. Por su parte, el joven inspector todavía estaba un poco perdido, tanto por la repentina ayuda de Haibara, que agradecía de todo corazón, como por miedo a perder los nervios de nuevo.

Últimamente le pasaba muy a menudo. Después de todo, hace dos noches había perdido los estribos por completo delante de Ran, y cada vez que se encontraba de nuevo cara a cara con su pasado sentía como si fuera a hacerlo de nuevo. Siempre comenzaba a hablar de cosas que no deseaba decir, cosas que no podía decir. Cosas que no debió decir. Soltó un largo suspiro y poco a poco se fue replegando de la conversación y acercándose a Haibara.

—Gracias por eso. —Le susurró.

—¿El qué? —Respondió ella, fingiendo ignorancia.

—No te hagas la tonta. A todo el mundo le sorprendió que me ayudaras.

—No lo hice precisamente por ti. —Lo miró con el ceño fruncido. —Hace un momento estuviste a punto de decir algo de más.

—Sí… lo sé. Me di cuenta.

—Supongo que no hace falta que te lo diga, pero Tsuburaya-kun ha heredado tu nombre. Ya no es un niño ignorante. Puede ser más listo de lo que eras tú con su edad. No queremos involucrarlos en esto, así que ten cuidado.

Se limitó a asentir en silencio. Haibara tenía razón, debía ser más cuidadoso.

—Bueno, —Añadió ella. —Además de eso, te lo debía.

—¿Eh? —Se giró y la miró sorprendido. —¿Tú deberme algo?

—Después de todo estás aquí por mi culpa, ¿no es así? No trates de ocultarlo, puedo decirlo a simple vista. Estoy segura de que el director del instituto se negó a tener la policía rondando el edificio y por eso estás aquí, ¿me equivoco?

El joven ladeó la cabeza y bajó la mirada.

—Supongo que después de todo no puedo ocultarte nada…

—No, no puedes. De hecho, no deberías. Se supone que estamos metidos en esto juntos. Si te pasas el tiempo ocultándome información, ¿de qué va a servir tanto cuidado policial?

—Eso y esto son diferentes. Prometí protegerte, ahora y hace ocho años, y eso no va a cambiar. A parte de eso, la que decide si quiere ayudarme era tú. No te obligo a implicarte más en esto de lo que ya estás, ya te lo he dicho.

—Y sin embargo soy la persona que está más implicada. No es como si pudiera librarme de ellos, lo sabes. Nadie puede librarse de su pasado. Así que no seas idiota y cuéntame qué has averiguado. —Frunció el ceño y clavo su mirada en la suya. —Cuéntame a dónde has mandado a tu amigo el moreno con acento.

El joven guardó silencio y se la quedó mirando fijamente.

—Te lo contaré en otro momento. —Dijo al final. —Este no es sitio ni momento para ponerse a hablar de ello.

Haibara asintió y paseó la mirada por la clase. Los alumnos a su alrededor se habían dispersado después de que la supuesta pelea entre el estudiante transferido y los extraños detectives de clase de hubiera terminado, y ahora apenas quedaban un par de personas además de ellos. A su lado, los tres muchachos de la liga juvenil de detectives conversaban alegremente sobre lo que planeaban hacer a la tarde y sobre todos los sitios a los que querían llevar a Conan-kun.

-o0o-

Ran no era capaz de quedarse quieta y por enésima vez se giró en la cama con la esperanza de quedarse dormida, y por enésima vez fracasó. Estaba nerviosa, y por muchas razones.

La primera de todas no podía ser otra que Conan-kun. Con la yema de los dedos rozó momentáneamente sus labios y le vino a la cabeza de nuevo esa escena: Conan-kun la mirada intensamente, cerca, muy cerca, tan cerca que apenas había una pequeña distancia entre ellos, hasta que Conan-kun la cerró. No acababa de creérselo. El pequeño Conan-kun la había besado.

"Siempre te he amado" había dicho, pero… ese "siempre"… ¿incluía hace ocho años? ¿Hace tanto tiempo que Conan-kun la amaba? No, más importante que eso, ¡Conan-kun estaba enamorado, y de ella nada menos!

Siempre le había parecido un niño raro. Siempre había estado muy apegado a ella y siempre la había protegido.

"Porque te quiero" recordó aquellas palabras de golpe "Te quiero más que a nada en el mundo". Es cierto, Conan-kun ya se lo había dicho una vez cuando le preguntó por qué la ayudaba. En ese momento simplemente lo había descartado como una simple broma o como un "te quiero" que un niño pequeño puede decirle a su hermana mayor. Pero si se lo paraba a pensar, quizá ya en aquel entonces la amaba.

Enterró la cabeza en la almohada. Se sentía confundida. Ya nada tenía sentido. Llevaba más de un día dándole vueltas a ese problema. Hacía horas que él era lo único en lo que podía pensar. Pataleó y aporreó el colchón.

