CAPÍTULO 4

¡Me gustas mucho!

Veinte minutos llevaban afuera de la casa. La nieve que había tapizado de blanco todo a su paso en la víspera de Navidad, había quedado como un mero recuerdo y solo el aire invernal de enero prevalecía, provocando que sus mejillas y narices se tornaran rojas. El motivo de estar expuestos a tal clima era que cierto gato se había salido de la casa sin el permiso de su dueña.

—Cómo da lata ese gato, ¿por qué el jefe le regaló eso? Los perros son mejores, esos sí te hacen caso, no que los otros puro pelo sueltan, arañan y son bien socarrones, les hablas y te ignoran.

Exclamó Ramiro rascando su cabeza.

—Haru ama a los gatos, ya lo sabes y tenía todo un año rogándole a su padre por uno.

Interrumpió su conversación cuando su celular vibró en la bolsa de su abrigo. Lo tomó y sin desbloquearlo leyó el remitente, que no era más que un número por demás conocido por él.

Desde la fiesta de cumpleaños de Himura, Takato había mantenido contacto con Chunta mediante mensajes; los cuales, al principio eran breves. Un simple "que tengas lindo día" o "que tengas dulces sueños", para después convertirse en pláticas casuales sobre las actividades realizadas en su día a día. Había tomado todas las precauciones, eliminaba todos los mensajes y mantenía en silencio su celular, se sentía como si nuevamente fuera un estudiante de secundaria cuyo corazón se aceleraba cada que llegaba una notificación. Sabía que jugaba con fuego, pero le era imposible detenerse. Desde el principio había sentido una atracción hacia el otro que no podía entender, por lo que decidió continuar con la interacción, quería saber de qué se trataba y si tenía algún significado mayor. El ojiverde no le había dicho que le gustara, si bien había sido algo coqueto con él, no había pretendido nada más y sus mensajes eran por demás inocentes.

Entonces recordó la primera sorpresa que este le dio. Justo el 25 de diciembre le había llegado un enorme ramo de flores y no solo a él, sino también a Haru. La tarjeta decía: "Con cariño, del tío Azumaya". Al principio tuvo miedo de que Himura sospechara, pero el castaño había preparado un regalo para él también, por lo que se sintió más tranquilo.
pasados los días, la comunicación entre ambos fue creciendo; y, si bien, no habían establecido las reglas de su comunicación, el otro parecía entender perfectamente la situación. Le mensajeaba solo en horas que sabía el otro no se encontraba en casa y en cuanto Takato dejaba de contestarle él no insistía, concibiendo que el tiempo se había terminado.

El azabache quitó uno de sus guantes y rápidamente tecleó "4:00 pm". En cuanto vio que este había sido leído, sonrió levemente y devolvió el celular a su bolsillo. Mientras que el moreno, que había seguido cada movimiento permanecía callado, como antes había dicho "él no sabía nada".

—¡Bss bss bss… bsss bsss bsss!

El sonido como de abejas zumbando, atrajo la atención de ambos adultos hacia la pequeña que caminaba por el patio llamando a su gato escapista.

—¿Acaso mi bebé piensa invocar a la abeja reina? – preguntó Takato con una sonrisa — no creo que sea la manera más efectiva de hablarle a copito.

—Su amá tiene razón patroncita. Se les dice así, oiga bien. – Pronunció agarrando aire y colocando ambas manos alrededor de su boca cual megáfono — ¡Haaaaaaashiba Hashiba, Hashiba, Haaaaaashiba, Hashiba, Hashiba! – gritó a todo pulmón con voz de vendedor ambulante.

Poco duró el gusto de la burla, pues atrás de ellos apareció quien había sido llamado con insistencia, provocando en ambos un escalofrío, principalmente en cierto moreno que sintió como una gota de sudor resbalaba por su sien.

—¿Me hablabas? – dijo con voz de penumbra

—¡Vergas! – maldijo en voz alta más como una exclamación de asombro que ofensa.

A decir verdad, ninguno esperaba que Hashiba se presentara, pues juraban que se había ido cual perro fiel con Himura horas atrás. Por lo que de inmediato Takato salió al rescate del mexicano, haciendo lo que mejor había aprendido en todos estos años "fingir".

—Yo lo necesito Hashiba san – dijo mirándole con seriedad — Podría decirme a ¿qué hora volverá el Señor?

