Aquí llega la resolución del caso de asesinato, a ver si esta vez no fue demasiado obvio, ni demasiado absurdo.
Espero que les guste ^^
Capítulo 21: La resolución del caso
...
Conan caminaba por la calle acompañado de toda la liga de detectives. Pese a que había tratado desesperadamente de poner excusas, no había sido capaz de quitárselos de encima. Soltó un largo suspiro.
Al final, cuando vio que no le quedó más remedio, le había dicho a Chiba que ya se encargaba de vigilar él a Haibara hasta que volvieran a casa, así que este se había marchado a ayudar con la investigación.
Llegaron hasta la panadería que Ayumi había mencionado y se unieron a la enorme fila que había para entrar en el local.
—¿Pero qué demonios venden aquí para qué esté tan lleno? —Preguntó Conan con tono hastiado.
—Tienen unos bollos deliciosos. —Gritó Ayumi emocionada viendo el escaparate.
Al final al muchacho no le quedó más remedio que unirse a los otros cuatro, Haibara incluida, en la fila para comprarse unos bollos que, en realidad, no le apetecían mucho.
Resopló con cansancio. No era allí donde quería estar en aquel momento. Hattori estaba por ahí investigando y consiguiendo pistas, y mientras él atascado de nuevo entre niños. "Que todo sea por la seguridad de Haibara" Se repitió mentalmente.
La verdad es que agradecía en parte que le hubieran dado aquella misión y no la de cuidar de Ran. Siendo sincero, ahora mismo lo que más miedo le daba era lo que ella estuviese pensando de él.
¡Qué impulsivo había sido! Tantos años aguantando todo eso y de un momento para otro lo había soltado todo. ¿Acaso era idiota? Pues claro que ella iba a enfadarse. Era lo más normal. Pero solo de recordar cómo le había esquivado la mirada la tarde anterior se le encogía el corazón.
Sabía que Ran nunca lo vio de esa manera. Había tratado de convencerse a sí mismo de que Hattori quizá tenía razón, pero en el fondo de su corazón siempre supo que Edogawa Conan no tenía oportunidad. Pero cuando la vio dudar, cuando vio la forma en la que miraba el violín, cuando se dio cuenta de que Shinichi todavía no había salido de su cabeza, no pudo evitar pensar que todavía tenía oportunidad.
Obviamente fracasó. A ojos de Ran, él no era ni sería nunca Shinichi. Podría haber crecido, podría tener la misma cara que él tuvo antaño, esa cara que tanto había tratado de ocultar durante sus ocho años de estadía en New York, pero eso no iba a cambiar nada.
De pronto sonó el teléfono. Conan miró asqueado la pantalla, pero en el momento en el que leyó el nombre de Hattori en esa, todos sus sentidos se activaron y se apresuró a contestar mientras se apartaba de la muchedumbre. Haibara lo miró marchar con el ceño fruncido, pero no dijo nada.
—Hattori. —Dijo una vez hubo pegado el micrófono a su cara.
—Tengo que contarte muchas cosas. Pero antes de nada, debo decirte que aún no he podido entrar al almacén.
Conan se sintió en cierta manera decepcionado al escuchar eso.
—¿Y? ¿Entonces qué tienes que contarme?
—Me he encontrado un caso de asesinato. Quiero tu opinión.
—¿Estás de coña? No tenemos tiempo de sobra para ponernos a resolver otros casos, Hattori, ¿eres consciente de eso?
—Lo sé. Pero sabes que no puedo simplemente dejarlo pasar así como así cuando un caso tan raro aparece ante mí
Conan guardó silencio un rato.
—¿Cómo de raro?
—Un asesinato en un local completamente público y donde las víctimas llevan muertas por lo menos 4 horas sin que nadie se diese cuenta de nada.
Resopló.
—Supongo que es raro, sí. —No iba a reconocer que había picado su curiosidad. —¿Entonces? ¿Qué sabes?
Hattori le contó todos los detalles que había ido reuniendo.
—Déjame que me aclare: ¿pasaron 4 horas muertas y nadie notó nada raro?
—¿Todavía sigues atascado en esa parte? Hay más cosas interesantes en el caso. Por ejemplo, lo del mando y el micro.
—Tienes razón, eso también es raro. ¿Y me dices que tienes a todos los sospechosos reunidos?
—Correcto. Por pura casualidad nadie llegó a salir del centro comercial. Lo que quiere decir que el culpable está entre las personas que estaban dentro de las otras cabinas. Te paso por mensaje una lista con sus nombres y declaraciones que dieron a la policía.
Conan cerró la pantalla de llamada y abrió los mensajes. En efecto, se encontró con los testimonios de los 10 clientes a mayores que había en el karaoke.
—¿Estos son todos? —Preguntó una vez hubo llegado al último. —¿No dijiste que había un montón de personas reunidas alrededor del local cuando llegaste? Alguna de ellas podría ser el asesino camuflándose.
—Ya lo he pensado. Es cierto que el asesino pudo haberse escondido en lugar de salir al exterior porque sabía que el dueño podría mirarlo salir, pero ¿entonces como entró? Solo esas diez personas tuvieron oportunidad de matarlas.
—Dices que murieron a las 9:30, eso quiere decir que estuvieron media hora dentro de la cabina antes de morir. ¿No significa eso que tenéis media hora más de intervalo? ¿y las personas que encontraron en esa media hora?
—También lo comprobé y no entró nadie.
—¿Nadie? ¿en serio?
—Casi parece mentira. Pero eso quiere decir que el asesino ya estaba dentro cuando ellas entraron, y eso solo nos deja a esas 10 personas…
—¿Y los trabajadores?