"Si estás segura de que amas a ese abogado, entonces adelante, ve y cásate con él." Casi podía escuchar la voz del muchacho susurrar contra su oreja. Se tapó los oídos con ambas manos, pero fue inútil, ya tenía esas palabras gravadas a fuego en sus tímpanos. "Pero antes de que lo hagas déjame preguntarte una última cosa: ¿Lo amas?"

—¡Claro que lo amo! —No pudo evitar soltar un grito.

Sagaru-san es la persona más maravillosa que podría conocer nunca. Era atento, amable, dedicado a su trabajo, dedicado a ella. Le había perdonado todos sus deslices, la había amado a pesar de todas sus dudas. La había ayudado cuando lo necesitó, se quedó a su lado, a diferencia de cierto idiota que salió corriendo en su cita.

"¿O solo es un intento desesperado por sacar a Kudo Shinichi de tu cabeza?"

Ran jadeó al darse cuenta que de nuevo los había comparado. Pero es cierto: Sagaru-san era completamente contrario a Shinichi, y muy posiblemente ella se había enamorado de él por eso, y no pensaba que eso estuviese mal. No era la primera mujer cuyo segundo novio era completamente contrario a su primer amor. Era muy común, de hecho.

"Entonces, escógeme a mí."

Apretó los labios. Había sido un beso simple, Conan-kun simplemente se había limitado a presionar sus labios contra los suyos. Pero solo esto había bastado para hacerla flaquear, con solo aquel pequeño roce el muchacho la había convertido en un mar de dudas.

No amaba a Conan-kun, de eso estaba segura. Era su querido hermanito pequeño, nada más. Intentar verlo como un hombre o como un novio era imposible… O eso quería pensar.

Siendo sincera, quizá lo que más la había sorprendido fue descubrir que incluso antes de que Conan-kun la besara, ella ya había empezado a pensar en lo mucho que había crecido y en que ya no era un niño. Pero eso no significaba nada. Seguía siendo demasiado joven. Y sin embargo, pese a ser tan joven estaba en ese momento luchando contra algo a lo que ella temía con todo su corazón.

Es cierto. Ya desde el principio, en el momento en que Conan-kun apareció de nuevo en Tokio diciendo ser un agente del FBI y mostrando una resolución y tranquilidad a la hora de tratar con asesinos abrumadora, ya desde el momento en que pausadamente le puso una mano en el hombro y le prometió que la protegería, Ran se dio cuenta de que el Conan-kun de ahora era muy inteligente, mucho más de lo que debería ser un muchacho de su edad.

Se giró en la cama y se quedó tumbada boca arriba.

No, en realidad, Conan-kun siempre había sido muy inteligente. Ya hace ocho años lo había demostrado, no era raro que hubiese acabado como lo hizo. No era esa inteligencia lo que la había sorprendido en el muchacho, no era cuestión solo de inteligencia. Era experiencia.

Conan-kun llegó a Tokio sabiendo cosas sobre la organización que todos desconocían, pero lo más impactante era que parecía contar todas esas cosas como si las hubiera vivido en primera persona. Hablaba con miedo y rencor, cómo si los conociera de verdad. Hablaba de la organización de la que nadie había oído nunca con una familiaridad que no cuadraba para nada con su edad, y con lo que supuestamente sabían de él.

Ya lo había pensado antes, pero Conan-kun en realidad parecía mucho mayor y experimentado de lo que era. Más maduro, más responsable. Totalmente diferente a los chicos normales de su edad, él había optado por un camino mucho más oscuro y difícil. Un camino incluso diferente al que había tomado Shinichi, quien se entusiasmaba con los casos y los acertijos que supusieran un reto para su mente prodigiosa.

El camino el que joven inspector había elegido estaba cargado de sombras y responsabilidades. Ella bien lo sabía, pues ella misma había elegido ese camino, pensando que era lo que debía hacer, que se lo debía a alguien, a Shinichi quizá, quien no pudo cumplir su sueño de convertirse en un gran detective. Sin embargo, aun eligiendo una misma senda, ¿cómo era posible que el destino del pequeño detective y el suyo fuera tan distinto? ¿De dónde sacaba ese niño la resolución y la desenvoltura para moverse así en aquel mundo?

Recordó su rostro inexpresivo y serio cuando relató la verdad sobre la organización el primer día que llegó a la comisaría. Recordó su calma y calidez cuando la consoló después de que ella perdiese los estribos al enterarse de toda esa verdad. De pronto se dio cuenta de que Conan-kun siempre había estado ahí para ella, hace ochos años y ahora.

Recordó todas sus palabras de aliento, el peso de su mano sobre su hombro y la tranquilidad que logró transmitirle a través de ella, su sonrisa. Recordó cómo la miró justo antes de besarla, la intensidad con lo que lo hizo.