Antes de responder, el de lentes miró con evidente molestia al guardaespaldas que ahora se encontraba a varios metros de distancia, marchando jorobado y moviendo inocentemente la bolsa de "wiskas" para atraer al gato. Acción que la pequeña imitaba cual pollito tras su madre y que con el abrigo amarillo que vestía, reforzaba la tierna escena.

Un "click" salió del celular del mayor, la nena lucía tan linda que le había sido imposible no retratarla. Acomodó su celular dentro de su abrigo he hizo una nota mental para después mandarle la foto al padre de la criatura.

—El Jefe volverá entrada la noche, tiene asuntos importantes que atender en Kabukicho, por lo que me ordenó quedarme y hacerles compañía. También me informó que usted saldría al Acuario con la pequeña señorita.

—Sí, se lo pedimos hace tiempo, parece que el año nuevo lo ha vuelto más generoso – exclamó Takato con sarcasmo en su voz. —En cuanto alimentemos al gato nos iremos, por favor tenga todo listo.

—Así será Himura sama. Me retiro entonces para preparar el auto.

Mientras Hashiba se alejaba, Takato mantenía la postura seria. No fue hasta que perdieron todo rastro del de mirada asesina que se relajó y soltó una carcajada cuando sus ojos se cruzaron con el rostro de Ramiro, quien desaforado soltó lo que traía atorado en la garganta.

—¡Patrón, fréneme el pinche hocico!

—¡Ay Ramiro! Jajajaja me has hecho el día – decía Takato limpiando una lágrima de su ojo derecho – tenía mucho que no me reía tanto jajaja. Cómo se te ocurre hacer eso jajaja.

—Patrón sentí que la sangre se me iba a las patas, pinche susto que me metió. Un fantasma hace más ruido que ese wey, por esta – exclamó llevando su mano derecha a su boca besando su pulgar.

—La próxima vez asegúrate que no esté, yo también me asusté. ¿Viste su cara? Echaba fuego por los ojos.

—De no ser por usted, mire… Ramiro "de patitas a la calle"

Haru que se mantenía atenta a la plática de su mami con el guardaespaldas, no dudó en decir algo que rondaba su mente cual matraca.

—Mami… ¿qué es "pin-che y verg.."? – repitió Haru intentando recordar la última palabra.

Ambos hombres abrieron los ojos cual venado encandilado y miraron a la pequeña que mantenía una postura pensativa. Takato corrió para taparle la boca antes de que soltara una barbaridad.

—Son palabras que solo Ramiro puede usar porque son en español, ¿sí cariño? – Intervino Takato.

Un asentimiento de cabeza vino de la pequeña y Ramiro que se sentía avergonzado se persignó e hizo como si se pusiera un candado en la boca, como diciendo: "no volveré a decirlo", pero conociendo al hombre, solo era cuestión de minutos para que su florido vocabulario se manifestara.

Justo cuando Takato iba a reprenderlo el tan buscado gato saltó frente a ellos rompiendo el momento.

—¡Mami, mira es copito! ¡Ven, ven, ven, tengo comidita!

—Bebé, toma a copito y démonos prisa, ¿acaso no quieres ir al acuario?

—¡Sí quiero! – gritó emocionada.

—Andando entonces – dijo encaminándose hacia adentro para resguardar a copito.

En eso, Takato sintió como la mano del moreno reposó sobre su hombro, deteniéndole.

—Patrón… tenga mucho cuidado, porque si le dijeron al Hashiba que nos acompañara, es porque lo quieren traer checadito. Si es que tenía pensado algo, mejor cancélelo, por su bien.

Takato asintió con la cabeza, un velo de decepción cubrió su rostro.

—Gracias Ramiro, estoy consciente de ello, no te preocupes. En el coche mandaré un mensaje.

—Mejor ya patrón, en el coche nos acompañará Hashiba.

Takato suspiró y una media sonrisa se dibujó en su decaído rostro.

—Tienes razón… sabes, realmente quería verlo, sé que no debería decírtelo, esta información te compromete, pero si no es contigo, ¿con quién podría? Hace un mes que comenzamos a platicar y cada que hablo con él me siento… libre… me siento como el Takato Saijo de 17 años – soltó con aire nostálgico – pero también siento como si hiciera algo incorrecto, aunque no ame a Himura, no deja de ser el padre de mi hija, consciente estoy de sus aventuras, pero yo no tengo el valor de hacer lo mismo. Ya sé que me estoy contradiciendo con lo que hago y digo, pero es que al mismo tiempo quiero continuar, es agradable sentir que a alguien le importo, que alguien quiere saber mis intereses, mi opinión, lo que me gusta, lo que quería para mi vida. Todo eso, para alguien como yo que no ha tenido la oportunidad de expresarse libremente, es como aire fresco entrando a mis pulmones y que me permite respirar.