—Están todos limpios. Tienen coartada y no encontraron nada raro cuando los revisaron. Además, recuerda que supuestamente las víctimas debían conocer a su asesino.
—Entonces realmente solo son esos diez… —Conan volvió a mirar los documentos. —¿Y encontráis ninguna relación entre ellos y las víctimas?
— Ni de casualidad.
—¿Esta información de donde la sacaste?
—La consiguieron los policías, me la acaban de traer Jonathan.
—¿Jonathan está ahí contigo?
—Anda por ahí dado vueltas, buscando pistas. ¿Por qué? ¿Lo necesitabas para algo?
—Quería pedirle que comprobase una cosa…
—Puedo comprobarla yo. —Dijo con tono replicante al tiempo que frunció el ceño.
—Supongo que tienes razón. Es sobre la cámara… ¿podrías pasarme la fotos?
—¿Las fotos? Supongo que puedo, pero ¿para qué las quieres?
—Curiosidad. Quiero asegurarme personalmente que realmente no hay nada sospechoso en ellas.
—¿No te fías de mi opinión?
—Precisamente porque no te fías ni tú de tu opinión es porque me llamaste.
—Supongo que tienes razón, espera un momento, le diré a la policía que me las mande.
—Gracias.
Al otro lado de la línea Conan escuchó los pasos de Hattori y después lo escuchó hablar atropelladamente con alguien.
—Te las estoy mandando, deberían llegarte en un momento. —Le dijo al cabo de un rato.
Conan se quedó mirando la pantalla del móvil hasta que vio las fotos aparecer y se sorprendió al descubrir que eran un montón.
—Sí que se dedicaron a sacar fotos, eh… —Comentó en voz alta.
—Bueno, después de todo estaban de viaje. Al parecer eran amigas desde el instituto y hacía años que no se encontraban. La gente normal suele hacer muchas fotos en situaciones así, no todos son unos margados como tú, Kudo, que ni siquiera te dignaste a saludarme correctamente después de ocho años sin verte. —Dijo con tono irónico.
—No saques ese tema ahora. —Recriminó, luego continuó mirando las fotos. —Es bastante fácil saber por dónde fue su viaje siguiendo las fotos.
—Sí, como todas están numeradas con fecha y hora… es increíble lo precisas que son las cámaras hoy en día.
Conan continuó pasando las fotos. La mayoría eran en algún lugar representativo de Japón que era capaz de reconocer, otras se podía imaginar más o menos donde habían sido sacadas, pero había algunas un poco más personales: como en el interior de un Onsen o durmiendo en la habitación de algún hotel, que el daba un poco más de vergüenza mirar, así que las pasaba rápido. Las chicas estaban muertas, y poco les iba a importar que se fijase mucho, pero era más bien un motivo de ética y decencia.
En casi todas las fotos salían ambas chicas, siempre sonrientes y emocionadas por el viaje. Casi parecía mentira que ahora estuviesen muertas.
Apretó los dientes. Habían pasado muchos años desde que empezó a interesarse en los misterios, pero todavía seguía ahí esa sensación de incomodidad cada vez que se encontraba con un nuevo caso de asesinato, con alguien que de nuevo se había atrevido a arrebatarle la vida a otro.
Continuó pasando las fotos, hasta que llegó a una en concreto y se dio cuenta de que había algo que no cuadraba.
—Hattori, la foto en la habitación del hotel. —Dijo atropelladamente, y por su tono el otro le hizo caso al instante.
—¿Cuál de todas?
—La del cuarto día, en la que salen las dos tumbadas sobre el sofá del hotel.
—A ver… —Guardó silencio mientras la buscaba. —¡Ah! La encontré. ¿Qué tiene de raro?
—Fíjate en la hora.
—¿La hora? —De nuevo silencio. —Las cuatro de la mañana, ¿qué tiene de malo? Están en medio de sus vacaciones, no es raro que estén despiertas tan tarde.
—Ahora fíjate en el fondo de la imagen. Junto a la puerta de la habitación hay un perchero.
—Kudo, ¿A dónde quieres llevar esta conversación? No es extraño que al lado de una puerta haya un perchero, ¿no?
—Lo raro no es el perchero, Hattori, sino lo que está colgado de él.
Hattori volvió a quedarse callado, mientras inspeccionaba detenidamente la foto en busca de lo que sea que su amigo había encontrado.
—Lo único que veo son abrigos, Kudo.
—¿Y cuantos hay?
Al otro lado de la línea Hattori comprendió de pronto y dejó de escucharse su respiración, durante unos segundos se quedó sin habla, encajando pieza por pieza todo el misterio.
—Hay tres abrigos. —Respondió finalmente a la pregunta de Conan.
—Lo que quiere decir que hay tres personas en la sala.
—La persona que sacó la foto.
—Sabía que había algo raro en todas las fotos, no me había dado cuenta de que era eso: en la mayoría aparecen siempre las dos amigas, eso quiere decir que había alguien a su lado para sacar las fotos. En muchas ocasiones podrías pensar que simplemente le pidieron el favor a alguien, pero esta foto fue tomada dentro de su habitación del hotel a las cuatro de la mañana. Por mucho que le des vueltas es imposible que el personal del hotel estuviese dispuesto a atenderlas a esa hora, así que no queda otra que fuera una tercera persona que no habíamos tenido en cuenta hasta ahora.
—Pero Kudo, también puedes poner un temporizador para sacar la foto, y el abrigo puede ser de alguna de ellas dos, no llevan la misma ropa en todos las fotos.
—Pero ese abrigo en concreto no sale en ninguna. Sería raro que en el perchero hubiera colgado un abrigo que no usaron ese mismo día, yo al menos no sacaría de la maleta un abrigo de más si no lo he usado ni lo voy a usar al día siguiente, y en las fotos anteriores y posteriores a esa ninguna lleva ese.