En mitad de todos esos recuerdos llegaron también los de esas miradas que le lanzaba de soslayo, cuando Conan-kun bajaba la guardia y se encerraba en sus pensamientos. Cuando pensaba que nadie lo miraba, el muchacho inconscientemente fruncía el ceño y la luz en sus ojos desaparecía. Su rostro se ensombrecía y adoptaba una expresión como si estuviese cargado con algo tan pesado que apenas pudiese moverse. La expresión de un adulto al que la vida lo había apaleado por todas partes.

Cerró los ojos y apretó los puños, enterrando las sábanas entre sus dedos.

Y no era esa "experiencia" en el mundo del crimen lo único en lo que había notado esa madurez. Sino también en la forma de tratar a las personas, la forma de tratarla a ella, siempre sabiendo qué decir y hacer para tranquilizarla; la forma en la que la noche anterior trató a Kazuha-chan, sin dudar ni un instante en cómo consolarla.

Conan-kun, con un solo gesto y una sonrisa, había logrado lo que el inútil de Hattori no consiguió en años: hacer que por un momento las preocupaciones de Kazuha desapareciesen. Ran lo había observado todo desde atrás, amparada tras la puerta del salón medio abierta y sin atreverse a hacer ningún ruido mientras veía como él tranquilamente posaba una mano sobre la cabeza de su amiga y le decía que no se preocupase.

En aquel momento se había sentido confusa, porque ese mismo gesto lo había hecho con ella varias veces. Tocarle la cabeza o el hombro, dándole ánimos, tranquilizándola. Era como si con ese mínimo contacto el muchacho fuese capaz de transmitir esos sentimientos de paz.

Después de eso Conan-kun dejó su mirada perdida en algún punto tras Kazuha-chan y Ran pudo ver como poco a poco su sonrisa se iba volviendo una expresión rota, como si estuviese recordando algo. Y ella sabía bien qué era.

En aquel momento había apretado el marco de la puerta para continuar observando en silencio como él bajaba los brazos y cambiaba de tema, para luego continuar su camino. Fue entonces cuando el muchacho se dio cuenta de su presencia y Ran pudo notar como se quedaba sin respiración y se congelaba en el sitio. El mismo Conan-kun que tantas veces la había protegido y animado, el mismo muchacho que hacía un par de segundos había hecho que la tensión en los hombros de Kazuha-chan desapareciese por un instante, estaba ahora mirando el suelo con miedo mientras le temblaba el labio inferior. Casi parecía a punto de echarse a llorar. Y en el preciso instante en que Ran posó la mirada sobre sus labios recordó de nuevo sus palabras justo después de besarla: "Ran, te quiero. Así que no te cases, por favor".

Pero me voy a casar, —Dijo para sí misma en voz alta, y no pudo evitar apretar los labios. —porque de verdad amo a Sagaru-san.

"Por favor, por una vez en tu vida mírame como un hombre y no como tu hermanito pequeño".

Es cierto que a partir de ahora ya no sería capaz de mirarlo como un hermanito, para bien o para mal, después de ese beso ya era consciente de que Conan-kun había crecido. Pero aun así ella debía casarse con Sagaru-san, porque estaban comprometidos, porque Conan-kun tenía razón: había llegado tarde.

Soltó un suspiro y se enderezó sobre el colchón. Estaba entumecida. Desde que Kazuha-chan se había marchado por la mañana se había tirado en cama y no se había levantado desde entonces. Ni siquiera para comer, y empezaba a darse cuenta de que tenía hambre.

Sacudió la cabeza, tratando por enésima vez de sacar a Conan-kun de su cabeza y por enésima vez fracasó.

La presión sobre sus labios, el roce en su mejilla, el cosquilleo de sus dedos sobre su cuello, el contacto con su pecho cuando la acercó a él… En cuanto hubo tocado el suelo y se puso en pie todas esas sensaciones volvieron de golpe, como si hasta ahora hubiera estado flotando en una nube y de pronto todo volviese a caer sobre ella.

¿Por qué estaba dudando a estas alturas? Obviamente no estaba enamorada de Conan-kun, eso era imposible. Pero hacía mucho tiempo que nadie la hacía sentir tan confusa.

Al final se dejó caer de nuevo sobre la cama, olvidándose de pronto de que supuestamente tenía hambre. Pensándolo mejor, prefería quedarse allí tendida.


1. ¿Quien será el asesino? ¿Alguna idea? (Realmente me gustaría que comentaseis vuestra opinión)

2. Por fin sabemos los sentimientos de Ran hacia el beso! Ahora mismo está dudando entre su resolución de casarse, su primer amor y una opción inimaginable: el pequeño Conan-kun... ¿Cómo acabará todo? Y sobre todo: ¿qué significan esos pensamientos comentado sobre la madurez de Conan-kun? ¿Volverá a dudar Ran de su identidad?

3. Y por último, no quería ponerlo muy cantoso, pero creo que al final no se nota mucho: ¿Ran está algo celosa de la amabilidad de Conan hacia Kazuha?

Espero sus reviews ^^