Ramiro solo dibujo una media sonrisa mientras escuchaba atento lo que el menor le contaba, sintiendo una punzada en su pecho al verlo tan pequeño, frágil y vulnerable. Desde el momento en que lo conoció, decidió que sería el apoyo y soporte de aquel chico en cuya mirada solo se reflejaba tristeza y desesperanza.

—Usted puede contarme lo que quiera, primero me mocho la lengua antes de soltar la sopa. Y no se me "achicopale", tendrá más oportunidades, yo lo ayudaré, mientras Hashiba no nos acompañe, puedo fácilmente controlar a los demás y darle privacidad si lo que quiere es estar frente a frente. Lo conozco desde hace mucho ya, y vivir enjaulado, así la jaula sea de oro, no deja de ser jaula y no es vida. Haga lo que quiera hacer y por un momento piense primero en usted, no le debe nada a nadie y por la patroncita no se preocupe, que aquí me tiene pa' cuidarla re-quete bien.

—Mi Haru, si no fuera por ella me habría vuelto loco. Gracias Ramiro, cuento contigo. Eres el mejor – dijo con ojos acuosos.

—Pos… pa' qué le digo que no, si sí – sonrió el alto sintiéndose orgulloso de sí mismo — pero avancemos que el Hashiba seguro ya tiene a la patroncita amarrada a la sillita del carro.

—Amarrada y dándole golosinas, cree que no me doy cuenta, pero siempre le llena la boca de chocolates.

—¡Pues por eso se la tiene bien ganada!

—Jaja, sí. Bueno, mandaré el mensaje, cuida que nadie venga.

Junta revisaba los documentos que momentos antes había recibido de Sasaki, estos contenían el balance general de los negocios que el Clan tenía. Estaba trabajando sobre marchas forzadas con tal de tener la tarde libre para su esperado encuentro. En eso el celular que reposaba a un lado del teclado vibró. De inmediato leyó el mensaje y su cara reflejaba que, en definitiva, no había sido de su agrado.

—¿Pasa algo? Jefe.

—Me han cancelado lo de hoy – pronunció decepcionado.

—Oh, entonces podremos avanzar con…

—No, él solo dijo que no podía verme, pero eso no significa que yo no pueda verlo.

—Jefe… eso no tiene lógica alguna, no cree que podría ser un problema si…

—No, tú solo sígueme la corriente, supuse que algo así pasaría, así que tengo un plan "B" – exclamó apresurando su trabajo.

—No dudo de sus capacidades estratégicas, pero… por esta ocasión ¿no sería apropiado dejarlo pasar?

—No, sé que el quiere verme y no lo dejaré esperando. ¡Terminé! Vamos Sasaki. El acuario nos espera.

Un largo suspiro salió de la boca del secretario al escuchar la orden y ver la tremenda seguridad del castaño. La misión suicida estaba en marcha y su opinión, por ahora, no sería escuchada.

Desde que el nombre del acuario había aparecido frente a sus ojos, la nena no había dejado de sonreír, su redondito rostro resplandecía de alegría y expectación. Era la primera vez que iba a uno. Se removió insistentemente en su silla, intentando pegarse lo más posible a la ventana del auto para no perderse ningún detalle.

En cuanto bajaron del carro Haru posó su vista en los peluches y gorras de sirena que otros niños traían, quería ¡todo!, parecía un pequeño animalito al que le habían soltado la cuerda y podía saltar libre en el prado, mientras tanto, Takato no se quedaba atrás, para él también era su primera vez y se encontraba tan fascinado como su pequeña. Apenas sostuvo su pequeña manita, ambos corrieron hacia la entrada, sorteando a la gente, Se sentían tan emocionados que hasta habían dejado de lado el temor a estar rodeados de un mar de gente, pues pese a ser invierno, la afluencia no disminuía, ya fuera por excursiones escolares, familias o parejas disfrutando de una cita. Detrás de ellos, pegados como lapas, les seguían Ramiro y Hashiba, este último había ordenado a los otros 4 guaruras a quedarse fuera del lugar, para de inmediato ponerse a grabar con su celular cada movimiento de la feliz familia de dos.