Hattori guardó silencio, pensativo
—No eran dos amigas…—Murmuró.
—¿Qué respondió el dueño cuando le preguntasteis por ellas?
—Que justo antes de ellas había varias personas… siete de los diez sospechosos, pero que los despachó antes… y después… —Se quedó callado.
—¿El dueño dijo con palabras textuales "las 2 llegaron juntas a las 9 de la mañana? —Insistió Conan.
—No lo hizo. No lo hizo, maldita sea. Solo había 2 vasos en la mesa, solo pidieron 2 micrófonos y el dueño solo notó a 2 de ellas, pero en realidad eran 3…
—No es que no hubieran cantado nada durante esa media hora vacía. —Continuó Conan. —Lo hicieron, solo que la única persona que tocó el mando y seleccionó las canciones…
—Fue la misma persona que durante todo ese tiempo llevó puestos los guantes para evitar dejar huellas. Es decir, el asesino.
—Tenemos un nuevo sospechoso, Hattori. Y por lo que me has dicho, tiene que estar dentro de ese edificio.
—Te llamo luego, Kudo.
—Llámame cuando sepas que hay dentro del almacén. —Le recordó que su misión original no había terminado.
Al otro lado de la línea simplemente escuchó un gruñido que interpretó como un "si" y después el ruido de la línea cortada.
Conan soltó un largo suspiro. Hattori y sus manías de meterse en casos ajenos cuando menos tiempo tenían. Aunque tampoco es como si él pudiese hablar mucho. Pero de todas formas, este casi se les había escapado, y eso que era una tontería. Simplemente un despiste a la hora de entender la información: nadie había dicho nunca que hubieran sido solo 2 amigas, pero inconscientemente al ver la escena del crimen tendías a pensar eso. Como él no la había visto de primera mano había conseguido darse cuenta del error, pero no lo hubiera notado de no haber sido por ese abrigo azul.
Sin embargo, ¿por qué se había fijado en eso? Él no era precisamente la persona que más se fijaba en la ropa, y aunque estaba acostumbrado a quedarse con los detalles, algo tan minúsculo es posible que le hubiera pasado inadvertido. Pero la verdad es que el abrigo le sonaba de algo, pero no era capaz de ubicarlo. Bueno, probablemente sería porque se lo había visto llevar a alguien, solo era una prenda de ropa, después de todo. No es raro que lo tenga más de una persona si lo venden en masa.
Pero, aun así, tenía la sensación de que estaba dejando pasar algo por alto.
Sacudió la cabeza. No era momento de pararse a pensar en algo como eso. Todavía estaba en medio de la calle y tenía la misión de vigilar a Haibara. Se giró hacia donde lo estaban esperando el grupo de niños y se encontró con la mirada interrogante de la joven de pelo castaño.
Se acercó hasta ella, todavía con el tema del abrigo en la cabeza.
—¿Ha pasado algo? —Preguntó preocupada al notar que el inspector estaba un poco despistado.
—Nada importante, solo… Haibara, ¿tú sabes cosas de ropa y esas cosas, no?
—Podría decirse que sí.
—¿Te suena un abrigo azul con mangas a rallas blancas?
—¿A rallas? ¿En qué sentido?
—Con cierto aire mariner… —Comenzó a decir, pero a medio camino se dio cuenta de que ese mismo pensamiento ya lo había tenido antes: El diseño de Sonoko.
Se quedó callado de golpe, con los ojos muy abiertos, y sin entender nada de lo que acababa de descubrir.
—¿Edogawa-kun? —Haibara lo sacudió preocupada.
—¿Qué demonios? ¿Qué hace ese abrigo ahí… si supuestamente aún no habían comenzado a comercializarlo?
—¿De qué estás hablando?
—Haibara, ¿tienes el número de Sonoko?
—¿El de Suzuki-san? Si, ¿por?
—Acabo de descubrir algo. No creo que tenga ninguna relación con el caso, pero no lo entiendo… simplemente no tiene sentido…
—Quieres hacer el favor de calmarte y explicarme de qué hablas.
Haibara lo agarró del brazo y lo sacudió para que le prestase atención. El muchacho se vio obligado a levantar la mirada y se encontró con la de Haibara, que lo miraba con el ceño fruncido y preocupada. Se dio cuenta de que la estaba asustado sin sentido.
Fuese o no el mismo abrigo, eso no cambiaba nada, ni los involucraba a ellos ni a la organización.
Respiró hondo.
—No es nada. —Dijo una vez se hubo calmado. —Solo me acabo de acordar que hay algo que debo contarle a Sonoko.
Probablemente sí era buena idea por lo menos comentarle algo a la única implicada en el problema. No era raro pensar que antes de traicionarla, Inoue-san hubiera hecho algo más con esos diseños y Sonoko no se hubiese enterado de ello. Pero ya hablaría con ellas más tarde.
—¿Estás seguro?
Asintió con la cabeza. Se había alterado por nada y había asustado a Haibara. Tenía que centrarse y ser más razonable. La muchacha estaba bajo la mira de la organización y lo último que necesitaba era más altibajos en su vida.
Sonrió para darle seguridad a su amiga, que todavía lo miraba con duda, y paseó la mirada a su alrededor. Mitsuhiko y Genta estaban un par de metros más adelante, junto a la panadería. Ya habían logrado conseguir sus respectivos bollos y se dedicaban a comerlos con afán. Estaba a punto de dar el primer paso para unírseles a la conversación cuando notó algo.
—Chicos, —Los llamó —¿Dónde está Ayumi-chan?
Ambos lo miraron con una expresión interrogante.