—¡Waaa! ¡mami, mami! ¡mira! ¡Es NEMO! ¿y Dory?... mami, ¿puedes encontrar a Dory?, ¿también estará Ponyo?

Preguntaba entusiasmada hasta los huesos con sus dos manitas pegadas al vidrio.

—Jajaja, apenas llevamos medio recorrido, seguro que si seguimos buscando encontraremos a todos.

Respondía sonriente Takato al tiempo que acomodaba en la pequeña cabeza la corona de princesa marina hecha de conchas, estrellas de mar y perlas, obviamente todo de fantasía, pero que la hacía sentir la octava maravilla del mundo y de la cual se había enamorado en cuanto la vio en la tienda de souvenirs.

Cada cinco pasos tenían que detenerse, pues Haru examinaba con ojos curiosos cada rincón, secundada por el ojiazul que le leía cada una de las descripciones disponibles, mencionando y señalando cuando el animal descrito hacía acto de presencia.

Cuchicheos se dejaban oír cuando los ojos de las personas se posaban sobre ellos, pues, tanto la nena como Takato llamaban mucho la atención, no solo porque parecían ser las personas más felices por estar en un acuario, sino por su belleza y la sensación de ser los únicos en el mundo, era como ver dos hermosas rosas floreciendo en primavera imposibles de ser ignoradas; lo cual, hacía que la gente alrededor quisiera acercarse, pero sus intenciones eran frenadas en cuanto ambos guardaespaldas malencarados se hacían notar. Por lo que no era raro que hubiese una distancia de un metro y medio de radio, distancia que no era advertida por las dos personas que estaban siendo cuidadas.

—Himura sama – interrumpió Hashiba después de ver su reloj — el show de los pingüinos comenzará en breve, debemos encaminarnos por aquel pasillo – dijo señalando el túnel de mantarrayas.

Haru que había escuchado lo que "Hashi" había dicho, pegó un grito agudo y un gran brinco que le removió la panza, por lo que en el acto, tomó la mano de Takato y le jaló tímidamente hacia abajo hasta que el ojiazul estuvo a su altura.

—Mami – dijo susurrando.

—¿Qué pasa princesa? – preguntó preocupado al ver la actitud de la nena.

—¿Sucede algo pequeña señorita?

—¡No Hashi, no vengas! – gritó escondiendo su cara en el abrigo de Takato, para seguir hablando en tono bajo. Sin percatarse que cierto hombre había colocado su mano en su pecho como si le hubiesen roto el corazón.

—Duele que crezcan, ¿no es así Hashiba san? De bebé no le hablaba así – comentó Ramiro en tono burlón, para al instante cerrar la boca tras la mirada de muerte que le profirió el otro.

—Mami… por saltar me dieron ganas de hacer pipí – dijo totalmente avergonzada apretando las piernitas, como si con ello evitara que saliera.

—No te preocupes cariño, ¿crees poder caminar hasta el baño o prefieres que te cargue?

—Mmm cárgame, siento que se me va a salir – respondió con ojitos llorosos.

La realidad es que llevaba veinte minutos aguantándose, pero como no quería perderse de nada, había ignorado las necesidades fisiológicas de su cuerpo.

Una vez en sus brazos, Takato caminó con prisa hasta donde un pequeño letrero indicaba el baño.

—Himura sama, debo entrar para ver que no haya nadie peligro…

—Hashiba san, no sea ridículo, Haru se muere por entrar, no nos siga – puntualizó el azabache.

Satisfecha su necesidad, caminaron hacia el espectáculo de pingüinos, en eso el celular en el bolsillo de Takato vibró, lo cual le dejó congelado y sin saber que hacer por unos segundos. En cuanto estuvieron en sus asientos VIP, el ojiazul aprovechó que Hashiba había ido por palomitas de maíz para revisar el mensaje.

—Ramiro, por favor quédate con Haru.

—¿A dónde vas mami? – preguntó preocupada tomando la mano de Takato.

—Al baño mi bebé. Me dieron muchas ganas en cuanto nos sentamos.

—¡corre mami! no te hagas pipí en tus pantalones – susurró intentando ser muy discreta.

—Jaja, sí. No tardo. Ramiro te la encargo mucho.

—Vaya sin pendiente – exclamó entendiendo perfectamente la situación.

En cuanto estuvo nuevamente en el pasillo, corrió hacia el baño ignorando el reglamento. Hasta los segundos eran oro para él y podía sentir como la adrenalina aumentaba con cada paso que daba, las manos se le empapaban de sudor y un latido desbocado en su pecho hacía retumbar todo su cuerpo. Era la sensación del encuentro prohibido, de lo que se espera y desea.

En cuanto entró al baño se sorprendió de verlo vacío, algo raro dado que el lugar estaba a reventar, pero más raro le resultó el no encontrar a Chunta en él. Entonces resignado y pensando que seguro se había equivocado, se encaminó hacia la salida, fue en ese momento que un brazo fuerte le rodeó, mientras que una mano enorme se posaba sobre su boca, arrastrándolo a uno de los cubículos. Pataleó e intentó soltarse, estaba aterrado, pero una voz profunda y conocida le hizo calmar.

—Shh, no te asustes. Soy yo – susurró pegado a su oído, girándole hacia él con lentitud.

Ante esto Takato se estremeció, el aliento caliente sobre su oreja fue placentero, mucho más de lo que podría admitir y ni que decir del sentimiento de escuchar nuevamente la voz que le acompañaba en su memoria.

—Tú… no vuelvas a hacer algo así, casi muero del susto – susurró tocando su pecho intentando calmarlo.

—Lo siento, pero no sabía si venías con alguien más, tuve que ser cuidadoso – pronunció tocando el largo cabello del azabache que se levantaba en una coleta alta, hasta llevarlo a su boca y besarlo. — Quería verte, luces realmente hermoso – soltó sin una pizca de vergüenza.

Takato observó la acción del otro y en automático su rostro se tornó de un precioso color rosado, tan apetitoso que daban ganas de morderle las mejillas y comprobar si estas tendrían un sabor dulce como fruta madura.

—Gra-gracias… yo también…

—¡Ah! entonces, ¿Será que te arreglaste así porque habíamos quedado en vernos?

Preguntó de inmediato el alto, para después corregirse y asegurar que eso no era posible, pues creía que él era hermoso por naturaleza. Takato, por su parte, no sabía como responder, se sentía embelesado por completo, como si cada palabra que saliera del otro fuera un hechizo que le envolvía los sentidos.

El cubículo era tan pequeño, que ambos cuerpos se encontraban peligrosamente cerca, sintiendo el calor que ambos irradiaban al tiempo que sus respiraciones se entremezclaban. El pecho amplio de Junta llamó su atención, como si le pidiera tocarlo. Deseaba recargar su cabeza en este y comprobar si la seguridad que sentía a su lado era real o solo una idealización de su mente. Dejándose llevar intentó acortar aún más la distancia, pero la voz del ojiverde lo trajo a la realidad.

—Por favor, cierra los ojos – pidió amable.

—¡¿Qué?! – exclamó sorprendido, levantando el rostro encontrándose con una preciosa sonrisa.

— No me mires con desconfianza, no haré nada malo. Cierra los ojos y abre un poco tu boca. Confía en mí, por favor – suplicó con ojos de cachorro.

—No desconfío de ti… solo me tomó por sorpresa – respondió con timidez.

Poco a poco cerró sus preciosos ojos azules, apretó un poco los labios y segundos después abrió la pequeña boca. Junta sonrió ampliamente, la visión era absolutamente tierna, pues Takato parecía un pequeño pajarito que esperaba ser alimentado por su madre, pero al mismo tiempo le hacía despertar sus instintos más bajos al ver lo obediente que era.

Junta controló sus pensamientos y con cuidado sacó una caja de plata apenas del tamaño de su palma, la abrió y tomó la bolsita de oro en donde se encontraba el preciado objeto. Con el dedo índice y medio abrazó el chocolate y lo llevó hasta la boca del otro.

—Abre un poco más tu boca o no entrará – susurró Junta empujando la masa chocolatosa.