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Una vez hubo colgado el teléfono salió corriendo en busca del inspector Ogata. El caso había dado algún que otro problema, pero ya estaba: eran tan simple y estúpido que lamentaba no haberse dado cuenta antes.
Llegó hasta donde estaba Jonathan, que le lanzó una mirada interrogante.
—Lo tengo. —Le dijo y siguió caminando, pasando de largo.
Llegó hasta la entrada del Karaoke y allí encontró lo que buscaba.
—¡Inspector! —Lo llamó mientras cerraba la distancia que los separaba.
—Hattori-san, ¿dónde se había metido?
Hattori no se molestó en contestar y se acercó a él para susurrarle al oído.
—He descubierto la verdad sobre el caso. —Le dijo susurrando. —Pero todavía no sé quién lo ha hecho, y tampoco creo que tengamos oportunidad de saberlo si no le tendemos una trampa.
Ogata reaccionó bruscamente y Hattori se vio obligado a hacerlo callar con un chasquido de lengua.
—Le escucho.
Y Hattori le contó todo lo que había descubierto y cuál era su idea para hacer que el asesino se mostrase.
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—Hattori-san. —Uno de los subordinados de Ogata lo llamó por la espalda. —Tal y como usted ha dicho, lo hemos encontrado.
Hattori se fijó en la bolsa de plástico que le tendía el detective y confirmó su contenido con una mirada rápida.
—¿Los habéis analizado?
—Sí, señor. Y como suponía, no hemos encontrado ninguna huella.
Hattori chasqueó la lengua.
—Era de esperarse. El asesino ha sido muy cauteloso hasta ahora, no creo que fuera a cometer un fallo como este. Bueno, entonces no nos queda otra que continuar adelante con el plan. —Se limitó a decir. —Ahora solo queda preparar la trampa. ¿Habéis informado ya a los testigos?
—Sí, señor. Todos ellos creen que ya sabemos quién es el culpable y han empezado a desconfiar unos de otro. Pero, ¿Qué planea hacer con eso? Según tengo entendido el culpable no se encuentra entre ellos.
—Ya, bueno, pero eso ellos no tienen por qué saberlo. Vamos a montar un espectáculo. —Dijo, con una sonrisa pícara en el rostro y los ojos brillando de emoción.
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Hattori llegó a la entrada del karaoke. Allí se encontró con los diez sospechosos que estaban que se subían por las paredes del nerviosismo, y además estaban precisamente lo que él quería: todos los curiosos que se había encontrado al llegar a la escena del crimen y que se habían reunido cuando se enteraron de que la policía había descubierto al culpable y que podrían presenciar al mismísimo detective del oeste desenmascarar su identidad.
—Hattori-san. Por fin ha llegado. —Ogata lo recibió con un énfasis exagerado y el joven empezaba a cuestionarse si había sido buena idea contarle todo el plan, no parecía precisamente el mejor a la hora de actuar.
Hattori le hizo un gesto para que se calmase y después agarró la bolsa con las pruebas que el joven policía de antes le tendía. Cogió aire y comenzó a hablar en tono elevado, para que todos los sospechosos, y los curiosos, pudiesen escucharlo.
—A ver, atención, atención por favor. —Se hizo escuchar. —Después de una exhaustiva investigación y búsqueda por todo el local, por fin hemos encontrado la clave de este misterio.
—¿Se puede saber qué es eso? —Uno de los diez sospechosos respondió de muy mala leche.
—Son pedazos de los guantes que utilizó el asesino. —Alzó más la bolsa y en efecto todos los presentes pudieron observar los cachos de unos guantes de látex manchados parcialmente de sangre. —El culpable los cortó y los tiró al colector de basura del karaoke, con la intención de deshacerse de las pruebas, sin embargo, cometió un gran fallo.
En toda la sala se hizo el silencio de pronto. Todos comprendieron en seguida lo que eso quería decir. Pero ese silencio no duró mucho más:
—¿Y eso qué? —Otro sospechoso cabreado empezó a gritar. —¿Si ya han encontrado la prueba definitiva por qué nos retienen aquí? ¡Arresten de una vez al culpable!
—Los hemos mandado a analizar y se nos ha comunicado que en efecto encontraron huellas en la parte interna de los guantes. —Gritó, enfatizando sus palabras. Por supuesto, los únicos que sabían que eso era mentira eran él, los técnicos que se habían encargado del análisis, Ogata, Jonathan y el detective encargado de reportárselo. Todos los demás se quedaron sorprendidos por semejante hallazgo.
—¡Entonces con más razón, terminen con esto de una… !
—Sin embargo —Hattori interrumpió con otro grito la queja de los sospechosos y continuó explicando. —Aún no sabemos cuál de vosotros es.
—¡¿Y eso por qué?!
—Las huellas estaban un poco dañadas, así que todavía no hemos logrado identificar al culpable.
—¿Y para qué nos ha reunido ahora? ¿Sólo para contarnos que todavía no tienen ni idea de nada? —Todos los sospechosos estaban empezando a impacientarse.
—Bueno, bueno, haya calma. —Hattori trató de calmarlos mientras trataba de contener una sonrisa maliciosa. La trampa estaba colocada, ahora solo faltaba que el culpable cayese en ella. —El inspector Ogata y yo estaremos esperando en la sala de personal junto al dueño a que lleguen esos resultados, si el culpable prefiere entregarse por las buenas durante ese rato, siempre será bienvenido. De lo contrario, el detective Todo-kun, aquí presente, —Señaló detrás suya al joven detective que le había informado anteriormente de esos resultados que Hattori fingía que todavía no tenían. —será el encargado de recibir la información de los analistas, así que con su ayuda podremos conocer de inmediato la identidad del culpable, por las buenas o por las malas. —Dicho esto Hattori retrocedió hasta donde estaba el inspector Ogata y el joven Todo-kun.