Sin chistar, Takato hizo exactamente lo que le habían pedido. Junta por su parte, aprovechó el momento para sentir el interior de la boca del menor, un fino hilo de saliva había escapado por la comisura de sus labios y un choque eléctrico recorrió su nuca cuando la lengua húmeda y caliente del menor le rozó sus dedos. Con parsimonia retiró su invasión, limpiando la saliva y de paso acarició los carnosos labios de fresa, dejando a su paso pequeñas manchas cafés. Sin darse cuenta su respiración se había acelerado, ¿cómo era posible que un acto tan simple lo pusiera así?, pensó mientras observaba los movimientos de la pequeña cavidad. —¿Te ha gustado?

—Es delicioso… nunca había probado algo así – sonrió inocente abriendo los ojos, sin percatarse de que sus labios estaban manchados — Pude identificar el chocolate, me encanta… pero ¿de qué clase es? ¿cómo se llama?

—Se llama "Madaline au Truffe" Sé que darte algo para que lo lleves es complicado y como no quería verte con las manos vacías pedí esto especialmente para ti, como me dijiste que adoras el chocolate quise darte el más delicioso del mundo. Discúlpame por tener que hacerlo en un baño.

Takato apretó la boca acompañado de un ligero temblor, las palabras del castaño le habían emocionado. "Él lo recordó", pensó. Preguntándose a la vez, cuándo había sido la última ocasión en la que alguien había puesto tanta atención en él y considerado sus gustos.

—Gracias, Chunta. De verdad que me ha encantado – expresó con sinceridad mirando sus zapatos.

—Me alegra escucharlo. No mires hacia abajo – pidió sosteniendo su barbilla para alzarlo. — Por favor no me prives de verte, que no sé cuándo podrá repetirse. ¿Acaso tú no quieres verme? – preguntó con mirada triste, pasando su dedo pulgar por los labios del otro, limpiando los restos de chocolate, llevándolo a su boca para lamerlo.

—¡No!, claro que quiero verte… - pronunció clavando sus ojos en los orbes verdes del otro gozando del roce que el otro le proporcionaba — es solo que me siento algo nervioso. Jamás había hecho algo como esto…

—Ni yo, jamás me había interesado alguien como tú lo haces. Cuando te digo que eres hermoso, me refiero a todo de ti. La misma belleza que muestras por fuera es la misma que la que habita en tu interior, eres como un precioso rayo de sol ante mis ojos, cálido y deslumbrante.

Takato pensaba que el corazón se le saldría por la boca en cualquier momento, tantas palabras dulces a la vez, era demasiado para él. Quería dejarse llevar y mantenerse por siempre en la burbuja que se había construido en ese cubículo. Entonces, la carita de su princesa y los temibles ojos ámbar de Himura sacudieron su mente con agresividad haciéndole retroceder hasta quedar pegado a la puerta.

Nunca me dejará ir, él simplemente no lo hará y si descubre que estoy haciendo esto, podría matarlo o a mí y no podría volver a ver a mi bebé. No puedo dejar que eso pase.

El pánico se reflejó claro en los ojos azules, tanto que Junta podía leer en estos sus pensamientos.

—No tengas miedo, sé las consecuencias de encontrarme contigo, pero créeme que jamás te pondría en riesgo, a ti o a Haru chan. Te prometo que no volveré a emboscarte de esta manera si me pides que no lo haga. Haré lo que tú me digas, cuando quieras y cuando puedas. Te estaré esperando. Me gustas, ¡me gustas mucho!, te quiero.

Takato sintió una punzada en su pecho que no sabía cómo interpretarlo… su "me gustas" y "te quiero" se escuchaban muy diferentes a como Himura se lo decía, en vez de sonar posesivo o lascivo, era tierno, suave, como una caricia para su alma. Aun así, debía terminarlo, por el bien de su hija, de Junta y de él mismo. El encuentro le había revelado cuánto le atraía el alto, y sus atenciones, así como sus palabras, solo incrementaban su anhelo de estar con él, un anhelo altamente peligroso e imposible.

Apretó con fuerza su abrigo y con voz temblorosa habló.

—No. Chun…ta… lo siento, creo que fui demasiado lejos con esto, estoy casado y tengo una hija. Me disculpo por mi comportamiento hasta ahora, no debí hacerlo. Por favor ya no me contactes, me voy.

Exclamó removiendo el seguro de la puerta listo para salir huyendo como un cobarde; sin embargo, su cuerpo se vio abrazado por la espalda y su cabeza inclinada hacia atrás. Abrió sus ojos como platos cuando los labios del alto presionaron los propios con fuerza. La lengua caliente y roja probaba su sabor, empujando insistentemente para que le dejara entrar. Su cuerpo temblaba y poco a poco fue cerrando los ojos hasta dejarse arrastrar por las sensaciones. El castaño besaba, lamía y succionaba su boca como si la vida se le fuera en ello. El sonido sus labios entrelazados y saliva fluyendo aumentaba la temperatura del ambiente.