El inspector le lanzó una mirada de aprobación y se retiró hacia la habitación, o al menos, fingió hacerlo. Por su parte, Hattori posó la mano sobre el hombro de Todo para darle ánimos y después siguió al inspector.
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El plan era de lo más sencillo: un farol y un señuelo, nada más ni nada menos. Los guantes eran, de hecho los utilizados por el asesino. Había sido idea de Kudo buscarlos en el colector de la basura y había dado en el clavo, aunque Hattori ya había pensado en esa posibilidad y estaba a punto de sugerirla cuando el joven de gafas se le adelantó, que conste.
El asesino había sido muy precavido durante todo el rato para no dejar huellas, así que era de esperarse que no encontrasen nada ni siquiera dentro de ellos, y así había sido. Probablemente, el asesino había utilizado dos pares de guantes: unos que utilizó para evitar dejar huellas por dentro de estos y que probablemente aun tuviese encima y los de látex para evitar mancharse con sangre. La verdad es que era bastante inteligente, porque aun si se ponían a investigar las pertenencias de todos los presentes y descubrían que alguno tenía guantes, no serviría como prueba porque no estarían manchados para nada de sangre.
Ahora lo que necesitaban es que el dueño de los guantes le entrase miedo y comenzase a dudar. Al decir tan categóricamente que habían encontrado una huella cuando en realidad no debía haber ninguna, haría al culpable sentirse inseguro, y con un poco de suerte trataba de deshacerse de esos datos y esos guantes. Le molestaba un poco poner a Todo-kun en peligro, y prefería haberse usado a sí mismo como señuelo, pero intuía que poner a alguien de apariencia débil y fácil de atacar sería más inteligente.
Así que solo quedaba esperar a que todos los sospechosos empezasen a desconfiar unos de otros, y que el propio público se alterase un poco, para darle tiempo al culpable a decidirse actuar.
Por supuesto, si bien es cierto que había dejado al inspector Ogata donde dijo que lo haría, él no pensaba perder de vista a Todo-kun.
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Todo-kun estaba entre asustado y emocionado. Qué alguien tan famoso y tan increíble como el afamado detective del Oeste confiase en él para tan importante misión era algo a tener en cuenta. Pero por otro lado no podía evitar un escalofrío cada vez que escuchaba un ruido a su espalda, pese a que tratase desesperadamente de mantenerse tranquilo por el bien del plan.
Y fue probablemente en uno de esos momentos en los que bajó la guardia que sintió como algo o alguien tiraba del cuello de su camisa hacia atrás y una milésima de segundo después comprendió que se estaba ahogando. Se asustó y trató de patalear, pero el peso entero de una persona se le vino encima y lo acorraló contra la pared mientras seguía tirando de su cuello. Sin embargo, esa sensación de ahogo no duró mucho más, porque en seguida notó los pasos de Hattori-san acercarse a toda velocidad a ellos e interceptar al culpable que exitosamente había caído en su trampa.
En cuanto se vio libre del agarre y hubo respirado con tranquilidad unos segundos, Todo-kun se giró hacia su atacante y descubrió, sorprendido, que la persona que Hattori-san tenía inmovilizada agarrándola por ambos brazos mediante una llave, era una mujer cuyo rostro no le sonaba de nada.
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La atacante fue reconocida como Katsumura Yuki, que curiosamente procedía de la misma ciudad donde las dos víctimas habían nacido y vivido su infancia.
En cuanto Hattori dio la voz de alarma, el pasillo se llenó de policías que acudían a la escena sin tener mucha idea de lo que estaba pasando, hasta que llegó el inspector Ogata y aclaró el problema entre sus hombres.
Después reunieron a todos los sospechosos y les pidieron disculpas por haber tardado tanto y haberlos retenido en contra de su voluntad pese a saber que eran inocentes. Algunos se enfadaron y se marcharon sin decir nada, pero otros aceptaron todo (aunque de mala gana) y se despidieron.
—Pero, señor, no lo entiendo… —Intervino uno de los hombres de Ogata, una vez hubieron despedido a todos los diez sospechosos y esposado a la culpable. —¿No era que nadie más había entrado después de ellas? Pensé que ya teníamos a todos los sospechosos.
—Eh… bueno… eso… —Ogata tartamudeó. La verdad es que Hattori-san le había explicado todo, pero no le había quedado completamente claro. —El detective del Oeste se lo explicará… —Le lanzó una mirada de soslayo al aludido y este se vio obligado a resoplar y explicar todo de nuevo.
—El culpable no era ningún otro cliente de otra habitación, tampoco nadie del personal ni alguien externo. Nosotros seleccionamos como únicos sospechosos a los demás clientes, pero aquí había muchas más personas cuando se encontraron los cadáveres. Pero no es que descartáramos a todas esas personas, sino que, para empezar, no podían ser culpables. El problema no es cómo el asesino logró salir, sino cómo logró entrar. Ya en el momento en que analizamos la escena por primera vez dije que era alguien conocido, y no me había equivocado: la culpable no se había encontrado con ellas aquí, sino que vino con ellas. El culpable estaba ya dentro de esa habitación, estaba mucho más cerca de lo que esperábamos.
Entre el público se levantó una expresión de asombro. Todos los detectives abrieron la boca al unísono y se quedaron mirando expectantes al moreno, esperando a que continuase.
—Se aseguró de no dejar huellas, utilizando unos guantes en todo momento, ni tampoco pidió ninguna consumición. Además, probablemente al entrar se camufló entre las otras personas y sus amigas, y el dueño ni siquiera notó la presencia de alguien más. El dueño del local lleva la cuenta de las personas en función del número de bebidas y micrófonos, pero ella no pidió ninguno de los dos.
—Claro, eso explica muchas cosas: la asesina ya estaba dentro, por eso la primera víctima había sido cogida tan por sorpresa, y a la segunda no le dio tiempo a escapar. —Murmuró uno.
—Pero… ¿y el misterio de la media hora perdida? —Pregunto otro.
—Eso es sencillo: si utilizas guantes no dejas huellas, así que no es difícil deducir que, no es que no hubieran cantado nada en media hora, sino que la única que tocó el mando y seleccionó las canciones fue la asesina. Aunque no estoy seguro de si fue algo que hizo inconscientemente o a propósito para despistarnos con las horas.
De nuevo un "ohhhh" con tono de ovación emergió de entre el gentío allí reunido.
—¿Y cómo descubrió la presencia de una amiga más?
—Por las fotos de la cámara.
Al escuchar eso, Hattori pudo notar como la culpable, sentada al fondo de la sala y que escuchaba la conversación en silencio y con el ceño fruncido, apretaba la mandíbula y se sobresaltaba. Sí, lo suponía, ella no se esperaba eso, ¿verdad?
—Pero… nosotros revisamos las fotos y no salía nadie.
—Eso es cierto. No salía nadie. Pero, ¿habéis olvidado que en una foto siempre hay implicada una tercera persona que nunca sale en ella?
Y se hizo el silencio, mientras en las cabezas de todos se encendía una bombilla.
—¡Ahhhhhhhh! ¡La persona que sacó la foto! —Gritaron todos al unísono al comprenderlo de golpe.
—El culpable sabía que no salía en las fotos, —Continuó Hattori— precisamente por eso dejó la cámara en la escena del crimen. Podría decirse que a lo largo del viaje se estuvo preparando su propia coartada, como si ella nunca hubiera estado con ellas. Sin embargo, dejó sin querer que su abrigo apareciese en una de ellas, y eso nos dio las pistas suficientes para darnos cuenta de que había fotos demasiado raras: como algunas tomadas en sitios donde es remotamente imposible encontrar una tercera persona a quien pedirle sacar la foto… y que demuestran la existencia de una tercera amiga.
Hattori volvió a clavar la mirada en la mujer y encontró con que tenía los ojos completamente abiertos mirando al suelo. Así que después de todo ella no se esperaba haber cometido ese fallo.
"Me pregunto cuanto tiempo invirtió en revisar cada una de las fotos para evitar precisamente esa clase de errores" Pensó mientras la observaba empezar a ponerse nerviosa. De momento, la mujer había guardado más o menos la calma y la compostura. Había tratado de fingir que nada había pasado, pese a que en verdad había tratado de ahogar a un agente de policía. "Bueno, en cierta manera tiene razón" continuó con su hilo de pensamiento "después de todo aún no tenemos una prueba sólida de que haya sido ella, más allá de que trató de matar a Todo-kun"
—Así, camuflándose entre la gente de la entrada, el atacante superó la primera barrera del karaoke y pudo cometer su asesinado sin prisa ni problemas, pues tenía cuatro horas de margen. —Tomó aire, ahora venía la parte interesante: —Pero el culpable tuvo un pequeño problema: su idea era permanecer en el karaoke hasta que tuviese una oportunidad de salir por la puerta tranquilamente sin que nadie se diese cuenta, y eso suponía esperar hasta que el dueño del local se marchase de la entrada. Por desgracia para ella, el dueño no lo hizo hasta cuatro horas más tarde, cuando descubrió los cuerpos, y las cuatro horas que consiguió de margen al pagar por adelantado se fueron al garete. Bueno, tampoco estaba muy nerviosa porque bien podría escapar del local en medio de la muchedumbre curiosa que se reunió cerca de la escena del crimen, pero para su desgracia yo andaba cerca y llegue tan rápido como pude gritando que era policía, así que por miedo a convertirse en sospechosa no se marchó y se quedó un rato más, camuflándose con el resto de curiosos.
Ante esa explicación todos se quedaron convencidos y asintieron con énfasis. Sin embargo, ella no se quedó callada por mucho más tiempo e intervino, tal y como se esperaba Hattori.
—Todo lo que dices suena muy interesante y podría tener sentido, pero… —Se encogió de hombros y adoptó una expresión risueña y desentendida con el tema, como si supiese las palabras adecuadas para salir de la situación ilesa. Y eso a Hattori le convenía.
"Eso, tú continua pensado que eres intocable. Mientras lo pienses así no tantearás tanto tus pasos y acabarás cayendo".
—Pero… —Continuó ella. — No tenéis ninguna prueba de que esa supuesta amiga sea yo.
"Y en eso tiene razón" Pensó Hattori, pero por supuesto no lo dejó lucir en su expresión.
—Te hemos pillado tratando de matar a uno de nuestros hombres.
—Eso… —Dudó unos segundos. —No prueba nada.
"Y de nuevo tiene razón. Es cierto que se la podría acusar de intento de homicidio, pero no es una prueba sólida y contundente para llevar ante un juez, al menos no por el asesinato de Samezuka y Matsuoka"
—Pero aun así, tú tratabas desesperadamente de conseguir la información que nosotros teníamos: la información sobre las huellas dactilares en los guantes de látex que encontramos manchados de sangre en la basura. —Sonrió sintiéndose superior al ver como ella se quedaba con la palabra en la boca ante esas palabras. —Pero ¿sabes? Resulta que no había ninguna huella en esos guantes.