Un débil gemido escapó de Takato y esa fue la señal para detenerse. Al separar su rostro del níveo, contempló el desastre que había hecho. Takato tenía su boca ligeramente abierta, tomando tanto aire como podía intentando recuperar el aliento, los labios rojos e hinchados por la succión brillaban por la saliva, las mejillas chapeteadas y los ojos acuosos, era la visión más increíble que había presenciado en la vida.

—Puedes golpearme si quieres, pero no me arrepiento de haberte besado – exclamó apretándolo contra su pecho. — Takato, no pido me correspondas, solo te ruego que no me apartes, dame la oportunidad de permanecer a tu lado.

Mientras sentía el firme pecho de Junta, Takato no dejaba de preguntarse qué rayos estaba pasando. Posó sus manos sobre su rostro, incrédulo.

—¿Cómo, cómo es posible? – susurró aún entre los brazos del castaño. Quien le miraba intrigado por su pregunta — yo… yo estoy marcado, por eso no puedo oler tus feromonas… ¿Por qué tu beso no me provocó asco? – titubeo, llevando su mano hasta su nuca, donde se exponía una clara mordida.

—Eso es porque…

Brr, brr. La vibración en su bolsillo le interrumpió, respondió la llamada y colgó de inmediato.

—Takato, debes salir ahora. Al parecer Hashiba san camina hacia acá para buscarte. Contáctame cuando quieras, te estaré esperando. Dejaré este chocolate en tu bolso, es para Haru chan.

Depositó un beso en la frente del azabache y salió corriendo. Segundos después, el baño se llenaba de gente con charlas casuales.

Takato recorrió el pasador de la puerta y se sentó un momento en la taza tratando de ordenar sus pensamientos y tranquilizar a su pobre y acelerado corazón.

— ¡Himura sama, Himura sama!, ¿se encuentra aquí? – llamaba insistente Hashiba.

Takato dio un respingo, inhaló y exhaló con fuerza, se puso de pie y abrió la puerta.

—Aquí estoy.

—Señor, por favor en el futuro espere a que alguno de sus guardaespaldas esté disponible para acompañarle – recomendó sin perderlo de vista.

—¿Qué es lo que te preocupa?, no pienso escaparme, cómo si eso fuera posible – soltó al tiempo que lavaba sus manos.

—No he insinuado nada por el estilo, lo digo por su seguridad. Eso es lo más importante.

—Sí, seguro – dijo con sarcasmo, intentando mantener la compostura, escondiendo el temblor de sus manos. Si bien era fácil engañar a los demás, Hashiba era otra cosa, era un viejo lobo de mar al que no se le escapaba nada; por lo que debía tener el triple de cuidado. — Estoy listo.

—La pequeña señorita lo está esperando, el espectáculo ya comenzó.

El de ojos rasgados le abrió camino al azabache, en cuanto este cruzó la puerta un sujeto le golpeó con fuerza el hombro haciéndolo tambalear. De inmediato el desconocido intentó sostenerlo para que no cayera al piso, pero había sido detenido en el acto por el despiadado agarre sobre su muñeca.

—Tenga cuidado, o usted podría ser el que salga lastimado la próxima vez – soltó Hashiba con tono amenazante.

—Ah… mmm yo, ¡disculpe! – exclamó el sujeto haciendo una pronunciada reverencia.

—No pasó nada, no se preocupe. Dios este hombre es espeluznante – pensó Takato aliviado de no haber sido descubierto minutos antes.

Mientras tanto en el estacionamiento Sasaki se retiraba la peluca que había utilizado para fungir como centinela.

—Excelente trabajo Sasaki san – felicitó Junta al hombre.

—Gracias Señor, pero me sorprendió mucho ver que ese sujeto estaba presente, es peligroso.

—Sí, no contaba con que él los acompañaría. Fue una misión exitosa, pero pudo haber salido mal.

—Por favor, no se exponga tanto.

—Tenía que hacerlo, si no ¿cómo podría verlo?

—Esa sonrisa en su rostro indica que al parecer le fue muy bien.