Todos soltaron una exclamación de sorpresa, porque todos estaban convencidísimos de que eso sí era verdad. Y entre todos también estaba incluida ella, que se mostró completamente abrumada al enterarse de la verdad y de que había tratado de matar a un joven detective inútilmente. Pero segundos después también se dio cuenta de que eso, en realidad, no era ninguna mala noticia para ella.
—Acabas de admitir que no tienes ninguna prueba en mi contra. —Sonrió victoriosa.
Pero Hattori le devolvió esa sonrisa convertida en una expresión de absoluta seguridad y control de la situación.
—¿Sabes? Resulta que hemos encontrado un bolso muy bonito en la entrada del karaoke. Estaba sin vigilancia y tirado detrás de un sofá, parecía como si alguien lo hubiera escondido allí… —Soltó con tono lento y pausado, arrastrando sus palabras y dejando que una a una le fueran llegando a la mujer para que las pudiese asimilar poco a poco. —Me pregunto qué encontraremos si comprobamos sus huellas… Ah, espera, resulta que ya lo hemos hecho. —Soltó un amago de carcajada. —Ese bolso pertenece a alguien llamado Katsumura Yuki, que resulta, es la mujer que tengo delante.
Ella frunció el ceño por un segundo, pero luego logró recuperar de nuevo la compostura y sonreír con falsa dulzura.
—Oh, así que habéis encontrado mi bolso, muchas gracias, llevo un buen rato buscándolo. Lo perdí entre la muchedumbre que se reunió alrededor del Karaoke.
—¿Sí? Pues me alegro, vaya. Solo… resulta que encontramos algo muy interesante dentro de ese bolso ¿Sabes? Como… unos guantes de tela…
De nuevo, todos los detectives, incluido Todo-kun y el inspector Ogata, se quedaron callados y con una expresión de concentración absoluta, deseando saber cómo iba continuar ese duelo de palabras.
—¿Y qué tiene de raro? —Respondió ella unos segundos más tarde, tras tartamudear un poco.
"Te tengo" Pensó él.
—Es invierno, no es raro llevar encima unos guantes para protegerse del frío. —Soltó con rotundidad.
—Ohhh, ¿entonces esos guantes en verdad son tuyos? —Se giró hacia el resto de policías. —¿La habéis escuchado todos, no? Ha dicho que esos guantes negros que encontramos en el bolso son de ella.
—¿Negros? —Preguntó, casi en un susurro. —Eso no es negro, son azules marino.
Y Hattori estuvo a punto de hacerle una reverencia por admitir tan abiertamente esa frase que él tanto necesitaba oír.
—Unos guantes azules marino… —Dijo pensativo. —Tú —Señaló a uno de los policías de entre el montillo. —¿De qué colores eran los guantes de tela?
Este dudó un instante y lo consultó con el resto de sus compañeros que estaban a su alrededor. Todos habían visto esos guantes, porque el bolso que Hattori había mencionado se había encontrado casi al principio de la investigación, aunque en seguida se apartó como elemento externo al caso y todos se habían olvidado de él.
—Eran… —Dijo finalmente. —Azules marino, señor.
—¿Sí? ¡Lo eran, ¿verdad?! —Preguntó con énfasis, y los policías lo miraron sorprendidos y confundidos. No sabían a donde Hattori-san quería llegar con esa información. ¿Qué importaba el color de los guantes? —Bueno, entonces, ahora que todos los aquí presentes son testigos de que ella abiertamente ha admitido que son suyos, puedo añadir el último dato que hacía falta en este rompecabezas: —Tomó aire, todos aguantaron el aliento. —Si bien es cierto que no se encontró ninguna huella dentro de los guantes de látex machados de sangre, sí se encontró una pequeña y diminuta hebra de hilo azul marino que coincide a la perfección con el material de tus queridísimos guantes azules.
Y se hizo el silencio.
…
—Lo que quiere decir… —El primero en hablar fue el inspector Ogata.
—Que tal y como sospechábamos: la culpable utilizó esos guantes azul marinos para evitar dejar huellas en los de plástico, y estos para evitar mancharse los de tela, consiguiendo así separar por completo toda posible relación entre ese misterioso bolso encontrado en la entrada y que tú planeabas recuperar tan pronto como pudieses, y los guantes que hiciste añicos y tiraste a la basura. Sin embargo, olvidaste que la tela no es perfecta, que tiene hilos y puede dejar restos pegados sobre el látex. No, de hecho, probablemente pensaste en usar dos pares de guantes de plástico, pero hubiera sido demasiado raro si te hubieran pillado con unos guantes de plástico en el bolso, y sin embargo los de tela podían pasar por unos normales. Pero fue precisamente esa precaución la que se volvió en tu contra y se volvió mi prueba definitiva.
—Eso… no tiene que significar… —trató de defenderse, pero incluso ella comprendió que era en vano.
—Katsumura Yuki, —La cortó, y ella casi involuntariamente levantó la mirada para clavar sus ojos en los de él —Tú asesinaste a Matsuoka Tomoko y Samezuka Mao.
Y la voz de Hattori resonó por toda la habitación, dejándole claro a todo el mundo que ya no había argumento que rebatir, ni forma de demostrar lo contrario. El famoso detective del Oeste había vuelto a dar su veredicto final, único e irrefutable.
-o0o-
—Hattori-san —Jonathan lo llamó después de un rato.
La investigación ya se había aclarado, las pruebas habían quedado expuestas y la propia asesina había prácticamente declarado la verdad. Todo se había solucionado y un nuevo caso se incorporaría a la enorme lista de los que Hattori-san ya había logrado resolver.
—¿Qué quieres?