—Mejor de lo que imaginas Sasaki san. Mucho mejor… - dijo acariciando sus labios.

—¡Papi! Hoy vi a Nemo y pingüinos, comí palomitas, helado, ebiyaki y mami me compró esta corona, ¿te gusta?, soy una princesa, ¡Ah! también tengo a Delfín san para que le haga compañía a Don Neko, es un nuevo amigo, también...

La pequeña que había saltado a los brazos de su padre en cuanto cruzó la puerta, hablaba sin parar de todo lo que había hecho en el acuario, a lo que el otro escuchaba con atención sosteniéndola e indicándole a Takato que también se acercara.

—Agarra aire cariño. Pueden retirarse, quiero estar a solas con mi familia – ordenó el de ojos ámbar a Hashiba y Ramiro. — ¿Por qué luces tan sorprendido gatito mío?

—Creí que llegarías tarde, como Hashiba san me dijo que tenías asuntos que atender.

—Bueno, sí tenía cosas que hacer, pero… resulta que cierto gatito debe pagarme el permiso que se le dio, tal y como acordamos – susurró pegándose al oído del menor, mordiendo su lóbulo.

—¡PAPI! – llamó molesta Haru, quien colocó ambas manitas en el rostro del mayor, presionándolo para que volteara a verle — ¡NO ME ESTÁS ESCUCHANDO!

La acción inocente, le permitió respirar a Takato quien se había congelado. Nuevamente su pequeña lo salvaba.

—Claro que te escucho princesa, qué te parece si vamos a cenar y así ambos me siguen platicando cómo estuvo su paseo – dijo depositando un sonoro beso en la mejilla redondita de la nena, para después ver a Takato y tomarlo por la cintura, encaminándolo hacia el comedor.

La cena transcurrió sin complicaciones, Haru platicaba con enorme entusiasmo de todo lo que había visto, apoderándose de la conversación de principio a fin. Takato, por su parte, se limitaba a asentir con la cabeza y comer en silencio.

—Listo, tu cabello está seco, dientitos limpios, tienes la pijama puesta y a Don Neko y Delfin san a tu lado. Es hora de que mi bebé duerma.

—¿No dormirás conmigo mami? – preguntó con ojitos tristes.

—Hoy no puedo bebé. Pero mañana temprano vendré a darte los buenos días y yo seré lo primero que veas al abrir tus ojitos. ¿Te parece?

—Sí. Mami ven – dijo moviendo sus manitas, pasó sus brazos por el cuello de Takato y plantó un beso en sus mejillas – te amo mami, descansa.

Los ojos de Takato se llenaron de agua, pero ni una sola gota se derramó. Arropó a la pequeña y salió de la habitación, caminando por el pasillo como si se dirigiera a su fusilamiento.

En cuanto entró al cuarto, una ventisca de feromonas cargadas de deseo le golpeó, colándose por sus fosas nasales lastimando su interior. Tembló y se recargó en la puerta para no caer.

—Pon el seguro y ven aquí – ordenó Himura completamente desnudo, mostrando con orgullo su gran miembro listo para la acción.

Como pudo, Takato avanzó hasta la cama apretando sus puños y repitiendo en su cabeza cual mantra "lo hago por ella, lo hago por ella", luchando con todas sus fuerzas contra las feromonas que le asfixiaban.

—Mi gatito está muy obediente, creo que esto de los permisos comienza a gustarme – exclamó burlón al tiempo que removía del esbelto cuerpo la bata que le cubría. Con agresividad enredó su mano en los largos cabellos azabache y lo jaló hasta llevar su cara donde el glande carnoso escupía líquido preseminal — come, a los gatitos les gusta la leche y yo te daré hasta saciarte.

Con un temblor evidente, Takato tragó saliva y abrió la boca para meter en ella el trozo que golpeaba sin pudor su rostro.

—¡AAH, ASÍ!, continúa que esto solo es el principio.

Ante la advertencia del mafioso, una lágrima corrió por su rostro hasta perderse en algún punto del edredón bajo su cuerpo.

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Antes que todo

¡FELIZ NAVIDAD!

Espero de todo corazón la pasen muy bien sin importar si están solos o acompañados. Lo más importante ahora es la salud y pido a los dioses del yaoi les den en abundancia.

Gracias por leer esta historia y ojalá puedan dejar algún comentario para saber si les ha gustado.