El agente del FBI se había dedicado a caminar de un lado para otro durante todo el caso, siguiéndolo en algunos momentos y tratando de buscar pistas por su cuenta en otros. La verdad, es que no había logrado ni de lejos acercarse a la verdad, pero también había encontrado otras cosas importantes, así que en el momento en que Hattori-san mencionó el abrigo de la foto, la solución apareció en su cabeza en seguida.
"Como debía esperarse de Edogawa y su compañero" había pensado segundos después de entender la verdad.
Luego se quedó callado y al margen de la situación mientras miraba a Hattori-san tender la trampa y preparar todo con sumo cuidado. Odiaba admitirlo, pero ese hombre no solo era inteligente, sino que también sabía entender a las personas y buscarle las cosquillas.
A Jonathan le dolía un poco admitirlo, especialmente desde que se había dado cuenta de que Hattori-san no le caía especialmente bien, pero había que reconocer que ya desde que habían entrado en el centro comercial se había pasado la mañana admirando la desenvoltura y resolución del moreno.
Sin embargo, había algo que había notado y que Hattori-san no había mencionado en su discurso, y la sola idea de que pensar que podía haber algo que se le había pasado por alto, lo tentaba bastante.
—Hay algo que no me cuadra sobre el caso. —Soltó con tono tímido y dubitativo, tanteándolo.
—¿El qué? —Hattori le lanzó una mirada interrogante, pero para su sorpresa no fue con rencor ni recelo, sino que lo estaba preguntando en serio.
—Bueno… es sobre la relación entre las víctimas y la culpable… —Dudó. —Más bien, sobre su motivo.
Hattori se lo quedó mirando un rato en silencio, sin decir ni hacer nada, con una expresión más o menos indiferente y que Jonathan no estaba seguro de cómo interpretar.
—Así que también lo has notado… —Dijo finalmente.
—¿También? Entonces, uste… tú…
—Fue por las fotos. —Lo cortó. —¿Cuándo estás de viaje con tus amigas no es normal que se vayan turnando para sacar las fotos? —Explicó.
—Sí, eso mismo. —Jonathan también había notado esa anomalía. —Quiero decir. Dijiste que la asesina había usado la cámara de fotos como coartada para hacer ver como si ella nunca hubiese existido, pero la policía dijo que la cámara era de Matsuoka-san. Me resulta difícil de creer que, pese a no ser su cámara, se las arregló para tenerla siempre para evitar salir en ninguna foto.
Hattori volvió a quedarse en silencio mientras el otro trataba de explicar su idea. Él también lo había pensado, pero había preferido no decir nada ante la policía para no complicar más el caso.
—Quizá fue precisamente por esa razón por las que las mató, ¿no lo crees? —Intervino finalmente, cuando Jonathan hubo terminado de divagar.
—¿Eh?
—Hablo de su motivo para asesinarlas. —Tomó aire. — ¿Por qué no sale en ninguna foto? ¿Por qué nadie se molestó siquiera en sacare una? Al principio pensé que era porque ella misma las había borrado para eliminar pruebas, pero los técnicos restauraron la tarjeta de memoria y recuperaron todas las fotos borradas y ella tampoco sale en ninguna. ¿Acaso no era importante? ¿No merecía la pena recordar que ella había hecho ese viaje de reencuentro con ellas? —Hizo una pausa. — ¿Por qué una joven mataría así de la nada a sus dos amigas?
Ambos se quedaron en silencio. Hattori lo dejó digerir la información y se dedicó a juguetear con su gorra, la cual ya había recuperado su posición original, orientada hacia atrás.
—Quizá… —Tanteó Jonathan. —No eran tan amigas…
—No conozco su historia al completo. Pero sí puedo decir que, probablemente, Katsumura-san nunca fue considerada como una más del grupo, sino solo "la tercera amiga" que resultaba muy conveniente en algunos casos, y un estorbo en otros.
Jonathan entrecerró los ojos y bajó la cabeza, entendiendo a donde su compañero quería llegar.
—No es que la excuse de hacer lo que hizo… —Murmuró. —Pero probablemente se debió sentir lo suficiente despreciada y utilizada como para hacerlo.
El detective del Oeste clavó la mirada sobre el extranjero.
—Eso… no es algo que nos toque juzgar a nosotros. —Le respondió. —Lo que está bien, lo que no. Las razones de alguien para hacer algo bueno, o algo malo. ¿Qué es bueno? ¿Qué es malo? No somos los detectives los que debemos juzgar eso, nuestro trabajo solo es buscar las pistas para resolver los misterios y mostrarlos tal y como son ante el resto. —Tomó aire. —Pero un buen amigo me dijo una vez que, no importa que tan increíble o imposible sea un misterio, no importa cuales sean las razones que haya tenido el asesino, matar a alguien nunca es lo correcto. Nadie tiene el derecho de decidir sobre la vida de alguien, ni siquiera la de uno propio. Porque matando a alguien no solo dañas a esa persona, sino también a todos los que lo rodean y a ti mismo.
Jonathan se quedó en silencio, expectante. Esas palabras ya las había escuchado antes, en boca de su querido inspector. Sonrió.
—Eso buen amigo… ¿Fue Edogawa? —Preguntó curioso, aun sabiendo al respuesta. Aunque en realidad no la sabía.
—No. Fue Kudo Shinichi.
Y con esto termina el tercer misterio de mi Fic, ¿qué tal? ¿Resultan aburridos? ¿Lo de la cámara de fotos era obvio?
Jonathan ha vuelto a confundir a Conan con Kudo, ¿a donde irá a parar eso?
¿Ayumi está desaparecida? Conan bajó la guardia mientras hablaba con Hattori, ¿habrá pasado algo?
¿Y qué pasa con el abrigo de Sonoko? ¿Otra vez Inoue Ami? ¿Qué relación puede tener con Katsumura Yuki?
